MÉDICOS SIN FRONTERAS

La vida en la región de Diffa, al sureste de Níger, cerca de la frontera con Chad y Nigeria, se ha visto truncada por el conflicto entre Boko Haram y las fuerzas gubernamentales. Realizado con textos de Sarah Pierre y fotografías de Juan Carlos Tomasi, Médicos Sin Fronteras realiza un extenso reportaje multimedia, en el que profundiza sobre la situación actual en la zona. El siguiente artículo es un extracto del trabajo de los dos periodistas.

Desde hace más de tres años, el conflicto abierto entre Boko Haram y los ejércitos en la región del lago Chad está haciendo estragos entre la población civil. Muchos han huido de sus hogares y lo han dejado todo para buscar refugio en otras aldeas; en algunos casos, atravesando fronteras. Actualmente en esta región hay más de 240.000 desplazados y refugiados.

Crisis humanitaria en Diffa, Niger. © Juan Carlos Tomasi / MSF

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Condenamos enérgicamente que los grupos de la oposición no mostraron absolutamente ninguna consideración por el estatus de protección de los pacientes, las instalaciones médicas, y los médicos y sanitarios.

Durante la tarde del pasado 29 de abril, unos 30 hombres enmascarados y armados irrumpieron en el hospital Hazeh, en Guta oriental (un área de ciudades asediadas cerca de Damasco), con el fin de buscar a pacientes heridos específicos y se apoderaron de la ambulancia del hospital.

A pocos kilómetros al sur, el punto médico de Aftares -también apoyado por nuestra organización- recibió el alcance de las balas después de dos días rodeado por los combates.

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Tras más de medio siglo de conflicto armado en Colombia, la violencia está lejos de desaparecer  y el coste social hasta el momento es alarmante. Millones de personas han tenido que desplazarse de sus hogares y tierras, decenas de miles han desaparecido y centenares de miles de familiares siguen esperándolos.

© Marta Soszynska/MSF

Durante todos estos años, la violencia no ha cesado, sino que se ha adaptado. Razones ideológicas, políticas y/o religiosas han sido el motivo de aberraciones contrarias a la vida y de la erosión de los derechos humanos más básicos. Pero sobre todo, el principal motor de esta desmesurada violencia ha sido el interés económico. Cantidad de niños, jóvenes y adultos han sido reclutados a la fuerza o empujados a un estilo de vida criminal ante la falta de oportunidades.

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En el estado de Borno, los ataques de Boko Haram siguen causando movimientos de población y desplazamientos. Además, denunciamos que Camerún está repatriando a la fuerza a cientos de refugiados nigerianos en busca de protección y seguridad

 

Punto de agua en el campo de Banki, en el noreste de Nigeria. © Malik Samuel/MSF

En el noreste de Nigeria, la violencia y la inseguridad siguen forzando a la población a huir de sus hogares. Según relata nuestro equipo en la zona, nuevas oleadas de desplazados están llegando a aldeas y localidades remotas del estado de Borno. Además, desde Camerún, miles refugiados nigerianos están siendo obligados a regresar a su país de origen.

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En el norte de Siria, las personas que huyen de los combates y las que regresan a sus hogares corren el peligro de sufrir muertes y mutilaciones debido al impacto de minas, trampas explosivas y municiones sin detonar, fruto de los combates en la zona. Desde Médicos Sin Fronteras (MSF) publicamos “Listas para explotar”, un informe que advierte sobre el impacto devastador que tendría la detonación de estos artefactos en la población civil.

Un enfermero de MSF atiende a un paciente herido por una mina en el hospital de Kobane. Jamal Bali / MSF

Con Siria entrando en su séptimo año de guerra, el conflicto lejos de perder fuerza, se intensifica con los combates por el control de la ciudad de Raqqa, autoproclamada por el Estado Islámico (EI) como su capital. Muchos desplazados asistidos por MSF han sido víctimas de las minas, trampas explosivas y municiones sin detonar que tras años de guerra están sembrados por todas partes. La mayoría de ellos asegura que uno de sus principales miedos es que ellos mismos o sus familiares y amigos fallezcan o resulten heridos mientras huyen de las líneas de frente o cuando traten de regresar a sus hogares.

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El pasado día 20 de marzo se cumplía un año del pacto migratorio firmado entre la Unión Europea y Turquía. Un acuerdo cuyo objetivo era, y continúa siendo, detener la llegada de solicitantes de asilo y migrantes desde Turquía a Europa, ofreciéndoles, supuestamente, “una alternativa a arriesgar sus vidas”. Desde Médicos Sin Fronteras denunciamos estas nocivas políticas de disuasión y los continuos intentos de alejar a la gente y su sufrimiento de las costas europeas.

