MÉDICOS SIN FRONTERAS

En el norte de Siria, las personas que huyen de los combates y las que regresan a sus hogares corren el peligro de sufrir muertes y mutilaciones debido al impacto de minas, trampas explosivas y municiones sin detonar, fruto de los combates en la zona. Desde Médicos Sin Fronteras (MSF) publicamos “Listas para explotar”, un informe que advierte sobre el impacto devastador que tendría la detonación de estos artefactos en la población civil.

Un enfermero de MSF atiende a un paciente herido por una mina en el hospital de Kobane. Jamal Bali / MSF

Con Siria entrando en su séptimo año de guerra, el conflicto lejos de perder fuerza, se intensifica con los combates por el control de la ciudad de Raqqa, autoproclamada por el Estado Islámico (EI) como su capital. Muchos desplazados asistidos por MSF han sido víctimas de las minas, trampas explosivas y municiones sin detonar que tras años de guerra están sembrados por todas partes. La mayoría de ellos asegura que uno de sus principales miedos es que ellos mismos o sus familiares y amigos fallezcan o resulten heridos mientras huyen de las líneas de frente o cuando traten de regresar a sus hogares.

Y es que el constante cambio de posición de las líneas de frente deja un paisaje sembrado de minas, trampas explosivas y munición sin detonar en el que cientos de civiles han perdido la vida o han resultado mutilados por estos artefactos.

El 25 de noviembre de 2016, el hospital de Kobane, apoyado por MSF, recibió a ocho personas con heridas causadas por las explosiones de artefactos explosivos. Las ocho formaban parte de familias desplazadas procedentes de la zona rural del norte de Raqqa y del norte de Al Bab.

Por desgracia, no resultaba algo nuevo para el personal del hospital. Un año antes, gran parte de la población que estaba desplazada había podido regresar a sus hogares en el distrito de Ayn Al Arab / Kobane. Encontraron sus casas, calles y campos de cultivo sembrados de minas y de trampas explosivas. Todo estaba repleto de restos de bombas y proyectiles sin detonar. Meses más tarde, en el verano de 2016, una situación similar se vivió en el área de Manbij, de donde procedían más de 190 heridos por artefactos explosivos que fueron atendidos por el personal del hospital en el transcurso de tan solo cuatro semanas.

El Dr. Ahmad Al-Mulla practicando una cirugía en el hospital de Kobane. Jamal Bali / MSF

A través sus actividades médicas en el norte de Siria, MSF ha sido testigo del impacto que tienen en la población civil los restos de artefactos explosivos sin detonar, las minas y las trampas explosivas. No se trata solo del uso de armas explosivas durante las hostilidades, incluidas bombas lanzadas desde aviones. La diseminación generalizada de minas y de trampas explosivas instaladas incluso en domicilios privados, campos e instalaciones civiles está teniendo un efecto devastador en la población que regresa a sus hogares. Además, dadas las limitadas capacidades locales para limpiar estas zonas y hacerlas seguras de nuevo, todo esto tendrá un efecto a largo plazo en sus vidas.

La situación en Ain Al Arab / Kobane y Manbij es sorprendentemente similar a la reportada en otros lugares de Siria como Palmira, o a lo que también se ha visto en Ramadi (Irak) o Sirte (ciudad del norte de Libia), todos ellos escenarios de los combates contra el Estado Islámico (EI).

Lee el informe “Listas para explotar” completo aquí.

 

El precio de huir

Mohamed es un joven sirio de 35 años que consiguió escapar de Raqqa hace poco. Como él, desde 2013 muchos de los sirios que vivían en la ciudad huyeron de esta cuando comenzaron los combates entre los grupos de oposición y los ejércitos del Gobierno de Siria. En los últimos años, con el Estado Islámico (EI) controlando la ciudad y con ataques aéreos casi diarios, las posibilidades de salir de allí se han visto enormemente reducidas.

Sin embargo, quedarse no es una opción válida, lo que hace que se jueguen la vida con tal de salir de allí.

Restos de mortero de guerra en mitad de los escombros en Kobane. Jamal Bali / MSF

“Un día, mientras trabajaba en el mercado, alguien me contó que, si quería huir, debería  acercarme a las tiendas de los agricultores, esconderme, y luego emprender camino hacia el norte con alguno de los coches que salían de allí”, cuenta Mohamed. Y explica que al día siguiente él, su mujer y sus cuatro hijos fueron al lugar del que le habían hablado.

“Al día siguiente, encontramos un hombre que prometió llevarnos en coche hacia el área controlada por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). Acordé con el conductor darle 100.000 libras sirias (unos 440 euros) -todo el dinero que tenía- para llevarnos de contrabando hasta allí. Pero, una vez cerrado el trato e iniciado el camino, nos obligó a bajar del coche, nos abandonó en la carretera y se fue.

Después de un buen rato tirados, vimos a un anciano y a una mujer que viajaban en una moto. Venían en nuestra dirección (también estaban planeando escapar, me dijeron), así que les paré y les pedí ayuda. El hombre me prestó su moto para trasladar a mis hijos hacia el norte del punto de control del FDS. Decidí llevar primero a mi hijo mayor y a mi hija mientras el resto de la familia iría avanzando a pie por el mismo camino hasta que yo pudiera volver a buscarles.

Tan solo llevábamos unos 100 metros recorridos, cuando de pronto la moto pasó por encima de una mina y los tres saltamos por los aires”.

Continúa leyendo el testimonio de Mohamed pinchando aquí.

