MÉDICOS SIN FRONTERAS

A pesar de los esfuerzos de acogida de Uganda, las necesidades más básicas no están cubiertas.

© Frederic NOY/COSMOS

Denunciamos que la comunidad internacional está fallando al cerca de millón de refugiados que actualmente acoge Uganda, cuya situación se agrava rápidamente. Advertimos también de que, para evitar que se produzca una emergencia sanitaria de grandes dimensiones, los esfuerzos deberían centrarse en hacer llegar aquellos suministros que ayuden a salvar vidas, tales como agua y comida en cantidades suficientes.

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MSF aporta ayuda médica de emergencia así como apoyo logístico en materia de agua y saneamiento en el oeste de Uganda tras la afluencia de decenas de miles de refugiados que huyen desde mediados de julio de la violencia en la provincia de Kivu norte en la República Democrática del Congo.

50.000 personas han cruzado la frontera hacia Uganda debido a los ataques recibidos en Kamango. © Andres Romero / MSF

En torno a 22.000 refugiados viven ahora en el campo de tránsito de Bubukwanga a 18km de la frontera congolesa, un espacio previsto en un principio para albergar a 12.500 personas.

MSF aporta su ayuda a un total de 50.000 personas, refugiados y poblaciones locales, ocupándose de la salud materno-infantil, vacunaciones, el tratamiento de la desnutrición y la mejora de las condiciones de saneamiento para evitar una situación potencialmente peligrosa.

La semana próxima, MSF podrá aportar atención médica en el campo permanente de Kyangwali a donde los refugiados están siendo trasladados por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). A día de hoy, 4.000 personas ya se han instalado en el campo permanente. El ACNUR prevé seguir trasladando a 2.000 personas a la semana.

El campo permanente de Kyangwali se encuentra a 150km de Bubukwanga pero este viaje, que puede durar hasta 6 horas, representa en sí mismo un riesgo para las poblaciones refugiadas. Ayer desgraciadamente, uno de los autobuses que efectuaba el traslado de los refugiados volcó, con un balance de un bebé muerto y 24 heridos. Los heridos fueron trasladados en una ambulancia de MSF al hospital más cercano donde nuestros equipos, junto con otros equipos médicos de refuerzo, les dispensaron asistencia médica de urgencia.

Sin embargo, el número de refugiados que llegan al campo de tránsito ha aumentado últimamente a causa del deterioro de la situación de seguridad en RDC, con más de 3.000 nuevas llegadas la semana pasada.

A MSF le sigue preocupando el suministro de agua y las condiciones de saneamiento en el campo de tránsito.

“Aunque las condiciones de saneamiento han mejorado estas últimas semanas, no hay suficientes letrinas con sólo una letrina para cada 82 personas, que literalmente desbordan suponiendo un importante riesgo de cólera, disentería y shigelosis. El cólera constituye un verdadero problema. Es endémico en esta región y el pico estacional llega siempre a principios de la estación de lluvias”, explica Ruben Pottier, Jefe de Misión de MSF.

La estación de lluvias precisamente acaba de empezar y con ella aumenta el riesgo de una epidemia de cólera y reduce el acceso al campo para los camiones que vacían las letrinas.

Además de la construcción de letrinas y el aprovisionamiento de agua potable, MSF ha pre-posicionado el material médico necesario para responder a una eventual epidemia de cólera.

MSF realiza 300 consultas cada día como media en el campo de tránsito, con algunos picos puntuales llegando a las 450 consultas, la mayoría de las cuales por infecciones respiratorias, malaria o diarrea. Los equipos también dispensan asistencia a las víctimas de la violencia sexual en el campo.

MSF presta apoyo a una unidad de hospitalización cuya capacidad ha pasado de 20 a 47 camas y que comprende, entre otros, pediatría y maternidad.