La entrada en vigor de este pacto y el cierre de la ruta de los Balcanes, hace también un año, supusieron un nuevo paradigma en el enfoque de la UE para los flujos migratorios mixtos. Lejos de ser una historia de éxito, esta política migratoria europea se traduce en miles de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes que pagan con su salud esta pésima gestión. Y es que, como consecuencia de esta gestión, miles de personas se ven obligadas a tener que realizar su camino hacia las costas europeas de la mano de mafias y traficantes. En Grecia y los Balcanes, hombres, mujeres, niños y niñas están atrapados en zonas inseguras de las que no pueden huir.

En este vídeo, nuestra compañera Caitlin explica de forma gráfica cómo funciona este acuerdo.

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Han pasado seis años desde que se inició el conflicto armado en Siria, el considerado como el más cruel desde hace 25 años. Seis años en los que más 400.000 personas han muerto y 4,8 millones se han visto obligados a abandonar el país. Médicos Sin Fronteras hace un llamamiento para que todas las partes involucradas en el conflicto permitan la entrada de la ayuda humanitaria en el país.

 

“Todas las partes del conflicto, los países vecinos y los actores internacionales deben permitir el acceso de la ayuda médica y humanitaria y no usarla como una herramienta política”, afirma Pablo Marco, coordinador de MSF en Oriente Medio. “Además, deben permitir que aquellos que requieran de asistencia médica accedan a áreas donde puedan recibir tratamiento especializado por parte del personal sanitario. A su vez, deben asegurar la protección de las unidades de emergencia, del personal sanitario y de las instalaciones médicas”.  

Tras seis años de guerra en Siria, la población civil es la que más sufre las consecuencias de este conflicto, cada vez más letal y despiadado. Los niveles de dolor son cada vez más grandes y millones de personas siguen sin tener acceso a la salud y sus servicios más básicos. Esta es una crisis humanitaria que se ha vuelto tremendamente compleja. 13.5 millones de personas necesitan de ayuda humanitaria urgente para sobrevivir.

Las vidas de millones de habitantes han sido destrozadas. Este video de MSF te muestra las consecuencias de años de guerra.

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El informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) “Morir de camino a Europa: eritreos en busca de seguridad”,  recoge los testimonios  de los miles de refugiados que huyen de Eritrea en busca de seguridad fuera de su país. Este señala las terribles consecuencias que están teniendo las políticas europeas restrictivas de migración en las personas que buscan seguridad fuera de sus países. 

 

Una mujer eritrea reza tras ser rescatada en el Mediterráneo por el barco Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

 

“El 90% de los eritreos que logran llegar a Europa por tierra y mar tienen el asilo asegurado. Los gobiernos europeos reconocen sus demandas como genuinas pero a pesar de ello están haciendo todo lo que pueden para impedir a eritreos y otros reclamantes de asilo llegar a las costas de la Unión Europea (UE)”, dice Arjan Hehenkamp, director general de MSF en Holanda.

En 2015, los refugiados eritreos fueron el grupo más numeroso en cruzar el Mediterráneo: 39.162 hombres, mujeres, niños y niñas llegaron a Italia. En 2016, fueron el segundo grupo, por detrás de Nigeria, con 20.718 personas rescatadas en el Mediterráneo.

Los ciudadanos de este pequeño país del este de África huyen de un Estado en el que no existen derechos ni libertades. Un territorio en el que miles de habitantes son reclutados de manera forzosa desde hace décadas. Con el agravante de correr el riesgo de ser encarcelados, torturados o asesinados, en el caso de intentar desertar.

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Llegaron a Europa en busca de refugio y protección, pero se han encontrado con el rechazo de las políticas de la UE y unas pésimas condiciones de vida.
Hacinados y soportando temperaturas de alrededor de 20 grados bajo cero, miles de refugiados están atrapados en Grecia y los Balcanes, donde sobreviven solo con sus propios medios.

Actualmente, más de 8.000 personas están varadas en Serbia en asentamientos improvisados. Y 1.700 jóvenes duermen en edificios abandonados en lo que su única estufa son hogueras en las que prenden plásticos. A pesar de que el país acordó con la UE albergar hasta a 6.000 personas, solo 3.140 viven en instalaciones adaptadas para el invierno.
Andrea Contenta, asesor de Asuntos Humanitarios de MSF en Serbia, cuenta las malas consecuencias de esta situación, que hasta ahora cuenta ya con tres muertes por congelación.

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Tras el desplazamiento del frente de batalla y la ofensiva de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) en Menbij, el número de civiles que huyen de sus localidades hacia el área que circunda el río Eufrates ha aumentado.

Tanto los desplazados internos como las comunidades de acogida necesitan ayuda humanitaria urgente. Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que la pésima situación, sumada al colapso total del sistema de salud, hace temer un nuevo aumento de las enfermedades infantiles prevenibles en el país.

“No hay médicos y no tenemos comida. Aquí no podemos movernos con libertad. Todos tenemos miedo. Sueño con regresar a mi pueblo y vivir seguro con mi familia. Una vez que regrese a mi hogar, nunca me iré de allí, pero por desgracia eso solo puede ocurrir cuando no seamos atacados una y otra vez como sucede ahora”, afirma un desplazado de 51 años procedente del noreste de Abu Qalqal.

MSF

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