MÉDICOS SIN FRONTERAS

Condenamos enérgicamente que los grupos de la oposición no mostraron absolutamente ninguna consideración por el estatus de protección de los pacientes, las instalaciones médicas, y los médicos y sanitarios.

Durante la tarde del pasado 29 de abril, unos 30 hombres enmascarados y armados irrumpieron en el hospital Hazeh, en Guta oriental (un área de ciudades asediadas cerca de Damasco), con el fin de buscar a pacientes heridos específicos y se apoderaron de la ambulancia del hospital.

A pocos kilómetros al sur, el punto médico de Aftares -también apoyado por nuestra organización- recibió el alcance de las balas después de dos días rodeado por los combates.

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En el norte de Siria, las personas que huyen de los combates y las que regresan a sus hogares corren el peligro de sufrir muertes y mutilaciones debido al impacto de minas, trampas explosivas y municiones sin detonar, fruto de los combates en la zona. Desde Médicos Sin Fronteras (MSF) publicamos “Listas para explotar”, un informe que advierte sobre el impacto devastador que tendría la detonación de estos artefactos en la población civil.

Un enfermero de MSF atiende a un paciente herido por una mina en el hospital de Kobane. Jamal Bali / MSF

Con Siria entrando en su séptimo año de guerra, el conflicto lejos de perder fuerza, se intensifica con los combates por el control de la ciudad de Raqqa, autoproclamada por el Estado Islámico (EI) como su capital. Muchos desplazados asistidos por MSF han sido víctimas de las minas, trampas explosivas y municiones sin detonar que tras años de guerra están sembrados por todas partes. La mayoría de ellos asegura que uno de sus principales miedos es que ellos mismos o sus familiares y amigos fallezcan o resulten heridos mientras huyen de las líneas de frente o cuando traten de regresar a sus hogares.

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Han pasado seis años desde que se inició el conflicto armado en Siria, el considerado como el más cruel desde hace 25 años. Seis años en los que más 400.000 personas han muerto y 4,8 millones se han visto obligados a abandonar el país. Médicos Sin Fronteras hace un llamamiento para que todas las partes involucradas en el conflicto permitan la entrada de la ayuda humanitaria en el país.

 

“Todas las partes del conflicto, los países vecinos y los actores internacionales deben permitir el acceso de la ayuda médica y humanitaria y no usarla como una herramienta política”, afirma Pablo Marco, coordinador de MSF en Oriente Medio. “Además, deben permitir que aquellos que requieran de asistencia médica accedan a áreas donde puedan recibir tratamiento especializado por parte del personal sanitario. A su vez, deben asegurar la protección de las unidades de emergencia, del personal sanitario y de las instalaciones médicas”.  

Tras seis años de guerra en Siria, la población civil es la que más sufre las consecuencias de este conflicto, cada vez más letal y despiadado. Los niveles de dolor son cada vez más grandes y millones de personas siguen sin tener acceso a la salud y sus servicios más básicos. Esta es una crisis humanitaria que se ha vuelto tremendamente compleja. 13.5 millones de personas necesitan de ayuda humanitaria urgente para sobrevivir.

Las vidas de millones de habitantes han sido destrozadas. Este video de MSF te muestra las consecuencias de años de guerra.

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Los bombardeos en Siria continúan día tras día, sin respetar ni a la población civil, ni a los trabajadores humanitarios, ni los centros de salud, ni las infraestructuras básicas. Un ejemplo de ello fue el ataque a un convoy de la ONU y de la Media Luna Roja, a principios de la semana pasada. Hecho que condena enérgicamente Médicos Sin Fronteras, pues supone un ejemplo más del incumplimiento continuo de las reglas básicas de la guerra en el conflicto sirio.

Un conflicto en el que hospitales como el de Al Daqaq funcionan con muchas dificultades por los daños sufridos. Sobre cómo es el trabajo allí, a pesar de las bombas, habla en este vídeo el director médico Ali Abu al Yaman. 

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Por todo esto y todo lo ocurrido, desde MSF se reclama a las grandes potencias internacionales que intervienen aquí que asuman su responsabilidad y den pasos más concretos para poner fin a todos los ataques contra instalaciones civiles, incluidos centros médicos y convoyes de ayuda humanitaria.

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Tras el desplazamiento del frente de batalla y la ofensiva de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) en Menbij, el número de civiles que huyen de sus localidades hacia el área que circunda el río Eufrates ha aumentado.

