MÉDICOS SIN FRONTERAS

Miles de migrantes, la mayoría etíopes, atraviesan cada año Yemen en su camino hacia Arabia Saudí; muchos de ellos son víctimas de torturas y extorsiones

Centro de detención en Saná (Yemen). © Anna Surinyach/MSF

“Llegamos a Yemen a medianoche. Bajamos de la embarcación y como habíamos oído historias de traficantes, nos escondimos en una pequeña montaña. Al día siguiente, intentamos conseguir algo de comida. Nos encontramos con un señor mayor con su camello. Nos dijo que nos daría de comer pero nos vendió a los traficantes”. Jemale tiene 20 años y es etíope. Salió de su pueblo hace cuatro meses en busca de oportunidades en Arabia Saudí. “Llegamos a un recinto donde había ocho personas y todas estaban aterrorizadas. Nos dijeron que si no conseguíamos que alguien mandara dinero, nos harían daño. Intente explicar que era un hombre pobre. Vi como empezaban a quemar un metal en el fuego y lo usaron para quemarme en el pierna”.

Jemale se encuentra actualmente en el centro de detención para migrantes de Saná, la capital de Yemen. Él consiguió escapar de los traficantes; uno de sus amigos recibió un disparo en la pierna durante la fuga y Jemale ya no supo qué le pasó. Después, días de huida en las montañas, sin agua ni comida. Entonces, decidió emprender el viaje de vuelta; tardó 12 días en llegar a Saná, vivió durante un mes a las puertas de la oficina de migración en Yemen y finalmente pudo entrar en el centro. “Vivía con mis padres y mis 10 hermanos en Etiopía. Acabé la escuela y no tenía trabajo. Entre todos decidimos que hiciera este viaje. El dinero que yo tenía se acabó antes de llegar a Yemen así que les dije a los traficantes que no tenía madre para que no tuvieran que pagar por mi liberación”.

Su historia se repite en casi todos los rincones del centro. Yemen es un país de tránsito para los miles de migrantes que cada año salen del cuerno de África para intentar llegar a los países de la península Arábica. Proceden fundamentalmente de Etiopía y su destino suele ser Arabia Saudí. Durante el viaje y especialmente en Yemen, estas personas son víctimas de traficantes que les extorsionan y les torturan. El pasado mes de abril, las autoridades de Yemen lanzaron una campaña para liberar a cientos de migrantes que estaban en manos de traficantes y empezaron a repatriarlos a sus países de origen. Desde entonces, el número de migrantes que voluntariamente se acerca al centro para poder ser repatriado ha aumentado considerablemente.

En el centro de detención de Saná, las condiciones de vida son precarias. Con una capacidad para unas 250 personas, el centro acoge ahora mismo alrededor de 750. Los migrantes están encerrados en grandes celdas la mayor parte del día. Varias organizaciones, entre ellas la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y la Cruz Roja yemení, les proporcionan atención médica y comida. Médicos Sin Fronteras trabaja en el centro desde el mes de mayo, con un programa de atención en salud mental.

“Las personas que llegan al centro están muy traumatizadas; algunos de ellos no han comido en días o semanas”, explica Esperanza Leal, psicóloga de MSF en el centro de detención. “Nosotros creamos espacios donde pueden ser escuchados. Les explicamos que tienen reacciones normales a las experiencias traumáticas que han vivido. Hay muchos casos de estrés postraumático y depresiones severas. Una parte esencial de nuestra intervención está relacionada con recuperar su dignidad, explicándoles que son personas con derechos”.

La vuelta a casa

Como la gran mayoría de migrantes son etíopes, la Embajada de este país visita el centro de detención una vez a la semana para preparar los documentos necesarios para la vuelta. Según las autoridades yemeníes, desde el mes de abril se han repatriado a unos 4.000 migrantes a sus países de origen.

“Solo deportar a los migrantes que están en Yemen, nos llevaría mucho tiempo. Por ejemplo, cerca de la frontera con Arabia Saudí se calcula que hay casi 30.000 migrantes etíopes intentando cruzar la frontera, y hay más en otros emplazamientos”, explica Abdullah Al zurqah, director general de Migración y Deportación de Yemen. “Nuestro país necesita un gran apoyo en este tema porque prácticamente cada día llegan migrantes a las costas de Yemen”.

