MÉDICOS SIN FRONTERAS

Los grandes picos de malaria que se están produciendo en Sudán del Sur aumentan la posibilidad de una segunda temporada consecutiva de esta enfermedad con cifras muy altas de casos y muertes. Esta situación podría prevenirse si se actúa urgentemente para reforzar el acceso al tratamiento en las zonas de más alto riesgo, según Médicos Sin Fronteras (MSF).

Casi el 60% de los pacientes de esta sala de hospital en Aweil tiene malaria. Agosto de 2015. Fotografía: Jacob Kuehn/MSF.

En 2013, MSF trató a más de 170.000 pacientes de malaria en Sudán del Sur. Ese año el número de pacientes que acudieron a las instalaciones de la organización en busca de tratamiento se triplicó con respecto al total de 2013. El pasado mes de noviembre, MSF ya advirtió de que se debía mejorar el acceso al tratamiento en las zonas más afectadas por la enfermedad. Muchos pacientes llegaban en estado grave y con riesgo de muerte, después de haber emprendido largos trayectos, para recibir atención sanitaria ante la falta de tratamientos contra la malaria en los centros de salud locales. En 2014, la malaria supuso el 72% de todas las muertes causadas por enfermedades en todo Sudán del Sur, según la ONU.

Leer más


Los programas de quimioprevención de la malaria estacional (SMC) han mostrado resultados prometedores en la reducción de la incidencia de la malaria en la población infantil del Sahel africano.

Quimioprevención de malaria en Madaoua, Níger © Juan Carlos Tomasi

 

La implicación de las comunidades es crucial para llegar al mayor número posible de niños en las zonas más remotas. Al mismo tiempo, con el objetivo de hacer frente a las principales enfermedades que afectan a la población infantil, Médicos Sin Fronteras (MSF)  ha incluido el diagnóstico de la desnutrición y vacunación.

“El jefe de la comunidad nos informó del programa que protegía a los niños menores de 5 años contra la enfermedad del mosquito y nos animó a ir” explica una madre del área de salud de Karofane, en el Distrito de Bouza al sur de Níger, donde MSF lleva a cabo un programa de quimioprevención contra la malaria estacional (SMC en sus siglas en inglés). “El año pasado mis hijos sufrieron mucho por la malaria. Incluso uno de ellos enfermó tanto que lo hospitalizaron. Este año están bien.” MSF proporciona tratamiento preventivo a unos 735.000 niños menores de entre tres meses y cinco años en Níger, Chad y Mali entre los meses de Julio y Septiembre.

Leer más


La organización médico-humanitaria intervino durante tres meses en la zona tras ser alertada por las autoridades de una “misteriosa” enfermedad.

Hospital de Lulingu, República Demócrática del Congo. Junio de 2013 © José Sánchez / MSF

Aún en una zona donde la malaria es vieja conocida, los habitantes no dudaron en atribuirlo a la brujería: cada día morían niños en Lulingu y Tchonka, por razones desconocidas. Muchos niños. La zona es extremadamente remota: no lo parecería, porque está a “sólo” 300 kilómetros de la ciudad de Bukavu. Por unos caminos impracticables que suponen un viaje de entre ocho y diez días. O por avión. Que es como tuvo que aprovisionarse el equipo de MSF llamado a intervenir por las autoridades locales ante una epidemia extraña, que mataba a los niños de los pueblos. Tras diagnosticar la enfermedad como un brote muy virulento de malaria y tres meses de intervención con el tratamiento de 7.657 pacientes en los hospitales y centros de salud de Lulingu, Katchungu y Tchonka y reducir drásticamente la tasa de mortalidad, Helena Valencia, coordinadora de terreno de la emergencia valora la operación.

“Ha sido una intervención muy satisfactoria, la gente lo atribuía a algún tipo de brujería porque la tasa de mortalidad entre los niños era muy elevada, morían cada día en el hospital de Lulingu unos ocho niños. Tras nuestra llegada, con un diagnóstico acertado, la gente pudo ver que con tratamiento adecuado, en tres días la enfermedad revertía y ya no tenían que enterrar a sus muertos”.

