MÉDICOS SIN FRONTERAS

Nuestra pediatra Beatriz Valle ha regresado hace unas semanas de Guinea-Bissau con buenas noticias. Desde que empezamos a trabajar en el servicio de pediatría del Hospital Nacional Simão Mendes, hemos reducido la mortalidad infantil a la mitad.

La malaria es una enfermedad potencialmente mortal, aunque prevenible y curable. La mitad de la población mundial está en riesgo de contraerla. Los últimos datos disponibles de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que en 2015 se produjeron 212 millones de casos y 429.000 muertes, en su inmensa mayoría en África subsahariana.

En Guinea-Bissau, esta es una de las causas más frecuentes de mortalidad entre los más pequeños. Por eso, MSF decidió crear una unidad de atención para tratar los casos más graves.

En estos tres vídeos de menos de 1 minuto, Beatriz te explica nuestros logros en la unidad de cuidados intensivos, en urgencias y en la unidad de malaria.

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En la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos de Simao Mendes, la tasa de mortalidad estaba muy por encima de lo que se puede considerar razonable. En estos vídeos Beatriz explica cómo conseguimos reducir esa tasa a la mitad sin tecnología ni tratamiento especializado.

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Porque contigo podemos salvar la vida de muchos.

Si quieres saber más acerca del trabajo que desempeña MSF para tratar la malaria, pincha aquí.


Los equipos de MSF han tratado de urgencia a más de 2.500 personas afectadas por malaria en el área de Lulingu y Tchonka (en Kivu del Sur, República Democrática del Congo) desde principios de mayo, cuando las autoridades sanitarias locales pidieron la intervención de la organización médica dado que temían la eclosión de un brote de meningitis.

La intervención, a cargo del equipo de emergencia de MSF en Kivu del Sur (Réponse d’Urgence  Sud Kivu – RUSK), está previsto que se extienda hasta finales de agosto, dado el elevado número de pacientes que llegan al hospital de Lulingu  y al centro de salud de Tchonka.

Tan pronto como se dio la alerta, seis miembros del RUSK se trasladaron en motocicletas (que facilitan el llegar a zonas con carreteras y caminos complicados o casi inexistentes), para hacerse cargo de la situación, verificar los datos aportados por las autoridades locales e iniciar el proceso de diagnóstico de la enfermedad. Se efectuaron pruebas de diagnóstico tanto para meningitis como para malaria, dado que la malaria es endémica en la zona y ambas enfermedades pueden presentar síntomas similares (fiebre muy alta y convulsiones) y afectan también en gran manera a menores de quince años.

Una vez finalizadas las pruebas, se descartó la posibilidad de meningitis: los enfermos padecían malaria, en un brote muy virulento de la enfermedad que se hizo acompañar de una mortalidad inusualmente elevada (más del 5% de los hospitalizados, o uno de cada veinte, sin tener en cuenta aquellos que fallecieron sin llegar a los centros de salud).

El equipo de intervención, reforzado con once trabajadores locales y cinco internacionales, decidió iniciar su trabajo en Lulingu con el objetivo de reducir la mortalidad en el hospital mediante el diagnóstico rápido de la enfermedad y el tratamiento de los pacientes, con especial refuerzo en las áreas de pediatría y obstetricia. Desde el 4 de mayo, 1.526 personas han recibido tratamiento con artesonato y, si lo requerían, han recibido transfusiones de sangre (la malaria puede causar anemia severa y los pacientes requieren de aportaciones de plaquetas vía intravenosa, por lo general en donación procedente de familiares sanos).

La intervención ha supuesto reducir la mortalidad en el centro hasta el 1,29% por el momento.

Posteriormente los equipos decidieron ampliar su actividad en Tchonka, otro de los epicentros del brote de malaria y cuyos enfermos acudían en gran número a Lulingu. Hasta el momento, en el centro de salud de la población de las 1.359 consultas practicadas, 925 son casos de malaria confirmados.

Las tareas del RUSK en una operación de estas características no se limitan a la reducción de la mortalidad y tratamiento de casos, dado que la prevención y la información pública sobre la enfermedad son asimismo vitales para que la población pueda detectar sus síntomas lo antes posible y buscar tratamiento médico. “La detección temprana es indispensable para un tratamiento más corto (por lo general de una o dos semanas), pero la prevención e información (enfatizar, por ejemplo, el uso correcto de las mosquiteras) es muy importante para evitar la extensión del brote”, explica Liliana Palacios, coordinadora médica de los proyectos en RDC.

El elevado número de pacientes que llegan a los centros sanitarios de Tchonka y Lulingu hace prever a los equipos que la intervención de emergencia pueda extenderse hasta finales de agosto.

