MÉDICOS SIN FRONTERAS

En el Día Mundial de la Malaria, Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que un aumento de la malaria puede tener graves consecuencias para la población de la provincia Oriental de la República Democrática del Congo (RDC) a menos que se adopten acciones inmediatas. La lucha contra los brotes recurrentes de la enfermedad en la provincia requiere un compromiso firme por parte de las autoridades congoleñas de salud y las organizaciones de ayuda, según MSF.

Bebé paciente de malaria en la provicia Oriental de RDC, julio de 2012 © Aurelie Lachant / MSF

Con la estación de lluvias a punto de comenzar, la situación es crítica en áreas remotas de la provincia Oriental, donde la malaria es una de las causas principales de mortalidad, de acuerdo con el coordinador de emergencias, Narcisse Wega. “Demasiados centros de salud carecen de los medios necesarios para afrontar un nuevo brote, lo que es completamente inaceptable”, dice Wega.

El brote de malaria, además, está previsto que se conjugue con una epidemia de sarampión que se cernirá en la provincia, y serán los menores de cinco años los más vulnerables.

En el último año, MSF ha actuado de emergencia para responder a un aumento dramático de casos de malaria graves en los distritos nortes de la ciudad de Kisangani. En las áreas de Ganga-Dingila, Buta y Aketi, casi 60.000 personas recibieron tratamiento y más de 3.500 tuvieron que ser admitidos en el hospital aquejados por la enfermedad.

Dos estudios de mortalidad llevados a cabo por MSF en 2012 muestran una mortandad extremadamente elevada en niños menores de cinco años. En la región de Pawa, los índices de mortalidad multiplicaron los niveles de emergencia por tres, con más de un niño muerto de cada diez, por no recibir tratamiento adecuado. Esta no es una situación única en RDC, donde los brotes son recurrentes también en las provincias de Maniema, Ecuador y Katanga.

La respuesta de emergencia de MSF durante 2012 reveló grandes deficiencias en el sistema de salud, y ello contribuyó a la severidad del brote. La misma situación se repite este año: las mosquiteras no han llegado a las áreas más vulnerables, así como tampoco suficientes equipos para diagnóstico rápido, de transfusión de sangre o medicamentos. Los equipos de transfusión son vitales para niños que sufren anemia causada por la malaria. Estos materiales indispensables no se encuentran en las listas de suministros requeridos por los donantes. El coste de los servicios de salud en RDC también impide a mucha población el acceso al tratamiento que necesitan.

MSF hace un llamamiento a la acción urgente de todos aquellos involucrados en la lucha contra la malaria en DRC. Tratamientos adecuados y pruebas rápidas de diagnóstico deben ser puestos a disposición de la población de la provincia Oriental lo antes posible, mientras que medidas de prevención como la distribución de mosquiteras debe iniciarse inmediatamente, antes de que el pico estacional de malaria se encuentre ya en apogeo. Si la actuación no es rápida y efectiva, MSF teme que las consecuencias para la población sean trágicas.

 

MSF trabaja en la RDC desde 1981. En 2012, MSF trató a más de medio millón de personas con malaria en el país, incluyendo un número muy elevado de niños menores de cinco años.


Médicos sin Fronteras ha destinado contingente médico adicional a la población de Kitchanga, en el este de la República Democrática de Congo (RDC) después de que los combates entre grupos armados de la zona ocasionaran numerosos heridos y muertos.

Clínica de MSF en Kitchanga, North Kivu, RDC, 2009 © Michael Goldfarb

“Los bombardeos alcanzaron un hospital, mataron a dos personas e hirieron a otras ocho”, explicó Hugues Robert, coordinador general de MSF en RDC. “Pedimos a las partes en el conflicto que respeten la neutralidad de las estructuras de salud”. El acceso de los médicos a la población ha sido extremadamente difícil y arriesgada, aunque finalmente se consiguió proceder al traslado de varios heridos a Mweso y Goma para ser tratados.

La base de MSF en la población, como numerosas viviendas y edificios, quedó totalmente destruida. La población continúa inmersa en el pánico y temen un renovado aumento de las tensiones en esta convulsa región. Hasta el momento 135 personas han resultado heridas y miles de habitantes han abandonado sus casas. Algunas informaciones hablan de hasta 55 muertos entre la población civil. Un número similar de casas han sido pasto de las llamas. Entre los que han huido por el riesgo que corrían sus vidas se encuentra también el personal médico congoleño de MSF.