Tanto los desplazados internos como las comunidades de acogida necesitan ayuda humanitaria urgente. Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que la pésima situación, sumada al colapso total del sistema de salud, hace temer un nuevo aumento de las enfermedades infantiles prevenibles en el país.

“No hay médicos y no tenemos comida. Aquí no podemos movernos con libertad. Todos tenemos miedo. Sueño con regresar a mi pueblo y vivir seguro con mi familia. Una vez que regrese a mi hogar, nunca me iré de allí, pero por desgracia eso solo puede ocurrir cuando no seamos atacados una y otra vez como sucede ahora”, afirma un desplazado de 51 años procedente del noreste de Abu Qalqal.

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MSF alerta de que un incremento de los combates provocará nuevos desplazamientos masivos y ahondará la crisis humanitaria

El sistema de salud del distrito de Azaz, en el norte de Siria, se encuentra en una situación enormemente precaria y amenaza con derrumbarse por completo. De esta forma, se agravaría una crisis humanitaria que ya se ha intensificado tras el recrudecimiento de los combates, que ha generado la huida de decenas de miles de personas.

Muchos desplazados buscan la seguridad en zonas fronterizas con Turquía. Las últimas estimaciones calculan que, al menos, 30.000 personas habrían llegado a la zona en los últimos días. En su mayoría, los nuevos desplazados se han asentado en zonas al aire libre alrededor de los campos que ya albergaban a decenas de miles de personas.

Desplazados en Azaz © MSF

 

La actual intensificación de los combates en la zona está llevando al límite el precario sistema de salud. Hospitales y centros de salud en Azaz y de la zona rural que rodea la ciudad de Alepo han sido golpeados por bombardeos en las dos últimas semanas, incluidos tres centros apoyados por MSF.

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La doctora Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF) analiza la situación de Siria cuando se cumplen cuatro años de guerra.

A medida que Siria entra en su quinto año de conflicto, una guerra que se sigue caracterizando por una violencia atroz que no establece diferencias entre civiles y combatientes. Cientos de miles de personas han muerto y la mitad de la población siria ha huido, tanto dentro de las fronteras del país como a los estados vecinos. Las ciudades sirias están sitiadas y aisladas de toda ayuda de exterior. La población se encuentra atrapada entre unas líneas de frente en constante cambio, mientras las tropas del gobierno y un sin fin de fuerzas armadas de la oposición combaten entre sí.

Miles de médicos, enfermeras, farmacéuticos y paramédicos han muerto, han sido secuestrados o han tenido que abandonar sus hogares a causa de la violencia, dejando un enorme vacío de conocimientos y experiencia médica. En los hospitales que todavía funcionan en la ciudad, quedan menos de cien médicos de los aproximadamente 2.500 doctores que trabajaban en Alepo al principio del conflicto.

Negociar directamente el acceso a los pacientes

Los sirios inundan las redes sociales con gritos de socorro que más bien parecen haberse convertido en el murmullo de fondo de la guerra siria. Con millones de personas necesitadas de asistencia, Médicos Sin Fronteras debería estar gestionando algunos de los mayores programas médicos de sus 44 años de historia. ¿Y por qué no es así?

Cuando comenzó el conflicto, MSF empezó a enviar suministros a redes de personal médico sirio que atendía a los heridos. No conseguíamos obtener la autorización del Gobierno para trabajar dentro del país. Sin embargo, a través de la relación directa con grupos de la oposición, conseguimos negociar el acceso a zonas bajo su control en el norte del país, y comenzamos a prestar ayuda internacional directa a la población.

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Cuando la guerra en Siria entra en su quinto año, la ayuda humanitaria no llega a los millones de personas que están atrapadas por el conflicto y que necesitan, más que nunca, un incremento masivo de la asistencia médica.

Clínica móvil en Siria, cerca de la frontera con Irak © MSF

Siria entra en su quinto año de guerra y la ayuda humanitaria sigue sin llegar a los millones de personas que están atrapadas por el conflicto y que necesitan, más que nunca, un incremento masivo de la asistencia médica.

“Tras cuatro años de conflicto, la guerra sigue caracterizándose por actos de una violencia brutal que no distingue entre civiles y combatientes, ni respeta el estatus de protección que en teoría tienen el personal sanitario y las estructuras médicas”, explica la doctora Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF). “Es inaceptable que la asistencia humanitaria sea tan limitada cuando el balance de muertes y el sufrimiento de los civiles han llegado a límites tan insoportables”.

