MÉDICOS SIN FRONTERAS

El abuso y la manipulación de la acción humanitaria ponen fin a 22 años de asistencia médica en Somalia; la tolerancia y el apoyo otorgados por grupos armados y líderes civiles ante los ataques contra los equipos de MSF quebrantan las garantías mínimas de seguridad necesarias para mantener los programas de ayuda.

Unni Karunakara examinando a un niño en una clínica móvil cerca de Mogadiscio. © MSF

Nairobi/Ginebra, 14 de agosto de 2013.La organización internacional médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) ha anunciado hoy la clausura de todos sus programas en Somalia, país en el que lleva trabajando de forma ininterrumpida desde 1991. La decisión es el resultado de los ataques violentos que el personal de MSF ha sufrido en un contexto en el que, cada vez más, los grupos armados y los líderes civiles apoyan, justifican y/o toleran el asesinato, la agresión y el secuestro de trabajadores humanitarios.

En algunos casos —en particular en el centro y sur de Somalia, aunque no exclusivamente—, los mismos actores con quienes MSF ha negociado las garantías mínimas de respeto a su misión médica humanitaria han tenido una implicación directa en los abusos contra los equipos de MSF, o han dado su aprobación tácita a los mismos. Dichas acciones, y la tolerancia con la que son asumidas en este contexto, impiden que cientos de miles de somalíes reciban y tengan acceso a la ayuda humanitaria, declaró MSF.

Durante sus 22 años de historia en Somalia, MSF ha negociado con los actores armados y las autoridades de todas las partes. La excepcionalidad de las necesidades humanitarias en el país ha obligado a la organización y a su personal a tolerar niveles de riesgo incomparables –en gran parte sufridos por los propios colegas somalíes de la organización– así como a comprometer seriamente sus principios operacionales de independencia e imparcialidad.

Los incidentes más recientes incluyen el brutal asesinato de dos trabajadores de MSF en Mogadiscio en diciembre de 2011, y la rápida liberación del asesino convicto; y el secuestro violento de otros dos miembros del personal en los campos de refugiados de Dadaab (Kenia), que terminó el mes pasado después de un cautiverio de 21 meses en el centro-sur de Somalia. Estos dos incidentes son sólo los últimos de una serie de abusos extremos. Otros 14 trabajadores de MSF han sido asesinados, y desde 1991 la organización ha sufrido decenas de ataques contra su personal, ambulancias e instalaciones médicas.

“Al optar por el asesinato, el ataque y el secuestro de trabajadores humanitarios, estos grupos armados y las autoridades civiles que toleran sus acciones han sellado el destino de incontables vidas en Somalia”, apunta el doctor Unni Karunakara, presidente internacional de MSF. “Cerramos nuestros programas en Somalia porque la situación en el país ha creado un desequilibrio insostenible entre los riesgos y los compromisos que nuestro personal debe asumir, y nuestra capacidad de proporcionar ayuda al pueblo somalí”.

Más allá de los asesinatos, secuestros y abusos contra su personal, con el fin de poder trabajar en Somalia, MSF tuvo que adoptar la medida excepcional de emplear escoltas armados, algo que no hace en ningún otro país, así como tolerar grandísimas limitaciones a su capacidad de evaluar de forma independiente las necesidades de la población y responder a las mismas.

La acción humanitaria requiere un nivel mínimo de reconocimiento del valor de la labor médico-humanitaria y, por lo tanto, la aceptación de todas las partes en conflicto y de las comunidades para que se permita la atención médica, así como los principios operacionales de independencia e imparcialidad. Además, estos actores deben demostrar la capacidad y voluntad de apoyar unas mínimas garantías negociadas de seguridad para los pacientes y el personal. A día de hoy, esta aceptación, siempre frágil en zonas de conflicto, ya no existe en Somalia.

“La población civil de Somalia será la que en última instancia pague el precio más alto”, señala el doctor Karunakara. “Gran parte de la población somalí nunca ha conocido su país sin guerra ni hambrunas. Cuando ya de por sí recibe menos atención de la necesaria, los ataques de grupos armados contra el personal humanitario, y la tolerancia de líderes civiles a estos abusos, han acabado finalmente con el escaso acceso a la atención médica de la que dispone el pueblo somalí.”

