MÉDICOS SIN FRONTERAS

 

Desde hace más de 50 años, la población colombiana sufre los efectos de una crisis humanitaria que la convierte en víctima silenciosa tanto del conflicto que enfrenta a los distintos actores armados estatales y no estatales, como de otras situaciones de violencia. Los habitantes de las zonas más afectadas se exponen a desplazamientos forzados, masacres, asesinatos selectivos, minas, secuestros, atentados con explosivos, abusos sexuales, amenazas, confinamiento, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas. Desamparadas por un Estado que no logra responder de manera efectiva a sus necesidades médicas y menos aún a las psicológicas, estas poblaciones vulnerables se ven obligadas a transitar su día a día afrontando las duras consecuencias que el conflicto armado tiene en el desarrollo de su vida cotidiana y en su salud.

Aunque menos visibles que las heridas de bala, los efectos psicosociales de la guerra también tienen un impacto profundo en la vida de las personas. Las repercusiones sobre el equilibrio psíquico se presentan no sólo en aquellos que viven en las zonas más afectadas del territorio colombiano y que están expuestos
a la violencia directa, sino también en la población que de manera indirecta sufre el conflicto. A pesar de los avances legislativos en el ámbito de la salud mental que se han registrado en los últimos cinco años y más allá del reconocimiento político y público de la existencia de un conflicto armado, aún falta un plan de acción del gobierno colombiano acorde a la evolución del contexto, que garantice
el acceso a servicios de salud mental de calidad para la población afectada por la violencia, independientemente del perpetrador. Leer más


Décadas de conflicto, inestabilidad política y malestar social han contribuido a que muchos iraquíes sean vulnerables a padecer estrés psicológico y trastornos de salud mental y necesiten atención psicológica, afirma Médicos Sin Fronteras (MSF) en un nuevo informe.

Irak 2009 © Khalil Sayyad

Healing Iraqis: The Challenges of Providing Mental Health Care in Iraq (Asistencia a la población iraquí: los retos de prestar apoyo a la salud mental en Irak), incluye ejemplos del impacto constante que la violencia tiene en el día a día de los hombres, mujeres y niños iraquíes. También describe el desarrollo de un programa, junto con el Ministerio de Sanidad, para proporcionar asesoramiento.

La organización explica que urge ampliar los servicios de atención a la salud mental en Irak. Apela al Ministerio de Sanidad y a los que le apoyan a que mejoren la calidad del acceso a los servicios de salud mental integrando el asesoramiento en las instalaciones sanitarias existentes en todo Irak.

MSF también observa que debe trabajarse más para reducir el estigma asociado a la salud mental, y animar así a las personas a que soliciten asesoramiento psicológico.

Desde 2009 la organización trabaja en Irak proporcionando asesoramiento psicológico a hombres, mujeres y niños junto con el Ministerio de Sanidad iraquí. Los programas de MSF se centran en enfoques no farmacéuticos para responder a la ansiedad y la depresión que suelen experimentar las personas expuestas a la violencia y la incertidumbre.

“Muchos iraquíes han llegado al límite de lo que pueden soportar tras décadas de un conflicto y una inestabilidad que solo han sembrado devastación. Mentalmente agotados por sus experiencias, muchos luchan por entender lo que les está ocurriendo. Los sentimientos y la desesperanza se agravan por  el tabú asociado a las cuestiones de salud mental y a la falta de servicios de apoyo psicológico a los que acudir cuando las personas necesitan ayuda,” afirma Helen O’Neill, Jefa de Misión de MSF en Irak.

En el transcurso de los últimos cuatro años, MSF y el Ministerio de Sanidad iraquí han introducido servicios de asesoramiento psicológico en dos hospitales, situados en Bagdad y en Fallujah. Se prevé utilizar esto como un modelo de atención que pueda replicarse en otras instalaciones sanitarias del país, como las unidades de apoyo a la salud mental que el Ministerio de Sanidad acaba de abrir en los hospitales de Kut, Karbala y Sulaymaniyah. MSF también recomienda al sistema de salud iraquí que integre asesoramiento psicológico en los servicios de atención primaria de salud para mejorar el acceso, especialmente de mujeres y niños.

De acuerdo con los datos sobre los pacientes recogidos en 2012 por MSF y por el Ministerio de Sanidad en Irak, un 97% de las personas que se personaron para asesoramiento cuando fueron admitidas reportaron síntomas psicológicos clínicamente significativos. Cuando volvieron para una segunda visita, estos síntomas se habían reducido en un 29%.

Incluso excluyendo los conflictos domésticos, casi la mitad de todos los casos examinados en el programa (un 48%) estaban relacionados con la violencia. Casi todo el personal y los pacientes en el programa de salud mental, o bien han experimentado directamente el impacto de la violencia en los últimos años, o conocen a alguien que lo ha sufrido.