Awel trabajó como profesor, periodista, traductor y hombre de negocios en Etiopía. Cuando perdió el trabajo, decidió probar suerte en otro país, como varios de sus hermanos que viven en el extranjero. Su madre le dio un poco de dinero para el viaje pero se le acabó antes de salir de Etiopía, así que hizo la mayor parte del viaje a pie. De Etiopía, fue a Somalilandia y después a Yibuti. Pedía limosna o intentaba trabajar para continuar la ruta. “A aquellos que están pensando en salir de Etiopía o que ya han salido, les digo: esta es una carretera a la muerte”.

En Yemen, fue cruelmente torturado durante 17 días. El día de su cumpleaños decidió que o moría o escapaba de allí. Finalmente, lo consiguió. Una familia yemení le cuidó las heridas y le ayudó en parte del camino. Llegó a Saná y, después de 17 días malviviendo en las afueras del centro, pudo entrar. “Es muy difícil llegar a Arabia Saudí y si lo consigues, la policía o los soldados saudíes, te mandan de vuelta a Yemen así que estás en la misma situación. No hay necesidad. Les aconsejo a los que estén pensando en emigrar que mejor se quedan en casa que ser esclavos, esto es esclavitud. Realmente digo esto es esclavitud, esclavitud moderna”.

 


“Caí enfermo justo después de casarme. Era el año 2006. Estaba trabajando en Arabia Saudí, fui al hospital y allí descubrí que era VIH-positivo. Lo primero fue el shock, no tenía información sobre la enfermedad y pensaba que todo el mundo me daría de lado. Pensaba que moriría en una semana y me preocupaban mi madre y mi mujer, que estaba en su quinto mes de embarazo. Mi mujer lo aceptó muy bien. Se hizo las pruebas para saber si estaba o no infectada. Yo planeaba darle la oportunidad de estar conmigo o dejarme si era negativa, pero no fue así, y ella dijo que viviríamos o moriríamos juntos”.

© Anna Surinyach / MSF

Abo-Mohaned* tiene 35 años y vive en Saná, la capital de Yemen. El VIH no es una gran epidemia en el país; la prevalencia estimada es de alrededor del 0,2% de la población. Sin embargo, las personas seropositivas tienen que hacer frente a la discriminación y la estigmatización, incluso en el caso de la comunidad médica. Abo-Mohaned lo ha vivido de primera mano: “Cuando llegó el momento del parto, fuimos a dos hospitales y en ninguno quisieron atender a mi mujer. La única solución fue llevarla a un tercer hospital sin decir que era VIH-positiva”.

El doctor Abdul Fattah trabaja en la Clínica de tratamiento del VIH/sida en el hospital Al-Gumhuri, el único punto donde se puede recibir tratamiento antirretroviral (ARV) en Saná y donde actualmente están en tratamiento aproximadamente 445 personas. Él mismo decidió dedicarse de lleno a combatir la enfermedad después de que un amigo muriera en casa solo, sin recibir asistencia médica, mientras estudiaba Medicina. “Después de aquello, tenía una motivo para empezar a leer sobre el VIH. Y cuando acabé mis estudios de Medicina, oí que existía esta clínica, vine y empecé a trabajar aquí”.

“El principal reto que tenemos es luchar contra la discriminación”, explica el Dr. Fattah. “Al principio, no admitían a las personas seropositivas en el hospital. Hemos presionado y hemos hecho formación para personal sanitario. Creemos que la situación ha mejorado un poco. Pero todavía hay médicos, médicos muy respetados, que tienen un ataque de pánico cuando oyen hablar del VIH”.

Además de la Clínica, existen cinco centros en Saná donde se ofrece asesoramiento y diagnóstico del VIH.  Sin embargo, en los últimos meses no han tenido los test necesarios para diagnosticar el virus. Yemen cuenta con financiación del Fondo Mundial de la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria hasta el 2014. Sin embargo, estos fondos solo están destinados a asegurar la continuidad del tratamiento antirretroviral para las personas que ya lo han empezado. “Para la atención y el tratamiento, creo que ahora tenemos suficiente apoyo financiero pero otras actividades, especialmente sensibilización de la población, todavía necesitamos más. Nos faltan recursos para temas de asesoramiento y diagnóstico, especialmente en la prevención de la transmisión de virus de madre a hijo y tenemos que ampliar estos servicios”, explica el Dr. Adbulhammeed, responsable del Programa Nacional de Sida en Yemen.

