MÉDICOS SIN FRONTERAS

En África central y occidental, 4,7 millones de personas viven con el virus del sida y aún no tienen acceso a tratamiento antirretroviral. Para acelerar el fin de la epidemia, urge eliminar numerosos obstáculos como los bloqueos legales, la falta de medicamentos y el alto nivel de estigma.

 

© Tommy Trenchard/Panos Pictures

 

Mientras que los jefes de Estado africanos se reunieron a finales de junio de 2017 en Ginebra (Suiza) para acelerar la cobertura de tratamientos para VIH en África central y occidental, y respaldar el plan de emergencia impulsado por ONUSIDA, reiteramos nuestro llamamiento por un plan claro y un firme compromiso político por parte de los gobiernos afectados y de todas las partes interesadas. El objetivo, eliminar obstáculos a largo plazo y aumentar el tratamiento vital para 4,7 millones de personas que viven con VIH y que aún no tienen acceso a terapia antirretroviral (ARV).

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Interrumpir la propagación del VIH/sida de madre a hijo es una fase fundamental para hacer retroceder la epidemia en el país africano.

© Yasuhiko Okuno

Desde febrero de este año Médicos sin Fronteras (MSF) y el Ministerio de Salud de Suazilandia han puesto en marcha un enfoque innovador, habitualmente llamado PMTCT B+ (Prevención de la Transmisión Madre a Hijo Opción B+), en la zona de Nhlangano, al sur del país. Está dirigido a incluir en el tratamiento a 2.000 mujeres embarazadas positivas durante los próximos cuatro años, tan pronto como se haya diagnosticado su seropositividad. A día de hoy, más de 200 mujeres han recibido el tratamiento.

“En Suazilandia la prevalencia del VIH/sida es extremadamente preocupante en las mujeres embarazadas, con una tasa de cerca del 40%. Sin tratamiento, del 25 al 40% de los hijos nacidos de madres seropositivas se verán infectados”, explica el Dr. Serge Kabore, coordinador médico de MSF en Suazilandia. “El objetivo de este nuevo enfoque es poner bajo tratamiento de por vida a todas las mujeres embarazadas o que están criando y afectadas por el virus, sea cual sea su nivel de CD4. Con ello se pretende prevenir la transmisión del VIH/sida de la madre a su hijo e igualmente mantener a las madres en buen estado de salud, proteger a los bebés en los futuros embarazos, y proteger a las parejas seronegativas”.

En los otros enfoques de lucha contra el sida, el nivel de CD4 de la persona afectada por el virus es el que determina si se le debe someter a tratamiento antirretroviral (ARV). Tras muchos años de peticiones por parte de diferentes organizaciones, entre ellas MSF, la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de elevar el umbral de CD4 de 350 a 500. Esta paso importante significa que un mayor número de pacientes podrán beneficiarse ahora más rápidamente de un tratamiento que les proteja contra las enfermedades oportunistas y limitar así la posibilidad de transmisión a otras personas.

“En el año 2013 es inaceptable que la transmisión del VIH/sida de madre a hijo no sea aún una realidad”, añade Elías Pavlopoulos, jefe de misión de MSF en Suazilandia. “Poniendo en marcha el enfoque ‘PMTCT B+’, queremos mostrar que es posible evitar completamente la transmisión del virus de madre a hijo en Suazilandia, a la vez que se mantiene a las madres en buen estado de salud”.

MSF ha puesto en marcha una página web http://vih.msf.ch (en francés) que explica el enfoque PMTCT B+, sus ventajas y los objetivos de este proyecto piloto. “MSF y el Ministerio de Salud evaluarán regularmente los resultados en base a 3 criterios: el impacto en términos de salud y de tasa de transmisión, la experiencia de los pacientes y del personal sanitario y los aspectos financieros. Esperamos influir en la política de salud nacional para que este nuevo enfoque se ponga en marcha en todo el país. MSF actúa como catalizador del cambio”, añade Elías Pavlopoulos.

Este nuevo enfoque PMTCT B+ constituye una etapa importante en la lucha contra la epidemia de VIH/sida en Suazilandia. El objetivo final es invertir la curva de la epidemia del VIH/sida generalizando este enfoque para la mayoría de la población. Es la primera etapa hacia una generación sin VIH/sida en la región de Shishelweni.


Ginebra/Nueva York/Madrid, 14 de agosto de 2013 — Tras la aprobación por parte de la Administración Americana de Alimentos y Medicamentos del dolutegravir, la organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) se pregunta cuándo las poblaciones de los países en desarrollo podrían acceder a este prometedor y nuevo medicamento para combatir el VIH.

Personal de MSF realizando el test de VIH/Sida a una paciente en Bossangoa, en República Centro Africana. © Ton Koene / MSF

Diversos estudios han demostrado que el dolutegravir, un fármaco de una nueva y potente clase de inhibidores de la integrasa, se tolera bien, es muy eficaz a la hora de controlar la replicación del VIH, y cuenta con barreras protectoras contra el desarrollo de resistencias al virus. Dadas las ventajas de este fármaco en relación a los otros medicamentos de la misma clase que suelen utilizarse de forma generalizada, el dolutegravir probablemente entrará a formar parte de la terapia de primera línea en los países ricos. Sin embargo, todavía no está claro si las poblaciones del mundo en desarrollo tendrán acceso al medicamento, pues todo parece indicar que el productor ViiV (Pfizer + GlaxoSmithKline + Shionogi) no facilitará un acceso asequible al fármaco.

“Basándonos en los estudios realizados hasta la fecha, el dolutegravir presenta muchas ventajas para su uso en países en desarrollo, pero como proveedores de tratamiento, nuestra mayor preocupación es su precio”, afirma el Dr. Manica Balasegaram, Director Ejecutivo de la Campaña de MSF para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME). “Un nuevo y prometedor medicamento sólo conseguirá salvar vidas si es asequible y por tanto accesible para las personas que lo necesitan. La vida y la salud de millones de pacientes en todo el mundo debería siempre anteponerse a los intereses comerciales”.

