MÉDICOS SIN FRONTERAS

Los grandes picos de malaria que se están produciendo en Sudán del Sur aumentan la posibilidad de una segunda temporada consecutiva de esta enfermedad con cifras muy altas de casos y muertes. Esta situación podría prevenirse si se actúa urgentemente para reforzar el acceso al tratamiento en las zonas de más alto riesgo, según Médicos Sin Fronteras (MSF).

Casi el 60% de los pacientes de esta sala de hospital en Aweil tiene malaria. Agosto de 2015. Fotografía: Jacob Kuehn/MSF.

En 2013, MSF trató a más de 170.000 pacientes de malaria en Sudán del Sur. Ese año el número de pacientes que acudieron a las instalaciones de la organización en busca de tratamiento se triplicó con respecto al total de 2013. El pasado mes de noviembre, MSF ya advirtió de que se debía mejorar el acceso al tratamiento en las zonas más afectadas por la enfermedad. Muchos pacientes llegaban en estado grave y con riesgo de muerte, después de haber emprendido largos trayectos, para recibir atención sanitaria ante la falta de tratamientos contra la malaria en los centros de salud locales. En 2014, la malaria supuso el 72% de todas las muertes causadas por enfermedades en todo Sudán del Sur, según la ONU.

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La pasada noche y esta misma mañana han tenido lugar nuevos enfrentamientos entre grupos armados en Malakal. Los combates en esta ciudad, situada en el estado de Alto Nilo, al noreste de Sudán del Sur, han provocado el desplazamiento de unas 900 personas que han buscado refugio en el espacio de Protección de Civiles (PoC) de la Misión de Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS).

Desplazados en el espacio de Protección de Civiles © Beatrice Debut/MSF

Dos personas han muerto y, en estos momentos, se desconoce el número de heridos. Aunque Médicos Sin Fronteras (MSF) no ha atendido heridos en el hospital del PoC de Malakal, dada la tensión imperante en la zona, la organización médico-humanitaria está preparada para una posible afluencia de pacientes.

Desde comienzos de abril, los enfrentamientos han causado la huida de cerca de 4.600 personas de Malakal hacia el espacio de Protección de Civiles. Con esta nueva llegada de desplazados, son ya 25.000 el número total de personas refugiadas en el PoC. Estos últimos flujos de desplazados agravan la situación de la población que ya vive en este centro con recursos limitados.

En estos momentos, la situación en la ciudad de Malakal sigue siendo extremadamente volátil y es previsible que los enfrentamientos continúen en las próximas horas. Los equipos de MSF se han visto obligados a suspender hoy algunas de sus actividades externas desarrolladas en zonas remotas donde se también se aglutinan bolsas de desplazados internos.

MSF insta a todas las partes en conflicto a respetar y facilitar el acceso de la asistencia humanitaria para las personas afectadas por el conflicto de Sudán del Sur.

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Desde finales de noviembre, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que trabajan en el campo de refugiados de Yida, en el estado de Unidad, en Sudán del Sur, han estado respondiendo al aumento de casos de sarampión; una enfermedad que está afectando principalmente a los más pequeños.

Campaña de vacunación en Yida © Karin Ekholm/MSF

Muchos de los niños que han caído enfermos acababan de llegar a Yida después de huir con sus familias desde la región de las montañas de Nuba, donde los bombardeos y los combates entre los rebeldes y las fuerzas gubernamentales sudanesas se han intensificado en las últimas fechas.

MSF lleva trabajando en Yida, un lugar que a día de hoy alberga a unos 70.000 refugiados sudaneses, desde 2011. Las condiciones de hacinamiento hacen que el contagio del sarampión entre los refugiados sea aún más fácil. Este virus se propaga a través de los fluidos de la boca o de la nariz de las personas infectadas. Y los niños menores de cinco años y mujeres embarazadas están más expuestos al contagio debido a que su sistema inmunológico es más débil.

“En un campo de refugiados, un solo caso de sarampión se considera un brote”, comenta Ahmed Mohama Mahat, coordinador de la campaña de vacunación que MSF está llevando a cabo en Yida. “Las personas que llegan a Yida desde las montañas de Nuba se encuentran en muy malas condiciones; además no habían sido vacunadas desde hacía mucho tiempo”.

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Las comunidades desplazadas de Sudán del Sur que viven concentradas en los lugares donde el acceso al agua potable y a letrinas es limitado corren un gran riesgo de contraer el cólera.