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Primer proyecto especifico de VIH/sida de MSF en un país árabe

Desde principios de año, MSF está trabajando en Saná para contribuir a reducir el estigma de las personas seropositivas y mejorar su acceso a una atención sanitaria de calidad. “La fuerte discriminación que sufren las personas seropositivas se traduce en un pobre acceso a los servicios de salud. La gente tiene miedo de cómo será tratada y a veces este temor está justificado”, afirma Sue Petrie, coordinadora del proyecto en Saná. “Nuestro objetivo es trabajar mano a mano con el Programa Nacional de Sida para apoyarles en las actividades que llevan a cabo y mejorar esta situación”.

“Supe lo que me ocurría tras la muerte de mi marido”, explica Um Abdul Rahman* una mujer seropositiva de 35 años. “Padezco el estigma de la persona más próxima a mí: mi padre. No quiso saber nada de mí cuando supo que era VIH-positiva. Me dijo que tenía que marcharme de casa y regresar a donde había contraído el VIH. Me abandono sin más”.

Um Abdul Rahman también tuvo que hacer frente al hecho de ser una mujer en un país gobernado por hombres: “Sí, por el hecho de ser una mujer fue más duro. Cuando descubrí que tenía el VIH, no tenía medios para mantener a mis hijas. De haber sido un hombre, hubiera podido encontrar un trabajo, cualquier trabajo”.

Según los datos oficiales, hay más casos de sida en hombres que en mujeres. Sin embargo, el Dr. Abdulhameed explica que los datos pueden ocultar el número real de casos entre las mujeres. “El número de casos registrados es mayor entre los hombres pero las mujeres también están afectadas por el VIH. Sin embargo, a veces, no tienen acceso a los servicios debido a muchas cosas, algunas de ellas relacionadas con el estigma y la discriminación, otras asociadas a la violencia contra las mujeres”, explica.

Um Abdul Rahman encontró apoyo en una de las asociaciones que existen en Yemen para apoyar a las personas seropositivas. “Me casé de nuevo. Ahora estoy casada y tengo cuatro hijas y un hijo”.

Estas asociaciones, como por ejemplo la Asociación AID o No Stigma luchan para apoyar a las personas con el virus y defender sus derechos. “Nuestra asociación fue fundada en 2007 por un grupo de jóvenes voluntarios que estaban preocupados por el sida. Creíamos que las personas afectadas eran estigmatizadas y se veían privadas de muchas cosas en su vida diaria, a nivel sanitario, social y legal”, afirma Abdulhafed Al-Ward, secretario general de la Asociación AID. Desde esta asociación se promueve el conocimiento de la enfermedad para evitar nuevas infecciones y también tienen cursos de formación y microcréditos para ayuda a las personas VIH-positivas con pocos recursos.

“Iniciativas como estas están ayudando a mejorar la situación de la personas afectadas por el VIH/sida”, afirma Petrie. “MSF quiere colaborar con estas asociaciones porque creemos que son gente comprometida que quiere mejorar el conocimiento que se tiene sobre la enfermedad y reducir el estigma y la discriminación. Este también es uno de nuestros objetivos: aumentar el conocimiento el VIH, reducir el estigma y la discriminación, y mejor el acceso. También queremos mejorar la atención que tienen este grupo de personas”.

* Los nombres de los pacientes han sido cambiados para proteger su privacidad.

 


Àngels Mairal, psicóloga de MSF, llegó a Yemen a mediados de marzo. A las pocas semanas, las autoridades yemenís empezaron a liberar a migrantes retenidos en granjas ilegales, algunos víctimas de tortura. Al mismo tiempo aumentaban las deportaciones desde Arabia Saudí y el número de migrantes que voluntariamente quería volver a casa. Desde entonces, Àngels ha estado trabajando para asistir a esta población.

Migrantes en el centro de detención de Saná, Yemen. © Ramón Pereiro / MSF

¿Con qué problemática te encontraste al llegar a Yemen?

Cuando llegué al país, empecé a trabajar con mis compañeros que asisten a los migrantes en la ciudad de Haradh, en el norte de Yemen, cerca de la frontera con Arabia Saudí. Allí, la Organización Internacional de las Migraciones gestiona un campo donde ingresan algunos de los migrantes que quieren ser repatriados a su país; personas con una necesidad de protección especial como mujeres, niños, ancianos y personas enfermas. Además, en los alrededores de campo, se concentran centenares de migrantes  que están  en la ciudad a la espera de volver a intentar entrar en Arabia Saudí o intentado volver a casa.