 

Urge un desminado seguro

En este momento, casi ninguna organización, ni humanitaria ni militar, está llevando a cabo actividades de desminado, lo que obliga a la población a hacer esa labor. A menudo con consecuencias letales.

“La población está arriesgando su vida para hacer más seguras sus comunidades”, dice Kleijer, responsable de MSF de emergencias para Siria. “Nos han contado que cinco hombres de Kobane se ofrecieron para retirar las minas que había en las viviendas y ganar así algo de dinero. Ninguno de ellos está vivo hoy”.

Mientras siga habiendo minas y artefactos explosivos sin detonar, la población atrapada por el conflicto no podrá huir. Y los que huyeron previamente tampoco podrán regresar a sus hogares. Del mismo modo, las organizaciones de ayuda humanitaria tampoco podrán llevar a cabo sus proyectos, lo que causará aún más sufrimiento a la población de esta región, cuyo sistema de salud se ha hecho añicos durante estos seis años de guerra.

Desde MSF hacemos un llamamiento a las partes del conflicto y a sus aliados para que garanticen la protección de los civiles y para que faciliten la llegada de ayuda humanitaria.

 

MSF gestiona seis centros médicos en el norte de Siria y proporciona apoyo a más de 150 hospitales y centros de salud en todo el país. Los equipos de MSF tratan las lesiones causadas por los dispositivos explosivos, pero no pueden luchar contra aquello que de hecho provoca estas lesiones y muertes. Los relatos incluidos en el informe ‘Listas para explotar’ constituyen solo algunos de los ejemplos del impacto de las miles de minas, trampas explosivas y munición sin estallar que quedan atrás incluso después de que los combates se hayan desplazado a otro lugar.

 


Han pasado seis años desde que se inició el conflicto armado en Siria, el considerado como el más cruel desde hace 25 años. Seis años en los que más 400.000 personas han muerto y 4,8 millones se han visto obligados a abandonar el país. Médicos Sin Fronteras hace un llamamiento para que todas las partes involucradas en el conflicto permitan la entrada de la ayuda humanitaria en el país.

 

“Todas las partes del conflicto, los países vecinos y los actores internacionales deben permitir el acceso de la ayuda médica y humanitaria y no usarla como una herramienta política”, afirma Pablo Marco, coordinador de MSF en Oriente Medio. “Además, deben permitir que aquellos que requieran de asistencia médica accedan a áreas donde puedan recibir tratamiento especializado por parte del personal sanitario. A su vez, deben asegurar la protección de las unidades de emergencia, del personal sanitario y de las instalaciones médicas”.  

Tras seis años de guerra en Siria, la población civil es la que más sufre las consecuencias de este conflicto, cada vez más letal y despiadado. Los niveles de dolor son cada vez más grandes y millones de personas siguen sin tener acceso a la salud y sus servicios más básicos. Esta es una crisis humanitaria que se ha vuelto tremendamente compleja. 13.5 millones de personas necesitan de ayuda humanitaria urgente para sobrevivir.

Las vidas de millones de habitantes han sido destrozadas. Este video de MSF te muestra las consecuencias de años de guerra.

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Los bombardeos en Siria continúan día tras día, sin respetar ni a la población civil, ni a los trabajadores humanitarios, ni los centros de salud, ni las infraestructuras básicas. Un ejemplo de ello fue el ataque a un convoy de la ONU y de la Media Luna Roja, a principios de la semana pasada. Hecho que condena enérgicamente Médicos Sin Fronteras, pues supone un ejemplo más del incumplimiento continuo de las reglas básicas de la guerra en el conflicto sirio.

Un conflicto en el que hospitales como el de Al Daqaq funcionan con muchas dificultades por los daños sufridos. Sobre cómo es el trabajo allí, a pesar de las bombas, habla en este vídeo el director médico Ali Abu al Yaman. 

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Por todo esto y todo lo ocurrido, desde MSF se reclama a las grandes potencias internacionales que intervienen aquí que asuman su responsabilidad y den pasos más concretos para poner fin a todos los ataques contra instalaciones civiles, incluidos centros médicos y convoyes de ayuda humanitaria.

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Tras el desplazamiento del frente de batalla y la ofensiva de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) en Menbij, el número de civiles que huyen de sus localidades hacia el área que circunda el río Eufrates ha aumentado.

Tanto los desplazados internos como las comunidades de acogida necesitan ayuda humanitaria urgente. Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que la pésima situación, sumada al colapso total del sistema de salud, hace temer un nuevo aumento de las enfermedades infantiles prevenibles en el país.

“No hay médicos y no tenemos comida. Aquí no podemos movernos con libertad. Todos tenemos miedo. Sueño con regresar a mi pueblo y vivir seguro con mi familia. Una vez que regrese a mi hogar, nunca me iré de allí, pero por desgracia eso solo puede ocurrir cuando no seamos atacados una y otra vez como sucede ahora”, afirma un desplazado de 51 años procedente del noreste de Abu Qalqal.

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MSF alerta de que un incremento de los combates provocará nuevos desplazamientos masivos y ahondará la crisis humanitaria

El sistema de salud del distrito de Azaz, en el norte de Siria, se encuentra en una situación enormemente precaria y amenaza con derrumbarse por completo. De esta forma, se agravaría una crisis humanitaria que ya se ha intensificado tras el recrudecimiento de los combates, que ha generado la huida de decenas de miles de personas.

Muchos desplazados buscan la seguridad en zonas fronterizas con Turquía. Las últimas estimaciones calculan que, al menos, 30.000 personas habrían llegado a la zona en los últimos días. En su mayoría, los nuevos desplazados se han asentado en zonas al aire libre alrededor de los campos que ya albergaban a decenas de miles de personas.

