MÉDICOS SIN FRONTERAS

Desde principios de marzo, decenas de miles de desplazados procedentes de Sudán, Chad y la República Centroafricana han estado llegando en masa al sureste de Chad para escapar de los enfrentamientos en la vecina región de Darfur. La población refugiada y retornada concentrada en la zona de Tissi se ha incrementado en aproximadamente 50.000 personas.

 

© Ritu Gambhir/MSF

 

Médicos Sin Fronteras (MSF) hace un llamamiento para que los refugiados reciban asistencia humanitaria y sus necesidades sean cubiertas independientemente del lugar donde se encuentren, especialmente durante la estación de lluvias.

Llegamos a Tissi la primera semana de abril para responder a un brote de sarampión entre la población local y los refugiados”, explica Stefano Argenziano, Jefe de Misión de MSF. “Pronto vimos que las familias tenían necesidades apremiantes. La mayoría de los refugiados recién llegados carecen de acceso a atención sanitaria, alimentos o agua limpia. La mayoría vive bajo los árboles, que no proporcionan toda la sombra necesaria, y no tiene nada con que protegerse contra el polvo ni el calor durante el día ni contra el frío durante la noche”.

En estas adversas circunstancias el estado de salud de los refugiados probablemente se deteriorará con gran rapidez y serán más vulnerables a enfermedades como la malaria y la desnutrición así como a epidemias.

Como la zona de Tissi carece de un hospital operativo, los equipos de MSF están trabajando para proporcionar atención primaria de salud y asistencia urgente a los refugiados y a los residentes. Se ha puesto en marcha una unidad de urgencias para víctimas de la violencia en la ciudad de Tissi para tratar a los pacientes heridos, a los niños y niñas menores de 5 años y a las mujeres embarazadas. Hasta la fecha, MSF ha tratado a 40 pacientes con heridas de bala y de arma blanca producidas en su huida del conflicto, además de a 24 residentes que habían resultado heridos en accidentes de circulación. 18 heridos graves fueron estabilizados y evacuados a la ciudad de Abeche, en cooperación con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

En el propio Tissi, MSF ha mejorado la capacidad de la única fuente de agua limpia de la ciudad y está planificando organizar clínicas móviles en los alrededores. Un equipo de emergencia acaba de concluir la vacunación de 30.200 menores de 15 años, y ha tratado a 52 pacientes con sarampión. La desnutrición es una prioridad para MSF y, durante la campaña de vacunación, de los 13.700 niños que se sometieron a exámenes y revisiones nutricionales, 120 fueron admitidos en un programa de nutrición terapéutica.

Las condiciones de vida de los refugiados sudaneses, la mayoría mujeres y niños, se está deteriorando con gran rapidez. Los padres han dicho a los equipos de MSF que cada vez enferman más niños.

Cuando sólo quedan dos meses para que empiece la estación de lluvias, apenas si queda tiempo. “Una vez comience la estación de lluvias, nuestro acceso a estos campos será imposible por carretera y los refugiados quedarán totalmente incomunicados - explica Stefano Argenziano - Con unas condiciones de saneamiento pobres y una falta de acceso a agua limpia, estamos observando la situación por si se produce un aumento de casos de malaria y de infecciones respiratorias así como un posible brote de cólera.

Ninguno de los asentamientos donde se concentran los refugiados ha sido declarado campo de refugiados oficialmente. Hasta la fecha y debido a la proximidad de los asentamientos a la frontera con Sudán y los problemas de seguridad, las agencias de Naciones Unidas y la mayor parte de ONG se muestran reacias a dispensarles asistencia.

 

MSF trabaja en Chad desde 1983 y actualmente lleva a cabo proyectos en Am Timan, Abeche, Massakory y Moissala.


 

© Ritu Gambhir/MSF

Deo Kabila, médico de MSF: “En el sitio adecuado en el momento adecuado”

El 17 de abril, el doctor de Médicos Sin Fronteras Deo Kabila se encontraba en el asentamiento de refugiados de Am Doukhum, Chad, en la frontera con Sudán, preparando una campaña de vacunación para la población local, los refugiados y los retornados chadienses. Era al final del día, y él y su equipo estaban de camino de regreso a la base de MSF cuando recibieron una llamada de emergencia pidiéndoles que diesen la vuelta y regresasen. 

“El líder de los refugiados sudaneses había informado a las autoridades locales de que una mujer sudanesa, que había estado de parto durante toda la noche, presentaba complicaciones. Cuando regresamos nos llevaron directamente a ver a la mujer que resultó que esperaba mellizos. El primer bebé había nacido a las 4 a.m. y estaba bien, pero había problemas con el segundo. En el caso de mellizos, a veces ocurre que tras el primer nacimiento, el segundo bebé se da la vuelta y esto era precisamente lo que había ocurrido. Su brazo había salido pero estaba claro que si no actuábamos con premura la madre y su segundo bebé morirían.