MSF cerrará sus programas médicos en toda Somalia, incluyendo los de la capital Mogadiscio, y los suburbios de Afgooye y Daynille, así como los de Balwad, Dinsor, Galkayo, Jilib, Jowhar, Kismayo, Marere y Burao. Más de 1.500 trabajadores han proporcionado una amplia gama de servicios, incluyendo atención primaria de salud gratuita, tratamiento de la desnutriciónsalud materna, cirugía, respuesta a epidemias, campañas de vacunación, agua y suministros de ayuda. Sólo en 2012, los equipos MSF proporcionaron más de 624.000 consultas médicas, atendieron a 41.100 pacientes en sus hospitales, trataron a 30.090 niños por desnutrición, vacunaron a 58.620 personas y asistieron el parto de 7.300 bebés.

A lo largo de sus 22 años de historia en Somalia, los equipos de MSF han conocido en profundidad cuán grandes son las necesidades de la población somalí. MSF mantiene su compromiso de abordar estas enormes necesidades a través de la atención médica y la ayuda humanitaria, pero todos los actores en Somalia deben demostrar con hechos que tienen la voluntad y la capacidad de facilitar la prestación de la ayuda humanitaria al pueblo somalí, así como respetar la seguridad de los trabajadores humanitarios que arriesgan sus vidas para atenderle.

 


Las familias piden privacidad en estos delicados momentos

MSF

Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, las dos trabajadoras humanitarias de Médicos Sin Fronteras (MSF) liberadas ayer en Somalia después de 21 meses en cautividad, llegarán hoy a la base aérea de Torrejón procedentes de Yibuti. La organización expresa su alegría por la liberación de sus dos compañeras, secuestradas el 13 de octubre de 2011 en el campo de refugiados de Dadaab, Kenia, y retenidas desde entonces en Somalia. MSF continúa ofreciendo todo su apoyo a Mone y Blanca así como a sus familias.

Mone y Blanca necesitan tiempo para adaptarse a su nueva vida en libertad y desde la organización pedimos a los medios de comunicación y a la opinión pública respeten su privacidad y la de sus familias.

“Una vez más, MSF condena enérgicamente el ataque contra estas trabajadoras humanitarias que estaban dando asistencia médica a la población somalí más vulnerable y que huían del hambre y de la guerra en su país,” declara José Antonio Bastos, Presidente de MSF en España.

MSF agradece todas las muestras de apoyo y solidaridad que han recibido las familias de Mone y Blanca. La organización también quiere agradecer a los medios de comunicación el respeto con el que han tratado el caso y la consideración mostrada a las familias de las trabajadoras humanitarias. Solicitamos al público y a los medios que mantengan este respeto y consideración en esta nueva etapa en libertad de nuestras compañeras.


Médicos Sin Fronteras (MSF) confirma la liberación de Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, secuestradas desde el 13 de octubre de 2011 en el campo de refugiados de Dadaab, en Kenia.

MSF

 

Ambas trabajadoras humanitarias se encuentran en buen estado de salud y están a la espera de unirse con sus seres queridos lo antes posible. Un equipo de MSF está ofreciendo todo el apoyo necesario a Mone y Blanca y sus familias y trabaja firmemente para que el regreso de las cooperantes a sus hogares se produzca cuanto antes. MSF reitera su llamamiento a los medios de comunicación y la opinión pública para que respeten la privacidad de las cooperantes durante este proceso de adaptación a la vida en libertad.

La organización médico-humanitaria agradece el esfuerzo de todos los implicados en la liberación de Blanca y Mone. Una vez más, MSF condena enérgicamente los ataques contra estas trabajadoras humanitarias que dan asistencia médica a la población somalí más vulnerable.

 


Médicos Sin Fronteras (MSF) confirma la liberación de Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, secuestradas desde el 13 de octubre de 2011 en el campo de refugiados de Dadaab, en Kenia.

Ambas trabajadoras humanitarias se encuentran en buen estado de salud y están a la espera de unirse con sus seres queridos lo antes posible. Un equipo de MSF está ofreciendo todo el apoyo necesario a Mone y Blanca y sus familias y trabaja firmemente para que el regreso de las cooperantes a sus hogares se produzca cuanto antes. MSF reitera su llamamiento a los medios de comunicación y la opinión pública para que respeten la privacidad de las cooperantes durante este proceso de adaptación a la vida en libertad.

La organización médico-humanitaria agradece el esfuerzo de todos los implicados en la liberación de Blanca y Mone. Una vez más, MSF condena enérgicamente los ataques contra estas trabajadoras humanitarias que dan asistencia médica a la población somalí más vulnerable.