Un cirujano, un anestesista, una enfermera y un logista de emergencia llegaron el pasado viernes a la ciudad para ofrecer un mayor apoyo al equipo de Kitchanga. Para esta operación de urgencia se han destinado también equipos de cirugía, de postoperatorio, medicamentos y tiendas de campaña, entre otros materiales.

“MSF está muy preocupada por el sufrimiento de los civiles en estos períodos de combates intensos. Ninguno de los actores armados involucrados debería atacar a la población civil”, dice Robert.

 


 

En la provincia de Kivu Norte de RDC, MSF ofrece atención sanitaria primera y secundaria y colabora con los hospitales de referencia en Mweso, Pinga, Masisi, Rutshuru y gestiona centros de salud y clínicas móviles en Kitchanga, Mweso, Pinga, Masis y Rutshuru sí como centros de tratamiento de cólera en Goma y en áreas periféricas.


Médicos Sin Fronteras emitió una alerta en diciembre sobre una epidemia de sarampión en las provincias de Equateur y Orientale, en el norte de la República Democrática del Congo (RDC), con el objetivo de llamar la atención sobre la situación y la falta de recursos disponibles para el personal de salud que responde a la emergencia. Dos meses después, sin embargo, la epidemia sigue afectando a decenas de miles de niños en el área.

© Tristan Pfund/MSF

La enfermedad es extremadamente contagiosa y puede diseminarse con rapidez en países como la RDC, que tienen graves carencias en su sistema sanitario. Los efectos pueden ser devastadores. El sarampión provoca graves complicaciones médicas en los pacientes y la mortalidad puede alcanzar hasta el 25% de los casos.

Desde marzo de 2012, MSF ha tratado a más de 18.500 pacientes y vacunado a más de 440.000 niños, pero muchos más necesitan ayuda. “Vemos muchísimas tumbas pequeñas, recientemente excavadas a lo largo de los caminos” dice Nathalie Gielen, responsable del equipo de MSF que ha regresado de la zona sanitaria de Djolu, en la provincia de Equateur. “Hemos contado 35 muertos en una aldea. Un padre nos dijo que había perdido siete hijos en tres semanas. Viajando de un pueblo a otro, oímos una sola palabra: sarampión. La gente está asustada y desesperada. Están pidiendo ayuda”.

© Tristan Pfund/MSF

Una crisis en curso que comenzó en 2010

“Esta situación es sólo la última evolución en curso de una epidemia que ha afectado a todo el país desde 2010 y es particularmente mortal entre los niños menores de cinco años “, dice Amaury Grégoire, miembro del equipo de coordinación de MSF. “Es inaceptable que alguien todavía muera de sarampión en el siglo XXI. Hay disponible una vacuna muy eficaz y barata que protege después de una sola dosis. Sin embargo, en países como la RDC, hay cientos de miles de niños que nunca han sido vacunados y que siguen muriendo a causa de una enfermedad tan fácilmente prevenible”.

La magnitud de las necesidades ha desbordado el sistema de salud de RDC. Muchas estructuras de salud son poco operativas. Con frecuencia se quedan sin medicamentos y bregan para encontrar personal cualificado. La falta de caminos transitables hace que sea muy difícil llegar a los centros y facilitar suministros. La cadena de frío, crítica para asegurar que la vacuna es eficaz, se interrumpe con frecuencia debido a la falta de equipos o electricidad en las áreas más remotas. En la zona sanitaria Yahuma en la provincia Orientale, donde MSF ha vacunado a 76.000 niños, el centro de salud cuenta sólo con dos refrigeradores y una moto averiada para servir a un área con una extensión similar a la Comunidad Valenciana.

Esta situación hace que sea especialmente difícil facilitar el acceso a la atención médica. La mayor parte de la población vive en aldeas distantes y bajo el umbral de la pobreza, lo que significa que no pueden trasladarse para acceder a tratamiento. Por otra parte, a pesar de que se ha declarado la epidemia, a algunas personas todavía se les cobra por la atención médica.

© Tristan Pfund/MSF

Centros de salud vacíos o inaccesibles

Martine ha traído a su hija de 10 meses de edad, Asiata, al hospital de Dingila. El bebé tiene sarampión con complicaciones respiratorias. Han viajado 20 kilómetros a pie para obtener atención médica proporcionada por MSF. En la unidad de cuidados intensivos, Félicien dice que caminó dos días para traer a Israel, su hijo de tres años de edad, quien se encuentra en estado crítico debido a complicaciones relacionadas con el sarampión. “Nuestro puesto de salud no tiene medicina”, dice. Félicien afirma que dos niños de su aldea ya han muerto de camino al hospital.