“Nos centramos en nuestra capacidad de responder a las necesidades de atención a la salud materna. No hay que perder de vista que, incluso durante las emergencias, la vida continúa: las mujeres siguen dando a luz y es esencial poder ocuparnos de los partos. Ahora esto ya es posible en nuestra maternidad: ya no tenemos que referir las cesáreas, y desde el 22 de julio ya han nacido aquí 92 bebés.”

En el campo permanente de Kyangwali, MSF ha abierto un puesto de salud a nivel de la zona de acogida de los refugiados. Aquí, a partir de la semana que viene, los niños podrán ser vacunados y examinados para detectar los casos de desnutrición, lo equipos ofrecerán asistencia primaria y los pacientes cuyo tratamiento requiera seguimiento médico serán trasladados. Los niños desnutridos que estén recibido tratamiento nutricional en el campo de tránsito serán objeto de seguimiento para asegurar que siguen su tratamiento.

MSF seguirá aumentando sus actividades a medida que vayan llegando nuevos refugiados a los campos.

MSF trabaja en Uganda desde 1986. Además de la respuesta a emergencias, MSF gestiona un programa de tratamiento del VIH/sida y de la tuberculosis en Arua al norte del país.


El doctor José Bafoa ha trabajado como coordinador médico de MSF en la región de Gao (norte de Malí) durante cinco meses. La volátil situación en los últimos días ha alterado el número de pacientes que llegan a los centros de MSF, pero Bafoa asegura que la prioridad de sus equipos es continuar dando ayuda médica a los pacientes.

El doctor José Bafoa © MSF

En la norteña región de Gao, una media de 120 pacientes llega cada día a los centros de salud de Wabaria y Sossokoira, gestionados por MSF. Aunque la estación de las lluvias ha acabado, el 70 por ciento llega con malaria, una enfermedad parasitaria que causa altas fiebres y hace tiritar a los que la sufren. Pese a la guerra, la malaria es el auténtico enemigo al que están haciendo frente los médicos. Sigue siendo la principal causa de muerte en el país y es particularmente peligrosa para los menores de cinco años: muchos de ellos acaban muriendo.

“Desde que empezamos a trabajar en estos centros de salud, en septiembre del año pasado, hemos visto un número constante de pacientes. Hubo una pequeña bajada a mediados de enero con los primeros bombardeos y hace unos días a causa de los combates, pero la cantidad de personas que llega ahora a nuestros centros es de nuevo el habitual”, explica el doctor, quien añade: “Hay un hospital y diez centros de salud alrededor de la localidad de Gao, pero son para una población de 400.000 personas y nos dimos cuenta de que mucha gente no tenía acceso a servicios médicos. En el actual contexto de inseguridad, la gente se mueve y tiene menos recursos. Es muy importante darles atención de calidad y gratuita. Desde septiembre, hemos atendido a 16.000 pacientes”.

Las fuerzas francesas y malienses iniciaron una ofensiva el 11 de enero contra varios grupos armados del norte de Malí. En Gao, el grupo con mayor presencia es el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (Muyao), una escisión de Al Qaeda en el Magreb Islámico.

“La gente huyó por miedo a los bombardeos y las represalias. Algunos huyeron a países vecinos, pero otros se refugiaron en pequeños poblados o entre la maleza, donde las condiciones de vida son muy duras. Así que además de la malaria, hemos visto un aumento del número de pacientes que llegan con diarrea, enfermedades de la piel debido a la falta de higiene e infecciones respiratorias agudas a causa del polvo y el viento”, comenta el doctor Bafoa. “Están llegando cada vez más pacientes con hipertensión y gastritis, seguramente debido al estrés al que se han visto sometidos”, amplía.

El principal objetivo del proyecto es permitir a la población un mayor acceso a los servicios médicos y reducir así la tasa de mortalidad. De hecho, el doctor explica que antes de la intervención de MSF se registraban entre una y dos muertes a la semana en los centros de Gao y alrededores que ahora apoya. Desde octubre, solo se han registrado cinco muertes más. Lo mismo ha sucedido unos 100 kilómetros más al sur, en el hospital de Ansongo: desde la llegada de MSF, la tasa de mortalidad ha bajado del 8 al 1,2 por ciento.

