MÉDICOS SIN FRONTERAS

Con motivo del Día Internacional de Chagas, que se conmemora el 14 de abril, la organización  Médicos Sin Fronteras llama a cerrar la considerable brecha existente entre el número de personas que viven con Chagas y el de aquellas que reciben tratamiento. Los gobiernos de América Latina están ante una oportunidad histórica de comenzar a transformar finalmente la realidad del Chagas, 104 años después del descubrimiento de esta enfermedad endémica en la región.

Karuma, Bolivia © MSF

Si bien en los últimos años ha habido algunos importantes avances, se requiere del compromiso de los gobiernos de los países afectados para que lideren la lucha contra la enfermedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han aprobado sendas resoluciones en las que se recomienda que el diagnóstico y el tratamiento de Chagas sean integrados en los centros primarios de atención sanitaria (es decir, en aquellas clínicas y hospitales más cercanos a la comunidad), y que se fortalezca ahora el suministro de los tratamientos existentes con el objetivo de universalizar el acceso al mismo en el futuro. Pero aún queda mucho por hacer para que estas resoluciones se traduzcan en acciones concretas.

La gran barrera hoy en día para el acceso de los pacientes al diagnóstico y tratamiento es la falta de recursos humanos y una infraestructura de salud primaria robusta que incluya un programa de promoción y educación tanto para la población como para los mismos profesionales sanitarios encargados de brindar tratamiento. También hacen falta herramientas de diagnóstico más sencillas y mejores tratamientos, adaptados a los contextos y que sean fácilmente accesibles para los pacientes en las estructuras de salud primaria. Se precisan nuevos medicamentos que acompañen este proceso; y entretanto OMS y OPS deben apoyar los esfuerzos de las autoridades de salud, garantizando que los fármacos necesarios estén disponibles en todos los países afectados. La atención a los pacientes debe estar acompañada de un trabajo de vigilancia entomológica y control vectorial, que permita la erradicación de los insectos, conocidos como vinchucas o chinches picudas, que transmiten el parásito de la enfermedad de Chagas.

“Aún hay mucho trabajo por delante para que los pacientes de Chagas dejen de ser los olvidados de la atención sanitaria en la región”, señala el Dr. Henry Rodríguez, coordinador general de MSF en Bolivia yParaguay. “En los últimos años, afortunadamente, han habido algunos avances alentadores; se requiere ahora del esfuerzo y compromiso de las autoridades de todos los países endémicos para lograr transformar la vida de millones de pacientes de Chagas.”


por José Antonio Bastos, presidente de Médicos Sin Fronteras

17 enfermedades tropicales desatendidas siguen matando en los países pobres porque quienes las padecen no tienen recursos. Algunos lectores de este blog, como profesionales sanitarios, las conocerán, pero para la mayor parte de la población sólo traen ecos de tiempos pasados, o como mucho les suenan a males de los que protegerse al hacer turismo exótico. Un compañero de Médicos Sin Fronteras definía bien nuestra frustración al decir que los pacientes a los que tratamos “se mueren de enfermedades medievales”.

La buena noticia es que dos de ellas parecen tener los días contados: según un recientísimo informe de la Organización Mundial de la Saludla dracunculiasis (la enfermedad del gusano de Guinea) y el pian están a punto de ser erradicadas, la primera en 2015 y la segunda en 2020. Seguirían así el camino de la viruela, la única enfermedad que ha sido erradicada hasta la fecha (en 1977). Además, para 2015, otras 5 podrían ser eliminadas (paso previo a la erradicación), y 9 más en 2020. Todo ello, asegura la OMS, gracias a una nueva estrategia global que se ha beneficiado de la donación de medicamentos y del apoyo sostenido de donantes de fondos.

Creemos que estos objetivos son muy ambiciosos, lo que ya es un buen punto de partida, y que además son realizables si median recursos humanos y económicos adecuados. También el sistema público-privado de investigación y desarrollo debe implicarse, ya que los tratamientos y métodos de diagnóstico actuales distan de ser los ideales. Urge hacerlo, no podemos perder más tiempo: sólo la enfermedad de Chagas se cobra 14.000 vidas al año y afecta a unos 10 millones de personas en Latinoamérica. ¿Y saben qué medicamentos podemos ofrecer a una mujer embarazada con Chagas? Ninguno.