Como no podíamos proporcionar la atención necesaria in situ, preguntamos a la paciente si podíamos llevarla a Tissi donde MSF acababa de abrir una unidad de urgencias. Aceptó. Teníamos dudas de si podríamos salvarles la vida, pues la unidad de urgencias no había sido pensada para manejar partos complicados, pero las opciones de trasladar a la paciente a un hospital por carretera o aire eran limitadas. Utilizando lo que teníamos a mano en la unidad de urgencias, conseguimos que naciese el segundo bebé.

La madre se quedó con nosotros tres días y después regresó felizmente a Am Doukhum con sus dos hijos. Yo también estaba feliz. Era mi primer parto en Tissi.”


Algunos individuos y grupos armados sin control en República Centroafricana están sembrando el caos, dejando a la población civil sin la atención humanitaria que necesitan con urgencia. Las instalaciones y equipos de MSF han sido saqueadas en diferentes ocasiones y han sufrido muchos robos y amenazas desde que el conflicto comenzó. El nuevo gobierno que tomó el poder el pasado 24 de marzo debe asumir sus responsabilidades y restablecer el control sobre los grupos armados que operan en varias zonas del país.

Centro de salud de Betoko, cerca de Paoua, RCA, octubre de 2011 © Talia Bouchouareb

En varias ciudades, como Batangafo y Kabo, los equipos médicos de MSF han sido evacuados debido a los robos armados y la situación de inseguridad en general. Todas las actividades médicas y hospitalarias se han suspendido en esas localidades. Al ser MSF la única organización que presta atención humanitaria en la zona, estos incidentes suponen que más de 130,000 personas se queden sin atención en los próximos días y semanas.

En la localidad de Boguila, MSF ha sufrido incidentes similares y el personal internacional tuvo que ser igualmente evacuado. El hospital aún está en servicio con un equipo reducido. Pero debido a la inseguridad, no se puede acceder a las zonas donde se sabe que existen serias necesidades médicas, como en Bossangoa, donde el hospital fue saqueado y el personal del Ministerio de Salud tuvo que huir. 

Desde que el pasado 24 de marzo, la alianza de grupos armados (Seleka) tomó el control del país, en la capital, Bangui, las instalaciones de MSF han sufrido varios saqueos que han provocado pérdidas cuantiosas de equipamientos, fármacos, vehículos y dinero. Pero lo más importante es el bloqueo que todo ello supone para la atención humanitaria que la población necesita con urgencia.

“MSF sigue preocupada seriamente por el estado y la salud de la población”, dice Sylvain Groulx, coordinador de MSF en el país. “Hay que tener en cuenta que en los períodos más pacíficos, la población de RCA tiene que superar muchos obstáculos para sobrevivir. Incluso antes de los últimos acontecimientos, los índices de mortalidad a causa de enfermedades infecciosas tratables (sobre todo malaria) estaban ya por encima de los umbrales de emergencia en muchas zonas del país. La inseguridad actual está poniendo al límite la capacidad de la población para sobrevivir.”

 


MSF ha atendido a la población de la República Centroafricana desde 1997. Actualmente trabaja  en cinco de las diecisiete prefecturas del país.

 


Diez días después de que la alianza de grupos armados Séléka se hiciese con el control de Bangui, la situación empieza a normalizarse poco a poco en la capital. MSF sigue con sus actividades médicas y refuerza a sus equipos en las provincias.

Heridos en el hospital comunitario de © Bangui Francois Beda

A pesar de un tímido retorno del orden en la capital, el acceso a la atención sanitaria sigue siendo limitado y las infraestructuras médicas están faltas de personal. En el resto del país, la población, todavía en estado de shock por los recientes pillajes, intenta reanudar su vida normal.

Siguen las actividades quirúrgicas en Bangui
El acceso a la atención sanitaria sigue siendo crítico en la capital, aunque la situación se ha estabilizado. El hospital comunitario de Bangui es en efecto el único hospital que funciona en la capital. A pesar de los cortes de corriente eléctrica y de suministro de agua la semana pasada, MSF ha podido practicar unas cuarenta intervenciones quirúrgicas en condiciones críticas. En total, en 10 días, 341 pacientes han sido admitidos. De todas formas, si cuando estallaron los enfrentamientos, la mayoría de casos eran heridas de bala, los equipos de MSF ahora están atendiendo a víctimas de accidentes de circulación y pacientes con heridas, cortes y otros traumatismos. «En los próximos días dispensaremos asistencia en los centros de salud en varios barrios de Bangui», explica Sylvain Groux, Jefe de Misión de MSF. En función de las necesidades, los equipos de MSF prevén hacer donaciones de material y de medicamentos.

