MÉDICOS SIN FRONTERAS

El 92% de los menores y adolescentes atendidos en Serbia aseguran que los agentes estatales de Hungría, Croacia y Bulgaria les han infringido violencia sistemática. Las personas retenidas en Lesbos y Samos (Grecia) sufren además una “emergencia de salud mental” a causa de los ataques recibidos.

Menor no acompañado en una fábrica abandonada donde se cobijan algunos refugiados. Sid, Serbia. © Marko Drobnjakovic

 

La brutalidad que autoridades y policías fronterizas de Hungría, Croacia y Bulgaria infringen amigrantes, refugiados  y solicitantes de asilo a su paso por las fronteras de estos países con Serbia es vergonzosa e inaceptable.

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La psicóloga de MSF Brillith Martínez describe su trabajo en Buenaventura, uno de los principales corredores del narcotráfico hacia Centroamérica y Estados Unidos. El 65% de su población vive en condiciones de extrema pobreza y sin acceso a servicios básicos.

La psicóloga Brillith Martínez en una sesión con una niña de 8 años referida por su escuela como posible víctima de abuso sexual. © Marta Soszynska / MSF

La violencia es contagiosa. Recuerdo a una mujer que vino a la consulta que tenemos en Buenaventura con sus tres hijos. El pequeño había perdido el año en la escuela tres veces seguidas, el mayor lo único que quería era conseguir un arma y meterse a uno de los grupos armados y el del medio se la pasaba robando. Entraba en las casas a llevarse lo que encontrara o llegaba con cosas de otros niños del barrio. Y la mamá, obviamente, en depresión.

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MSF inauguró hace dos semanas un nuevo hospital en el oeste de Mosul, donde ya ha atendido a más de 100 pacientes por heridas de guerra; entre ellos, 25 niños y 20 mujeres.

El personal médico atiende a un niño que sangra abundantemente por el oído a causa de una explosión.Jacob Kuehn/MSF


Médicos Sin Fronteras (MSF)
alerta de que la alta intensidad del conflicto y el enorme nivel de violencia que se está viviendo en los últimos días en la ciudad sitiada de Mosul –incluyendo ataques aéreos, ataques suicidas,  bombardeos y disparos-, están teniendo efectos devastadores en los residentes de la zona.

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A pesar de los esfuerzos de acogida de Uganda, las necesidades más básicas no están cubiertas.

© Frederic NOY/COSMOS

Denunciamos que la comunidad internacional está fallando al cerca de millón de refugiados que actualmente acoge Uganda, cuya situación se agrava rápidamente. Advertimos también de que, para evitar que se produzca una emergencia sanitaria de grandes dimensiones, los esfuerzos deberían centrarse en hacer llegar aquellos suministros que ayuden a salvar vidas, tales como agua y comida en cantidades suficientes.

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Los equipos de MSF atendieron desde el pasado sábado 12 de mayo a 60 personas que fueron heridas a causa de la ola de violencia registrada desde ese mismo día en la localidad de Bangassou, en el sureste de República Centroafricana (RCA) y junto a la frontera con República Democrática del Congo (RDC).  René Colgo, responsable adjunto de emergencias de MSF en la República Centroafricana, nos cuenta la situación en la que se encuentra la población civil.

© MSF

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Alertamos en un nuevo informe de la crisis humanitaria que afecta a las personas forzadas a huir de Honduras, Guatemala y El Salvador. La violencia y el sufrimiento que padecen no son diferentes a lo que experimentan las poblaciones en zonas de conflicto. Necesitan protección internacional y ser tratadas con dignidad y humanidad.

 

© Marta Soszynska/MSF

 

Los centroamericanos que se ven obligados a huir de la violencia extrema en Honduras, Guatemala y El Salvador son víctimas por partida doble a lo largo de la ruta migratoria hacia México y Estados Unidos. Así lo denunciamos en Forzados a huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada’, un nuevo informe que publicamos hoy.

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Tras más de medio siglo de conflicto armado en Colombia, la violencia está lejos de desaparecer  y el coste social hasta el momento es alarmante. Millones de personas han tenido que desplazarse de sus hogares y tierras, decenas de miles han desaparecido y centenares de miles de familiares siguen esperándolos.

© Marta Soszynska/MSF

Durante todos estos años, la violencia no ha cesado, sino que se ha adaptado. Razones ideológicas, políticas y/o religiosas han sido el motivo de aberraciones contrarias a la vida y de la erosión de los derechos humanos más básicos. Pero sobre todo, el principal motor de esta desmesurada violencia ha sido el interés económico. Cantidad de niños, jóvenes y adultos han sido reclutados a la fuerza o empujados a un estilo de vida criminal ante la falta de oportunidades.

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Entrevista a Côme Niyomgabo, coordinador general de MSF en Mali, sobre la situación humanitaria en el norte del país tras un recrudecimiento de la violencia.

¿Cuál es la situación actual en el norte de Mali?

El norte de Mali sufre una grave crisis desde 2012. A pesar de que en su origen se vinculaba a reivindicaciones fundamentalmente independentistas, desde hace unos años asistimos a una evolución que asume diferentes formas: a las reivindicaciones independentistas se suman también otras de carácter religioso, la lucha por el control de las rutas de contrabando y la instrumentalización de las comunidades en un contexto de criminalidad y escasez de recursos.