MSF tiene dos consultas fuera del campo y allí hacemos sesiones individuales y grupales de salud mental. Mi trabajo durante las primeras semanas fue reforzar nuestro trabajo clínico en esta área y también reforzar la capacidad de otras organizaciones que trabajan con migrantes a través de formaciones de atención psicológica.

¿Qué pasó durante el mes de abril?

A principios de abril, las autoridades yemeníes empezaron a liberar a migrantes que estaban retenidos por traficantes en granjas ilegales. Durante varios días, grupos de alrededor de 200 personas eran referidas a un centro de detención de a las afueras de Haradh. Desde allí, se fueron transfiriendo por grupos a otro centro de detención en Saná, la capital. Como el número de personas era demasiado elevado en Saná, un grupo de alrededor 480 personas estuvo durante varios días una prisión en Amran.

Además coincidiendo con las liberaciones de las granjas, Arabia Saudí deportó grupos de migrantes ilegales a Yemen, que también han estado en estos centros de detención, y otros se han acercado voluntariamente hasta estas instalaciones para ser repatriados.

En Saná, la capacidad del centro de detención es de 200 personas pero ha habido momentos, en que había alrededor de 1.200.

Migrantes en el centro de detención de Saná, Yemen. © Ramón Pereiro / MSF

¿Cómo es la situación ahora mismo?

Desde Saná ya han empezado las repatriaciones a Etiopía, de donde son la mayoría de los migrantes. Así se ha podido trasladar a todos los migrantes de la prisión de Amran hasta Saná; el centro allí sigue estando muy por encima de su capacidad.

Se prevé que las deportaciones continúen en los próximos días y no sabemos si luego habrá más liberaciones de granjas ilegales o ha sido algo puntual.

¿Cuál es la situación por la que han pasado estos migrantes?

Yemen está situado en una de las principales rutas migratorias; muchas personas salen del Cuerno de África para buscar una mejor vida en los países del Golfo Pérsico. En el camino, muchos migrantes caen en manos de traficantes. Los migrantes liberados por las autoridades yemenís, nos contaban que han sido víctimas de tortura y malos tratos. Los traficantes les extorsionan para poder conseguir dinero de su familia. Muchos han pasado por experiencias terribles, han sido víctimas de violencia extrema y/o han visto el asesinato de otros migrantes. También antes de las liberaciones, los migrantes que atendíamos en Haradh nos explicaban estas experiencias.

Es verdad que nosotros solo vemos una parte muy pequeña de esta problemática. Se habla de decenas de miles de migrantes atravesando Yemen cada año y no es posible saber cuántos consiguen llegar a Arabia Saudí o cuántos caen en manos de traficantes.

Migrantes en el centro de detención de Saná, Yemen. © Ramón Pereiro / MSF

¿Cuáles son las necesidades de esta población a nivel de salud mental?

Aunque todas las personas que vemos han pasado por situaciones similares, el impacto del maltrato en cada persona y su capacidad de recuperación son procesos individuales y dependen de la duración de la experiencia traumática, de la personalidad previa, de los factores de protección y de la propia capacidad de resiliencia.

Vemos síntomas de estrés postraumático: flashbacks, pensamientos recurrentes, insomnio, aislamiento, sentimientos muy fuertes de tristeza. También observamos síntomas psicosomáticos como dolores de cabeza, taquicardias, dificultad para respirar. Muchas personas también tienen dificultades para concentrarse o para seguir una conversación.

También vemos algo que va incluso más allá de todos estos síntomas  y que muchos de ellos expresan diciendo “no tengo derechos, no existo como ser humano”. Estas personas han visto herida su dignidad como seres humanos. Muchos todavía no se sienten a salvo y no tienen todas sus necesidades básicas cubiertas. Tienen mucha incertidumbre, no saben cuándo volverán a Etiopía, cómo será la vida a su vuelta o cómo llegarán a su localidad de origen desde la capital.

La situación de las personas que han sido víctimas de violencia sexual, es especialmente difícil. Al trauma de la vejación o la violación  en sí misma se añade, en el caso de las mujeres, embarazos no deseados, vergüenza, estigma y/o el rechazo familiar a su regreso a casa.

También hemos visto alguna persona con trastorno psicótico o depresión severa que hemos referido al hospital psiquiátrico de Saná. 

Migrantes en el centro de detención de Saná, Yemen. © Ramón Pereiro / MSF

¿Cómo atiende MSF a estas personas?