En esta vasta región boscosa, las personas tienen que caminar, a menudo, durante varios días para obtener atención médica. Ir a un centro de salud pública es, habitualmente, un último recurso – después de probar la medicina tradicional – y sólo si pueden permitírselo.

“Los padres llegan cuando el niño ya ha desarrollado complicaciones médicas, como infecciones agudas de las vías respiratorias o desnutrición”, dice el doctor Jehu, quien lidera el equipo de MSF en el hospital de Buta. “Algunos también tienen malaria. Tratamos a muchos niños con complicaciones médicas múltiples y simultáneas. Muchos mueren en su aldea porque los establecimientos de salud no pueden proporcionar una atención adecuada”.

Alcanzar las zonas sanitarias más distantes a toda costa

MSF continúa alertando a las autoridades sanitarias puesto que la epidemia está lejos de haber terminado. La organización está ampliando sus actividades y continúa vacunando a niños y tratando a pacientes, incluyendo a aquellas personas que requieren atención hospitalaria intensiva. MSF facilita apoyo a los servicios médicos, forma a personal local, avisa a la población de la disponibilidad de atención gratuita y refiere a los pacientes de mayor gravedad.

“El tratamiento de los niños afectados por el sarampión con complicaciones médicas asociadas es muy difícil, incluso en una unidad de cuidados intensivos bien equipada. Pero ningún niño debería tener que ir a un hospital debido al sarampión porque es fácilmente prevenible”, concluye el doctor Mathieu Bichet, director adjunto del programa de MSF.

 


Los equipos de MSF han conseguido vacunar contra el sarampión a 65.082 niños, de entre seis meses y quince años en la región de Bunyakiri (en Kivu Sur, República Democrática del Congo). La complicada situación de inseguridad en la zona provocó que se suspendiera temporalmente la campaña en la zona norte de la región, en la que se concentran diferentes grupos armados y en la que se registran frecuentes combates.

Vacunación en Bunyakiri © MSF

La actuación en Bunyakiri, como constata el personal de MSF en el video, se ve dificultada no sólo por la volátil situación de seguridad en la zona, sino por una orografía escarpada, por la crecida de ríos, caminos embarrados y por la estación de lluvias en la que la vacunación tuvo que llevarse a cabo. El brote de sarampión, -que puede ser letal si se combina con desnutrición en menores-, fue detectado el mes de octubre del año pasado con la llegada de los primeros niños enfermos a los centros de salud de la zona, aislada y de difícil acceso. Tras el análisis epidemiológico de los casos detectados, su número, origen geográfico, tasa de mortalidad del brote epidémico y extensión de la enfermedad  se decidió acometer la campaña.

Un equipo compuesto por más de un centenar de personas participó en la vacunación y, asimismo, en el tratamiento de los enfermos. La vacunación se inició el 26 de diciembre y se dio por finalizada el 19 de enero, tras poder acceder finalmente también a la zona norte de la región.

Los equipos de vacunación se establecieron en los diferentes centros de salud a los que se llama a la población a acudir con los niños mientras que equipos móviles se desplazaron en moto a los lugares más inaccesibles. La campaña ha llegado a cubrir el 75% del total de los niños de la zona, lo que –habida cuenta las dificultades de acceso y la alta movilidad de los residentes en Bunyakiri- cumple con las expectativas establecidas por la organización.

Congo: vacunación de sarampión en Bunyakiri

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Tras haber atendido 95 casos de agresiones sexuales el pasado mes de diciembre en el campo de desplazados de Mugunga III, MSF condena la falta de implicación de las organizaciones de protección de la población civil y las insuficientes condiciones de seguridad existentes en los campos de desplazados situados en la ciudad de Goma, República Democrática del Congo.

Centro de salud del campo de Mugunga I en Goma, RDC © Sven Torfinn

Los 95 casos de violencia sexual fueron registrados y atendidos por los equipos de MSF sólo entre el tres de diciembre y el cinco de enero de 2013, en el campo de Mugunga III, a escasos kilómetros de Goma. A finales de diciembre, los equipos han sido testigos de un aumento de la admisión de pacientes por traumatismos directamente relacionados con estos actos de violencia, con una media de seis consultas diarias.

Las condiciones de seguridad en los campos, pese a la vulnerabilidad flagrante de las poblaciones y sus condiciones de vida precarias, no está convenientemente cubierta: “la falta de seguridad en los campos y pueblos de los alrededores es alarmante. Las autoridades competentes en la materia y los líderes de los diferentes grupos armados dicen defender a la población civil. Es su deber asumir esta responsabilidad para asegurar la protección de los más vulnerables”, denuncia Thierry Goffeau, jefe de misión de MSF en Goma.

