MÉDICOS SIN FRONTERAS

Tras el desplazamiento del frente de batalla y la ofensiva de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) en Menbij, el número de civiles que huyen de sus localidades hacia el área que circunda el río Eufrates ha aumentado.

Tanto los desplazados internos como las comunidades de acogida necesitan ayuda humanitaria urgente. Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que la pésima situación, sumada al colapso total del sistema de salud, hace temer un nuevo aumento de las enfermedades infantiles prevenibles en el país.

“No hay médicos y no tenemos comida. Aquí no podemos movernos con libertad. Todos tenemos miedo. Sueño con regresar a mi pueblo y vivir seguro con mi familia. Una vez que regrese a mi hogar, nunca me iré de allí, pero por desgracia eso solo puede ocurrir cuando no seamos atacados una y otra vez como sucede ahora”, afirma un desplazado de 51 años procedente del noreste de Abu Qalqal.

MSF

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Por una parte, la constante inseguridad que se vive en Afganistán ha rematado un sistema de salud que ya se encontraba muy dañado, dejando en funcionamiento apenas unos pocos hospitales y clínicas en las capitales de provincia, que en muchos casos se han convertido en objetivo militar. Los ejércitos de la coalición internacional han fagocitado la asistencia médica, ocupando hospitales y arrestando a pacientes en sus camas. Esto ha provocado que los grupos armados de la oposición hayan tomado como blanco a los trabajadores sanitarios y a las estructuras de salud, precisamente debido a la presencia en las mismas de las fuerzas internacionales.


Por otra parte, los escasos servicios médicos, que se prestan generalmente en clínicas privadas, son inaccesibles, dado su elevado precio, para la gran mayoría de una población empobrecida por la propia guerra.

En medio de esta situación kafkiana, las escasas organizaciones humanitarias presentes en el país tratamos de convencer a las fuerzas en conflicto de nuestra neutralidad, para que se nos permitan acceder, con unas mínimas condiciones de seguridad, a una población exhausta por la guerra.

Casi pisando huevos para no llamar mucho la atención y agarrándonos a nuestros principios, nos instalamos en el único hospital de la provincia de Helmand que atiende las necesidades médicas de una población de más de un millón de personas.

El pasado 4 de marzo, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, retomó una de esas “brillantes” ideas relacionadas con la “guerra humanitaria” que tanta inquietud nos generan a quienes día tras día luchamos por prestar una asistencia independiente a las víctimas de los conflictos. Jugando a la confusión de principios y de objetivos, el señor Rasmussen defendió la necesidad de que la OTAN y las organizaciones no gubernamentales refuercen su cooperación en el terreno, atribuyendo a estas últimas un “poder de atracción” que complete el “poder coercitivo” de los Ejércitos aliados…. lo que en otro ámbitos se llama la “estrategia del poli malo-poli bueno”.

Al entrar en el hospital, nos encontramos con Fátima. Está sentada en la sala de pediatría con su bebé en brazos. Llegaron esta mañana de Nawa-i-Barakzayi, un pueblo en el distrito Larshkargah de la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán. “Tengo tres hijos. Esta es mi pequeña de 5 meses . Está enferma. Mi leche materna se ha terminado y ella tiene hambre. No me queda en casa nada con qué alimentarla”.

Me pregunto que pensaría  el Sr. Rasmussen de sus estrategias para arreglar el mundo si tuviera un minuto de su valioso tiempo para sentarse con Fátima y su hija enferma en el único hospital de la zona, al que él con sus declaraciones ha puesto en el punto de mira.