En la zona de Lulingu, donde MSF ya había intervenido en una operación de emergencia similar el pasado año, la malaria es endémica. Con numerosos estanques, los mosquitos portadores de la enfermedad se multiplican. En una zona minera, donde apenas se cultiva mandioca para sobrevivir y se complementa con pescado seco extraído de los estanques, la malaria se ceba. Especialmente en los pequeños, con menos defensas. Si se presenta con complicaciones, con desnutrición, con sarampión o se agrava al crear anemia en el infectado, la letalidad se dispara y los niños son los más afectados.

“Es una zona muy pobre, pueblos que vivieron épocas mejores en el pasado, pero en los que ahora no hay ninguna inversión, no hay trabajos, sólo hay minería extractiva ilegal y una zona muy volátil controlada por señores de la guerra, grupos armados. En las inmediaciones se encuentra una de las minas de oro más importante del Este de Congo”, contextualiza Valencia, “no hay opciones de progreso. Es tierra de nadie y en conflicto entre los Raïa Mutomboki (grupos armados de autodefensa) y las FARDC (ejército regular de RDC)”.

Como en el resto del país, la opción de acudir al hospital no es la prioritaria cuando se enferma, porque tienen que pagar por los servicios médicos.” Así que prefieren ir a la “chambre de priére” y encomendar su enfermo a los representantes religiosos. Sólo cuando el paciente está muy grave se plantearán acudir al hospital”. Y a eso hay que sumarle que llegan desde pueblos distantes, lo que puede suponer largas horas caminando: entonces los enfermos ya llegan extremadamente graves. La intervención de MSF, gratuita para la población, tuvo, lógicamente, un efecto llamada, “llegaron muchos pacientes y se pudieron salvar a muchos”.

La operación supuso transportar por avión todo el material necesario: generadores, medicinas, instrumentos de diagnóstico, motos para facilitar el desplazamiento en la zona, “para desmantelar la emergencia fueron cuatro toneladas de material y 24 personas las que trasladamos”. MSF completó asimismo una campaña de prevención mediante el reparto de 15.000 mosquiteras cedidas por UNICEF que supuso movilizar también a promotores de salud comunitarios que explicaran la necesidad de utilizarlas correctamente y la importancia de detectar la enfermedad lo antes posible para una cura más efectiva y rápida. La organización médica realizó una donación de material al hospital de Katchungu, mientras en Lulingu, en el hospital se rehabilitó y organizó el espacio de farmacia, mientras se formó al personal de laboratorio en el diagnóstico precoz de la enfermedad.

“El cierre de la emergencia se hizo de forma natural. La gente, en la calle incluso, te paraba, estaba muy agradecida porque los niños habían dejado de morir. Sabían que MSF había estado antes, habíamos vuelto entonces y por ello confían que si vuelve a suceder algo similar regresaremos. Se hizo un acto público, se les informó de que su situación y seguiremos haciendo controles epidemiológicos”.


Malaria y desnutrición se ceban con la población de un país que vive anclado en una situación de emergencia crónica.

Proyecto de emergencias pediátricas en Bria, RCA. Agosto de 2013. © Jacob Zocherman/Kontinent

Si bien es cierto que la República Centroafricana lleva décadas sumida en un profundo caos político y militar, en los últimos años sus problemas se han agravado hasta un punto que resulta completamente crítico. A día de hoy el país se encuentra anclado en una situación de emergencia humanitaria crónica que ha tocado su techo con el golpe de Estado del marzo pasado. Desde entonces, y a pesar del tiempo transcurrido, el escenario en el que vive la gran mayoría de centroafricanos no ha hecho más que empeorar.

En un momento en el que el número de casos de malaria toca su pico anual, y haciendo frente a una importante escasez de equipos médicos y de personal sanitario, el sistema de salud, ya debilitado por los largos años de crisis, es incapaz de satisfacer las cada vez más acuciantes necesidades médicas de la población. Como prueba de ello, las campañas de vacunación y el suministro de medicamentos, en especial todos aquellos destinados a tratar a los pacientes con tuberculosis y VIH/SIDA, se han interrumpido ante el aumento de la violencia y la inseguridad.