El informe incluye testimonios de iraquíes traumatizados que luchan para reconstruir sus vidas tras haber sido testigos de actos de violencia extrema.

Una madre de tres hijos de 36 años de edad y viuda describe como empezó las sesiones de asesoramiento después de que su vida se viera trastocada dos años antes, cuando perdió a su marido.

“Empecé asistiendo a las sesiones de asesoramiento psicológico al sentirme agotada y muy triste. Sentí que tenía un problema psicológico que impedía relacionarme bien con los demás. Perdí a mi marido hace dos años y el incidente afectó mi vida. Cambió mi vida, la trastocó completamente. Ahora soy la única persona responsable de criar a mis hijos.”

Una niña de 10 años describe como el asesoramiento la ha ayudado a mejorar su habla:

“Empecé a asistir a las sesiones para mejorar mi habla y superar el miedo. Tengo miedo de todo. Siempre tiemblo. Ya no puedo deletrear palabras correctamente. Mi maestra y mis compañeras de clase me pegan todo el tiempo en la escuela. No puedo estudiar ni aprender nada. No puedo concentrarme. Ya no hablo con nadie. Es la primera vez que hablo con alguien sobre mis problemas.”

Proporcionar atención a personas que han sufrido una experiencia traumática no es fácil, pero el modelo de asesoramiento ha demostrado ser beneficioso para ayudar a las personas a recuperar la dignidad y el control de sus vidas.


por Esperanza ‘Amal’ Leal Gil, psicóloga de Médicos Sin Fronteras en Hebrón (Territorios Palestinos)

 

Ya en el coche, mi compañera palestina me adelanta nuestra próxima visita, recordándome que las agresiones y arrestos por parte de los soldados hacia los menores pueden ocurrir también en la calle o en los ‘checkpoints’. Y es que, en los últimos meses, incluso se han llegado a producir incursiones y detenciones dentro de los propias escuelas, lo que ha provocado miedo generalizado y el absentismo por parte de algunos menores que sufren ansiedad y angustia sólo de pensar en ir al colegio.

 

Esta vez vamos a visitar a Assem. Nos abre la puerta mirando al suelo… Entramos en su casa, que es extremadamente pobre: no tiene sillones, sólo unos futones en el suelo y una alfombra que le sirve de dormitorio. Nos descalzamos y nos sentamos en los cojines.

 

Es un chico delgado de tez muy morena. En su cara resaltan unos impresionantes ojos azules que me miran con tristeza. A sus 12 años ha perdido la ilusión… Un día, al cruzar un puesto de control militar de camino al colegio, unos soldados le agarraron y le golpearon. Desde entonces, Assem ha dejado de jugar en la calle, se esconde cuando ve a un soldado, está triste porque siente que ha perdido su valentía, pega a sus hermanos y ha dejado de ir a la escuela.

 

Sus ojos azules me taladran con una expresión amarga. Durante un rato discutimos sobre el miedo, le hago hablar recordando cosas que le han ayudado a sentirse mejor, e incluso terminamos la sesión hablando de fútbol, que parece que le entusiasma… Hoy puedo decir que, después de tres sesiones, ha vuelto a sonreír tímidamente.

 

Escuela en Hebrón, Cisjordania (© Juan Carlos Tomasi).

 

De vuelta a casa, observando el paisaje de casitas salteadas entre montañas de tonos marrones, me acuerdo de que estos problemas también se agravan con la violencia hacia las familias que viven en barrios cercanos a asentamientos israelíes, ya que a menudo sufren acosos y ataques por parte de los colonos instalados en territorio cisjordano.

 

Niños y mayores se encuentran en un estado de hipervigilancia y sospecha constante. Precisamente, mañana visitamos a Mahmoud, de 9 años, que jugaba cerca de un asentamiento y al que un colono apuntó con un arma y arrastró hacia su casa amenazándolo de muerte. Le advirtió de que, tras matarlo a él, mataría a toda su familia. Ahora sufre un serio estrés post-traumático.

 

Nuestra intervención como psicólogos de MSF está dirigida en estos casos a los menores y a sus padres, desde una perspectiva psicosocial: se realizan psicoterapias a corto plazo con referencias a estructuras médicas o sociales, como la propia escuela u otras redes comunitarias. El tratamiento para estos niños es básico para evitar que empeoren los síntomas.

 

A través de escucha activa, terapias de juego o dibujos, se ayuda al niño a recuperar el control, a encarar la situación que le produce temor, a identificar los pensamientos que le causan ansiedad, y a controlar las reacciones mentales y físicas que le causan la angustia. Con los padres, trabajamos dándoles apoyo emocional y reforzando estrategias para que ellos puedan ayudar a sus hijos.

