MÉDICOS SIN FRONTERAS

En una carta abierta publicada el lunes 16 de setiembre de 2013, un grupo de más de 50 eminentes doctores advierten sobre una catástrofe médica en Siria y hacen un llamamiento para que quienes están sufriendo tengan acceso médico y humanitario.

© Robin Meldrum / MSF

En el debate sobre las armas químicas y las acciones militares, se ha olvidado el increíble tormento diario que sufren los sirios. Esperamos que estos médicos de renombre mundial obtendrán la atención de los líderes mundiales y podrán convencerlos para acabar con las desmedidas restricciones en materia de ayudas y asistencia médica vital.

La carta está firmada por el Dr. Unni Karunakara, presidente internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF) y el Dr. Paul McMaster, un cirujano que trabaja con MSF en Siria. Otros firmantes incluyen: ex-líderes mundiales, ganadores del premio Nobel y responsables de muchos de los organismos médicos más importantes del mundo.

Con firmantes de 20 países – entre ellos Rusia, China, Brasil, India, Egipto, Turquía, el Reino Unido, EE.UU. y Francia – la carta es un símbolo extraordinario de unidad entre los profesionales de la medicina. La carta (ver más abajo) fue publicada en la prestigiosa revista médica The Lancet:

Carta abierta: Dejadnos tratar a los pacientes en Siria

El conflicto en Siria ha dado lugar a lo que es posiblemente una de las peores crisis humanitarias del mundo desde el final de la Guerra Fría. Se estima que 100.000 personas han sido asesinadas [1] – la mayoría de ellas civiles – y muchas más han resultado heridas, torturadas o han sido víctimas de abusos. Millones de personas han sido expulsadas de sus hogares; innumerables familias han sido divididas; y comunidades enteras han sido destrozadas. No debemos permitir que las consideraciones de una intervención militar imposibiliten nuestra capacidad de concentrarnos en poder ayudarles.

Como médicos y  profesionales de la medicina de todo el mundo, la magnitud de esta emergencia nos deja horrorizados. Estamos consternados por la falta de acceso a la atención médica para los civiles afectados y por los ataques deliberados contra instalaciones y personal médico. Es nuestro deber profesional, ético y moral el de proporcionar tratamiento y atención a quien lo necesite. Cuando no podemos hacerlo personalmente, estamos obligados a pronunciarnos a favor de los que están arriesgando sus vidas para proporcionar asistencia vital.

Ataques sistemáticos a los profesionales médicos, las instalaciones, y los pacientes están rompiendo el sistema sanitario de Siria, haciendo casi imposible que los civiles reciban los servicios médicos esenciales. El treinta y siete por ciento de los centros médicos sirios han sido destruidos y otro veinte por ciento están severamente dañados. Clínicas improvisadas se han convertido en centros de emergencia en toda regla, y luchan para atender a los heridos y enfermos. Se estima que unos 469 trabajadores de la salud están actualmente encarcelados [2] y alrededor de 15.000 médicos se han visto obligados a huir al extranjero [3]. Según un informe, había 5.000 médicos en Alepo antes de que comenzara el conflicto, y solo quedan 36 [4].

Los ataques dirigidos contra las instalaciones y el personal médico son deliberados y sistemáticos, y no una consecuencia inevitable o aceptable de los conflictos armados. Estos ataques son una violación inconcebible del principio de neutralidad médica.

El número de personas que requieren asistencia médica está aumentando exponencialmente, como resultado directo del conflicto e indirectamente por el deterioro del otrora sofisticado sistema de salud pública y la carencia de cuidados curativos y preventivos adecuados. Terribles heridas quedan desatendidas, las mujeres dan a luz sin asistencia médica, hombres, mujeres y niños son sometidos a cirugía de urgencia sin anestesia y las víctimas de violencia sexual no tienen dónde recurrir.

La población siria es vulnerable a brotes de hepatitis,  fiebre tifoidea, cólera o disentería [5]. La falta de productos farmacéuticos ya ha exacerbado un brote de leishmaniasis cutánea, una severa enfermedad infecciosa de la piel que puede causar discapacidad grave; se ha producido un aumento alarmante en los casos de diarrea aguda [6] y en junio las agencias de ayuda reportaron una epidemia de sarampión extendiéndose por los distritos del norte de Siria. En algunas áreas, los niños nacidos desde que se inició el conflicto no han recibido las vacunas, lo que significa que las condiciones para una epidemia – que no respetaría las fronteras nacionales – están dadas.

Con el sistema de salud sirio llegando al límite, los pacientes que luchan contra enfermedades crónicas como el cáncer, la diabetes, la hipertensión y las enfermedades del corazón, y que requieren asistencia médica a largo plazo, no tienen dónde acudir en busca de la atención médica esencial.


Grandes zonas de Siria están completamente aisladas de cualquier tipo de asistencia médica

La mayor parte de la asistencia médica está siendo suministrada por el personal médico sirio, pero están enfrentados a una necesidad masiva y unas condiciones peligrosas. Las restricciones gubernamentales, junto con la rigidez y la burocracia en el sistema de ayuda internacional, están empeorando las cosas. Como resultado, gran parte de Siria está completamente aislada de cualquier tipo de asistencia médica.

Los profesionales médicos tienen la obligación de tratar, de la mejor manera posible, a cualquier persona que lo necesite. A toda persona herida o enferma se le debe permitir el acceso al tratamiento médico.

Como médicos y  profesionales de la salud, exigimos urgentemente que a los colegas médicos en Siria se les permita y sean apoyados para tratar a los pacientes, salvar vidas y aliviar el sufrimiento, sin el temor de ataques o represalias.

Para aliviar el impacto de este conflicto sobre los civiles y de los ataques deliberados contra el sistema de salud y para apoyar a nuestros colegas médicos, hacemos un llamamiento:

 

  • Al Gobierno de Siria y todas los grupos armados, para que se abstengan de atacar hospitales, ambulancias, servicios médicos y suministros, a los profesionales de la salud y a los pacientes;

 

  • Al Gobierno sirio, para que permita el acceso a tratamiento a todos los pacientes y que responsabilice a los autores de tales violaciones de acuerdo con las normas legales reconocidas internacionalmente;

 

  • A todos los actores armados, para que respeten las funciones propias de los profesionales médicos y la neutralidad médica, permitiendo que los profesionales de la salud traten a cualquier persona con necesidad de atención médica y que no interfieran con el correcto funcionamiento de los centros de salud;

 

  • A los gobiernos que apoyan a las partes de esta guerra civil para que exijan que todos los actores armados pongan fin inmediatamente a los ataques contra el personal médico, las instalaciones, los pacientes, los suministros médicos y que permitan que los suministros y la atención médica llegue a los sirios, ya sea cruzando los frentes de batalla o a través de las fronteras de Siria;

 

  • A la ONU y a los donantes internacionales para aumentar el apoyo a las redes médicas de Siria, tanto en las áreas del gobierno como en las de la oposición, donde, desde el comienzo del conflicto, los profesionales de la salud han arriesgado sus vidas para proporcionar los servicios esenciales en un ambiente extremadamente hostil.

