MÉDICOS SIN FRONTERAS

La organización médico-humanitaria intervino durante tres meses en la zona tras ser alertada por las autoridades de una “misteriosa” enfermedad.

Hospital de Lulingu, República Demócrática del Congo. Junio de 2013 © José Sánchez / MSF

Aún en una zona donde la malaria es vieja conocida, los habitantes no dudaron en atribuirlo a la brujería: cada día morían niños en Lulingu y Tchonka, por razones desconocidas. Muchos niños. La zona es extremadamente remota: no lo parecería, porque está a “sólo” 300 kilómetros de la ciudad de Bukavu. Por unos caminos impracticables que suponen un viaje de entre ocho y diez días. O por avión. Que es como tuvo que aprovisionarse el equipo de MSF llamado a intervenir por las autoridades locales ante una epidemia extraña, que mataba a los niños de los pueblos. Tras diagnosticar la enfermedad como un brote muy virulento de malaria y tres meses de intervención con el tratamiento de 7.657 pacientes en los hospitales y centros de salud de Lulingu, Katchungu y Tchonka y reducir drásticamente la tasa de mortalidad, Helena Valencia, coordinadora de terreno de la emergencia valora la operación.

“Ha sido una intervención muy satisfactoria, la gente lo atribuía a algún tipo de brujería porque la tasa de mortalidad entre los niños era muy elevada, morían cada día en el hospital de Lulingu unos ocho niños. Tras nuestra llegada, con un diagnóstico acertado, la gente pudo ver que con tratamiento adecuado, en tres días la enfermedad revertía y ya no tenían que enterrar a sus muertos”.

En la zona de Lulingu, donde MSF ya había intervenido en una operación de emergencia similar el pasado año, la malaria es endémica. Con numerosos estanques, los mosquitos portadores de la enfermedad se multiplican. En una zona minera, donde apenas se cultiva mandioca para sobrevivir y se complementa con pescado seco extraído de los estanques, la malaria se ceba. Especialmente en los pequeños, con menos defensas. Si se presenta con complicaciones, con desnutrición, con sarampión o se agrava al crear anemia en el infectado, la letalidad se dispara y los niños son los más afectados.

“Es una zona muy pobre, pueblos que vivieron épocas mejores en el pasado, pero en los que ahora no hay ninguna inversión, no hay trabajos, sólo hay minería extractiva ilegal y una zona muy volátil controlada por señores de la guerra, grupos armados. En las inmediaciones se encuentra una de las minas de oro más importante del Este de Congo”, contextualiza Valencia, “no hay opciones de progreso. Es tierra de nadie y en conflicto entre los Raïa Mutomboki (grupos armados de autodefensa) y las FARDC (ejército regular de RDC)”.

Como en el resto del país, la opción de acudir al hospital no es la prioritaria cuando se enferma, porque tienen que pagar por los servicios médicos.” Así que prefieren ir a la “chambre de priére” y encomendar su enfermo a los representantes religiosos. Sólo cuando el paciente está muy grave se plantearán acudir al hospital”. Y a eso hay que sumarle que llegan desde pueblos distantes, lo que puede suponer largas horas caminando: entonces los enfermos ya llegan extremadamente graves. La intervención de MSF, gratuita para la población, tuvo, lógicamente, un efecto llamada, “llegaron muchos pacientes y se pudieron salvar a muchos”.

La operación supuso transportar por avión todo el material necesario: generadores, medicinas, instrumentos de diagnóstico, motos para facilitar el desplazamiento en la zona, “para desmantelar la emergencia fueron cuatro toneladas de material y 24 personas las que trasladamos”. MSF completó asimismo una campaña de prevención mediante el reparto de 15.000 mosquiteras cedidas por UNICEF que supuso movilizar también a promotores de salud comunitarios que explicaran la necesidad de utilizarlas correctamente y la importancia de detectar la enfermedad lo antes posible para una cura más efectiva y rápida. La organización médica realizó una donación de material al hospital de Katchungu, mientras en Lulingu, en el hospital se rehabilitó y organizó el espacio de farmacia, mientras se formó al personal de laboratorio en el diagnóstico precoz de la enfermedad.

