MÉDICOS SIN FRONTERAS

El conflicto en República Centroafricana (RCA) se ha desatado en varias ciudades del país, donde los civiles pagan el precio de la violencia y deben huir de sus hogares, quemados y destruidos. Sus historias reflejan miedo, incertidumbre y desesperanza. Trabajamos en la zona para atender a los heridos y vacunar a los más pequeños.

Paul recibió dos disparos mientras huía de los combates. Lali Cambra / MSF

En las últimas semanas, el conflicto se ha desatado de nuevo en varias ciudades de la República Centroafricana (RCA).

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Los equipos de MSF atendieron desde el pasado sábado 12 de mayo a 60 personas que fueron heridas a causa de la ola de violencia registrada desde ese mismo día en la localidad de Bangassou, en el sureste de República Centroafricana (RCA) y junto a la frontera con República Democrática del Congo (RDC).  René Colgo, responsable adjunto de emergencias de MSF en la República Centroafricana, nos cuenta la situación en la que se encuentra la población civil.

© MSF

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Médicos Sin Fronteras (MSF) se ha visto obligada a detener casi por completo su actividad en la ciudad de Batangafo, en el norte de la República Centroafricana (RCA), y a evacuar a la cuarentena de integrantes de su equipo a causa de la creciente tensión en esa localidad, que ha derivado en diversos incidentes violentos y amenazas contra miembros de la organización.

Población que ha buscado refugio en el recinto del hospital de MSF en Batangafo, RCA © MSF

MSF hace un llamamiento a las partes en conflicto en la RCA para que respeten las estructuras y los equipos de salud, que tienen por único objetivo responder a las necesidades médicas y humanitarias de la población a la que asiste. “Esperamos que la gente entienda que hace falta tranquilidad y espacio físico para poder trabajar. Y lo más importante, necesitamos respeto a la integridad física y psicológica de nuestros pacientes y trabajadores”, afirmó el jefe de misión de MSF en el país, Javier Eguren.

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República Centroafricana (RCA), un país castigado desde hace décadas, se encuentra en una situación de caída libre desde hace poco más de un año al vivir una  demoledora crisis política, cuyas gravísimas consecuencias para la población se están traduciendo en desplazamientos masivos, exilio y violencia extrema entre otros.

Visita la web RCA, el país perdido. Texto, Lali Cambra. Fotos y Vídeo: Juan Carlos Tomasi.

Con solo 4,5 millones de habitantes, es uno de los países más pobres del mundo con una esperanza de vida que ronda los 51 años,  y unos indicadores de salud muy bajos: solo hay un médico por cada 55.000 personas,  o una  comadrona para cada 7.000 mujeres. De cada 1.000 niños nacidos, unos 130 no llegarán a cumplir los 5 años siendo víctimas de la malaria, la meningitis o la desnutrición.

Desde su independencia en 1960, RCA ha vivido con frecuencia periodos político-militares convulsos, con un golpe de Estado, aproximadamente, cada diez años

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Maria Simón ha sido testigo de la degradación del conflicto que asuela República Centroafricana desde hace más de un año. Ha coordinado las operaciones de Médicos Sin Fronteras en Kabo (en el norte del país) en los últimos siete meses, y confiesa que ha sido un puesto difícil. Mucho más que el anterior, que la llevó a República Democrática del Congo. Lo que ya dice mucho.

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¿Cómo has vivido este tiempo, con muy diferentes períodos entre sí y muy marcados?

Cuando llegué en octubre, ya había habido ataques de las milicias anti-Balaka contra la coalición de los Séléka, entonces en el poder. Pero se empezaba a percibir la tensión, la incertidumbre de lo venidero. Piensa que cualquier cosa que pasa en Bangui tiene eco en todo el país. En novembre, la tensión entre cristianos y musulmanes se acrecentaba y en diciembre estalló. El cambio de gobierno, la ofensiva de los anti-Balaka y la retirada de Séléka hizo que parte de las milicias que la formaban se constituyeran en grupos incontrolados, muy peligrosos. Y, al mismo tiempo, éramos testigos de los centenares y centenares y centenares de camiones llenos de gente, de musulmanes, que se encaminaban al exilio en Chad en busca de un refugio, para salvar sus vidas. Horrible.

