MÉDICOS SIN FRONTERAS

Desde finales de noviembre, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que trabajan en el campo de refugiados de Yida, en el estado de Unidad, en Sudán del Sur, han estado respondiendo al aumento de casos de sarampión; una enfermedad que está afectando principalmente a los más pequeños.

Campaña de vacunación en Yida © Karin Ekholm/MSF

Muchos de los niños que han caído enfermos acababan de llegar a Yida después de huir con sus familias desde la región de las montañas de Nuba, donde los bombardeos y los combates entre los rebeldes y las fuerzas gubernamentales sudanesas se han intensificado en las últimas fechas.

MSF lleva trabajando en Yida, un lugar que a día de hoy alberga a unos 70.000 refugiados sudaneses, desde 2011. Las condiciones de hacinamiento hacen que el contagio del sarampión entre los refugiados sea aún más fácil. Este virus se propaga a través de los fluidos de la boca o de la nariz de las personas infectadas. Y los niños menores de cinco años y mujeres embarazadas están más expuestos al contagio debido a que su sistema inmunológico es más débil.

“En un campo de refugiados, un solo caso de sarampión se considera un brote”, comenta Ahmed Mohama Mahat, coordinador de la campaña de vacunación que MSF está llevando a cabo en Yida. “Las personas que llegan a Yida desde las montañas de Nuba se encuentran en muy malas condiciones; además no habían sido vacunadas desde hacía mucho tiempo”.

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El brote de sarampión que afectaba desde finales de 2012 al estado de Katsina, en el norte de Nigeria, acaba de darse por finalizado. Durante todos estos meses, MSF ha estado dando apoyo a las autoridades de país a través de la vigilancia epidemiológica y de la gestión de casos en las 34 provincias de Katsina.

Médicos de MSF dando soporte a la población de Nigeria. © MSF

El brote empezó en diciembre de 2012 al sur del estado de Katsina y gradualmente se propagó a las 34 provincias del mismo. Durante las 28 semanas en las que ha estado activo se han reportado un total de 36.428 casos y 198 muertes.

Desde febrero de 2013, MSF ha estado prestando apoyo al Ministerio de Sanidad del estado a través de la vigilancia epidemiológica y de la gestión de casos en las 34 provincias de Katsina. Durante todos estos meses, los equipos de la organización médico humanitaria han visitado regularmente alrededor de 300 instalaciones sanitarias y han donado medicamentos para tratar 14.290 casos de sarampión.

Debido a que en Nigeria hay muchísima escasez de vacunas contra esta enfermedad, en un principio el Ministerio de Salud del país sólo pudo facilitar al estado de Katsina un 10% de las vacunas requeridas para efectuar campañas masivas de vacunación. Por esta razón, durante la primera semana de marzo, MSF decidió seguir apoyando a las autoridades organizando una campaña masiva en cinco de las 34 provincias. Gracias a esta campaña de vacunación, en la que unos 217.500 niños de edades comprendidas entre los 6 meses y los 5 años fueron vacunados, se observó un descenso importante del número de casos en estas cinco zonas.

Debido a la interrelación que existe entre sarampión y desnutrición, MSF también llevó a cabo exámenes sistemáticos para detectar los casos de desnutrición en la provincia. Un total de 215.038 niños entre 6 meses y 5 años fueron examinados. La tasa de desnutrición aguda severa detectada fue de un 1,8% y la de desnutrición aguda global del 6%.

 


La enfermera Flora Escourrou acaba de regresar del este de Chad, donde ha participado en una campaña de vacunación contra el sarampión.

Flora, en el centro, en una de las paradas para vacunación © MSF

“Era mi primera misión para Médicos Sin Fronteras (MSF). Llegué a la capital, Djamena a mediados de abril. Con los otros cuatro miembros del equipo enviados a Chad, partimos rumbo a Abéché. Tardamos dos días en atravesar el país de oeste a este.

En Abéché se habían reportado casos de sarampión durante varios meses, y en abril la epidemia había alcanzado una dimensión alarmante. El sarampión es una enfermedad bajo control en Europa, pero puede tener serias complicaciones. En el peor de los casos, cuando el acceso a la atención resulta insuficiente, la mortalidad puede alcanzar hasta un 20%. No obstante, las epidemias pueden evitarse, ya que la vacuna es efectiva y económica. La anterior campaña de vacunación en la región de Abéché había tenido lugar en 2009 por lo que, con los nacimientos posteriores, el número de niños sin la debida protección vacunal había ido aumentando poco a poco.