La integración de la ayuda a la estrategia política y militar de la ONU /UA supondrá una amenaza para las actividades de ayuda humanitaria.

MSF empezó a trabajar en el campo de refugiados de Hiloweyn, en Liben, en agosto de 2011 © Michael Tsegaye

Los actuales esfuerzos de Naciones Unidas para integrar la asistencia humanitaria a la campaña militar internacional contra los opositores del gobierno de Somalia supondrán una amenaza más para la ayuda humanitaria independiente e imparcial a la población somalí que lucha por sobrevivir a una guerra que no cesa, ha advertido hoy Médicos Sin Fronteras (MSF).

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas actualmente está deliberando sobre la futura estructura de la misión de NNUU en Somalia. Bajo discusión está la posible inclusión de la asistencia humanitaria en una agenda política y militar más amplia para Somalia. Un enfoque así en un país donde la capacidad de proporcionar ayuda ya se ve gravemente comprometida podría generar desconfianza en los grupos de ayuda.

“Muchos somalíes siguen luchando para conseguir tener cubiertas las necesidades más básicas para su supervivencia, como alimentos, atención sanitaria y protección de la violencia, por lo que la asistencia humanitaria sigue siendo una prioridad y debe seguir siendo completamente independiente de cualquier agenda política,” afirma Jerome Oberreit, Secretario General de MSF. “El sistema de ayuda humanitaria no debe convertirse en socio ejecutor de la campaña de estabilización o contrainsurgencia en Somalia.”

El principal reto sigue siendo garantizar la seguridad de los pacientes y del personal sanitario. La Ayuda por lo tanto debe seguir siendo independiente e imparcial para que las organizaciones humanitarias puedan intentar negociar el acceso a poblaciones necesitadas con todas las partes en el conflicto y mitigar al máximo los riesgos de seguridad. Los intentos de politizar todavía más la ayuda humanitaria podrán suponer un mayor peligro para los pacientes y los trabajadores humanitarios, declara MSF.

“Tal como hemos visto antes en Somalia, y en países como AfganistánIrakSierra Leona, y Angola, cuando las actividades de paz o estabilización militar integran a la ayuda humanitaria como una herramienta para la consecución de objetivos políticos y de seguridad, los actores de la ayuda, incluidos los trabajadores sanitarios, siempre quedan deslegitimados y se ven privados de acceso a las poblaciones atrapadas en situaciones de conflicto,” añade Oberreit. “En casos extremos, incluso se ha denegado la ayuda a poblaciones para proteger los intereses políticos de los esfuerzos de estabilización. La asistencia humanitaria debe prestarse solamente teniendo en cuenta las necesidades reales de una población sin involucrar ningún otro tipo de prioridad oculta.”

Amplios segmentos de la población somalí en todo el país requieren asistencia básica. Muchos están en zonas de conflicto activo y en zonas controladas por grupos armados, como en el sur y centro de Somalia, subrayando la necesidad de ayuda humanitaria independiente e imparcial. El acceso a alimentos y a una atención médica adecuada se ve seriamente limitado. Más de 730.000 somalíes han buscado refugio en campos en Kenia y Etiopía. Los niveles generales de asistencia en Dadaab, Kenia, donde residen cientos de miles de refugiados somalíes, siguen siendo insuficientes. Las llamadas por parte de Kenia al retorno de los refugiados son y seguirán siendo prematuras mientras la situación de seguridad en Somalia siga siendo peligrosa.

Más de cien somalíes cruzan cada día a Etiopía para escapar de las privaciones en su país de origen, aduciendo la falta de alimentos y de seguridad como los principales motivos de su huida. En una encuesta reciente entre los pacientes de MSF, más de la mitad (424 de 820) reportaron estar desplazados dentro de Somalia o refugiados en Liben, Etiopía. Más de 187.000 refugiados somalíes viven en Liben, según el Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas. La violencia directa o el temor a padecerla se citaron como las principales razones de los desplazamientos (46%), seguido de la escasez de alimentos debido a la sequía y el limitado acceso a la asistencia (32%).

“Me he visto obligada a abandonar mi hogar diez veces en mi vida,” explica a MSF una mujer de 25 años de la región del Lower Juba. “Mi marido murió en una ataque y dos de mis hijos murieron porque no pude darles de comer. Intento conservar las fuerzas pero la situación en la que vive nuestro país desde hace tanto tiempo nos está matando.”

