MÉDICOS SIN FRONTERAS

El informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) “Morir de camino a Europa: eritreos en busca de seguridad”,  recoge los testimonios  de los miles de refugiados que huyen de Eritrea en busca de seguridad fuera de su país. Este señala las terribles consecuencias que están teniendo las políticas europeas restrictivas de migración en las personas que buscan seguridad fuera de sus países. 

 

Una mujer eritrea reza tras ser rescatada en el Mediterráneo por el barco Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

 

“El 90% de los eritreos que logran llegar a Europa por tierra y mar tienen el asilo asegurado. Los gobiernos europeos reconocen sus demandas como genuinas pero a pesar de ello están haciendo todo lo que pueden para impedir a eritreos y otros reclamantes de asilo llegar a las costas de la Unión Europea (UE)”, dice Arjan Hehenkamp, director general de MSF en Holanda.

En 2015, los refugiados eritreos fueron el grupo más numeroso en cruzar el Mediterráneo: 39.162 hombres, mujeres, niños y niñas llegaron a Italia. En 2016, fueron el segundo grupo, por detrás de Nigeria, con 20.718 personas rescatadas en el Mediterráneo.

Los ciudadanos de este pequeño país del este de África huyen de un Estado en el que no existen derechos ni libertades. Un territorio en el que miles de habitantes son reclutados de manera forzosa desde hace décadas. Con el agravante de correr el riesgo de ser encarcelados, torturados o asesinados, en el caso de intentar desertar.

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El pasado 20 de enero, un hospital de Médicos Sin Fronteras fue bombardeado en Kordofan del Sur, Sudán. Como consecuencia inmediata de este ataque, la organización se ha visto forzada a suspender sus actividades médicas en dicho centro médico.

 

El hospital de Frandala en junio de 2014 © MSF

 

El hospital, situado en Frandala, una aldea en el interior de las Montañas Nuba, fue bombardeado por la Fuerza Aérea Sudanesa (SAF, por sus siglas en inglés). Los repetidos bombardeos en la región no permiten el desarrollo de actividades médicas de forma segura, impidiendo que la población local reciba una atención médica de emergencia que en estos momentos resulta de vital importancia.

“Condenamos de forma rotunda el bombardeo del hospital de Frandala”, afirma Marc Van der Mullen, coordinador general de MSF en Sudán. “En el momento del bombardeo había 100 pacientes en el interior del hospital. Tuvimos suerte de que no se produjeran más heridos, porque la gente no tuvo tiempo de protegerse. Todo el mundo está en estado de shock. La gente está asustada ante la posibilidad de que haya nuevos ataques”.

Unas 150 personas entre pacientes y trabajadores estaban en el hospital cuando un caza del SAF lanzó un racimo de 13 bombas. Dos de ellas cayeron dentro del recinto del hospital y otras tantas justo al otro lado de la valla que delimita el recinto. Un trabajador de MSF y un paciente resultaron heridos y el hospital ha quedado dañado.

 

Bombardeos indiscriminados

Este ataque se engloba dentro de una campaña de bombardeos indiscriminados que ocurren de forma regular en la región de Kordofán del Sur, en el marco de la guerra que enfrenta a las autoridades de Jartum y a los grupos rebeldes de las Montañas Nuba. La población sufre continuos ataques con bombas y las estructuras de salud también son objetivo habitual de estos bombardeos.

El hospital de Frandala ya fue bombardeado en junio de 2014. El ataque se llevó a cabo a pesar de que las autoridades de Jartum eran conocedoras de la presencia de MSF y de las actividades médicas que se llevaban a cabo en el hospital. El ataque de junio produjo un muerto y heridas a diversos pacientes, así como graves daños a la estructura sanitaria. MSF denunció entonces el ataque y exigió el respeto debido a los servicios médicos.