“El cierre de la emergencia se hizo de forma natural. La gente, en la calle incluso, te paraba, estaba muy agradecida porque los niños habían dejado de morir. Sabían que MSF había estado antes, habíamos vuelto entonces y por ello confían que si vuelve a suceder algo similar regresaremos. Se hizo un acto público, se les informó de que su situación y seguiremos haciendo controles epidemiológicos”.


Durante las dos últimas semanas, decenas de miles de desplazados han estado malviviendo en precarias condiciones en la región de Ituri (Provincia Oriental), en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC).

© Cyril Dessed/MSF

Desde el pasado 22 de agosto, el ejército congoleño y la milicia Fuerza de Resistencia Patriótica de Ituri (FRPI) combaten por el control de las áreas meridionales de esta región, y miles de personas se han visto obligadas a huir de sus casas. Médicos Sin Fronteras (MSF) ha reforzado sus actividades médicas en Gety con el fin de asistir a la población desplazada.

El equipo de MSF, presente en Gety durante los recientes enfrentamientos, ha visto triplicarse el número de consultas médicas desde la llegada de los desplazados. MSF ha abierto otros dos puestos de salud cerca de los campos donde se asientan, y los equipos de la organización están atendiendo más de 500 consultas diarias.

Los líderes comunitarios de Gety estiman que la población se ha quintuplicado en apenas unos días. MSF trabaja a destajo para proporcionar también agua potable para unas 20.000 personas.

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“Grandes concentraciones de personas están viviendo en condiciones precarias”, explica Marc Poncin, coordinador de Emergencias de MSF. La organización sigue evaluando la situación de salud en el área, y tiene previsto construir lo antes posible unas 800 letrinas en estos campos. Así mismo, distribuirá kits con plásticos, mantas, mosquiteras y jabón para 10.000 personas asentadas en Gety y alrededores.

“La situación humanitaria en Ituri es alarmante. Desde 2008, no se había producido una ola de desplazamiento tan grave como esta en esta región”, señala Poncin. “Responder a las urgentes necesidades de la población en pleno conflicto armado es un desafío enorme. MSF es la única organización humanitaria presente en estos momentos en la región, y no está en posición de responder a todas las necesidades de esta población, en especial en términos de cobijo, comida y otros bienes esenciales”.


MSF trabajó en Gety por primera vez en 2006, para prestar asistencia a la población que huía de los combates entre ejército y milicias. La organización tiene presencia continua en la región desde 2008, respaldando tanto al centro de salud como al Hospital General de Gety.

 

 


La organización médico-humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) acaba de finalizar un proyecto de seis meses de duración para combatir la enfermedad del sueño en la Republica Democrática del Congo, durante el cual 16.000 personas han sido examinadas para detectar la enfermedad. Los resultados muestran una baja prevalencia de la enfermedad en la zona de Bili, al norte de la región Oriental, donde no se encontraron casos parasitológicos en las personas examinadas.

Una niña enseña orgullosa su test negativo de enfermedad del sueño en uno de los hospitales móviles de MSF. ©Stefan Dold / MSF

La enfermedad del sueño, o Tripanosomiasis Humana Africana (THA) es una enfermedad parasitaria que afecta a partes del África Central y del Oeste y se transmite a través de la picadura de la mosca tse tse. Si no se trata, esta enfermedad tropical olvidada es mortal. El 80% de los casos reportados proceden de RDC y la Provincia Oriental, donde se está realizando la operación de detección, se considera una de las áreas más activas de todo el mundo.

De marzo de 2013 a agosto de 2013, el equipo viajó cientos de kilómetros para cubrir aldeas en los dos distritos de Haut y Bas Uele, con elevadas tasas de enfermedad del sueño. El proyecto supuso una serie de retos logísticos incluidas semanas de viaje en moto transportando un laboratorio portátil con microscopios y centrifugadoras a través de densos bosques para llegar a las personas en las zonas más remotas. Se llevaron a cabo campañas de sensibilización en las comunidades antes para animar a las personas a acudir a los puntos donde se iba a realizar la actividad de detección.

“Más allá de la logística, asegurarse de que teníamos una buena cobertura fue todo un reto. Para muchos, especialmente los agricultores y los pescadores, venir a examinarse significaba quedarse en la ciudad durante el día en lugar de salir a trabajar. Era muy importante sensibilizar a este grupo porque los agricultores y los pescadores son las personas más expuestas a las moscas tse tse, que se concentran en los ríos y las zonas de cultivo.,” explica el técnico de laboratorio de MSF, Barrie Rooney.