El sistema de salud en Siria ha quedado devastado por cuatro años de conflicto. Conseguir atención médica vital es ahora prácticamente imposible debido la falta de suministros y de personal médico cualificado, o por culpa de los ataques perpetrados contra las estructuras de salud.

De los 2.500 médicos que trabajaban antes de la guerra en Alepo –la segunda ciudad más grande del país–, menos de cien permanecen en los hospitales que aún siguen operativos. El resto han huido, se han convertido en desplazados o refugiados, han sido secuestrados o han muerto.

“La intervención médica que deberíamos tener en Siria sería sin duda una de las más importantes en los 44 años de historia de MSF”, apunta la Dra. Liu. “Pero no es así, y la pregunta es por qué”.

Debido al deterioro gradual de la situación de seguridad, y tras el secuestro de cinco trabajadores de MSF por parte del Estado Islámico en enero de 2014, MSF se vio obligada a reducir sus actividades en el país.

“Este grave incidente no solo provocó el cierre de las estructuras médicas en las áreas controladas por el Estado Islámico, sino que también comportó que la mayor parte del personal internacional de MSF tuviera que dejar de trabajar en el interior de Siria, al no poder confiar en que nuestros equipos no resultaran dañados”, explica la Dra. Liu.

A la retirada de los equipos de las zonas controladas por el Estado Islámico tras el secuestro –que duró cinco meses–, se suma el hecho de que MSF no ha podido, hasta la fecha, abrir proyectos médicos en áreas bajo control gubernamental.

MSF continua operando seis estructuras médicas en el país. La organización también ha establecido redes de apoyo a más de cien centros de salud tanto en áreas controladas por el Gobierno como en las controladas por diferentes grupos armados de la oposición. Estas redes posibilitan que los médicos sirios continúen trabajando, a menudo en condiciones de extrema dificultad, y llevar un mínimo de cuidado sanitario a las poblaciones atrapadas en el conflicto. Este apoyo, si bien es valioso, es solo posible en determinadas áreas del país, y resulta insuficiente en comparación con las necesidades masivas a las que los equipos médicos se enfrentan en Siria.

Siria necesita desesperadamente un enorme despliegue humanitario internacional. MSF está dispuesta a hablar con todas las partes involucradas en el conflicto –tal y como ha hecho en otros casos en el pasado– para asegurar que la ayuda llegue a la población civil, y para obtener la garantía de que la organización puede trabajar en Siria de forma segura y efectiva. “Hasta entonces, el único salvavidas de que esta gente dispone son las redes de médicos y activistas civiles. Podemos y debemos hacer más por la población siria”, añade la Dra. Liu.

INFORME sobre la vida en Alepo bajo los bombardeos:

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INFORME sobre la situación humanitaria en Alepo:

Alepo: asedio a la ayuda médica

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Cada día, miles de personas siguen huyendo de la violencia en Siria. Desde que comenzó el conflicto, más de dos millones de sirios han cruzado a los países vecinos. Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja respondiendo a esta situación en el norte de Irak desde mayo de 2012

© Diala Ghassan/MSF

 

“Venimos de Tel Brak, en el noreste de Siria. Dejamos nuestra casa hace siete meses porque la región se estaba convirtiendo en zona de guerra. Todo el pueblo se marchó”, explica Zeina, quien acaba de cruzar la frontera iraquí con su marido y sus cuatro hijos.

“Hemos estado viviendo estos siete meses en las montañas, sin un lugar apropiado en el que quedarnos, sin trabajo, sin dinero y a veces sin comida –continúa–. Después de siete meses, decidimos ir a Al Qamishli y desde allí cruzar la frontera con Irak. Las fronteras estaban cerradas, así que tuvimos que quedarnos en un colegio de los alrededores. Cuando oímos que las abrían, salimos a primera hora de la mañana. Nos llevó dos horas cruzarla, andando. Estamos tan aliviados de estar aquí…”

Cerca de 60.000 refugiados procedentes de Siria han cruzado a la región kurda de Irak desde que abriera la frontera el pasado 15 de agosto, después de permanecer tres meses cerrada. El día en que volvió a abrirse, 7.000 personas cruzaron la frontera; en el mes que siguió, estuvieron pasando unas 800 personas cada día.