Pero la postura de ViiV sobre el acceso al dolutegravir en países en desarrollo es preocupante, después de que la compañía anunciase que adoptará una estrategia de fijación escalonada de precio, lo cual pondría el medicamento fuera del alcance de las personas que lo necesitan, limitando el uso y la venta de las versiones genéricas a sólo 67 países y excluyendo a muchos países con ingresos bajos y medios en los que viven millones de personas VIH positivas.

“Nos preocupa enormemente que la estrategia de mercado de ViiV deje al dolutegravir fuera del alcance de los países que no hayan negociado licencias con ViiV”, declara Rohit Malpani, director de Política y Análisis de la CAME. “Ya hemos visto otras veces que los países excluidos de esas listas siempre acaban pagando precios desorbitados”.

ViiV debería dar pasos proactivos para asegurarse de que el dolutegravir sea accesible y asequible para las personas que lo necesitan, especialmente a través del registro del producto y permitiendo la disponibilidad de versiones genéricas en países con ingresos medios y bajos. Una de las fórmulas que podrían utilizarse para hacer más asequible el acceso al dolutegravir sería la de acordar una licencia con el Pool de Patentes Farmacéuticas. Esta debería incluir a todos los países con ingresos medios y bajos y no restringir las áreas donde el fármaco puede fabricarse o las que pueden suministrar los ingredientes farmacéuticos activos.

“Allí donde el precio del dolutegravir sea desorbitado, los países tendrán la responsabilidad de superar las barreras de las patentes utilizando plenamente las salvaguardas y flexibilidades que los acuerdos comerciales internacionales disponen en materia de salud pública, y que permiten producir e importar versiones más asequibles”, añade Malpani.

La disponibilidad de medicamentos asequibles para el VIH ha sido crucial en la ampliación de la terapia antirretroviral, haciéndo que hoy en día llegue a casi diez millones de personas en los países en desarrollo. La competencia entre los productores genéricos de medicamentos para el VIH, principalmente en India, es lo que ha hecho que el precio del tratamiento se redujese hasta un 99% en los últimos diez años, pasando de costar más de 10.000 dólares americanos por persona y año a principios de la pasada década, a los menos de 120 dólares que se pagan hoy en día. Sin embargo, las patentes que bloquean la producción genérica han hecho que los medicamentos más nuevos queden fuera del alcance de las personas que los necesitan, con un posible régimen de salvamento que cuesta en el mejor de los casos más de 2.000 dólares americanos por persona, incluso en lo países más pobres, lo cual supone casi 15 veces el precio de la terapia actual de primera línea.

En la actualidad MSF proporciona tratamiento antirretroviral a más de 285.000 personas en 21 países.


Después de tres años trabajando para mejorar el acceso a los servicios de salud reproductiva y sexual en el distrito de Luwingu, en la Provincia del Norte, MSF cerró esta intervención el pasado junio. El cierre se produjo después de un largo proceso de traspaso de las actividades con el Ministerio de Salud de Zambia y en base a la mejora de los indicadores médicos en el área.

Hospital de Luwingu. ©Elisabeth Ubbe/MSF

Desde el principio del proyecto, en junio de 2010, y en estrecha colaboración con las autoridades del país, los equipos de MSF proporcionaron servicios integrales de salud sexual y reproductiva –incluyendo planificación familiar, controles pre y posnatales y partos asistidos– en el hospital del distrito de Luwingu y en varios centros de salud rurales. También se hicieron referencias obstétricas urgentes desde los centros de salud rurales al hospital.

Hasta junio de 2013, MSF realizó aproximadamente 11.775 controles prenatales, 3.626 posnatales y atendió más de 2.700 partos. El personal de MSF también identificó y refirió 56 casos de fístula obstétrica que fueron reparados con éxito en el hospital de Chilonga. La fístula obstétrica es una afección médica causada durante trabajos de parto prolongados que provoca dolor y pérdidas de orina y heces. Las actividades también incluían la prevención de la transmisión del VIH de mujeres embarazadas a sus bebés; el programa hizo el seguimiento de más de 220 mujeres.

Además de las actividades médicas directas, MSF llevó a cabo varias obras de rehabilitación y construcción con el objetivo de mejorar la provisión de servicios de salud sexual y reproductiva. El proyecto se basó en un enfoque comunitario, implicando a líderes y grupos del distrito, para mejorar el acceso a la atención sanitaria. Uno de los componentes clave del programa de MSF durante estos tres años ha sido la formación y la capacitación del personal que trabajaba en las instalaciones médicas.

“Decidimos traspasar el proyecto al Ministerio de Salud  porque los objetivos iniciales del programa se habían alcanzado”, explica Víctor García Leonor, coordinador general de MSF en Zambia. “Sin embargo, sigue habiendo desafíos en Luwingu. Por ejemplo, aunque el número de trabajadores sanitarios cualificados en el distrito ha aumentado considerablemente desde que MSF empezó a trabajar aquí, sigue estando por debajo del estándar deseado”.

En los últimos meses, MSF ha trabajado con varios actores a nivel del distrito y la provincia para asegurar un buen traspaso de las actividades. La organización también ha donado medicamentos y material médico a las instalaciones sanitarias.

Tras el cierre del proyecto de Luwingu, MSF se retirará de Zambia en septiembre. Sin embargo, la Unidad de Emergencia de la organización seguirá monitoreando la situación en el país y está preparada para actuar si se requiere una respuesta de urgencia.

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Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja en Zambia desde 1999, interviniendo en brotes de cólera y emergencias puntuales, como por ejemplo, desplazamientos de población a causa de inundaciones o brotes de sarampión. La organización también llevó a cabo un proyecto de VIH/sida en Kapiri y el proyecto de salud sexual y reproductiva en Luwingu.


MSF ofrece servicios de salud a las trabajadoras del sexo en el distrito de Nsanje

© Risa Turetsky

Casi al final del segundo día de la clínica móvil comunitaria, organizada específicamente para trabajadoras del sexo en Nsanje, Malaui, llega una tímida joven llamada Isabella*. Ella y dos de sus amigas se han hecho los análisis del VIH y Isabella ha dado positivo. Después de ofrecerle asesoramiento y de animarle para que empiece el tratamiento antirretroviral (TAR), Isabella finalmente admite a su consejera que ya sabía que era seropositiva. Se había saltado dos citas en la clínica de TAR del hospital y después de esto no se había atrevido volver. En su lugar, está tomando píldoras de sus amigas, que les coge, con o sin permiso, para seguir su medicación. Con mucho miedo, ha venido a nuestra clínica en busca de ayuda.