Aunque el proyecto se centró principalmente en la enfermedad del sueño, el equipo también quería contribuir a tratar otras enfermedades que supusiesen una amenaza para la salud. Para conseguir ser aceptados por la población, y llenar el vacío en materia de atención sanitaria en la región, se abrió una sala de urgencias con cinco camas en el hospital de Bili durante el tiempo que MSF trabajó en la región. 94 personas fueron admitidas y tratadas. Y, como la malaria es endémica en la zona, los equipos de MSF también realizaron pruebas a nivel ambulatorio, y visitaron y trataron a las personas afectadas por la enfermedad en el hospital local de Bili. Durante la detección activa de la THA las mujeres embarazadas y los niños menores de cinco años fueron sometidos a pruebas de detección de la enfermedad. Los pacientes a quienes se les diagnosticaron formas severas o complicadas de malaria fueron referidos al hospital en Bili. En total, los equipos de MSF sometieron a 4.309 personas a la prueba de la malaria. Un 77% de los menores de cinco años dieron positivo, así como el 69% de los mayores de cinco años.

“El objetivo del equipo era ir allí donde nadie más iba para diagnosticar y tratar la enfermedad del sueño. Y aunque para los habitantes de la ciudad de Bilis los resultados fueron muy buenos pues no se detectó ningún caso, sabemos que sigue habiendo personas que mueren de la enfermedad y nuestra meta es seguir encontrándoles y tratándoles”, afirma la Dra. Katharina Totz de MSF.

MSF se ha implicado activamente en el control y el tratamiento de la enfermedad del sueño durante los últimos 25 años. Hace poco, MSF adoptó un nuevo enfoque para abordar la enfermedad del sueño – el Equipo Móvil de THA. El equipo internacional, compuesto por técnicos de laboratorio, médicos, logistas y coordinadores de proyecto, trabaja junto con médicos, enfermeros, personal de laboratorio y logistas locales así como con trabajadores móviles comunitarios, en países con una elevada prevalencia de enfermedad del sueño para implementar detección activa y tratamiento en las aldeas junto con formación, vigilancia y testimonio. El objetivo es salvar vidas y trabajar junto con los programas nacionales con vistas a eliminar la enfermedad. De momento, el equipo ha trabajado en la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, la República del Congo Sudán del SurMSF también juega un importante papel a nivel nacional e internacional abogando por un mayo acceso a diagnóstico y tratamiento así como para mejorar la investigación y desarrollo de esta enfermedad olvidada.


MSF aporta ayuda médica de emergencia así como apoyo logístico en materia de agua y saneamiento en el oeste de Uganda tras la afluencia de decenas de miles de refugiados que huyen desde mediados de julio de la violencia en la provincia de Kivu norte en la República Democrática del Congo.

50.000 personas han cruzado la frontera hacia Uganda debido a los ataques recibidos en Kamango. © Andres Romero / MSF

En torno a 22.000 refugiados viven ahora en el campo de tránsito de Bubukwanga a 18km de la frontera congolesa, un espacio previsto en un principio para albergar a 12.500 personas.

MSF aporta su ayuda a un total de 50.000 personas, refugiados y poblaciones locales, ocupándose de la salud materno-infantil, vacunaciones, el tratamiento de la desnutrición y la mejora de las condiciones de saneamiento para evitar una situación potencialmente peligrosa.

La semana próxima, MSF podrá aportar atención médica en el campo permanente de Kyangwali a donde los refugiados están siendo trasladados por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). A día de hoy, 4.000 personas ya se han instalado en el campo permanente. El ACNUR prevé seguir trasladando a 2.000 personas a la semana.

El campo permanente de Kyangwali se encuentra a 150km de Bubukwanga pero este viaje, que puede durar hasta 6 horas, representa en sí mismo un riesgo para las poblaciones refugiadas. Ayer desgraciadamente, uno de los autobuses que efectuaba el traslado de los refugiados volcó, con un balance de un bebé muerto y 24 heridos. Los heridos fueron trasladados en una ambulancia de MSF al hospital más cercano donde nuestros equipos, junto con otros equipos médicos de refuerzo, les dispensaron asistencia médica de urgencia.