Centramos nuestra intervención en actividades grupales. El grupo, la comunidad en general, es tradicionalmente un factor de resiliencia importante. El objetivo es restablecer la sensación de control, en la medida de lo posible, sobre el entorno pero también sobre su cuerpo y emociones. Intentamos devolverles su sentido de la dignidad, su capacidad para crear relaciones de confianza. En el momento en que se sienten en confianza pueden empezar a hablar sobre las consecuencias de las experiencias vividas e iniciar un proceso “de duelo” por todo lo que han perdido: tiempo, dinero, salud, amigos, esperanza en el futuro…

Parte de las actividades grupales son psicoeducativas. En ellas, les explicamos los síntomas que pueden experimentar después de las experiencias vividas y les informamos de que probablemente los síntomas irán disminuyendo con el tiempo. También hay grupos de discusión  donde las personas pueden expresar sus preocupaciones y compartirlas con el grupo.

Después de estas sesiones, organizamos otras con grupos más pequeños donde podemos hacer más asesoramiento psicológico y profundizar más en los síntomas. También les invitamos a sesiones individuales, en las que podemos focalizarnos mucho más en la especificad de cada persona.

Debido a la incerteza del momento de la repatriación, son intervenciones muy cortas (muchas veces una o dos sesiones), en las que intentamos aliviar el sufrimiento más agudo de la persona y movilizar sus recursos de afrontamiento de cara al futuro. Pero a pesar de la brevedad hemos apreciado un impacto positivo de nuestra intervención al permitir que la persona pueda expresar libremente su sufrimiento, sin miedo a ser juzgada.


 

 


Desde el 7 de abril, las autoridades yemeníes han liberado a 1.620 migrantes que estaban retenidos por traficantes en granjas –algunos de ellos desde hace meses– en la región de Haradh, en el norte del país. Médicos Sin Fronteras está asistiendo a estos migrantes, incluyendo a 62 niños y 142 mujeres, y ha referido a 71 personas gravemente enfermas al hospital que gestiona en la localidad de Al Mazraq, cerca de la ciudad de Haradh.

Haradh, Yemen, febrero de 2013 © Anna Surinyach / MSF

La mayoría de los migrantes referidos al hospital Al Mazraq habían sido víctimas de la trata de seres humanos, trabajo forzoso y esclavitud. Los pacientes mostraban señales de tortura y abuso mental, físico y sexual por parte de sus captores. Algunos tenían las uñas arrancadas o la lengua parcialmente seccionada, y otros habían sido gravemente golpeados. El personal de MSF también ha tratado a varios migrantes con enfermedades potencialmente mortales, como neumonía, malaria complicada o dengue.

MSF ha proporcionado además asistencia en salud mental a los migrantes después de su liberación y traslado a un recinto en las afueras de la ciudad de Haradh. “Muchos de ellos están física y mentalmente agotados, y sufren trauma psicológico grave debido a las condiciones y al terrible trato que experimentaron durante su retención”, afirma Ángels Mairal, psicóloga de MSF en Haradh. La mayoría de los migrantes que han recibido apoyo psicológico por parte MSF reportaron haber sido víctimas de la tortura.

Dadas las necesidades médicas y humanitarias de los migrantes –algunos de ellos no habían comido en los siete días previos a su liberación por parte de las autoridades yemeníes– MSF les ha proporcionado raciones de alimentos complementarias, y ha intervenido también para mejorar las condiciones de saneamiento en las localidades de tránsito de Haradh y Amran.

Desde Haradh, 800 etíopes han sido trasladados a centros de migrantes en Saná, la capital de Yemen, donde esperan su repatriación; y 550 somalíes han sido transferidos al campo de refugiados de Kharaz, en la gobernación de Lahj. MSF sigue con preocupación la situación en estos centros, ya que no tienen medios, capacidad ni servicios para atender adecuadamente a esta población.

Yemen se encuentra en una de las principales rutas migratorias para las personas que abandonan el Cuerno de África con la intención de llegar a los estados del golfo Pérsico. Muchos de los migrantes huyen de la pobreza extrema y el desempleo en Etiopía y tratan de entrar en Arabia Saudí través Haradh. A menudo, el viaje termina cuando caen en manos de traficantes, que utilizan la tortura y el maltrato psicológico como medio para ganar dinero.

“Estamos haciendo frente a una emergencia dentro de a una situación crónica, y estamos muy preocupados por el futuro de miles de migrantes que se encuentran atrapados en Yemen, en general, y Haradh, en particular, con una asistencia muy limitada”, explica Tarek Daher, coordinador general de MSF en Yemen . “Están exhaustos después de tantos intentos de cruzar la frontera y, sin recursos, la mayoría se convierten en mendigos en Haradh. Tratan de sobrevivir, y viven sin ningún tipo de refugio o sistema de saneamiento digno o comidas regulares”.

