MÉDICOS SIN FRONTERAS

MSF aporta ayuda médica de emergencia así como apoyo logístico en materia de agua y saneamiento en el oeste de Uganda tras la afluencia de decenas de miles de refugiados que huyen desde mediados de julio de la violencia en la provincia de Kivu norte en la República Democrática del Congo.

50.000 personas han cruzado la frontera hacia Uganda debido a los ataques recibidos en Kamango. © Andres Romero / MSF

En torno a 22.000 refugiados viven ahora en el campo de tránsito de Bubukwanga a 18km de la frontera congolesa, un espacio previsto en un principio para albergar a 12.500 personas.

MSF aporta su ayuda a un total de 50.000 personas, refugiados y poblaciones locales, ocupándose de la salud materno-infantil, vacunaciones, el tratamiento de la desnutrición y la mejora de las condiciones de saneamiento para evitar una situación potencialmente peligrosa.

La semana próxima, MSF podrá aportar atención médica en el campo permanente de Kyangwali a donde los refugiados están siendo trasladados por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). A día de hoy, 4.000 personas ya se han instalado en el campo permanente. El ACNUR prevé seguir trasladando a 2.000 personas a la semana.

El campo permanente de Kyangwali se encuentra a 150km de Bubukwanga pero este viaje, que puede durar hasta 6 horas, representa en sí mismo un riesgo para las poblaciones refugiadas. Ayer desgraciadamente, uno de los autobuses que efectuaba el traslado de los refugiados volcó, con un balance de un bebé muerto y 24 heridos. Los heridos fueron trasladados en una ambulancia de MSF al hospital más cercano donde nuestros equipos, junto con otros equipos médicos de refuerzo, les dispensaron asistencia médica de urgencia.

Sin embargo, el número de refugiados que llegan al campo de tránsito ha aumentado últimamente a causa del deterioro de la situación de seguridad en RDC, con más de 3.000 nuevas llegadas la semana pasada.

A MSF le sigue preocupando el suministro de agua y las condiciones de saneamiento en el campo de tránsito.

“Aunque las condiciones de saneamiento han mejorado estas últimas semanas, no hay suficientes letrinas con sólo una letrina para cada 82 personas, que literalmente desbordan suponiendo un importante riesgo de cólera, disentería y shigelosis. El cólera constituye un verdadero problema. Es endémico en esta región y el pico estacional llega siempre a principios de la estación de lluvias”, explica Ruben Pottier, Jefe de Misión de MSF.

La estación de lluvias precisamente acaba de empezar y con ella aumenta el riesgo de una epidemia de cólera y reduce el acceso al campo para los camiones que vacían las letrinas.

Además de la construcción de letrinas y el aprovisionamiento de agua potable, MSF ha pre-posicionado el material médico necesario para responder a una eventual epidemia de cólera.

MSF realiza 300 consultas cada día como media en el campo de tránsito, con algunos picos puntuales llegando a las 450 consultas, la mayoría de las cuales por infecciones respiratorias, malaria o diarrea. Los equipos también dispensan asistencia a las víctimas de la violencia sexual en el campo.

MSF presta apoyo a una unidad de hospitalización cuya capacidad ha pasado de 20 a 47 camas y que comprende, entre otros, pediatría y maternidad.

“Nos centramos en nuestra capacidad de responder a las necesidades de atención a la salud materna. No hay que perder de vista que, incluso durante las emergencias, la vida continúa: las mujeres siguen dando a luz y es esencial poder ocuparnos de los partos. Ahora esto ya es posible en nuestra maternidad: ya no tenemos que referir las cesáreas, y desde el 22 de julio ya han nacido aquí 92 bebés.”

En el campo permanente de Kyangwali, MSF ha abierto un puesto de salud a nivel de la zona de acogida de los refugiados. Aquí, a partir de la semana que viene, los niños podrán ser vacunados y examinados para detectar los casos de desnutrición, lo equipos ofrecerán asistencia primaria y los pacientes cuyo tratamiento requiera seguimiento médico serán trasladados. Los niños desnutridos que estén recibido tratamiento nutricional en el campo de tránsito serán objeto de seguimiento para asegurar que siguen su tratamiento.