Sin embargo, el número de refugiados que llegan al campo de tránsito ha aumentado últimamente a causa del deterioro de la situación de seguridad en RDC, con más de 3.000 nuevas llegadas la semana pasada.

A MSF le sigue preocupando el suministro de agua y las condiciones de saneamiento en el campo de tránsito.

“Aunque las condiciones de saneamiento han mejorado estas últimas semanas, no hay suficientes letrinas con sólo una letrina para cada 82 personas, que literalmente desbordan suponiendo un importante riesgo de cólera, disentería y shigelosis. El cólera constituye un verdadero problema. Es endémico en esta región y el pico estacional llega siempre a principios de la estación de lluvias”, explica Ruben Pottier, Jefe de Misión de MSF.

La estación de lluvias precisamente acaba de empezar y con ella aumenta el riesgo de una epidemia de cólera y reduce el acceso al campo para los camiones que vacían las letrinas.

Además de la construcción de letrinas y el aprovisionamiento de agua potable, MSF ha pre-posicionado el material médico necesario para responder a una eventual epidemia de cólera.

MSF realiza 300 consultas cada día como media en el campo de tránsito, con algunos picos puntuales llegando a las 450 consultas, la mayoría de las cuales por infecciones respiratorias, malaria o diarrea. Los equipos también dispensan asistencia a las víctimas de la violencia sexual en el campo.

MSF presta apoyo a una unidad de hospitalización cuya capacidad ha pasado de 20 a 47 camas y que comprende, entre otros, pediatría y maternidad.

“Nos centramos en nuestra capacidad de responder a las necesidades de atención a la salud materna. No hay que perder de vista que, incluso durante las emergencias, la vida continúa: las mujeres siguen dando a luz y es esencial poder ocuparnos de los partos. Ahora esto ya es posible en nuestra maternidad: ya no tenemos que referir las cesáreas, y desde el 22 de julio ya han nacido aquí 92 bebés.”

En el campo permanente de Kyangwali, MSF ha abierto un puesto de salud a nivel de la zona de acogida de los refugiados. Aquí, a partir de la semana que viene, los niños podrán ser vacunados y examinados para detectar los casos de desnutrición, lo equipos ofrecerán asistencia primaria y los pacientes cuyo tratamiento requiera seguimiento médico serán trasladados. Los niños desnutridos que estén recibido tratamiento nutricional en el campo de tránsito serán objeto de seguimiento para asegurar que siguen su tratamiento.

MSF seguirá aumentando sus actividades a medida que vayan llegando nuevos refugiados a los campos.

MSF trabaja en Uganda desde 1986. Además de la respuesta a emergencias, MSF gestiona un programa de tratamiento del VIH/sida y de la tuberculosis en Arua al norte del país.


En una decisión extraordinaria, Médicos Sin Fronteras ha iniciado una intervención en el este de la República Democrática del Congo tras detectar un aumento alarmante de personas atacadas por perros enfermos de rabia. Con diez personas fallecidas por esta causa, el objetivo de la intervención busca prevenir más muertes, mientras la organización médica demanda un mayor apoyo para la eliminación de esta enfermedad en la zona.

Hospital general en Masisi. © Mathieu Fortoul / MSF

La extensión de la rabia entre los perros se ha producido en la zona sanitaria de Lemera, en la provincia de Kivu Sur. Un equipo  de MSF está vacunando a población que haya sido bien mordida o arañada por un perro sospechoso de estar rabioso y administra tratamiento post-exposición si necesario.

La administración del tratamiento justo después de la exposición a la rabia es muy efectivo y previene la eclosión de los síntomas de la infección, que puede llevar a una muerte muy dolorosa.  Si el tratamiento no se aplica antes de la aparición de los síntomas, la rabia conduce a una muerte certera.

“La rabia afecta a los más pobres y vulnerables, cuyas muertes apenas se registran” dice la doctora Jantin Mandelkow, que lidera el equipo sanitario en Lemera. “En RDC las vacunas y la inmoglobulina no se encuentran con facilidad y la gran mayoría de la población no puede pagar el tratamiento post-exposición, que es vital. Pero tiene un coste de 250 dólares”.