La malaria es la causante de un 40% de la mortalidad infantil en la RDC. Los equipos de MSF trataron en 2012  a más de 434.300 afectados por la enfermedad en sus proyectos y operaciones de emergencia en de Kivu del Norte, Kivu del Sur, Katanga, Ecuador, Oriental y Maniema.


MSF trabaja en RDC desde 1981.


En el Día Mundial de la Malaria, Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que un aumento de la malaria puede tener graves consecuencias para la población de la provincia Oriental de la República Democrática del Congo (RDC) a menos que se adopten acciones inmediatas. La lucha contra los brotes recurrentes de la enfermedad en la provincia requiere un compromiso firme por parte de las autoridades congoleñas de salud y las organizaciones de ayuda, según MSF.

Bebé paciente de malaria en la provicia Oriental de RDC, julio de 2012 © Aurelie Lachant / MSF

Con la estación de lluvias a punto de comenzar, la situación es crítica en áreas remotas de la provincia Oriental, donde la malaria es una de las causas principales de mortalidad, de acuerdo con el coordinador de emergencias, Narcisse Wega. “Demasiados centros de salud carecen de los medios necesarios para afrontar un nuevo brote, lo que es completamente inaceptable”, dice Wega.

El brote de malaria, además, está previsto que se conjugue con una epidemia de sarampión que se cernirá en la provincia, y serán los menores de cinco años los más vulnerables.

En el último año, MSF ha actuado de emergencia para responder a un aumento dramático de casos de malaria graves en los distritos nortes de la ciudad de Kisangani. En las áreas de Ganga-Dingila, Buta y Aketi, casi 60.000 personas recibieron tratamiento y más de 3.500 tuvieron que ser admitidos en el hospital aquejados por la enfermedad.

Dos estudios de mortalidad llevados a cabo por MSF en 2012 muestran una mortandad extremadamente elevada en niños menores de cinco años. En la región de Pawa, los índices de mortalidad multiplicaron los niveles de emergencia por tres, con más de un niño muerto de cada diez, por no recibir tratamiento adecuado. Esta no es una situación única en RDC, donde los brotes son recurrentes también en las provincias de Maniema, Ecuador y Katanga.

La respuesta de emergencia de MSF durante 2012 reveló grandes deficiencias en el sistema de salud, y ello contribuyó a la severidad del brote. La misma situación se repite este año: las mosquiteras no han llegado a las áreas más vulnerables, así como tampoco suficientes equipos para diagnóstico rápido, de transfusión de sangre o medicamentos. Los equipos de transfusión son vitales para niños que sufren anemia causada por la malaria. Estos materiales indispensables no se encuentran en las listas de suministros requeridos por los donantes. El coste de los servicios de salud en RDC también impide a mucha población el acceso al tratamiento que necesitan.

MSF hace un llamamiento a la acción urgente de todos aquellos involucrados en la lucha contra la malaria en DRC. Tratamientos adecuados y pruebas rápidas de diagnóstico deben ser puestos a disposición de la población de la provincia Oriental lo antes posible, mientras que medidas de prevención como la distribución de mosquiteras debe iniciarse inmediatamente, antes de que el pico estacional de malaria se encuentre ya en apogeo. Si la actuación no es rápida y efectiva, MSF teme que las consecuencias para la población sean trágicas.

 

MSF trabaja en la RDC desde 1981. En 2012, MSF trató a más de medio millón de personas con malaria en el país, incluyendo un número muy elevado de niños menores de cinco años.


Médicos Sin Fronteras reclama en la conferencia de la GAVI vacunas más adaptadas, baratas, y de suministro más sencillo. Un 20% de los niños que nacen cada año continúa sin vacunarse.

© James Keogh/Wostok Press

Ante la celebración de la conferencia de la Alianza Global para la Vacunación y la Inmunización (GAVI) que se celebra en Dar es Salaam, Tanzania, del 5 al 7 de diciembre, MSF muestra mediante tres nuevos informes los tres factores fundamentales desatendidos que podrían facilitar la ampliación de la cobertura de vacunación: adaptación, precios más baratos y suministro más simple.

“Ya no hay razones para que los niños tengan que morir de enfermedades prevenibles mediante vacunas. Todos los actores involucrados en el mundo de la vacunación podrían hacer mucho más para garantizar que todos los niños fuesen vacunados completamente contra las enfermedades más mortales en los países en desarrollo. Necesitamos vacunas que sean más fáciles de administrar en lugares de difícil acceso”, declaró el doctor Manica Balasegaram, director de la Campaña de Acceso a Medicamentos Esenciales de MSF (CAME).