 

Lista de firmantes:

1. Dr. Salim S. Abdool Karim (Suráfrica), Presidente del Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica y Director del Centro para el Programa de Investigación del Sida en Sudáfrica, Escuela de Medicina Nelson R. Mandela, Universidad de KwaZulu-Natal.

2. Dr. Peter Agre (EE.UU.), profesor de la Facultad de Salud Pública Johns Hopkins’ Bloomberg, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos en la Academia Nacional de Ciencias y  co-ganador del Premio Nobel de Química 2003.

3. Dr. Salah Al Ansari (Arabia Saudita), Director Ejecutivo de la Comisión de Medicina Islámica y  de la Asamblea Mundial de la Juventud Musulmana.

4. Dr. Neil Arya (Canadá), ex presidente de Médicos para la Supervivencia Global, director fundador de la Oficina de Salud Global en la Universidad de Western y co-editor de ‘Paz a través de la Salud’.

5. Dra. Deborah D. Ascheim (EE.UU.), Presidente del Consejo de Administración de Médicos por los Derechos Humanos, Profesora Asociada y Directora de la Clínica de Investigación en el Departamento de Salud, Pruebas científicas y Políticas en el Mount Sinai, Nueva York.

6. Dra. Holly Atkinson (EE.UU.), ex presidente de Médicos por los Derechos Humanos y Director adel Programa de Derechos Humanos Mount Sinai Salud Global, en la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai en Nueva York.

7. Dr. Roberto Luiz d’Ávila (Brasil), Presidente del Consejo Federal de Medicina de Brasil.

8. Dr. Hany El Banna (Egipto / Reino Unido), patólogo, fundador del Foro Humanitario y
de Ayuda Islámica y Presidente del Fondo Internacional contra el VIH.

9. Dr. Ahmad Hassan Batal (Siria / Bahrein), Profesor de Oftalmología, Presidente del
Centro Oftalmológico Batal, y miembro de la Asociación Médica de los expatriados sirios

10. Prof. Dominique Belpomme (Francia), Profesor de Oncología, Director del European Cancer and Environment Research Institure (ECERI), y Presidente de la Asociación para la Investigación Terapéutica anti-cancerosa (ARTAC).

11. Dra. Gro Harlem Brundtland (Noruega), es Directora General de la Organización Mundial de la Salud, exPrimera Ministra de Noruega y miembro de The Elders.

12. Dr. Richard Carmona (EE.UU.), 17˚ Cirujano General de los Estados Unidos.

13. Sir Iain Chalmers (Reino Unido), investigador de los servicios de salud británicos, uno de los fundadores de la Colaboración Cochrane y coordinador de la Iniciativa James Lind.

14. Dr. Lincoln Chen (EE.UU.), Presidente de BRAC-EE.UU.

15. Yaolong Chen (China) Editor, Tratamientos pruebas interactivas, uno de los fundadores del Centro chino GRADE .

16. Sir Terence English (Reino Unido / Sudáfrica),  ex presidente del Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra, expresidente de la Asociación Médica Británica. Realizó exitosamente el primer trasplante de corazón en Gran Bretaña.

17. Profesor Atul Gawande (EE.UU.), cirujano, escritor y profesor de la Escuela de Salud Pública y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.

18. Dra. Elizaveta Glinka (Rusia), fundadora y presidente de la ONG “Sanidad Paliativa” Spravedlivaya Pomosh (Ayuda Justa).

19. Dra. Fatima Haji (Bahrein) reumatóloga y especialista en Medicina Interna en el Complejo Médico Salmaniya.

20. Dra. Rola Hallam (Siria / Reino Unido), con el comité médico sirio y secretaria de la Sociedad Mundial de Anestesia, Asociación de anestesistas de Gran Bretaña e Irlanda.

21. Dra. Fatima Hamroush (Libia), ex ministro de Salud en el Gobierno de transición libio y presidente de Irish Libyan Emergency Aid.

22. Prof. Dr. Harald zu Hausen (Alemania), ganador del Premio Nobel de Medicina 2008.

23. Dra. Monika Hauser (Alemania) ginecóloga y directora general de Medica Mondiale.

24. Dr. Jules Hoffmann (Francia), ganador del Premio Nobel de Medicina 2011.

25. Dr. Richard Horton (Reino Unido) editor de The Lancet.

26. Dr. Unni Karunakara (India), Presidente Internacional de Médicos sin Fronteras.

27. Dr. Michel Kazatchkine (Francia), Secretario General de la ONU enviado especial para VIH / SIDA en Europa oriental y Asia Central.

28. Dr Kerem Kinik (Turquía), presidente de Médicos Worldwide en Turquía.

29. Dr. Sergey Kolesnikov (Rusia), Co-Presidente del IPPNW ruso, profesor de la Universidad Estatal de Moscú, y Co-Presidente del Movimiento Social de toda Rusia para la Protección de las Personas.

30.  Prof. Dr. Sebnem Korur Fincanci (Turquía), Presidente de la Fundación de Derechos Humanos de Turquía y uno de los fundadores de la Asociación Turca de Medicina Legal.

31.  Dr. Robert Lawrence (EE.UU.), profesor de Ciencias de Salud Ambiental, Políticas de Salud y Salud Internacional en la Facultad John Hopkins’ Bloomberg de Salud Pública, fundador del Centro para un Futuro Habitable en la Facultad John Hopkins Bloomberg de Salud Pública y co-fundador de Médicos para los Derechos Humanos.

32.  Dr Kgosi Letlape (Sudáfrica), Presidente de la Asociación Africana de Medicina y Director Ejecutivo de la Tshepang Trust.

33.  Dr. Mohammed G.A. Al Maadheed (Qatar), Presidente de la Media Luna Roja de Qatar y vicepresidente de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Asia).

34.  Serigne Magueye Gueye (Senegal) cirujano de fístula, profesor de Cirugía / Urología en la Universidad Cheikh Anta Diop y Jefe de Urología- Andrología, Hospital General Gran Yoff y ganador de la Medalla de la ONU por la Paz en Ruanda.

35.  Dr Jemilah Mahmood (Malasia), fundador y ex presidente de la Sociedad de Ayuda Médica de Malasia, miembro del Consejo de DARA, ganador del Premio Isa por Servicio a la Humanidad.

36.  Dr Paul McMaster (Reino Unido) cirujano, trabajando con Médicos Sin Fronteras en Siria.

37.  Dr. Denis Mukwege (RDC), fundador y director médico del Hospital Panzi en la provincia de Kivu Sur, República Democrática del Congo.

