MÉDICOS SIN FRONTERAS

Detener la pandemia del sida es posible: diez años de lucha decidida han conseguido llevar el tratamiento a 8 millones de personas, y los últimos avances científicos, que confirman que el tratamiento también es prevención, permiten pensar en una primera generación sin VIH.

Uno de los pilares del control de la pandemia es el Tratamiento para la Prevención de la Transmisión de Madre a Hijo (PTMH), que centra la última campaña de Médicos Sin Fronteras, ‘Amigos de Malik’, presentada hoy en Madrid en vísperas del Día Mundial del Sida.

Cerca de 3,3 millones de niños menores de 15 años eran VIH-positivos en 2011; en su inmensa mayoría contrajeron el virus durante el embarazo, el parto o la lactancia porque sus madres, VIH-positivas, no recibieron tratamiento. Al mismo tiempo, según los últimos datos del Programa de Naciones Unidas contra el Sida (ONUSIDA), entre 2009 y 2011 se han evitado casi 410.000 nuevas infecciones en niños gracias a la administración de antirretrovirales a sus madres.

Malik es el símbolo de esa nueva generación libre de la pandemia: representa a los hijos de decenas de miles de madres que han tenido la oportunidad de acceder a los programas de PMTCT en todo el mundo. Con esta campaña, MSF propone una nueva forma de colaborar en la lucha contra el sida: hacerse amigo de Malik y respaldar los proyectos de la organización humanitaria en los que niños como él podrán nacer sanos porque sus madres recibieron tratamiento.

Malik nacerá en Zimbabue en febrero, y MSF quiere conseguir que haga amigos que le ayuden a él y a otros niños y a sus madres a esquivar la condena del VIH. Para ello, MSF lanza hoy una campaña de microdonaciones: mediante el envío de un sms con la palabra AMIGO al 28033, todas aquellas personas que quieran acompañar a Malik estarán donando a MSF el importe íntegro del coste del mensaje (1,20 €). El sencillo gesto del sms será también la llave de acceso a la web www.amigosdemalik.org, en la que los amigos de Malik podrán saber más de su vida.

En esta web, los amigos de Malik podrán seguir las últimas 16 semanas de embarazo antes de su nacimiento y sus primeras semanas de vida, su día a día y el de su entorno más cercano. Él mismo contará en primera persona, a través de posts, fotos y vídeos, cómo se desarrollan el embarazo de su madre y el parto, quién es el médico que les atendió, cómo es su pueblo, y en general cómo es la lucha contra el sida en Zimbabue. Asimismo, la web dará a conocer historias reales de mujeres embarazadas VIH-positivas, historias de niños nacidos sanos porque sus madres recibieron PTMH, y otras historias de niños cuyas madres no lo recibieron y viven con el virus y ellos mismos en tratamiento con antirretrovirales. Será también Malik quien, a las seis semanas del parto, comunique los resultados de su prueba de VIH.

El tratamiento de PTMH consigue que más del 95% de los bebés de mujeres con VIH/sida no se contagian durante el embarazo, el parto o la lactancia. Es un protocolo sencillo y barato. Aunque el número de infecciones en niños se está reduciendo, queda mucho por hacer, ya que sólo el 57% de las mujeres embarazadas VIH-positivas se benefician en la actualidad de la PTMH. En consecuencia en 2011, cerca de 330.000 niños contrajeron el VIH durante el embarazo, el parto o la lactancia: en África fueron 300.000, mientras que en Europa Central y Occidental, donde la PTMH está ampliamente implantada, apenas fueron 200 niños los que se infectaron.

“Cientos de miles de niños recién nacidos siguen infectándose innecesariamente con el VIH, porque demasiadas mujeres no reciben tratamiento cuando lo necesitan”, explica Paula Farias, portavoz de la campaña ‘Amigos de Malik’ y ex presidenta de MSF. “La profilaxis antirretroviral administrada a las mujeres embarazadas es beneficiosa para el niño, pero no olvidemos que también lo es para la madre, ya que le permitirá llevar una vida saludable, y también previene el contagio del virus a su pareja, tal y como ya se ha demostrado científicamente. El impacto del tratamiento se multiplica y, si queremos cambiar el rumbo de la pandemia, frenar el sida en las madres embarazadas es la primera línea de defensa”.