Dos semanas para vacunar

Cuando llegamos a Abéché, ya habían empezado los preparativos, pues MSF trabaja allí desde hace varios años. Las autoridades habían dado la luz verde y habían confirmado la participación de 26 centros de salud del distrito en la campaña; teníamos dos semanas para vacunar a casi 100.000 niños.

La primera tarea fue leer los cientos de currículums que había recibido la organización. Tras llegar a un acuerdo con una escuela de enfermería , contratamos también a un grupo de sus estudiantes. A finales de abril habíamos formado a 14 equipos, que se completaron con miembros de las comunidades locales. Cada equipo tenía que vacunar a una media de 500 niños al día.

El inicio de la operación estaba previsto para el 29 de abril. Cada mañana empezaba el mismo ritual: nos encontrábamos a las cinco  para ultimar los mapas de la ruta a seguir. Después llegaban los 14 supervisores. A continuación comprobábamos que el material, sobre todo las vacunas refrigeradas, había sido cargado adecuadamente en los coches. Por último, todos los equipos emprendíamos la marcha sobre las seis de la mañana.

Horas de coche

Durante las primeras semanas, mi principal papel fue supervisar las operaciones. El viaje en coche a los puntos de vacunación más lejanos podía durar hasta tres horas. A veces había que reorganizar el plan y ,por ejemplo, pedir al jefe de la aldea personal de seguridad adicional para evitar aglomeraciones.

Sólo los niños de edades comprendidas entre los seis meses y los cinco años reciben la inyección, pero las madres no siempre conocen la edad exacta de sus hijos. Por norma, si son lo bastante mayores para tener dientes, se incluyen. Como excepción, los niños de comunidades nómadas se vacunan hasta los 15 años, pues a menudo escapan a los programas de vacunación rutinarios.

Llevar a un niño al hospital puede requerir mucha capacidad de persuasión

La segunda semana, me impliqué más en tratar los casos de sarampión identificados por nuestros equipos. Las madres no siempre llevaban a sus hijos con sarampión al punto de vacunación, por miedo al contagio. No existe un tratamiento específico contra el virus; en su lugar, abordamos los síntomas de la enfermedad con antibióticos, paracetamol para la fiebre y ungüentos para los ojos. A menudo también se necesita apoyo nutricional, pues el sarampión es un factor de riesgo de desnutrición. Todos estos tratamientos pueden administrarse in situ.

Por otra parte, los niños con complicaciones eran trasladados al hospital de Abéché, donde MSF les aseguraba un tratamiento gratuito. Los síntomas más importantes son los trastornos respiratorios y las convulsiones. Cuando los niños tienen estos síntomas, resulta más fácil convencer a los padres de que hay que llevarlos al hospital. Convencer a personas tan pobres como aquellas con las que trabajábamos de que acudan a Abéché y dejen sus hogares durante varios días, puede requerir mucha capacidad de persuasión. Así pues, aunque nos ofrecíamos a trasladar al niño al hospital y a traerlo de vuelta a casa, cada negociación que conseguíamos cerrar con éxito suponía una victoria.

Esta primera misión ha sido una experiencia muy enriquecedora para mí. Me impresionó la capacidad de MSF para organizar una operación de tal magnitud. Gestionar la vacunación de muchos niños en tan poco tiempo crea una tremenda sensación de haber conseguido nuestro objetivo y me ha motivado mucho para trabajar en una nueva misión en el terreno.”

 


 

Una vez finalizada la campaña en Abéché, los equipos de MSF pasaron a vacunar a los niños del distrito vecino de Abdi; a finales de junio, trasladaron la campaña a Biltine, en la región de Wadi Fira. Un total de 257.000 niños en estos tres puntos han sido inmunizados contra el sarampión y casi 800 niños enfermos han recibido tratamiento.

 


Una epidemia de sarampión con más de 7.000 casos está golpeando a varias partes del norte de Siria, prueba de que las necesidades humanitarias están aumentando y de que el sistema de salud del país se ha desmoronado después de más de dos años de guerra civil.

Niño operado en el hospital de MSF en la provincia de Alepo, Siria © Anna Surinyach / MSF

Equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han vacunado a más de 75.000 niños en las provincias de Alepo, Ar-Raqa e Idlib, en un esfuerzo para contener la epidemia, que está afectando a una población que no estaba acostumbrada a brotes de este tipo.

