MÉDICOS SIN FRONTERAS

Entrevista a Côme Niyomgabo, coordinador general de MSF en Mali, sobre la situación humanitaria en el norte del país tras un recrudecimiento de la violencia.

¿Cuál es la situación actual en el norte de Mali?

El norte de Mali sufre una grave crisis desde 2012. A pesar de que en su origen se vinculaba a reivindicaciones fundamentalmente independentistas, desde hace unos años asistimos a una evolución que asume diferentes formas: a las reivindicaciones independentistas se suman también otras de carácter religioso, la lucha por el control de las rutas de contrabando y la instrumentalización de las comunidades en un contexto de criminalidad y escasez de recursos.

Un año después de su firma, el acuerdo de paz de Argel no ha supuesto ningún avance significativo, y los pocos resultados obtenidos pueden verse malogrados por la reanudación de los combates entre los diferentes grupos. El 21 de julio de 2016 se reanudaron los enfrentamientos violentos en la región de Kidal, situada en el extremo norte del país, provocando más de 50 muertos y 82 heridos. Una semana antes de los enfrentamientos, se habían producido manifestaciones en Gao que acabaron en disturbios que se saldaron con varias muertes y una treintena de heridos. Esta evolución refleja en parte la exasperación de la población, que no ve ninguna mejora real en su vida cotidiana a pesar de los acuerdos de paz.

Por otro lado, los actos de delincuencia contra las organizaciones humanitarias continúan.

Esto dificulta seriamente el despliegue de la ayuda humanitaria, pues los enfrentamientos entre los grupos armados, unidos a una alta criminalidad, complican y limitan el acceso de los trabajadores humanitarios a la población.

Ansongo, Mali.

Ansongo, Mali.

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Los programas de quimioprevención de la malaria estacional (SMC) han mostrado resultados prometedores en la reducción de la incidencia de la malaria en la población infantil del Sahel africano.

Quimioprevención de malaria en Madaoua, Níger © Juan Carlos Tomasi

 

La implicación de las comunidades es crucial para llegar al mayor número posible de niños en las zonas más remotas. Al mismo tiempo, con el objetivo de hacer frente a las principales enfermedades que afectan a la población infantil, Médicos Sin Fronteras (MSF)  ha incluido el diagnóstico de la desnutrición y vacunación.

“El jefe de la comunidad nos informó del programa que protegía a los niños menores de 5 años contra la enfermedad del mosquito y nos animó a ir” explica una madre del área de salud de Karofane, en el Distrito de Bouza al sur de Níger, donde MSF lleva a cabo un programa de quimioprevención contra la malaria estacional (SMC en sus siglas en inglés). “El año pasado mis hijos sufrieron mucho por la malaria. Incluso uno de ellos enfermó tanto que lo hospitalizaron. Este año están bien.” MSF proporciona tratamiento preventivo a unos 735.000 niños menores de entre tres meses y cinco años en Níger, Chad y Mali entre los meses de Julio y Septiembre.

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Unos 70.000 refugiados malienses viven en condiciones difíciles en el desierto de Mauritania. MSF hace un llamamiento para que las organizaciones de ayuda humanitaria se esfuercen por atender sus necesidades básicas.

Refugiada maliense en el campo de Mbera, Mauritania © Nyani Quarmyne

Un informe elaborado por MSF bajo el título “Atrapados en el desierto” describe la situación de los refugiados, cuyas esperanzas de volver a casa son exiguas a causa de las tensiones étnicas en el norte de Malí.

Basado en los testimonies de más de cien refugiados en el campo de Mbera, el estudio examina las razones de la huida de los refugiados y revela la complejidad de la crisis en Malí. El conflicto podría durar meses o años, pero los refugiados se enfrentan a un futuro de aislamiento en medio del desierto y de dependencia de la ayuda humanitaria externa.

“Comunidades enteras del norte de Malí se hallan desplazadas dentro de su propio país o se han refugiado en otros países”, dice Henry Gray, coordinador de emergencias de MSF, quien añade: “Muchos de los refugiados son de comunidades tuareg o árabes. Han huido de forma preventiva, a menudo por miedo a la violencia por sus lazos con grupos separatistas o islamistas. En su lugar de origen, el norte de Malí, aún se vive bajo el miedo y la desconfianza”.