MSF ya ha tenido que reducir sus actividades en Somalia debido a los riesgos de seguridad. En octubre de 2011 dos trabajadoras humanitarias de MSF, Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, fueron secuestradas en el campo de refugiados de Dadaab y conducidas hasta Somalia, donde MSF cree que siguen retenidas. Tras el secuestro y hasta que las dos trabajadoras humanitarias no sean puestas en libertad sanas y salvas, MSF ha limitado sus operaciones en Somalia únicamente a urgencias vitales.

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MSF ha trabajado ininterrumpidamente en Somalia desde 1991, y sigue proporcionando atención médica vital a cientos de miles de somalíes en diez regiones del país así como en Kenia y Etiopía. Más de 1.400 trabajadores, apoyados por aproximadamente 100 personas en Nairobi, prestan una amplia gama de servicios, incluidos atención primaria de salud, tratamiento de la desnutrición, salud materna, cirugía, respuesta a epidemias como el cólera o el sarampión, campañas de vacunación, suministro de agua y provisión de ayuda.

En 2012, MSF trató a casi 30.000 niños con desnutrición severa y vacunó a 75.000 contra enfermedades infecciosas. Los equipos de MSF también asistieron más de 7.300 partos y realizaron cerca de medio millón de consultas médicas en sus instalaciones sanitarias. MSF depende solamente de donaciones privadas para su trabajo en Somalia y no acepta fondos de ningún gobierno.

 


Con una profunda tristeza la organización médico-humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) celebra el primer aniversario de la muerte de sus dos colegas, Philippe Havet y Andrias Karel Keiluhu (“Kace”), brutalmente asesinados en Mogadiscio en 29 de diciembre de 2011.

Mogadiscio, Somalia. Noviembre de 2012. © Brigitte Rossotti/MSF

Philippe, coordinador de emergencias belga, de 53 años, y Kace, médico de 44 años de Indonesia, trabajaban con los equipos de MSF dispensando asistencia médica urgente a los desplazados y residentes afectados por el conflicto en Somalia.

“Sentimos mucho la pérdida de Philippe y de Kace y hoy queremos hacer extensivo nuestro más sentido pésame a sus familiares y amigos,” ha expresado el Director General de MSF Bélgica Christopher Stokes.

Tras su trágico asesinato, MSF decidió cerrar dos grandes centros médicos en la capital somalí. Sin embargo, la organización sigue operando en 10 proyectos en Somalia y proporcionando ayuda médica y humanitaria a miles de refugiados somalíes en campos al otro lado de la frontera en Etiopía y Kenia. Hoy, otras dos trabajadoras de MSF, Blanca Thiebaut y Montserrat Serra, continúan retenidas en contra de su voluntad en Somalia tras ser secuestradas cuando trabajaban en el campo de refugiados de Dadaab en Kenia el 13 de octubre de 2011. Una vez más, MSF condena este acto de violencia y exige su inmediata liberación.

 


Los últimos niños con desnutrición severa en tratamiento han abandonado hoy el centro nutricional de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la ciudad de Kismayo, en el sur de Somalia, por el temor de sus padres ante la inminencia de enfrentamientos en dicha localidad.

Un niño refugiado de Kismayo es atendido en un centro de MSF. © Brendan Bannon/MSF

Durante las últimas semanas, la amenaza de un conflicto armado ha desbaratado las ya limitadas actividades médicas, los sistemas de referencia y el acceso a las instalaciones sanitarias en Kismayo y sus alrededores. En el centro nutricional donde la organización médico-humanitaria ha estado tratando a niños con desnutrición severa desde que la última gran crisis nutricional afectara buena parte del sur y el centro de Somalia en 2011, el temor a nuevos enfrentamientos ha provocado una disminución considerable del número de niños ingresados; sus padres han pedido que les dieran el alta para poder reagrupar a sus familias o huir de la zona.

La semana pasada, el personal sanitario de MSF dio el alta a ocho de los últimos nueve niños que quedaban ingresados a petición de sus padres; el equipo les proporcionó suministros e instrucciones para intentar ayudarles a continuar el tratamiento en casa. Este no era el caso de un pequeño demasiado débil para recibir el alta, pero finalmente sus padres huyeron de Kismayo llevándose al niño consigo.