“A día de hoy, no hay ninguna duda de que este ha sido un ataque deliberado, dirigido contra una estructura hospitalaria civil, como parte de una estrategia destinada a aterrorizar a la comunidad”, dice Van der Mullen. “MSF repite su llamamiento a las autoridades de Jartum para que respeten la asistencia médica que ofrecemos a la población. A pesar de las dificultades, nosotros seguiremos tratando de encontrar la manera de atender a esta población, que está atrapada en un conflicto que ha caído de nuevo en el olvido informativo”.

MSF es uno de los escasos servicios médicos que llega a la población de Kordofán del Sur. La estructura de Frandala ofrece atención primaria y cuidados intensivos e inició sus operaciones en 2012. Se han llevado a cabo 80.000 consultas, con cerca de 4.000 ingresos.

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Sudán: hospital de MSF bombardeado en el ataque a una aldea

 


En febrero de 2013, Médicos Sin Fronteras (MSF) y el hospital de Elserief dispensaron atención médica vital urgente a 121 heridos, incluidos dos niños, tras dos episodios violentos que estallaron por el control de las minas de oro en Jebel Amir, al norte del estado de Darfur, en Sudán.

El doctor Mutwali Adam en Jebel Amir © Asia Kambal

El 8 de febrero, el equipo tuvo que utilizar el material médico del botiquín de primeros auxilios del personal para tratar a los heridos porque el cargamento regular de medicamentos no había llegado todavía. El 21 de febrero estallaron unos enfrentamientos que provocaron la retirada de la zona de casi todos los trabajadores humanitarios. Sólo se quedaron tres trabajadores sudaneses de MSF para ofrecer asistencia. Haciendo turnos de 17 horas intentaron responder a las necesidades médicas más apremiantes. El doctor Mutwali Adam formó parte de ese equipo de emergencia de MSF que trabajó con el Ministerio de Sanidad durante los enfrentamientos.

 

En febrero, cuando estalló la violencia, te encontrabas en Jebel Amir trabajando con el Ministerio de Sanidad en el hospital de Elserief. ¿Estaba preparado el personal para recibir al repentino flujo de heridos?

Recibimos unos 34 heridos durante las primeras horas de violencia el día 8 de febrero. El hospital no tenía material quirúrgico y el cargamento médico de MSF aún no había llegado. Teníamos un botiquín de primeros auxilios para uso personal del equipo de MSF por si las moscas. Utilizamos todo el material del botiquín para curas y la medicación necesaria para las intervenciones. También utilizamos todos los medicamentos disponibles del hospital. El médico del centro y yo practicamos todas las intervenciones quirúrgicas, trabajamos en equipo. También tuvimos que hacer una transfusión de sangre a uno de los pacientes; no teníamos nevera, por lo que la hicimos directa.

Dos días después del inicio los enfrentamientos del 21 de febrero, cuando la violencia se aproximó al hospital, muchas personas, incluido el equipo de MSF, se trasladaron a la casa del comisionado por motivos de seguridad. Una mujer embarazada rompió aguas, y enseguida empezó con los dolores de parto. No había forma de llevarla al hospital. Me estresé: ¿y si tenía una hemorragia? ¿cómo podría salvarla si surgían complicaciones?

Pusimos una esterilla en el suelo de un almacén vacío y la tendimos allí; así es como dio a luz. Encontré una cuchilla sin usar y jabón. No hubo necesidad de abrirla más, lo que significa que no tuvimos que cortarla. Con un trozo de tela limpia envolvimos al bebé. Hervimos agua para lavar a la madre después del parto, y limpiamos la zona a conciencia. Tuvimos mucha suerte de que no se produjesen complicaciones.

Mientras tanto, las tías y hermanas de un niño de siete años, herido por una bala perdida que le había atravesado el muslo, nos lo trajeron para que le tratásemos. Contuvimos la hemorragia atándole con fuerza el pañuelo de su hermana alrededor de la pierna herida.

Cuando los enfrentamientos disminuyeron, llevamos al niño herido, a la madre que acababa de dar a luz y a su bebé al hospital. La pierna del niño no estaba fracturada, así que la suturaron y le pusieron suero por vía intravenosa. En lo que respecta al bebé y a la madre, permanecieron en el hospital durante cuatro horas, hasta que pararon los enfrentamientos. Los dos estaban en buen estado de salud, por lo que les enviamos a casa: necesitábamos espacio para pacientes con heridas de consideración.