Desplazados en Azaz © MSF

 

La actual intensificación de los combates en la zona está llevando al límite el precario sistema de salud. Hospitales y centros de salud en Azaz y de la zona rural que rodea la ciudad de Alepo han sido golpeados por bombardeos en las dos últimas semanas, incluidos tres centros apoyados por MSF.

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La doctora Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF) analiza la situación de Siria cuando se cumplen cuatro años de guerra.

A medida que Siria entra en su quinto año de conflicto, una guerra que se sigue caracterizando por una violencia atroz que no establece diferencias entre civiles y combatientes. Cientos de miles de personas han muerto y la mitad de la población siria ha huido, tanto dentro de las fronteras del país como a los estados vecinos. Las ciudades sirias están sitiadas y aisladas de toda ayuda de exterior. La población se encuentra atrapada entre unas líneas de frente en constante cambio, mientras las tropas del gobierno y un sin fin de fuerzas armadas de la oposición combaten entre sí.

Miles de médicos, enfermeras, farmacéuticos y paramédicos han muerto, han sido secuestrados o han tenido que abandonar sus hogares a causa de la violencia, dejando un enorme vacío de conocimientos y experiencia médica. En los hospitales que todavía funcionan en la ciudad, quedan menos de cien médicos de los aproximadamente 2.500 doctores que trabajaban en Alepo al principio del conflicto.

Negociar directamente el acceso a los pacientes

Los sirios inundan las redes sociales con gritos de socorro que más bien parecen haberse convertido en el murmullo de fondo de la guerra siria. Con millones de personas necesitadas de asistencia, Médicos Sin Fronteras debería estar gestionando algunos de los mayores programas médicos de sus 44 años de historia. ¿Y por qué no es así?

Cuando comenzó el conflicto, MSF empezó a enviar suministros a redes de personal médico sirio que atendía a los heridos. No conseguíamos obtener la autorización del Gobierno para trabajar dentro del país. Sin embargo, a través de la relación directa con grupos de la oposición, conseguimos negociar el acceso a zonas bajo su control en el norte del país, y comenzamos a prestar ayuda internacional directa a la población.

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Cuando la guerra en Siria entra en su quinto año, la ayuda humanitaria no llega a los millones de personas que están atrapadas por el conflicto y que necesitan, más que nunca, un incremento masivo de la asistencia médica.

Clínica móvil en Siria, cerca de la frontera con Irak © MSF

Siria entra en su quinto año de guerra y la ayuda humanitaria sigue sin llegar a los millones de personas que están atrapadas por el conflicto y que necesitan, más que nunca, un incremento masivo de la asistencia médica.

“Tras cuatro años de conflicto, la guerra sigue caracterizándose por actos de una violencia brutal que no distingue entre civiles y combatientes, ni respeta el estatus de protección que en teoría tienen el personal sanitario y las estructuras médicas”, explica la doctora Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF). “Es inaceptable que la asistencia humanitaria sea tan limitada cuando el balance de muertes y el sufrimiento de los civiles han llegado a límites tan insoportables”.

El sistema de salud en Siria ha quedado devastado por cuatro años de conflicto. Conseguir atención médica vital es ahora prácticamente imposible debido la falta de suministros y de personal médico cualificado, o por culpa de los ataques perpetrados contra las estructuras de salud.

De los 2.500 médicos que trabajaban antes de la guerra en Alepo –la segunda ciudad más grande del país–, menos de cien permanecen en los hospitales que aún siguen operativos. El resto han huido, se han convertido en desplazados o refugiados, han sido secuestrados o han muerto.

“La intervención médica que deberíamos tener en Siria sería sin duda una de las más importantes en los 44 años de historia de MSF”, apunta la Dra. Liu. “Pero no es así, y la pregunta es por qué”.

Debido al deterioro gradual de la situación de seguridad, y tras el secuestro de cinco trabajadores de MSF por parte del Estado Islámico en enero de 2014, MSF se vio obligada a reducir sus actividades en el país.

“Este grave incidente no solo provocó el cierre de las estructuras médicas en las áreas controladas por el Estado Islámico, sino que también comportó que la mayor parte del personal internacional de MSF tuviera que dejar de trabajar en el interior de Siria, al no poder confiar en que nuestros equipos no resultaran dañados”, explica la Dra. Liu.

A la retirada de los equipos de las zonas controladas por el Estado Islámico tras el secuestro –que duró cinco meses–, se suma el hecho de que MSF no ha podido, hasta la fecha, abrir proyectos médicos en áreas bajo control gubernamental.

MSF continua operando seis estructuras médicas en el país. La organización también ha establecido redes de apoyo a más de cien centros de salud tanto en áreas controladas por el Gobierno como en las controladas por diferentes grupos armados de la oposición. Estas redes posibilitan que los médicos sirios continúen trabajando, a menudo en condiciones de extrema dificultad, y llevar un mínimo de cuidado sanitario a las poblaciones atrapadas en el conflicto. Este apoyo, si bien es valioso, es solo posible en determinadas áreas del país, y resulta insuficiente en comparación con las necesidades masivas a las que los equipos médicos se enfrentan en Siria.

Siria necesita desesperadamente un enorme despliegue humanitario internacional. MSF está dispuesta a hablar con todas las partes involucradas en el conflicto –tal y como ha hecho en otros casos en el pasado– para asegurar que la ayuda llegue a la población civil, y para obtener la garantía de que la organización puede trabajar en Siria de forma segura y efectiva. “Hasta entonces, el único salvavidas de que esta gente dispone son las redes de médicos y activistas civiles. Podemos y debemos hacer más por la población siria”, añade la Dra. Liu.