Un año después de su firma, el acuerdo de paz de Argel no ha supuesto ningún avance significativo, y los pocos resultados obtenidos pueden verse malogrados por la reanudación de los combates entre los diferentes grupos. El 21 de julio de 2016 se reanudaron los enfrentamientos violentos en la región de Kidal, situada en el extremo norte del país, provocando más de 50 muertos y 82 heridos. Una semana antes de los enfrentamientos, se habían producido manifestaciones en Gao que acabaron en disturbios que se saldaron con varias muertes y una treintena de heridos. Esta evolución refleja en parte la exasperación de la población, que no ve ninguna mejora real en su vida cotidiana a pesar de los acuerdos de paz.

Por otro lado, los actos de delincuencia contra las organizaciones humanitarias continúan.

Esto dificulta seriamente el despliegue de la ayuda humanitaria, pues los enfrentamientos entre los grupos armados, unidos a una alta criminalidad, complican y limitan el acceso de los trabajadores humanitarios a la población.

Ansongo, Mali.

Ansongo, Mali.

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Trabajadores de MSF en shock tras el bombardeo de su hospital en Kunduz, Afganistán

El Doctor Masood Nasim es el responsable del equipo médico de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el hospital de trauma en Kunduz, al norte de Afganistán. Nasim describe las primeras 72 horas en el hospital tras los enfrentamientos en la ciudad el lunes.

Hospital de trauma de MSF en Kunduz © MSF

“Llegué al hospital a primera hora de la mañana del lunes, después de escuchar como aumentaban los gritos y el sonido de los impactos de los proyectiles y el tiroteo. Al mediodía, nuestro hospital estaba en la primera línea de los combates, los enfrentamientos tenía lugar a las mismas puertas del recinto hospitalario. Podíamos escuchar perfectamente el sonido de los bombardeos, los misiles y el paso de los aviones. Algunos disparos llegaron a impactar en el hospital e incluso atravesaron el techo de la unidad de cuidados intensivos. Sin embargo y a pesar de estar en medio de los combates, tanto nuestro hospital como el personal han sido respetados y hemos podido continuar nuestro trabajo.

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La intensificación de la violencia en Yemen hace cada vez más necesaria la llegada de suministros médicos y personal sanitario capacitado, pero actualmente es imposible hacer llegar esa urgente ayuda al país, denuncia Médicos sin Fronteras.

Hospital de MSF en Haradh. Febrero de 2013. © Anna Surinyach/MSF

Los enfrentamientos en las últimas semanas en todo el país y los ataques aéreos que comenzaron el 26 de marzo han provocado una enorme necesidad de asistencia médica a los heridos y desplazados en muchas regiones de Yemen. Pero el cierre de todos los aeropuertos internacionales en Saná, Adén y Hodeida, y las fuertes restricciones a los puertos marítimos están obstaculizando la entrega de ayuda humanitaria.

“Actualmente, MSF es incapaz de desplegar más personal médico de emergencia en Yemen a pesar de lo necesario que es”, explica el doctor Greg Elder, director de operaciones de MSF. “Hay que encontrar con urgencia maneras de hacer llegar ayuda humanitaria y personal al país.”

MSF ya ha tratado a cientos de heridos por la reciente ola de la violencia, pero la incapacidad actual para hace llegar suministros y personal está llevando la situación a un punto crítico.

“Tenemos que apoyar a nuestros equipos sobre el terreno, que están agotados y sobrecargados. Incluso el acceso a las áreas de mayor necesidad en Yemen es difícil, ya que los vuelos nacionales han sido cancelados y los movimientos dentro del país comportan riesgo”, afirma Elder.

La lucha en el terreno se ha incrementado sobre todo en el sur del país, donde MSF ha recibido un gran número de heridos. En la Unidad de Cirugía de Emergencia en Adén la organización ha recibido más de 550 pacientes desde el 19 de marzo como consecuencia de los enfrentamientos en Adén, Lahj y otras áreas meridionales. En un solo día, el 26 de marzo llegaron 111 pacientes al hospital.

“Hemos tenido que utilizar nuestro espacio de oficina y poner colchones en las habitaciones para recibir a los heridos”, cuenta el Dr. Hani Isleem, médico de MSF en Adén.

Falta personal médico especializado para hacer frente a la gran cantidad de heridos, y los que están disponibles se enfrentan a muchas dificultades. “Todavía es peligroso para nosotros”, dice Isleem. “Hasta llegar al hospital es muy arriesgado”, explica.

En la provincia de Ad-Dhale, donde MSF da apoyo a las salas de emergencia en el hospital Nasser y el distrito de Qataba, se han admitido 67 heridos en la última semana.

En el noroeste de Yemen, un equipo de MSF presta apoyo a la sala de urgencias del Hospital de Haradh, que recibió ayer 34 heridos como consecuencia de ataques en la zona del campo de desplazados de Al Mazraq. Los ataques provocaron además la muerte de otras 29 personas. Alrededor de 500 familias nuevas han llegado en los últimos días a ese campamento escapando de los bombardeos en la zona de Sada, en el oeste del país.

“Quedan muy pocos actores humanitarios en el país pero las necesidades son en realidad cada vez mayores, y se necesitan más suministros y recursos humanos en el terreno”, explica Dunia Dekhili, directora de programa de MSF para Yemen. “A medida que se extiende el conflicto, el riesgo de enfrentase a falta de medicamentos y suministros médicos es cada vez más real. Necesitamos que se nos permita enviar asistencia humanitaria al país por vía tierra, mar o aire”.

MSF hace un llamamiento a todas las partes a respetar la neutralidad de las instalaciones y el personal médicos, y a que se permita el acceso de asistencia médica sin trabas para los heridos.

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