MSF trabaja en Mauritania desde la llegada de los primeros refugiados, a principios de 2012, y ha advertido en varias ocasiones de los alarmantes efectos en la salud e los refugiados de las condiciones de vida en el campo de Mbera. En noviembre de 2012, MSF elaboró una encuesta que reveló una situación nutricional crítica y unas tasas de mortalidad por encima de los umbrales de emergencia para los niños de menos de dos años.

La situación médica ha empeorado aún más con la llegada de 15.000 refugiados tras el inicio de la intervención militar francesa y maliense en enero de 2013. El número de consultas en las clínicas de MSF en el campo de Mbera han pasado de 1.500 a 2.500 por semana. El número de niños que sufren desnutrición severa se ha más que doblado: los niños con malnutrición severa bajo tratamiento han pasado de 42 a 106. El 85 por ciento de ellos han llegado al campo entre enero y febrero. Todo ello pese a que el estado nutricional de los nuevos refugiados acostumbra a ser bueno a su llegada al campo.

“Las estadísticas muestran que los refugiados han visto cómo se empeoraba su situación en el campo, precisamente el lugar donde deberían haber recibido asistencia, incluidas raciones de alimentos de organizaciones de ayuda”, destaca Gray. “Claramente, ha habido una falta de preparación para la llegada de nuevos refugiados. La situación ha mejorado en las últimas semanas pero es muy precaria y las organizaciones de ayuda deben mantener su respuesta humanitaria durante el tiempo que sea necesario: el techo, el agua potable, las letrinas, la higiene y los alimentos deben mantenerse en unos estándares humanitarios mínimos”.

MSF tiene programas humanitarios y médicos en las regiones malienses de Mopti, Gao, Sikasso y Tumbuctú, así como en los campos de refugiados en Burkina Faso, Mauritania y Níger. En Mauritania, MSF da apoyo a cuatro centros de atención primaria en el campo de Mbera y en el puesto fronterizo de Fassala, y tiene un quirófano en la localidad de Bassikounou. Desde febrero de 2012, los equipos de MSF han efectuado 85.000 consultas, atendido 200 partos y tratado casi 1.000 niños con malnutrición severa.


Después de los combates registrados en la localidad maliense de Tombuctú el 30 y 31 de marzo, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que trabajan en el hospital de la ciudad trataron a 21 heridos, incluidos 11 civiles. Tres de los heridos perdieron la vida, entre ellos dos civiles.

Campo de refugiados malineses en Mauritania © Nyani Quarmyne

Otras personas han sucumbido a las heridas supuestamente por la imposibilidad de acceder a centros médicos a causa de los combates. Los choques esporádicos entre soldados y grupos armados impiden que los lugareños puedan moverse en Tombuctú. MSF hace un llamamiento a todas las partes en conflicto a que respeten a las poblaciones civiles y a que faciliten el acceso a los centros sanitarios.

Durante más de un año, los equipos de MSF han estado ofreciendo ayuda médica, incluida cirugía, a pacientes y heridos causados por todas las partes en conflicto. En los últimos meses, 40 pacientes han ingresado en el hospital de Tombuctú, donde se efectúan una media de 15 operaciones por semana.  


Además de sus actividades en Tombuctú, MSF trata la malnutrición y la malaria en cuatro centros de salud y en el hospital de Niafounké. MSF también trabaja en Gao, Ansongo, Duoentza, Konna y Boré para intentar cubrir las necesidades médicas relacionadas con el conflicto en el norte de Malí. Los equipos atienden a los refugiados malienses en Mauritania, Níger y Burkina Faso. MSF también ofrece atención pediátrica en un hospital y cinco centros de tratamiento en el distrito de Koutiala (sur de Malí).


El conflicto en el norte de Malí está causando movimientos de población a lo largo del Sahel y las condiciones en los campos donde viven los refugiados son inaceptables.