 

Pero ya oscurece, y el muecín canta con la voz quebrada llamando a la oración. Estremece el canto en el silencio de la tarde. Mañana, muchos adolescentes y niños verán secuestradas su infancia con la violencia. Mañana desde MSF volveremos a poner todo nuestro esfuerzo para intentar aliviar su sufrimiento y luchar contra la desesperanza.


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El número de refugiados registrados en el campo de Domeez, situado en el Kurdistán iraquí, sigue creciendo. Entre 700 y 1.000 personas se registran cada día, pero la atención en el campo es insuficiente para lidiar con las acuciantes necesidades de los refugiados.


Médicos Sin Fronteras (MSF) está proporcionando apoyo médico y psicológico a hombres, mujeres y niños afectados por el conflicto en la región del delta del Tana.

© Francesco Zizola

Desde septiembre de 2012 MSF ha estado realizando terapias de grupo e individuales a las personas afectadas que padecen principalmente de insomnio, mutismo, palpitaciones, alucinaciones y pérdida de apetito debido al sentimiento de pérdida y dolor. En los casos más extremos, algunos pacientes han desarrollado tendencias suicidas u homicidas. En los últimos cuatro meses, los asesores de MSF han atendido a más de 1.874 personas en sesiones de grupo y a más de 50 en sesiones individuales en los campos elegidos. La organización ha estado realizando sesiones en escuelas y ha formado a 30 maestros y a más de 40 trabajadores sanitarios en diferentes aspectos del asesoramiento psicológico.

“Las mujeres son las más afectadas, porque les invaden los recuerdos de sus hijos quemados vivos. Otras temen ser separadas de sus hijos o tener que hacer frente al desplazamiento y a la pérdida de su hogar,” explica la enfermera y asesora de MSF Elizabeth Olela. “Por ejemplo, una de mis pacientes me contó como no pudo escapar con todos sus hijos, así que cuando regresó a por su pequeño de dos años, presenció totalmente impotente como le quemaban vivo.”

Los equipos de MSF han sido testigos de primera mano del efecto que la violencia y el desplazamiento está teniendo en los niños de la zona. La organización ha organizado sesiones de grupo e individuales en varias escuelas para apoyar a los alumnos con problemas. Algunas sesiones de grupo incluyen a maestros que además de recibir asesoramiento psicosocial también se forman para poder hacer terapias a los alumnos que lo necesiten. “A veces, es difícil terminar una sesión debido a que los niños están plagados de emociones,” observa Elizabeth Olela. “Algunos niños padecen de Mutismo Selectivo, es decir, dejan de hablar. Otros no pueden dormir y esto afecta su rendimiento en la escuela.”

A MSF también le preocupa que el temor a más ataques esté impidiendo que heridos y enfermos acudan a los centros médicos. La organización ha enviado clínicas móviles a campos de desplazados y a zonas remotas para proporcionar asistencia médica vital a la población desplazada. Aportar atención médica permite al personal sanitario identificar y asistir a pacientes que necesitan apoyo psicológico.

El Dr. Joke Van Peteghem, Asesor Regional de Salud de MSF subraya, “Nuestros equipos se centran en equipar a las personas con mecanismos de afrontamiento para que puedan hacer frente a la situación actual que están viviendo y también a la violencia futura que pueda desatarse en esta volátil región.”

Unas 200 personas han perdido la vida, cientos han resultado heridas y más de 2.500 familias se han visto obligadas a abandonar sus hogares desde agosto de 2012. Las instalaciones sanitarias han sido objeto de actos vandálicos. A pesar de las declaraciones de una mejora de la situación de seguridad en la zona, la situación sigue siendo precaria y el temor de represalias y el consiguiente conflicto está muy presente en la población, lo que conlleva un deterioro tanto de su salud física como mental.

 


 

MSF en la actualidad está dispensando asistencia médica a las víctimas de los ataques de esta semana en el delta del Tana. La organización trabaja en Kenia desde 1987 y hoy tiene proyectos en Kibera, Mathare, Homa Bay y el campo de refugiados de Daadab. MSF da  también respuesta a las emergencias médicas que se producen en el país.


Poco más de tres años después del fin del largo conflicto entre las fuerzas del gobierno y los rebeldes tamiles, la organización médico-humanitaria ha transferido su programa de salud mental en el distrito de Mullaitivu, en el norte de Sri Lanka, tras un progresivo traspaso de actividades médicas en los últimos 18 meses.

Un cirujano de MSF visita a una paciente en el hospital Mullaitivu de Sri Lanka. © Eddy McCall/MSF

El traspaso del programa de salud mental se dio por finalizado en agosto de 2012, cuando las actividades de Médicos Sin Fronteras (MSF) fueron asumidas por World Vision, una reconocida organización internacional con un plan operacional a largo plazo para el norte del país.