Los programas rutinarios de vacunación se vieron interrumpidos en 2011 en gran parte del país debido al inicio de la guerra, lo cual dejó desprotegidos a miles de niños. Además, centenares de miles de personas huyeron de sus casas a campos de desplazados u otros lugares superpoblados donde las condiciones sanitarias eran precarias. Aunque la tasa de mortalidad de la epidemia de sarampión se mantiene baja, la enfermedad aumenta la vulnerabilidad de los niños a otras infecciones y las complicaciones derivadas del sarampión pueden amenazar sus vidas.

“Llevar a cabo una campaña de vacunación en un conflicto tan polarizado es muy difícil, pero estas campañas y la atención básica de salud son tan necesarias como la cirugía de guerra”, dice Teresa Sancristóval, responsable de la Unidad de Emergencias de MSF.

Además de las víctimas directas de la violencia en Siria, las tasas de mortalidad están subiendo (especialmente entre los más vulnerables) debido a la falta de medidas preventivas como la vacunación y la falta de acceso a la salud. MSF se ha puesto como prioridad apoyar a esta parte de la población. “Los niños, las embarazadas y las personas mayores, así como las que sufren enfermedades crónicas como el asma y la hipertensión, han sido una prioridad en nuestra respuesta a la crisis humanitaria en Siria”, resume Sancristóval.

La epidemia de sarampión es un símbolo del deterioro de la situación humanitaria en el norte de Siria. Aunque MSF ha podido vacunar 15.000 niños en la ciudad de Alepo y más de 22.000 en el resto de la provincia homónima, hacerlo supuso un reto debido al contexto de violencia generalizada y al miedo omnipresente en la vida de muchos sirios. Las colas para vacunarse tuvieron que ser evitadas para que no hubiera bombardeos o ataques con misiles.

En la provincia de Ar-Raqqah, MSF ha vacunado a más de 35.000 niños en uno de sus tres distritos. La cobertura está siendo parcial debido a las restricciones impuestas por la seguridad, que están dejando a miles de niños vulnerables al sarampión.

En la provincia de Idlib se han detectado 164 casos de sarampión en mayo, pese a que MSF ya lanzó una campaña de vacunación en la zona en febrero. Los equipos pudieron vacunar a 1.900 niños de menos de cinco años en un área cercana a la frontera donde vivían más de 40.000 desplazados. MSF está planeando otra campaña de vacunación en la provincia para menores de quince años. El objetivo es vacunar a entre 10.000 y 30.000 niños. Los nuevos casos en Idlib probablemente se deben a la continua llegada de desplazados que huyen de los combates. En otras partes del norte de Siria se vive una situación similar.

“Las guerras acostumbran a conllevar una reducción drástica de los servicios médicos básicos justo cuando más se necesitan”, apostilla Sancristóval.

 


MSF tiene cinco hospitales en el norte de Siria, en áreas controladas por los grupos de la oposición armada. La organización médico-humanitaria negocia el acceso con todas las partes, pero todavía no ha recibido autorización oficial para trabajar en Siria.

Desde que el conflicto empezó, los equipos de MSF han llevado a cabo 46.000 consultas y 2.841 intervenciones quirúrgicas y han atendido 854 partos.


En el Día Mundial de la Malaria, Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que un aumento de la malaria puede tener graves consecuencias para la población de la provincia Oriental de la República Democrática del Congo (RDC) a menos que se adopten acciones inmediatas. La lucha contra los brotes recurrentes de la enfermedad en la provincia requiere un compromiso firme por parte de las autoridades congoleñas de salud y las organizaciones de ayuda, según MSF.

Bebé paciente de malaria en la provicia Oriental de RDC, julio de 2012 © Aurelie Lachant / MSF

Con la estación de lluvias a punto de comenzar, la situación es crítica en áreas remotas de la provincia Oriental, donde la malaria es una de las causas principales de mortalidad, de acuerdo con el coordinador de emergencias, Narcisse Wega. “Demasiados centros de salud carecen de los medios necesarios para afrontar un nuevo brote, lo que es completamente inaceptable”, dice Wega.

El brote de malaria, además, está previsto que se conjugue con una epidemia de sarampión que se cernirá en la provincia, y serán los menores de cinco años los más vulnerables.

En el último año, MSF ha actuado de emergencia para responder a un aumento dramático de casos de malaria graves en los distritos nortes de la ciudad de Kisangani. En las áreas de Ganga-Dingila, Buta y Aketi, casi 60.000 personas recibieron tratamiento y más de 3.500 tuvieron que ser admitidos en el hospital aquejados por la enfermedad.