Los fondos donados por los ‘Amigos de Malik’ –MSF aspira a conseguir un millón de amigos–, se destinarán a los proyectos de VIH/sida de Médicos Sin Fronteras en Zimbabue y otros países del África subsahariana, en los que se proporciona atención y tratamiento a adultos y niños con VIH.

Más información: www.amigosdemalik.org


En la última década se han producido avances muy notables en la lucha contra el Sida. Tras años de buena disposición política y de apoyo financiero por parte de los países mas desarrollados, se consiguió que muchos gobiernos, especialmente aquellos con menos recursos en el África subsahariana, se animaran a lanzar ambiciosos programas de tratamiento de la enfermedad entre sus ciudadanos. Sin ese apoyo no hubieran podido hacerlo, dado que la mayor parte de esos países carecen de los recursos necesarios para llevar en solitario el peso de la financiación de los tratamientos para el VIH/Sida.

Queda mucho por hacer, pero por una vez parecía que marchábamos por el buen camino. Los compromisos nacionales e internacionales de lucha contra la epidemia, los medicamentos genéricos asequibles y la fuerte movilización de las personas que viven con el VIH y de las organizaciones civiles que les apoyan, consiguieron convertir lo que para muchos era antes una sentencia de muerte, en una enfermedad crónica y manejable. Hasta finales de 2008, más de cuatro millones de enfermos de SIDA en países con escasos recursos, iniciaron los programas de tratamiento con antiretrovirales (ARV). Sin embargo, a partir de esa fecha el camino comenzó a torcerse y hoy la continuidad en el tratamiento de esos pacientes y la progresiva inclusión de aquellos otros que también lo necesitan con urgencia, pende de un hilo.

Durante los últimos dos años, los países donantes han expresado cada vez más sus recelos con respecto al coste y la sostenibilidad de los programas de tratamiento con ARV para enfermos de Sida. Y es que se puede decir que la iniciativa global en la lucha contra esta enfermedad, corre serio riesgo de morir de éxito. Lo expresa claramente el doctor Templeman en uno de los testimonios desde Äfrica contenidos en el video que os adjunto :  “ Lo que vemos que está ocurriendo ahora tras años de adecuada gestión, es que los donadores de todas partes vienen y ven que el éxito del tratamiento va a ser un handicap, ya que una vez que comienzas a administrar el tratamiento de VIH /Sida a una persona, te comprometes con el de por vida “. Por tanto, los recortes a la financiación de la lucha contra el Sida, no derivan de la mayor o menor eficacia  de los programas de tratamiento emprendidos durante estos años,  sino que son una clara manifestación del egoísmo puesto de manifiesto por la actual crisis económica entre los países con mas recursos que pueden y deben mantener la ayuda. Solo así se explica que los antes compromisos irrenunciables  en la lucha contra el VIH/Sida por parte de los países mas desarrollados se hayan ido devaluando, desde que comenzó la crisis, convirtiéndose ahora en lo que eufemísticamente denominan como una “prioridad relativa “. .El problema de esa “relatividad”, es que a día de hoy más de cuatro millones de personas que reciben tratamiento con ARV, necesitan tener la garantía de que continuarán recibiéndolo y sobre todo que hay otros nueve millones de enfermos en lista de espera, que también necesitan comenzar su tratamiento para sobrevivir.

El 75% de los programas de Sida en el África Subsahariana, epicentro de la epidemia,  dependen de los fondos internacionales. La tendencia generalizada entre los principales donadores de reducir la ayuda financiera para la compra de ARV ya está teniendo consecuencias. En países como Malaui, Mozambique, Zimbabue, Lesoto, Kenia, Uganda o República Democrática del Congo entre otros, se están frenando la incorporación de nuevos pacientes a los programas de tratamiento y  se están sufriendo rupturas de stocks de los medicamentos más necesarios.

Pretender olvidarse ahora del camino emprendido hace diez años, supondrá abandonar a su suerte a millones de seres humanos y ese abandono provocará nuevas víctimas.  Con crisis económica o sin ella el Sida sigue siendo una emergencia que cada año acaba con la vida de 1,4 millones de personas en el África subsahariana. Muertes evitables con la sencilla fórmula de mantener el compromiso. La financiación es la clave y como nos dice Catherine, paciente seropositiva desde Kenia: “Sin medicamentos no hay futuro” .