Mary Keji en el Centro de Tratamiento de Cólera de MSF en Juba © Andreea Campeanu

Desde principios de julio, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) se han estado ocupando de más de 904 pacientes que padecen el cólera en el estado del Alto Nilo. MSF ha abierto dos centros de tratamiento de cólera (CTC) para tratar a enfermos de la zona en Malakal y Wau Shilluk.

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Ayer, 9 de julio, se cumplieron tres años de la proclamación de independencia de Sudán del Sur, el país más joven del mundo, que está sumido desde el pasado diciembre en un conflicto interno que ha provocado que más de 1,4 millones de personas hayan tenido que dejar sus hogares.

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Durante este tiempo, al menos 58 personas han sido asesinadas en los hospitales y los centros hospitalarios apoyados por MSF, que han sido saqueados o quemados en al menos seis ocasiones, según los datos recogidos por MSF en su informe ‘Violencia contra la salud en el conflicto en Sudán del Sur’. El daño va mucho más allá de los actos de violencia en sí mismos y tiene como consecuencia que la atención médica se ve interrumpida justo en el momento en el que la población la necesita de forma desesperada.

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MSF ha estado prestando asistencia sanitaria a los refugiados sursudaneses en Etiopía desde enero. Los equipos tratan a los refugiados a su llegada a los centros de tránsito y en el campo de Lietchuor. La organización ha instalado un hospital de 85 camas y un centro de salud en Lietchuor, así como un hospital de 75 camas en Itang. Antoine Foucher, Jefe de Misión de MSF en Etiopía, describe la urgencia de la situación de los refugiados.

Clínica móvil en el campo de Burubiey © Aloys Vimard / MSF

¿Todavía existe un flujo de refugiados sursudaneses hacia Etiopía?

Desde que estallara el conflicto en Sudán del Sur en diciembre, ha estado llegando a la región etíope de Gambella un promedio de 1.000 personas diarias. Sin embargo, ese promedio refleja sólo parcialmente la afluencia masiva de entre 10.000 y 15.000 personas diarias, como ocurrió tras batalla de Nasir en el estado de Jonglei, por poner un ejemplo. Hoy hay más de 130.000 refugiados sursudaneses en Etiopía. Según una estimación del ACNUR, dicho número podría alcanzar los 350.000 a final año.

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La vida de miles de personas corre un serio riesgo si no se actúa de inmediato.

En una clara demostración de indiferencia, altos funcionarios de la ONU han rechazado mejorar las condiciones de vida de los 21.000 desplazados que se refugian en un área propensa a inundarse de una de las bases de la Misión de Asistencia de la ONU en Sudán del Sur (UNMIS, por sus siglas en inglés). Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte de que todas estas personas estarán aún más expuestas a sufrir enfermedades y epidemias si permanecen allí. Pese a las repetidas peticiones por parte de las organizaciones humanitarias, la ONU no ha actuado sobre el terreno para mejorar las condiciones de vida de esta población cuyas posibilidades de supervivencia se ven cada día más amenazadas. MSF cuestiona el compromiso de la ONU para cubrir las necesidades de los grupos más vulnerables del país y pide una acción inmediata para salvar las vidas de las miles de personas que están en el campo de Tomping.

La base de UNMIS de Tomping en Juba, la capital del país, ha acogido desde hace meses a miles de personas que huyeron para salvar sus vidas cuando estalló el conflicto el pasado diciembre. Todos ellos están hacinados en las zonas bajas del recinto, que se inundan cada vez que llueve. En la clínica que MSF tiene en el campo de desplazados, las enfermedades diarreicas, las infecciones respiratorias y las enfermedades de la piel representan más del 60 por ciento de los casos tratados. MSF y otras organizaciones han pedido en varias ocasiones que se expandiera el campo a otra zona del recinto que está vacía y que es menos proclive a sufrir inundaciones, al menos como medida temporal para salvar vidas. Sin embargo, todas las solicitudes que se han hecho hasta la fecha han sido rechazadas.

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Gumuruk, 21 de agosto de 2013. En la región de Pibor, perteneciente al estado sursudanés de Jonglei, las inundaciones y el miedo a los combates han provocado que unas 90.000 personas se encuentren a día de hoy desaparecidas. Se supone que muchos de ellos, presos del pánico, se han refugiado en el monte, pero no se puede asegurar con certeza cuál es su paradero. “De lo que no cabe duda es de que las 28.000 personas que sí han sido localizadas no están recibiendo ningún tipo de ayuda”, afirma Carolina López, coordinadora de emergencias de MSF en la región de Pibor.