Dos estudios de mortalidad llevados a cabo por MSF en 2012 muestran una mortandad extremadamente elevada en niños menores de cinco años. En la región de Pawa, los índices de mortalidad multiplicaron los niveles de emergencia por tres, con más de un niño muerto de cada diez, por no recibir tratamiento adecuado. Esta no es una situación única en RDC, donde los brotes son recurrentes también en las provincias de Maniema, Ecuador y Katanga.

La respuesta de emergencia de MSF durante 2012 reveló grandes deficiencias en el sistema de salud, y ello contribuyó a la severidad del brote. La misma situación se repite este año: las mosquiteras no han llegado a las áreas más vulnerables, así como tampoco suficientes equipos para diagnóstico rápido, de transfusión de sangre o medicamentos. Los equipos de transfusión son vitales para niños que sufren anemia causada por la malaria. Estos materiales indispensables no se encuentran en las listas de suministros requeridos por los donantes. El coste de los servicios de salud en RDC también impide a mucha población el acceso al tratamiento que necesitan.

MSF hace un llamamiento a la acción urgente de todos aquellos involucrados en la lucha contra la malaria en DRC. Tratamientos adecuados y pruebas rápidas de diagnóstico deben ser puestos a disposición de la población de la provincia Oriental lo antes posible, mientras que medidas de prevención como la distribución de mosquiteras debe iniciarse inmediatamente, antes de que el pico estacional de malaria se encuentre ya en apogeo. Si la actuación no es rápida y efectiva, MSF teme que las consecuencias para la población sean trágicas.

 

MSF trabaja en la RDC desde 1981. En 2012, MSF trató a más de medio millón de personas con malaria en el país, incluyendo un número muy elevado de niños menores de cinco años.


La temporada de lluvias y el aumento de la malaria coinciden con la época de mayor escasez de alimentos.

 

En 2013, se prevé tratar a 1,4 millones de niños con desnutrición aguda severa en Sahel; 1 de cada 5, en Níger.  Médicos Sin Fronteras (MSF) ha comprobado un aumento de los casos de desnutrición durante el primer trimestre del año, en relación al mismo período de 2012, en varios de sus proyectos en el sur del país. El número de casos de malaria tratados por la organización en algunas zonas también se ha incrementado en las últimas semanas. Con la estación lluvias a punto de empezar, y más picos de desnutrición y malaria previstos, MSF considera esencial trabajar en un enfoque integrado que se centre tanto en la prevención como en el tratamiento para reducir el impacto de las crisis médicas y nutriciones en los niños menores de 5 años en Níger.

En 2012, un pico de malaria más prematuro y prolongado provocó un gran aumento del número de niños desnutridos que tuvieron que ser ingresados con malaria severa y tratados de forma hospitalaria. Una encuesta de mortalidad retrospectiva realizada por MSF en los distritos de Madaoua y Bouza en 2012, reveló una tasa de mortalidad en menores de 5 años de 7 muertes por 10.000 niños al día; el triple del umbral de emergencia. Más de la mitad de las muertes se debieron a la malaria. Los datos no son extrapolables a todo el país pero muestran la grave situación humanitaria que se vivió en algunas zonas.

La malaria y la desnutrición están muy relacionadas. La época de escasez de alimentos entre cosechas, cuando se dan más casos de desnutrición, coincide con la estación de lluvias, cuando los mosquitos se reproducen y el número de casos de malaria se dispara. Ambas enfermedades crean un círculo vicioso: los niños desnutridos poseen un sistema inmunológico más debilitado así que son más vulnerables a enfermedades como la malaria y los niños enfermos de paludismo tienen más probabilidades de padecer desnutrición.

“Tenemos que actuar con urgencia para evitar que tantos niños sigan muriendo de causas prevenibles”, afirma Luis Encinas, responsable de proyectos de MSF en Níger, y añade: “Para combatir malaria y la desnutrición necesitamos enfoques innovadores y trabajar en dos niveles al mismo tiempo: el preventivo y el curativo”.

 

© Juan Carlos Tomasi / MSF

 

En los últimos años, las estrategias para luchar contra la desnutrición incluyen la prevención como uno de los componentes claves para abordar el problema. De igual manera, es imprescindible trabajar más en la prevención de la malaria, aplicando nuevas estrategias que ya han demostrado su eficacia.