La Clínica Móvil Comunitaria para trabajadoras del sexo es parte del nuevo modelo de atención que MSF dispensa en Nsanje, el distrito en el extremo sur de Malaui. Según estimaciones oficiales, la prevalencia de VIH entre las trabajadoras del sexo en Nsanje alcanza un alarmante 82%. Se trata de un porcentaje aún alto que la prevalencia nacional, que es del 71%. Sin una respuesta local dirigida a este colectivo y con un suministro de preservativos siempre escaso, las trabajadoras del sexo son un conductor de nuevas infecciones del VIH.

“No solo no existe una respuesta especial a las necesidades de esta grupo tan vulnerable, sino que las mujeres se sienten estigmatizadas cuando acuden a las consultas, especialmente las especializadas en el tratamiento de enfermedades de transmisión sexual (ETS), donde sienten que no se les respeta,” explica Risa Turetsky, enfermera móvil de MSF en Nsanje. “Se sienten estigmatizadas por otros pacientes y a veces incluso el personal de la clínica les trata mal. Esto disuade a la mayoría de mujeres de acudir a nuestros servicios, es trágico e inaceptable, si se consideran las necesidades sanitarias de este grupo.”

Para mejorar el acceso y la aceptación de la atención y promover el uso consistente de condones y de ARVs, MSF está implementando un nuevo enfoque. En él las Clínicas Móviles Comunitarias están vinculadas a las consultas mensuales en el centro de salud específicas para trabajadoras de sexo, y son gestionadas por enfermeras y consejeras del Ministerio de Sanidad formadas para saber tratar debidamente a este colectivo. Las clínicas proporcionan condones y “Tratamiento como Prevención,” lo que significa que tratan a todas las trabajadoras de sexo VIH positivas independientemente del estadio de su enfermedad para que sean menos infecciosas y de esta forma prevenir nuevas infecciones.

A finales de junio de 2013, el primer grupo de profesionales sanitarias formadas para tratar a trabajadoras del sexo está preparado y se han llevado a cabo ya dos clínicas móviles. La respuesta ha sido muy positiva, con un aumento del número de visitas a trabajadoras del sexo del 150% entre la primera y la segunda clínica, y con comentarios al personal sobre lo cómodas que las hacen sentir. La primera clínica móvil se centró en el tratamiento de las ETS y reveló una chocante tasa de sífilis del 66% entre las trabajadoras del sexo visitadas. El equipo trató a todas las trabajadoras del sexo para ETS sintomáticas. Aunque sencilla, una de las aportaciones más importantes de MSF es el suministro de preservativos a las trabajadoras del sexo, considerando que el distrito se las ve y se las desea para mantener un suministro regular de los mismos. La clínica está gestionada conjuntamente entre MSF y el Ministerio de Sanidad de Nsanje. MSF se centra en la capacitación del personal, pues la intención es que el Ministerio de Sanidad gestione la clínica de forma independiente en el futuro.

La recientemente formada consejera consiguió encontrar a Isabella cuando no acudió a su siguiente visita. Al ser de la misma aldea, pudo dar con ella sin muchas dificultades. “Nuestro modelo de atención anima a las trabajadoras del sexo a sentirse cómodas con el personal que está ahí para ayudarles,” explica Turetsky. Este personal gestionará la clínica en el hospital una tarde al mes, empezando en agosto, centrándose específicamente en ellas para evitar el estigma y un trato irrespetuoso. Con el personal a cargo de las consultas en el centro de la ciudad de Nsanje, MSF pretende ampliar estos servicios a todo el distrito para ayudar a trabajadoras del sexo como Isabella a preservar su salud mediante la toma continuada de ARVs y disminuir la transmisión del VIH en general.

Además de planes inmediatos de ampliar el proyecto a cuatro regiones comerciales más del distrito con un gran número de trabajadoras del sexo, MSF tiene por objetivo ampliar este enfoque a la región sudafricana, donde las trabajadoras del sexo deben enfrentarse a los mismos retos. ”Para tener un impacto sobre la epidemia e intentar reducir la propagación del virus, tenemos que empezar a prestar atención a grupos clave como las trabajadoras del sexo,” concluye Rodd Gerstenhaber, coordinador de MSF en Malaui. “Hay muchas mujeres como Isabella ahí afuera y no podemos permitirnos que por culpa de un sistema de salud deficiente sean relegadas al olvido.”

*  Isabella es un nombre supuesto para proteger su identidad

 


La lucha contra el VIH/sida en Mozambique es un asunto de todos los días: casi 11.5% de la población de este país situado sobre la costa sur de África vive con el virus. Muchos sufren también de complicaciones ligadas a su enfermedad, como el sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer que causa dolorosas lesiones cutáneas. En Maputo, la capital del país, MSF trabaja con el ministerio de Salud para tratar a los pacientes que padecen este tipo de complicaciones.

Centro de Referencia Alto-Maé (CRAM) © Sandra Smiley/MSF

Dentro del hacinado barrio de Chamanculo, en Maputo, Médicos Sin Fronteras (MSF) ofrece atención médica gratuita a los habitantes por el Centro de Referencia Alto-Maé (CRAM). La función del CRAM es de intermediario entre el hospital principal de la región y el centro de atención de salud primaria. Provee un apoyo técnico y conocimientos especializados al servicio de la atención de salud primaria para ocuparse de los pacientes portadores de VIH/sida que sufren de complicaciones. Este apoyo hace disminuir el número de casos a referir y por tanto, reduce la carga de trabajo del hospital.

El CRAM posee un servicio de quimioterapia que trata a los pacientes que sufren del sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer asociado al VIH, que conlleva dolorosas lesiones cutáneas capaces de causar secuelas permanentes. Se trata de una enfermedad dolorosa para la persona afectada, que además es estigmatizada por las marcas visibles sobre la piel. Las heridas pueden sufrir complicaciones infecciosas secundarias que pueden provocar mal olor.