Tras décadas de conflicto e inestabilidad en la República Democrática del Congo, las medidas para prevenir la transmisión del virus de animales a humanos no se han puesto en práctica. El no llevar un registro actualizado y detallado de los casos de rabia también impide la movilización de recursos para eliminar esta enfermedad prevenible.

“La situación es excepcional y debe ser corregida en Lemera”, dice Mandelkow, “estamos haciendo todo lo que podemos pero el resto de organizaciones e instituciones debe reconocer la severidad de la situación y asignar los recursos necesarios para contener y erradicar la enfermedad en la zona”.

 


Médicos Sin Fronteras se ha visto forzada a suspender sus actividades médicas en la ciudad de Pinga y sus alrededores en el este de República Democrática de Congo después de sufrir una amenaza directa contra la seguridad de su personal humanitario.

Personal de MSF realizando un análisis del campo de Kivu Norte. MSF / ©Sven Torfinn

“Condenamos enérgicamente la intimidación hacia los trabajadores humanitarios y expresamos nuestra repulsa a las amenazas dirigidas a nuestro equipo”, declara Colette Gadenne, coordinadora de la misión de MSF en Goma, la capital de la provincia de Kivu Norte.

Esta suspensión empeorará la ya de por sí precaria situación de la zona de Pinga. Las tensiones étnicas y los enfrentamientos que se están produciendo entre grupos armados en toda la zona han provocado constantes desplazamientos de decenas de miles de personas hacia los bosques de los alrededores donde no hay atención médica disponible, y donde no se pueden registrar los casos de víctimas mortales.

En Pinga, MSF ha proporcionado atención médica a la población afectada por el conflicto desde 2010. El control sobre la ciudad ha cambiado frecuentemente entre los diferentes grupos armados. MSF ha negociado en cada caso con todas las partes con el objetivo de acceder a la población más vulnerable y desplazada proveniente de todas las comunidades.  Durante 2012 y el primer semestre de 2013, nuestros equipos médicos atendieron 1.790 partos, trataron a 1.290 niños por desnutrición y realizaron 100.000 consultas. Las actividades han continuado a pesar de la situación de seguridad precaria que reina en la zona, no sólo en la ciudad de Pinga sino también en los pueblos situados en el frente de los combates,  como Malemo.

A pesar de haber realizado nuestros mayores esfuerzos, existen límites a la atención humanitaria que podemos proporcionar. La violencia y la inseguridad en ocasiones han impedido que Médicos Sin Fronteras tenga acceso a todas las comunidades por igual.

“Los civiles de todas las comunidades están expuestos a niveles intolerables de violencia y de desplazamiento constante, y  a muchos se les imposibilita la atención médica, la alimentación, el agua y el refugio”, declaró Gadenne. “Sabemos que por cada niño que hemos podido tratar de malaria severa, por cada mujer con un parto complicado, por cada persona herida, hay muchas más sufriendo y que están fuera de nuestro alcance”.

Por otro lado, Médicos Sin Fronteras continúa sus actividades médicas en otras zonas de la provincia de Kivu Norte y en el resto de República Democrática de Congo.

MSF es una organización neutral, independiente e imparcial que se guía estrictamente por principios de ética médica. Proporcionamos atención médica de calidad y sin coste alguno a todas las comunidades a lo largo de República Democrática de Congo,  sin distinción de raza, etnia, religión o afinidad política, desde 1981. Durante el año pasado, MSF realizó en RD-Congo más consultas ambulatorias que en ningún otro país del mundo (más de 1,6 millones de consultas en 2012.)

 


Los equipos de MSF han tratado de urgencia a más de 2.500 personas afectadas por malaria en el área de Lulingu y Tchonka (en Kivu del Sur, República Democrática del Congo) desde principios de mayo, cuando las autoridades sanitarias locales pidieron la intervención de la organización médica dado que temían la eclosión de un brote de meningitis.

La intervención, a cargo del equipo de emergencia de MSF en Kivu del Sur (Réponse d’Urgence  Sud Kivu – RUSK), está previsto que se extienda hasta finales de agosto, dado el elevado número de pacientes que llegan al hospital de Lulingu  y al centro de salud de Tchonka.