Refuerzo de los equipos en las provincias
El grupo Séléka se hizo con el control de la ciudad de Paoua durante el fin de semana de Pascua. Sin embargo, al situación prácticamente se ha normalizado, excepto por algunas tensiones intercomunales este fin de semana. Los equipos van a reanudar las actividades en la periferia de Kabo, Batangafo y Ndélé. La capacidad en materia de recursos humanos es escasa, y se esperan refuerzos para los equipos en el terreno. Los equipos siguen sus actividades médicas en Zemio y Sibut y el equipo de Mboki, bloqueado allí desde la toma de Bangui, ha podido reemprender el camino hacia Zemio. También va a organizarse una misión exploratoria a Bossangoa tras haber recibido noticias, no confirmadas, de violencia, saqueo del hospital e importantes desajustes en los servicios de salud.

 


MSF trabaja en el hospital Comunnautaire de la capital de la República Centroafricana, el único centro de atención secundaria operativo en la ciudad.

Paoua, RCA, diciembre de 2012 © Corentin Fohlen /Divergence

“Tras días de combates en la ciudad y saqueos, pudimos comenzar a estar operativos hace tres días, el lunes. Hemos aportado material médico y medicamentos al hospital Communautaire. Estamos presentes en el hospital para apoyar al equipo local, que tiene necesidad de todo”, explica Serge Saint-Louis, coordinador de MSF en Bangui, República Centroafricana.

El hospital civil y militar en el que MSF trabaja está en la actualidad custodiado por hombres de la coalición Séléka para garantizar la seguridad en el centro y en su vecindario. MSF ha obtenido del nuevo gobierno garantías para la protección de los pacientes y del personal sanitario.

“Nuestra prioridad para los próximos días es poner de nuevo en marcha las salas de operaciones y las de post-operatorio. Un equipo quirúrgico de refuerzo está en camino para poder operar a los heridos que vayan llegando y los 55 que todavía están a la espera de ser intervenidos”.

La situación de seguridad en Bangui mejora poco a poco

« Hay menos militares de la coalición Séléka que en días previos,  se ocupan de los ejes y carreteras principales de la ciudad, hay menos disparos y la situación parece mejorar. Poco a poco la gente vuelve a salir a las calles”. Los grandes almacenes, supermercados y gasolineras en el centro siguen cerradas, incluso las que no han sido saqueadas. La situación empeora por la noche y la gente apenas sale a partir de las siete de la tarde.


MSF trabaja en dos estructuras de salud en Bangui y distribuye agua, gasolina y generadores a los hospitales.

Proyectos de MSF en RCA © Google

Sylvain Groulx, coordinador de MSF en la República Centroafricana, explica la situación en Bangui, la capital, casi una semana después de que el grupo de oposición Séléka, reanudara el conflicto, y avanzara hasta la capital que ha hecho suya. En el avance de Séléka se han producido saqueos en las poblaciones y en la propia ciudad, que, sumados a la falta de agua y electricidad se convierten en los mayores impedimentos para el trabajo humanitario. Otra de las preocupaciones es que estos eventos se producen cuando la estación de lluvias y el período tradicional de escasez de alimentos se acercan.

¿Qué es lo que estáis viendo estos últimos días?

La situación en la ciudad está mejorando poco a poco, aunque todavía hay una sensación de inseguridad general en la ciudad durante el día y durante lo noche se escuchan disparos esporádicos. Se nota el miedo en la población: la gente todavía tiene miedo de salir, de dejar sus casas y no hay transporte público así que, aunque quieran regresar a sus trabajos, la movilidad es complicada. Tienen el mismo problema para acceder a los hospitales.

¿Y el agua y la electricidad? ¿se han restablecido en Bangui?

Todavía no y es otro de los graves problemas de la población. La gente tiene que utilizar pequeños pozos en sus barrios. Tienen algo de agua, pero eso no garantiza que sea potable. La falta de agua y electricidad es asimismo un problema enorme para el funcionamiento de hospitales y centros de salud.

¿Qué está haciendo MSF en la ciudad?