Recibís a muchos pacientes de una vez y todos son casos urgentes. ¿Cómo conseguís responder a todas las necesidades?

Tienes que empezar por los casos más urgentes. Estás en una situación en la que el tiempo juega en tu contra, así que tienes que actuar rápido. Cada vez que puedes salvar a un paciente te sientes motivado para salvar más vidas. Durante la violencia de febrero practicamos 15 intervenciones quirúrgicas complicadas, y más de 80 de menor importancia. También realizamos transfusiones de sangre a cuatro pacientes. Tuve que hacer el papel de médico, de enfermero y de técnico de laboratorio. Éramos cinco personas (sumando los trabajadores MSF y el personal del hospital), incluidos dos médicos, por lo que no había forma de ocuparnos de todas estas personas sin la ayuda de todos. Cuando llegamos al hospital los enfrentamientos ya estaban tocando a su fin, y la mayor parte del personal del hospital había ido a comprobar que su familia estaba bien. Por suerte, el stock de medicamentos y de material médico enviado por MSF llegó la mañana del 23 de febrero.

A pesar de los enfrentamientos, la gente respetó la neutralidad del hospital porque salvábamos vidas.

Tiene que ser duro centrase en los pacientes cuando a tu alrededor están pasando tantas cosas, pero lo conseguís. Como médico y como ser humano, ¿qué te hace conservar la calma y estar por la labor en esos momentos?

Tengo que centrarme en mis pacientes e ignorar el entorno exterior, lo que cuesta mucho. Tengo la vida de personas en mis manos, así  que tengo dos opciones: intentar salvar la vida de los pacientes o dejarles, sabiendo que van a morir. Mi motivación de salvarles es lo que hace que no abandone.

En momentos como éstos, suele venirme a la mente un versículo del Corán: “Si alguien salva una vida humana, es como si salvase la vida de toda la humanidad.”


Al identificarse más necesidades, en mayo de 2013, MSF puso en marcha un programa de atención primaria de salud en dos puestos de salud en Elserief, Darfur, Sudán. Allí se realizan consultas médicas generales, se proporciona atención a la salud reproductiva y se presta apoyo nutricional. Los pacientes necesitados de atención especializada se refieren al hospital de Elserief, con los todos los gastos médicos sufragados por MSF.


Desde principios de marzo, decenas de miles de desplazados procedentes de Sudán, Chad y la República Centroafricana han estado llegando en masa al sureste de Chad para escapar de los enfrentamientos en la vecina región de Darfur. La población refugiada y retornada concentrada en la zona de Tissi se ha incrementado en aproximadamente 50.000 personas.

 

© Ritu Gambhir/MSF

 

Médicos Sin Fronteras (MSF) hace un llamamiento para que los refugiados reciban asistencia humanitaria y sus necesidades sean cubiertas independientemente del lugar donde se encuentren, especialmente durante la estación de lluvias.

Llegamos a Tissi la primera semana de abril para responder a un brote de sarampión entre la población local y los refugiados”, explica Stefano Argenziano, Jefe de Misión de MSF. “Pronto vimos que las familias tenían necesidades apremiantes. La mayoría de los refugiados recién llegados carecen de acceso a atención sanitaria, alimentos o agua limpia. La mayoría vive bajo los árboles, que no proporcionan toda la sombra necesaria, y no tiene nada con que protegerse contra el polvo ni el calor durante el día ni contra el frío durante la noche”.

En estas adversas circunstancias el estado de salud de los refugiados probablemente se deteriorará con gran rapidez y serán más vulnerables a enfermedades como la malaria y la desnutrición así como a epidemias.