Tan pronto como se dio la alerta, seis miembros del RUSK se trasladaron en motocicletas (que facilitan el llegar a zonas con carreteras y caminos complicados o casi inexistentes), para hacerse cargo de la situación, verificar los datos aportados por las autoridades locales e iniciar el proceso de diagnóstico de la enfermedad. Se efectuaron pruebas de diagnóstico tanto para meningitis como para malaria, dado que la malaria es endémica en la zona y ambas enfermedades pueden presentar síntomas similares (fiebre muy alta y convulsiones) y afectan también en gran manera a menores de quince años.

Una vez finalizadas las pruebas, se descartó la posibilidad de meningitis: los enfermos padecían malaria, en un brote muy virulento de la enfermedad que se hizo acompañar de una mortalidad inusualmente elevada (más del 5% de los hospitalizados, o uno de cada veinte, sin tener en cuenta aquellos que fallecieron sin llegar a los centros de salud).

El equipo de intervención, reforzado con once trabajadores locales y cinco internacionales, decidió iniciar su trabajo en Lulingu con el objetivo de reducir la mortalidad en el hospital mediante el diagnóstico rápido de la enfermedad y el tratamiento de los pacientes, con especial refuerzo en las áreas de pediatría y obstetricia. Desde el 4 de mayo, 1.526 personas han recibido tratamiento con artesonato y, si lo requerían, han recibido transfusiones de sangre (la malaria puede causar anemia severa y los pacientes requieren de aportaciones de plaquetas vía intravenosa, por lo general en donación procedente de familiares sanos).

La intervención ha supuesto reducir la mortalidad en el centro hasta el 1,29% por el momento.

Posteriormente los equipos decidieron ampliar su actividad en Tchonka, otro de los epicentros del brote de malaria y cuyos enfermos acudían en gran número a Lulingu. Hasta el momento, en el centro de salud de la población de las 1.359 consultas practicadas, 925 son casos de malaria confirmados.

Las tareas del RUSK en una operación de estas características no se limitan a la reducción de la mortalidad y tratamiento de casos, dado que la prevención y la información pública sobre la enfermedad son asimismo vitales para que la población pueda detectar sus síntomas lo antes posible y buscar tratamiento médico. “La detección temprana es indispensable para un tratamiento más corto (por lo general de una o dos semanas), pero la prevención e información (enfatizar, por ejemplo, el uso correcto de las mosquiteras) es muy importante para evitar la extensión del brote”, explica Liliana Palacios, coordinadora médica de los proyectos en RDC.

El elevado número de pacientes que llegan a los centros sanitarios de Tchonka y Lulingu hace prever a los equipos que la intervención de emergencia pueda extenderse hasta finales de agosto.

La malaria es la causante de un 40% de la mortalidad infantil en la RDC. Los equipos de MSF trataron en 2012  a más de 434.300 afectados por la enfermedad en sus proyectos y operaciones de emergencia en de Kivu del Norte, Kivu del Sur, Katanga, Ecuador, Oriental y Maniema.


MSF trabaja en RDC desde 1981.


Victorine, madre de cuatro niños, es uno de los desplazados que ha tenido que buscar refugio en el estadio de Sotraki, cerca de Goma, capital de la provincia de Kivu Norte en República Democrática del Congo (RDC). Dos de sus niños han sido atendidos en la clínica móvil de MSF de diarrea y desnutrición.

Victorine, en el campo del estadio de Sotraki, RDC © Amandine Colin / MSF

Sentada en el suelo, la joven habla con sus amigas, originarias como ella del pueblo de Kibate, el norte de Goma. Muy delgada, con una camiseta negra y una falda polvorienta, controla con el rabillo del ojo a sus hijos, que tienen entre dos y diez años. Como mucha gente en el estadio de Goma, Victorine, está exhausta. Muchos de los que llegan han caminado durante días y se han escondido en escuelas e iglesias para huir de los combates.

Victorine huyó con sus hijos y su marido, “escuchamos bombas, tuvimos miedo”, dice. Los proyectiles impactaban contra las casas. Uno de sus vecinos, asegura, murió por una bala perdida.