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La organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) denuncia que la población civil ha sido víctima deliberada de ataques en la oleada de violencia que tuvo lugar el pasado lunes en Bouca, en el norte de la República Centroafricana (RCA). En dicha población, MSF ha atendido a un total de 26 heridos por machete y arma de fuego, entre los cuales había ocho mujeres y seis niños.

Atención a pacientes en Bouca, RCA © MSF

El epicentro de la violencia tuvo lugar el lunes en esta población situada 325 kilómetros al norte de la capital, mientras que a lo largo del fin de semana fue la región vecina de Bossangoa la que se llevó la peor parte. Estos ataques ocasionan un sufrimiento adicional a una población civil que lleva meses sometida a la violencia y a desplazamientos forzosos. Los hospitales de MSF en las localidades de Bossangoa, Batangafo y Paoua han registrado asimismo un aumento constante de víctimas de ataques violentos a lo largo de las últimas semanas.

El combate se inició en Bouca alrededor de las seis de la mañana del lunes. Hombres armados, supuestamente leales al defenestrado presidente François Bozizé, irrumpieron en la población. Se retiraron poco antes de que un grupo de la coalición Séléka se hiciera de nuevo con el control del pueblo. Un total de 26 heridos fueron asistidos por MSF, mientras cinco de los más graves tuvieron que ser trasladados al hospital de Batangafo (localidad situada a unos cien kilómetros de Bouca) en estado crítico. MSF se muestra profundamente preocupada por los ataques a la población civil y por las atrocidades perpetradas en la localidad por ambos contendientes (a un indeterminado número de civiles muertos se unen ejecuciones sumarias y decenas de casas en llamas). La organización médico-humanitaria está asimismo alarmada por las consecuencias de la virulenta retórica sectaria de la que están haciendo uso los combatientes -iniciada a raíz de la rebelión de la coalición de grupos armados Séléka, opuestos a Bozizé- y que podría motivar un recrudecimiento aún mayor de la violencia.

“Estamos tremendamente preocupados ante la posibilidad de que haya una nueva escalada de violencia en todo el país y de los ataques que podrían sucederse como represalia”, explica Sylvain Groulx, coordinador de proyectos de MSF en la RCA.

Buena parte de los vecinos han huido del pueblo, al tiempo que sus casas se convertían en pasto de las llamas y cerca de 300 personas han buscado refugio en el recinto de la misión católica que existe en Bouca. MSF iniciará clínicas móviles para evaluar la situación de aquellos que se refugian en el bosque y también la de aquellos que han sido acogidos en el recinto religioso.  “La consecuencia inmediata de esta nueva ola de violencia en Bouca es que a día de hoy hay más familias expulsadas de sus casas. Muchos se han visto forzados a esconderse en el bosque, lo cual les hace más vulnerables a las picaduras de los mosquitos y, por lo tanto, a contraer la malaria, una de las enfermedades más comunes y letales en el país”, continúa Groulx.

Por otro lado, en el pueblo de Bossangoa, los equipos de MSF se muestran alarmados al haber recibido en las últimas dos semanas a más de veinticinco personas con heridas provocadas por machetes y por disparos de bala. Esta escalada en violencia sectaria está sembrando el pánico en las diferentes comunidades, lo cual ha hecho que en Bossangoa, al igual que en Bouca, buena parte de la población haya abandonado el pueblo en busca de refugio.

MSF muestra también su preocupación por las informaciones recibidas en los últimos días sobre ataques al personal sanitario y a trabajadores humanitarios y condena enérgicamente el asesinato de dos trabajadores de ACTED el pasado sábado en Bossangoa.

“MSF denuncia estos horrendos actos de violencia contra la población y recuerda que todos los combatientes deben respetar a la población civil, al personal médico y a los trabajadores humanitarios”, exhorta Groulx.

Por el momento, MSF mantiene todas sus actividades médicas en el país, aquellas ya establecidas antes del golpe de Estado y aquellas recientemente iniciadas para responder a las necesidades más urgentes de una población en permanente huída, afectada por niveles muy elevados de malaria y por el hundimiento y ausencia del sistema de salud público en el país. MSF tiene siete proyectos regulares enRCA y ha iniciado varias intervenciones de emergencia en cuatro localidades más.