Estamos trabajando en el Hospital Communautaire, donde la mayoría de heridos y enfermos se encuentran ahora (el hospital Amitié no está funcionando, dado que el personal no ha podido regresar a sus trabajos todavía) y también en el centro de salud Castor (con maternidad y dos salas quirúrgicas además de la atención básica general). También hemos distribuido 3.000 litros de gasolina y generadores a los hospitales para que puedan hacer intervenciones quirúrgicas, suspendidas cuando se interrumpió el suministro eléctrico el pasado sábado.  Vamos a distribuir agua en un camión cisterna para poder llenar los depósitos de los hospitales.

¿Qué pasa en el resto del país?

Todo el mundo se está concentrando en la situación en Bangui, pero, de hecho, nuestra principal preocupación ahora mismo es lo que está sucediendo en el resto del país, donde la inseguridad todavía es elevada y todavía se ven saqueos. Justo ayer supimos que el hospital de Bossangoa, uno de los principales de referencia de la zona norte, ha sido completamente saqueado. Trataremos de organizar un equipo que vaya para allá lo antes posible, en cuanto las condiciones de seguridad lo permitan, para evaluar qué es lo que podemos hacer de ayuda allí. En Batangafo, Kabo, Ndélé, Boguila, Zemio, Carnot y Paoua la situación está calmada. No podemos ser funcionales en la periferia de todas estas poblaciones por la inseguridad.

¿Qué es lo que teméis que pase a la población en las zonas rurales?

Aunque mucha gente está regresando a sus poblaciones, tememos que muchos todavía estén escondidos en los bosques. Tenemos que añadir que el impacto económico de los saqueos y robos de los últimos días, tendrá un impacto: pérdidas de salarios, de bienes, de instrumentos de faena, de su almacén de comida. Tememos por la salud de la población y de su situación nutricional, que ya era frágil.

¿Cómo va a afectar la estación de lluvias?

La estación de lluvias discurre de Mayo a Noviembre. El acceso a parte del país se hace muy difícil cuando no imposible. Parte del país se queda aislado e inalcanzable para las ONG. A la tradicional carestía de alimentos de estas fechas hay que añadir el saqueo de los almacenes de comida en las poblaciones, lo que puede contribuir a una mayor inseguridad alimentaria.


La República Centroafricana (RCA) ostenta el segundo lugar en la lista de países con menor esperanza de vida del mundo (48 años). Muchas encuestas realizadas en todo el país revelan que la tasa de mortalidad es extremadamente alta, multiplicando de tres a cinco veces el umbral de la emergencia (lo que subraya la necesidad de asistencia médica inmediata).

© Corentin Fohlen /Divergence

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Este país, políticamente inestable, está en situación de emergencia médica crónica. Un 60% de los niños menores de 5 años mueren en su casa. El acceso a la atención supone un gran problema, sobre todo para personas con patologías evitables y curables como la malaria, las infecciones respiratorias y las enfermedades diarreicas.

© Corentin Fohlen /Divergence

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Los motivos de esto son múltiples: años de conflicto(s), precariedad de la población, falta de personal sanitario, escasa oferta sanitaria fuera de la capital, rupturas de stocks de medicamentos, infraestructuras viarias en deterioro, falta de medios de transporte… Y, sin ninguna garantía de estabilidad política, la financiación internacional corre el riesgo de disminuir en los próximos meses.

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Desde marzo de 2006, MSF está en el hospital de Paoua, al noroeste del país. Nuestros equipos trabajan en muchos departamentos (pediatría, cirugía, maternidad, medicina, VIH & tuberculosis). MSF presta apoyo también a muchos centros de salud de la zona y al programa ampliado de vacunación.

© Corentin Fohlen /Divergence

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Mary-Jane es médico. Es su primera misión con MSF: «Fue un shock (…) Lo que vi me trastornó (…) Aquí, todo es cuestión de supervivencia (…) Hacemos lo que podemos con lo que tenemos (…) Vivimos los peor y lo mejor».

© Corentin Fohlen /Divergence

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De enero a diciembre de 2012, 3.475 niños fueron hospitalizados y 1.198 fueron admitidos en nuestro programa nutricional: «los niños llegan muy debilitados, a las puertas de la muerte, y pocos días más tarde ves como se les da alta y se disponen a dejar el centro. Es la parte más gratificante» declara satisfecha Mary-Jane

© Corentin Fohlen /Divergence

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La RCA ostenta también la tasa de prevalencia de sida más elevada del África central. Las rupturas de stocks de tratamientos son frecuentes y a veces pueden durar muchos meses. De enero a diciembre de 2012, de los 478 pacientes inscritos en nuestro programa de VIH, 332 recibieron antirretrovirales; y 214 fueron objeto de seguimiento en nuestro programa de tuberculosis.