38.  Dr Robert Mtonga (Zambia), Co-Presidente de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear.
 
39.  HE Dr. Laila Negm (Egipto), Director del Departamento de Salud Humanitaria, Liga de los  Estados Árabes.

40.  Dr. Rose Nyabanda (Kenia), Jefe de Radiología en el Hospital Nacional Kenyatta, Kenia.

41.  Profesor Sir Michael Rawlins (Reino Unido), Presidente de la Real Sociedad de Medicina.
 
42.  Dr. Tilman A Ruff (Australia), profesor asociado en el Instituto Nossal para la Salud Global de la Universidad de Melbourne, Co-Presidente de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear.

43.  Profesor Hamid Rushwan (Sudán/Reino Unido), Presidente ejecutivo de la Junta de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia.

44.  Dr Abdulghani Sankari (EE.UU.), ex Vice-Presidente de la Sociedad Médica Sirio-Americana, médico e investigador, Wayne State University-Centro de Investigación y desarrollo de Servicios de Salud VA del Departamento de Asuntos de Veteranos de los Estados Unidos.

45.  Dr Eloan dos Santos Pinheiro (Brasil), ex Director de la Fundación Oswaldo Cruz.

46.  Dr Babulal Sethia (Reino Unido), Presidente Electo de la Real Sociedad de Medicina del  Reino Unido.

47.  Dr. Imtiaz Sooliman (Sudáfrica), fundador y presidente del “Regalo de los Dadores”, la mayor organización de respuesta a desastres de África.

48.  Dra. Laila Taher Bugaighis (Libia), Directora General Adjunta del Centro Médico de Bengasi, miembro de la RCOG de Londres, Profesora Titular, fundadora del Comité Nacional de Protección Contra la Violencia, y co-fundadora de la Organización Democrática Al Tawafuk Al Watani.

49.  Prof. Prathap Tharyan (India), Profesor de Psiquiatría de la Universidad Médica Cristiana (Vellore, India), Coordinador de la Red Cochrane de Asia del Sur y miembro del Grupo Asesor Científico de la OMS-ICTRP.

50.  Dr Michael VanRooyen (EE.UU.), Profesor de Medicina en la Universidad de Medicina de Harvard, Director de la División de Salud Internacional y Programas Humanitarios del Departamento de Medicina de Emergencia, Hospital Brigham y Hospital de Mujeres y Director de la Iniciativa Humanitaria de Harvard.

51.  Dr. Vasiliy Vlassov (Rusia), Presidente de la Sociedad Rusa para Pruebas basadas en la Medicina.

52.  Profesor Ron Waldman (EE.UU.), Presidente de la Junta Directiva de Médicos del Mundo, EE.UU., Editor en Jefe de Salud Global: Ciencia y Práctica.

 

Notas

[1] Ban Ki-Moon, Secretario General ONU - http://www.bbc.co.uk/news/world-middle-east-23455760

 

[2] Centro de documentación de violaciones - http://www.nytimes.com/2013/03/24/world/middleeast/on-both-sides-in-syri…

 

[3] Tom Bollyky, alto miembro del Consejo de Relaciones Exterioreshttp://www.ipsnews.net/2013/05/syrian-attacks-on-health-care-system-terr…

 

[4]  Conjunto de Evaluación Rápida del norte de Siria -http://www.irinnews.org/pdf/aleppo_assessment_report.pdf

 

[5] OMS - http://www.emro.who.int/press-releases/2013/disease-epidemics-syria.html

 

[6] OMS - http://www.emro.who.int/press-releases/2013/disease-epidemics-syria.html

 

 

 


Los violentos enfrentamientos sectarios entre residentes de dos de los barrios más desfavorecidos de Líbano están dejando al ciudadano común atrapado en el fuego cruzado mientras luchan por tener acceso a la atención médica y continuar con sus vidas. Los equipos de MSF están proporcionando servicios médicos a las personas en ambos lados del frente de batalla.

© Alla Karpenko/MSF

La calle Syria, ubicada en la ciudad de Trípoli, al norte de Líbano es el frente de batalla de un violento conflicto que ha estallado entre dos barrios vecinos. De un lado de la calle está Jabal Mohsen, un barrio alauita donde viven alrededor de 60.000 personas hacinadas en una superficie de 2.5km cuadrados. Del otro lado de la calle se encuentra Bab al-Tabbaneh, hogar en su mayoría de musulmanes sunitas y uno de los distritos más pobres del país.

Ambos lados de la calle están marcados con escaparates dañados, revelando las cicatrices de un conflicto que se ha venido arrastrando por décadas. Pero en los últimos dos años, la violencia entre los barrios rivales se ha incrementado de forma dramática haciéndose eco de la guerra en el vecino país deSiria.

Cuando estallan los enfrentamientos, cuyo resultado es frecuentemente un elevado número de víctimas, los residentes de ambos lados quedan atrapados literalmente dentro de una zona de guerra. Cuando se desató la violencia en mayo de 2013, murieron al menos 35 personas y 250 más resultaron heridas. Desde que se inició el conflicto de Siria en Marzo de 2011, han muerto más de 190 personas y 1.200 han resultado heridas en la lucha entre los dos distritos.

A pesar de sus diferencias sectarias, ambas comunidades padecen la misma pobreza y hacinamiento y ambas tienen enormes necesidades de atención médica, todo esto agravado por la reciente llegada de un gran número de refugiados procedentes de Siria.

“Ambos barrios presentan indicadores económicos muy bajos, alrededor de 80 por ciento de la población vive con menos de 4 dólares al día, tienen escaso acceso a la atención médica barata y no cuentan con seguro médico”, dice Sébastien Vidal, coordinador de terreno de MSF en Trípoli. “Esta situación se ha exacerbado debido a la afluencia masiva de refugiados sirios durante el último año, que representan una carga adicional a las ya vulnerables comunidades locales”.

Jabal Mohsen: cuidados médicos básicos y estabilización de heridos

Jabal Mohsen es un denso asentamiento situado en una ladera con vista a la ciudad de Trípoli. Durante los enfrentamientos, las tiendas y las escuelas cierran y muchos residentes dejan de ir a trabajar, mientras tanques del ejército libanés bloquean la calle Syria, en un intento por imponer la paz mediante la separación física de los dos barrios.

Con todas las entradas bloqueadas, entrar y salir de Jabal Mohsen es casi imposible. La gente de la zona enfrenta enormes dificultades para tener acceso a la atención médica más básica y no les queda más remedio que intentar cruzar el frente de batalla para recibir tratamiento médico de urgencia.

“No hay hospitales aquí”, dice Vidal. “Una mujer que está de parto o un paciente que necesite atención médica de urgencia sólo pueden llegar al hospital más cercano en el centro de Trípoli, cruzando el barrio que consideran hostil”.

En Noviembre de 2012, MSF empezó a proporcionar atención médica en la clínica de Jabal Mohsen, el único centro de salud de la zona. “Desde que comenzamos a ofrecer servicios médicos, el flujo de pacientes ha sido constante, nuestros doctores y enfermeras trabajan incansablemente para responder a las necesidades”, dice Vidal. Y cuando estallan los combates, el equipo se asegura de que los residentes tengan acceso continuo a la atención médica básica. “Definitivamente esto incluye estabilizar a los heridos antes de que puedan ser referidos fuera del enclave, cuando y como la situación de la seguridad lo permita”.