 


Malaria y desnutrición se ceban con la población de un país que vive anclado en una situación de emergencia crónica.

Proyecto de emergencias pediátricas en Bria, RCA. Agosto de 2013. © Jacob Zocherman/Kontinent

Si bien es cierto que la República Centroafricana lleva décadas sumida en un profundo caos político y militar, en los últimos años sus problemas se han agravado hasta un punto que resulta completamente crítico. A día de hoy el país se encuentra anclado en una situación de emergencia humanitaria crónica que ha tocado su techo con el golpe de Estado del marzo pasado. Desde entonces, y a pesar del tiempo transcurrido, el escenario en el que vive la gran mayoría de centroafricanos no ha hecho más que empeorar.

En un momento en el que el número de casos de malaria toca su pico anual, y haciendo frente a una importante escasez de equipos médicos y de personal sanitario, el sistema de salud, ya debilitado por los largos años de crisis, es incapaz de satisfacer las cada vez más acuciantes necesidades médicas de la población. Como prueba de ello, las campañas de vacunación y el suministro de medicamentos, en especial todos aquellos destinados a tratar a los pacientes con tuberculosis y VIH/SIDA, se han interrumpido ante el aumento de la violencia y la inseguridad.

Paoua – un lugar tranquilo que ha visto interrumpida su apacible calma

En varias regiones del país, MSF ha adaptado las actividades que llevaba a cabo a la nueva situación. En otros lugares, la organización ha abierto nuevos proyectos con los que tratar de aliviar las necesidades de la población. En Paoua – una ciudad en el noroeste del país que hasta ahora había permanecido relativamente al margen de los acontecimientos, y que en gran parte se había librado de sufrir los enfrentamientos y la violencia que imperan en República Centroafricana - la situación de seguridad se ha deteriorado considerablemente en las últimas semanas. El hospital de referencia de la ciudad, donde MSF lleva trabajando desde el año 2006, recibe con preocupante frecuencia a muchos heridos de bala, en ocasiones hasta 5 ó 6 en un mismo día. Mucha gente de los alrededores de Paoua está huyendo de sus casas ante la amenaza de nuevos ataques por parte de hombres armados y por el temor a las atrocidades que se puedan cometer.  “Cientos de personas han llegado hasta Paoua huyendo del conflicto, lo que supondrá un incremento importante en el volumen de trabajo del hospital. Estamos reforzando las áreas de pediatría, cirugía, maternidad, hospitalización y tratamiento del VIH y la tuberculosis y ya hemos puesto en marcha varias campañas de vacunación”, afirma Ellen van der Velden, coordinadora general de MSF.

Bria – un nuevo programa pediátrico y de vacunación

El 5 de agosto se inauguró en Bria, una localidad situada al este del país, un programa pediátrico para niños de hasta 15 años. “En esta zona totalmente abandonada y aislada, cuya situación sanitaria fue evaluada por MSF en mayo pasado, recibimos a casi 800 pacientes ambulatorios en la primera semana de actividades. Y el número no ha dejado de aumentar desde entonces”, comenta Jordan Wiley, coordinador general de otra de las secciones de MSF. “Más de tres cuartas partes de los niños que vimos sufrían malaria. Tuvimos que hospitalizar a 36 de ellos, particularmente a los que sufrían las formas más graves de la enfermedad y también a aquellos con infecciones respiratorias o diarrea. Por otro lado, estamos tratando de poner todos nuestros esfuerzos en reiniciar los programas de vacunación en la zona”, concluye Jordania.

Boguila y Bossangoa – malaria, víctimas de la violencia y desnutrición

Tanto el proyecto regular de Boguila, como el que se acaba de abrir para cubrir la emergencia en Bossangoa, localidades situadas ambas al norte de la capital, se enfrentan a la cada vez mayor afluencia de nuevos casos de desnutrición y la malaria. Los enfrentamientos entre los diferentes grupos armados que operan en la región de Bossangoa -cuyas víctimas son tanto combatientes como civiles- son una constante en las últimas semanas. Los equipos de MSF se centran en el tratamiento de la malaria, la diarrea y la desnutrición, así como en la atención a las víctimas de la violencia, entre los cuales se dan muchos casos de víctimas de violencia sexual. Actualmente se llevan a cabo unas 200 consultas diarias para niños menores de cinco años y también se ha reanudado el tratamiento antirretroviral y contra la tuberculosis a 350 pacientes que no disponían de acceso a sus medicamentos desde que tuvo lugar el golpe de Estado.