Paoua – un lugar tranquilo que ha visto interrumpida su apacible calma

En varias regiones del país, MSF ha adaptado las actividades que llevaba a cabo a la nueva situación. En otros lugares, la organización ha abierto nuevos proyectos con los que tratar de aliviar las necesidades de la población. En Paoua – una ciudad en el noroeste del país que hasta ahora había permanecido relativamente al margen de los acontecimientos, y que en gran parte se había librado de sufrir los enfrentamientos y la violencia que imperan en República Centroafricana - la situación de seguridad se ha deteriorado considerablemente en las últimas semanas. El hospital de referencia de la ciudad, donde MSF lleva trabajando desde el año 2006, recibe con preocupante frecuencia a muchos heridos de bala, en ocasiones hasta 5 ó 6 en un mismo día. Mucha gente de los alrededores de Paoua está huyendo de sus casas ante la amenaza de nuevos ataques por parte de hombres armados y por el temor a las atrocidades que se puedan cometer.  “Cientos de personas han llegado hasta Paoua huyendo del conflicto, lo que supondrá un incremento importante en el volumen de trabajo del hospital. Estamos reforzando las áreas de pediatría, cirugía, maternidad, hospitalización y tratamiento del VIH y la tuberculosis y ya hemos puesto en marcha varias campañas de vacunación”, afirma Ellen van der Velden, coordinadora general de MSF.

Bria – un nuevo programa pediátrico y de vacunación

El 5 de agosto se inauguró en Bria, una localidad situada al este del país, un programa pediátrico para niños de hasta 15 años. “En esta zona totalmente abandonada y aislada, cuya situación sanitaria fue evaluada por MSF en mayo pasado, recibimos a casi 800 pacientes ambulatorios en la primera semana de actividades. Y el número no ha dejado de aumentar desde entonces”, comenta Jordan Wiley, coordinador general de otra de las secciones de MSF. “Más de tres cuartas partes de los niños que vimos sufrían malaria. Tuvimos que hospitalizar a 36 de ellos, particularmente a los que sufrían las formas más graves de la enfermedad y también a aquellos con infecciones respiratorias o diarrea. Por otro lado, estamos tratando de poner todos nuestros esfuerzos en reiniciar los programas de vacunación en la zona”, concluye Jordania.

Boguila y Bossangoa – malaria, víctimas de la violencia y desnutrición

Tanto el proyecto regular de Boguila, como el que se acaba de abrir para cubrir la emergencia en Bossangoa, localidades situadas ambas al norte de la capital, se enfrentan a la cada vez mayor afluencia de nuevos casos de desnutrición y la malaria. Los enfrentamientos entre los diferentes grupos armados que operan en la región de Bossangoa -cuyas víctimas son tanto combatientes como civiles- son una constante en las últimas semanas. Los equipos de MSF se centran en el tratamiento de la malaria, la diarrea y la desnutrición, así como en la atención a las víctimas de la violencia, entre los cuales se dan muchos casos de víctimas de violencia sexual. Actualmente se llevan a cabo unas 200 consultas diarias para niños menores de cinco años y también se ha reanudado el tratamiento antirretroviral y contra la tuberculosis a 350 pacientes que no disponían de acceso a sus medicamentos desde que tuvo lugar el golpe de Estado.

En Boguila, muchas de las familias que tuvieron que huir de sus casas a causa de la violencia siguen viviendo ocultas en el monte, sin medios de subsistencia y expuestas a los elementos. Los equipos ambulatorios de MSF acuden a su encuentro y día tras días se llevan de vuelta con ellos un gran número de niños enfermos y/o desnutridos que requieren hospitalización. En julio de 2013 se proporcionaron 8.556 consultas, frente a las 5.673 del mismo mes en el año anterior.

Batangafo – 31.500 casos de malaria en 7 meses

El hospital Batangafo, localidad situada en centro-oeste del país, ha presenciado un incremento brusco y repentino en el número de pacientes que ingresan con lesiones provocadas por la violencia: en apenas unas semanas han sido ingresados 18 heridos de bala entre los que hay tanto combatientes como civiles. Los equipos de MSF siguen trabajando en el hospital y también en algunos centros de salud ubicados en las afueras de la ciudad. Tres veces a la semana, los equipos móviles de MSF se desplazan por la región para prestar asistencia a aquellas personas que siguen sin poder regresar a sus hogares. La malaria continúa siendo la principal patología encontrada: 31.556 casos entre enero y julio (unos 4.500 de media cada mes), de los cuales 1.818 tuvieron que ser hospitalizados. El 83% de los 1.818 pacientes hospitalizados en este período son niños menores de cinco años de edad que sufrían malarias graves con complicaciones por anemia y/o desnutrición severa. Entre enero y julio de 2013, el hospital recibió un total de 38.000 pacientes, lo cual supone un incremento de 5.000 pacientes con respecto al mismo periodo del año anterior.

