MÉDICOS SIN FRONTERAS

por Esperanza ‘Amal’ Leal Gil, psicóloga de Médicos Sin Fronteras en Hebrón (Territorios Palestinos)

 

Ya en el coche, mi compañera palestina me adelanta nuestra próxima visita, recordándome que las agresiones y arrestos por parte de los soldados hacia los menores pueden ocurrir también en la calle o en los ‘checkpoints’. Y es que, en los últimos meses, incluso se han llegado a producir incursiones y detenciones dentro de los propias escuelas, lo que ha provocado miedo generalizado y el absentismo por parte de algunos menores que sufren ansiedad y angustia sólo de pensar en ir al colegio.

 

Esta vez vamos a visitar a Assem. Nos abre la puerta mirando al suelo… Entramos en su casa, que es extremadamente pobre: no tiene sillones, sólo unos futones en el suelo y una alfombra que le sirve de dormitorio. Nos descalzamos y nos sentamos en los cojines.

 

Es un chico delgado de tez muy morena. En su cara resaltan unos impresionantes ojos azules que me miran con tristeza. A sus 12 años ha perdido la ilusión… Un día, al cruzar un puesto de control militar de camino al colegio, unos soldados le agarraron y le golpearon. Desde entonces, Assem ha dejado de jugar en la calle, se esconde cuando ve a un soldado, está triste porque siente que ha perdido su valentía, pega a sus hermanos y ha dejado de ir a la escuela.

 

Sus ojos azules me taladran con una expresión amarga. Durante un rato discutimos sobre el miedo, le hago hablar recordando cosas que le han ayudado a sentirse mejor, e incluso terminamos la sesión hablando de fútbol, que parece que le entusiasma… Hoy puedo decir que, después de tres sesiones, ha vuelto a sonreír tímidamente.

 

Escuela en Hebrón, Cisjordania (© Juan Carlos Tomasi).

 

De vuelta a casa, observando el paisaje de casitas salteadas entre montañas de tonos marrones, me acuerdo de que estos problemas también se agravan con la violencia hacia las familias que viven en barrios cercanos a asentamientos israelíes, ya que a menudo sufren acosos y ataques por parte de los colonos instalados en territorio cisjordano.

 

Niños y mayores se encuentran en un estado de hipervigilancia y sospecha constante. Precisamente, mañana visitamos a Mahmoud, de 9 años, que jugaba cerca de un asentamiento y al que un colono apuntó con un arma y arrastró hacia su casa amenazándolo de muerte. Le advirtió de que, tras matarlo a él, mataría a toda su familia. Ahora sufre un serio estrés post-traumático.

 

Nuestra intervención como psicólogos de MSF está dirigida en estos casos a los menores y a sus padres, desde una perspectiva psicosocial: se realizan psicoterapias a corto plazo con referencias a estructuras médicas o sociales, como la propia escuela u otras redes comunitarias. El tratamiento para estos niños es básico para evitar que empeoren los síntomas.

 

A través de escucha activa, terapias de juego o dibujos, se ayuda al niño a recuperar el control, a encarar la situación que le produce temor, a identificar los pensamientos que le causan ansiedad, y a controlar las reacciones mentales y físicas que le causan la angustia. Con los padres, trabajamos dándoles apoyo emocional y reforzando estrategias para que ellos puedan ayudar a sus hijos.

 

Pero ya oscurece, y el muecín canta con la voz quebrada llamando a la oración. Estremece el canto en el silencio de la tarde. Mañana, muchos adolescentes y niños verán secuestradas su infancia con la violencia. Mañana desde MSF volveremos a poner todo nuestro esfuerzo para intentar aliviar su sufrimiento y luchar contra la desesperanza.


Médicos Sin Fronteras (MSF) ha abierto una nueva sala en el hospital de Machiton, cerca de la capital Dushanbé, donde proyecta tratar a entre 60 y 100 niños con tuberculosis multirresistente a los medicamentos y a sus familias en los próximos tres meses. Este es el primer programa de este tipo que se lleva a cabo en Tayikistán, que cuenta con la tasa de tuberculosis más alta de Europa.