INFORME sobre la vida en Alepo bajo los bombardeos:

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INFORME sobre la situación humanitaria en Alepo:

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Cada día, miles de personas siguen huyendo de la violencia en Siria. Desde que comenzó el conflicto, más de dos millones de sirios han cruzado a los países vecinos. Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja respondiendo a esta situación en el norte de Irak desde mayo de 2012

© Diala Ghassan/MSF

 

“Venimos de Tel Brak, en el noreste de Siria. Dejamos nuestra casa hace siete meses porque la región se estaba convirtiendo en zona de guerra. Todo el pueblo se marchó”, explica Zeina, quien acaba de cruzar la frontera iraquí con su marido y sus cuatro hijos.

“Hemos estado viviendo estos siete meses en las montañas, sin un lugar apropiado en el que quedarnos, sin trabajo, sin dinero y a veces sin comida –continúa–. Después de siete meses, decidimos ir a Al Qamishli y desde allí cruzar la frontera con Irak. Las fronteras estaban cerradas, así que tuvimos que quedarnos en un colegio de los alrededores. Cuando oímos que las abrían, salimos a primera hora de la mañana. Nos llevó dos horas cruzarla, andando. Estamos tan aliviados de estar aquí…”

Cerca de 60.000 refugiados procedentes de Siria han cruzado a la región kurda de Irak desde que abriera la frontera el pasado 15 de agosto, después de permanecer tres meses cerrada. El día en que volvió a abrirse, 7.000 personas cruzaron la frontera; en el mes que siguió, estuvieron pasando unas 800 personas cada día.

A mediados de septiembre, la frontera volvió a cerrarse, para volver a abrir de nuevo a las dos semanas. MSF está preparando a sus equipos en la frontera y en los campos próximos para responder a una posible llegada masiva de refugiados.

La larga marcha buscando seguridad

La mayor parte de los refugiados sirios llegan a la frontera caminando, tras un largo trayecto a través de un valle desierto y bajo un intenso calor. Han dejado casi todo tras de sí: familiares, hogares, pertenencias… La mayoría son de Damasco y de Aleppo, pero recientemente están llegando más procedentes de la región de Al Hassaka, en el noreste de Siria, tras el recrudecimiento de los combates allí.

Los equipos de MSF han establecido puestos de salud a ambos lados de la frontera, donde se proporcionan consultas médicas y se distribuye agua potable a los refugiados que esperan a ser trasladados a los campos de tránsito que se están instalando en Dohuk, Erbil y Sulaymaniya.

“La mayor parte de nuestros pacientes son niños, mujeres embarazadas y madres que han dado a luz recientemente”, precisa Paul Yon, jefe de misión de MSF en Dohuk. “Muchos sufren deshidratación moderada debido a las largas distancias que han tenido que recorrer hasta llegar a la frontera. También estamos viendo casos de enfermedades crónicas, como hipertensión, asma o epilepsia: algunos pacientes no han podido conseguir su medicación en Siria ya que el sistema de salud se ha hundido. Algunos llegan en estado de shock: se han visto forzados a desplazarse muchas veces desde que estalló el conflicto, y decidieron cruzar la frontera porque su vida corría peligro”.

En el lado iraquí de la frontera, desde mediados de agosto los equipos de MSF han proporcionado más de 1.040 consultas de medicina general para refugiados que esperan su traslado a Dohuk, Erbil y Sulaymaniya. Dado que muchos no habían podido llevarse nada consigo al huir, MSF ha distribuido también bienes de primera necesidad, como bidones y plásticos para refugio, a 290 familias en los campos de tránsito. En los próximos días, los equipos de la organización también empezarán a proporcionar consultas de medicina general para refugiados en varios campos de Erbil.

En el lado sirio de la frontera, MSF ha proporcionado hasta ahora 982 consultas médicas y distribuido agua potable para 33.000 personas que están esperando a cruzar a Irak.

Una nueva vida como refugiado

Los sirios que entran en Irak son registrados en la frontera por las autoridades kurdas y por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Tras el registro, son trasladados a uno de los muchos campos de refugiados que están instalándose en el norte de Irak. Este podría ser el final del camino para quienes han sufrido varios desplazamientos en el interior de Siria desde que comenzó el conflicto hace 2 años y medios, y que comienzan así una nueva vida como refugiados.

 


MSF también trabaja en el campo de refugiados en Domeez desde mayo de 2012; en este campo viven más de 42.000 refugiados sirios. Los equipos de la organización proporcionan servicios generales de salud y de salud mental. Además, MSF evalúa constantemente la situación en la frontera, y sigue preparada para responder a necesidades urgentes de salud. Paralelamente, MSF también está evaluando las necesidades de más de 70.000 refugiados que se han instalado en la ciudad de Dohuk.

 


Margie es una comadrona que recientemente pasó siete semanas trabajando en un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el norte de Siria. El hospital incluye una sala de operaciones donde se atiende a pacientes con heridas de guerra y quemaduras graves, un departamento de emergencias y la unidad de maternidad, donde trabajaba Margie.

La comadrona Margie con un recién nacido en un hospital de MSF © MSF

¿Por qué estableció MSF una unidad de maternidad?