Doldowine, pequeña paciente de enfermedad del sueño, recibe el tratamiento con eflornitina. El personal médico de MSF se esfuerza por colocarle la vía para la perfusión: el tratamiento duró casi dos semanas. Como mucho otros niños del hospital, Doldowine empezaba a llorar nada más ver llegar al enfermero a su cama. Hospital de MSF en Batangafo, República Centroafricana (© Cecilia Furió/MSF).

Y esto se debe a que sólo el 1,4% de los 150.000 ensayos clínicos actuales se dedica a las enfermedades de los más pobres. Son datos de un estudio recientemente publicado por MSF y la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi). Según este mismo estudioentre 2000 y 2011, sólo el 3,8% de los 336 nuevos medicamentos aprobados se destinó a enfermedades tropicales, tuberculosis y otras infecciones desatendidas, las que, en su conjunto, representan el 10,5% de la carga mundial de morbilidad. Y en su mayoría, estos nuevos medicamentos para enfermedades olvidadas en realidad sólo eran reformulaciones y reutilizaciones de fármacos ya existentes: nuevos, realmente nuevos, sólo 4.

Pero no estamos descubriendo nada: hace ya una década que están definidas y documentadas las brechas en I+D para enfermedades olvidadas. ¿Hemos progresado realmente algo en esta última década? El número de casos de enfermedad del sueño ciertamente ha caído, hemos comenzado 2013 con la buena nueva del primer tratamiento contra la tuberculosis en 50 años, la malaria se ha beneficiado de notables esfuerzos… pero lo cierto es que la gente sigue muriendo de enfermedades arcaicas. Los médicos, en países como República Centroafricana, Sudán, Congo o Bolivia, siguen atados a medicamentos inadecuados, obligados a someter a sus pacientes a tratamientos largos y penosos.

Seguimos necesitando mejores fármacos, con menos efectos secundarios y más eficaces. Seguimos esperando un cambio revolucionario, aquel que por fin ponga al paciente sin recursos en el centro del sistema.


La Junta Ejecutiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se celebra esta semana, y que hoy viernes debate sobre el proyecto de “Colaboración para la Década de Vacunas”, debe aprovechar la oportunidad para mejorar las serias deficiencias en el documento que guiará a la comunidad internacional en relación con las vacunas durante los próximos años. Si no lo consiguen, la pregunta clave de por qué los niños siguen sin estar cubiertos por programas de inmunización seguirá sin tener respuesta.

Congo Brazzaville 2012 © Lam Duc Hien

“El coste de vacunar a un niño se ha incrementado un 2.700 por ciento en los últimos diez años, por lo que resulta desconcertante que el plan sobre vacunas para la próxima década no tenga como objetivo reducir los precios,” explica el doctor Manica Balasegaram, director ejecutivo de la Campaña de MSF para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME). “Los gobiernos de los países en los que trabajamos están cada vez más preocupados sobre cómo pagar las vacunas cuando el apoyo de los financiadores se tambalea. Un indicador sólido de los precios fijados mostraría por lo menos que las preocupaciones legítimas que esto suscita se toman en serio.”

Los países van a someter a discusión el marco de evaluación y seguimiento que valorará el éxito del Plan de Acción Mundial sobre Vacunas y que guiará las actividades del mismo. Aunque el elevado precio de las vacunas supone una amenaza considerable para la sostenibilidad de los programas de inmunización, el marco no incluye ninguna medida para monitorear los precios.

En 2001, el coste de vacunación de un niño era de 1,37 dólares americanos por el paquete básico de vacunas con BCG, polio, difteria, tétanos, tos ferina y sarampión. Con la inclusión de más vacunas, y especialmente dos nuevas contra la enfermedad neumocócica y el rotavirus, que juntas representan casi un 75% del precio total de la vacunación de un niño, el coste se ha incrementado a 38,80 dólares americanos en el mejor de los casos, siendo muchos los países que pagan precios más elevados.