Refugiados malienses en Fassala, Mauritania. Enero de 2013. © MSF

Aproximadamente 150.000 refugiados, según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), están viviendo en campos situados en Burkina Faso (Ferrerio, Dibissi, Ngatourou-niénié y Gandafabou), Mauritania (Mbera) y Níger (Abala, Mangaize y Ayorou). Médicos Sin Fronteras (MSF) ha estado trabajando en ocho de estos campos desde marzo de 2012 ofreciendo atención primaria y materno-infantil y luchando contra la malnutrición. MSF también está administrando vacunas a los niños de entre 6 meses y 15 años. Los equipos médicos han llevado a cabo 12.000 consultas y han vacunado a 5.000 personas desde el inicio de este año.

Casi 67.000 refugiados (sobre todo mujeres y niños) han llegado a la localidad mauritana de Fassala, fronteriza con Malí, desde enero de 2012. Muchos se habían desplazado en camionetas y burros. “En el paso fronterizo de Fassala, la gente llega sedienta y con signos de fatiga”, cuenta Karl Nawezi, coordinador de MSF en Mauritania. Tras pasar por un proceso de registro, los refugiados esperan en un campo de tránsito hasta que son trasladados a Mbera, una localidad aislada del desierto mauritano, a unos 30 kilómetros de la frontera con Malí.

Precarias condiciones en los campos

En Mbera, los refugiados dependen de la ayuda humanitaria. El número de tiendas de campaña que se han distribuido hasta ahora es insuficiente. Las familias se han agrupado bajo grandes tiendas, algo que las hace más vulnerables. Cansados de esperar, muchos han construido sus propios refugios con esterillas y otros materiales para protegerse de las tormentas de arena. “En Mauritania, como en otros sitios, la gente sufre diarreas, infecciones respiratorias y de la piel a causa de las precarias condiciones de los campos”, resume Nawezi.

El año pasado, la población cruzaba la frontera de una forma más o menos organizada, pero después del incremento de la actividad militar en Malí, unos 14.000 refugiados han huido de Tombuctú, Léré, Goundam, Larnab y Nianfuke. Muchos han llegado prácticamente sin nada después de viajes de muchos días. “Los últimos episodios del conflicto han causado pánico. La gente ha huido por miedo a verse atrapada en el fuego cruzado”, explica Nawezi.

Refugiados malnutridos

La malnutrición es el principal problema en los campos. En noviembre de 2012, una encuesta nutricional reveló que el 17 por ciento de los niños estaba malnutrido y el 4,6 por ciento sufría el tipo más severo de malnutrición al llegar al campo. Los equipos médicos de MSF han ampliado sus actividades para evitar y tratar los casos de malnutrición severa. “El principal reto es asegurarse de que los niños son vacunados, protegidos contra la malaria y tienen acceso a una alimentación apropiada”, considera Nawezi.

MSF ha habilitado centros de nutrición terapéutica y ha ingresado a unos 1.000 niños en los tres países vecinos de Malí. Los pacientes toman leche y alimentos terapéuticos. Los niños malnutridos son más susceptibles de contraer enfermedades como el sarampión, la malaria o la diarrea; su salud debe ser vigilada.

Los refugiados malienses viven en condiciones precarias

MSF es una organización independiente que ofrece ayuda médica bajo los principios de imparcialidad y neutralidad. MSF no recibe ninguna ayuda de los Gobiernos para desarrollar sus actividades en Malí. La organización trabaja en Gao, Ansongo, Douentza, Konna y Mopti, áreas situadas en el norte del país. MSF también gestiona un hospital pediátrico de 350 camas en Koutiala (sur). La organización trabaja en Malí desde 1992.


El doctor José Bafoa ha trabajado como coordinador médico de MSF en la región de Gao (norte de Malí) durante cinco meses. La volátil situación en los últimos días ha alterado el número de pacientes que llegan a los centros de MSF, pero Bafoa asegura que la prioridad de sus equipos es continuar dando ayuda médica a los pacientes.

