MÉDICOS SIN FRONTERAS

El documento obliga a desembarcar a los supervivientes en un lugar seguro en vez de ser transferidos, lo que disminuirá la eficiencia y el número de rescates, con terribles consecuencias humanitarias. Además, no prohíbe que la policía esté armada a bordo, lo que atenta contra nuestros principios fundamentales.

© Anthony Jean/SOS MEDITERRANEE

Mantenemos nuestro compromiso con salvar vidas en el Mediterráneo, pero no firmaremos el código de conducta italiano para ONG que operan barcos de rescate. Así lo informamos formalmente al Ministerio del Interior italiano el pasado 31 de julio de 2017.

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El informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) “Morir de camino a Europa: eritreos en busca de seguridad”,  recoge los testimonios  de los miles de refugiados que huyen de Eritrea en busca de seguridad fuera de su país. Este señala las terribles consecuencias que están teniendo las políticas europeas restrictivas de migración en las personas que buscan seguridad fuera de sus países. 

 

Una mujer eritrea reza tras ser rescatada en el Mediterráneo por el barco Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

 

“El 90% de los eritreos que logran llegar a Europa por tierra y mar tienen el asilo asegurado. Los gobiernos europeos reconocen sus demandas como genuinas pero a pesar de ello están haciendo todo lo que pueden para impedir a eritreos y otros reclamantes de asilo llegar a las costas de la Unión Europea (UE)”, dice Arjan Hehenkamp, director general de MSF en Holanda.

En 2015, los refugiados eritreos fueron el grupo más numeroso en cruzar el Mediterráneo: 39.162 hombres, mujeres, niños y niñas llegaron a Italia. En 2016, fueron el segundo grupo, por detrás de Nigeria, con 20.718 personas rescatadas en el Mediterráneo.

Los ciudadanos de este pequeño país del este de África huyen de un Estado en el que no existen derechos ni libertades. Un territorio en el que miles de habitantes son reclutados de manera forzosa desde hace décadas. Con el agravante de correr el riesgo de ser encarcelados, torturados o asesinados, en el caso de intentar desertar.

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Llegaron a Europa en busca de refugio y protección, pero se han encontrado con el rechazo de las políticas de la UE y unas pésimas condiciones de vida.
Hacinados y soportando temperaturas de alrededor de 20 grados bajo cero, miles de refugiados están atrapados en Grecia y los Balcanes, donde sobreviven solo con sus propios medios.

Actualmente, más de 8.000 personas están varadas en Serbia en asentamientos improvisados. Y 1.700 jóvenes duermen en edificios abandonados en lo que su única estufa son hogueras en las que prenden plásticos. A pesar de que el país acordó con la UE albergar hasta a 6.000 personas, solo 3.140 viven en instalaciones adaptadas para el invierno.
Andrea Contenta, asesor de Asuntos Humanitarios de MSF en Serbia, cuenta las malas consecuencias de esta situación, que hasta ahora cuenta ya con tres muertes por congelación.

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Desde que el año pasado Médicos Sin Fronteras (MSF) puso en marcha las operaciones de búsqueda y rescate en el Mediterráneo, sus equipos han rescatado a más de 25.000 personas de embarcaciones en peligro. Independientemente de su país de origen o de sus razones para tratar de llegar a las costas europeas, casi todas las personas rescatadas en el mar habían pasado por Libia.

“Libia es un lugar muy peligroso. Hay muchas personas armadas. Los asesinatos y los secuestros son algo frecuente. Al llegar a Trípoli, nos encerraron en una casa con unas 600 ó 700 personas. No teníamos agua para lavarnos, la comida era escasa y nos obligaron a dormir los unos sobre los otros. Fue muy duro para mi hija, enfermó varias veces. Había mucha violencia. Me golpeaban con las manos, con palos y con pistolas. Si te mueves, te golpean. Si hablas, te golpean. Pasamos meses así, siendo golpeados todos los días”. Mujer de 26 años procedente de Eritrea y rescatada del mar en agosto de 2015.

Cientos de entrevistas a las personas rescatadas en el mar por MSF durante 2015 y 2016 han puesto de manifiesto el alarmante nivel de violencia y explotación que sufren los refugiados, solicitantes de asilo y migrantes en Libia. Muchos de los rescatados relatan haber experimentado en el país la violencia en primera persona, mientras que prácticamente todos los informes dan testimonio de violencia extrema contra los refugiados y los migrantes, incluyendo palizas, violencia sexual y asesinatos.

Ricardo Garcia Vilanova

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El coordinador de emergencias Will Turner distribuye raciones de comida en el Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

El coordinador de emergencias Will Turner distribuye raciones de comida en el Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

Hola,

Nada detiene a quien busca para sus hijos no solo pan sino también un techo seguro donde poder dormir sin temor a lo que pasará mañana. A algunos de ellos y a sus críos los estamos sacando del Mediterráneo: los hemos encontrado a bordo de barcos destartalados, de cubiertas resquebrajadas y motores gripados. Viajaban hacinados junto a otros cientos de personas, arriesgando la vida para cruzar el mar rumbo a Europa, con la esperanza de escapar de la violencia y la miseria.