Como la zona de Tissi carece de un hospital operativo, los equipos de MSF están trabajando para proporcionar atención primaria de salud y asistencia urgente a los refugiados y a los residentes. Se ha puesto en marcha una unidad de urgencias para víctimas de la violencia en la ciudad de Tissi para tratar a los pacientes heridos, a los niños y niñas menores de 5 años y a las mujeres embarazadas. Hasta la fecha, MSF ha tratado a 40 pacientes con heridas de bala y de arma blanca producidas en su huida del conflicto, además de a 24 residentes que habían resultado heridos en accidentes de circulación. 18 heridos graves fueron estabilizados y evacuados a la ciudad de Abeche, en cooperación con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

En el propio Tissi, MSF ha mejorado la capacidad de la única fuente de agua limpia de la ciudad y está planificando organizar clínicas móviles en los alrededores. Un equipo de emergencia acaba de concluir la vacunación de 30.200 menores de 15 años, y ha tratado a 52 pacientes con sarampión. La desnutrición es una prioridad para MSF y, durante la campaña de vacunación, de los 13.700 niños que se sometieron a exámenes y revisiones nutricionales, 120 fueron admitidos en un programa de nutrición terapéutica.

Las condiciones de vida de los refugiados sudaneses, la mayoría mujeres y niños, se está deteriorando con gran rapidez. Los padres han dicho a los equipos de MSF que cada vez enferman más niños.

Cuando sólo quedan dos meses para que empiece la estación de lluvias, apenas si queda tiempo. “Una vez comience la estación de lluvias, nuestro acceso a estos campos será imposible por carretera y los refugiados quedarán totalmente incomunicados - explica Stefano Argenziano - Con unas condiciones de saneamiento pobres y una falta de acceso a agua limpia, estamos observando la situación por si se produce un aumento de casos de malaria y de infecciones respiratorias así como un posible brote de cólera.

Ninguno de los asentamientos donde se concentran los refugiados ha sido declarado campo de refugiados oficialmente. Hasta la fecha y debido a la proximidad de los asentamientos a la frontera con Sudán y los problemas de seguridad, las agencias de Naciones Unidas y la mayor parte de ONG se muestran reacias a dispensarles asistencia.

 

MSF trabaja en Chad desde 1983 y actualmente lleva a cabo proyectos en Am Timan, Abeche, Massakory y Moissala.


 

© Ritu Gambhir/MSF

Deo Kabila, médico de MSF: “En el sitio adecuado en el momento adecuado”

El 17 de abril, el doctor de Médicos Sin Fronteras Deo Kabila se encontraba en el asentamiento de refugiados de Am Doukhum, Chad, en la frontera con Sudán, preparando una campaña de vacunación para la población local, los refugiados y los retornados chadienses. Era al final del día, y él y su equipo estaban de camino de regreso a la base de MSF cuando recibieron una llamada de emergencia pidiéndoles que diesen la vuelta y regresasen. 

“El líder de los refugiados sudaneses había informado a las autoridades locales de que una mujer sudanesa, que había estado de parto durante toda la noche, presentaba complicaciones. Cuando regresamos nos llevaron directamente a ver a la mujer que resultó que esperaba mellizos. El primer bebé había nacido a las 4 a.m. y estaba bien, pero había problemas con el segundo. En el caso de mellizos, a veces ocurre que tras el primer nacimiento, el segundo bebé se da la vuelta y esto era precisamente lo que había ocurrido. Su brazo había salido pero estaba claro que si no actuábamos con premura la madre y su segundo bebé morirían.

Como no podíamos proporcionar la atención necesaria in situ, preguntamos a la paciente si podíamos llevarla a Tissi donde MSF acababa de abrir una unidad de urgencias. Aceptó. Teníamos dudas de si podríamos salvarles la vida, pues la unidad de urgencias no había sido pensada para manejar partos complicados, pero las opciones de trasladar a la paciente a un hospital por carretera o aire eran limitadas. Utilizando lo que teníamos a mano en la unidad de urgencias, conseguimos que naciese el segundo bebé.

La madre se quedó con nosotros tres días y después regresó felizmente a Am Doukhum con sus dos hijos. Yo también estaba feliz. Era mi primer parto en Tissi.”