“Hay que darle más prioridad al objetivo de reducir el precio de las vacunas, por ejemplo agilizando la entrada en el mercado de productores emergentes que fomentarían la competencia. El proyecto de ‘Colaboración para la Década de Vacunas’ se espera que cueste en torno a los 50 mil millones de dólares americanos, y el coste de las vacunas propiamente dichas absorberá una gran parte de ese dinero. No podemos conformarnos con ignorar este hecho y se acabó“, añade el doctor Balasegaram.

Igualmente preocupante resulta que el plan no sea lo suficientemente ambicioso a la hora de abordar la falta de adaptación de muchas vacunas para su uso en los países en desarrollo. En el transcurso de los últimos cinco años, 112 millones de niños no recibieron si quiera el paquete básico de vacunas para protegerse de las enfermedades de la infancia que más vidas se cobran, en gran parte porque las vacunas con las que contamos en la actualidad son difíciles de utilizar en zonas remotas o rurales (por ejemplo, tienen que conservase con refrigeración, requieren profesionales sanitarios cualificados para administrar las inyecciones o tienen que administrase en múltiples dosis que implica la necesidad de hacer varias visitas a la clínica).

A pesar de estas necesidades apremiantes, el plan de acción se fija una meta muy pobre, consistente en haber conseguido sólo una nueva tecnología de vacunación adaptada de aquí al año 2020, a pesar de que la OMS ya esté a punto de aprobar la calidad de varias nuevas tecnologías de administración de vacunas (por ejemplo sin aguja, mediante una mascarilla o a presión).

“Incluso para una organización con el potencial logístico de MSF, vacunar a niños en lugares de difícil acceso, con vacunas que necesitan conservarse a bajas temperaturas supone un reto importante,  y eso  significa que son muchos los niños que quedan desprotegidos,” declara Kate Elder, Asesora sobre Política de Vacunación de la CAME. “Necesitamos más productos que faciliten la administración de vacunas a los niños. Necesitamos una señal clara de que éste es un objetivo clave para los próximos diez años.”


Nuevas investigaciones llevadas a cabo en el marco de los proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kabezi (Burundi) y en Bo (Sierra Leona) revelan que es posible reducir rápida y significativamente las muertes maternas en un 74 por ciento si se asegura el acceso a la atención obstétrica de urgencia.

Madres en un centro de Burundi. © Sarah Elliott

Los datos de MSF para 2011, publicados en un informe titulado Reducir la mortalidad materna: experiencias positivas de MSF en Burundi y en Sierra Leona”, indican que la introducción de un sistema de traslado en ambulancia y de servicios obstétricos de urgencia pueden reducir considerablemente los riesgos para las mujeres de morir de complicaciones ligadas al embarazo.

“No necesitamos infraestructuras o equipamiento punta para salvar la vida de las mujeres”, afirma Vincent Lambert, coordinador médico de MSF para los proyectos en Burundi. “La experiencia de MSF debe animar a los financiadores, los gobiernos y otras ONG que prevén invertir en la mejora del acceso a la atención obstétrica de urgencia en los países donde la mortalidad materna es elevada y donde el acceso a los servicios obstétricos de urgencia es limitado.”

Infografía de resumen sobre los resultados del informe. © MSF

Los datos de MSF muestran que la mortalidad materna en el distrito de Kabezi (Burundi) ha situado en 208/100.000 el número de nacidos vivos, es decir una disminución del 74 por ciento en relación a la media nacional de 800/100.000 nacidos vivos*. Para el mismo año, en Sierra Leona, las estadísticas de MSF revelan que la mortalidad materna en el distrito de Bo pasó a 351 por 100.000 nacidos vivos, frente a 890/100.000 en el resto del país, es decir una disminución del 61 %.

Los hospitales de MSF en Bo y en Kabezi dispensan atención obstétrica de urgencia completa las 24 horas los 7 días de la semana, y todos los servicios son gratuitos. Los gastos de funcionamiento totales por persona y año para estos programas se elevan a 1,5€ en el distrito de Bo y a 3,2€ en el distrito de Kabezi.