En Boguila, muchas de las familias que tuvieron que huir de sus casas a causa de la violencia siguen viviendo ocultas en el monte, sin medios de subsistencia y expuestas a los elementos. Los equipos ambulatorios de MSF acuden a su encuentro y día tras días se llevan de vuelta con ellos un gran número de niños enfermos y/o desnutridos que requieren hospitalización. En julio de 2013 se proporcionaron 8.556 consultas, frente a las 5.673 del mismo mes en el año anterior.

Batangafo – 31.500 casos de malaria en 7 meses

El hospital Batangafo, localidad situada en centro-oeste del país, ha presenciado un incremento brusco y repentino en el número de pacientes que ingresan con lesiones provocadas por la violencia: en apenas unas semanas han sido ingresados 18 heridos de bala entre los que hay tanto combatientes como civiles. Los equipos de MSF siguen trabajando en el hospital y también en algunos centros de salud ubicados en las afueras de la ciudad. Tres veces a la semana, los equipos móviles de MSF se desplazan por la región para prestar asistencia a aquellas personas que siguen sin poder regresar a sus hogares. La malaria continúa siendo la principal patología encontrada: 31.556 casos entre enero y julio (unos 4.500 de media cada mes), de los cuales 1.818 tuvieron que ser hospitalizados. El 83% de los 1.818 pacientes hospitalizados en este período son niños menores de cinco años de edad que sufrían malarias graves con complicaciones por anemia y/o desnutrición severa. Entre enero y julio de 2013, el hospital recibió un total de 38.000 pacientes, lo cual supone un incremento de 5.000 pacientes con respecto al mismo periodo del año anterior.

MSF amplió a principios de agosto sus actividades en la región, lo cual ha llevado a que uno de sus equipos esté trabajando ahora mismo en Bouca, a unos 100 km. de Batangafo, con un programa de atención médica destinado específicamente a las madres y a sus hijos. De los 1.200 pacientes que han pasado por la consulta desde la apertura de este proyecto, 700 sufrían malaria. Del mismo modo, en los hospitales de Kabo y Ndele, en el norte de la RCA, la mayoría de las consultas fueron por casos de malaria (14.268 casos de un total de 35.424 consultas en Kabo y 4.916 casos de un total de 15.774 en Ndele). Asimismo, durante el primer semestre del año, en los 11 centros de salud que MSF apoya en la región, se llevaron a cabo un total de 52.169 consultas más.

Gadzi – luchando contra el sarampión, la desnutrición y la malaria

En Gadzi, al oeste de la República Centroafricana, MSF ha abierto un nuevo programa de emergencia pediátrica para luchar contra la epidemia de sarampión. “En los próximos días vacunaremos contra la polio a unos 12.000 niños menores de cinco años, que recibirán también un tratamiento contra los parásitos intestinales”, explica Sylvain Groulx, coordinador de la tercera sección de MSF presente en el país. “El otro objetivo de este nuevo proyecto es hacer un seguimiento y monitorear el estado nutricional de los niños. Se han establecido siete centros nutricionales en la zona y hemos instalado un centro de estabilización para los casos más graves en el propio Gadzi. En las pocas semanas que lleva abierto, se han llevado a cabo 1.175 consultas, de las cuales un 60% se debieron a casos de malaria”.

Bangui – la violencia también toca a los equipos de MSF en la capital

La madrugada del 27 de agosto, entre 4.000 y 5.000 personas se vieron obligadas a huir de sus hogares ante la nueva incursión de Seleka en uno de los barrios ubicados al norte de Bangui. Los vecinos corrieron a buscar refugio en la pista del aeropuerto de la ciudad, bloqueando el tráfico aéreo del país durante horas.

Hace una semana, un equipo de trabajadores de MSF fueron atacados en Bangui por hombres uniformados y armados. El vehículo en el que se desplazaban fue robado, aunque posteriormente pudo ser recuperado. Esta nueva agresión se suma a los otros muchos incidentes de seguridad que los trabajadores e instalaciones de la organización han sufrido durante los últimos meses.