MSF abrió el centro de nutrición intensiva para niños demasiado enfermos para recibir tratamiento ambulatorio durante la crisis nutricional de 2011, en respuesta a las altas tasas de desnutrición. “Desde entonces el equipo de MSF también ha respondido a brotes de sarampión y de diarrea acuosa, claros indicadores del nivel de vulnerabilidad de la población y de las necesidades de atención sanitaria“, afirma David Querol, coordinador general de MSF con base en Nairobi.

La interrupción de las actividades deja a más de 650 niños registrados en el programa nutricional ambulatorio en una situación similar y muy incierta. A pesar de los esfuerzos realizados esta última semana para proporcionarles reservas de alimentos terapéuticos suplementarios, MSF sigue preocupada por su suerte en estos momentos.

“Kismayo tiene unos servicios de salud muy limitados para su población y tememos que si se propaga la violencia, estos servicios disminuyan todavía más”, prosigue David Querol. “Por ejemplo, ya no podemos referir a los pacientes a nuestro hospital más cercano en Marere”.

En este contexto, MSF apela a las partes beligerantes a que respeten las ya frágiles estructuras de salud de Kismayo y sus alrededores, y que el personal sanitario pueda  dispensar una muy necesaria asistencia a la población. MSF también recuerda a todas las partes su obligación de permitir el acceso a la atención sanitaria a todos aquellos que la precisen con urgencia.

Las actividades de MSF se basan únicamente en las necesidades médicas de los pacientes. La organización trabaja para asegurar que se dispensa asistencia de forma neutral e independiente de los bandos enfrentados, sin consideraciones de carácter étnico, religioso, clánico o político.

 

 


 

MSF trabaja en Somalia desde 1991. Durante el último año, la organización ha gestionado hasta 22 proyectos en diferentes partes del país y en campos de refugiados somalíes en Etiopía y Kenia. En 2011, los equipos de la organización trataron a más de 78.500 pacientes con desnutrición severa y más de 30.000 con desnutrición moderada, también trataron más de 7.200 casos de sarampión y vacunaron a 255.000 personas contra esta enfermedad. Durante el mismo periodo, MSF asistió más de 6.000 partos y realizó más de 537.500 consultas de atención primaria.


Los equipos de MSF en Somalia se enfrentan a un reto añadido a la ya complicada situación médica y humanitaria de la población. El sarampión agrava el estado de miles de niños desnutridos, y afecta a jóvenes y adultos por falta de inmunización. El bloqueo de las partes en conflicto obstaculiza la puesta en marcha de campañas masivas de vacunación.

Sarampión. Comienza con fiebre, mucosidad nasal y tos. Luego aparece una erupción cutánea. Para niños sin vacunar, puede resultar desastroso. En Somalia, hoy el sarampión es uno de las mayores amenazas para la supervivencia de miles de niños hacinados en campos de desplazados, donde la desnutrición es elevada y las tasas de vacunación bajas.

En Somalia Médicos Sin Fronteras (MSF) opera 13 programas médico-nutricionales. Alrededor de 5.500 niños desnutridos están recibiendo alimentación terapéutica, de los cuales más de 500 están ingresados en ocho centros de nutrición terapéutica intensiva (CNTI). A la desnutrición severa que padecen se suman complicaciones médicas que requieren su ingreso para ser tratados. “El sarampión es una enfermedad infecciosa que se transmite por vía aérea. Las condiciones en los campos atestados son idóneas para la eclosión de epidemias. Los niños desnutridos menores de 5 años son los más vulnerables. Están atrapados en un círculo vicioso en el que la combinación de desnutrición y sarampión debilita todavía más sus defensas y los pone al límite con complicaciones derivadas como neumonía o diarrea. La prioridad en estas emergencias es vacunar de sarampión y tratar inmediatamente todos los casos identificados”, explica Susan Shepherd, nutricionista de MSF.

Aumenta el número de afectados
Los proyectos de MSF en Somalia han detectado un constante incremento de casos de sarampión. Desde enero hasta la fecha se han registrado 3.049. Incluso antes del inicio de la crisis nutricional actual había ya una marcada tendencia al alza de casos. Entre mayo y septiembre se registraron 2.132, lo que supone que en solo cuatro meses se registró el 70% de los casos de sarampión de un año normal.

En el distrito de Hodan, donde MSF ha instalado uno de los tres CNTI que gestiona en Mogadiscio, más del 50% de los niños severamente desnutridos padece también sarampión. Estos niños son aislados del resto para prevenir el contagio.