Aunque el tratamiento antirretroviral es de fácil acceso en la capital de Mozambique, el sarcoma de Kaposi afecta a una buena parte de la población infectada por el VIH en la región. El número elevado de personas portadoras de la enfermedad puede explicarse por la ausencia de una detección temprana: el sarcoma de Kaposi no suele ser diagnosticado hasta en las últimas etapas de la enfermedad, cuando los pacientes se presentan en los centros médicos con lesiones ya visibles y dolorosas. Mejorar la detección temprana de esta enfermedad y tratarla ha pasado a ser una prioridad para MSF en la capital de Mozambique.

Sin el CRAM, los pacientes con sarcoma de Kaposi, no tendrían otra opción que dirigirse a los centros de salud primaria de la ciudad. De allí serían redirigidos hacia un hospital en el que deberían esperar durante horas o días, antes de recibir atención. Tampoco está garantizado que dichos hospitales estén equipados para tratar complicaciones similares, puesto que el sistema de salud mozambiqueño frecuentemente carece de competencias especializadas, de equipamiento o de medicamentos. El personal médico del CRAM examina cada mes a centenares de pacientes que sufren de complicaciones ligadas al VIH/sida, como el sarcoma de Kaposi, tratamientos fallidos o coinfecciones. Actualmente cuatrocientos pacientes con sarcoma de Kaposi reciben atención médica en este centro.

Testimonio de dos pacientes que reciben tratamiento contra el sarcoma de Kaposi

Joao, 36 años.

Las lesiones aparecieron sobre la parte baja de mi pierna, después fueron subiendo gradualmente. Apenas podía mover mi pierna y la hinchazón era tan grande que tenía la impresión de que había piedras dentro. Hace unos nueve meses, vi a un médico que me dijo que se trataba del sarcoma de Kaposi. Inmediatamente comencé la quimioterapia en el CRAM. Después del inicio del tratamiento, no me he perdido una sola sesión y jamás lo abandonaría.

Tengo que recibir un tratamiento cada mes. No es muy práctico…hay, de hecho, algunos problemas. El sitio en donde se nos da el tratamiento es muy pequeño, y hombres y mujeres recibimos el tratamiento en el mismo espacio y al mismo tiempo. Además, es muy duro de soportar físicamente. He perdido cabello, y el que vuelve a crecer es muy delgado. A veces no tengo ningún apetito y otras veces vomito todo lo que como. Tengo la impresión de tener malaria. El malestar dura unos tres días y después me encuentro mejor. Pero debo regresar al mes siguiente, y todo comienza de nuevo, una y otra vez.

No tengo un empleo estable, trabajo cuando se presenta la oportunidad. Trabajo en el sector de construcción. Pero casi una semana de cada mes, no puedo trabajar debido a los efectos secundarios de la quimioterapia: no tengo ni apetito ni energía. Me siento mejor cuando trabajo.

Comencé a trabajar bastante joven, a los 15 años. Empecé en un bar, después pasé a la construcción… nos ganábamos bien la vida. Una vez que comencé a ganar dinero pude formar una familia. En Mozambique, cuanto más dinero ganas, más hijos tienes. Yo tengo cuatro hijas y dos hijos. También soy abuelo porque mi hija mayor, de 17 años, tiene un bebé de un año. Mi mujer cuida de los niños en la provincia, mientras que yo vivo aquí en Maputo con mi hermana para ganar dinero y enviarlo a mi familia, al menos cuando puedo trabajar. Vine a Maputo para trabajar un poco, pero sobre todo para recibir el tratamiento.

Todo el tiempo las personas hacen comentarios sobre mi pierna. No saben lo que es, por lo tanto debo explicárselo cuándo me preguntan. La gente asocia mi enfermedad  con la brujería, la magia negra o ese tipo de cosas. Antes de ser admitido en el hospital, gasté mucho dinero visitando a un curandero, pero sin éxito.

Como ya he sufrido tanto, y como tengo hijos, sé que no puedo bajar los brazos. Me doy cuenta de que si interrumpo el tratamiento, el dolor regresará. Mi familia sabe que si muero, nadie se ocupará de ellos. Antes del inicio del tratamiento no era capaz de moverme, de caminar, de trabajar, de ocuparme de los niños, pero ahora que mi estado de salud ha mejorado, siento que puedo hacer ciertas cosas. Antes yo tenía una vida normal. No pude hacer nada durante un año, pero ya me siento más saludable. Seguiré el tratamiento hasta el final de mis días o hasta que termine.

Angelina*, 34 años

Comencé el tratamiento en el  2007 en otro centro de atención médica al norte del país. Enseguida se me transfirió al centro especializado. Cuando comencé el tratamiento contra el sarcoma de Kaposi, las piernas me dolían mucho. Hoy, me siento mejor. No tengo más dolores, pero constantemente tengo picor. A veces me despierto por la noche con esta sensación, y no puedo dormir de nuevo. He tenido lesiones en la piel causadas por infecciones ligadas al VIH. Me ha pasado que al rascarme tan fuerte podía ver la nueva piel. La piel vuela por el aire como el polvo.

En la casa, uso todo el tiempo ropa cómoda, pero cada vez que salgo a la calle o que debo tomar el transporte público, me cubro; uso  ropa y mangas largas a causa de la mirada de los otros. Me preguntan: “¿Qué es lo que tienes?”, y eso no me gusta nada. A veces, estoy sentada en el autobús y me hacen preguntas sobre mi enfermedad. A pesar de todas mis explicaciones, las personas aún creen que se trata  de “esa enfermedad”, como nosotros llamamos al VIH. Mi familia sabe que estoy infectada, mi marido, mis primos y mis amigos me han brindado su ayuda cuando la he necesitado.

El tratamiento no es tan difícil. Es difícil para los que no quieren tratarse. Sin embargo, para alguien que quiere curarse o ocuparse de sus hijos, no es tan difícil. Yo tengo tres hijos en casa. Si tienes que ocuparte de una familia, todo lo que tienes que hacer es seguir el tratamiento y mejorar.

*Los nombres han sido cambiados para proteger la privacidad de las personas.


Informe de Médicos Sin Fronteras: la competencia de los genéricos hace descender el precio de los antirretrovirales de primera y segunda línea.