“Aquí, en Sierra Leona, dar a luz es un acontecimiento que puede ser mortal para numerosas mujeres”, deplora Betty Raney, tocóloga de MSF. “En 25 años de carrera como tocóloga, nunca había visto tantos casos graves entre las pacientes. Si ellas no hubiesen tenido acceso a asistencia médica, muchas de ellas habrían perdido la vida.”

Las tasas de mortalidad materna extremadamente elevadas en Sierra Leona y en Burundi se explican por las dificultades de acceso a controles prenatales y a atención obstétrica de urgencia de calidad, problemas que están ligados a la escasez de personal cualificado y de infraestructuras médicas así como de sistemas de salud deteriorados por años de guerra civil. MSF es la única organización que dispensa atención obstétrica de urgencia en los distritos de Kabezi y de Bo.

El quinto objetivo del Milenio para el desarrollo sirve de punto de referencia internacional. Aspira a reducir en un 75% la mortalidad materna de aquí al año 2015 en relación a las tasas nacionales de 1990. Según las estimaciones de MSF, la tasa de mortalidad materna en el distrito de Kabezi es ya inferior al umbral de emergencia. En el distrito de Bo, MSF está convencida que la tasa de mortalidad se habrá reducido en un 75% de aquí a 2015.

En 2011, MSF dispensó atención obstétrica vital a un total de 3.647 mujeres en los distritos de Kabezi y de Bo.

* Según datos de la Organización Mundial de la Salud, www.who.int


Continúan los esfuerzos de MSF y otras organizaciones para atajar el Ébola en el noreste de República Democrática del Congo (RDC). El tratamiento de casos, la atención a los familiares y el apoyo psicosocial han sido una prioridad para MSF desde que lanzó una intervención de emergencia a mediados de agosto en la localidad de Isiro y alrededores.

Médicos de MSF se preparan para tratar a pacientes con Ébola en Congo © Teresa Sancristóval/MSF

El recuento de los casos sospechosos apunta a que 34 personas han muerto desde el principio de la epidemia de Ébola, según datos del Ministerio de Salud congoleño. En el centro de tratamiento del hospital de Isiro se hallan ingresadas actualmente cuatro personas. El personal de Médicos Sin Fronteras (MSF) están haciendo todo lo que está en su mano para velar por el bienestar de estos pacientes.

“Muchas personas han perdido la vida, pero también nos alegramos de haber dado el alta a seis personas después de haberse recuperado por completo”, cuenta Alfonso Verdú, coordinador de emergencias de MSF en Isiro. Verdú detalla que desde el 11 de septiembre se han confirmado 12 nuevos casos de Ébola, el último de ellos el 27 de septiembre, por lo que la intervención aún está lejos de terminar.

Junto al Ministerio de Salud de RDC y otros organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el norteamericano Centro de Control de Enfermedades, MSF se está volcando en la labor de contener el brote. La organización humanitaria ha intensificado las actividades de sensibilización comunitaria, fundamentales para que la población esté bien informada sobre el virus y contribuya a la extinción del brote.

El Ébola es una fiebre hemorrágica sin vacuna cuya tasa de mortalidad fluctúa entre el 30% y el 90%, y que se detectó por primera vez en humanos en 1976 en Zaire (actual RDC).


Un proyecto piloto a gran escala, llevado a cabo por la organización en dos distritos de Malí y Chad, y consistente en la distribución intermitente de antipalúdicos, está reduciendo drásticamente el número de nuevos casos entre niños pequeños durante la época de mayor transmisión de esta enfermedad.

Un médico de MSF atiende a un niño aquejado de malaria © Olga Overbeek/MSF

Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han administrado medicamentos contra la malaria como profilaxis a unos 175.000 niños de entre 3 meses y 5 años de edad en el distrito de Koutiala, en el sur de Malí, y en dos zonas del distrito de Moissala, en Chad, a través de una intervención conocida como quimioprevención de la malaria estacional (SMC, por sus siglas en inglés). Los niños de este grupo de edad tienen un alto riesgo de morir por malaria debido a que su sistema inmunitario no está plenamente desarrollado. Los resultados preliminares del programa piloto de MSF muestran un descenso de más de dos tercios del número de casos de malaria simple en el área de intervención de Malí y de hasta el 86% en Chad. También se ha registrado una disminución significativa de casos de malaria severa.