Los equipos de MSF en el sur del país también han visto brotes de sarampión en Marere, donde trabaja para contener la infección, mientras que el resto de programas en la capital tratan a los afectados a través de sus programas nutricionales terapéuticos y sus servicios ambulatorios. Los equipos de prevención comunitaria de MSF trasladan de inmediato a los pacientes con síntomas de sarampión. La rapidez es vital para iniciar el tratamiento cuanto antes y prevenir la aparición de complicaciones como infecciones respiratorias.

El legado de dos décadas de conflicto interno, la ausencia de desarrollo y el consecuente colapso del sistema de salud en Somalia han supuesto que los niveles de vacunación entre la población sean extremadamente bajos (un 30% según la Organización Mundial de la Salud). Esto explica el preocupante hecho de que MSF también esté tratando a adolescentes y adultos con sarampión en sus programas.

Objetivo: detener la enfermedad
MSF ha vacunado a más de 50.000 niños contra el sarampión aprovechando actividades de promoción de salud comunitaria y campañas de vacunación a pequeña escala. La posibilidad de llevar a cabo campañas masivas de inmunización, que serían la primera opción para evitar brotes epidémicos, es extremadamente complicada en Somalia por la falta de seguridad a la que se enfrentan los equipos médicos. Una vacunación masiva requiere diferentes equipos integrados por al menos 10 personas previamente formadas, equipadas y movilizadas. Todo ello supone un enorme esfuerzo logístico que incluye el imprescindible mantenimiento de la cadena de frío.

Llevar a cabo esto en Somalia hoy en día es extremadamente complicado. Hay que entablar interminables negociaciones con líderes locales, autoridades y grupos armados que controlan regiones enteras del sur y el centro del país, y tratan de imponer sus propias condiciones en aspectos que afectan a la logística, la contratación de personal o hasta al alquiler de vehículos. Todo ello, unido a la violencia del conflicto en el país, convierte a Somalia en uno de los lugares del mundo más complicados para que la asistencia médico-humanitaria llegue a la población local.

MSF trabaja ininterrumpidamente en Somalia desde 1991. En la actualidad presta atención primaria de salud en ocho regiones, con un equipo que alcanza los 1.400 trabajadores somalíes. Apoyados desde Nairobi (Kenia), los programas de MSF en Somalia, facilitan el acceso a servicios de atención primaria, cirugía, tratamiento nutricional, así como apoyo a la población desplazada mediante servicios sanitarios y provisión de agua y saneamiento en nueve proyectos en el sur y el centro de Somalia. MSF también opera en campos de refugiados somalíes en Kenia y Etiopía.


El anuncio por parte de una de las principales facciones armadas en Somalia, Al-Shabaab, de que las organizaciones de ayuda internacionales serían bienvenidas en los territorios bajo su control, ha abierto una puerta a la esperanza para la ampliación de una ayuda que es desesperadamente necesaria dentro del país. Médicos Sin Fronteras ya ha anunciado que ampliará y expandirá sus operaciones en la zona.

El equipo de MSF sale cada día al desierto para dar ayuda médica a los refugiados. Kenia, Marzo 2011 © Nenna Arnold /MSF

“MSF ha estado trabajando ininterrumpidamente en Somalia durante más de dos décadas, gestionando programas médicos a gran escala”, explica Joe Belliveau, coordinador de operaciones de MSF. “Durante este periodo de dominio de Al-Shabaab, hemos conseguido mantener nuestros programas, pero las restricciones impuestas al aprovisionamiento y a la presencia de personal internacional nos han impedido ampliar más nuestra respuesta. Esperamos que tras la declaración de Al-Shabaab estas restricciones desaparezcan”.

Los equipos de MSF están trabajando al límite de sus posibilidades en varios emplazamientos dentro de Somalia, y están asistiendo a refugiados exhaustos que cruzan las fronteras somalíes rumbo a Etiopía y Kenia.

“Actualmente tenemos a más de 3.400 niños registrados y la mayor parte de nuestros programas nutricionales terapéuticos en Somalia han superado sus propias capacidades. Estamos gestionando proyectos nutricionales de emergencia en varias zonas de la región del valle de Lower Juba, y en las regiones de Galgaduud, Mudug, Lower Shabelle y Bay. Durante las últimas semanas, hemos visto un marcado aumento en el número de casos y hemos comprobado como hay cada vez más personas viajando cientos de kilómetros para acceder a atención sanitaria y tratamiento para sus hijos desnutridos”, añade Belliveau.