© Ron Haviv / VII

El precio de los antirretrovirales (ARV) de primera y segunda línea para el tratamiento del VIH está descendiendo gracias a la competencia entre los productores de genéricos, pero los ARV más nuevos continúan teniendo un precio astronómico, de acuerdo al informe anual ‘Desenmarañando la red de reducción de precios de los ARV’ (Untangling the Web of ARV Price Reductions), dado a conocer hoy por la organización médico-humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) en la Conferencia de la Sociedad Internacional sobre Sida en Kuala Lumpur (Indonesia).

“Es una buena noticia que el precio de los fármacos esenciales contra el VIH siga disminuyendo a medida que más compañías de genéricos compiten en el mercado, pero los nuevos medicamentos todavía tienen un precio demasiado alto”, dijo la doctora Jennifer Cohn, directora Médica de la Campaña de Acceso de MSF. “Médicos Sin Fronteras y otros proveedores de atención médica necesitan los nuevos tratamientos para las personas que han agotado todas las demás opciones, pero las patentes mantienen su precio fuera del alcance. La cuestión de los precios está lejos de resolverse”.

Con la llegada de más fuentes de calidad garantizada adicionales en el último año, el “mejor precio posible” de una terapia combinada en una sola pastilla de una toma diaria recomendada por la OMS para primera línea (tenofovir / lamivudina / efavirenz) se ha reducido un 19% desde el año pasado (de 132 a 106 euros por persona y año), con algunos países pudiendo alcanzar precios aún más bajos en pedidos de gran volumen.

Así mismo y dado que han surgido nuevos competidores genéricos, los precios de los dos principales medicamentos usados en el tratamiento de segunda línea (atazanavir/ritonavir y lopinavir/ritonavir) han caído un 28% respecto al año pasado. La combinación más asequible de segunda línea (zidovudina/lamivudina + atazanavir/ritonavir) tiene actualmente un precio de 232 euros por año; esto representa una caída de 75% en el precio del tratamiento de segunda línea desde 2006. Sin embargo, el tratamiento de segunda línea más económico sigue duplicando el coste de los ARV de primera línea.

Sin embargo, para los nuevos medicamentos contra el VIH, incluyendo nuevas clases fundamentales de antirretrovirales como los inhibidores de la integrasa, la competencia genérica está bloqueada a causa de las patentes. Como resultado, estos son mucho más caros. El mejor precio posible de una terapia de rescate para los pacientes en quienes fracasa el tratamiento de segunda línea (raltegravir + etravirina + darunavir + ritonavir) es de 1.539 euros al año en los países más pobres, casi 15 veces el coste del tratamiento de primera línea. Los países que no tienen acceso a estos precios están pagando muchas veces más. Por ejemplo, Tailandia y Jamaica pagan 3.652 euros y 5.043 euros respectivamente sólo para el nuevo fármaco darunavir; Paraguay paga 5.973 euros sólo por la etravirina y Armenia 10.140 euros por el raltegravir (uno sólo de los tres o cuatro medicamentos necesarios para un régimen completo).

Asegurar la asequibilidad de los medicamentos futuros es también una prioridad. Expertos en VIH destacan que los nuevos fármacos potentes y bien tolerados como el inhibidor de la integrasa dolutegravir podrían, en el futuro, ser utilizados en la mejora de primera o segunda línea, por lo que el acceso asequible a estos nuevos medicamentos es más urgente.

“La expansión del tratamiento del VIH y el mantenimiento de las personas en tratamiento de por vida dependerá de lo que el precio de los nuevos medicamentos baje”, afirma Arax Bozadjian, farmacéutico de VIH de la Campaña de Acceso de MSF. “Hoy en día, no hay opciones genéricas de calidad garantizada para la gran mayoría de los nuevos medicamentos contra el VIH. Los precios en los países de ingresos medios son también una preocupación importante. Los términos de los acuerdos de licencia voluntaria existentes no son lo suficientemente buenos, la mayoría de ellos no tienen términos de salud pública, y la mayoría de los países de ingresos medios están excluidos, lo que limita su acceso a regímenes muy necesarios”.

Si la reducción del precio de las combinaciones de primera y segunda línea fue posible, fue gracias a la producción de genéricos en India al no aceptarse la patente de los medicamentos más antiguos. Ahora, al patentarse más y más nuevos medicamentos para el VIH en países con una importante capacidad de producción de genéricos, como la propia India, se impone encontrar soluciones para que bajen los precios. Las solicitudes de patentes deben rechazarse cuando no cumplan con los requisitos de patentabilidad de un país, tal y como ocurrió en India en el reciente caso Novartis. Cuando las patentes impiden el acceso, deben emitirse licencias obligatorias en interés de la salud pública. India emitió su primera licencia obligatoria en 2012 para un medicamento contra el cáncer que se considera inalcanzable, y deberían hacerse movimientos como este en casos similares para superar los precios inabordables de medicamentos contra el VIH.

“En nuestra clínica en Mumbai, más y más pacientes necesitan los más recientes y costosos medicamentos contra el VIH, pero ni nosotros ni el gobierno podemos permitirnos estos precios a largo plazo”, explica Leena Menghaney, directora de la Campaña de Acceso de MSF en India. “Los países deben abordar el problema de los altos precios de medicamentos de frente, rechazando la concesión de patentes injustificadas y emitiendo licencias obligatorias cuando su precio los haga inasequibles, para que se puedan fabricar versiones genéricas más baratas.”

MSF ha publicado un segundo informe en la Conferencia de la Sociedad Internacional sobre Sida en Kuala Lumpur: ‘Poniendo a prueba el tratamiento del VIH’ (Putting HIV Treatment to the Test) se centra en el precio de las pruebas de carga viral del VIH. Las pruebas de carga viral son el método de referencia para la supervisión del tratamiento del VIH en los países desarrollados, frente al control clínico o inmunológico (CD4), ya que éstas permiten detectar con mayor precisión y rapidez si los pacientes tienen problemas de adherencia al tratamiento y necesitan asesoramiento adicional o si, de hecho, el problema es que el tratamiento está fracasando. Las nuevas recomendaciones de la OMS aconsejan encarecidamente el uso del control regular de la carga viral en los países en desarrollo. Sin embargo, el precio y complejidad han impedido hasta ahora el despliegue de estas tecnologías en los países sin recursos.