MSF amplió a principios de agosto sus actividades en la región, lo cual ha llevado a que uno de sus equipos esté trabajando ahora mismo en Bouca, a unos 100 km. de Batangafo, con un programa de atención médica destinado específicamente a las madres y a sus hijos. De los 1.200 pacientes que han pasado por la consulta desde la apertura de este proyecto, 700 sufrían malaria. Del mismo modo, en los hospitales de Kabo y Ndele, en el norte de la RCA, la mayoría de las consultas fueron por casos de malaria (14.268 casos de un total de 35.424 consultas en Kabo y 4.916 casos de un total de 15.774 en Ndele). Asimismo, durante el primer semestre del año, en los 11 centros de salud que MSF apoya en la región, se llevaron a cabo un total de 52.169 consultas más.

Gadzi – luchando contra el sarampión, la desnutrición y la malaria

En Gadzi, al oeste de la República Centroafricana, MSF ha abierto un nuevo programa de emergencia pediátrica para luchar contra la epidemia de sarampión. “En los próximos días vacunaremos contra la polio a unos 12.000 niños menores de cinco años, que recibirán también un tratamiento contra los parásitos intestinales”, explica Sylvain Groulx, coordinador de la tercera sección de MSF presente en el país. “El otro objetivo de este nuevo proyecto es hacer un seguimiento y monitorear el estado nutricional de los niños. Se han establecido siete centros nutricionales en la zona y hemos instalado un centro de estabilización para los casos más graves en el propio Gadzi. En las pocas semanas que lleva abierto, se han llevado a cabo 1.175 consultas, de las cuales un 60% se debieron a casos de malaria”.

Bangui – la violencia también toca a los equipos de MSF en la capital

La madrugada del 27 de agosto, entre 4.000 y 5.000 personas se vieron obligadas a huir de sus hogares ante la nueva incursión de Seleka en uno de los barrios ubicados al norte de Bangui. Los vecinos corrieron a buscar refugio en la pista del aeropuerto de la ciudad, bloqueando el tráfico aéreo del país durante horas.

Hace una semana, un equipo de trabajadores de MSF fueron atacados en Bangui por hombres uniformados y armados. El vehículo en el que se desplazaban fue robado, aunque posteriormente pudo ser recuperado. Esta nueva agresión se suma a los otros muchos incidentes de seguridad que los trabajadores e instalaciones de la organización han sufrido durante los últimos meses.

 


“MSF reitera su llamamiento al Gobierno central para que asegure la protección de su población y para que las estructuras y personal médico de la organización sean respetados. Estamos verdaderamente preocupados ante lo que está ocurriendo en RCA y ante la evolución más que incierta de la situación actual. Hemos constatado que la inseguridad y el número de incidentes violentos están aumentando de una manera muy alarmante. Y son las personas, nuestros pacientes, los que están sufriendo en primer lugar las consecuencias del conflicto. RCA se enfrenta a una grave crisis humanitaria y de salud que no sabemos cómo va a evolucionar “, comentan los tres coordinadores de MSF.

 


Médicos Sin Fronteras (MSF) ha lanzado una intervención de emergencia en el sudeste de Chad en respuesta al incremento alarmante de casos de malaria.

© Kevin Hill/MSF

Desde principios del mes de agosto, la organización ha notado un incremento importante en la malaria en su proyecto a largo plazo en Am Timan, región de Salamat, donde la malaria representó más del 80 % de las consultas. Muchos de los casos más graves se están viendo en niños menores de cinco años. Los equipos de MSF informan que el 73% de los pacientes que tratan en sus clínicas también padecen la enfermedad que contagian los mosquitos.

“El objetivo de nuestra respuesta de emergencia es mejorar el diagnóstico y tratamiento temprano de la malaria no grave y mejorar el tratamiento de las formas graves y complicadas de la enfermedad”, afirma Jason Mills, Jefe de la Misión de MSF en Chad. “Mucha gente que vive fuera de la ciudad de Am Timan tiene acceso limitado a la atención sanitaria.  La mayoría de gente que está muriendo de malaria en estos momentos fallece en sus hogares”.

