MÉDICOS SIN FRONTERAS

A pesar de los esfuerzos de acogida de Uganda, las necesidades más básicas no están cubiertas.

© Frederic NOY/COSMOS

Denunciamos que la comunidad internacional está fallando al cerca de millón de refugiados que actualmente acoge Uganda, cuya situación se agrava rápidamente. Advertimos también de que, para evitar que se produzca una emergencia sanitaria de grandes dimensiones, los esfuerzos deberían centrarse en hacer llegar aquellos suministros que ayuden a salvar vidas, tales como agua y comida en cantidades suficientes.

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El conflicto en República Centroafricana (RCA) se ha desatado en varias ciudades del país, donde los civiles pagan el precio de la violencia y deben huir de sus hogares, quemados y destruidos. Sus historias reflejan miedo, incertidumbre y desesperanza. Trabajamos en la zona para atender a los heridos y vacunar a los más pequeños.

Paul recibió dos disparos mientras huía de los combates. Lali Cambra / MSF

 

En las últimas semanas, el conflicto se ha desatado de nuevo en varias ciudades de la República Centroafricana (RCA).

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La vida en la región de Diffa, al sureste de Níger, cerca de la frontera con Chad y Nigeria, se ha visto truncada por el conflicto entre Boko Haram y las fuerzas gubernamentales. Realizado con textos de Sarah Pierre y fotografías de Juan Carlos Tomasi, Médicos Sin Fronteras realiza un extenso reportaje multimedia, en el que profundiza sobre la situación actual en la zona. El siguiente artículo es un extracto del trabajo de los dos periodistas.

Desde hace más de tres años, el conflicto abierto entre Boko Haram y los ejércitos en la región del lago Chad está haciendo estragos entre la población civil. Muchos han huido de sus hogares y lo han dejado todo para buscar refugio en otras aldeas; en algunos casos, atravesando fronteras. Actualmente en esta región hay más de 240.000 desplazados y refugiados.

 

Crisis humanitaria en Diffa, Niger. © Juan Carlos Tomasi / MSF

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Los equipos de MSF atendieron desde el pasado sábado 12 de mayo a 60 personas que fueron heridas a causa de la ola de violencia registrada desde ese mismo día en la localidad de Bangassou, en el sureste de República Centroafricana (RCA) y junto a la frontera con República Democrática del Congo (RDC).  René Colgo, responsable adjunto de emergencias de MSF en la República Centroafricana, nos cuenta la situación en la que se encuentra la población civil.

 

© MSF

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En el estado de Borno, los ataques de Boko Haram siguen causando movimientos de población y desplazamientos. Además, denunciamos que Camerún está repatriando a la fuerza a cientos de refugiados nigerianos en busca de protección y seguridad

 

Punto de agua en el campo de Banki, en el noreste de Nigeria. © Malik Samuel/MSF

En el noreste de Nigeria, la violencia y la inseguridad siguen forzando a la población a huir de sus hogares. Según relata nuestro equipo en la zona, nuevas oleadas de desplazados están llegando a aldeas y localidades remotas del estado de Borno. Además, desde Camerún, miles refugiados nigerianos están siendo obligados a regresar a su país de origen.

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El informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) “Morir de camino a Europa: eritreos en busca de seguridad”,  recoge los testimonios  de los miles de refugiados que huyen de Eritrea en busca de seguridad fuera de su país. Este señala las terribles consecuencias que están teniendo las políticas europeas restrictivas de migración en las personas que buscan seguridad fuera de sus países. 

 

Una mujer eritrea reza tras ser rescatada en el Mediterráneo por el barco Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

 

“El 90% de los eritreos que logran llegar a Europa por tierra y mar tienen el asilo asegurado. Los gobiernos europeos reconocen sus demandas como genuinas pero a pesar de ello están haciendo todo lo que pueden para impedir a eritreos y otros reclamantes de asilo llegar a las costas de la Unión Europea (UE)”, dice Arjan Hehenkamp, director general de MSF en Holanda.

En 2015, los refugiados eritreos fueron el grupo más numeroso en cruzar el Mediterráneo: 39.162 hombres, mujeres, niños y niñas llegaron a Italia. En 2016, fueron el segundo grupo, por detrás de Nigeria, con 20.718 personas rescatadas en el Mediterráneo.

Los ciudadanos de este pequeño país del este de África huyen de un Estado en el que no existen derechos ni libertades. Un territorio en el que miles de habitantes son reclutados de manera forzosa desde hace décadas. Con el agravante de correr el riesgo de ser encarcelados, torturados o asesinados, en el caso de intentar desertar.

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El pasado viernes 3 de febrero los jefes de Estado de la UE se reunieron en Malta bajo el marco de una cumbre sobre gestión migratoria. Ese mismo día, Libia e Italia firmaban un acuerdo para bloquear la ruta de migrantes hasta la costa europea a través del Mediterráneo. Desde Médicos Sin Fronteras denunciamos, una vez más, el enfoque inhumano de las políticas europeas.