Por Asia Kambal, responsable de Comunicación de Médicos Sin Fronteras en Sudán

Sameera*, de 15 años, llevaba dos días de parto cuando su familia decidió salir de los valles y los campos de cultivo de Jurajeem para buscar la ayuda de un médico. Tras un día de viaje, llegaron a Um Baru, un poblado en la región sudanesa de Dar Zaghawa, donde gestionamos un centro de salud. La comadrona Halom Abdalá atendió a Sameera. Los partos largos y sin asistencia tienen el riesgo de provocar fístulas e incluso la muerte de la madre o el bebé. Afortunadamente, tres horas después, Sameera dio a luz a un bebé sano.

 

En la región de Dar Zaghawa, muchas embarazadas como Sameera buscan atención médica cuando su situación es grave, o a veces cuando ya es demasiado tarde. Sameera y su bebé han tenido suerte. Una encuesta oficial sudanesa de 2010 muestra que la mortalidad materna en la zona se eleva a 640 mujeres por cada 100.000 bebés nacidos al año. En Jartum pierden la vida 389 mujeres y en Europa 20, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

 

Las vidas de los bebés también están en riesgo en Sudán. La mortalidad neonatal es de 33 por cada 1.000 nacidos vivos. En Europa, una media de 7. Halom me contaba que en esta zona, las mujeres a menudo dan a luz con ayuda de parteras tradicionales, que no tienen la formación o las habilidades necesarias para atender partos complicados. En casos como el de Sameera, madre primeriza, “había una alta probabilidad de que perdiéramos al niño, la madre o ambos”, me decía.

 

El bebé de Sameera, nacido en el centro médico de MSF en Um Baru, Darfur (© Asia Kambal/MSF)

 

Las que pueden sufrir más complicaciones son las adolescentes, ya que su cuerpo aún no se ha desarrollado del todo. Tienen riesgo de sufrir anemia y hemorragias después del parto. También es posible que los niños nazcan de forma prematura y con menos peso. La atención de una comadrona, un médico o un obstetra durante el parto y las primeras horas que lo siguen es esencial tanto para la joven como para el recién nacido.

 

Las hemorragias después del parto y las infecciones son los principales motivos de mortalidad materna. Pero incluso en lugares como Um Baru es relativamente fácil evitar estas muertes. Hacerlo requiere tener medicamentos y personal preparado. Además de los centros de salud, otras instalaciones están ganando popularidad, como las casas de espera, donde las mujeres de zonas remotas con embarazos de riesgo pueden quedarse antes de dar a luz para asegurarse de que llegan al hospital cuando el parto comienza. MSF ha abierto una este año, con 20 camas, en Tawila.

 

La realidad es que no hay suficientes centros de salud o parteras para atender a las mujeres de la región de Dar Zaghawa, donde viven 20.000 personas. Además de los dos doctores y la comadrona de MSF, las tres comadronas del Ministerio de Salud son las únicas con la formación y los medios necesarios para atender partos complicados. En Um Baru, situado a unos 300 kilómetros de El Fashir, la capital del estado de Darfur del Norte, Halom es la única comadrona. Para muchas mujeres, el centro de salud más cercano es el de Um Baru y a veces tardan días en llegar: a Sameera le costó un día entero porque vino en un carro tirado por un burro. Pocas familias pueden alquilar un coche incluso cuando el parto es inminente.

 

Educar a las mujeres sobre la importancia de que vayan al hospital para tener un parto seguro es una parte crucial de la ecuación. MSF cuenta con un equipo de trabajadores comunitarios (medio centenal en 2012) en los centros que apoya en Dar Zaghawa, Shangil Tobaya y Tawila: su misión es hacer visitas en pueblos y casas para explicar a la gente los beneficios de la atención prenatal y posnatal, la necesidad de tener partos seguros en el hospital, la planificación familiar, la lactancia materna y las vacunas. Esta estrategia ha sido buenos resultados: el número de mujeres que buscaban atención posnatal se han quintuplicado y hemos atendido a 12.500 mujeres durante el embarazo. Pero queremos llegar a más mujeres.