En respuesta, MSF ha enviado un equipo médico de emergencia para responder a la situación. El equipo está prestando apoyo a los centros de salud locales con las pruebas diagnósticas para la malaria y suministros para su tratamiento. Además, están formando al personal del Ministerio de Salud, y fortaleciendo el control epidemiológico. Desde que empezó la intervención de emergencia el número de casos de malaria que MSF ha detectado ha aumentado diez veces. Al final de la primera semana de agosto los equipos informaron de 1.228 nuevos casos de malaria. Al final del mes, los equipos de MSF informaron que solo en el mes de agosto se han reportado 14.021 nuevos casos de malaria.

“Si bien la malaria es endémica de Chad, la tasa de infecciones de este año supera todas las previsiones” explica Cristina Mach, Coordinador Médico de MSF en el país. “Los diagnósticos y suministros existentes para el tratamiento en el país están gravemente limitados”.

Además, MSF también ha aumentado su capacidad para tratar los casos graves de malaria en el hospital de la ciudad de Am Timan erigiendo una tienda de tratamiento de la malaria dentro de las instalaciones del hospital. Aquí se admiten a diario los casos no complicados para tratamiento y observación. Las dos primeras semanas, se han tratado más de 1.400 casos en la tienda. La organización también planea distribuir mosquiteros en los hogares de las zonas afectadas y realizar una campaña pública de educación.

MSF planea seguir con su respuesta de emergencia ante el brote de malaria en la ciudad de Am Timan y alrededores hasta el final de la temporada de lluvias, a finales del mes de noviembre.

Aldea Mirer, distrito de Am Timan, Chad

Halima Ibrahim, mujer de cerca de cincuenta años, describe lo que le pasó a su hija de ocho años, Salimata Ali.

“Todo empezó a finales del mes de julio. Mucha gente de nuestra aldea fue atacada por un espíritu extraño que los hacía temblar y actuar de forma alocada. ¡Casi todas las familias lo padecieron! Los educadores de salud nos dijeron que era malaria y que fuéramos al hospital, pero el más cercano se encuentra en Am Timan, a unos 50 kilómetros de distancia. Es muy difícil llegar hasta allí y la gente no tiene dinero para hacer el viaje. Mucha gente moría en sus hogares y todos teníamos miedo. El gobierno construyó un centro de salud en nuestra aldea, pero no hay enfermera y permanece cerrado.

Mi hija Salimata empezó a estremecerse hace una semana, también se quejaba de que le dolía la cabeza y las articulaciones. Rezamos pero la enfermedad no se iba y empeoraba. Fue entonces cuando decidí llevarla al médico choukou (curandero local) quien le dio dos pastillas. Al día siguiente, Salimata estaba mejor del dolor de cabeza, pero seguía estremeciéndose y no podía hablar bien. El ‘jefe de la aldea’ vino a nuestro recinto acompañado por los médicos de MSF. Examinaron a Salimata para ver si tenía malaria. ¡Me mostraron una máquina con dos barras rojas en medio y me dijeron que eso significaba que Salimata tenía malaria! Me dieron un medicamento para dárselo a ella durante tres días. Ahora mi hija ya está mucho mejor.  Todavía no puede comer bien pero ha mejorado mucho, ¡es un milagro!

Soy viuda y no tengo mucho. Sin MSF, Salimata hubiera muerto, igual que tantos otros niños de nuestra aldea”.


Níger, 22 de agosto de 2013. Durante las semanas previas al comienzo de la temporada de lluvias, y mientras se preparaban para hacer frente a la más que posible llegada de la crisis alimentaria, varios equipos de Médicos Sin Fronteras han estado distribuyendo en diversas regiones de Níger cientos de miles de tratamientos para prevenir la malaria.

Mercado de Guidan Roumdji, Níger. © Tanya Bindra / MSF

Con la llegada de la temporada de lluvias, año tras año los mosquitos comienzan a reproducirse en el agua estancada, lo cual aumenta exponencialmente el riesgo de contraer la malaria. Por ello, con el fin de evitar que miles de personas lleguen a padecer la enfermedad, los equipos de MSF acaban de completar una primera ronda de quimioprevención de la malaria estacional (SMC, por sus siglas en inglés), un nuevo método preventivo que está reconocido y recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde el año pasado.