MSF reconoce los esfuerzos hechos por el gobierno de Yemen para liberar, acoger y proteger a los migrantes en Haradh y hace hincapié en que este apoyo debe continuar. La organización urge a la comunidad internacional a que ayude a restablecer la dignidad de estos migrantes apoyando a las instituciones que trabajan con ellos.

Junto con las autoridades y algunas organizaciones no gubernamentales, MSF está ampliando su intervención con el fin de mejorar las condiciones de vida de los migrantes atrapados en Haradh y mejorar el acceso a la atención sanitaria de aquellos que han sido liberados o están en tránsito esperando la repatriación.

 


Desde 2009, MSF trabaja en la gobernación de Hajjah, en el norte de Yemen, donde gestiona un hospital cerca de la localidad de Al Mazraq, que proporciona atención sanitaria básica y especializada, cirugía y servicios de emergencia tanto a la población local como a los desplazados en la zona.  Desde el año pasado, MSF también proporciona asistencia en salud mental a los migrantes en la ciudad Haradh.

MSF también lleva a cabo actividades médicas en las regiones de Aden, Ad-Dhale, Abyan y Amran.


Los pacientes tuvieron que ser evacuados y el personal se vio obligado a cerrar el centro de urgencias quirúrgicas de la organización en Adén, en el sur de Yemen, tras las tensiones y tiroteos que se produjeron dentro y fuera del recinto hospitalario a finales de septiembre.

Un doctor atiende a un niño en un hospital de MSF en Yemen © Saoussen Ben Cheikh/MSF

“Dos de nuestros guardas, tras recibir una paliza, fueron amenazados a punta de pistola mientras se producían disparos dentro del hospital y en sus inmediaciones”, afirma la coordinadora del proyecto de Médicos Sin Fronteras (MSF), Anne Garella. “Por suerte, solo uno de los pacientes resultó herido y pudimos dispensarle atención urgente. La situación en el hospital era muy tensa y nadie pudo abandonar el recinto durante cinco horas”.

El ataque contra el hospital de urgencias quirúrgicas de MSF en Adén es el último de una serie de incidentes que amenazan el acceso y la seguridad de la misión médica de la organización en esta ciudad del sur de Yemen. En abril de este año, varios médicos del mismo hospital fueron gravemente amenazados por parte de algunos pacientes. El mes siguiente, hombres armados irrumpieron por la fuerza en el edificio e intentaron llevarse a un paciente, y en julio, se produjo un tiroteo en la puerta del hospital.

MSF abrió este hospital de 40 camas el pasado mes de abril para ofrecer atención quirúrgica de urgencia. Más de 500 hombres, mujeres y niños han sido atendidos desde entonces, incluidas víctimas de minas terrestres, disparos y explosiones. La organización tiene estrictamente prohibida la entrada de armas en sus instalaciones médicas. “Tratamos a personas de todas las clases sociales e ideologías políticas, basándonos únicamente en principios humanitarios”, explica Thomas Balivet, coordinador general de MSF en Yemen.

A pesar de los esfuerzos de todo el equipo para garantizar la integridad de las instalaciones, el último ataque denota la necesidad de que las autoridades y los líderes comunitarios locales adopten medidas para impedir nuevas agresiones a las instalaciones médicas.

“Hemos llegado a un punto en el que necesitamos el compromiso decidido de las comunidades y autoridades locales para asegurar la total ausencia de armas en el hospital y sus inmediaciones”, manifiesta Balivet.

Esta semana, las autoridades tanto de Adén como de Saná, la capital yemení,  han asegurado su apoyo para la reapertura del centro de urgencias quirúrgicas y la protección del personal sanitario y los pacientes. MSF espera una pronta resolución de esta situación, negociando con las autoridades para asegurar que los heridos y enfermos reciban la asistencia que necesitan sin discriminación de ningún tipo e independientemente de los motivos su estado de salud.

 


 

MSF trabaja en Yemen desde 1986 y sin interrupción desde 2007. Además de las gobernaciones de Aden, Ad Dhali, y Abyan, la organización lleva a cabo actividades quirúrgicas y médicas en las gobernaciones de Amran y Hajja, en el norte del país. MSF no acepta fondos de ningún gobierno y depende solamente de donaciones privadas para financiar sus actividades en Yemen.