Una enfermera de MSF toma la presión a Konya Akul, de 30 años. © Camille Lepage / MSF

Casi 30.000 personas más ya han sido localizadas, pero la ayuda sigue sin llegar

Los combates entre el ejército popular de liberación de Sudán y las milicias del líder rebelde David Yau Yau se intensificaron el pasado mes de mayo. Desde entonces, y a lo largo de estos tres meses, la violencia ha obligado a la práctica totalidad de la población de Pibor a huir hacia el monte.

Hace escasas semanas fueron los enfrentamientos entre los grupos rebeldes Luo Nuer y Murle – la etnia mayoritaria en la región – los que provocaron una nueva oleada de pánico que hizo huir de nuevo a miles de personas. Las autoridades locales han podido encontrar hasta ahora a cerca de 28.000 en los alrededores de la aldea de Gumuruk, donde MSF dirige un centro de salud. Gumuruk es uno de los pocos lugares accesibles en esta región pantanosa e insegura, pero la ayuda está llegando muy lentamente y la Organización de Naciones Unidas (ONU) apenas acaba de empezar a registrar a los desplazados.

La pequeña clínica de MSF en Gumuruk siempre está llena: cada día se pasa consulta a unos 100 pacientes con dolencias generalmente asociadas a las semanas o meses que llevan en el monte a merced de las lluvias: neumonías y otras afecciones de las vías respiratorias, además de malaria, diarrea y desnutrición.

“La gente viene a la aldea y se queda todo el día sentada esperando a que alguien les proporcione algo comida”, afirma Carolina López. “La mayoría han perdido a su ganado en el transcurso de los enfrentamientos. Tampoco han podido plantar ni recolectar sus cosechas por la inseguridad y los múltiples actos de violencia a los que se han visto sometidos. Ahora mismo están en una situación de extrema vulnerabilidad. Se pasan aquí horas y horas y al atardecer la mayoría regresa con las manos vacías, bajo la lluvia, a sus refugios temporales”.

Una de las grandes preocupaciones del equipo de cirujanos de MSF en Gumuruk es que apenas se han recibido heridos de los combates que tuvieron lugar en julio. “Hemos tratado a veinte mujeres y niños que presentaban heridas de consideración bastante infectadas, pero no se ha presentado ningún hombre con herida de bala”, explica Martial Ledecq, cirujano de MSF en Gumuruk. “Hasta donde nosotros sabemos, los últimos combates que se produjeron en el bosque datan de hace aproximadamente un mes. Todo el mundo asegura que fueron extremadamente violentos, así que hay pocas posibilidades de que aquellas personas que resultaran gravemente heridas estén todavía con vida”.

Muchos de los pacientes que acuden a la clínica dicen tener miedo de acudir en busca de ayuda a los lugares donde hay presencia militar. “Mi marido está enfermo, pero no se atreve a entrar en la aldea. Tiene miedo de que le maten”, explica una mujer que llegó en busca de asistencia médica. “Si entramos en una aldea, los soldados podrían matarnos. Si huimos al monte, es la tribu enemiga quien podría matarnos”.

“Hay muchas personas enfermas en el monte”, asegura un hombre que ha arriesgado su vida para llevar a su hija hasta la clínica de MSF. “Si no logran venir enseguida, todos van a morir”. “Mi hija tiene una herida de bala en la espalda que se estaba infectando, por eso no he tenido más remedio que arriesgarme a venir”. “Él mismo está muy débil y, debido a las lluvias que lo inundan todo, ha tardado más de dos días en llegar hasta la clínica. Normalmente, desde el lugar donde dice que se encontraba, apenas se tardan dos horas”, explica Martial Ledecq.

Las lluvias no han dejado un solo respiro desde hace semanas y las condiciones de vida de los desplazados son cada vez más precarias. Desplazarse por el barrizal en el que se ha convertido la región constituye un verdadero desafío logístico, pero a pesar de las dificultades, MSF va a intensificar sus esfuerzos para tratar de localizar a las 90.000 personas que  probablemente se hallen esparcidas por el monte, hacer un balance de su estado de salud y responder a las necesidades más urgentes.