Es la tercera vez desde 2008 que Victorine y su familia se han tenido que hacer a los caminos para huir de la guerra. En noviembre, la familia no consiguió salir indemne: el marido de Victorine murió durante el caos que se desató en su pueblo. Como entonces, Victorine buscó refugio en la escuela. Esta vez. ha venido al estadio. Su pueblo está en pleno frente de batalla. Sabe que ahora estará largo tiempo refugiada antes de poder regresar a Kibati. “La vida es peligrosa y hay mucho sufrimiento”, dice la mujer, que sobrevive del cultivo de soja y judías, “pero cuando queremos ir a los campos a trabajar corremos el riesgo de que vengan los rebeldes a molestarnos”. Extorsiones y violaciones son habituales en la zona.

Ahora, en el estadio, la mayor preocupación de Victorine es obtener alimentos para sus hijos, “si tuviera dinero”, dice, “compraría comida en el mercado”. Lo único que ha traído consigo es un hatillo de ropa. Dos de los pequeños de Victorine padecen diarrea y malnutrición como consecuencia de los días que han pasado durmiendo a la intemperie sin suficiente comida. Aún ahora, en el estadio, duermen al aire libre.

Victorine se casó a los trece años y se trasladó con su marido a Goma desde Rutshuru. Viuda con 24 años y con cuatro hijos no cree que pueda volver a casarse, “un nuevo marido no querría a mis niños”, dice. Le preocupa el estado de sus campos y su casa, que pueden haber sido saqueados, o destruidos por las explosiones.

 


Más de 100.000  personas se encuentran refugiadas en diversos campos de desplazados en la periferia de Goma, en Kivu Norte, RDC. MSF trabaja en dos de los campos: Bulengo y Mugunga III. Los equipos se centran en proveer de cuidados médicos básicos y en vacunaciones para la prevención de enfermedades como el sarampión y el cólera.


Alrededor de 5.000 personas han tenido que refugiarse en el estadio Sotraki huyendo de los combates entre el grupo M23 y el ejército congoleño a finales de mayo. MSF ha puesto en marcha clínicas móviles para atender a la población en este campo “de transición”, situado a poco más de diez kilómetros de Goma, capital de Kivu Norte, en la República Democrática del Congo (RDC).

© Amandine Colin / MSF

En los campos de Bulengo y Mugunga III, los equipos de MSF trabajan en hospitales a pesar de que la situación de seguridad en la zona sigue siendo muy volátil. Las necesidades de los refugiados siguen siendo extremas.

Los 5.000 desplazados huyeron de los pueblos situados cerca de los combates que estallaron la semana del 20 de mayo. Tras pasar algunas noches en escuelas e iglesias de Goma, decidieron trasladarse al estadio Sotraki, donde la recepción de ayuda humanitaria podía gestionarse con mayor facilidad.

“Las bombas caían en las viviendas, mi casa quedó destruida, no pude rescatar nada, llevarme nada” dice Gertrude, que llegó al estadio con sus cinco hijos y diez sobrinos. Si algunos desplazados consiguieron llevarse algo consigo, la gran mayoría huyó con lo puesto. Muchos de ellos pasaron hambre durante largos días y muchos se separaron de sus familias en la huida precipitada. Para muchos de ellos tampoco fue ésta la primera vez que se veían obligados a huir de la guerra: el pasado noviembre fue la ocasión más reciente, pero también recuerdan la escapada en 2008, algunos tienen en la memoria incluso salir precipitadamente de sus casas en 1994 para huir de la violencia.

Tan pronto como los desplazados se reunieron en el estadio, MSF desplegó clínicas móviles donde se tratan a más de cien personas al día, la mayoría por diarreas e infecciones respiratorias. “Una cuarta parte de los enfermos son niños menores de cinco años, la mayor parte con diarreas”, explica Carolina López, coordinadora de emergencias. “35% de nuestros pacientes padecen afecciones respiratorias que afectan por igual a niños y adultos. Muchas de estas enfermedades se originan porque la gente ha pasado mucho tiempo a la intemperie, hacinados, rodeados de polvo y suciedad, todo eso conduce a contraer enfermedades”.

Además de estas actividades, MSF intenta prevenir que se desate un brote de cólera, “tenemos pacientes sufriendo esta enfermedad en otros campos en la periferia de Goma y es por ello que tenemos que evitar que se disemine”. MSF de hecho ha mantenido abierto un centro de tratamiento de cólera en el campo de refugiados de Buhimba durante meses.