© Corentin Fohlen /Divergence

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Entre eneero y diciembre de 2012, MSF realizó cerca de 80.477 consultas en el hospital y en los centros de salud, incluidas las víctimas de la violencia sexual. Unos 7.462 pacientes fueron hospitalizados y se practicaron más de 1.400 intervenciones quirúrgicas y 1.666 partos, de los que 132 fueros por cesárea.

© Corentin Fohlen /Divergence

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En Paoua, cada mes, nuestros equipos también se ocupan de unos 30 casos de mordeduras de serpiente. No importa lo rápido que se trate, este tipo de heridas puede suponer complicaciones médicas graves y necesitar muchas visitas a quirófano y días de hospitalización.

© Corentin Fohlen /Divergence

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En 2010, se reforzó la red de referencia de casos graves con medios de transporte locales. Así es como MSF puso en marcha un servicio de motos para trasladar gratuitamente a los pacientes de los centros de salud al hospital.

© Corentin Fohlen /Divergence


La organización médico-humanitaria hace un llamamiento a las partes en el conflicto a respetar al personal médico y las estructuras sanitarias.

Maternidad de Batangafo, RCA, diciembre de 2012 © MSF

 

Al tiempo que la coalición de grupos armados conocida como Séléka toma el mando de Bangui, capital de la República Centroafricana (RCA), la organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) hace un llamamiento a los actores involucrados en los combates para que garanticen a la población en general acceso a la asistencia médica, no sólo en la capital sino en el resto del país. MSF ha sido víctima del pillaje generalizado y de robos en sus estructuras de salud y oficinas y demanda a las partes en el conflicto que respeten los centros médicos, el personal sanitario y a los pacientes heridos y enfermos.

Ante el avance de Séléka y su toma de posesión de la capital en las últimas 48 horas, las operaciones de MSF se han visto gravemente afectadas y, por ejemplo, no se ha podido transferir a pacientes heridos de gravedad para ser operados de urgencia (23 de ellos no han podido ser transportados de Sibut a Bangui). MSF se muestra preocupada porque los actores médicos no puedan asistir a la población en Bangui debido a la inseguridad generalizada en la ciudad.

Mientras los combates han causado numerosos desplazados entre la población que, por miedo, se mantiene apartada de las estructuras de salud, las operaciones de MSF continúan en Carnot, Paoua, Mboki, Zemio, Boguila, Batangafo, Kabo, Sibut y Ndélé. MSF llama a todos los implicados en el conflicto, especialmente a Séléka, a garantizar el acceso a los centros médicos de aquellos necesitados sin que ni pacientes ni médicos se conviertan en objetivos en la contienda.

Los incidentes violentos de pillajes y saqueos de los que MSF ha sido también víctima impiden asimismo a la organización médica el adecuado tratamiento médico para aquellos que más lo necesitan. “MSF condena el pillaje y los robos que han tenido lugar en nuestros centros médicos en Bangui, Batangafo, Kabo y Carnot y reitera su petición de que el personal médico y las estructuras de salud, ambulancias y los pacientes heridos y enfermos sean respetados”, dice Serge St Louis, coordinador de MSF en Bangui. Tan pronto las condiciones de seguridad lo permitan, MSF realizará evaluaciones de la situación en la capital y en sus proyectos en la periferia para, de manera urgente, atender las necesidades médicas existentes.


MSF ha atendido a la población de la República Centroafricana desde 1996. MSF dispone de ochenta trabajadores internacionales en cinco de las diecisiete prefecturas del país.


por Esperanza Santos (de la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras, desde República Centroafricana)*

Empiezo por el final, por Ndélé. ¡¡Qué lejos está, madre mía!! ¡Tres días de viaje desde Bangui! Eso sí, bonito, repleto de árboles de mango. Hay un parque natural cerca, pero nosotros lo único que vimos por el camino fueron algunos monos y serpientes, nada muy exótico. Bueno, también un cervatillo, pero el pobre iba ya en hombros de un hombre que lo había cazado.

Me vine aquí para echar una mano al equipo del proyecto, que lleva abierto dos años. Se encargan del hospital de Ndélé (que tiene unas 80 camas) y de 8 puestos de salud de la periferia, pero con todo el conflicto (este fue uno de los primeros pueblos que atacaron) llevaban casi dos meses con falta de personal, sin poder salir a la periferia por seguridad y con todas las actividades un poco descontroladas. Estamos poniéndolo todo un poco en marcha de nuevo para intentar recuperar la normalidad.

Ayer llegaron las dos nuevas enfermeras que se van a quedar encargadas una del hospital y la farmacia, y la otra de la periferia, así que me quedo unos días con ellas y luego bajaré de nuevo a Bangui, la capital.