“Mientras tanto, es primordial todas las organizaciones humanitarias presentes en el estado de Jonglei amplíen sus actividades y que ayuden a las 28.000 personas que están en los alrededores de Gumuruk”, concluye Carolina López.

Nota: se estima que en la región de Pibor hay 148.000 habitantes. 30.000 de éstos se encuentran en países vecinos o en Juba, capital de Sudán del Sur. 28.000 han sido localizadas por las autoridades locales en los alrededores de Gumuruk. Las 90.000 restantes es posible que se estén desplazando por la región de Pibor en busca de un lugar seguro, pero a día de hoy nadie sabe dónde están.


Un segundo trabajador de la organización ha resultado herido en el mismo ataque.

Vehículo MSF en el aeropuerto de Juba © Talia Bouchouareb

El pasado lunes 5 de agosto, un grupo de hombres armados atacaron un coche perteciente a la organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) en una de las principales carreteras de las afueras de Juba, en Sudán del Sur: dos trabajadores locales de MSF resultaron gravemente heridos, falleciendo uno de ellos dos días después.

El vehículo estaba claramente identificado con los logos de MSF. La organización sigue intentando dilucidar las circunstancias exactas de este asalto, que aún no están claras. MSF expresa su indignación por este injustificado ataque contra una organización humanitaria que lleva más de 30 años trabajando en Sudán del Sur. Incidentes como este impactan directamente en la capacidad que los trabajadores humanitarios tienen de proporcionar una ayuda médica vital e indispensable para la población.

“Hemos pedido a las autoridades que investiguen este brutal ataque que se ha saldado con el asesinato de nuestro compañero Joseph”, explica el director de Operaciones de MSF Marcel Langenbach. El fallecido, de 28 años de edad, llevaba trabajando con la organización desde 2012.

“Joseph era un excelente compañero y todo el equipo echará de menos su actitud positiva —añade Raphael Gorgeu, jefe de misión de MSF en Sudán del Sur—. Su trágica muerte es una terrible pérdida para su familia, para MSF y para su país”.

“Queremos insistir en la necesidad de que el derecho internacional humanitario sea respetado, y en la obligación de garantizar la protección de los trabajadores humanitarios, sus instalaciones y sus bienes”, señala Langenbach.


MSF lleva más de 30 años proporcionando ayuda médica de emergencia e independiente a la población del Sur de Sudán, primero, y tras la independencia, de Sudán del Sur, una población afectada por el conflicto armado, las epidemias, la exclusión del sistema de salud y los desastres naturales. Sólo en 2012, MSF realizó 702.634 consultas externas y 34.324 hospitalizaciones, trató a 141.525 pacientes de malaria y 29.018 niños con desnutrición, asistió 10.918 partos, procedió a 3.257 intervenciones quirúrgicas y vacunó contra el sarampión a 253.237 niños.


El Sistema Internacional de Vacunas ignora el acceso de los niños refugiados a la protección que necesitan.

Vacunación en el campo de Yida © Yann Libessart

Tras varios meses de espera y después de sortear numerosos dificultades, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha podido por fin empezar a vacunar contra la neumonía en el campo de refugiados de Yida, en Sudán del Sur. A pesar de la buena noticia, la organización médico-humanitaria internacional quiere advertir de que el sistema internacional de vacunación dificulta la distribución de vacunas nuevas y eficientes entre los niños de los campos de refugiados.

Mientras planificaba inmunizar a los niños del campo de Yida contra las enfermedades neumocócicas, MSF ha tenido que enfrentarse a múltiples barreras a la hora de comprar estas vacunas a un precio asequible, teniendo que sortear innumerables políticas burocráticas que no tienen en cuenta las necesidades de las poblaciones afectadas por conflictos.

“Si sabemos que los niños refugiados son sumamente vulnerables a contraer enfermedades que son prevenibles mediante la administración de una vacuna, no entendemos entonces por qué el sistema internacional de vacunas sigue insistiendo en que estos niños no son su problema”, exclama Kate Elder, asesora de políticas de vacunación de la Campaña de MSF para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME). “Deberíamos hacer todos los esfuerzos posibles para que los niños refugiados se beneficiasen de las vacunas más nuevas y eficaces, en lugar de dejar que éstas se pudran en un almacén por culpa de los vacíos existentes en las políticas de la comunidad internacional”.