MSF seguirá aumentando sus actividades a medida que vayan llegando nuevos refugiados a los campos.

MSF trabaja en Uganda desde 1986. Además de la respuesta a emergencias, MSF gestiona un programa de tratamiento del VIH/sida y de la tuberculosis en Arua al norte del país.


Entre los heridos operados por MSF esta semana, tras un ataque producido el pasado viernes 8 de febrero en el condado de Akobo, en el estado sursudanés de Jonglei, se encontraba una mujer de 34 años y un niño de 3. Los dos con heridas de bala. Eran parte de la población que conducía ganado hacia el río Sobat, desde su pueblo, en Walgak, cuando fueron atacados por hombres armados.

Clínica de MSF en Pibor, estado de Jonglei, Sudán del Sur © Robin Meldrum

A pesar de todo, la mujer y el niño tuvieron suerte porque, según relatan varios de los 12 pacientes operados, la mayoría de los que murieron en el ataque (algunas estimaciones hablan de más de 100 personas) fueron mujeres y niños. No pudieron correr tan rápido como los hombres. Muchas personas trataron de volver a enterrar a los muertos y ayudar a los heridos, pero tuvieron que escapar nuevamente porque la amenaza perduraba.

“En estos momentos no tenemos claro cuántos heridos están aún refugiados en el bosque sin ningún tipo de acceso a atención médica”, comenta Michiel van Tongeren, coordinador de proyecto de MSF. “Estamos tratando de encontrarlos y  atender a los que sobrevivieron al ataque con nuestro equipo en Ulang (en el estado de Alto Nilo, donde huyó la mayor parte de los supervivientes)”.

Una vez estabilizados, los heridos se transportan en bote al hospital de la organización en la localidad de Nasir, donde durante toda esta semana se ha operado a los pacientes que lo necesitaban. De momento, todos se encuentran en situación estable, incluidos la mujer y el niño heridos de bala.

El ataque en Akobo no es un episodio puntual, como tampoco lo es que la mayoría de las víctimas sean mujeres y niños. MSF ha venido alertando de los constantes  ataques violentos contra la población del estado de Jonglei a causa de los robos de ganado, pero también de los combates entre un grupo armado y las fuerzas gubernamentales, o a consecuencia de las operaciones de desarme impulsadas por las autoridades a mediados del pasado año. Los testimonios de nuestros pacientes, en las diferentes estructuras de salud de Jonglei, recogidos en un informe publicado a finales del pasado mes de noviembre, evidencian un grado de crueldad difícilmente imaginable.

Mujeres asesinadas con sus hijos en brazos, niños degollados o arrancados del vientre de sus madres. No se trata de exageraciones, pesadillas, o episodios de locura transitoria. Se trata de lo que nuestros pacientes han presenciado y sufrido habitualmente, según se recoge en el informe, que cubre el período comprendido entre enero de 2011 y septiembre de 2012. Una de las pacientes asegura en ese informe que en un ataque del pasado mes de marzo: “los niños fueron arrojados al fuego. Si un niño se escapaba, le disparaban; a los más pequeños, que no podían correr, les mataban con un cuchillo.” MSF ha podido comprobar las consecuencias de esta violencia extrema en numerosas ocasiones, como cuando en uno de esos ataques, en el condado de Pibor, a inicios del pasado año, nuevamente, más de un 50 por ciento de los pacientes tratados por heridas de bala fueron mujeres y niños.

Los equipos y estructuras sanitarias no han escapado a la violencia en Jonglei.  Las instalaciones de salud de MSF fueron destruidas o saqueadas en cuatro ocasiones durante el período comprendido en el informe, privando a la población de los servicios de salud, y forzando la evacuación de los equipos.

MSF es el único proveedor de asistencia médica gratuita de calidad en el norte y centro de Jonglei, con seis estructuras médicas para cubrir a una población de 187.000 personas. Entre enero de 2011 y finales de 2012, se realizaron más de 227.000 consultas médicas. Además se dispone de un equipo médico de emergencia para la intervención en caso de brotes de violencia extrema.