“El objetivo de todos los programas de tratamiento del VIH debe ser la supresión del virus de forma que las personas tengan niveles ‘indetectables’ del virus en la sangre”, asegura la doctora Cohn. “Las pruebas de carga viral son la mejor manera de mantener a la gente durante el mayor tiempo posible en la combinación más asequible de primera línea de antirretrovirales, y cambiar a los más nuevos sólo a quienes realmente lo necesiten. Ahora que el precio del tratamiento de segunda línea está bajando, es el momento de iniciar la prueba de la carga viral y asegurar que las personas reciben un tratamiento que les funciona, en lugar de esperar a que sea demasiado tarde y enfermen de nuevo o mueran”.

MSF facilita actualmente tratamiento contra el VIH a 285.000 personas en 21 países.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que se adelante el tratamiento con antirretrovirales a los pacientes con VIH en los países en desarrollo.

Lesoto, Día Mundial del Sida 2012 © Marleen Dermaut / MSF

Médicos Sin Fronteras (MSF) da la bienvenida a los nuevos protocolos para el tratamiento del VIH hechas públicas por la Organización Mundial de la Salud y reclama que las mejoras se pongan en marcha rápidamente permitiendo que se beneficien las personas y los programas en los países en desarrollo. MSF también hace hincapié en que para ello será necesario un mayor apoyo internacional. Las recomendaciones de la OMS incluyen adelantar la terapia antirretroviral para las personas que viven con el VIH, la mejora de los protocolos de prevención de la transmisión del virus madre-hijo y un seguimiento regular y más efectivo de la carga viral en las personas para asegurar que el tratamiento está funcionando.

“El tratamiento temprano del VIH marca una diferencia importante: mantiene a la gente más saludable y ayuda a prevenir la propagación del virus dentro de las comunidades, pero para ello necesitamos el apoyo político y financiero para que estas recomendaciones se extiendan velozmente”, dijo el Dr. Unni Karunakara, presidente internacional de MSF.

El empleo del control de la “carga viral” para garantizar que los medicamentos antirretrovirales mantienen el virus contenido es otro avance importante en las recomendaciones. La carga viral funciona mejor cuando se vincula a apoyar una adhesión sólida al tratamiento y muestra múltiples beneficios tanto para los pacientes como para los proveedores de tratamiento.

“No hay mayor factor de motivación para que las personas se adhieran a su tratamiento contra el VIH que saber que el virus es ‘indetectable’ en la sangre”, expresó el Dr. Gilles van Cutsem, coordinador médico de MSF en Sudáfrica. “Los análisis de carga viral son la mejor manera de hacer que los pacientes mantengan el tratamiento de primera línea y de saber cuándo cambiar a medicamentos de segunda línea. Ya  es hora de que estén disponibles en los países donde la enfermedad tiene un mayor impacto. Con las nuevas directrices ahora nuestro objetivo colectivo debería ser ampliar la cobertura sin echar por tierra lo conseguido: llegar a más gente, que se mantengan en el tratamiento y con una carga viral indetectable”.

Con los nuevos protocolos de la OMS, el número de personas que ahora son elegibles para tratamiento se incrementará sustancialmente.

“Estas nuevas recomendaciones de tratamiento son ambiciosas y, además de necesarias, son también factibles”, afirmó el Dr. Karunakara. “Ahora no es el momento de amedrentarse sino de seguir adelante con lo que sabemos que funciona para obtener el mejor tratamiento posible para la mayoría de la gente tan pronto como sea posible. Los países deben aplicar las nuevas directrices de la OMS y acelerar el tratamiento sin demora, por lo que es fundamental movilizar el apoyo internacional para posibilitar que lo hagan, incluida la financiación para los programas de tratamiento del VIH de los gobiernos donantes y del Fondo Mundial”.

“Con las nuevas directrices de la OMS, los países en los que el VIH/sida constituye una emergencia de salud pública van a requerir un mayor apoyo de los donantes internacionales. Para el Gobierno de España representa una nueva oportunidad para corregir su política en esta materia y reanudar su apoyo al Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis. Debemos recordar que, en los últimos años, nuestro país pasó de liderar la lucha contra esta pandemia a desaparecer de escena. En 2011 España no aportó un solo euro a este mecanismo de financiación. En 2012, la contribución de España al Fondo Mundial fue igualmente nula a pesar de que nos habíamos comprometido en la Conferencia Internacional sobre el Sida celebrada en Washington en julio a aportar diez millones de euros, una cifra escasísima. Ante la próxima Conferencia de reposición de fondos que el Fondo Mundial celebrará a finales de este año 2013, España tiene la oportunidad de recuperar su credibilidad como país donante en el ámbito de la comunidad internacional y su compromiso en la lucha global contra el Sida”, denuncia José Antonio Bastos, presidente de Médicos Sin Fronteras.

La experiencia de MSF en el tratamiento del VIH en los países en desarrollo desde el año 2000 ha demostrado que la ampliación de la atención de calidad a un gran número de personas es posible a través de estrategias de prestación de tratamiento adaptadas en conjunción con políticas de apoyo.

Los medicamentos deben ser asequibles y fáciles de tomar, el seguimiento es esencial y debe ir acompañado de asesoramiento eficaz para las personas con problemas de adherencia al tratamiento, y debe alentarse y dotar de poder para que las personas asuman un papel más importante en la gestión de su atención. Por ejemplo, una estrategia piloto que MSF puso en marcha en Mozambique para simplificar la asistencia y ayudar a que las personas se adhieran a su tratamiento ha sido la de formar pequeños grupos de pacientes en los que un miembro de otro grupo acude a realizar una comprobación cada mes y se encarga de obtener las medicinas necesarias para completar el tratamiento mensual para el conjunto del grupo. Este modelo no sólo simplifica la atención a las personas sino que también libera tiempo del personal de salud para centrarse en los casos más críticos.

Pero a través de su trabajo, MSF también está comprobando que muchas personas siguen siendo excluidas del tratamiento y que se debe prestar atención especial en asegurar que estos países no se queden atrás.