 

*El nombre se ha cambiado para proteger la identidad de la paciente.

En 2012, MSF atendió 900 partos en Darfur del Norte.


Debido a los enfrentamientos que se han producido en Jebel Amir, estado de Darfur del Norte, desde enero de 2013, MSF ya ha tratado a 121 personas heridas, incluyendo a dos niños, en el hospital de El Seraif donde la organización colabora con el personal del Ministerio de Salud. Durante los momentos más críticos de los combates no hubo otra organización internacional en la zona.

© Asia Kambal / MSF

61 de los pacientes tratados por heridas a causa de la violencia ya han sido dados de alta, desde el pasado 8 de febrero. Así mismo, los equipos de MSF facilitaron la referencia de 50 pacientes con heridas más graves al hospital universitario de El Fashir, la capital de Darfur del Norte.

“El equipo de emergencia de MSF, en colaboración con los equipos del Ministerio de Salud, llevaron a cabo 15 operaciones a pacientes con heridas de bala durante los enfrentamientos entre los días 21 a 23 de febrero”, dijo Fernando Medina, coordinador de MSF en Sudán. “A pesar de la inestabilidad de la situación, decidimos permanecer en El Seraif para prestar nuestro apoyo en la atención de emergencia”. La organización también donó suministros médicos de emergencia y medicamentos al hospital de El Seraif y realizó una distribución de preparados alimenticios donados por otras agencias  a alrededor de 9.600 niños como medida de apoyo para prevenir la desnutrición.

Anteriormente, durante 2012, MSF colaboró con la donación de artículos de ayuda no alimenticios y agua potable a las comunidades afectadas por las inundaciones en los estados de Al-Gedaref  y Sennar. En diciembre de ese año y en febrero de 2013, MSF apoyó la campaña de vacunación contra la fiebre amarilla que inmunizó a  850.000 personas en los estados de Darfur del Norte y Darfur Central. Los equipos médicos en colaboración con el Ministerio de Salud trataron además a 324 pacientes sospechosos de fiebre amarilla.

Actualmente, MSF presta atención sanitaria en varias clínicas de Darfur del Norte, como en Tawila y Dar Zaghawa, y ofrece diferentes servicios tanto en las estructuras del Ministerio de Salud como mediante redes de salud comunitarias.

 


En Sudán, MSF comenzó a trabajar desde 1979, y actualmente tiene proyectos en los estados de Al-Gedaref, Sennar y en los tres estados del Norte, Sur y Este de Darfur.
En Darfur, MSF comenzó a trabajar en 1985, y desde 2004, ha estado presente de manera continua en la región prestando atención humanitaria.

 


Desde julio, más de 2.000 tiendas blancas se alinean en las verdes colinas cerca de la aldea de Bambasi, al oeste de Etiopía. Doce mil refugiados sudaneses viven en el campo habilitado por las autoridades etíopes y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y donde MSF les ofrece asistencia médica y nutricional.

© Yann Libessart/MSF

“Me fui de Sudán con mi marido y nuestros ocho hijos el año pasado, cuando la guerra llegó a Qeissan, mi aldea”, explica Djamila, refugiada de 30 años en Bambasi. “La aviación sudanesa primero bombardeó la aldea y después atacaron los soldados. Muchas personas, entre ellas mi hermano mayor, fueron masacradas”.

El acuerdo de paz firmado en Kenia a principios de 2005 entre los rebeldes del Movimiento Popular de Liberación de Sudán (SPLM) y el Gobierno de Jartum preveían más autonomía para los estados de Kordofán del Sur y del Nilo Azul. Las promesas no se cumplieron y el conflicto se endureció de nuevo tras la secesión de Sudán del Sur en julio de 2011. Más de 200.000 sudaneses huyeron de los combates hacia Sudán del Sur o Etiopía, donde viven desde entonces en campos de refugiados y dependen de la ayuda humanitaria.