Nueva clínica de Bab al-Tabbaneh cada día con más trabajo

Bab al-Tabbaneh, al otro lado de la calle Syria, es hogar de casi 80.000 libaneses, así como de un creciente número de refugiados sirios. “Este barrio es uno de los distritos más desfavorecidos de Líbano y el acceso a los servicios médicos es muy bajo”, dice Vidal. MSF abrió una clínica en Bab al-Tabbaneh, en abril de 2013. “El día de la apertura, la clínica ya estaba llena de pacientes, la mayoría de ellos mujeres y niños que nunca habían tenido acceso a servicios médicos gratuitos o accesibles”, dice Vidal.

En esta clínica, dos médicos y dos enfermeras proporcionan consultas y tratamientos gratuitos a un promedio de sesenta pacientes cada día. Alrededor de 20 por ciento de los cuales son refugiados sirios, un grupo particularmente vulnerable.

“La mayoría de los pacientes son niños pequeños que padecen de infecciones respiratorias o gastroenteritis debido a las difíciles condiciones de vida”, dice Vidal. “Muchos de los niños también sufren por falta de hierro y vitaminas pues no tienen acceso a alimentos ricos en nutrientes, lo cual los vuelve más vulnerables a las infecciones”. Desde abril y hasta finales de julio de 2013, más de 3.500 pacientes recibieron atención médica en la clínica.

Respuesta ante las emergencias médicas

Además de proporcionar atención médica básica en Jabal Mohsen y Bab al-Tabbaneh, MSF da apoyo a la sala de emergencias del Hospital Gubernamental de Trípoli (TGH), el único hospital público al norte del país. Desde mayo de 2012, MSF ha estado formando al personal del hospital y ha proporcionado los suministros médicos y equipos necesarios para enfrentar emergencias médicas agudas. Cuando la violencia estalla entre los residentes de Jabal Mohsen y Bab al-Tabbaneh, alrededor del 40 por ciento de los heridos son generalmente admitidos en el Hospital Gubernamental de Trípoli.

Desde que los refugiados sirios comenzaron a desbordarse hacia Líbano en Noviembre de 2011, MSF ha estado adaptando su respuesta a la crisis iniciando nuevos proyectos médicos en el país. Si bien la comunidad libanesa ha hecho un esfuerzo enorme por integrar y ayudar a los refugiados, su capacidad para hacer frente a esta situación –especialmente en áreas ya empobrecidas como Trípoli o el Valle de Bekaa– está llegando a su límite.

“Es esencial garantizar el apoyo a los refugiados sirios, pero también a las comunidades en Líbano que los reciben”, dice el doctor Gustavo Fernández, responsable de MSF para Líbano. “MSF tiene el compromiso de seguir proporcionando atención médica de calidad a todas las personas, independientemente de su religión o afiliación política”.

 


El viernes 23 de agosto de 2013, dos bombas explotaron cerca de dos mezquitas en Trípoli, dejando como resultado alrededor de 800 personas heridas y 48 muertos, según estimaciones oficiales. MSF trató a ocho heridos en la clínica de Jabal Mohsen y a diez más en la clínica de Bab al-Tabbeneh. Siete de los pacientes tenían heridas muy graves y fueron trasladados al hospital. Más de 50 heridos con necesidad de cuidados intensivos fueron admitidos en la sala de emergencias del Hospital Gubernamental de Trípoli.

 


Un cirujano sirio de Médicos Sin Fronteras (MSF), Mohamed Abyad, ha sido asesinado en el norte del país. Su cadáver fue hallado el 3 de septiembre en la provincia de Alepo. Tenía 28 años.

MSF

Un cirujano sirio de Médicos Sin Fronteras (MSF), Mohamed Abyad, ha sido asesinado en el norte del país. Su cadáver fue hallado el 3 de septiembre en la provincia de Alepo. Tenía 28 años.

MSF expresa sus más sinceras condolencias a la familia y los amigos del doctor Abyad, que trabajaba en un hospital de la organización tratando a las víctimas del conflicto.

Aunque las circunstancias exactas del asesinato aún no han sido aclaradas, MSF condena este ataque contra un cirujano que trabajaba de forma incansable para mejorar la situación humanitaria en la zona mientras su propio país estaba en guerra.

“Su muerte es una pérdida terrible para la familia, para los pacientes que trataba y para MSF”, dice Joan Tubau, director general de MSF. “Estamos indignados por este ataque contra un cirujano joven y motivado que trabajaba para salvar las vidas de los sirios afectados por el conflicto”.

En estos trágicos momentos, MSF reitera la obligación de asegurar la protección de los trabajadores humanitarios. MSF está seriamente preocupada por este tipo de ataques, que tienen un impacto directo en la capacidad de las organizaciones humanitarias para ofrecer asistencia médica.

 

 


El personal internacional y nacional de MSF trabaja en seis hospitales y cuatro centros de salud del norte de Siria. Desde junio de 2012 a finales de junio de 2013, los equipos de MSF han llevado a cabo 55.000 consultas médicas, 2.800 operaciones quirúrgicas y han atendido 1.000 partos en Siria.


En los últimos dos días, los Gobiernos de Estados Unidos y de otros países se han referido a informaciones de varias organizaciones, entre ellas Médicos Sin Fronteras (MSF), para declarar que el uso de armas químicas es “innegable” y señalar a los responsables. MSF advierte que su información médica no puede ser utilizada como una prueba para certificar el origen preciso de la exposición a un agente neurotóxico, ni para atribuir la responsabilidad del suceso.

Uno de los hospitales de MSF en el norte de Siria el pasado mes de abril / Anna Surinyach

El pasado sábado día 24, MSF explicó que tres hospitales a los que da apoyo en la provincia de Damasco habían informado de la llegada de 3.600 pacientes con síntomas neurotóxicos, de los cuales 355 murieron. Aunque esa información apunta a una exposición masiva a un agente neurotóxico, MSF aclaró que se precisaba una confirmación científica de la causa de estos síntomas. La organización espera que una investigación independiente esclarezca lo que constituiría, si se confirma, una enorme e inaceptable violación del derecho internacional humanitario. MSF también declaró que, desde su papel como organización médico-humanitaria, no estaba en posición de señalar quién es el responsable del suceso.

Ahora que está teniendo lugar una investigación de la ONU, MSF se niega a que su comunicado sea usado para sustituir la investigación o justificar una acción militar. Como organización independiente médico-humanitaria, el único propósito de MSF es salvar vidas, aliviar el sufrimiento de las poblaciones afectadas por el conflicto y dar testimonio de graves sucesos, en estricto cumplimiento de los principios de neutralidad e imparcialidad.