Organizamos la unidad de maternidad porque las mujeres no tenían acceso a atención médica adecuada en esta área. Para mujeres que afrontan complicaciones con el embarazo, es casi imposible obtener atención obstétrica en Siria. En la actualidad quedan algunas comadronas en la comunidad que brindan apoyo en partos comunes, pero si surgen complicaciones resulta problemático encontrar un profesional a quien derivar el caso.

Algunas instalaciones de salud han sido destruidas en el conflicto, mientras que las que permanecen en pie no funcionan de manera adecuada. Quedan algunos hospitales privados, pero están fuera del alcance de la mayoría de la población. En el pasado existía una red de comadronas que brindaban atención médica prenatal, pero ahora es evidente que la mayoría de las embarazadas no reciben cuidados prenatales en absoluto. El conflicto también ha reducido el acceso de las mujeres a alimentos apropiados y muchas de ellas han sido evacuadas. Todo esto genera un estrés que puede afectar el embarazo.

¿Qué clase de servicios ofrece la unidad de maternidad?

Brindamos servicios de entrega segura que incluyen atención obstétrica de emergencia, y derivamos a las pacientes que necesitan cesáreas al equipo quirúrgico. Muchas de las mujeres han tenido muchos hijos, a veces diez u once, y otras tantas han tenido partos anteriores por cesárea, lo que presenta una idea del estándar de atención médica disponible antes del conflicto. La unidad de maternidad también provee cuidados prenatales, incluido el tratamiento profiláctico durante el embarazo por anemia, por ejemplo, y cuidado posnatal inmediato y de seguimiento. Pero no sólo ofrecemos servicios de obstetricia: también ofrecemos servicios de ginecología, muy difíciles de obtener en Siria. El conflicto ha reducido las especialidades de atención médica disponibles y, como el contexto es islámico, si algunas mujeres no encuentran una proveedora de atención médica que sea mujer, no se atienden en absoluto.

Casi la mitad de las pacientes que atendimos provenían de pueblos de los alrededores. En general, las mujeres llegan a nosotros acompañadas por alguien que se atendió en nuestra unidad de maternidad antes, y muchas otras nos conocieron por comentarios de otras pacientes.

¿Trabajabas con personal sirio local?

Sí, trabajé con un equipo maravilloso de cuatro comadronas sirias. Todas las semanas atendíamos hasta 12 partos y realizábamos alrededor de 50 a 60 consultas. Mis colegas atendían los partos normales, pero si surgían complicaciones yo las asistía y trabajaba con ellas para dar la atención médica necesaria. Todas las integrantes del equipo tenían niveles variados de capacitación y experiencia, por lo cual también brindé capacitación y actualicé las capacidades de las comadronas sirias. Ellas agradecieron mucho la oportunidad de adquirir capacidades nuevas, porque otra de las consecuencias del conflicto fue que, para algunas de ellas, la formación se vio interrumpida. Debido a la escasez de personal cualificado, una de las comadronas que contratamos había completado su formación en enfermería, pero sólo había recibido una parte de su entrenamiento en maternidad. Era como una esponja que absorbía conocimiento: ponía en práctica todo lo que le enseñaba. Es inspirador ver esa clase de dedicación.

¿Recuerdas algún caso especialmente complicado?

Asistimos en numerosos partos normales, pero hubo algunos casos difíciles. Un ejemplo es una mujer que había tenido cuatro bebés sanos, pero que luego perdió un embarazo a término. Como muchas mujeres que atendimos, ella estaba evacuada a causa del conflicto y estaba viviendo con toda su familia en una habitación dentro de una escuela. Cuando llegó, estaba embarazada y sufría una preclampsia grave, lo que indica hipertensión. Era obvio que había sufrido ese trastorno durante algún tiempo, porque su bebé presentaba crecimiento deficiente. Como consecuencia, el niño falleció mientras intentábamos salvar la vida de la madre. Ella es un ejemplo de quienes no podían obtener la atención médica que necesitaban durante el embarazo y, para esa mujer, el resultado fue trágico. Como su vida estaba en riesgo, la vida de su bebé quedó en segundo lugar para ella, fue un dilema muy difícil de afrontar. Pero lo que se me grabó en la memoria fue su resistencia, cómo atravesó su duelo y como, aún así, se mostró muy agradecida por la atención médica y el apoyo recibido. Fue conmovedor.

Otra caso que me produjo un gran impacto fue el de una mujer que vino para recibir cuidados prenatales. Cuando le pregunté acerca de sus partos anteriores, mencionó que tenía siete hijos, pero que cuatro de ellos habían fallecido recientemente en un bombardeo en el pueblo más cercano. Sin embargo, pudimos ayudarla a dar a luz a un bebé sano. Verla con su bebé en brazos después de todo lo que había pasado y sufrido fue una experiencia muy gratificante.


MSF administra seis hospitales en el norte de Siria. Desde junio de 2012 hasta agosto de 2013, los equipos de MSF han realizado más de 66.900 consultas médicas, 3.400 procedimientos quirúrgicos y 1.420 partos. Los equipos de MSF también han realizado más de 200.240 consultas para refugiados sirios en países vecinos.

 


En una carta abierta publicada el lunes 16 de setiembre de 2013, un grupo de más de 50 eminentes doctores advierten sobre una catástrofe médica en Siria y hacen un llamamiento para que quienes están sufriendo tengan acceso médico y humanitario.

© Robin Meldrum / MSF

En el debate sobre las armas químicas y las acciones militares, se ha olvidado el increíble tormento diario que sufren los sirios. Esperamos que estos médicos de renombre mundial obtendrán la atención de los líderes mundiales y podrán convencerlos para acabar con las desmedidas restricciones en materia de ayudas y asistencia médica vital.