Os hablaba la semana pasada del pequeño Sam, paciente de VIH positivo en tratamiento con antirretrovirales en Camboya. Os decía que Sam toma medicamentos poco adaptados a sus  necesidades, porque la investigación farmacéutica no considera rentable el desarrollo de formulaciones pediátricas para el tratamiento de su enfermedad. Aún así, Sam es afortunado porque aunque malo, al menos tiene un tratamiento. Ahora os cuento que Sam y millones de niños como el, tienen un nuevo problema,  más intangible para ellos pero mucho mas peligroso: el Acuerdo de Libre Comercio que la Unión Europea e India ultiman estos días.

Años de conversaciones están entrando en su recta final: se espera que la semana próxima comience en Bruselas la última ronda con vistas a cerrar un acuerdo antes de finales de año. Y aunque poco se sabe porque se han desarrollado a puerta cerrada, sí sabemos que la UE está presionando a India para que acepte disposiciones relativas a la propiedad intelectual que restringirían considerablemente la producción de medicamentos genéricos indios.

Claramente, tanta presión no se explica sólo por el mercado interior indio: el “problema” que muchos desean resolver –las multinacionales farmacéuticas cuyos grupos de abogados presionan estos días  por los pasillos de la Comisión Europea en Bruselas y Luxenburgo— es el de las exportaciones de genéricos indios. India es uno de los pocos países del mundo en desarrollo con capacidad para producir genéricos, y se ha convertido en “la farmacia de los países pobres”, y en el caso del tratamiento del VIH/sida, en la principal fuente de antirretrovirales (ARV) asequibles para pacientes sin recursos en todo el mundo.

Loon Gangte, enfermo de VIH (UNODC (c))

La última década ha sido de refuerzo internacional del sistema de patentes, pasando por encima de la Declaración de Doha adoptada en el seno de la Organización Mundial de Comercio en 2001, según la cual los beneficios económicos no deben estar por delante de la salud pública. En virtud de esta Declaración, países como India promulgaron leyes de patentes que incluían salvaguardas a los monopolios de patentes de medicamentos, y son estas flexibilidades las que la Unión Europea –pero también Estados Unidos y Japón- han ido anulando a golpe de acuerdo comercial bilateral o regional.

Así, uno por uno, los países en desarrollo van hipotecando la salud de su población en estas negociaciones comerciales. Ahora, en sus negociaciones con India, Bruselas pretende imponer medidas como la exclusividad de datos (que retrasa el registro de medicamentos genéricos) y la ampliación del periodo de validez de las patentes por encima de los 20 años, llevando además al nuevo tratado comercial unas normativas aduaneras que van más allá de las disposiciones que la propia OMC aprobó en el marco del Acuerdo sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC).

El gravísimo problema añadido es que el impacto de lo que India acepte en las actuales negociaciones, será mundial: en efecto, el 92% de los pacientes con VIH en tratamiento en los países en desarrollo están recibiendo genéricos, y de ellos, la gran mayoría proceden de India. Por ejemplo, el 70% de los tratamientos con ARV que el Fondo Global contra el Sida de Naciones Unidas, UNICEF, el Banco Mundial y la Fundación Clinton utilizan en 87 países en desarrollo proceden de India, como lo son el 80% de los que MSF utiliza en sus proyectos.

Aunque los avances sean lentos y quede mucho por hacer –actualmente sólo 4 de los 9,5 millones de enfermos de VIH/sida con necesidad urgente de tratamiento lo están recibiendo-, si el acceso a terapia ha mejorado en los últimos años ha sido gracias a la competencia provocada por los genéricos, que han reducido drásticamente el coste de fármacos que hasta hace pocos años eran prácticamente inaccesibles para la inmensa mayoría de los pacientes y sistemas de salud del mundo en desarrollo. En el año 2000, el tratamiento de primera línea, que procedía de una fuente única, costaba 12.000 dólares por paciente y año; hoy, con varios productores y versiones genéricas indias, el precio no llega a los 80 dólares.