En este sentido, MSF prevé implementar en algunas zonas de Níger una nueva estrategia para prevenir la malaria, conocida como quimioprevención de la malaria estacional (SMC, por sus siglas en inglés) que consiste en el suministro intermitente de un ciclo completo de tratamiento antipalúdico durante la época de malaria para prevenir nuevos casos. MSF implementó con éxito esta estrategia en Chad y Mali durante 2012, consiguiendo disminuir en un 66% el número de casos de malaria simple en Mali y un 78% en Chad.

 

Estas estrategias cruciales de prevención deben ser parte de un plan más ambicioso que aborde la desnutrición y la malaria como problemas de salud pública e integre su prevención y tratamiento dentro de las medidas básicas de salud dirigidas a los niños más pequeños, como la vacunación, y apoyadas con suplementos nutricionales para ayudar a los niños a crecer sanos. También es necesario mejorar el acceso de la población a la atención sanitaria, descentralizándola a las zonas rurales. En el distrito de Madarounfa, MSF ya lleva a cabo un programa con este enfoque integrado para reducir la mortalidad infantil.

“El esfuerzo para tratar la desnutrición en Níger es tremendo y hay que apoyarlo. El problema en 2012 fue que el plan masivo para tratar la desnutrición no incluyó otras necesidades médicas, en particular la malaria y la inmunización. Incluso con la nutrición apropiada, puedes perder a un niño por malaria y por infecciones respiratorias. Para la supervivencia del niño es necesario una respuesta integrada y no impulsar una u otra de forma exclusiva”, afirma José Antonio Bastos, presidente de MSF España.

La situación de seguridad en Níger, que se deterioró en 2012 y principios de 2013 debido a los conflictos en la región, puede obstaculizar el despliegue de la ayuda humanitaria en el país, por lo que es necesario anticiparse y elaborar estrategias alternativas que puedan ponerse en marcha incluso en condiciones difíciles.

 


Para hacer frente a la emergencia crónica, MSF llevó a cabo diferentes actividades en Níger en 2012 para mejorar el acceso a la salud en niños menores de 5 años y mujeres embarazadas. Los equipos médicos de la organización gestionaron programas nutricionales ambulatorios en 37 centros de salud en las regiones de Zínder, Maradi y Tahoua. Los pacientes que necesitaban ser hospitalizados eran tratados en los centros de nutrición de los hospitales de Zínder, Magaria, Madarounfa, Guidan Roumdji, Madaoua y Bouza.
Más de 90.000 niños con desnutrición aguda severa y 390.000 casos de malaria fueron tratados en 2012 en los centros médicos gestionados por MSF y sus contrapartes.

 


Médicos Sin Fronteras emitió una alerta en diciembre sobre una epidemia de sarampión en las provincias de Equateur y Orientale, en el norte de la República Democrática del Congo (RDC), con el objetivo de llamar la atención sobre la situación y la falta de recursos disponibles para el personal de salud que responde a la emergencia. Dos meses después, sin embargo, la epidemia sigue afectando a decenas de miles de niños en el área.

© Tristan Pfund/MSF

La enfermedad es extremadamente contagiosa y puede diseminarse con rapidez en países como la RDC, que tienen graves carencias en su sistema sanitario. Los efectos pueden ser devastadores. El sarampión provoca graves complicaciones médicas en los pacientes y la mortalidad puede alcanzar hasta el 25% de los casos.

Desde marzo de 2012, MSF ha tratado a más de 18.500 pacientes y vacunado a más de 440.000 niños, pero muchos más necesitan ayuda. “Vemos muchísimas tumbas pequeñas, recientemente excavadas a lo largo de los caminos” dice Nathalie Gielen, responsable del equipo de MSF que ha regresado de la zona sanitaria de Djolu, en la provincia de Equateur. “Hemos contado 35 muertos en una aldea. Un padre nos dijo que había perdido siete hijos en tres semanas. Viajando de un pueblo a otro, oímos una sola palabra: sarampión. La gente está asustada y desesperada. Están pidiendo ayuda”.

© Tristan Pfund/MSF

Una crisis en curso que comenzó en 2010

“Esta situación es sólo la última evolución en curso de una epidemia que ha afectado a todo el país desde 2010 y es particularmente mortal entre los niños menores de cinco años “, dice Amaury Grégoire, miembro del equipo de coordinación de MSF. “Es inaceptable que alguien todavía muera de sarampión en el siglo XXI. Hay disponible una vacuna muy eficaz y barata que protege después de una sola dosis. Sin embargo, en países como la RDC, hay cientos de miles de niños que nunca han sido vacunados y que siguen muriendo a causa de una enfermedad tan fácilmente prevenible”.