Centro de salud comunitario de Sossokoira, Malí © MSF

En las vastas zonas desérticas del norte de Malí, acercar el tratamiento a los pacientes es otro elemento esencial del proyecto. Durante cuatro meses, los equipos móviles han acudido a zonas remotas, con la premisa de que si los pacientes no pueden venir a nosotros, nosotros iremos a ellos. Pero debido a la colocación de minas en la zona, MSF se ha visto obligada a suspender temporalmente la actividad de estos equipos móviles.

“A través de las clínicas móviles, por supuesto ofrecíamos atención primaria, pero también consultas prenatales para las embarazadas. No sabemos cuándo podremos reanudar estas actividades, pero esperemos que pronto”, dice el doctor.

MSF también abastece otros centros de salud comunitarios con medicamentos y otros artículos. Según el doctor Bafoa, el principal problema tanto en Gao como en Ansongo es la falta de suministros y de condiciones de trabajo adecuadas. “Además de formar y apoyar al personal médico nacional, hemos rehabilitado estructuras ya existentes. En el hospital de referencia de Ansongo, por ejemplo, restablecimos la electricidad y el agua corriente y ahora estamos rehabilitando el quirófano”, explica.

La vigilancia epidemiológica es otro de los ejes del proyecto: los equipos deben estar preparados para responder a cualquier tipo de brote rápidamente. “Necesitamos estar preparados para cualquier eventualidad médica, ya sea una epidemia, heridos de guerra o personas desplazadas –resume Bafoa–. Nuestros equipos fueron en diciembre a apoyar el centro de Ansongo y ahora tratamos a cien pacientes cada día. Aunque había dos colegas malienses que ya hacían cesáreas y ofrecían atención obstétrica, enviamos a un cirujano especializado en heridas de guerra. Nuestros pacientes dicen que quieren la paz. Nosotros estamos a su lado: nos quedamos aquí durante los bombardeos y no los abandonaremos ahora. Esperamos que el sistema de salud se desarrolle y finalmente nos pueda reemplazar. Pero, hasta entonces, nos quedaremos y nos aseguraremos de que la gente de Gao y Ansongo sigue teniendo acceso a una atención médica gratuita y de calidad”.

El doctor José Bafoa trabaja con MSF desde 1999. Antes de Malí, estuvo participando en intervenciones humanitarias en Uganda, Chad, República Centroafricana y su país natal, República Democrática del Congo.

En el norte de Malí, los equipos de MSF trabajan en Gao, Ansongo, Konna, Mopti, Douentza y Tombuctú ofreciendo atención médica primaria, secundaria y respuesta en situaciones de emergencia. MSF también trabaja en el sur del país con un programa pediátrico en la región de Sikasso. La organización humanitaria ayuda a los refugiados malienses en las vecinas Burkina Faso, Mauritania y Níger.

 


Esta fiebre hemorrágica ha causado la muerte de 17 personas en el país africano. Tras poco más de un mes de intervención, el brote de esta enfermedad sin tratamiento ni vacuna ha sido contenido.

Hospital de emergencia organizado por MSF para atajar el brote de Ébola en Uganda. © Agus Morales/MSF

Médicos Sin Fronteras (MSF) ha concluido sus actividades de emergencia contra un brote de Ébola declarado en Uganda a finales de julio. La organización médico-humanitaria ha cedido al Ministerio de Salud de este país toda la gestión del centro de tratamiento de Ébola que sigue habilitado en el distrito occidental de Kibale.