Seguramente lo has visto en los medios de comunicación: en mayo, Médicos Sin Fronteras lanzó una operación de rescate en el Mediterráneo, con el fin de socorrer a personas en riesgo de naufragio y prestarles atención médica. En el momento de escribir estas líneas, nuestros barcos han rescatado a más de 1.800 personas.

Y seguramente, porque nos conoces, te preguntarás: ¿qué hace Médicos Sin Fronteras rescatando a gente en el mar? ¿Qué hace reclutando marineros, aprendiendo de esloras, de corrientes y regulaciones marítimas? La respuesta es sencilla y, precisamente porque nos conoces, no te va a extrañar. No hacemos nada diferente a lo que llevamos haciendo todos estos años con tu ayuda: asistir a las personas que sufren situaciones críticas. Lo que hacemos desde nuestros barcos no es muy diferente de lo que hacemos en nuestros hospitales de campaña: tendemos la mano al ser humano que necesita ayuda urgente, sin importarnos si la razón que les ha puesto en esa situación es una guerra, una epidemia, el hambre, o todas ellas a la vez.

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Las fronteras europeas están asistiendo al surgimiento de una crisis humanitaria donde miles de personas arriesgan su vida por alcanzar la seguridad de Europa y apenas reciben ayuda.

Bebé de tres meses después de ser rescatado por @msf_espana (Agus Morales)

Al fondo, el bote en el que viajaban un centenar de personas. En primer plano, justo cuando suben al barco de MSF © Agus Morales

Al fondo, el bote en el que viajaban un centenar de personas. En primer plano, justo cuando suben al barco de MSF © Agus Morales

Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de las vergonzosas consecuencias que pueden derivar del hecho de que los estados miembros de la Unión Europea (UE) hagan caso omiso de su deber humanitario. La organización médico-humanitaria exhorta a los líderes de la UE a repensar radicalmente sus políticas para ofrecer formas seguras y legales para las personas que buscan refugio y asilo en Europa.

Antes de la celebración de la reunión del Consejo Europeo los días 25 y 26 de junio, MSF pide a los líderes de la UE que destinen, de forma inmediata, los recursos adecuados para que Grecia e Italia puedan asegurar a estas personas una protección adecuada y unas condiciones de acogida dignas en los puntos de llegada. A su vez, los gobiernos de Italia y Grecia deben mostrar un claro compromiso de mejora de las condiciones de los migrantes y solicitantes de asilo que llegan a sus fronteras.

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“Esta es una crisis humanitaria orquestada, creada por el fracaso de la Unión Europea a la hora de poner en marcha políticas y prácticas adecuadas y humanas para hacer frente a este problema”, denuncia Aurelie Ponthieu, especialista de MSF en migraciones. “El deterioro de la situación no se debe a un número inmanejable de migrantes y refugiados sino al resultado directo de las deficiencias crónicas en las políticas de la UE en la gestión de las personas recién llegadas. Los Estados miembros emplean su tiempo en discutir sobre cierre de fronteras, construcción de muros y en lanzarse ultimátum amenazantes entre sí. Eso no va a impedir que la gente venga y, además, socava cualquier esfuerzo de colaboración para ayudar a las personas que lo requieren”.

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Dos duros testimonios de migrantes de Eritrea, que gracias a MSF y MOAS figuran entre los 100.000 que han llegado a tierra en lo que va de año.

Freweini, 38 años, proveniente de Sanaf (Eritrea) ©Julie Remy/MSF

Freweini, 38 años, proveniente de Sanaf (Eritrea) ©Julie Remy/MSF

Freweini, de Eritrea

“Mi nombre es Freweini. Tengo 38 años y vengo de Eritrea. Mi marido está muerto, pero tengo 5 niños –tres míos y dos más que cuido- y mi madre está enferma. Desde que dejé Eritrea hace dos meses todavía no he podido hablar con ellos.

Tres años atrás empecé a tener problemas. Antes de eso podía ir a donde quisiera y me apeteciera. Pero ahora apenas puedo caminar. Tengo que usar muletas y es muy doloroso.

Mi espalda necesita cirugía. Lo he intentado aquí,  pero no tienen lo que se necesita ­-a menos que pudiera encontrar 30.000 dólares.  Así que en sustitución  volví a la medicina tradicional, que usa el fuego. Pero eso no quita el dolor – todo lo que hizo fue quemar mi piel. Ahora tengo marcas por todas partes en mi cuerpo.

Debido a mis problemas en la espalda, decidí encontrar una manera de salir de Eritrea. Los comerciantes locales y otros de mi pueblo me ayudaron a recoger el dinero suficiente para costear el viaje a Jartum, y luego a Libia. Me puse por mi cuenta, caminando con mis muletas. Caminé a Jartum, y luego tomé una camioneta a Libia, desde donde abordé un barco.

Me han ayudado personas por todo el camino. Todo el mundo ha sido amable – levantándome cuando era necesario, e incluso cargando conmigo. Estoy muy agradecido a todos ellos

Cuando llegué al barco no tenía ni idea de cuánto tiempo me tomaría. Entonces tú has venido y nos has rescatado. No me importa a qué país voy de Europa. Todo lo que quiero es una cirugía en mi espalda, y ser capaz de ayudar a mis hijos. Espero que sea capaz de caminar normalmente de nuevo muy pronto”.

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