Mientras los líderes de la UE celebraban un encuentro para discutir sobre la gestión de la migración y el cierre de la ruta de Libia a Italia a través de la intensificación de la cooperación con las autoridades libias, los derechos humanos de miles de personas estaban siendo vulnerados por completo. Lo son cada día.

Desde julio de 2016, los trabajadores de MSF ofrecen atención médica a migrantes, refugiados y solicitantes de asilo detenidos en Trípoli y sus cercanías. Estas personas son detenidas arbitrariamente en condiciones inhumanas e insalubres, a menudo sin suficiente comida ni agua potable y con una manifiesta falta de acceso a la atención médica. Es por ello que, cerrar la ruta a Italia y retener a la gente en Libia es una burla a la dignidad humana. Las personas allí atrapadas sufren violencia, abusos y viven en condiciones inhumanas.

©MSF

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Llegaron a Europa en busca de refugio y protección, pero se han encontrado con el rechazo de las políticas de la UE y unas pésimas condiciones de vida.
Hacinados y soportando temperaturas de alrededor de 20 grados bajo cero, miles de refugiados están atrapados en Grecia y los Balcanes, donde sobreviven solo con sus propios medios.

Actualmente, más de 8.000 personas están varadas en Serbia en asentamientos improvisados. Y 1.700 jóvenes duermen en edificios abandonados en lo que su única estufa son hogueras en las que prenden plásticos. A pesar de que el país acordó con la UE albergar hasta a 6.000 personas, solo 3.140 viven en instalaciones adaptadas para el invierno.
Andrea Contenta, asesor de Asuntos Humanitarios de MSF en Serbia, cuenta las malas consecuencias de esta situación, que hasta ahora cuenta ya con tres muertes por congelación.

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Desde que el año pasado Médicos Sin Fronteras (MSF) puso en marcha las operaciones de búsqueda y rescate en el Mediterráneo, sus equipos han rescatado a más de 25.000 personas de embarcaciones en peligro. Independientemente de su país de origen o de sus razones para tratar de llegar a las costas europeas, casi todas las personas rescatadas en el mar habían pasado por Libia.

“Libia es un lugar muy peligroso. Hay muchas personas armadas. Los asesinatos y los secuestros son algo frecuente. Al llegar a Trípoli, nos encerraron en una casa con unas 600 ó 700 personas. No teníamos agua para lavarnos, la comida era escasa y nos obligaron a dormir los unos sobre los otros. Fue muy duro para mi hija, enfermó varias veces. Había mucha violencia. Me golpeaban con las manos, con palos y con pistolas. Si te mueves, te golpean. Si hablas, te golpean. Pasamos meses así, siendo golpeados todos los días”. Mujer de 26 años procedente de Eritrea y rescatada del mar en agosto de 2015.

Cientos de entrevistas a las personas rescatadas en el mar por MSF durante 2015 y 2016 han puesto de manifiesto el alarmante nivel de violencia y explotación que sufren los refugiados, solicitantes de asilo y migrantes en Libia. Muchos de los rescatados relatan haber experimentado en el país la violencia en primera persona, mientras que prácticamente todos los informes dan testimonio de violencia extrema contra los refugiados y los migrantes, incluyendo palizas, violencia sexual y asesinatos.

Ricardo Garcia Vilanova

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La nueva política migratoria de Hungría permite devolver en caliente a todas aquellas personas que sean detenidas a menos de 8 kilómetros de la frontera con Serbia. Un alto porcentaje de los casos de violencia atendidos por MSF habrían sido provocados por las autoridades húngaras.

El 9 de marzo de 2016, los líderes europeos anunciaron que la llamada “ruta de los Balcanes” se clausuraba, después de que Croacia, Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM) y Eslovenia cerraran por completo sus fronteras a quienes intentaban pasar a través de esos países para buscar asilo en el norte de Europa. Para miles de personas que huyen de la violencia, esta ruta representaba una de las pocas vías para alcanzar la seguridad y la protección que en teoría debería ofrecerles Europa. Los médicos y psicólogos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que continúan trabajando en estos países han podido constatar el aumento de la violencia contra los refugiados desde que se “cerrara” la ruta.

Muchos líderes europeos afirman que el problema de la ruta de los Balcanes se ha resuelto tras el cierre de fronteras, pero la dramática situación humanitaria en la región está aún lejos de haber terminado. Hoy en día, cientos de personas vulnerables siguen varadas en Serbia, ARYM y Bulgaria tratando de llegar a sus destinos finales a través de rutas peligrosas que controlan contrabandistas, o atascados en zonas de tránsito entre las fronteras de Serbia, Hungría y Macedonia.

Christophe Hebting / MSF

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