Atención médica en el puesto de salud de Badéné, cerca de Batangafo, durante la ola de combates de finales de 2012 en el centro y norte de República Centroafricana (© Chloé Cébron).

Ndélé es pequeño, unos 15.000 habitantes tiene. No tiene luz ni agua corriente (bueno antes del conflicto había agua, pero ahora hay algo que se ha estropeado y sólo hay un par de horas al día). Así que llevamos una vida más sencilla: ponemos el generador tres horas por la tarde y cuando se apaga a las 9 de la noche, todo el mundo a sus cuartos.

El hospital la verdad es que está bien organizado. Hay poca capacidad quirúrgica, sólo se hacen cesáreas y cirugías de urgencia, pero está bien organizado y más o menos limpio. Esto ya es todo un avance.

Por el contrario, la farmacia, con tanto caos, estaba un poco desorganizada. Creo que mi sino es enfrentarme a farmacias desorganizadas, así que los primeros días me puse a mover cajas, limpiar y organizar, y la verdad es que ya parece otra.

También nos hemos reunido con todos los jefes de los puestos de salud (que no son ni enfermeros, pero les han formado para atender enfermedades básicas) y ha estado bien. A pesar de todo lo que ha pasado, ellos han seguido trabajando en los puestos y les mandaban los medicamentos y material en moto desde Ndélé, así que muy bien.

A ver si a partir de ahora se siguen calmando un poco las cosas y pueden empezar a hacer vacunación también porque ese es uno de los grandes problemas de aquí, y en general de todo el país. De hecho, la semana pasada empezó a haber casos de tos ferina en dos de los puestos de salud, así que martes y miércoles mandamos a dos enfermeros en moto a comprobar los casos, a hacer formación a la gente de los puestos de salud y a llevar tratamiento.

Y todos los casos eran de niños mayorcitos (2-3-4 años) que se supone que ya tendrían que estar vacunados, pero ninguno lo estaba. La mayoría de ellos, la única vacuna que tenían era la de sarampión y porque en mayo organizamos nosotros una campaña de vacunación masiva; pero claro, es muy complicado vacunar a los niños cuando en los puestos de salud no hay frigorífico para guardar las vacunas, a algunos se tarda 5-6 horas en llegar y además hay pueblos a más de 15 km de distancia del puesto de salud así que la gente, que tiene que ir andando, no está acostumbrada a ir.

Pero como os he dicho, es uno de los objetivos para este año: llevar vacunas, poner frigoríficos de gasóleo en algunos de los puestos (porque no hay electricidad por supuesto) e intentar movilizar a la gente para que traigan a los niños a los puestos.

Luego os cuento más…

(Continuará)

* Esperanza Santos trabaja en terreno con MSF desde 2006. Es enfermera y actualmente es coordinadora en la Unidad de Emergencias. Si quieres leer otros posts de Esperanza en RCA y en misiones anteriores con MSF, pincha aquí.

 


El doctor José Bafoa ha trabajado como coordinador médico de MSF en la región de Gao (norte de Malí) durante cinco meses. La volátil situación en los últimos días ha alterado el número de pacientes que llegan a los centros de MSF, pero Bafoa asegura que la prioridad de sus equipos es continuar dando ayuda médica a los pacientes.

El doctor José Bafoa © MSF

En la norteña región de Gao, una media de 120 pacientes llega cada día a los centros de salud de Wabaria y Sossokoira, gestionados por MSF. Aunque la estación de las lluvias ha acabado, el 70 por ciento llega con malaria, una enfermedad parasitaria que causa altas fiebres y hace tiritar a los que la sufren. Pese a la guerra, la malaria es el auténtico enemigo al que están haciendo frente los médicos. Sigue siendo la principal causa de muerte en el país y es particularmente peligrosa para los menores de cinco años: muchos de ellos acaban muriendo.

“Desde que empezamos a trabajar en estos centros de salud, en septiembre del año pasado, hemos visto un número constante de pacientes. Hubo una pequeña bajada a mediados de enero con los primeros bombardeos y hace unos días a causa de los combates, pero la cantidad de personas que llega ahora a nuestros centros es de nuevo el habitual”, explica el doctor, quien añade: “Hay un hospital y diez centros de salud alrededor de la localidad de Gao, pero son para una población de 400.000 personas y nos dimos cuenta de que mucha gente no tenía acceso a servicios médicos. En el actual contexto de inseguridad, la gente se mueve y tiene menos recursos. Es muy importante darles atención de calidad y gratuita. Desde septiembre, hemos atendido a 16.000 pacientes”.