Los pacientes que lo necesitan se refieren a los centros de la organización en Nasir (Alto Nilo) y Leer (Unidad), o al hospital de Boma, en Juba. Sus testimonios no dejan lugar a dudas sobre el nivel de brutalidad casi inhumana al que se ha llegado en los enfrentamientos en esa zona de un país tan nuevo como olvidado.

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MSF trabaja en el estado de Jonglei desde 1993, y actualmente ofrece atención sanitaria de primer y segundo nivel a través de sus centros en los condados de Pibor, Uror y Nyriol. En noviembre de 2012, MSF alertó a la comunidad internacional sobre la necesidad de fortalecer la capacidad de respuesta a las emergencias humanitarias y médicas  en Sudán del Sur, mediante el informe  La crisis oculta en Sudán del Sur. 


Con una profunda tristeza la organización médico-humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) celebra el primer aniversario de la muerte de sus dos colegas, Philippe Havet y Andrias Karel Keiluhu (“Kace”), brutalmente asesinados en Mogadiscio en 29 de diciembre de 2011.

Mogadiscio, Somalia. Noviembre de 2012. © Brigitte Rossotti/MSF

Philippe, coordinador de emergencias belga, de 53 años, y Kace, médico de 44 años de Indonesia, trabajaban con los equipos de MSF dispensando asistencia médica urgente a los desplazados y residentes afectados por el conflicto en Somalia.

“Sentimos mucho la pérdida de Philippe y de Kace y hoy queremos hacer extensivo nuestro más sentido pésame a sus familiares y amigos,” ha expresado el Director General de MSF Bélgica Christopher Stokes.

Tras su trágico asesinato, MSF decidió cerrar dos grandes centros médicos en la capital somalí. Sin embargo, la organización sigue operando en 10 proyectos en Somalia y proporcionando ayuda médica y humanitaria a miles de refugiados somalíes en campos al otro lado de la frontera en Etiopía y Kenia. Hoy, otras dos trabajadoras de MSF, Blanca Thiebaut y Montserrat Serra, continúan retenidas en contra de su voluntad en Somalia tras ser secuestradas cuando trabajaban en el campo de refugiados de Dadaab en Kenia el 13 de octubre de 2011. Una vez más, MSF condena este acto de violencia y exige su inmediata liberación.

 


A medida que el conflicto se intensifica en Siria, la población sigue huyendo hacia los países vecinos. Más de 50.000 sirios han encontrado refugio en Irak; 42.000 de ellos se han instalado en el Kurdistán iraquí, donde muchos viven en campos superpoblados.

Campo de refugiados de Domiz, en Irak. © Fayçal Touiz/MSF

En el Kurdistán iraquí, cerca de la ciudad de Dohuk, se habilitó a principios de este año el campo de Domiz, que hoy da refugio a cerca de 15.000 sirios de origen kurdo.

En mayo de 2012, Médicos Sin Fronteras (MSF), en colaboración con el Departamento de Salud Pública de Dohuk, abrió un centro de atención primaria en el campo que funciona las 24 horas. Actualmente, MSF es el principal actor en materia de salud y ofrece consultas médicas, programas de salud mental y formación del personal en el propio campo. Los equipos de MSF han efectuado hasta ahora más de 20.500 consultas.

“Hasta junio, el campo de Domiz acogía a unas 2.000 personas. El campo funcionaba bien y los servicios prestados a los refugiados se ajustaban a las necesidades. Pero en agosto, la situación empeoró con la llegada masiva de nuevos refugiados. Con más de 1.000 personas cruzando cada día la frontera, el campo se ha llenado con gran rapidez y, a pesar de los esfuerzos de las autoridades, el nivel de asistencia resulta claramente insuficiente”, explica Anja Wolz, coordinadora de MSF en Dohuk.

Se han hecho esfuerzos significativos durante estos últimos meses para mejorar la situación antes de que empiece el invierno. No obstante, algunos refugiados, nada más llegar al campo de Domiz, deben compartir su tienda, las mantas, los colchones y la comida con otras familias.

“Llegué con mis hijos y tuve que dejar a mi marido y a dos de mis hijas en Siria”, explica una mujer que vive en el campo. “Caminamos durante más de seis horas hasta cruzar la frontera –añade–. Como todavía no disponemos de nuestra propia tienda, tenemos que compartir una con otra familia. Tengo un cálculo renal y es muy doloroso. Desde que llegamos aquí, he estado tendida sin moverme a causa del dolor. Tengo que someterme a una intervención quirúrgica para eliminar el cálculo renal. Aquí, además de padecer enfermedades sufrimos a causa de la difícil situación que hemos vivido”.