En muchas áreas de pastoreo de la parte oriental del Cuerno de África, este año pasado ha sido uno de los más secos de las últimas décadas. Durante las últimas dos estaciones de lluvia, la pluviosidad ha sido muy baja, y el impacto de la sequía se ha visto exacerbado por los elevados precios de los cereales, un exceso de mortalidad entre el ganado, los diferentes conflictos armados y el restringido acceso a los servicios de salud y a la ayuda humanitaria en algunas zonas. Como ya es sabido, grandes partes de Somalia han vivido más de dos décadas de una devastadora guerra civil, y la población desplazada tiene enormes dificultades para acceder a los pocos lugares donde llega la ayuda alimentaria y la atención sanitaria.

Ader Mohammud, de 19 años y madre de una niña, viajó unos 250Km para llevar a su hija en un estado muy débil al centro de tratamiento de MSF en Galcaayo. Cuando llegaron al final de su penoso viaje, su hija Najmo, de 11 meses, estaba al borde de la muerte “No podía permitirme los gatos del transporte (200.000 SOS ~ que equivalen a unos 6 euros) y no cuento con ningún apoyo en Galcayo. Sobrevivo con lo que otros pacientes y cuidadores me dan”. Ader no sabe cómo va a arreglárselas para regresar a su hogar, y cree que la única solución para poder pagar el transporte hasta su casa será vender la ración que le entregarán cuando su hija sea dada de alta.

La situación es también muy dramática en otras zonas de Somalia, “En la ciudad de Marere , en el sur de Somalia, hemos observado que los casos de desnutrición severa procedentes del valle de Juba se han disparado”, declara Belliveau. “La mayor parte de las camas del hospital en Marere están actualmente ocupadas por niños desnutridos que necesitan cuidados intensivos, y ya hemos reclutado a personal adicional de refuerzo”.

Mientras tanto, decenas de miles de somalíes han tenido que huir de Kenia y Etiopía en busca de asistencia. Los campos de Dadaab, al este de Kenia, no dejan de crecer de forma descontrolada con la llegada masiva de nuevos refugiados. Una evaluación en la periferia de uno de los campos de Dadaab realizada por los equipos de MSF reveló elevadas tasas de desnutrición entre los recién llegados (una tasa del 37,7% de desnutrición aguda global y un 17,5% de desnutrición aguda severa). Como consecuencia de ello, solamente en el mes de junio, MSF admitió a 320 niños en su centro nutricional terapéutico intensivo, lo que supone tres veces más ingresos que en el mismo mes del año anterior. La encuesta también desveló que un 43,3% de los niños de edades comprendidas entre los cinco y los diez años estaban desnutridos.

Además, MSF quiere insistir en la gravedad que suponen los retrasos a la hora de prestar asistencia a los refugiados recién llegados. Desde el 30 de junio, los refugiados reciben comida para 15 días a partir de su llegada, pero tienen que esperar hasta 40 días la distribución de una segunda ración. “Las familias que llegan a Dadaab lo hacen en busca de un refugio seguro, por lo que resulta totalmente inaceptable que tengan que esperar tanto tiempo para recibir comida y agua, la forma más básica de asistencia”, exclama Emilie Castaigner, coordinador general en funciones de MSF en Kenia.

En la localidad de Dolo Ado, al sudeste de Etiopía (zona de Liben, estado regional somalí), unos 1.400 refugiados de media cruzan la frontera cada día, y sólo en un día, el pasado 28 de junio, llegaron a cruzar 27.000. Dolo Ado ya alberga a casi 100.000 refugiados en campos inicialmente diseñados para 45.000 personas. A su llegada al campo de tránsito, antes de llegar a los campos de reasentamiento, los equipos de MSF han comprobado que un 37% de los niños menores de 5 años presentaban desnutrición. MSF actualmente está tratando a más de 6.800 niños en estos programas nutricionales.

“MSF está incrementando su capacidad en estos campos, pero ya hemos alcanzado nuestro límite operacional” , admite Alfonso Verdú, responsable de las operaciones de MSF en Etiopía. ”Es imprescindible que otras organizaciones se comprometan a combatir la crisis nutricional, y que las que actualmente están trabajando en la región asuman sus responsabilidades. Es la única manera de evitar la muerte de muchas personas vulnerables”.