De las 40.000 personas que pasaron al lado etíope, más de 15.000 se refugiaron al principio en el campo de tránsito de Ad Damazin, a unos 20 kilómetros de la frontera sudanesa. Según Duncan McLean, responsable de proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF): “Los escasos testimonios hablaban de un nivel insuficiente de asistencia en este campo, sobre todo en lo que respecta al acceso a agua potable y atención médica. Durante meses pedimos en vano al Gobierno etíope la autorización para trabajar en Ad Damazin”.

Jamal, otro refugiado en Bambasi, cuenta: “Primero pasé siete meses en Ad Damazin, antes que los etíopes nos ordenaran abandonar el campo a finales de abril de 2012, por estar demasiado cerca de la frontera. Pero un grupo de refugiados se rebeló contra las autoridades etíopes y quemaron su oficina. Como represalia, las distribuciones de alimentos se suspendieron durante dos meses”.

El Gobierno etíope había decidido trasladar a los 15.000 refugiados del campo de tránsito inicial a uno nuevo cerca de la localidad de Bambasi, situado a más de 100 kilómetros de la frontera sudanesa. Algunos refugiados, sobre todo los que poseían ganado y los antiguos combatientes del SPLM, no querían alejarse demasiado de Sudán. Otros querían quedarse en Ad Damazin porque allí tenían la posibilidad de trabajar en las minas de oro cercanas. Sin embargo, no todos tenían acceso a este recurso alternativo y la interrupción de la ayuda agravó la situación nutricional de los niños más pequeños.

“Cuando los refugiados fueron finalmente trasladados al nuevo campo de Bambasi a partir de mediados de junio, cerca de una cuarta parte de los niños menores de 5 años padecían desnutrición aguda”, cuenta Duncan McLean. “Tras organizar una campaña de vacunación de sarampión, nuestros equipos abrieron un centro nutricional y trataron a más de 400 niños con desnutrición severa durante el verano. MSF también hace distribuciones de complementos nutricionales para los más vulnerables, como mujeres embarazadas y niños menores de 5 años”.

Hoy el campo de Ad Damazin está cerrado. Cerca de unos 3.000 refugiados no fueron a Bambasi. Algunos decidieron regresar a Sudán. Los demás probablemente deambulan a lo largo de la frontera.

El flujo de nuevas llegadas a Bambasi ha disminuido mucho. Muchas chozas tradicionales ya se yerguen al lado de las tiendas del ACNUR. Se ha abierto un mercado dentro del campo y los refugiados sudaneses comercian con las comunidades locales etíopes. Según Bilal, instalado desde hace un mes en Bambasi con otros 15 miembros de su familia: “El campo está mucho mejor de lo que nos habían dicho, aunque nos gustaría recibir más alimentos y materiales. Nuestros hijos también necesitan ir a la escuela. La mayoría de nosotros deseamos poder regresar a Sudán, pero antes esperamos que haya paz”.


© Alfons Rodríguez

El pasado sábado 9 de julio -fecha en que el sur de Sudán declaró oficialmente su independencia y se convirtió en el país más joven del mundo- fue un momento de celebración para muchas personas, pero no debería olvidarse que para muchos otros la situación seguirá siendo extremadamente difícil. A día de hoy, unos 260.000 desplazados internos están viviendo en condiciones tremendamente acuciantes, y entre ellos están las 100.000 personas que a mediados de mayo se vieron obligadas a huir de los bombardeos y de los enfrentamientos que se produjeron en la región fronteriza de Abyei, un área que permanece en disputa entre las fuerzas del norte y del sur de Sudán.

La mayoría de las personas que huyeron de los combates se asentaron en lugares que distaban apenas 2 ó 3 días de camino a pie desde sus casas, con la esperanza de poder regresar cuando disminuyese la violencia. Sin embargo, aquellos que temían que la violencia fuese a más, viajaron durante diez días o más hasta encontrar un lugar donde poder sentirse seguros. A principios de junio, un grupo de hasta 5.000 personas buscaron refugio en las aldeas de Juong Pakok y de Mayem Pajok, en la zona norte de Akon, en el estado de Warrap. Y actualmente, el número de desplazados que se encuentran concentrados allí, ya ha alcanzado las 6.500 personas.