La mayoría de los refugiados del campo de Domiz han tenido que dejarlo todo atrás. Las autoridades kurdas han acordado conceder permisos de residencia de seis meses renovables. Esto les permite encontrar empleo, mayoritariamente como jornaleros. Los que viven aquí desde hace algún tiempo han empezado a construir ampliaciones de sus refugios o han abierto pequeños negocios en el campo.

Algunos refugiados no tienen ninguna noticia de su familia en Siria y son muchos quienes dicen haber perdido a un familiar a causa de la violencia.

“Durante las consultas, vemos a muchos pacientes que padecen trastornos psicológicos”, explica Anja Wolz, quien agrega: “En agosto, pusimos en marcha un programa de salud mental para dar apoyo psicológico a los refugiados”. De agosto a septiembre, los equipos llevaron a cabo más de 290 consultas psicológicas.

 

En los países vecinos a Siria, MSF ofrece atención sanitaria principalmente a los refugiados palestinos, sirios e iraquíes. Los equipos humanitarios están preparados para responder a las necesidades generadas por el conflicto sirio.

 


Desde julio, más de 2.000 tiendas blancas se alinean en las verdes colinas cerca de la aldea de Bambasi, al oeste de Etiopía. Doce mil refugiados sudaneses viven en el campo habilitado por las autoridades etíopes y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y donde MSF les ofrece asistencia médica y nutricional.

© Yann Libessart/MSF

“Me fui de Sudán con mi marido y nuestros ocho hijos el año pasado, cuando la guerra llegó a Qeissan, mi aldea”, explica Djamila, refugiada de 30 años en Bambasi. “La aviación sudanesa primero bombardeó la aldea y después atacaron los soldados. Muchas personas, entre ellas mi hermano mayor, fueron masacradas”.

El acuerdo de paz firmado en Kenia a principios de 2005 entre los rebeldes del Movimiento Popular de Liberación de Sudán (SPLM) y el Gobierno de Jartum preveían más autonomía para los estados de Kordofán del Sur y del Nilo Azul. Las promesas no se cumplieron y el conflicto se endureció de nuevo tras la secesión de Sudán del Sur en julio de 2011. Más de 200.000 sudaneses huyeron de los combates hacia Sudán del Sur o Etiopía, donde viven desde entonces en campos de refugiados y dependen de la ayuda humanitaria.

De las 40.000 personas que pasaron al lado etíope, más de 15.000 se refugiaron al principio en el campo de tránsito de Ad Damazin, a unos 20 kilómetros de la frontera sudanesa. Según Duncan McLean, responsable de proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF): “Los escasos testimonios hablaban de un nivel insuficiente de asistencia en este campo, sobre todo en lo que respecta al acceso a agua potable y atención médica. Durante meses pedimos en vano al Gobierno etíope la autorización para trabajar en Ad Damazin”.

Jamal, otro refugiado en Bambasi, cuenta: “Primero pasé siete meses en Ad Damazin, antes que los etíopes nos ordenaran abandonar el campo a finales de abril de 2012, por estar demasiado cerca de la frontera. Pero un grupo de refugiados se rebeló contra las autoridades etíopes y quemaron su oficina. Como represalia, las distribuciones de alimentos se suspendieron durante dos meses”.

El Gobierno etíope había decidido trasladar a los 15.000 refugiados del campo de tránsito inicial a uno nuevo cerca de la localidad de Bambasi, situado a más de 100 kilómetros de la frontera sudanesa. Algunos refugiados, sobre todo los que poseían ganado y los antiguos combatientes del SPLM, no querían alejarse demasiado de Sudán. Otros querían quedarse en Ad Damazin porque allí tenían la posibilidad de trabajar en las minas de oro cercanas. Sin embargo, no todos tenían acceso a este recurso alternativo y la interrupción de la ayuda agravó la situación nutricional de los niños más pequeños.