Las vacunas más nuevas y eficaces han sido introducidas en los países pobres con el apoyo de la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (GAVI Alliance en inglés), pero la GAVI no cubre las vacunaciones de poblaciones refugiadas o afectadas por emergencias, lo que deja importantes necesidades sin cubrir. Además, los precios reducidos que la GAVI logra negociar no están siempre a disposición de los actores humanitarios que trabajan en contextos de crisis humanitarias. Y a pesar de las múltiples peticiones que se han hecho a los diversos actores implicados, incluidos la GAVI y las farmacéuticas Pfizer and GlaxoSmithKline (GSK), que son las compañías que producen estas nuevas vacunas, no se ha logrado fijar un precio global asequible para las organizaciones humanitarias.

Los refugiados sudaneses empezaron a cruzar la frontera y a entrar a Sudán del Sur en tropel en junio de 2011, cuando estalló el conflicto entre el gobierno de Jartum y los rebeldes del Sudan People’s Liberation Movement-North (SPLM-N) en el estado de Kordofán sur, en Sudán. El verano pasado, cuando la crisis alcanzó su punto más álgido, en el campo de Yida se observaron elevadas tasas de mortalidad entre los niños más pequeños que ingresaban en el hospital de MSF con infecciones respiratorias, siendo la neumonía una de las principales causas de muerte. Las condiciones en el campo de refugiados hacen que los niños sean especialmente vulnerables al neumococo, la bacteria más frecuente causante de la neumonía, pues el hacinamiento y la exposición a múltiples y diferentes cepas de la bacteria acrecientan el riesgo de contraer la enfermedad.

“La situación en Yida el año pasado era terrible, con niños muriendo de enfermedades que las vacunas hubieran podido prevenir”, explica Audrey Landmann, coordinadora de proyecto de MSF en Yida durante el año 2012.

Los diferentes análisis llevados a cabo por MSF determinaron que vacunar con la vacuna conjugada neumocócica (VCN) podría ayudar a reducir considerablemente la mortalidad en Yida, y por ello se decidió que había que poner en marcha la campaña de vacunación. Ésta es una de las primeras veces que la VCN se utiliza en un campo de refugiados y la primera vez que se usa en Sudán del Sur.

Desde septiembre de 2012, MSF ha intentado obtener la VCN para su uso en el campo de Yida, pero durante todos estos meses ha tenido que enfrentarse a demoras significativas provocadas por las largas negociaciones y por los problemas legales con el suministro internacional. Las compañías que fabrican las vacunas hicieron una donación puntual, pero MSF intenta evitar dichas donaciones, ya que busca obtener una solución sostenible a este problema y poder así actuar sin contratiempos en contextos similares. Finalmente, MSF pudo conseguir la vacuna de GSK a un precio reducido, pero los diversos obstáculos a los que ha tenido que enfrentarse han retrasado el inicio de la vacunación hasta ya comenzada la estación de lluvias, con los problemas logísticos y retos que esto conlleva.

“Durante más de cuatro años, hemos estado intentando encontrar una solución para conseguir un acceso asequible a las vacunas más nuevas y eficaces y poder así actuar de manera inmediata cada vez que sea necesario, pero la realidad es que seguimos sin tener la solución para los refugiados”, admite el Dr. Greg Elder, Director Adjunto de Operaciones de MSF en París. “Necesitamos que las compañías farmacéuticas y la GAVI faciliten a las organizaciones humanitarias acceder al precio más bajo para las vacunas más nuevas y eficaces. Si nos lo permitís, podemos ayudar a salvar la vida de niños en situación de emergencia”.


Presente en Yida desde octubre de 2011, MSF actualmente gestiona un centro de atención primaria de salud en el que se atienden una media de 10.000 consultas al mes, un hospital de 60 camas y una unidad de tratamiento de la desnutrición. Además, cuenta con equipos sanitarios móviles que se desplazan por el campo, suministra agua y construye letrinas. De mayo de 2012 a mayo de 2013, MSF trató a casi 3.000 niños con desnutrición severa en Yida.

MSF trabaja en la región que hoy constituye la República del Sudán del Sur desde 1983. La organización humanitaria trabaja en seis de los diez estados de Sudán del Sur, respondiendo a emergencias como desplazamientos de población a gran escala, flujos de refugiados, crisis nutricionales y brotes de malaria y de kala azar, además de ofrecer servicios de atención sanitaria especializados y básicos.