La reforzada presencia de militares y de grupos armados en las proximidades de los campos de desplazados ha creado una situación crónica de inseguridad en la que las violaciones son moneda corriente. “Todas las partes en el conflicto deben ser sensibles respecto al problema de las violaciones. La práctica se banaliza por la frecuencia de estos actos y por la impunidad de la que disfrutan los agresores, apenas castigados. Las víctimas no osan denunciarlos, además, por miedo a represalias”, informa Goffeau.

Violación o muerte
“Salí a buscar comida. Dos hombres armados en uniforme aparecieron y me dijeron que eligiera: o la muerte o mantener relaciones sexuales con ellos” explica una desplazada. Los testimonios son todos parecidos, con circunstancias similares: las mujeres son agredidas en la periferia de los campos o de las poblaciones vecinas cuando se dirigen a la búsqueda de leña o de comida.

Otros casos frecuentes son los de las agresiones en el interior del propio campo de desplazados. Las chabolas de madera y de plástico no son protección suficiente para un agresor. “La violencia está omnipresente: es una violencia generalizada del poder, la ley del más fuerte, la ley del que está armado”, dice Marie Jacob, psicóloga de MSF.


Tras los combates entre fuerzas rebeldes y gubernamentales de noviembre pasado, más de cien mil personas han encontrado refugio en los campos de desplazados de la periferia de Goma (capital de Kivu Norte, región de la República Democrática del Congo). MSF está presente en los campos de Mugunga III desde noviembre y ofrece asistencia primaria, traslados de las urgencias médicas y atiende a víctimas de violencia sexual. MSF trabaja asimismo en los campos de Lac Vert, Mugunga I y Bulencia, donde los equipos ofrecen asistencia primaria y tratamiento contra la desnutrición y vacunaciones y construyen duchas y letrinas.


Nuevos diagnósticos y tratamientos abren una puerta a la esperanza para la enfermedad del sueño, pero el acceso a ellos es una incógnita. La falta de financiación sostenible pone en peligro los programas nacionales de control contra esta enfermedad.

Prueba de THA en República Centroafricana © Sebastian Bolesch

Los avances en el desarrollo de nuevas pruebas diagnósticas y tratamientos son un buen presagio para la lucha contra la tripanosomiasis humana Africana (THA), sin embargo, las actividades de control nacional en el terreno se ven amenazadas por una falta de financiación sostenible, advierte Médicos Sin Fronteras (MSF).

La THA o enfermedad del sueño, tal como se la conoce, se transmite a través de la picadura de la mosca tsé-tsé y es mortal si no se trata. Afecta a algunas de las personas más pobres del mundo que viven en zonas rurales remotas del África subsahariana; se estima que 70 millones de personas corren el riesgo de contraerla. Tras años de olvido, la marea podría estar a punto de cambiar. El año que viene se podrán utilizar dos nuevas pruebas rápidas de detección y dos nuevos tratamientos orales que ahora están en fase de ensayo clínico. No obstante, todos los esfuerzos para avanzar podrían irse al traste debido a la falta de recursos para actividades nacionales de control.

“Hoy por hoy nos enfrentamos a un enorme reto médico y logístico. Se necesita personal muy cualificado para realizar las pruebas de detección, así como equipamiento de laboratorio muy sensible, que pueda transportarse a zonas rurales. Por si fuera poco, muchas de esas zonas se encuentran en situación de conflicto permanente. Las herramientas nuevas y adaptadas contribuirán a simplificar el proceso, y eso ayudará tanto a los pacientes como al personal sanitario a afrontar la crisis”, afirma la Dra. Anja De Weggheleire, coordinadora médica de MSF en Kinshasa. “Sin embargo, justo cuando es más necesario hacer un esfuerzo conjunto, las actividades nacionales de control carecen de los fondos y recursos que necesitan. Si esto no cambia de inmediato, corremos el riesgo de que el problema vuelva a surgir y podríamos perder la batalla y la oportunidad histórica de eliminar la enfermedad como un problema de salud pública”.