“Cuando los refugiados fueron finalmente trasladados al nuevo campo de Bambasi a partir de mediados de junio, cerca de una cuarta parte de los niños menores de 5 años padecían desnutrición aguda”, cuenta Duncan McLean. “Tras organizar una campaña de vacunación de sarampión, nuestros equipos abrieron un centro nutricional y trataron a más de 400 niños con desnutrición severa durante el verano. MSF también hace distribuciones de complementos nutricionales para los más vulnerables, como mujeres embarazadas y niños menores de 5 años”.

Hoy el campo de Ad Damazin está cerrado. Cerca de unos 3.000 refugiados no fueron a Bambasi. Algunos decidieron regresar a Sudán. Los demás probablemente deambulan a lo largo de la frontera.

El flujo de nuevas llegadas a Bambasi ha disminuido mucho. Muchas chozas tradicionales ya se yerguen al lado de las tiendas del ACNUR. Se ha abierto un mercado dentro del campo y los refugiados sudaneses comercian con las comunidades locales etíopes. Según Bilal, instalado desde hace un mes en Bambasi con otros 15 miembros de su familia: “El campo está mucho mejor de lo que nos habían dicho, aunque nos gustaría recibir más alimentos y materiales. Nuestros hijos también necesitan ir a la escuela. La mayoría de nosotros deseamos poder regresar a Sudán, pero antes esperamos que haya paz”.


Médicos Sin Fronteras (MSF) amplía sus programas médicos de emergencia para asistir a la población afectada por los múltiples conflictos que asolan esta parte del país.

Refugiados congoleños en la frontera con Uganda © Brigitte Rossotti/MSF

“Estamos presenciando movimientos masivos de población en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur: familias enteras que huyen de la violencia en distintas zonas”, explica el coordinador general de MSF en República Democrática del Congo (RDC), Andrew Mews, desde Goma, la capital de Kivu Norte. “El aumento de la violencia en la región está forzando a un gran número de personas a dejar sus casas en busca de seguridad”.

Un equipo de MSF ha iniciado una intervención de emergencia en el campo de desplazados improvisado de Muganga I, situado a 20 kilómetros al oeste Goma. Unas 17.500 personas que optaron por asentarse allí de forma espontánea están viviendo en condiciones infrahumanas: actualmente hay una letrina por cada 1.000 personas, cifra muy por debajo de los niveles mínimos aceptados. MSF está mejorando las instalaciones de agua y saneamiento y ofrece atención médica gratuita.

La organización también está dando apoyo de emergencia a decenas de miles de personas que han buscado refugio en el pueblo de Kanyaruchinya, a unos 10 kilómetros al norte de Goma.  El equipo médico atiende unas 3.000 consultas diarias en el centro de salud local, donde ha instalado un centro de tratamiento de cólera para combatir un brote de esta enfermedad y ha iniciado un programa de vacunación masiva de sarampión.

Grupos armados han convertido a poblaciones enteras del distrito de Masisi en sus objetivos. Decenas de miles de personas se han visto obligadas a huir a otros pueblos de esta zona de Kivu Norte. MSF utiliza equipos médicos móviles para poder acceder y asistir de forma urgente a la población afectada por los desplazamientos forzosos.

En la provincia de Kivu Sur, los programas de emergencia establecidos a principios de año en Minova y Kalungu para dar atención médica gratuita a los desplazados se prolongarán un mínimo de seis meses más en vista de la situación actual. Estos programas dan apoyo a los centros de salud locales y organizan clínicas móviles para acceder a las poblaciones más dispersas y aisladas, y hasta ahora han dado asistencia a más de 10.000 personas. La semana pasada, MSF habilitó un nuevo centro de salud en la remota y disputada localidad de Numbi.

Las personas que han conseguido llegar hasta los campos oficiales de desplazados representan una pequeña parte del total de desplazados en las últimas semanas. Muchos se ven obligados a refugiarse en los bosques del interior, sin acceso a atención médica y sin posibilidades de llegar hasta ellos para proporcionársela. Otros han sido acogidos en casas de familias que han abierto sus puertas y han compartido su comida con los que huyen de la violencia.