 


“MSF reitera su llamamiento al Gobierno central para que asegure la protección de su población y para que las estructuras y personal médico de la organización sean respetados. Estamos verdaderamente preocupados ante lo que está ocurriendo en RCA y ante la evolución más que incierta de la situación actual. Hemos constatado que la inseguridad y el número de incidentes violentos están aumentando de una manera muy alarmante. Y son las personas, nuestros pacientes, los que están sufriendo en primer lugar las consecuencias del conflicto. RCA se enfrenta a una grave crisis humanitaria y de salud que no sabemos cómo va a evolucionar “, comentan los tres coordinadores de MSF.

 


MSF apela a la comunidad internacional a responder a las necesidades médicas y humanitarias de la población.

Prueba de malaria en el hospital de Batangafo, RCA © Ton Koene

Tres meses después de que la coalición de grupos armados Séleka tomara el poder en la República Centroafricana (RCA), el país se encuentra al borde de una emergencia humanitaria, mientras la comunidad internacional se muestra testigo indiferente, según alerta hoy Médicos Sin Fronteras (MSF). Desde el golpe de estado del mes de marzo, RCA está inmersa en la inestabilidad política y arguyendo falta de seguridad, las agencias de las Naciones Unidas y muchas ONG han retirado su personal a la capital, Bangui, lo que deja a la mayoría de la ciudadanía centroafricana sin ayuda. De acuerdo con un informe publicado por MSF hoy, la población de la RCA ha sido abandonada justo en el momento en que más ayuda necesita.

Durante la ofensiva de la coalición de grupos armados, los hospitales y los centros de salud fueron saqueados y el personal médico huyó a la capital. Sin médicos, medicamentos o material sanitario, la mayoría de la población en RCA no tiene acceso a la atención médica. Todo ello en un país que ya se encontraba en crisis antes del golpe de estado, con tasas de mortalidad muy por encima de los niveles de emergencia en diferentes regiones. Enfermedades prevenibles y desnutrición son comunes, así como la malaria, la enfermedad que causa más muertes. Los equipos de MSF están viendo números alarmantes de casos de malaria, un 33% más elevados que el pasado año. “Encaramos uno de los peores años en cuanto a impacto de la enfermedad”, dice Ellen van der Velden, coordinadora general de MSF en RCA.

La falta de seguridad es uno de los problemas que afrontan los que proveen ayuda médica y humanitaria. Al igual que agencias de las Naciones Unidas y ONG, MSF ha sido víctima de robos y saqueos a lo largo de los últimos meses. A pesar de ello, ha continuado operando nueve programas en el país y ha expandido sus servicios de emergencia. Pero las necesidades de la población son tan acuciantes que se requiere mucha más ayuda.

La dotación de fondos es asimismo otro de los impedimentos para la provisión de ayuda humanitaria en el país. Del total de fondos demandado por ONG y agencias de las Naciones Unidas para lidiar con la crisis en RCA, sólo se ha hecho disponible un 31%.

MSF llama a la comunidad internacional –Naciones Unidas, la Unión Europea, la Unión Africana- a situar a la RCA como una prioridad en sus agendas y a apoyar a este país tan frágil. MSF, asimismo, hace un llamamiento a la comunidad humanitaria de que mantenga su apoyo la RCA a pesar de la situación de inseguridad y de inestabilidad política y de que se destinen los recursos necesarios para afrontar la crisis médica y humanitaria del país.

Finalmente, MSF reclama del gobierno de transición su compromiso de ayudar a la población necesitada y de que garantizará en lo posible las condiciones de seguridad necesarias para que las organizaciones humanitarias provean asistencia a la población.

El informe de MSF, “República Centroafricana: ¿abandonada a su suerte?”

MSF trabaja en RCA desde 1996 y en la actualidad ofrece servicios médicos en Batangafo, Boquila, Bossangoa, Bria, Carnost, Kabo, Ndélé, Paoua y Zemio.


Los equipos evalúan la situación de miles de desplazados en Batangafo, en el noroeste del país.