El flujo de pacientes con síntomas neurotóxicos en la provincia de Damasco se suma a una ya de por sí catastrófica situación humanitaria, caracterizada por la extrema violencia, el desplazamiento de poblaciones y la destrucción de centros médicos. En buena parte del territorio sirio, la acción humanitaria se está viendo severamente restringida o bloqueada.


Tres hospitales de la provincia de Damasco apoyados por Médicos Sin Fronteras (MSF) han informado a la organización internacional médico-humanitaria de la llegada de aproximadamente 3.600 pacientes con síntomas neurotóxicos en un período de menos de tres horas durante la mañana del pasado día 21, de los cuales 355 fallecieron.

Desde 2012, MSF ha establecido una estrecha colaboración de confianza con las redes de médicos, así como con los hospitales y centros sanitarios de la provincia de Damasco, y les ha proporcionado medicamentos, equipamiento médico y apoyo técnico. Debido a los considerables riesgos de seguridad, ningún miembro del personal de MSF ha podido visitar estos centros.

“El personal médico de estos hospitales proporcionó información detallada a los médicos de MSF sobre un gran número de pacientes que llegaban con síntomas como convulsiones, exceso de salivación, pupilas contraídas, visión borrosa y dificultades respiratorias”, dice Marta Cañas, subdirectora de operaciones de MSF.

Para el tratamiento se utilizaron suministros proporcionados por MSF de atropina, un fármaco indicado para síntomas neurotóxicos. MSF está tratando ahora de reabastecer los almacenes vacíos de dichos centros así como de proporcionar orientación y suministros médicos adicionales.

MSF no puede confirmar científicamente la causa de estos síntomas ni establecer la autoría del ataque”, enfatiza Cañas, quien añade: “Sin embargo, la información que recibimos acerca de los síntomas de los pacientes, además del patrón epidemiológico de los hechos (la llegada masiva de pacientes en un período breve, el origen de los pacientes, así como la contaminación sufrida por los médicos y trabajadores de primeros auxilios) apuntan claramente a una exposición masiva a agentes neurotóxicos. Esto constituiría una violación del derecho internacional humanitario, que prohíbe el uso de armas químicas y biológicas”.

Además de los 1.600 viales de atropina suministrados en los últimos meses, MSF ha enviado ahora otros 7.000 a los centros de salud de la zona. El tratamiento de pacientes con síntomas neurotóxicos está ahora totalmente integrado en las estrategias médicas de MSF en todos sus programas en Siria.

“MSF espera que investigadores independientes obtengan un acceso inmediato para arrojar luz sobre lo sucedido”, dice Joan Tubau, director general de MSF. “Este último ataque y las enormes necesidades médicas que ha causado se suman a una ya de por sí catastrófica situación humanitaria, caracterizada por la violencia extrema, el desplazamiento de poblaciones y la destrucción deliberada de centros médicos”, dice Tubau, quien apostilla: “Cuando se producen estas violaciones del derecho humanitario, la ayuda humanitaria no puede responder de forma efectiva y se convierte en un sinsentido”.

MSF proporciona atención médica en Siria con dos estrategias diferentes. El personal internacional y nacional de la organización trabaja en seis hospitales y cuatro centros de salud en instalaciones dirigidas totalmente por la organización. En aquellas áreas donde MSF no puede enviar a sus propios equipos debido a la inseguridad o la falta de acceso, la organización ha desplegado durante los dos últimos años un programa de apoyo a las redes médicas sirias, hospitales y puestos de salud con fármacos, equipos médicos y asesoría técnica. A través de este programa, MSF ha prestado apoyo a 27 hospitales y 56 puestos de salud en todo el país.

Desde junio de 2012 a finales de junio de 2013, los equipos de MSF han realizado 55.000 consultas médicas, 2.800 cirugías y 1.000 partos en el país. Además, los equipos de MSF han proporcionado más de 140.000 consultas a los refugiados sirios en países limítrofes. 



Un flujo de 42.300 refugiados sirios ha huido hacia el Kurdistán iraquí a través del paso de Peshkabour desde que la frontera se reabrió el pasado 15 de agosto. Médicos Sin Fronteras (MSF) está brindando asistencia a esta población.

Refugiados sirios cruzan la frontera con el Kurdistán iraquí. © Paul Yon / MSF

Los equipos han instalado puestos de salud a ambos lados de la frontera para ofrecer consultas médicas y abastecer de agua a los refugiados que están esperando ser trasladados a los cinco campos de tránsito habilitados en las provincias de Erbil y Sulaymaniyah.

“Los refugiados dicen haber huido de diversas poblaciones sirias después de que se supiera que la frontera se había reabierto tras permanecer sellada durante meses”, dice Paul Yon, jefe de misión de MSF en Dohuk (Irak), quien añade: “La mayoría dice haber huido de sus hogares en la ciudad de Al-Malikiyah y sus alrededores después de esporádicos ataques aéreos registrados hace unos días”.

En el lado iraquí de la frontera, los equipos de MSF han realizado más de 200 consultas entre los refugiados que están esperando llegar a Erbil y Sulaymaniyah. “De momento no hemos identificado ningún problema médico grave”, explica Yon. “La mayoría de los pacientes son niños, embarazadas y madres que sufren deshidratación moderada debido a las grandes distancias que han tenido que recorrer o al tiempo que han estado esperando para cruzar la frontera. También estamos viendo casos de asma”, resume el jefe de misión.

Los equipos están ofreciendo además atención médica a los pacientes que deben ser trasladados a hospitales. Ayer, dos heridos cruzaron la frontera y fueron transportados en ambulancias al hospital de Dohuk.

En el lado sirio, un equipo de MSF trabaja sobre el terreno desde el 18 de agosto y ha abastecido de agua a 6.200 personas que estaban  esperando para cruzar la frontera. El equipo será reforzado y continuará con su labor.

“Estamos evaluando la situación y estamos preparados para mover los puestos de salud y atender las necesidades de la población”, dice Yon. MSF tiene previsto empezar en breve las consultas para los refugiados establecidos en los campos de la provincia iraquí de Erbil.

MSF trabaja desde mayo de 2012 en el campo de refugiados de Domeez (provincia de Dohuk), que acoge a 42.000 personas. La organización ofrece servicios médicos básicos y atención psicológica. MSF también planea evaluar las necesidades de los 70.000 refugiados que se han instalado en la ciudad de Dohuk

 


“Estaba embarazada de siete meses cuando llegué al Líbano,” explica Maryam de 18 años, una refugiada siria de Alepo. “Muchos de mis familiares perdieron la vida en casa. Vivía aterrorizada y con un temor constante. Tuve que caminar durante horas antes de cruzar la frontera libanesa y tuve una hemorragia. Temí abortar.”