A mediados de septiembre, la frontera volvió a cerrarse, para volver a abrir de nuevo a las dos semanas. MSF está preparando a sus equipos en la frontera y en los campos próximos para responder a una posible llegada masiva de refugiados.

La larga marcha buscando seguridad

La mayor parte de los refugiados sirios llegan a la frontera caminando, tras un largo trayecto a través de un valle desierto y bajo un intenso calor. Han dejado casi todo tras de sí: familiares, hogares, pertenencias… La mayoría son de Damasco y de Aleppo, pero recientemente están llegando más procedentes de la región de Al Hassaka, en el noreste de Siria, tras el recrudecimiento de los combates allí.

Los equipos de MSF han establecido puestos de salud a ambos lados de la frontera, donde se proporcionan consultas médicas y se distribuye agua potable a los refugiados que esperan a ser trasladados a los campos de tránsito que se están instalando en Dohuk, Erbil y Sulaymaniya.

“La mayor parte de nuestros pacientes son niños, mujeres embarazadas y madres que han dado a luz recientemente”, precisa Paul Yon, jefe de misión de MSF en Dohuk. “Muchos sufren deshidratación moderada debido a las largas distancias que han tenido que recorrer hasta llegar a la frontera. También estamos viendo casos de enfermedades crónicas, como hipertensión, asma o epilepsia: algunos pacientes no han podido conseguir su medicación en Siria ya que el sistema de salud se ha hundido. Algunos llegan en estado de shock: se han visto forzados a desplazarse muchas veces desde que estalló el conflicto, y decidieron cruzar la frontera porque su vida corría peligro”.

En el lado iraquí de la frontera, desde mediados de agosto los equipos de MSF han proporcionado más de 1.040 consultas de medicina general para refugiados que esperan su traslado a Dohuk, Erbil y Sulaymaniya. Dado que muchos no habían podido llevarse nada consigo al huir, MSF ha distribuido también bienes de primera necesidad, como bidones y plásticos para refugio, a 290 familias en los campos de tránsito. En los próximos días, los equipos de la organización también empezarán a proporcionar consultas de medicina general para refugiados en varios campos de Erbil.

En el lado sirio de la frontera, MSF ha proporcionado hasta ahora 982 consultas médicas y distribuido agua potable para 33.000 personas que están esperando a cruzar a Irak.

Una nueva vida como refugiado

Los sirios que entran en Irak son registrados en la frontera por las autoridades kurdas y por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Tras el registro, son trasladados a uno de los muchos campos de refugiados que están instalándose en el norte de Irak. Este podría ser el final del camino para quienes han sufrido varios desplazamientos en el interior de Siria desde que comenzó el conflicto hace 2 años y medios, y que comienzan así una nueva vida como refugiados.

 


MSF también trabaja en el campo de refugiados en Domeez desde mayo de 2012; en este campo viven más de 42.000 refugiados sirios. Los equipos de la organización proporcionan servicios generales de salud y de salud mental. Además, MSF evalúa constantemente la situación en la frontera, y sigue preparada para responder a necesidades urgentes de salud. Paralelamente, MSF también está evaluando las necesidades de más de 70.000 refugiados que se han instalado en la ciudad de Dohuk.

 


Margie es una comadrona que recientemente pasó siete semanas trabajando en un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el norte de Siria. El hospital incluye una sala de operaciones donde se atiende a pacientes con heridas de guerra y quemaduras graves, un departamento de emergencias y la unidad de maternidad, donde trabajaba Margie.

La comadrona Margie con un recién nacido en un hospital de MSF © MSF

¿Por qué estableció MSF una unidad de maternidad?

Organizamos la unidad de maternidad porque las mujeres no tenían acceso a atención médica adecuada en esta área. Para mujeres que afrontan complicaciones con el embarazo, es casi imposible obtener atención obstétrica en Siria. En la actualidad quedan algunas comadronas en la comunidad que brindan apoyo en partos comunes, pero si surgen complicaciones resulta problemático encontrar un profesional a quien derivar el caso.

Algunas instalaciones de salud han sido destruidas en el conflicto, mientras que las que permanecen en pie no funcionan de manera adecuada. Quedan algunos hospitales privados, pero están fuera del alcance de la mayoría de la población. En el pasado existía una red de comadronas que brindaban atención médica prenatal, pero ahora es evidente que la mayoría de las embarazadas no reciben cuidados prenatales en absoluto. El conflicto también ha reducido el acceso de las mujeres a alimentos apropiados y muchas de ellas han sido evacuadas. Todo esto genera un estrés que puede afectar el embarazo.