Bebé desnutrido con su madre en el hospital de Batangafo © Ton Koene

Tres meses después del golpe de Estado en la República Centroafricana, Médicos Sin Fronteras (MSF) continúa ampliando sus actividades médicas para responder a las necesidades de miles de personas que no disponen de cuidados básicos de salud. Entre otros, MSF ha abierto un proyecto de emergencia en Bossangoa, al norte de Bangui, la capital del país, donde se atiende a una media de trescientas personas al día. Los equipos, asimismo, están llevando a cabo clínicas móviles en distritos del país para atender a población desplazada que no puede regresar a sus casas por la presencia de hombres armados en sus zonas.

En Bossangoa, MSF está supliendo la falta de estructuras médicas que cubren alrededor de 150.000 personas que se quedaron sin asistencia sanitaria una vez el personal de salud huyó de la zona durante la rebelión del grupo opositor Séléka. Los equipos se centran en el tratamiento de malaria, diarreas,desnutrición y violencia sexual. Hasta la fecha, el 53% de los niños menores de cinco años consultados han sido diagnosticados con malaria. La mitad de las mujeres embarazadas también. Durante los próximos dos meses, en una intervención de emergencia, MSF proveerá de medicamentos antirretrovirales a pacientes con VIH en el hospital de Bossangoa que se quedó sin medicamentos durante la crisis.

“Alrededor de 11.000 personas con VIH han tenido que interrumpir su tratamiento por falta de medicamentos debido a los saqueos y pillajes en los hospitales durante los tumultos”, dice Chury Baysa, coordinador médico de MSF. La iniciativa es una muestra del compromiso de MSF con los pacientes para mejorar su salud y reducir el sufrimiento y mortalidad por el VIH”. El Ministerio de Sanidad tenía un cómputo de 310 pacientes con VIH en Bossangoa, de los que 170 recibían pastillas y 140 no necesitaban medicación.  En las últimas dos semanas, 88  pacientes han demandado reanudar el tratamiento.

En el área de Batangafo, en el Noroeste del país, los equipos de MSF estaban evaluando la situación de alrededor de 8.000 personas, desplazadas de sus casas en abril, cuando más de una docena de pueblos fueron incendiados tras conflictos entre la población local y un grupo nómada procedente del Chad. Los equipos iniciarán en los próximos días clínicas móviles en los puntos donde se concentran alrededor de Batangafo y llevarán a cabo una distribución de material básico como mosquiteras, jabón, contenedores para agua y plásticos para la construcción de tiendas.  La población no regresa a sus casas por miedo dado la presencia en la zona de hombres armados.

En Bangui, donde MSF ha dado por finalizada su intervención de emergencia de tres meses en el hospital comunitario, una calma relativa ha retornado a la capital. Los equipos de MSF atendieron a más de un millar de pacientes, el 36% de los cuales había recibido impactos de bala. 149 pacientes requirieron cirugía de urgencia. La actividad en el hospital ha retornado a la normalidad y el personal ha regresado a sus puestos de trabajo.  La sala de operaciones y la unidad de esterilización están ahora abastecidas con corrección. MSF ha dejado en el hospital suministros suplementarios de medicamentos.

Desde MSF se teme que, una vez iniciada la estación de la malaria (durante la estación de lluvias), los niveles de mortalidad se incrementen y se agraven debido a la falta de asistencia médica en buena parte del país. “Los retos en RCA son enormes, especialmente en lugares alejados de la capital donde ya hablábamos de un sistema de salud que ha sido muy frágil durante mucho tiempo.  Es por eso que hablamos de una crisis sobre otra crisis. Las mayores necesidades son la de acceso a cuidados médicos básicos, incluyendo la provisión de medicamentos. La importación y distribución de fármacos en el país sufren grandes retrasos y atascos”, dice Ellen Van der Velden, coordinadora general de MSF. “Hacemos un llamamiento a otras ONG, a los donantes y a las Naciones Unidas a involucrarse en el país y a ayudar a la población”.

 


MSF trabaja en la República Centroafricana desde 1996 y tiene proyectos en Batangafo, Boguila, Carnot, Kabo, Ndele, Paoua y Zemio.


A finales de marzo un nuevo golpe de estado azotó la República Centroafricana. Esta nueva tesitura supone una mayor penuria para la población, ya de por sí muy castigada, que tuvo que abandonar sus casas y huir al paso de grupos de hombres armados. La población, ya muy frágil, se ve ahora más amenazada, si cabe, por sus verdugos habituales: la malaria y la falta de atención médica.