El doctor José Bafoa © MSF

En la norteña región de Gao, una media de 120 pacientes llega cada día a los centros de salud de Wabaria y Sossokoira, gestionados por MSF. Aunque la estación de las lluvias ha acabado, el 70 por ciento llega con malaria, una enfermedad parasitaria que causa altas fiebres y hace tiritar a los que la sufren. Pese a la guerra, la malaria es el auténtico enemigo al que están haciendo frente los médicos. Sigue siendo la principal causa de muerte en el país y es particularmente peligrosa para los menores de cinco años: muchos de ellos acaban muriendo.

“Desde que empezamos a trabajar en estos centros de salud, en septiembre del año pasado, hemos visto un número constante de pacientes. Hubo una pequeña bajada a mediados de enero con los primeros bombardeos y hace unos días a causa de los combates, pero la cantidad de personas que llega ahora a nuestros centros es de nuevo el habitual”, explica el doctor, quien añade: “Hay un hospital y diez centros de salud alrededor de la localidad de Gao, pero son para una población de 400.000 personas y nos dimos cuenta de que mucha gente no tenía acceso a servicios médicos. En el actual contexto de inseguridad, la gente se mueve y tiene menos recursos. Es muy importante darles atención de calidad y gratuita. Desde septiembre, hemos atendido a 16.000 pacientes”.

Las fuerzas francesas y malienses iniciaron una ofensiva el 11 de enero contra varios grupos armados del norte de Malí. En Gao, el grupo con mayor presencia es el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (Muyao), una escisión de Al Qaeda en el Magreb Islámico.

“La gente huyó por miedo a los bombardeos y las represalias. Algunos huyeron a países vecinos, pero otros se refugiaron en pequeños poblados o entre la maleza, donde las condiciones de vida son muy duras. Así que además de la malaria, hemos visto un aumento del número de pacientes que llegan con diarrea, enfermedades de la piel debido a la falta de higiene e infecciones respiratorias agudas a causa del polvo y el viento”, comenta el doctor Bafoa. “Están llegando cada vez más pacientes con hipertensión y gastritis, seguramente debido al estrés al que se han visto sometidos”, amplía.

El principal objetivo del proyecto es permitir a la población un mayor acceso a los servicios médicos y reducir así la tasa de mortalidad. De hecho, el doctor explica que antes de la intervención de MSF se registraban entre una y dos muertes a la semana en los centros de Gao y alrededores que ahora apoya. Desde octubre, solo se han registrado cinco muertes más. Lo mismo ha sucedido unos 100 kilómetros más al sur, en el hospital de Ansongo: desde la llegada de MSF, la tasa de mortalidad ha bajado del 8 al 1,2 por ciento.

Centro de salud comunitario de Sossokoira, Malí © MSF

En las vastas zonas desérticas del norte de Malí, acercar el tratamiento a los pacientes es otro elemento esencial del proyecto. Durante cuatro meses, los equipos móviles han acudido a zonas remotas, con la premisa de que si los pacientes no pueden venir a nosotros, nosotros iremos a ellos. Pero debido a la colocación de minas en la zona, MSF se ha visto obligada a suspender temporalmente la actividad de estos equipos móviles.

“A través de las clínicas móviles, por supuesto ofrecíamos atención primaria, pero también consultas prenatales para las embarazadas. No sabemos cuándo podremos reanudar estas actividades, pero esperemos que pronto”, dice el doctor.

MSF también abastece otros centros de salud comunitarios con medicamentos y otros artículos. Según el doctor Bafoa, el principal problema tanto en Gao como en Ansongo es la falta de suministros y de condiciones de trabajo adecuadas. “Además de formar y apoyar al personal médico nacional, hemos rehabilitado estructuras ya existentes. En el hospital de referencia de Ansongo, por ejemplo, restablecimos la electricidad y el agua corriente y ahora estamos rehabilitando el quirófano”, explica.