“En lugares como la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Guinea y Myanmar, es como si el reloj se hubiera detenido diez años atrás, con un número vergonzosamente alto de personas que mueren porque no pueden obtener tratamiento. Existe también una necesidad de aumentar la cobertura de las poblaciones vulnerables, como la población rural pobre en los países de alta prevalencia”, dijo el Dr. van Cutsem. “La comunidad internacional no debe permitir el abandono de las personas que necesitan tratamiento contra el VIH  en contextos de inestabilidad, donde los sistemas son débiles o la voluntad política es insuficiente.”

MSF facilita actualmente tratamiento contra el VIH a 285.000 personas en 21 países.


MSF presta apoyo a los servicios de salud mental en Lesoto

Prueba rápida de VIH una la clínica móvil de MSF en Lesoto © Yasmin Rabiyan/MSF

Imagínate que estás embarazada de nueve meses, a punto de dar a luz. Sientes que empiezan las contracciones. Estas feliz y llena de miedo al mismo tiempo, pero sobre todo tienes fuertes dolores y rezas para que todo vaya bien. Ahora imagínate que vas a tardar dos, tres, cuatro o incluso más horas en llegar al centro de salud más cercano donde poder dar a luz con ayuda profesional. Imagínate un terreno montañoso, y tener que hacer casi todo el camino a pie.

Lo que parece una de las peores pesadillas que uno pueda tener es una realidad para muchas mujeres de Lesoto. Mantebaleng Ntelekoa, una joven madre de una zona rural en las montañas del país, recuerda: “Para los tres partos que he tenido, tuve que caminar dos horas hasta la carretera principal y después seguir en minibús hasta el hospital. Generalmente empecé a caminar nada más sentir las primeras contracciones y tardé mucho tiempo, porque tenía que sentarme cada vez que  me venía una contracción. Uno de mis hijos fue sietemesino, así que estoy contenta de haber podido llegar a tiempo.”

Pero no todo el mundo tiene tanta suerte como Mantebaleng. Un elevado número de personas VIH positivas con poco acceso a servicios de maternidad ha hecho que Lesoto registre una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo, con 620 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Una estadística que dobla la media mundial. Más del 50 por ciento de esas muertes se atribuyen a complicaciones asociadas al VIH. El gobierno de Lesoto se ha fijado el objetivo de reducir la mortalidad materna a 300 muertes por cada 100.000 nacidos vivos de aquí al año 2015, y está trabajando en un plan de acción acelerado para alcanzar la todavía lejana Meta de Desarrollo para el Milenio en lo que a salud materna se refiere. No obstante, en la actualidad, la situación sanitaria para muchas madres embarazadas en este pequeño reino en las montañas del sur de África sigue siendo incierta.

Las tasas de mortalidad en zonas muy rurales y aisladas son especialmente altas. Largas distancias al centro de salud más cercano, la falta de transporte, terrenos a menudo impracticables en invierno así como las tarifas que se cobran a los usuarios de los servicios de salud en los principales hospitales hacen que muchas mujeres no accedan a controles prenatales, a tratamientos vitales para el VIH o a los servicios de prevención de la transmisión del VIH de madre a hijo.

El equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Lesoto está apoyando a instalaciones de salud rurales para asegurar que más mujeres de zonas remotas tienen acceso a controles prenatales y a partos seguros. Un médico, una comadrona y varias enfermeras prestan apoyo a instalaciones sanitarias en diez lugares diferentes de los distritos de Roma y Semonkong. En la clínica de St.Leonard en Semonkong, hay una pequeña maternidad y una casa de espera para madres, que permite a las madres embarazadas venir aquí cuando se acerca la fecha de dar a luz, asegurando que puedan tener a sus bebés con la asistencia de una comadrona cualificada. Las nuevas madres pueden si quieren quedarse después de dar a luz hasta que se sienten preparadas para regresar a casa con su bebé recién nacido.

“Duermo en la casa de espera con las madres cuando estoy en Semonkong, y el ambiente es increíble,” afirma la comadrona de MSF, Marleen Dermaut. “Todo son risas y cháchara, las mujeres se sienten seguras y disfrutan de la compañía de las demás. Después de todo, todas se encuentran en la misma situación, mientras experimentan el milagro de dar a luz a nueva vida y, lejos de sus deberes cuotidianos durante unos días, pueden centrase solamente en sí mismas y sus bebés recién nacidos.”

Como media, hay siempre seis mujeres en el centro de una vez. Desde el año pasado, el número de partos asistidos en St. Leonard casi se ha triplicado pasando de siete a veinte al mes. Probablemente, esto se debe a una mezcla de una mayor promoción de la salud por parte del personal del centro en la zona y a la donación de una ambulancia por parte de MSF’. “La ambulancia lleva a las mujeres al hospital en caso de urgencia durante los dolores de parto o después de dar a luz. El hospital se encuentra a dos horas en coche de St. Leonard, lo que puede ser mucho tiempo en caso de urgencia. En realidad, ya se ha dado el caso de bebés nacidos dentro de la ambulancia,” añade Dermaut.

Además del apoyo específico a los servicios de maternidad en Lesoto, un equipo de promotores MSF se desplaza a las comunidades regularmente para hacer pruebas del VIH y de la TB y mejorar la educación para la salud en zonas remotas. En lugares con altas tasas de VIH y TB, el primer paso es crucial para que las personas entiendan cómo detectar las enfermedades, hacerse las pruebas oportunas y poder empezar el tratamiento necesario lo antes posible. Para llegar a cuantas más personas posible e implicar directamente a las personas que viven en estas zonas, MSF forma a personas de a pie en las comunidades o “promotores de salud comunitarios” para que puedan hacer las pruebas del VIH y sepan cuándo referir a los miembros de la comunidad a las instalaciones sanitarias.

“La motivación de muchas personas con las que trabajamos, ya sean enfermeras o asesores comunitarios, y la voluntad de cambiar las cosas hace que mi trabajo aquí todavía valga más la pena,” concluye Dermaut.