Hospital de Bangui, RCA, abril de 2013 © Jean-Paul Delain

Desde su proclamación como territorio autónomo de Francia y su bautizo como República Centroafricana(RCA) en 1958, con un largo pasado de espadones golpistas y ascensos al poder manu militari, -el primero, en 1966, el de Jean-Bédel Bokassa, autoproclamado emperador-, han bastado cuatro meses para un nuevo cambio en el gobierno el país. Ese periodo de tiempo ha sido suficiente para que la coalición opositora, Séléka (“Unión”), integrada por diferentes grupos armados, descendiera desde el norte en una ofensiva relámpago hacia la capital, Bangui, y forzara al exilio al presidente François Bozizé, aupado él mismo al ejecutivo en 2003 mediante otro golpe de estado. Cuatro meses que dejan al país,- con hombres armados descontrolados, indisciplinados y sin sustento económico más que el pillaje-, en una situación de gran volatilidad, hasta el punto que ha forzado al nuevo presidente, Michael Djotodia, a pedir refuerzos armados al vecino Chad y a Francia. Djotodia fue opositor armado a Bozizé desde 2004, en una guerra de tres años que causó más de doscientos mil desplazados. Uno de los líderes de la coalición Séléka, integrada por cinco grupos rebeldes, acordó con Bozizé la formación de un gobierno de unidad nacional en el acuerdo de Libreville (Gabón), firmado en enero, roto poco después.

La ofensiva de Séléka, compuesta por unos pocos miles de hombres, encontró escasa oposición por parte de un ejército desmotivado y consiguió hacerse rápidamente con el control de Bangui, que cuenta con 600.000 habitantes. Djotodia se proclamó presidente el pasado el pasado 24 de marzo y anunció la convocatoria de elecciones en 18 meses.

La condición de golpista de la nueva administración siembra incertidumbre sobre su reconocimiento oficial internacional y su acceso a ayudas financieras y liquidez monetaria. La República Centroafricana es uno de los diez países más pobres del mundo donde la esperanza de vida, para sus poco más de cuatro millones de habitantes, no supera los 48 años.

 

Calma relativa

“Será difícil que retorne el orden, no solo en Bangui, si no en el resto del país. La policía, las fuerzas de seguridad, ni siquiera tienen coches porque les fueron robados y no van a ser devueltos. Ahora hay una calma relativa, pero es muy difícil predecir qué va a pasar”, explica Sylvain Groulx, coordinador de MSF en el país. Bangui vivió momentos de caos en la conquista de la ciudad a finales de marzo. MSF pudo prestar ayuda en el hospital comunitario y en el centro de salud Castor mediante la aportación de personal médico especializado y material sanitario y, con la ciudad sin agua ni luz, mediante la cesión de generadores y agua potable.

“Trabajo como guardia de seguridad. Acababa mi turno e iba para casa cuando llegaron los hombres de Séléka. Disparaban por todos lados. Como no había transporte público, iba caminando por la calle principal. Me dispararon en el pecho. Caí y me desvanecí. No sé de dónde salió el disparo. Al principio pensé que habían ido a por mí, pero luego me di cuenta de que había muchos disparos y que seguramente me había dado una bala perdida. Espero recuperarme y regresar a mi vida normal lo antes posible”. Fueron más de un centenar los que, como Noel, de cuarenta años, tuvieron que ser operados por impactos de bala, la mayoría civiles. MSF ha tratado a 700 pacientes de urgencia en el hospital comunitario. Poco a poco, los servicios de salud se fueron restableciendo y una calma tensa se instaló en la ciudad. A mediados de abril se repitieron los saqueos y disturbios en barrios presuntamente alineados con Bozizé, al tiempo que se iniciaban protestas ciudadanas por los desmanes de los hombres descontrolados de Séléka que, una vez saqueados los organismos públicos, almacenes y buena parte de ONG, han fijado sus objetivos en los bienes de particulares.

El título del informe publicado por MSF en 2011 se llamaba República Centroafricana, una crisis silenciosauna crisis que, como apunta Groulx, “esperamos que no se convierta en una emergencia muda”.

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