Médicos Sin Fronteras en el Líbano. © Marjie Middleton/MSF

En abril de 2013, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Líbano abrieron un proyecto de atención a la salud reproductiva para responder a una importante necesidad entre las refugiadas en el valle de Bekaa, el principal punto de entrada para los sirios que cruzan la frontera con el Líbano. “Muchas mujeres llegan aquí solas, sin su familia ni sus maridos a los que han dejado atrás o han muerto en la guerra,” cuenta Marjie Middleton, la comadrona de MSF a cargo del proyecto. “Algunas están embarazadas y no han podido ver a ningún profesional sanitario durante su embarazo. No saben si su bebé está bien o no porque no han tenido acceso a controles prenatales. Están muy angustiadas, y la mezcla de estrés psicológico y físico es muy peligrosa para su embarazo.”

Falta de acceso a partos seguros y asequibles

Muchos refugiados no conocen a nadie en su nuevo país, por lo que les resulta difícil encontrar ayuda en la comunidad. “Las mujeres embarazadas a menudo no saben dónde ir,” declara Middleton. “Nos han contado historias de mujeres que han dado a luz solas en una tienda. Estas historias me preocupan muy especialmente porque soy comadrona y sé lo peligroso que es, y lo terrible que debe ser para una madre dar a luz asustada y sola.”

El dinero también puede ser un problema. Los controles prenatales son muy caros en Líbano, incluso para las mujeres libanesas. “Una mujer tendrá que gastar el equivalente a 20 dólares americanos sólo para ver a un médico y pagar además las vitaminas que le recete y el transporte,” observa Middleton. “Esto suele suponer más de la mitad del sueldo de una semana.”

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) actualmente cubre un 75 por ciento de los gastos que supone dar a luz para las refugiadas sirias independientemente de si constan o no oficialmente como tales en el registro (el ACNUR solía cubrir todos los gastos pero hace poco redujo la cantidad que se había comprometido a dar en un principio, pagando ahora el 75 por ciento debido a la escasez de fondos disponibles). Pero incluso ese 25 por ciento puede ser mucho más de lo que muchas familias refugiadas pueden permitirse, y sólo hay seis hospitales en el valle de Bekaa patrocinados por el ACNUR donde estas mujeres pueden dar a luz.

Los gastos ascienden a 50 dólares estadounidenses para un parto normal y a 200 si se trata de una cesárea. “Si las refugiadas no pueden pagar la cantidad estipulada, se les puede negar el acceso al hospital, o puede que se les confisque su tarjeta de refugiado, lo que suele significar quedarse sin acceso a vales de comida hasta poder saldar la deuda con el hospital,” añade Marjie Middleton.

Unas condiciones de vida deficientes suponen un peligro para los embarazos

Dar a luz en casa sin una partera cualificada conlleva importantes riesgos, que se acentúan en lugares como los que viven la mayoría de refugiados, donde las condiciones de vida suelen ser muy precarias. El hacinamiento y la insalubridad suponen riesgos para las mujeres embarazadas. Se han reportado casos de diarrea acuosa por ejemplo, “También vemos muchas infecciones del aparato reproductor entre muchas pacientes, en parte porque no han tenido acceso a la atención que necesitan durante su embarazo y debido a un acceso limitado a agua potable limpia y a unas debidas condiciones de higiene,” subraya Middleton. “Las infecciones son una de las principales causas de partos prematuros.” Una dieta deficitaria también es un problema, añade: “En muchos casos, las mujeres refugiadas no pueden permitirse los alimentos más básicos, lo que dificulta el crecimiento del bebé y que las madres lleven una vida saludable durante su embarazo. He visto casos de recién nacidos desnutridos.”

Según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), MSF tiene como objetivo practicar cuatro controles prenatales por embarazo. En caso de que haya complicaciones, refiere a las mujeres a un ginecólogo para tratamiento gratuito. Además de practicar controles prenatales en sus consultas mediante comadronas cualificadas, MSF ayuda a las mujeres a reconocer posibles signos de peligro y a planificar el parto, para que las embarazadas que llegan al Líbano sepan qué hacer cuando empiezan las contracciones o si tiene algún problema.

“Hemos atendido a mujeres que han acudido de parto a nuestras consultas y estamos preparados para las urgencias, pero no queremos animar a las mujeres a dar a luz en nuestras instalaciones,” advierte Middleton. “Aunque un 85 por ciento de los partos son normales, un hospital es un lugar mucho más seguro por si se producen complicaciones que requieran una atención especial.”

Controles posnatales y planificación familiar para responder a las necesidades

Tras el parto, tanto el bebé como la madre siguen estando en peligro. MSF ofrece controles posnatales y planificación familiar. “Intentamos que las mujeres regresen a la semana de dar a luz y después de nuevo a las seis semanas para un reconocimiento final y para iniciar la contracepción si lo desean,” dice la comadrona. “Muchas mujeres quieren tener bebés, pero hay muchas que prefieren no quedarse embarazadas.” MSF en la actualidad da respuesta al elevado interés y demanda por servicios de planificación familiar entre las mujeres refugiadas, pues muchas de ellas prefieren evitar quedarse embarazadas mientras vivan en estas condiciones tan difíciles.

“Mi marido no quiere tener otro hijo de momento, porque la situación se ha hecho insoportable en Siria y nos sentimos muy inseguros en Líbano,” explica una mujer llamada Maryam, que ha venido con su bebé de dos meses a la clínica de MSF en Baalbeck para conseguir anticonceptivos.

Algunas mujeres no han tenido la opción de la contracepción cuando huían de Siria o en el Líbano debido a la falta de información o a problemas económicos. MSF también dispensa atención sanitaria general a las mujeres refugiadas que padecen infecciones, enfermedades de transmisión sexual y cualquier otro problema de salud específico de la mujer.

 


 

MSF gestiona tres clínicas de salud reproductiva en el valle de Bekaa, al este del Líbano, desde abril de 2013. A finales de junio, comadronas libanesas cualificadas habían realizado casi 850 consultas. En Trípoli, la segunda ciudad más grande del Líbano, MSF gestiona un programa de salud reproductiva en su clínica en el hospital de Dar al Zahraa, realizando más de 450 consultas a refugiadas sirias. En enero de o 2013, MSF también empezó a ofrecer servicios de planificación familiar, realizando 118 consultas hasta finales de junio.


Los sirios se han convertido en la primera comunidad de llegada a Grecia. Último capítulo de la serie Éxodo Sirio.

Lawand Deek dejó Siria y ha llegado a Atenas © Anna Surinyach/MSF

La huida empieza así.

“Eran las cinco de la mañana. Mi hermana preparó un desayuno delicioso. Nos subimos al coche y nos fuimos a la frontera de Siria con Turquía”.

Lawand Deek, un joven sirio de 21 años, relata su éxodo en un diario que cada vez tiene más páginas. Ya de pequeño quería ir a Canadá para estudiar, pero no le concedieron el visado y se tuvo que conformar con estudiar un tiempo en Damasco. Aprendió inglés. Después de que se desatara la guerra civil, tuvo que huir de su tierra, la provincia de Ar-Raqa, a causa de los combates. Tardó poco en salir del país, pero tenía claro que no quería quedarse en un campo de refugiados.