“Son personas que llegaban en un estado terrible, completamente exhaustas y traumatizadas. Muchas habían visto morir a miembros de sus familias víctimas de los intensos bombardeos. Con los combates como telón de fondo, muchas se quedaron a enterrar a sus muertos antes de huir a un lugar seguro. Otras perdieron a sus seres queridos durante las emboscadas que les tendían los soldados en su huida hacia el sur… y todavía desconocen si están vivos o muertos”, explica Carole Coeur, coordinadora de emergencias de MSF en el sur de Sudán.

El sur de Sudán padece además una inseguridad alimentaria crónica, y al menos un 25% de la población no tiene acceso ni siquiera a los servicios de salud más básicos. La época de escasez ha empezado y los cientos de miles de desplazados por la violencia, y las más de 300.000 personas que han vuelto a la región con motivo de la independencia, suponen una carga demasiado difícil de asumir para unos recursos locales que ya estaban bastante limitados de por sí.

“La gente que ya vivía en estas aldeas ha acogido a los desplazados y les ha ayudado como buenamente ha podido. Pero ya antes de que llegaran, no había suficiente comida, refugio ni agua para las comunidades que les han acogido, así que ahora, con los miles de desplazados que han venido, más todos los retornados al país, la escasez es todavía mucho más patente”, añade Carole Coeur. “Durante el día las temperaturas alcanzan los 40 grados, y aquí hay poco acceso a agua potable limpia. Y por si fuera poco, la estación de lluvias está empezando y en esta región la malaria es endémica, así que puede que estas personas hayan conseguido escapar de las bombas, pero lo cierto es que siguen viviendo en una situación de auténtica emergencia”.

A mediados de junio, un equipo de emergencias de MSF abrió un nuevo proyecto para asistir a las 6.500 personas desplazadas cerca de las aldeas de Juong Pajok y de Mayen Pajok. Allí, MSF ha vacunado en las últimas semanas a más de 3.000 niños contra el sarampión y ha distribuido artículos de primera necesidad a más de 200 familias. Además, sus equipos han distribuido decenas de miles de galletas enriquecidas y tienen previsto empezar a distribuir tiendas que sirvan para proporcionar un refugio más permanente a los desplazados, así como para protegerles mejor contra el sol y la lluvia. También se han puesto en marcha clínicas móviles para dispensar atención primaria de salud y un programa nutricional terapéutico ambulatorio para niños con desnutrición severa.

La independencia del país ya es un hecho, pero las emergencias debidas a la violencia y la inseguridad siguen suponiendo una verdadera amenaza para la vida y el sustento de la población. Y aunque durante los últimos días la situación parece estar más calmada en Abyei, la violencia sigue desplazando a personas en el la vecina de Kordofan, donde se estima que otras 70.000 personas se han visto también obligadas a abandonar sus hogares.

Además de la tensión entre el norte y el sur de Sudán, el riesgo de desplazamientos para los sudaneses del sur también aumenta por la amenaza que suponen los enfrentamientos entre las nuevas milicias y el ejército del sur, por la presencia de grupos rebeldes, por los ataques del Ejército de Resistencia del Señor (LRA), por las disputas intercomunitarias e intertribales, o por los enfrentamientos que se dan a causa de cosas tan simples como los robos de ganado.

MSF trabaja en Sudán desde 1978. En el sur de Sudán, la organización cuenta actualmente con más de 2.000 trabajadores nacionales y con unos 200 trabajadores expatriados, que se reparten a lo largo de 13 proyectos que cubren los ocho Estados del sur de Sudán. De enero a abril de 2011, MSF hospitalizó a 6.422 pacientes, llevó a cabo 140.519 consultas ambulatorias y otras 29.278 de atención prenatal. Sus equipos asistieron 2.681 partos, trataron 10.392 casos de malaria y a 6.109 niños con desnutrición. Además, llevaron a cabo 1.828 intervenciones quirúrgicas mayores, trataron 1.079 casos de kala azar y 2.347 de tuberculosis.