Durante las últimas semanas, MSF ha puesto en funcionamiento el centro de tratamiento de Ébola en el hospital de Kagadi, ha aplicado las medidas de seguridad necesarias para evitar el contagio y ha instruido al personal sanitario ugandés para hacer frente al brote sin exponerse al virus. MSF también ha dado apoyo técnico y logístico a los equipos de ayuda psicosocial y de sensibilización comunitaria del Ministerio de Salud. La organización ha rehabilitado una unidad de tratamiento en el hospital Mulago, situado en Kampala, como parte del plan de preparación para futuras epidemias de Ébola en el país.

Un total de 17 personas han perdido la vida en Uganda a causa de esta fiebre hemorrágica que no tiene tratamiento ni vacuna. El último caso confirmado de Ébola se registró el día 3 de agosto, síntoma de que el esfuerzo conjunto de MSF, las autoridades sanitarias de Uganda y otros organismos para evitar la transmisión del virus ha sido exitoso.

“Confiamos en la capacidad del personal del Ministerio de Salud para tratar los casos de Ébola con todas las garantías médicas”, dice Olimpia de la Rosa, coordinadora de emergencias de MSF, quien añade: “Uganda ya ha conseguido desarrollar una cierta capacidad para responder a emergencias de Ébola”.

Para que la epidemia se dé por extinguida de forma oficial deben pasar 42 días sin ningún caso confirmado. Desde la puesta en marcha de la sala de tratamiento, se han registrado 69 casos sospechosos y cinco confirmados.

Para contener la epidemia ha sido fundamental la colaboración entre el Ministerio de Salud, MSF, el norteamericano Centro para el Control de Enfermedades, la Cruz Roja de Uganda y la Organización Mundial de la Salud. La experiencia adquirida por estos organismos servirá para responder de forma más adecuada a los brotes de Ébola que puedan producirse en el futuro.

El Ébola es una fiebre hemorrágica sin tratamiento ni vacuna que se transmite a través de los fluidos corporales. Su tasa de mortalidad fluctúa entre el 25 y el 90% en función de la cepa del virus. En esta epidemia ha habido casos excepcionales de supervivientes que han hecho frente a situaciones particularmente adversas, como el de una mujer embarazada que perdió a su bebé, pero finalmente sobrevivió a la enfermedad.


Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja para atajar la epidemia de Ébola declarada a mediados de agosto en el noreste del país. Hasta ahora, 14 personas han muerto a causa del brote de esta fiebre hemorrágica que no tiene tratamiento ni vacuna.

Hospital de emergencia organizado por MSF para atajar el brote de Ébola en Uganda. © Agus Morales/MSF

Los nuevos casos de Ébola confirmados durante la última semana hacen que el fin del brote aún esté lejos de ser una realidad. Actualmente hay dos personas ingresadas en el centro de tratamiento del hospital de Isiro, epicentro de la epidemia, en la provincia Oriental de República Democrática del Congo (RDC).

“El último caso confirmado llegó al centro el día 2 de septiembre”, explica Olimpia de la Rosa, coordinadora de emergencias de MSF. Para que un brote de Ébola se dé por extinguido oficialmente, tienen que pasar 42 días sin ningún nuevo caso confirmado.

El equipo de MSF, formado por casi 80 personas, está colaborando con el Ministerio de Salud congoleño y otros organismos para proporcionar tratamiento sintomático a los pacientes, evitar la expansión de la enfermedad y desarrollar actividades de promoción de la salud. El personal sanitario local ha recibido formación para detectar precozmente a los pacientes con síntomas de Ébola. Pronto MSF ofrecerá además ayuda psicosocial para los pacientes y sus familiares.

El Ébola es una fiebre hemorrágica sin tratamiento ni vacuna que tiene una alta tasa de mortalidad. A finales de julio se declaró otro brote de este virus en el oeste de Uganda, pero las epidemias no están relacionadas, ya que son de cepas diferentes. En Kibale (Uganda), la intervención de MSF con la colaboración del Ministerio de Salud ha dado sus frutos y está cerca de concluir. No hay ningún nuevo caso confirmado desde el 4 de agosto.