Las fuerzas francesas y malienses iniciaron una ofensiva el 11 de enero contra varios grupos armados del norte de Malí. En Gao, el grupo con mayor presencia es el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (Muyao), una escisión de Al Qaeda en el Magreb Islámico.

“La gente huyó por miedo a los bombardeos y las represalias. Algunos huyeron a países vecinos, pero otros se refugiaron en pequeños poblados o entre la maleza, donde las condiciones de vida son muy duras. Así que además de la malaria, hemos visto un aumento del número de pacientes que llegan con diarrea, enfermedades de la piel debido a la falta de higiene e infecciones respiratorias agudas a causa del polvo y el viento”, comenta el doctor Bafoa. “Están llegando cada vez más pacientes con hipertensión y gastritis, seguramente debido al estrés al que se han visto sometidos”, amplía.

El principal objetivo del proyecto es permitir a la población un mayor acceso a los servicios médicos y reducir así la tasa de mortalidad. De hecho, el doctor explica que antes de la intervención de MSF se registraban entre una y dos muertes a la semana en los centros de Gao y alrededores que ahora apoya. Desde octubre, solo se han registrado cinco muertes más. Lo mismo ha sucedido unos 100 kilómetros más al sur, en el hospital de Ansongo: desde la llegada de MSF, la tasa de mortalidad ha bajado del 8 al 1,2 por ciento.

Centro de salud comunitario de Sossokoira, Malí © MSF

En las vastas zonas desérticas del norte de Malí, acercar el tratamiento a los pacientes es otro elemento esencial del proyecto. Durante cuatro meses, los equipos móviles han acudido a zonas remotas, con la premisa de que si los pacientes no pueden venir a nosotros, nosotros iremos a ellos. Pero debido a la colocación de minas en la zona, MSF se ha visto obligada a suspender temporalmente la actividad de estos equipos móviles.

“A través de las clínicas móviles, por supuesto ofrecíamos atención primaria, pero también consultas prenatales para las embarazadas. No sabemos cuándo podremos reanudar estas actividades, pero esperemos que pronto”, dice el doctor.

MSF también abastece otros centros de salud comunitarios con medicamentos y otros artículos. Según el doctor Bafoa, el principal problema tanto en Gao como en Ansongo es la falta de suministros y de condiciones de trabajo adecuadas. “Además de formar y apoyar al personal médico nacional, hemos rehabilitado estructuras ya existentes. En el hospital de referencia de Ansongo, por ejemplo, restablecimos la electricidad y el agua corriente y ahora estamos rehabilitando el quirófano”, explica.

La vigilancia epidemiológica es otro de los ejes del proyecto: los equipos deben estar preparados para responder a cualquier tipo de brote rápidamente. “Necesitamos estar preparados para cualquier eventualidad médica, ya sea una epidemia, heridos de guerra o personas desplazadas –resume Bafoa–. Nuestros equipos fueron en diciembre a apoyar el centro de Ansongo y ahora tratamos a cien pacientes cada día. Aunque había dos colegas malienses que ya hacían cesáreas y ofrecían atención obstétrica, enviamos a un cirujano especializado en heridas de guerra. Nuestros pacientes dicen que quieren la paz. Nosotros estamos a su lado: nos quedamos aquí durante los bombardeos y no los abandonaremos ahora. Esperamos que el sistema de salud se desarrolle y finalmente nos pueda reemplazar. Pero, hasta entonces, nos quedaremos y nos aseguraremos de que la gente de Gao y Ansongo sigue teniendo acceso a una atención médica gratuita y de calidad”.

El doctor José Bafoa trabaja con MSF desde 1999. Antes de Malí, estuvo participando en intervenciones humanitarias en Uganda, Chad, República Centroafricana y su país natal, República Democrática del Congo.

En el norte de Malí, los equipos de MSF trabajan en Gao, Ansongo, Konna, Mopti, Douentza y Tombuctú ofreciendo atención médica primaria, secundaria y respuesta en situaciones de emergencia. MSF también trabaja en el sur del país con un programa pediátrico en la región de Sikasso. La organización humanitaria ayuda a los refugiados malienses en las vecinas Burkina Faso, Mauritania y Níger.

 


Autor: Fco. Javier Sancho Más (periodista, Médicos Sin Fronteras

“¡A correr!”. Cuando se activa la alarma en Batangafo, al norte de República Centroafricana, la ciudad queda despoblada en cuestión de minutos. Una destreza que se aprende sobreviviendo a más de diez años de conflictos. Volvió a suceder el pasado 19 de diciembre, por la mañana. Ante la llegada inminente de los grupos rebeldes, huyó casi todo el mundo. Las autoridades, primero.