La vigilancia epidemiológica es otro de los ejes del proyecto: los equipos deben estar preparados para responder a cualquier tipo de brote rápidamente. “Necesitamos estar preparados para cualquier eventualidad médica, ya sea una epidemia, heridos de guerra o personas desplazadas –resume Bafoa–. Nuestros equipos fueron en diciembre a apoyar el centro de Ansongo y ahora tratamos a cien pacientes cada día. Aunque había dos colegas malienses que ya hacían cesáreas y ofrecían atención obstétrica, enviamos a un cirujano especializado en heridas de guerra. Nuestros pacientes dicen que quieren la paz. Nosotros estamos a su lado: nos quedamos aquí durante los bombardeos y no los abandonaremos ahora. Esperamos que el sistema de salud se desarrolle y finalmente nos pueda reemplazar. Pero, hasta entonces, nos quedaremos y nos aseguraremos de que la gente de Gao y Ansongo sigue teniendo acceso a una atención médica gratuita y de calidad”.

El doctor José Bafoa trabaja con MSF desde 1999. Antes de Malí, estuvo participando en intervenciones humanitarias en Uganda, Chad, República Centroafricana y su país natal, República Democrática del Congo.

En el norte de Malí, los equipos de MSF trabajan en Gao, Ansongo, Konna, Mopti, Douentza y Tombuctú ofreciendo atención médica primaria, secundaria y respuesta en situaciones de emergencia. MSF también trabaja en el sur del país con un programa pediátrico en la región de Sikasso. La organización humanitaria ayuda a los refugiados malienses en las vecinas Burkina Faso, Mauritania y Níger.

 


Un equipo de MSF ha logrado acceder a la localidad de Konna, en el centro de Malí, después de haber pedido en varias ocasiones autorización para trabajar en esta zona afectada por el conflicto.

© MSF

Dos médicos y dos enfermeros llegaron a la estratégica localidad de Konna desde la cercana población de Mopti. El equipo está evaluando las necesidades médicas y humanitarias pero ya ha podido comprobar el estado del principal centro de salud de la localidad. “Los residentes no han tenido acceso a la salud durante varios días”, lamenta Darío Bertetto, jefe de misión de MSF en Malí, quien añade: “En los centros de salud no había ni personal médico ni pacientes”.

El equipo ha empezado a llevar a cabo consultas y está organizando clínicas móviles para conocer las necesidades médicas de la población. Si fuera necesario, MSF puede dar apoyo al principal centro de salud de Konna. La organización humanitaria también espera que sus equipos lleguen pronto a la cercana localidad de Douentza, donde el reabastecimiento está resultando imposible porque aún no se permite el acceso.

MSF había solicitado de forma insistente a las autoridades malienses y francesas que le permitiese acceder a Konna y había advertido de la necesidad de evaluar la situación humanitaria sobre el terreno.

 


Médicos Sin Fronteras (MSF) llama a las partes en conflicto a autorizar el acceso de equipos humanitarios a la zona de Konna, que permanece sellada por el ejército maliense.

Situación de Konna en Malí © Google

Desde el día 14, MSF ha estado en contacto con las autoridades civiles y militares de Francia y Malí para conseguir enviar equipos médicos a Konna, en el centro del país africano. Hasta el momento, todos los accesos por carretera a esta zona están bloqueados por las tropas malienses.

“Pese a nuestras continuas peticiones, las autoridades continúan negándose a permitirnos entrar en la zona de Konna”, lamenta Malik Allaouna, coordinador de las operaciones de MSF en Malí, quien subraya: “Es importante que la ayuda humanitaria imparcial y neutral sea tolerada en las áreas afectadas por los combates. Llamamos a las partes en conflicto a que respeten tanto a las poblaciones civiles como el trabajo de las organizaciones humanitarias”.

MSF quiere enviar equipos médicos a esta zona para evaluar las necesidades de los malienses y ofrecer asistencia humanitaria.

“Llevamos varios meses trabajando en las áreas controladas por el Ejército y por grupos armados en el norte del país”, recuerda Allaouna. “Pero desde que las fuerzas malienses y francesas iniciaron su ofensiva, no hemos podido cruzar las líneas del frente de batalla pese a nuestra neutralidad. Regiones enteras se están quedando ahora sin ayuda exterior”, lamenta el coordinador.