La magnitud de las necesidades ha desbordado el sistema de salud de RDC. Muchas estructuras de salud son poco operativas. Con frecuencia se quedan sin medicamentos y bregan para encontrar personal cualificado. La falta de caminos transitables hace que sea muy difícil llegar a los centros y facilitar suministros. La cadena de frío, crítica para asegurar que la vacuna es eficaz, se interrumpe con frecuencia debido a la falta de equipos o electricidad en las áreas más remotas. En la zona sanitaria Yahuma en la provincia Orientale, donde MSF ha vacunado a 76.000 niños, el centro de salud cuenta sólo con dos refrigeradores y una moto averiada para servir a un área con una extensión similar a la Comunidad Valenciana.

Esta situación hace que sea especialmente difícil facilitar el acceso a la atención médica. La mayor parte de la población vive en aldeas distantes y bajo el umbral de la pobreza, lo que significa que no pueden trasladarse para acceder a tratamiento. Por otra parte, a pesar de que se ha declarado la epidemia, a algunas personas todavía se les cobra por la atención médica.

© Tristan Pfund/MSF

Centros de salud vacíos o inaccesibles

Martine ha traído a su hija de 10 meses de edad, Asiata, al hospital de Dingila. El bebé tiene sarampión con complicaciones respiratorias. Han viajado 20 kilómetros a pie para obtener atención médica proporcionada por MSF. En la unidad de cuidados intensivos, Félicien dice que caminó dos días para traer a Israel, su hijo de tres años de edad, quien se encuentra en estado crítico debido a complicaciones relacionadas con el sarampión. “Nuestro puesto de salud no tiene medicina”, dice. Félicien afirma que dos niños de su aldea ya han muerto de camino al hospital.

En esta vasta región boscosa, las personas tienen que caminar, a menudo, durante varios días para obtener atención médica. Ir a un centro de salud pública es, habitualmente, un último recurso – después de probar la medicina tradicional – y sólo si pueden permitírselo.

“Los padres llegan cuando el niño ya ha desarrollado complicaciones médicas, como infecciones agudas de las vías respiratorias o desnutrición”, dice el doctor Jehu, quien lidera el equipo de MSF en el hospital de Buta. “Algunos también tienen malaria. Tratamos a muchos niños con complicaciones médicas múltiples y simultáneas. Muchos mueren en su aldea porque los establecimientos de salud no pueden proporcionar una atención adecuada”.

Alcanzar las zonas sanitarias más distantes a toda costa

MSF continúa alertando a las autoridades sanitarias puesto que la epidemia está lejos de haber terminado. La organización está ampliando sus actividades y continúa vacunando a niños y tratando a pacientes, incluyendo a aquellas personas que requieren atención hospitalaria intensiva. MSF facilita apoyo a los servicios médicos, forma a personal local, avisa a la población de la disponibilidad de atención gratuita y refiere a los pacientes de mayor gravedad.

“El tratamiento de los niños afectados por el sarampión con complicaciones médicas asociadas es muy difícil, incluso en una unidad de cuidados intensivos bien equipada. Pero ningún niño debería tener que ir a un hospital debido al sarampión porque es fácilmente prevenible”, concluye el doctor Mathieu Bichet, director adjunto del programa de MSF.

 


Los equipos de MSF han conseguido vacunar contra el sarampión a 65.082 niños, de entre seis meses y quince años en la región de Bunyakiri (en Kivu Sur, República Democrática del Congo). La complicada situación de inseguridad en la zona provocó que se suspendiera temporalmente la campaña en la zona norte de la región, en la que se concentran diferentes grupos armados y en la que se registran frecuentes combates.

Vacunación en Bunyakiri © MSF

La actuación en Bunyakiri, como constata el personal de MSF en el video, se ve dificultada no sólo por la volátil situación de seguridad en la zona, sino por una orografía escarpada, por la crecida de ríos, caminos embarrados y por la estación de lluvias en la que la vacunación tuvo que llevarse a cabo. El brote de sarampión, -que puede ser letal si se combina con desnutrición en menores-, fue detectado el mes de octubre del año pasado con la llegada de los primeros niños enfermos a los centros de salud de la zona, aislada y de difícil acceso. Tras el análisis epidemiológico de los casos detectados, su número, origen geográfico, tasa de mortalidad del brote epidémico y extensión de la enfermedad  se decidió acometer la campaña.