“Crucé la frontera turca y pasé por muchas ciudades, hasta que llegamos a Estambul”, relata. Lawand contactó con un traficante para intentar entrar en la Unión Europea (UE). Se trasladó junto a un grupo de 25 sirios a la ciudad costera turca de Izmir. Desde allí, se subieron a una patera y cruzaron el mar para llegar a la isla griega de Lesbos. “Lo habíamos intentado cuatro veces. Esta es la primera vez que lo conseguimos. Había dos niños con nosotros. Yo tenía un poco de miedo porque era de noche y la embarcación era pequeña. Era muy peligroso”, recuerda Lawand. Los guardacostas griegos divisaron la patera y ayudaron a los migrantes a llegar a la costa. No siempre ha sido así: siete sirios murieron ahogados a mediados de marzo cuando intentaban alcanzar Lesbos.

Los sirios ya constituyen la primera comunidad de llegada a las islas del Egeo, puerta de entrada a Grecia y por lo tanto a la UE. “Desde 2004, la mayoría de migrantes que llegaban aquí eran afganos, pero ahora, por primera vez, hay más sirios que cualquier otra nacionalidad”, expone Ioanna Kotsioni, experta de migración de MSF. En 2012, casi 8.000 sirios llegaron a Grecia de forma ilegal. En los cuatro primeros meses de este año, la cifra asciende a 1.709. Los migrantes y refugiados solían viajar a través de la frontera terrestre de Evros, pero en verano de 2012 las autoridades griegas desplegaron a unos 2.000 agentes, construyeron una valla y tomaron medidas para frenar la migración, así que el flujo se trasladó a las islas. El año pasado, MSF lanzó intervenciones humanitarias en ambos lugares para asistir a estos migrantes, algunos de ellos detenidos durante meses. Entre ellos había 1.500 sirios.

La legislación griega permite mantener en cautiverio a los migrantes indocumentados hasta un máximo de 18 meses, pero desde abril los sirios están exentos de detención a su llegada. Lawand y sus acompañantes se quedaron una noche en el puerto de Lesbos bajo custodia de los guardacostas y otra noche en comisaría. La policía les entregó un documento que les permite quedarse en Grecia durante seis meses: tras este periodo, deben abandonar el país o pueden ser deportados si no renuevan sus papeles. También en esto los sirios son una excepción, porque el resto de migrantes tan solo disponen de un mes para permanecer en suelo heleno.

Lawand ya tiene ese papel y compra su billete de barco a Atenas. Esta vez no espera sorpresas marítimas. “No tengo palabras para explicar esta sensación. Me siento libre y muy contento de estar fuera de Siria”, sonríe el joven. El buque atraca en Atenas bajo la luz matinal. Embelesado, Lawand pisa tierra junto a sus compañeros de odisea. El recibimiento que le ofrece la capital griega son dos agentes que le cogen del brazo. La agencia de la UE que vigila las fronteras de los estados miembros (Frontex) lo retuvo durante varias horas para interrogarle. “Sabían que hablaba inglés. Me preguntaron de dónde era, cómo había llegado, quién me ayudó. Les dije todo lo que sabía y me dejaron en libertad”, cuenta Lawand una vez establecido en Atenas.

Estas no son las únicas dificultades a las que se enfrentan tanto los migrantes sirios como los de otras procedencias. “La mayoría han pagado todo su dinero a los traficantes y aquí no reciben ninguna ayuda del Gobierno”, denuncia Kotsioni, la especialista de migración de MSF. Acogerse al asilo tampoco es una solución: de las 250 solicitudes presentadas por sirios en 2012, tan solo 150 fueron examinadas y dos fueron aceptadas. “Eso quiere decir que gente que en teoría debería de estar protegida no recibe prácticamente ninguna ayuda”, lamenta Kotsioni. Muchos de los refugiados vienen de países en guerra como Afganistán, Irak o Siria y al llegar no solo no se encuentran un cálido recibimiento, sino que en ocasiones pueden ser víctimas de ataques racistas.

Para muchos, la capital helena tan solo es un lugar de paso. “No esperaba que Atenas fuera así. Imaginaba que sería como Europa, como las ciudades británicas, alemanas…”, comenta Lawand, que hasta hace poco no había salido nunca de Siria. Ha pasado un día desde que llegó a Atenas y fue sometido a un interrogatorio y se le nota cansado. Antes hablaba de Canadá, del Reino Unido, de estudiar. Ahora dice que quizá se quede un tiempo trabajando en la capital griega.

Seis semanas después, Lawand confirma a través de un mensaje de Facebook que está haciendo sus últimos preparativos: “Estoy esperando el visado para irme directamente a Canadá”.


Éxodo Sirio, capítulo tres: Estambul acoge a una comunidad siria que duda entre volver a su país o dar el salto a la Unión Europea.

Familia siria en Estambul © Anna Surinyach / MSF

A un lado, Yamán. Tiene doce años, es muy discreto y aficionado del Real Madrid. Tuvo que huir de Siria y ahora vive con su familia en un sótano en Estambul. Echa de menos su pueblo, Al-Kisswah, en las afueras de Damasco, y tiene claro que en cuanto acabe la guerra quiere volver a su país. De mayor, le gustaría ser matemático.

Al otro lado, su hermano Yanal, con un año menos. Le gusta llamar la atención y sus ídolos son los delanteros del Barça. Comparte litera con Yamán en la vivienda que consiguieron alquilar sus padres. Su sueño es salir de Estambul, dejar atrás Siria y residir en una capital europea. ¿Vocación? Periodista.

En una misma familia siria convive la lógica tensión entre el apego a la tierra y el deseo de un futuro mejor. “Si nos vamos, será legalmente”, tercia el padre de los chavales, Hassan Nasser. “Muchos sirios entran de forma ilegal en Europa a través de contrabandistas, pero es muy peligroso. Mi familia no puede hacer eso. Si me saliera algo, iría a Europa con los papeles en regla”, anota Hassan, que se retuerce de dolor en el sillón entre frase y frase.

Hassan participó en las primeras manifestaciones de opositores en marzo de 2011. Las fuerzas de seguridad sirias fueron a buscarlo a casa. Saltó desde el tercer piso y se lesionó la espalda. Un año después, se refugió en Turquía y aún no está claro si se deberá someter a una operación quirúrgica. “Si tuviera la posibilidad de ir a Europa para ser tratado, lo haría. Ojalá pudiera”, suspira. Pese a todo, Hassan aclara que su deseo más intenso es volver a su país una vez que se detenga el derramamiento de sangre.