 


“Caí enfermo justo después de casarme. Era el año 2006. Estaba trabajando en Arabia Saudí, fui al hospital y allí descubrí que era VIH-positivo. Lo primero fue el shock, no tenía información sobre la enfermedad y pensaba que todo el mundo me daría de lado. Pensaba que moriría en una semana y me preocupaban mi madre y mi mujer, que estaba en su quinto mes de embarazo. Mi mujer lo aceptó muy bien. Se hizo las pruebas para saber si estaba o no infectada. Yo planeaba darle la oportunidad de estar conmigo o dejarme si era negativa, pero no fue así, y ella dijo que viviríamos o moriríamos juntos”.

© Anna Surinyach / MSF

Abo-Mohaned* tiene 35 años y vive en Saná, la capital de Yemen. El VIH no es una gran epidemia en el país; la prevalencia estimada es de alrededor del 0,2% de la población. Sin embargo, las personas seropositivas tienen que hacer frente a la discriminación y la estigmatización, incluso en el caso de la comunidad médica. Abo-Mohaned lo ha vivido de primera mano: “Cuando llegó el momento del parto, fuimos a dos hospitales y en ninguno quisieron atender a mi mujer. La única solución fue llevarla a un tercer hospital sin decir que era VIH-positiva”.

El doctor Abdul Fattah trabaja en la Clínica de tratamiento del VIH/sida en el hospital Al-Gumhuri, el único punto donde se puede recibir tratamiento antirretroviral (ARV) en Saná y donde actualmente están en tratamiento aproximadamente 445 personas. Él mismo decidió dedicarse de lleno a combatir la enfermedad después de que un amigo muriera en casa solo, sin recibir asistencia médica, mientras estudiaba Medicina. “Después de aquello, tenía una motivo para empezar a leer sobre el VIH. Y cuando acabé mis estudios de Medicina, oí que existía esta clínica, vine y empecé a trabajar aquí”.

“El principal reto que tenemos es luchar contra la discriminación”, explica el Dr. Fattah. “Al principio, no admitían a las personas seropositivas en el hospital. Hemos presionado y hemos hecho formación para personal sanitario. Creemos que la situación ha mejorado un poco. Pero todavía hay médicos, médicos muy respetados, que tienen un ataque de pánico cuando oyen hablar del VIH”.

Además de la Clínica, existen cinco centros en Saná donde se ofrece asesoramiento y diagnóstico del VIH.  Sin embargo, en los últimos meses no han tenido los test necesarios para diagnosticar el virus. Yemen cuenta con financiación del Fondo Mundial de la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria hasta el 2014. Sin embargo, estos fondos solo están destinados a asegurar la continuidad del tratamiento antirretroviral para las personas que ya lo han empezado. “Para la atención y el tratamiento, creo que ahora tenemos suficiente apoyo financiero pero otras actividades, especialmente sensibilización de la población, todavía necesitamos más. Nos faltan recursos para temas de asesoramiento y diagnóstico, especialmente en la prevención de la transmisión de virus de madre a hijo y tenemos que ampliar estos servicios”, explica el Dr. Adbulhammeed, responsable del Programa Nacional de Sida en Yemen.

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Primer proyecto especifico de VIH/sida de MSF en un país árabe

Desde principios de año, MSF está trabajando en Saná para contribuir a reducir el estigma de las personas seropositivas y mejorar su acceso a una atención sanitaria de calidad. “La fuerte discriminación que sufren las personas seropositivas se traduce en un pobre acceso a los servicios de salud. La gente tiene miedo de cómo será tratada y a veces este temor está justificado”, afirma Sue Petrie, coordinadora del proyecto en Saná. “Nuestro objetivo es trabajar mano a mano con el Programa Nacional de Sida para apoyarles en las actividades que llevan a cabo y mejorar esta situación”.

“Supe lo que me ocurría tras la muerte de mi marido”, explica Um Abdul Rahman* una mujer seropositiva de 35 años. “Padezco el estigma de la persona más próxima a mí: mi padre. No quiso saber nada de mí cuando supo que era VIH-positiva. Me dijo que tenía que marcharme de casa y regresar a donde había contraído el VIH. Me abandono sin más”.

Um Abdul Rahman también tuvo que hacer frente al hecho de ser una mujer en un país gobernado por hombres: “Sí, por el hecho de ser una mujer fue más duro. Cuando descubrí que tenía el VIH, no tenía medios para mantener a mis hijas. De haber sido un hombre, hubiera podido encontrar un trabajo, cualquier trabajo”.

Según los datos oficiales, hay más casos de sida en hombres que en mujeres. Sin embargo, el Dr. Abdulhameed explica que los datos pueden ocultar el número real de casos entre las mujeres. “El número de casos registrados es mayor entre los hombres pero las mujeres también están afectadas por el VIH. Sin embargo, a veces, no tienen acceso a los servicios debido a muchas cosas, algunas de ellas relacionadas con el estigma y la discriminación, otras asociadas a la violencia contra las mujeres”, explica.

Um Abdul Rahman encontró apoyo en una de las asociaciones que existen en Yemen para apoyar a las personas seropositivas. “Me casé de nuevo. Ahora estoy casada y tengo cuatro hijas y un hijo”.

Estas asociaciones, como por ejemplo la Asociación AID o No Stigma luchan para apoyar a las personas con el virus y defender sus derechos. “Nuestra asociación fue fundada en 2007 por un grupo de jóvenes voluntarios que estaban preocupados por el sida. Creíamos que las personas afectadas eran estigmatizadas y se veían privadas de muchas cosas en su vida diaria, a nivel sanitario, social y legal”, afirma Abdulhafed Al-Ward, secretario general de la Asociación AID. Desde esta asociación se promueve el conocimiento de la enfermedad para evitar nuevas infecciones y también tienen cursos de formación y microcréditos para ayuda a las personas VIH-positivas con pocos recursos.

“Iniciativas como estas están ayudando a mejorar la situación de la personas afectadas por el VIH/sida”, afirma Petrie. “MSF quiere colaborar con estas asociaciones porque creemos que son gente comprometida que quiere mejorar el conocimiento que se tiene sobre la enfermedad y reducir el estigma y la discriminación. Este también es uno de nuestros objetivos: aumentar el conocimiento el VIH, reducir el estigma y la discriminación, y mejor el acceso. También queremos mejorar la atención que tienen este grupo de personas”.

* Los nombres de los pacientes han sido cambiados para proteger su privacidad.