Es preocupante que la estrategia mundial de vacunación no le de suficiente relevancia al hecho de que uno de cada cinco niños que nacen en el mundo cada año continúe sin protegerse mediante una vacunación completa. MSF es testigo de los fracasos de las vacunaciones masivas cuando se producen brotes de enfermedades prevenibles por vacunas en los lugares en los que trabaja la organización. En 2010, sólo en República Democrática de Congo, MSF vacunó contra el sarampión a más de cuatro millones de personas en respuesta a varios brotes que no hubieran tenido lugar si la inmunización de rutina estuviera funcionando bien. La cifra total de niños sin vacunarse completamente ascendió de 19 millones en 2010 a 22,4 millones en 2012. Es necesario que se aborde este asunto con urgencia.

No hay razones para que un niño muera por no haberse vacunado

El enfoque que se adoptó en el plan propuesto para los próximos diez años – “El Plan de Acción para la Vacunación Mundial” y la “Década de las Vacunas” no se prioriza el fortalecimiento de la inmunización básica ni se le otorga la suficiente importancia al desarrollo de vacunas que estén mejor adaptadas (sin necesidad de refrigeración ni de jeringuillas y con una dosificación mejor, por ejemplo) para dar cobertura a más niños en lugares aislados o inestables.

Es decir, se necesita urgentemente contar con mejores productos para mitigar el creciente número de niños sin inmunizar. La GAVI tiene un papel destacado en la mejora de vacunas más adaptadas a la realidad en la que viven millones de niños en los países en desarrollo, una tarea que aún queda pendiente.

Y al mismo tiempo, en el esfuerzo de la GAVI para introducir nuevas vacunas, como las del neumococo y el rotavirus, tampoco se está abordando la necesidad de reducir los precios de las mismas. Esto podría tener un efecto desastroso en los programas de inmunización nacionales una vez que culmine el apoyo de los donantes mediante la GAVI. Honduras, por ejemplo, tendrá que hacer frente a una subida de precios de casi el 1.000% para vacunar a un niño con estos dos nuevos productos en 2015, cuando finalice la contribución de los donantes a ese país. El proyecto de vacunación para los próximos diez años no contempla el esfuerzo necesario para atajar el problema de los precios altos.

No hay razones para que un niño muera por no haberse vacunado

Los tres nuevos documentos de MSF en los que se aborda la necesidad de vacunas adaptadas, más baratas, y de suministro más simple, puede consultarse en: msfaccess.org/briefings (en inglés).


Desde el inicio de la estación de lluvias en julio, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Maradi están atendiendo a un número cada vez mayor de niños con desnutrición severa, agravada por la malaria. Una combinación mortal, ya que ambas enfermedades pueden producir una anemia severa.

Un enfermero de MSF cuida a un niño aquejado de desnutrición © Tanya Bindra/MSF

En el hospital de Guidan Roumji, en la región de Maradi, al sur de Níger, el ir y venir de ambulancias es constante. A lo largo de todo el día, el equipo de MSF ha estado tratando a muchos niños debilitados por la desnutrición y malaria.

En los últimos días, el número de niños admitidos en el hospital ha aumentado de 117 a 430. “Los servicios de cuidados intensivos y pediatría están saturados, con una tasa de ocupación del 200%”, explica Mirko Tommasi, coordinador general de MSF en Níger. “Ya tratábamos a muchos niños desnutridos pero, con el inicio de la estación de lluvias, también se ha producido un pico de los casos de malaria. Casi un 80% de los niños admitidos padecen esta enfermedad”, añade.

Las intensas lluvias que empezaron a caer en julio han destruido algunas cosechas, lo que podría agravar una situación alimentaria ya de por sí desesperada. La falta de comida es algo inevitable en el ‘periodo de escasez’, cuando ya se han acabado las reservas de alimentos de la cosecha de mayo y todavía no se ha recogida la de septiembre. Las lluvias también han provocado la proliferación de los mosquitos transmisores de la malaria. “Los niños con malaria suelen llegar demasiado tarde, en estado comatoso, por la falta de acceso a una atención sanitaria adecuada en sus aldeas”, declara Véronique Van Frachen, coordinadora médica de MSF.

La malaria y la desnutrición forman una combinación mortal. Los niños desnutridos carecen de la fuerza necesaria para combatir la enfermedad y por tanto son más susceptibles a desarrollar malaria severa. Asimismo, un niño desnutrido correrá un riesgo mayor de morir que un niño con un estado nutricional normal. “Una de las razones por las que la malaria causa tantas muertes se debe a que puede provocar anemia severa, igual que la desnutrición”, afirma Véronique.

Los niños desnutridos con malaria severa reciben tratamiento en una unidad de hospitalización para ambas enfermedades. Por un lado, la desnutrición se trata con alimentos terapéuticos preparados. Por otro, los niños reciben un tratamiento a base de artesunato para combatir la malaria severa.