En la República Democrática del Congo (RDC), donde se registran las tres cuartas partes de todos los casos reportados, el número de personas que se someten a la prueba de detección de la THA ha disminuido significativamente en los últimos meses. Y en junio de 2013, está previsto que se ponga fin a la principal fuente de financiación externa para el programa de control. Sin estos mecanismos, el país corre el peligro de ver un resurgimiento de la enfermedad del sueño. Esto ya ha ocurrido varias veces en el pasado al disminuir significativamente el monitoreo, incluso durante periodos de tiempo muy cortos. Si se da el caso, RDC puede que se encuentre rápidamente en una situación parecida a la de sus vecinos, la República Centroafricana y Sudán del Sur, donde las actividades nacionales de control son extremadamente limitadas.

Las nuevas pruebas de detección de casos, que se espera salgan al mercado en 2013, han sido desarrolladas con el apoyo de la Fundación para Diagnósticos Innovadores y el Instituto de Medicina Tropical de Amberes. Son fáciles de utilizar y no requieren de una cadena de frío para su conservación. Con ellas, más personas  podrán tener acceso a pruebas de detección en las zonas donde la enfermedad es más común. Aunque seguirán necesitándose otras pruebas complicadas para confirmar casos sospechosos de infección, las nuevas pruebas acabarán con muchos de los problemas logísticos a los que se enfrentan hoy por igual los equipos móviles de lucha contra la THA y los centros de salud.

Los dos nuevos medicamentos orales desarrollados con el apoyo de la Iniciativa sobre Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (Drugs for Neglected Diseases initiative o DNDi), el oxaborol y el fexinidazol,  se encuentran en la fase 1 y en la fase 2/3 (testados en condiciones de terreno) de sus respectivos ensayos cínicos. Podrían, en un futuro próximo, ofrecer una buena alternativa a las actuales inyecciones múltiples que se requieren para tratar la fase avanzada de la enfermedad del sueño.

“Aunque dispongamos de nuevas y excelentes herramientas para abordar la enfermedad del sueño, si no se garantiza pronto una financiación sostenible, en un futuro no muy lejano no se llevarán a cabo actividades naciones de control donde aplicarlas” advierte el Dr. Manica Balasegaram, director ejecutivo de la Campaña de MSF para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME), “Los próximos meses serán decisivos para superar las incertidumbres a las que ahora nos enfrentamos a la hora de abordar la enfermedad del sueño en RDC y otros países endémicos donde hacen falta de forma apremiante una financiación sostenible y recursos suficientes”.

Desde 1986, MSF ha sometido a más de 3 millones de personas a pruebas de detección de THA y ha tratado a más de 50.000 pacientes. MSF gestiona programas de enfermedad del sueño en Sudán del Sur, RCA y RDC. Recientemente, MSF desplegó un equipo móvil de lucha contra la THA. Hasta la fecha, el equipo móvil internacional de MSF para combatir la enfermedad ha trabajo en RCA, Chad, la República del Congo, Sudán del Sur y pronto trabajarán también en RDC


Continúan los esfuerzos de MSF y otras organizaciones para atajar el Ébola en el noreste de República Democrática del Congo (RDC). El tratamiento de casos, la atención a los familiares y el apoyo psicosocial han sido una prioridad para MSF desde que lanzó una intervención de emergencia a mediados de agosto en la localidad de Isiro y alrededores.

Médicos de MSF se preparan para tratar a pacientes con Ébola en Congo © Teresa Sancristóval/MSF

El recuento de los casos sospechosos apunta a que 34 personas han muerto desde el principio de la epidemia de Ébola, según datos del Ministerio de Salud congoleño. En el centro de tratamiento del hospital de Isiro se hallan ingresadas actualmente cuatro personas. El personal de Médicos Sin Fronteras (MSF) están haciendo todo lo que está en su mano para velar por el bienestar de estos pacientes.

“Muchas personas han perdido la vida, pero también nos alegramos de haber dado el alta a seis personas después de haberse recuperado por completo”, cuenta Alfonso Verdú, coordinador de emergencias de MSF en Isiro. Verdú detalla que desde el 11 de septiembre se han confirmado 12 nuevos casos de Ébola, el último de ellos el 27 de septiembre, por lo que la intervención aún está lejos de terminar.

Junto al Ministerio de Salud de RDC y otros organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el norteamericano Centro de Control de Enfermedades, MSF se está volcando en la labor de contener el brote. La organización humanitaria ha intensificado las actividades de sensibilización comunitaria, fundamentales para que la población esté bien informada sobre el virus y contribuya a la extinción del brote.

El Ébola es una fiebre hemorrágica sin vacuna cuya tasa de mortalidad fluctúa entre el 30% y el 90%, y que se detectó por primera vez en humanos en 1976 en Zaire (actual RDC).