Margaret de Nairobi, también enferma de VIH

Con desafíos por delante como el paso de terapias de primera a segunda línea para los pacientes que empiecen a generar resistencias, como el acceso a tratamiento a esas 4,5 millones de personas que hoy lo necesitan con urgencia, como la necesidad de desarrollar formulaciones pediátricas para los niños, las restricciones a los genéricos indios –hoy por hoy la única fuente viable de tratamiento accesible para los pacientes sin recursos—pondrán en riesgo la vida y la salud de millones de personas. La responsabilidad sobre las consecuencias de lo que estos días se negocia entre la Unión Europea e India, recaerá sobre ambas partes.

“El Gobierno indio no puede negociar con nuestras vidas”, dice desde Nueva Delhi Loon Gangte, paciente en tratamiento y presidente de la Red de Personas Seropositivas de Delhi. Desde el otro lado del mundo, Margaret, paciente de la clínica Blue House de MSF en el arrabal chabolista de Mathare, en Nairobi, coincide con él: “si nos quitan los medicamentos genéricos, seguramente moriremos”. Loon, Margaret y Sam no se conocen ni se verán nunca pero les une esa enfermedad que mata, les unen los tratamientos baratos, y lamentablemente también les une el ser moneda de cambio en unas negociaciones comerciales.


Sam y su madre Luek @ Juan Carlos Tomasí

Cada día, Luek le prepara a Sam su tratamiento: media pastilla por la mañana, y otra media por la noche con el jarabe. Ella misma toma seis comprimidos al día desde hace seis años. Ambos son seropositivos. El marido de Luek murió sin saber que tenía el virus. Era intérprete para una de las organizaciones internacionales presentes en Camboya. Ahora es Luek la que asume en solitario toda la carga de la casa y la cosecha. Pero se encuentra débil y no da abasto, así que tiene que pagar a alguien o compartir la cosecha para que la ayuden.

Vidas como la de Sam y Luek trufan la historia de la pandemia del sida, aunque ellos han tenido algo más de suerte que los más de dos millones y medio de personas que mueren cada año, ya que tienen acceso a tratamiento. En todo el mundo se estima que 9,5 millones de personas lo necesitan con urgencia (de los 33 millones que actualmente viven con el VIH), y que apenas 4 millones de ellos lo están recibiendo. El resto, 4,5 millones de personas, están condenadas a muerte por no tener acceso a unos tratamientos que existen.

En el caso de los niños, el desafío es aún mayor: Resulta vital diagnosticarles lo antes posible ya que, sin tratamiento, la mitad de los niños con VIH mueren antes de cumplir sus primeros dos años de vida. Pero hoy por hoy la única forma de diagnosticar el VIH en niños es una compleja prueba basada en el ADN, una prueba que necesita laboratorios de referencia que obviamente escasean en los países en desarrollo –donde se encuentran la inmensa mayoría de los niños con VIH-.

Y si hablamos del tratamiento, no disponemos de suficientes alternativas de medicamentos adaptados a los más pequeños. En muchos casos, no existen versiones pediátricas de los fármacos que más eficaces se han mostrado en adultos, por lo que las organizaciones que trabajamos en el tratamiento del sida infantil nos vemos obligados a trocear pastillas… Y concretamente, tampoco existen suficientes dosis fijas combinadas, las que aúnan varios fármacos en una sola píldora y por tanto permiten una simplificación del tratamiento que es crucial para su seguimiento.

El problema de Sam, como el de tantos otros millones de enfermos olvidados, es que el mal que padece no afecta a los países ricos. Hoy, el 90% de los menores de 15 años con VIH viven en el África subsahariana. En el Norte, el sida pediátrico es residual gracias a la prevención de la transmisión de madre a hijo. Al ser un problema casi exclusivo de los países en desarrollo, el sida infantil no es negocio y sus pacientes no son un mercado rentable para las compañías farmacéuticas.

En otros posts os hablaremos de otros pacientes que son considerados como una baja asumible por el sistema de investigación y desarrollo, pero me gustaría que hoy os quedarais con la imagen de Sam. Cuando reclamamos a las farmacéuticas nuevas versiones de medicamentos contra el sida, los pedimos para él.

Hasta entonces, Sam seguirá tomando media pastilla por la mañana y otra media por la noche, junto con un jarabe que ni siquiera tiene buen sabor. Al menos él está fuerte. Desde que sigue el tratamiento, juega y vive como un niño normal. “Voy a la escuela, pero no soy el primero de la clase porque juego mucho”.