“Aunque tenemos que seguir evaluando el impacto de la quimioprevención de la malaria estacional, en términos de su efecto global sobre la salud de la población, los resultados iniciales de nuestra intervención muestran una disminución espectacular del número de casos”, explica la doctora Estrella Lasry, especialista en malaria de MSF.  “Estamos viendo una correlación entre nuestro programa de prevención y que más de la mitad de las camas pediátricas del hospital donde trabajamos en Malí están vacías, algo que nunca habíamos visto en años anteriores durante el pico estacional de malaria, cuando la ocupación de camas era normalmente de más del 100%”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó la SMC en marzo de este año, en base a investigaciones realizadas en varios países de la región africana del Sahel cuya incidencia de malaria estacional es alta. Esta intervención consiste en el suministro intermitente de un ciclo completo de tratamiento de un antipalúdico durante la estación de mayor transmisión de la malaria para prevenir nuevos casos. Para tratar los casos positivos se utilizan fármacos diferentes.

Los programas piloto de MSF se pusieron en marcha en julio y durarán hasta octubre, el pico estacional de malaria en la zona del Sahel (noticias). Se trata de la primera vez que la organización médico-humanitaria lleva a cabo un programa de SMC a gran escala. Unos 165.000 niños en Malí y 10.000 en Chad están tomando un total de tres tabletas de amodiaquina y una de sulfadoxina/pirimetamina durante tres días una vez al mes. Los niños que están enfermos en el momento de la distribución y dan positivo de malaria reciben un tratamiento a base de artemisinina y no se incluyen en la distribución profiláctica de ese mes.

Antes del inicio de la intervención, se llevaron a cabo pruebas en las áreas de Malí y Chad objeto del programa para determinar la resistencia a los fármacos de la quimioprevención de la malaria estacional. No se hallaron resistencias en la muestra representativa de la prueba, aunque periódicamente se llevarán a cabo otras encuestas de resistencia en Koutiala y Moissala.

Datos prometedores

Los equipos de MSF en Malí observaron un descenso del 65% en el número de casos de malaria simple en las semanas siguientes a la distribución del tratamiento. Además, el número de hospitalizaciones asociadas a la malaria cayó de un promedio de 247 por semana a solo 84. En el sur de Chad, los resultados fueron igualmente alentadores; en dos zonas sanitarias del distrito de Moissala la disminución en el número de casos de malaria simple fue de entre el 72 y el 86 %, en comparación con los casos registrados las semanas anteriores a la primera distribución de SMC.

“Esta estrategia de prevención podría ser una extraordinaria medida de salud pública, en particular para proteger a los niños que representan la gran mayoría de las muertes por malaria”, dice la doctora Lasry. “Podemos inspirarnos en nuestros proyectos en Chad y Malí para evaluar la posibilidad de emplear esta estrategia en otros contextos”, añade.

Con todo, MSF considera que se deben seguir apoyando e implementando en los países endémicos otros métodos de prevención de la malaria, como la distribución de mosquiteras e insecticidas, además del adecuado diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.

Según la OMS, se estima que cada año mueren 650.000 personas a causa de la malaria. El 90% de los casos se dan en África subsahariana, principalmente entre los niños pequeños. MSF trató a 1.423.000 pacientes con esta enfermedad en 2011.

MSF lleva a cabo proyectos para el tratamiento y la prevención de las enfermedades más mortales en niños de corta edad en Malí y Chad. Desde principios de 2012, más de 12.000 personas han recibido tratamiento de la  malaria en régimen ambulatorio y 3.500 niños enfermos y/o con desnutrición severa han sido hospitalizadas en el distrito maliense de Koutiala. En el distrito de Moissala, en Chad, más de 18.000 personas han recibido tratamiento contra la malaria en estructuras de salud apoyadas por MSF o por parte de personal no médico formado por los equipos de la organización.