Pese a todo, las actividades de MSF siguen en las regiones de Mopti, Tombuctú y Gao. En Douentza, donde un equipo de MSF ha estado bloqueado durante varios días, los pacientes han empezado de nuevo acudir al centro de salud en el que trabaja la organización humanitaria.

 


MSF tiene en Malí unos 450 trabajadores nacionales y 50 internacionales. La organización también trabaja en el tercio sureño del país con un programa nutricional en la región de Koutiala, y ayuda a los refugiados malienses en las vecinas Burkina Faso, Mauritania y Níger.


Médicos Sin Fronteras (MSF) exige a las partes en conflicto que velen por la seguridad de los civiles en Malí después de que este fin de semana se registraran bombardeos en Gao, Douentza y Lere.

© Google

Varios puntos de la región norteña de Gao fueron bombardeados el domingo por la mañana, en concreto las localidades de Ansongo y Gao. En esta provincia, MSF trabaja en el hospital de referencia de Ansongo, donde atiende urgencias y ofrece atención primaria, apoya dos centros de salud (uno de ellos en las afueras de Gao) y tiene una clínica móvil.

Más al sur, en Douentza, los ataques aéreos se reanudaron también el domingo. Un equipo médico de MSF está actualmente trabajando en el hospital de esta ciudad, ubicada en la región de Mopti.

“Debido a los bombardeos y los combates, nadie sale a las calles en Douentza y los pacientes no están llegando al hospital”, cuenta Rosa Crestani, coordinadora de emergencias de MSF, quien añade: “Estamos preocupados por la gente que vive cerca de las zonas de combates y llamamos a todas las partes en conflicto a que velen por la seguridad de los civiles y dejen las estructuras médicas intactas”. Entre la noche del 10 y el 11 de enero, MSF ya recibió “varias llamadas alertando de numerosas víctimas y heridos en Konna, entre ellas civiles”, añade Mego Terzian, responsable de la respuesta de emergencias en Malí.

MSF ha enviado dos camiones con material médico y medicamentos para fortalecer los centros de salud de la región de Mopti. Muchos de los habitantes han huido de los combates y algunas zonas se han convertido en ciudades fantasmas.

Tras los bombardeos en Lere (norte de Malí), varios centenares de personas han cruzado la frontera de Mauritania. Los equipos de MSF ya han activado su respuesta de emergencia. “Ya son 200 refugiados los que han llegado por carretera al campo de Fassala, en Mauritania”, resume Karl Nawezi, jefe de los programas humanitarios de MSF en este país, quien explica que muchos otros están intentando huir a pie.

Además de en las mencionadas zonas afectadas por la violencia, MSF tiene equipos trabajando en el hospital de referencia de la región de Tombuctú, adonde han llegado unos doce heridos a causa de los combates, que tienen lugar a unas siete horas por carretera. Otros equipos de la organización humanitaria trabajan en nueve centros de Tombuctú.


 

Durante meses los equipos de MSF han estado trabajando en las regiones malienses de Gao, Tombuctú y Douentza, concentrándose en actividades quirúrgicas y médicas. MSF trabaja también en el sur del país con programas de nutrición en la zona de Koutiala y asistiendo a los refugiados malienses en países vecinos como Mauritania, Níger y Burkina Faso.


Un proyecto piloto a gran escala, llevado a cabo por la organización en dos distritos de Malí y Chad, y consistente en la distribución intermitente de antipalúdicos, está reduciendo drásticamente el número de nuevos casos entre niños pequeños durante la época de mayor transmisión de esta enfermedad.

Un médico de MSF atiende a un niño aquejado de malaria © Olga Overbeek/MSF

Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han administrado medicamentos contra la malaria como profilaxis a unos 175.000 niños de entre 3 meses y 5 años de edad en el distrito de Koutiala, en el sur de Malí, y en dos zonas del distrito de Moissala, en Chad, a través de una intervención conocida como quimioprevención de la malaria estacional (SMC, por sus siglas en inglés). Los niños de este grupo de edad tienen un alto riesgo de morir por malaria debido a que su sistema inmunitario no está plenamente desarrollado. Los resultados preliminares del programa piloto de MSF muestran un descenso de más de dos tercios del número de casos de malaria simple en el área de intervención de Malí y de hasta el 86% en Chad. También se ha registrado una disminución significativa de casos de malaria severa.