La carta está firmada por el Dr. Unni Karunakara, presidente internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF) y el Dr. Paul McMaster, un cirujano que trabaja con MSF en Siria. Otros firmantes incluyen: ex-líderes mundiales, ganadores del premio Nobel y responsables de muchos de los organismos médicos más importantes del mundo.

Con firmantes de 20 países – entre ellos Rusia, China, Brasil, India, Egipto, Turquía, el Reino Unido, EE.UU. y Francia – la carta es un símbolo extraordinario de unidad entre los profesionales de la medicina. La carta (ver más abajo) fue publicada en la prestigiosa revista médica The Lancet:

Carta abierta: Dejadnos tratar a los pacientes en Siria

El conflicto en Siria ha dado lugar a lo que es posiblemente una de las peores crisis humanitarias del mundo desde el final de la Guerra Fría. Se estima que 100.000 personas han sido asesinadas [1] – la mayoría de ellas civiles – y muchas más han resultado heridas, torturadas o han sido víctimas de abusos. Millones de personas han sido expulsadas de sus hogares; innumerables familias han sido divididas; y comunidades enteras han sido destrozadas. No debemos permitir que las consideraciones de una intervención militar imposibiliten nuestra capacidad de concentrarnos en poder ayudarles.

Como médicos y  profesionales de la medicina de todo el mundo, la magnitud de esta emergencia nos deja horrorizados. Estamos consternados por la falta de acceso a la atención médica para los civiles afectados y por los ataques deliberados contra instalaciones y personal médico. Es nuestro deber profesional, ético y moral el de proporcionar tratamiento y atención a quien lo necesite. Cuando no podemos hacerlo personalmente, estamos obligados a pronunciarnos a favor de los que están arriesgando sus vidas para proporcionar asistencia vital.

Ataques sistemáticos a los profesionales médicos, las instalaciones, y los pacientes están rompiendo el sistema sanitario de Siria, haciendo casi imposible que los civiles reciban los servicios médicos esenciales. El treinta y siete por ciento de los centros médicos sirios han sido destruidos y otro veinte por ciento están severamente dañados. Clínicas improvisadas se han convertido en centros de emergencia en toda regla, y luchan para atender a los heridos y enfermos. Se estima que unos 469 trabajadores de la salud están actualmente encarcelados [2] y alrededor de 15.000 médicos se han visto obligados a huir al extranjero [3]. Según un informe, había 5.000 médicos en Alepo antes de que comenzara el conflicto, y solo quedan 36 [4].

Los ataques dirigidos contra las instalaciones y el personal médico son deliberados y sistemáticos, y no una consecuencia inevitable o aceptable de los conflictos armados. Estos ataques son una violación inconcebible del principio de neutralidad médica.

El número de personas que requieren asistencia médica está aumentando exponencialmente, como resultado directo del conflicto e indirectamente por el deterioro del otrora sofisticado sistema de salud pública y la carencia de cuidados curativos y preventivos adecuados. Terribles heridas quedan desatendidas, las mujeres dan a luz sin asistencia médica, hombres, mujeres y niños son sometidos a cirugía de urgencia sin anestesia y las víctimas de violencia sexual no tienen dónde recurrir.

La población siria es vulnerable a brotes de hepatitis,  fiebre tifoidea, cólera o disentería [5]. La falta de productos farmacéuticos ya ha exacerbado un brote de leishmaniasis cutánea, una severa enfermedad infecciosa de la piel que puede causar discapacidad grave; se ha producido un aumento alarmante en los casos de diarrea aguda [6] y en junio las agencias de ayuda reportaron una epidemia de sarampión extendiéndose por los distritos del norte de Siria. En algunas áreas, los niños nacidos desde que se inició el conflicto no han recibido las vacunas, lo que significa que las condiciones para una epidemia – que no respetaría las fronteras nacionales – están dadas.

Con el sistema de salud sirio llegando al límite, los pacientes que luchan contra enfermedades crónicas como el cáncer, la diabetes, la hipertensión y las enfermedades del corazón, y que requieren asistencia médica a largo plazo, no tienen dónde acudir en busca de la atención médica esencial.


Grandes zonas de Siria están completamente aisladas de cualquier tipo de asistencia médica

La mayor parte de la asistencia médica está siendo suministrada por el personal médico sirio, pero están enfrentados a una necesidad masiva y unas condiciones peligrosas. Las restricciones gubernamentales, junto con la rigidez y la burocracia en el sistema de ayuda internacional, están empeorando las cosas. Como resultado, gran parte de Siria está completamente aislada de cualquier tipo de asistencia médica.

Los profesionales médicos tienen la obligación de tratar, de la mejor manera posible, a cualquier persona que lo necesite. A toda persona herida o enferma se le debe permitir el acceso al tratamiento médico.

Como médicos y  profesionales de la salud, exigimos urgentemente que a los colegas médicos en Siria se les permita y sean apoyados para tratar a los pacientes, salvar vidas y aliviar el sufrimiento, sin el temor de ataques o represalias.