En el campo de Bulengo, también en la periferia de Goma, capital de la región de Kivu Norte, RDC, los equipos de MSF ofrecen servicios básicos de salud, vacunaciones y atención prenatal. Las necesidades de los refugiados son extensas en el cambio, que se formó espontáneamente. Al no ser un campo oficial, recibe sólo ayuda esporádica de actores humanitarios. Desde noviembre de 2012 ha habido únicamente una distribución de productos esenciales. La seguridad es precaria, y la presencia de hombres armados en los bosques y campos aledaños al campo es fuente de preocupación constante. La gente evita salir del campo a buscar leña para cocinar y calentarse. Las mujeres temen ser violadas. Y es que, de hecho, desde diciembre de 2012 se han reportado 114 violaciones. Similares circunstancias se afrontan en el campo Mugunga III, donde los equipos médicos han sido testigos de un aumento masivo de agresiones sexuales justo después de los combates entre el M23 y el ejército. Se llegaron a tratar hasta a 28 mujeres por día.


Médicos Sin Fronteras se ve forzada a suspender sus actividades en los campos de Mugunga III y Bulengo.

Campo de Mugunga III, RDC, diciembre de 2012 © Aurelie Baumel/MSF

Los combates con artillería pesada se reiniciaron ayer entre las fuerzas armadas de la República Democrática del Congo (FARDC) y los rebeldes del M23 al oeste de la ciudad de Goma. Los miles de desplazados por anteriores oleadas de combates se han visto afectados y obligados a un nuevo desplazamiento para refugiarse de obuses y balas.

« El campo de Mugunga, así como los campos de Lago Verde y Buhimba, situados en la ruta entre Goma y Sake se han encontrado en plena zona de combate y de intercambio de proyectiles de artillería y de obuses durante los dos últimos días. Esta situación es inadmisible”, dice Thierry Goffeau, coordinador de proyectos en Kivu Norte. “Y es una situación que puede empeorar, dado que la ruta entre Goma y Sake es un eje estratégico, pero estos combates cercanos a asentamientos tan precarios como los campos de desplazados ponen en peligro la vida de miles de personas, ya muy vulnerables”.

Media docena de obuses cayeron ayer en la zona de Mugunga y causaron cuatro heridos. El equipo de MSF consiguió transferir a estas personas al hospital más cercano, donde trabaja el CICR. Las poblaciones cercanas se han convertido también en blancos de la artillería. El barrio de Ndosho, a las puertas de Goma, ha sido el más castigado y en el que se han producido tres víctimas mortales y decenas de heridos.

Desde el inicio de los combates, los residentes del campo Mugunga III se han visto obligados a huir para lograr refugio en otros campos cercanos a la ciudad de Goma. “Una cuarta parte del campo está ya vacío y la población continúa huyendo por miedo a quedarse atrapados. Los que se quedan, se quedan desamparados, sin saber cómo reaccionar o dónde ir. La gente está atemorizada”, dice Thierry Goffeau.

Habida cuenta los combates y el posicionamiento de ambos contendientes en la cercanía del campo, MSF se ha visto obligada a suspender sus actividades en los campos de Mugunga y Bulengo. El equipo controla por el momento los movimientos de la población para evaluar las necesidades de actuación.

El pasado mes de noviembre, el M23 inició una ofensiva sobre las ciudades de Goma y Sake, lo que forzó a miles de personas a desplazarse para encontrar refugio en los campos al oeste de Goma. La toma de Goma, completada poco más de una semana después, significó la apertura de negociaciones con el gobierno de Joseph Kabila.

El regreso a los combates entre las FARDC y el M23 coincide con la visita que el secretario general de las Naciones Unidas, Ban-Ki-Moon, a RDC para el despliegue de una fuerza especial de la MONUSCO (misión de las Naciones Unidas para la estabilización del Congo), quien por primera vez tiene un mandato ofensivo en la lucha contra grupos rebeldes en las convulsas provincias de los Kivus.

En este contexto, MSF recuerda a los combatientes de la prohibición de situar a la población civil y a los campos de desplazados entre sus objetivos.

 


MSF provee servicios de salud primaria y secundaria en los Kivu Norte y Kivu Sur. La organización trabaja tanto en estructuras de salud como mediante clínicas móviles. En Kivu Norte, trabaja en los hospitales de referencia de Mweso, Pinga, Masisi, Rutshuru y Kitchanga.