“Aunque tenemos que seguir evaluando el impacto de la quimioprevención de la malaria estacional, en términos de su efecto global sobre la salud de la población, los resultados iniciales de nuestra intervención muestran una disminución espectacular del número de casos”, explica la doctora Estrella Lasry, especialista en malaria de MSF.  “Estamos viendo una correlación entre nuestro programa de prevención y que más de la mitad de las camas pediátricas del hospital donde trabajamos en Malí están vacías, algo que nunca habíamos visto en años anteriores durante el pico estacional de malaria, cuando la ocupación de camas era normalmente de más del 100%”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó la SMC en marzo de este año, en base a investigaciones realizadas en varios países de la región africana del Sahel cuya incidencia de malaria estacional es alta. Esta intervención consiste en el suministro intermitente de un ciclo completo de tratamiento de un antipalúdico durante la estación de mayor transmisión de la malaria para prevenir nuevos casos. Para tratar los casos positivos se utilizan fármacos diferentes.

Los programas piloto de MSF se pusieron en marcha en julio y durarán hasta octubre, el pico estacional de malaria en la zona del Sahel (noticias). Se trata de la primera vez que la organización médico-humanitaria lleva a cabo un programa de SMC a gran escala. Unos 165.000 niños en Malí y 10.000 en Chad están tomando un total de tres tabletas de amodiaquina y una de sulfadoxina/pirimetamina durante tres días una vez al mes. Los niños que están enfermos en el momento de la distribución y dan positivo de malaria reciben un tratamiento a base de artemisinina y no se incluyen en la distribución profiláctica de ese mes.

Antes del inicio de la intervención, se llevaron a cabo pruebas en las áreas de Malí y Chad objeto del programa para determinar la resistencia a los fármacos de la quimioprevención de la malaria estacional. No se hallaron resistencias en la muestra representativa de la prueba, aunque periódicamente se llevarán a cabo otras encuestas de resistencia en Koutiala y Moissala.

Datos prometedores

Los equipos de MSF en Malí observaron un descenso del 65% en el número de casos de malaria simple en las semanas siguientes a la distribución del tratamiento. Además, el número de hospitalizaciones asociadas a la malaria cayó de un promedio de 247 por semana a solo 84. En el sur de Chad, los resultados fueron igualmente alentadores; en dos zonas sanitarias del distrito de Moissala la disminución en el número de casos de malaria simple fue de entre el 72 y el 86 %, en comparación con los casos registrados las semanas anteriores a la primera distribución de SMC.

“Esta estrategia de prevención podría ser una extraordinaria medida de salud pública, en particular para proteger a los niños que representan la gran mayoría de las muertes por malaria”, dice la doctora Lasry. “Podemos inspirarnos en nuestros proyectos en Chad y Malí para evaluar la posibilidad de emplear esta estrategia en otros contextos”, añade.

Con todo, MSF considera que se deben seguir apoyando e implementando en los países endémicos otros métodos de prevención de la malaria, como la distribución de mosquiteras e insecticidas, además del adecuado diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.

Según la OMS, se estima que cada año mueren 650.000 personas a causa de la malaria. El 90% de los casos se dan en África subsahariana, principalmente entre los niños pequeños. MSF trató a 1.423.000 pacientes con esta enfermedad en 2011.

MSF lleva a cabo proyectos para el tratamiento y la prevención de las enfermedades más mortales en niños de corta edad en Malí y Chad. Desde principios de 2012, más de 12.000 personas han recibido tratamiento de la  malaria en régimen ambulatorio y 3.500 niños enfermos y/o con desnutrición severa han sido hospitalizadas en el distrito maliense de Koutiala. En el distrito de Moissala, en Chad, más de 18.000 personas han recibido tratamiento contra la malaria en estructuras de salud apoyadas por MSF o por parte de personal no médico formado por los equipos de la organización.