Para aliviar el impacto de este conflicto sobre los civiles y de los ataques deliberados contra el sistema de salud y para apoyar a nuestros colegas médicos, hacemos un llamamiento:

 

  • Al Gobierno de Siria y todas los grupos armados, para que se abstengan de atacar hospitales, ambulancias, servicios médicos y suministros, a los profesionales de la salud y a los pacientes;

 

  • Al Gobierno sirio, para que permita el acceso a tratamiento a todos los pacientes y que responsabilice a los autores de tales violaciones de acuerdo con las normas legales reconocidas internacionalmente;

 

  • A todos los actores armados, para que respeten las funciones propias de los profesionales médicos y la neutralidad médica, permitiendo que los profesionales de la salud traten a cualquier persona con necesidad de atención médica y que no interfieran con el correcto funcionamiento de los centros de salud;

 

  • A los gobiernos que apoyan a las partes de esta guerra civil para que exijan que todos los actores armados pongan fin inmediatamente a los ataques contra el personal médico, las instalaciones, los pacientes, los suministros médicos y que permitan que los suministros y la atención médica llegue a los sirios, ya sea cruzando los frentes de batalla o a través de las fronteras de Siria;

 

  • A la ONU y a los donantes internacionales para aumentar el apoyo a las redes médicas de Siria, tanto en las áreas del gobierno como en las de la oposición, donde, desde el comienzo del conflicto, los profesionales de la salud han arriesgado sus vidas para proporcionar los servicios esenciales en un ambiente extremadamente hostil.

 

Lista de firmantes:

1. Dr. Salim S. Abdool Karim (Suráfrica), Presidente del Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica y Director del Centro para el Programa de Investigación del Sida en Sudáfrica, Escuela de Medicina Nelson R. Mandela, Universidad de KwaZulu-Natal.

2. Dr. Peter Agre (EE.UU.), profesor de la Facultad de Salud Pública Johns Hopkins’ Bloomberg, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos en la Academia Nacional de Ciencias y  co-ganador del Premio Nobel de Química 2003.

3. Dr. Salah Al Ansari (Arabia Saudita), Director Ejecutivo de la Comisión de Medicina Islámica y  de la Asamblea Mundial de la Juventud Musulmana.

4. Dr. Neil Arya (Canadá), ex presidente de Médicos para la Supervivencia Global, director fundador de la Oficina de Salud Global en la Universidad de Western y co-editor de ‘Paz a través de la Salud’.

5. Dra. Deborah D. Ascheim (EE.UU.), Presidente del Consejo de Administración de Médicos por los Derechos Humanos, Profesora Asociada y Directora de la Clínica de Investigación en el Departamento de Salud, Pruebas científicas y Políticas en el Mount Sinai, Nueva York.

6. Dra. Holly Atkinson (EE.UU.), ex presidente de Médicos por los Derechos Humanos y Director adel Programa de Derechos Humanos Mount Sinai Salud Global, en la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai en Nueva York.

7. Dr. Roberto Luiz d’Ávila (Brasil), Presidente del Consejo Federal de Medicina de Brasil.

8. Dr. Hany El Banna (Egipto / Reino Unido), patólogo, fundador del Foro Humanitario y
de Ayuda Islámica y Presidente del Fondo Internacional contra el VIH.

9. Dr. Ahmad Hassan Batal (Siria / Bahrein), Profesor de Oftalmología, Presidente del
Centro Oftalmológico Batal, y miembro de la Asociación Médica de los expatriados sirios

10. Prof. Dominique Belpomme (Francia), Profesor de Oncología, Director del European Cancer and Environment Research Institure (ECERI), y Presidente de la Asociación para la Investigación Terapéutica anti-cancerosa (ARTAC).

11. Dra. Gro Harlem Brundtland (Noruega), es Directora General de la Organización Mundial de la Salud, exPrimera Ministra de Noruega y miembro de The Elders.

12. Dr. Richard Carmona (EE.UU.), 17˚ Cirujano General de los Estados Unidos.

13. Sir Iain Chalmers (Reino Unido), investigador de los servicios de salud británicos, uno de los fundadores de la Colaboración Cochrane y coordinador de la Iniciativa James Lind.

14. Dr. Lincoln Chen (EE.UU.), Presidente de BRAC-EE.UU.

15. Yaolong Chen (China) Editor, Tratamientos pruebas interactivas, uno de los fundadores del Centro chino GRADE .

16. Sir Terence English (Reino Unido / Sudáfrica),  ex presidente del Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra, expresidente de la Asociación Médica Británica. Realizó exitosamente el primer trasplante de corazón en Gran Bretaña.

17. Profesor Atul Gawande (EE.UU.), cirujano, escritor y profesor de la Escuela de Salud Pública y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.

18. Dra. Elizaveta Glinka (Rusia), fundadora y presidente de la ONG “Sanidad Paliativa” Spravedlivaya Pomosh (Ayuda Justa).

19. Dra. Fatima Haji (Bahrein) reumatóloga y especialista en Medicina Interna en el Complejo Médico Salmaniya.

20. Dra. Rola Hallam (Siria / Reino Unido), con el comité médico sirio y secretaria de la Sociedad Mundial de Anestesia, Asociación de anestesistas de Gran Bretaña e Irlanda.

21. Dra. Fatima Hamroush (Libia), ex ministro de Salud en el Gobierno de transición libio y presidente de Irish Libyan Emergency Aid.

22. Prof. Dr. Harald zu Hausen (Alemania), ganador del Premio Nobel de Medicina 2008.

23. Dra. Monika Hauser (Alemania) ginecóloga y directora general de Medica Mondiale.

24. Dr. Jules Hoffmann (Francia), ganador del Premio Nobel de Medicina 2011.

25. Dr. Richard Horton (Reino Unido) editor de The Lancet.

26. Dr. Unni Karunakara (India), Presidente Internacional de Médicos sin Fronteras.

27. Dr. Michel Kazatchkine (Francia), Secretario General de la ONU enviado especial para VIH / SIDA en Europa oriental y Asia Central.