Un niño afectado de tuberculosis es atendido en el hospital de MSF en Dushanbé © Natasha Sergeeva/MSF

“Nuestro programa se llama Familia TB”, explica Nana Zarkua, coordinadora médica de MSF. “Es frecuente en Tayikistán que varios miembros de una familia estén enfermos y lo que hace que nuestro programa sea especial es el enfoque familiar del problema”.

“A menudo, un niño enfermo sirve de punto de entrada a una familia con tuberculosis”, añade Zarkua. “Cuando diagnosticamos a un niño con tuberculosis, informamos a la familia sobre cómo reducir la propagación de la enfermedad y podemos localizar a los contactos dentro del círculo familiar para ver quién más puede estar infectado”.

Desatención sistemática

En Tayikistán –unos de los países más pobres de la antigua Unión Soviética, con la tasa más alta de tuberculosis (TB) de Europa– la pobreza y un sistema de salud falto de fondos han ido relegando sistemáticamente al olvido a la gente con la forma resistente a los medicamentos (DR-TB por sus siglas en inglés). Si no se diagnostica ni se trata, esta enfermedad tan infecciosa se propaga con gran rapidez entre los amigos y familiares de las personas afectadas, destruyendo familias, y sembrando estigma y miedo.

Los niños han sido los más olvidados de todos, y hasta que MSF no ha iniciado su nuevo programa, ni un solo niño en Tayikistán recibía tratamiento para la TB multirresistente a los medicamentos (MDR-TB por sus siglas en inglés, una forma de la enfermedad que es resistente a los dos antibióticos de primera línea más potentes). “La creencia más extendida entre los especialistas locales de TB”, declara Zarkua, “es que los niños no deben tratarse con medicamentos de segunda línea; otros incluso niegan la posibilidad de la TB resistente en niños porque es muy difícil de diagnosticar y de probar”.

Los médicos de MSF esperan encontrar una forma rápida de diagnóstico de la DR-TB para este grupo de edad, y hasta que no haya formulaciones pediátricas de medicamentos para tratarla, los pacientes más jóvenes serán tratados con medicación para adultos, como se ha hecho con éxito en los programas de MSF en otras partes del mundo. El equipo de la organización en Tayikistán también está renovando un edificio abandonado en el recinto hospitalario de Machiton para convertirlo en una sala de inducción de esputos (consistente en fluidificar las secreciones pulmonares de los enfermos mediante nebulización con solución fisiológica y facilitar luego su drenaje, algo que debe hacerse en unas condiciones especiales de aislamiento, dado el alto nivel de contagio de la enfermedad), la primera de esta índole en Asia Central.

Pensando en los niños

Antes, todos los niños enfermos de TB en Tayikistán tenían que permanecer hospitalizados durante la duración de su tratamiento, aislados de sus familias y con pocas distracciones. Pero en el hospital de Machiton, los niños serán tratados de forma ambulatoria en la medida de lo posible para que puedan quedarse con sus familias y seguir llevando una vida normal.

Para los niños que deban quedar ingresados, la sala de MDR-TB de MSF en el hospital de Machiton contará con personal especialmente formado para realizar actividades con los niños (juegos, dibujos, lecturas, puzzles…) que estimulen su desarrollo. “Nuestro equipo de apoyo psicosocial dispone de estrategias para cada grupo de edad, de modo que los niños reciban la estimulación necesaria de acuerdo con su edad”, dice Zarkua.

Cuando los pacientes ya no sean infecciosos, el personal de MSF les ayudará a convencer a sus escuelas para que les dejen continuar sus estudios. “Tenemos el ejemplo de una niña a la que tratamos y estaba completamente curada; conseguimos que fuera aceptada de nuevo en la escuela”, concluye la coordinadora médica de MSF.

Las familias de los niños en tratamiento ambulatorio reciben paquetes semanales de alimentos ricos en proteínas –carne, pescado o leche condensada– que de otro modo no podrían permitirse. MSF también les proporciona teléfonos móviles y dinero para el transporte hasta el hospital, para que puedan llevar a término el largo y difícil tratamiento de sus hijos.