Un ciclo de crisis recurrentes

Cada año, la población de Níger y los niños en especial se enfrentan a crisis alimentarias recurrentes; esta difícil situación ejerce una tremenda presión sobre las comunidades. A menudo la gente apenas se recupera de una crisis alimentaria cuando comienza otra, obligándoles a vender valiosas posesiones y a endeudarse para poder comprar lo bastante para comer.

Para reducir el ciclo de desnutrición y enfermedades asociadas, MSF y el Ministerio de Salud de Níger llevan a cabo actividades preventivas, entre ellas, campañas de vacunación y distribuciones de productos nutricionales específicos y mosquiteras. Desde que empezó el año, más de 150.000 niños con desnutrición aguda severa han sido atendidos de urgencia por distintos agentes humanitarios en todo el país. “Para romper este ciclo de emergencias recurrentes, se necesita una solución a largo plazo, una solución que mejore el acceso a atención sanitaria y a alimentos adecuados para los niños más pequeños”, concluye Mirko Tommasi.

En Níger, MSF lleva a cabo actividades nutricionales y médicas en las regiones de Tahoua, Maradi, Zinder y Agadez. Desde principios de 2012, MSF y sus contrapartes han tratado a más de 50.000 niños con desnutrición aguda y 105.000 casos de malaria


Campo de desplazados de Hamedia en Zalingei (Darfur) (© Anne Yzèbe/MSF)

Imaginemos que casi la mitad de la población española está en riesgo de muerte. Lo que podría parecer inconcebible, es de hecho la realidad de 20 millones de niños amenazados por la desnutrición aguda severa en el mundo. Ésta es la dimensión humana de una crisis, la del precio de los alimentos, que como flor de un día ocupó portadas, provocó indignación e incluso tuvo el privilegio de ser uno de los temas centrales en una Cumbre del G-8. Tal vez la recordéis, aquella que se celebró en Japón en verano de hace dos años y en la que los mandatarios de las principales economías mundiales tras debatir sobre el hambre en el mundo, concluyeron su reunión con una cena de 19 platos. Un menú titulado : “ Bendiciones de la Tierra y el Mar”, que costó entorno a los mil dólares por cubierto. Por aquellas fechas el número de personas que no recibían bendiciones de ningún tipo, sino que pasaban hambre a diario, rondaba la bochornosa cifra de 920 millones. Hoy ya son más de 1.000 millones. Eso si que es voluntad política y capacidad para atajar problemas.

Por el título del post de esta semana, os preguntareis cómo afecta esto a los niños y por qué ante este panorama, me detengo especialmente en ellos. La especulación en  los mercados financieros en torno a las materias primas, incluidos los alimentos básicos, figura como una de las principales causas que provocan el incremento de sus precios, agudizando la crisis crónica del hambre y, en el caso de los más pequeños, la de la desnutrición infantil. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, actualmente hay 178 millones de niños desnutridos en el mundo, de los cuales 20 millones sufren desnutrición aguda severa. Un claro síntoma de esta enfermedad es la consunción: si durante la primera infancia, un niño no recibe la alimentación que necesita para mantener un buen ritmo de crecimiento, su organismo empieza a consumir sus propios tejidos para obtener los nutrientes que no le aporta la dieta diaria. Si a este niño no se le trata a tiempo, morirá o, con “suerte”, sobrevivirá con graves secuelas.

Valorad el hecho de que la desnutrición infantil aguda es una enfermedad que acaba con la vida de nueve niños menores de 5 años ¡¡por minuto!! Añadid que, aunque esta enfermedad tiene un  sencillo y eficaz tratamiento conocido como alimentación terapéutica -el que recibe de su madre el niño de la foto-,  solo llega al 9% de los que lo necesitan con urgencia. Por tanto a la brutalidad de la cifra de víctimas que provoca la desnutrición, se une la inmoralidad del hecho de ser muertes fácilmente evitables. Por si fuera poco, la destrucción que la desnutrición aguda genera en el organismo del niño enfermo marca de por vida a los que consiguen sobrevivirla. Sus secuelas, entre las que se encuentran una mayor propensión a caer fácilmente enfermos, la ceguera o la merma intelectual, les acompañarán como una carga el resto de sus días, lo que constituye  un mecanismo de transmisión intergeneracional de la pobreza. El principal recurso de un país pobre es su capital humano. La perdida de vidas y las incapacidades provocadas por la desnutrición entre sus niños, contribuye decisivamente a perpetuar su situación de pobreza también en el futuro.

Todo ello sería fácilmente evitable con esa voluntad política de la que no hicieron gala los líderes mundiales reunidos en Japón, que en cambio y desde entonces no han dudado en inyectar miles y miles de millones de dólares para volver a dar liquidez a los sistemas financieros. Qué paradoja, los mismos que especulan con lo que haga falta para obtener beneficios. Con esa voluntad y en este caso con una parte infinitesimal de esa cifra, sería suficiente.