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Al poco rato, sólo podía encontrarse gente en el hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF), donde el equipo médico se quedó atendiendo a los pacientes y familiares que no podían movilizarse. El otro lugar era el bosque. Ese mismo día, en el hospital, Ghislaine, una mujer de 55 años, nos contó que cuando se oyen los gritos de alarma, los niños de las calles y la escuela se ponen las pilas. Se guarecen en un bosque de los alrededores, y allí, en escondites que sólo ellos conocen, esperan con los ojos bien abiertos hasta que cesan los enfrentamientos.

Ghislaine sabe que los niños tienen experiencia en desaparecer así de rápido, “pero todos estamos angustiados”, dice, “no tenemos ni idea de cuándo volverán exactamente”.

El intercambio de disparos duró unas tres horas hasta que la ciudad cayó en manos de los rebeldes. Después, la situación se tranquilizó un poco, pero la población, permaneció oculta varios días más hasta estar segura de volver. Los enfrentamientos en esta zona del país van y vienen constantemente.

Y con todo, lo más probable es que los niños no mueran de un balazo o una explosión. Esto es lo que desconcierta en las estadísticas de República Centroafricana: con unos 10 grupos armados operando en el país irregularmente (incluido el temible Lord’s Resistance Army (LRA), liderado por Kony, que aparentemente se encuentra en el sureste), y a pesar de ser uno de los cinco países con la mortalidad más alta del mundo (a veces entre tres y cinco veces mayor que el umbral de emergencia) y de tener la segunda esperanza de vida más baja (48 años), el número de fallecidos directamente por los enfrentamientos es relativamente bajo.

Campo de desplazados en Kabo, a 60 kilómetros de Batangafo. Fotografía de Anna Surinyach

El grupo armado más mortífero de la República Centroafricana (RCA) lo forman los mosquitos que transmiten la malaria. Y ésta se apoya en la falta de inversión en atención sanitaria para una población que ha hecho del desplazamiento una forma de vida a la fuerza. Cuanto más tiempo transcurren en los bosques, más enfermos se vuelven los enfermos, más vulnerables los vulnerables. El bosque es un refugio para valientes. Y da tanto miedo que ni siquiera los grupos  armados suelen adentrarse en él a buscar civiles. Los niños lo saben y esperan con los ojos abiertos.

A día de hoy, los enfrentamientos han terminado tras el alto al fuego acordado con el Gobierno. La población, poco a poco, está regresando a sus hogares. Los niños abandonan el bosque y el país vuelve a la normalidad. Pero “lo normal” en RCA tiene significados particulares:

- Lo normal es que la falta de medios de subsistencia cause un aumento de la desnutrición; como ocurre en el oeste del país, por ejemplo, donde se suspendió la extracción de diamantes que era un recurso habitual de la población. Lo normal es que los pacientes, a pesar de los bajos o inexistentes salarios tengan que pagar por la escasa atención médica que, además, suele ser de muy baja calidad.

- Lo normal es que la malaria cause más de la mitad de las muertes entre los pacientes internos en hospitales, porque al ser holoendémica, cada uno de los 4,4 millones de habitantes se infectan, de media, una vez al año. Lo normal es que los programas de control de los últimos focos de la enfermedad del sueño (que mayoritariamente se encuentran en RCA) fracasen a causa de la inestabilidad y de servicios apropiados.

Identificación de enfermos de la tripanosomiasis humana africana (enfermedad del sueño) en Batangafo. Fotografía de Anna Surinyach

El modelo actual de ayuda al desarrollo y de ayuda humanitaria ha demostrado que no funciona en RCA. La inversión en atención sanitaria, por parte de los donantes y por parte del Gobierno ha caído dramáticamente. Y como los conflictos que van y vienen no arrojan cifras alarmantes de muertos, entre otras cosas, porque una población reducida sabe bien dónde refugiarse, la comunidad internacional se enfrenta a un dilema: que no considere al país lo suficiente fiable ni su situación lo bastante urgente como para merecer una mayor ayuda.

Mientras la crisis de RCA se hace crónica y silenciosa, lo normal es que la violencia armada afecte nuevamente a varias zonas del país, como hace poco ocurrió en Batangafo. Y la mayoría de los muertos no serán por las balas. En pocos minutos, la ciudad volverá a despoblarse. Sólo habrá refugio en el hospital, o en el bosque, en lugares dónde sólo los niños saben esconderse, y esperar con los ojos bien abiertos, a que las cosas vuelvan a la “normalidad”.