28. Dr Kerem Kinik (Turquía), presidente de Médicos Worldwide en Turquía.

29. Dr. Sergey Kolesnikov (Rusia), Co-Presidente del IPPNW ruso, profesor de la Universidad Estatal de Moscú, y Co-Presidente del Movimiento Social de toda Rusia para la Protección de las Personas.

30.  Prof. Dr. Sebnem Korur Fincanci (Turquía), Presidente de la Fundación de Derechos Humanos de Turquía y uno de los fundadores de la Asociación Turca de Medicina Legal.

31.  Dr. Robert Lawrence (EE.UU.), profesor de Ciencias de Salud Ambiental, Políticas de Salud y Salud Internacional en la Facultad John Hopkins’ Bloomberg de Salud Pública, fundador del Centro para un Futuro Habitable en la Facultad John Hopkins Bloomberg de Salud Pública y co-fundador de Médicos para los Derechos Humanos.

32.  Dr Kgosi Letlape (Sudáfrica), Presidente de la Asociación Africana de Medicina y Director Ejecutivo de la Tshepang Trust.

33.  Dr. Mohammed G.A. Al Maadheed (Qatar), Presidente de la Media Luna Roja de Qatar y vicepresidente de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Asia).

34.  Serigne Magueye Gueye (Senegal) cirujano de fístula, profesor de Cirugía / Urología en la Universidad Cheikh Anta Diop y Jefe de Urología- Andrología, Hospital General Gran Yoff y ganador de la Medalla de la ONU por la Paz en Ruanda.

35.  Dr Jemilah Mahmood (Malasia), fundador y ex presidente de la Sociedad de Ayuda Médica de Malasia, miembro del Consejo de DARA, ganador del Premio Isa por Servicio a la Humanidad.

36.  Dr Paul McMaster (Reino Unido) cirujano, trabajando con Médicos Sin Fronteras en Siria.

37.  Dr. Denis Mukwege (RDC), fundador y director médico del Hospital Panzi en la provincia de Kivu Sur, República Democrática del Congo.

38.  Dr Robert Mtonga (Zambia), Co-Presidente de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear.
 
39.  HE Dr. Laila Negm (Egipto), Director del Departamento de Salud Humanitaria, Liga de los  Estados Árabes.

40.  Dr. Rose Nyabanda (Kenia), Jefe de Radiología en el Hospital Nacional Kenyatta, Kenia.

41.  Profesor Sir Michael Rawlins (Reino Unido), Presidente de la Real Sociedad de Medicina.
 
42.  Dr. Tilman A Ruff (Australia), profesor asociado en el Instituto Nossal para la Salud Global de la Universidad de Melbourne, Co-Presidente de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear.

43.  Profesor Hamid Rushwan (Sudán/Reino Unido), Presidente ejecutivo de la Junta de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia.

44.  Dr Abdulghani Sankari (EE.UU.), ex Vice-Presidente de la Sociedad Médica Sirio-Americana, médico e investigador, Wayne State University-Centro de Investigación y desarrollo de Servicios de Salud VA del Departamento de Asuntos de Veteranos de los Estados Unidos.

45.  Dr Eloan dos Santos Pinheiro (Brasil), ex Director de la Fundación Oswaldo Cruz.

46.  Dr Babulal Sethia (Reino Unido), Presidente Electo de la Real Sociedad de Medicina del  Reino Unido.

47.  Dr. Imtiaz Sooliman (Sudáfrica), fundador y presidente del “Regalo de los Dadores”, la mayor organización de respuesta a desastres de África.

48.  Dra. Laila Taher Bugaighis (Libia), Directora General Adjunta del Centro Médico de Bengasi, miembro de la RCOG de Londres, Profesora Titular, fundadora del Comité Nacional de Protección Contra la Violencia, y co-fundadora de la Organización Democrática Al Tawafuk Al Watani.

49.  Prof. Prathap Tharyan (India), Profesor de Psiquiatría de la Universidad Médica Cristiana (Vellore, India), Coordinador de la Red Cochrane de Asia del Sur y miembro del Grupo Asesor Científico de la OMS-ICTRP.

50.  Dr Michael VanRooyen (EE.UU.), Profesor de Medicina en la Universidad de Medicina de Harvard, Director de la División de Salud Internacional y Programas Humanitarios del Departamento de Medicina de Emergencia, Hospital Brigham y Hospital de Mujeres y Director de la Iniciativa Humanitaria de Harvard.

51.  Dr. Vasiliy Vlassov (Rusia), Presidente de la Sociedad Rusa para Pruebas basadas en la Medicina.

52.  Profesor Ron Waldman (EE.UU.), Presidente de la Junta Directiva de Médicos del Mundo, EE.UU., Editor en Jefe de Salud Global: Ciencia y Práctica.

 

Notas

[1] Ban Ki-Moon, Secretario General ONU - http://www.bbc.co.uk/news/world-middle-east-23455760

 

[2] Centro de documentación de violaciones - http://www.nytimes.com/2013/03/24/world/middleeast/on-both-sides-in-syri…

 

[3] Tom Bollyky, alto miembro del Consejo de Relaciones Exterioreshttp://www.ipsnews.net/2013/05/syrian-attacks-on-health-care-system-terr…

 

[4]  Conjunto de Evaluación Rápida del norte de Siria -http://www.irinnews.org/pdf/aleppo_assessment_report.pdf

 

[5] OMS - http://www.emro.who.int/press-releases/2013/disease-epidemics-syria.html

 

[6] OMS - http://www.emro.who.int/press-releases/2013/disease-epidemics-syria.html