Un equipo compuesto por más de un centenar de personas participó en la vacunación y, asimismo, en el tratamiento de los enfermos. La vacunación se inició el 26 de diciembre y se dio por finalizada el 19 de enero, tras poder acceder finalmente también a la zona norte de la región.

Los equipos de vacunación se establecieron en los diferentes centros de salud a los que se llama a la población a acudir con los niños mientras que equipos móviles se desplazaron en moto a los lugares más inaccesibles. La campaña ha llegado a cubrir el 75% del total de los niños de la zona, lo que –habida cuenta las dificultades de acceso y la alta movilidad de los residentes en Bunyakiri- cumple con las expectativas establecidas por la organización.

Congo: vacunación de sarampión en Bunyakiri

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Esperanza Santos, enfermera madrileña de 32 años, forma parte del equipo de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF). Su trabajo consiste en coordinar las actividades médicas en el terreno ante desastres naturales, epidemias, conflictos, etc. Ahora está en Níger, desde donde apoya la intervención en el norte de Malí y responde al gran pico de malaria que se está produciendo en plena crisis nutricional, y al que en los últimos días se ha añadido la aparición de casos de cólera.

Esperanza Santos atiende a un niño en Sudán. © Juan Carlos Tomasi/MSF

¿Cuál es la situación actual en Níger?

Níger es uno de esos sitios del mundo donde uno corrobora todas las estadísticas que ha oído y leído sobre el hambre y la pobreza en el mundo. Cuando escuchas eso de “cada minuto mueren 10 niños de hambre en el mundo”, o eso otro de “cada minuto muere un niño de malaria en el mundo”, no te haces una idea de lo que significa. Hasta que llegas a un sitio como el distrito de Madaoua, uno de los lugares donde MSF trabaja en Níger, y lo ves con tus propios ojos.

En Madaoua hay desnutrición y malaria todo el año, pero durante este periodo se multiplican los casos. Por un lado, es la época del año en que las reservas de grano de las cosechas del año anterior se están agotando y las nuevas cosechas aún no se han recogido: este periodo se conoce como hunger gap y dura hasta octubre-noviembre. Por otra, estamos en plena estación de lluvias y, durante estos meses, los casos de malaria se disparan. Estas dos patologías juntas, la desnutrición y la malaria, son fatales para los niños más pequeños.

Llevas dos meses en Madaoua trabajando en malaria, ¿qué te encontraste al llegar?

Me encontré a la gente que está trabajando en el proyecto de desnutrición,  haciendo ya frente al comienzo de la época de los picos de desnutrición y malaria. El año pasado, 20.000 niños menores de 5 años fueron admitidos en el programa nutricional de MSF en Madaoua. Casi todos ellos siguieron el tratamiento a nivel ambulatorio. Solo cuando los niños están muy débiles o con alguna otra enfermedad asociada, se les lleva al hospital y se les hace un tratamiento intensivo, que suele durar unas dos semanas. En el hospital de Madaoua, también nos hacemos cargo de la parte de pediatría, en la que ingresan los niños que están enfermos pero no están desnutridos.

Cuando llegué a Madaoua, los ingresos estaban empezando a multiplicarse y ahora siguen siendo muy altos. Además de las salas habituales para los desnutridos y la de pediatría, ya hay montadas cinco tiendas de campaña grandes y está todo lleno. La semana pasada, entre pediatría y desnutridos, había más de 300 niños ingresados. Y siguen viniendo. La malaria es una de las enfermedades que más vemos y por eso mi trabajo aquí consiste en coordinar una estrategia para acercar el diagnóstico y el tratamiento a la comunidad.

¿Nos puedes explicar en qué consiste esta estrategia de malaria?

La idea es descentralizar el diagnóstico y tratamiento de la malaria todo lo que se pueda para hacerlo más accesible a la población. En la zona rural hay un grave problema de acceso al sistema sanitario: en ocasiones, el centro de salud más cercano está a más de 10 e incluso 20 kilómetros de distancia, así que una madre (probablemente embarazada) caminando con un niño enfermo de malaria a cuestas es incapaz de llegar al centro para conseguir el tratamiento.