Estambul acoge a miles de migrantes y refugiados de todos los orígenes. Una gran proporción de ellos ha escapado de rincones del mundo azotados por la guerra como Afganistán, Irak o la República Democrática del Congo. El último país en sumarse a esta lista es Siria. Los que han escapado de las bombas viven sobre todo en campos de refugiados situados a lo largo de la frontera turca con Siria, pero una minoría cada vez más amplia está llegando a Estambul y responde a un perfil bastante definido. “La mayoría de los sirios que hemos visto en Estambul están esperando aquí porque tienen suficientes recursos económicos para ello”, apunta Ghassan Abou Chaar, coordinador de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Estambul, quien añade: “Han sufrido episodios traumáticos debido a la guerra. Hemos comprobado que todavía tienen miedo a hablar con organizaciones internacionales o con la población turca. Están cerrados en sí mismos por miedo a que les identifiquen o a ser deportados de Estambul”.

Hassan no puede trabajar debido a su lesión. Los doctores discuten desde hace meses sobre la pertinencia de una complicada operación que afectaría a una de sus vértebras. Mientras, su colchón financiero se desinfla a en Estambul. Antes de la guerra, Hassan regentaba una tienda de ropa en su pueblo y disfrutaba de una posición económica desahogada. “Lo perdimos todo, no había clientes, no había nada. En mi región, incluso la gente que estaba en peores condiciones económicas que la media podía vivir dignamente al principio de la revolución, pero después muchos se quedaron sin recursos y las asociaciones caritativas los ayudaron”, reflexiona.

Historias como las de Hassan hablan de una clase acomodada que se está desmoronando. Otro ejemplo de ello es Kemal Zori. Regentaba un restaurante en Damasco. No sufrió de forma directa las consecuencias de la violencia, pero sus dos hijos fueron llamados a alistarse al ejército de Bashar al Assad. Toda la familia decidió escapar. “¿A quién iban a combatir?”, se pregunta Kemal, que admite echar de menos la vida antes de la guerra.

La mayor preocupación de Kemal en Damasco era la discriminación que sufría por pertenecer a la comunidad kurda. “Sentíamos que estábamos en el décimo escalón de la sociedad”, lamenta con gesto adusto. Uno de sus hermanos toca el laúd para intentar animar el ambiente. Están esperando la hora de cenar en un piso amplio del barrio de Kanarya, en las afueras de Estambul. La familia no está en una situación desesperada, pero es el símbolo de un grupo social desconcertado por el futuro. “Nos quedaremos aquí, estamos obligados –se resigna Kemal–.  La idea de Europa no está en mi cabeza”.


Segundo reportaje de MSF para seguir la ruta de los refugiados sirios desde la provincia de Alepo hasta Grecia: Los sirios que se refugian en el sur de Turquía arrastran las heridas físicas y emocionales del conflicto.

Familia siria que vive en un garaje en Kilis, Turquía. © Anna Surinyach / MSF

Ahmed Beidun muestra un parte médico. Es el documento que acredita la gravedad de sus heridas y que le sirvió para abandonar Siria y ser admitido en Turquía. Al conocer su situación, un vecino se compadeció y le ofreció un garaje para alojarse de forma provisional. “Los turcos se han portado muy bien con nosotros”, agradece Ahmed, enfundado en una chaqueta deportiva. “El problema es que no tengo pie. No puedo trabajar”, lamenta mientras su hijo le hace carantoñas.

Un ataque aéreo en la ciudad de Alepo, la principal del norte de Siria, cambió la vida de Ahmed. “Cayeron tres misiles –recuerda–. Mis primos me llevaron al principal hospital de Alepo, pero estaba saturado. Tenía miedo a represalias si iba a un hospital público, porque soy de un pueblo que estaba controlado por los rebeldes. Al final, fui a un hospital privado y allí me amputaron un pie”. Tras la operación, Ahmed convenció a su familia para huir del país y refugiarse en Kilis, en el sur de Turquía.

Esterillas, mantas y platos se amontonan en el garaje. Una cuerda con ropa tendida separa el área común de la cocina improvisada, donde yacen recipientes de plástico y un hornillo. A la espera de entrar en un campo de refugiados, esta es la lúgubre vivienda que ha encontrado Ahmed en Kilis, el primer lugar de paso para muchos de los sirios que huyen de la guerra hacia el norte. Ahmed vive con su familia y la de dos de sus primos: en total, dieciséis personas se hacinan en una cochera de apenas cincuenta metros cuadrados.

Ya son más de 380.000 los sirios que se han refugiado en Turquía. La mayor parte de ellos (más de 350.000) están registrados y tienen derecho a vivir en campos de refugiados habilitados por la Media Luna Roja de Turquía. Los demás esperan ser admitidos pronto o han decidido no registrarse porque prefieren tener libertad para trasladarse a otros lugares de Turquía. “Mucha gente cruza la frontera de forma ilegal. Vienen con muy poco dinero. Para ellos es difícil encontrar un lugar donde vivir si no están en los campos. La atención médica es una necesidad apremiante”, resume Alison Criado-Pérez, enfermera de una clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kilis visitada por muchos refugiados que sobreviven fuera de los campos.

En esta clínica abundan las historias de pacientes que han llegado a Turquía sin documentación porque su pasaporte ha caducado o se ha extraviado. “Es muy peligroso. Corres el riesgo de que te disparen”, explica una joven siria que ha cruzado en varias ocasiones los olivares que pueblan la frontera. Sea cual sea su situación económica, los refugiados asisten al derrumbamiento de sus vidas pretéritas y afrontan con incertidumbre el futuro. “El negocio iba muy bien”, evoca un sirio que regentaba una tienda de muebles en Alepo aplastada por un tanque.  “Echo de menos la vida antes de la guerra”, abunda mientras espera a que su esposa salga de una consulta ginecológica de MSF. La vida cotidiana de este refugiado ha dado un giro radical: antes del inicio del conflicto, viajaba a Estambul o Atenas en busca de inspiración para el diseño de minibares y decoración de dormitorios; ahora, no tiene trabajo. La guerra siria también ha golpeado a las familias con más recursos.

Cruzar la frontera no es el fin del dolor para estos sirios, sino el inicio de un duro proceso de recuperación emocional, sobre todo para los que han sufrido heridas severas o han dejado familiares atrás. Entre los refugiados hay una mayoría de mujeres y niños, un detalle que habla de la cantidad de familias divididas que anhelan el fin de la violencia para recomenzar sus vidas. Necesitan tanto atención médica como psicológica. Sonya Mounir, que supervisa a un equipo de psicólogos de MSF en Kilis centrado en los refugiados sirios, cree que el futuro constituye el principal estímulo para todos. “Nuestro objetivo es que aprendan a lidiar con su nueva situación, que tengan algo de esperanza, que tengan ideas y sueños”, resume.

Ahmed tiene esta tarea por delante: debe amoldarse a una vida lejos de su tierra y después de haber sufrido un bombardeo. Pronto cambiará el garaje por un campo de refugiados en condiciones dignas, pero sus muletas, apoyadas en la pared, invocan el episodio traumático que aún no ha superado. “Quiero un pie ortopédico”, dice una y otra vez. Cabizbajo, Ahmed no sabe cómo contestar a la pregunta de qué le gustaría hacer en el futuro: “Antes jugaba con mi hijo, ahora no puedo”.