En los últimos meses, Líbano ha acogido a decenas de miles de refugiados que huyen del conflicto en la vecina Siria. Muchos viven en condiciones de hacinamiento, no tienen acceso a atención médica, padecen trastornos psicológicos y temen por su seguridad.

Un doctora examina a una niña refugiada siria en Líbano / © Nagham Awada/MSF

Así se desprende de un informe elaborado por Médicos Sin Fronteras (MSF) sobre la situación de estas personas. La organización médico-humanitaria internacional trabaja en Líbano y otros países fronterizos con Siria, donde presta asistencia a las personas que huyen del conflicto en ese país y otras zonas de la región.

El informe, titulado ‘Fleeing the violence in Syria: Syrian refugees in Lebanon’, (Huyendo de la violencia en Siria: refugiados sirios en Líbano) explica con detalle las condiciones de vida y de salud de estos refugiados, así como los problemas a los que se enfrentan para acceder a vivienda, alimentos, agua, saneamiento, atención sanitaria y seguridad. La mayoría de los refugiados se concentran en regiones de Líbano en una situación socioeconómica ya de por sí deteriorada, con lo que su llegada supone una carga adicional para las comunidades de acogida, que se encuentran al límite de sus recursos. Ya se están detectando importantes carencias en el acceso de los refugiados a la atención médica, especialmente a nivel de atención hospitalaria y de tratamiento de enfermedades crónicas.

De los 5.000 refugiados entrevistados por MSF, tres cuartas partes abandonaron Siria por motivos directamente relacionados con el conflicto y un 40% ha perdido a miembros de su familia a causa del mismo. La mayoría de ellos afirman no haber encontrado la seguridad que buscaba. La situación en Líbano se ha visto desestabilizada por la crisis siria, como evidencian los reciente disturbios producidos en Trípoli, la segunda ciudad del país.

Muchos pierden la esperanza

Los sentimientos de impotencia y alienación entre los refugiados son generalizados. Nueve de cada 10 de las personas entrevistadas por MSF ven su futuro muy precario y no saben si podrán regresar a casa.

“Se está poniendo a prueba la resistencia de los refugiados”, explica Fabio Forgione, coordinador general de MSF en Líbano. “Cuando llegan, la mayoría todavía están intentando afrontar las consecuencias de la violencia y la pérdida, cuando se topan con la realidad de no poder regresar a sus casas. Muchos pierden toda esperanza”.

Son cada vez más los sirios que cruzan a Líbano y sus condiciones de vida se van deteriorando. “Hay serios problemas de hacinamiento en Wadi Khaled, en el norte de Líbano, y en Aarsal, en el valle de la Bekaa, mientras que en Trípoli los alquileres están fuera del alcance de los refugiados,” añade Forgione.

La mayoría de los refugiados sirios en Líbano dependen de la ayuda humanitaria. Por ahora, el apoyo de las comunidades de acogida, el gobierno y las organizaciones humanitarias ha evitado que se produjera una mayor crisis sanitaria. La población local libanesa ha hecho grandes esfuerzos para integrar y ayudar a los refugiados, pero está llegando al límite de sus posibilidades y de sus recursos económicos. Ante la perspectiva de una menor asistencia y sin una planificación a largo plazo al respecto, MSF advierte que la salud de los refugiados podría verse amenazada, y pide un apoyo continuado para los refugiados sirios y las comunidades de acogida.

Asistencia en Siria y países fronterizos

MSF está preparada para asistir a las víctimas del conflicto y sigue ampliando sus actividades en Siria y los países vecinos. A pesar de las dificultades para acceder a las zonas de combate, la organización ha estado trabajando en Siria durante los últimos dos meses, prestando asistencia humanitaria a la población afectada por el conflicto. Desde mediados de agosto, MSF ha ingresado a más de 300 pacientes y ha practicado 150 intervenciones quirúrgicas.

En Jordania, Líbano e Irak, MSF ha prestado atención médica y humanitaria principalmente a refugiados palestinos, sirios e iraquíes. Los equipos en estos países están listos para responder a las necesidades que se produzcan a raíz del conflicto sirio. En Líbano, MSF tiene preparados stocks de emergencia y artículos de primera necesidad para 10.000 personas por si la situación en Siria se deteriora y se produce un éxodo masivo de refugiados.