Hemos formado a la red de trabajadores comunitarios para que puedan realizar tests rápidos de malaria, dar tratamiento e identificar los casos graves que deban ser referidos al hospital. También hacemos detección de casos de desnutrición, para referir al programa nutricional a los niños que necesiten tratamiento y vacunamos de sarampión a los niños que no están inmunizados.

¿Cuántos casos de malaria habéis tratado en las últimas semanas?

En agosto se han disparado los casos. Solo en el proyecto de Madaoua hemos tratado 22.000 casos de malaria, mientras que en julio tratamos 6.200. Por eso es tan importante la estrategia de malaria: para tratar a estos niños lo antes posible e impedir que contraigan la forma severa de la enfermedad o mueran.

A esta situación se ha sumado el cólera desde hace unas semanas. ¿Cuál es la situación?, ¿cuántos casos hay?, ¿dónde estáis trabajando?

El primer caso fue el 19 de agosto en Galmi, un pueblo que está a unos 40 kilómetros de Madaoua, en la carretera principal que viene desde Niamey y va hasta Maradi y la frontera de Nigeria. Una semana más tarde comenzaron los casos en Koumassa (a medio camino entre Galmi y Madaoua). Llevan 185 y 75 casos registrados respectivamente, y hasta el momento han muerto siete personas en Galmi y dos en Koumassa. En Madaoua también ha habido algunos casos de cólera, pero de momento parece que no han ido a más.

Estamos trabajando en los tres sitios, en colaboración con los distritos sanitarios. Se han abierto tres unidades de tratamiento, donde nos encargamos de toda la logística (materiales, construcción, tratamiento de agua y desinfección), trabajamos con el personal médico del distrito, hemos dado formación sobre cólera porque en esta zona hacía por lo menos siete u ocho años que no había habido casos, y también hemos hecho donación de material médico y medicamentos.


Médicos Sin Fronteras (MSF) amplía sus programas médicos de emergencia para asistir a la población afectada por los múltiples conflictos que asolan esta parte del país.

Refugiados congoleños en la frontera con Uganda © Brigitte Rossotti/MSF

“Estamos presenciando movimientos masivos de población en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur: familias enteras que huyen de la violencia en distintas zonas”, explica el coordinador general de MSF en República Democrática del Congo (RDC), Andrew Mews, desde Goma, la capital de Kivu Norte. “El aumento de la violencia en la región está forzando a un gran número de personas a dejar sus casas en busca de seguridad”.

Un equipo de MSF ha iniciado una intervención de emergencia en el campo de desplazados improvisado de Muganga I, situado a 20 kilómetros al oeste Goma. Unas 17.500 personas que optaron por asentarse allí de forma espontánea están viviendo en condiciones infrahumanas: actualmente hay una letrina por cada 1.000 personas, cifra muy por debajo de los niveles mínimos aceptados. MSF está mejorando las instalaciones de agua y saneamiento y ofrece atención médica gratuita.

La organización también está dando apoyo de emergencia a decenas de miles de personas que han buscado refugio en el pueblo de Kanyaruchinya, a unos 10 kilómetros al norte de Goma.  El equipo médico atiende unas 3.000 consultas diarias en el centro de salud local, donde ha instalado un centro de tratamiento de cólera para combatir un brote de esta enfermedad y ha iniciado un programa de vacunación masiva de sarampión.

Grupos armados han convertido a poblaciones enteras del distrito de Masisi en sus objetivos. Decenas de miles de personas se han visto obligadas a huir a otros pueblos de esta zona de Kivu Norte. MSF utiliza equipos médicos móviles para poder acceder y asistir de forma urgente a la población afectada por los desplazamientos forzosos.

En la provincia de Kivu Sur, los programas de emergencia establecidos a principios de año en Minova y Kalungu para dar atención médica gratuita a los desplazados se prolongarán un mínimo de seis meses más en vista de la situación actual. Estos programas dan apoyo a los centros de salud locales y organizan clínicas móviles para acceder a las poblaciones más dispersas y aisladas, y hasta ahora han dado asistencia a más de 10.000 personas. La semana pasada, MSF habilitó un nuevo centro de salud en la remota y disputada localidad de Numbi.

Las personas que han conseguido llegar hasta los campos oficiales de desplazados representan una pequeña parte del total de desplazados en las últimas semanas. Muchos se ven obligados a refugiarse en los bosques del interior, sin acceso a atención médica y sin posibilidades de llegar hasta ellos para proporcionársela. Otros han sido acogidos en casas de familias que han abierto sus puertas y han compartido su comida con los que huyen de la violencia.