Durante los últimos 18 meses, MSF había ido traspasando progresivamente sus actividades médicas en el hospital de Mullaitivu al Ministerio de Salud de Sri Lanka. “El hospital general del distrito de Mullaitivu apenas funcionaba en 2010 cuando MSF decidió prestar su apoyo para mejorar el acceso a la atención sanitaria durante el periodo de reasentamiento de los desplazados por el conflicto”, explica la responsable de proyectos de MSF en Sri Lanka, Marie Ouannes.

De 2006 a 2011, MSF trabajó en el hospital de Point Pedro, en el vecino distrito de Jaffna,  dando apoyo a los servicios de urgencias, salud materna, cirugía y control de infecciones. Estas actividades fueron traspasadas con éxito al Ministerio de Salud en diciembre del año pasado. En 2011, el personal de MSF practicó 1.720 intervenciones quirúrgicas, realizó más de 6.900 consultas urgentes y 5.300 controles prenatales, y asistió 929 partos.

El traspaso de actividades en el hospital de 80 camas de Mullaitivu se fue haciendo de forma progresiva a lo largo de 2012. Durante 2011, el equipo de MSF había atendido unas 5.000 urgencias, realizado 1.004 intervenciones de cirugía mayor y 2.295 controles prenatales, y asistido 329 partos. MSF también rehabilitó las instalaciones eléctricas y de agua y saneamiento del hospital, y ayudó a motar el servicio de laboratorio.

Para dar acceso a atención primaria de salud y servicios especializados a poblaciones aisladas en zonas remotas del distrito de Mullaitivu, MSF empezó un proyecto de clínicas móviles en diciembre de 2010. En 2011, los equipos móviles visitaron semanalmente cinco distintos emplazamientos, donde realizaron un total de 11.524 consultas (a un promedio de unas 200 por semana), mayoritariamente en la división de Puthukkudiyiruppu.

Necesidades de salud mental

Numerosas comunidades en zonas afectadas por los enfrentamientos –especialmente cruentos en Mullaitivu, territorio controlado por los rebeldes Tigres de Liberación de la Tierra Tamil o LTTE– fueron testigos de incidentes profundamente traumáticos durante la última fase de la guerra civil. Aunque las heridas físicas pueden haberse curado, siguen siendo muchas las necesidades en materia de salud mental. Muchas personas lo perdieron todo durante la guerra y se enfrentaron a nuevas dificultades en el proceso de reasentamiento.

Basándose en su amplia experiencia de trabajo en entornos de conflicto y postconflicto, MSF lanzó actividades de salud mental en 2009, en colaboración con el Ministerio de Salud y con el Colegio de Psiquiatras de Sri Lanka, primero en Menik Farm, un campo para cientos de miles de desplazados por la guerra en el distrito de Vavuniya, y más tarde en ocho emplazamientos distintos del distrito de Mullaitivu, incluido un pabellón en el hospital general del distrito, así como clínicas móviles para llegar a las comunidades más remotas.

Entre febrero de 2011 y julio de 2012, MSF organizó 4.629 sesiones individuales y grupos de apoyo para personas que padecían trastornos psicológicos y psiquiátricos, con especial atención a los niños, las mujeres, los ancianos y los discapacitados. Un psiquiatra también hizo un seguimiento médico de los pacientes diagnosticados con estrés postraumático, depresión, psicosis y epilepsia.

También se organizaron sesiones de grupo para los alumnos de las escuelas y se ofreció formación para enseñar a los maestros a identificar a los niños con problemas de salud mental. Otros objetivos del programa fueron, entre otros, la creación de un sistema de referencia eficiente dentro de las estructuras de salud locales para las personas que necesitaban atención de salud mental, así como de un equipo de asesores locales y promotores de apoyo comunitarios.

En agosto de 2012, MSF dio por finalizada su intervención: “Como organización médica y humanitaria especializada en emergencias, MSF tiene que asignar sus limitados recursos allí donde las necesidades médicas de las poblaciones son mayores,” declara Marie Ouannes. “En el norte de Sri Lanka, hay otras organizaciones mejor preparadas que nosotros para afrontar procesos de recuperación a largo plazo, que ya pueden llegar a las poblaciones necesitadas de asistencia”.

MSF seguirá la situación en Sri Lanka y estará preparada para prestar asistencia de emergencia en caso necesario. La organización trabajó en el país de 1986 a 2003, con la firma de un efímero alto el fuego, regresando en 2004 para prestar asistencia tras el tsunami, antes de iniciar nuevas actividades en mayo de 2006 en respuesta a una escalada del conflicto en el norte del país. MSF traspasó sus últimas actividades en agosto de 2012.