¿Qué clase de servicios ofrece la unidad de maternidad?

Brindamos servicios de entrega segura que incluyen atención obstétrica de emergencia, y derivamos a las pacientes que necesitan cesáreas al equipo quirúrgico. Muchas de las mujeres han tenido muchos hijos, a veces diez u once, y otras tantas han tenido partos anteriores por cesárea, lo que presenta una idea del estándar de atención médica disponible antes del conflicto. La unidad de maternidad también provee cuidados prenatales, incluido el tratamiento profiláctico durante el embarazo por anemia, por ejemplo, y cuidado posnatal inmediato y de seguimiento. Pero no sólo ofrecemos servicios de obstetricia: también ofrecemos servicios de ginecología, muy difíciles de obtener en Siria. El conflicto ha reducido las especialidades de atención médica disponibles y, como el contexto es islámico, si algunas mujeres no encuentran una proveedora de atención médica que sea mujer, no se atienden en absoluto.

Casi la mitad de las pacientes que atendimos provenían de pueblos de los alrededores. En general, las mujeres llegan a nosotros acompañadas por alguien que se atendió en nuestra unidad de maternidad antes, y muchas otras nos conocieron por comentarios de otras pacientes.

¿Trabajabas con personal sirio local?

Sí, trabajé con un equipo maravilloso de cuatro comadronas sirias. Todas las semanas atendíamos hasta 12 partos y realizábamos alrededor de 50 a 60 consultas. Mis colegas atendían los partos normales, pero si surgían complicaciones yo las asistía y trabajaba con ellas para dar la atención médica necesaria. Todas las integrantes del equipo tenían niveles variados de capacitación y experiencia, por lo cual también brindé capacitación y actualicé las capacidades de las comadronas sirias. Ellas agradecieron mucho la oportunidad de adquirir capacidades nuevas, porque otra de las consecuencias del conflicto fue que, para algunas de ellas, la formación se vio interrumpida. Debido a la escasez de personal cualificado, una de las comadronas que contratamos había completado su formación en enfermería, pero sólo había recibido una parte de su entrenamiento en maternidad. Era como una esponja que absorbía conocimiento: ponía en práctica todo lo que le enseñaba. Es inspirador ver esa clase de dedicación.

¿Recuerdas algún caso especialmente complicado?

Asistimos en numerosos partos normales, pero hubo algunos casos difíciles. Un ejemplo es una mujer que había tenido cuatro bebés sanos, pero que luego perdió un embarazo a término. Como muchas mujeres que atendimos, ella estaba evacuada a causa del conflicto y estaba viviendo con toda su familia en una habitación dentro de una escuela. Cuando llegó, estaba embarazada y sufría una preclampsia grave, lo que indica hipertensión. Era obvio que había sufrido ese trastorno durante algún tiempo, porque su bebé presentaba crecimiento deficiente. Como consecuencia, el niño falleció mientras intentábamos salvar la vida de la madre. Ella es un ejemplo de quienes no podían obtener la atención médica que necesitaban durante el embarazo y, para esa mujer, el resultado fue trágico. Como su vida estaba en riesgo, la vida de su bebé quedó en segundo lugar para ella, fue un dilema muy difícil de afrontar. Pero lo que se me grabó en la memoria fue su resistencia, cómo atravesó su duelo y como, aún así, se mostró muy agradecida por la atención médica y el apoyo recibido. Fue conmovedor.

Otra caso que me produjo un gran impacto fue el de una mujer que vino para recibir cuidados prenatales. Cuando le pregunté acerca de sus partos anteriores, mencionó que tenía siete hijos, pero que cuatro de ellos habían fallecido recientemente en un bombardeo en el pueblo más cercano. Sin embargo, pudimos ayudarla a dar a luz a un bebé sano. Verla con su bebé en brazos después de todo lo que había pasado y sufrido fue una experiencia muy gratificante.


MSF administra seis hospitales en el norte de Siria. Desde junio de 2012 hasta agosto de 2013, los equipos de MSF han realizado más de 66.900 consultas médicas, 3.400 procedimientos quirúrgicos y 1.420 partos. Los equipos de MSF también han realizado más de 200.240 consultas para refugiados sirios en países vecinos.