Es la primera vez que la SMC se utiliza en Níger. El tratamiento, introducido en el país por equipos de MSF que trabajan junto a los profesionales del Ministerio de Salud, está dirigido a niños de entre tres meses y cinco años, que reciben tres dosis al mes durante los cuatro meses de la estación lluviosa. Hasta el momento, más de 184.000 niños de unas 1.000 aldeas de los distritos de Magaria, Guidan Sori, Moulé, Tafo, Sabon Guida, Bouza y Madaoua han recibido las dosis iniciales. Los más de 1.850 agentes comunitarios que trabajan con los equipos internacionales de MSF visitan las aldeas de la zona, sensibilizan acerca de la importancia de protegerse de la enfermedad, distribuyen el medicamento y alientan a los padres para que se aseguren de que los niños reciban las 12 dosis necesarias.

Como ya es sabido, más de 600.000 personas mueren cada año de malaria. Sin embargo, las estimaciones más recientes de la OMS indican que en la última década el número de casos ha disminuido en un 25 por ciento, lo cual viene a decir que se han logrado evitar más de un millón de muertes, la gran mayoría entre los menores de cinco años en África subsahariana.

La mejora del acceso a las pruebas de diagnóstico rápido, así como las terapias combinadas basadas en artemisinina (ACT) han revolucionado durante los últimos años el tratamiento de la malaria en los países en desarrollo. La SMC supone un nuevo motivo de esperanza en la lucha contra esta enfermedad, pues a través de este nuevo enfoque basado en la prevención, ya se ha demostrado que el número de casos de malaria se puede llegar a reducir hasta en un 80%.

Resultados alentadores que no deberían hacer que bajemos la guardia

En 2012, MSF puso en marcha en Malí y Chad un programa piloto de similares características al de Níger. Más de 200.000 niños sanos recibieron la SMC con unos resultados que no podrían haber sido más alentadores: en Malí se observó un descenso del 65% en el número de casos de malaria simple en las semanas siguientes a la distribución del tratamiento. Además, el número de hospitalizaciones asociadas a la enfermedad cayó de un promedio de 247 por semana a solo 84. En el sur de Chad, los resultados fueron igualmente buenos; en dos zonas sanitarias del distrito de Moissala la disminución en el número de casos de malaria simple fue de entre el 72 y el 86 %, en comparación con los casos registrados las semanas anteriores a la primera distribución de SMC

“A pesar de estos resultados alentadores, no hay que caer en la tentación de pensar que ya está todo hecho”, advierte Anja Wolz, coordinadora médico de MSF en Níger. “La SMC nos permite reducir la tasa de mortalidad y el número de casos de malaria en los países donde hay un acceso limitado a la atención. Sin embargo, la principal prioridad es seguir aumentando el suministro de mosquiteras e insecticidas, así como el diagnóstico y el tratamiento de los casos de malaria. Además, la SMC sólo es relevante en las regiones donde la malaria es estacional, en lugar de endémica, ya que la distribución del tratamiento durante todo el año sería una tarea casi imposible”.

Malaria y desnutrición, una combinación fatal

“Esperamos que la SMC juegue a partir de ahora un papel importante para la prevención de la malaria en Níger”, explica Wolz. “Para los niños menores de cinco años resultaría vital, ya que en esta época del año tienen que hacer frente no sólo a la malaria, sino también a las crisis alimentarias. Y ya sabemos que la malaria combinada con la desnutrición es una combinación que suele resultar fatal”.

Durante el período de transición marcado por la temporada de lluvias es cuando las reservas de alimentos comienzan a agotarse. Los precios de los productos en los mercados comienzan a alcanzar su pico anual y, a la espera de que el tiempo se estabilice, la siguiente cosecha ni siquiera se ha plantado todavía. La desnutrición y la malaria son los dos enfermedades que más afectan a los niños durante estos meses. “Es como un círculo vicioso: sin acceso a alimentos ricos en micronutrientes, muchos niños sufren de desnutrición. Los niños desnutridos tienen menos inmunidad a las enfermedades en general, y por lo tanto son más susceptibles a contraer una malaria con complicaciones. La malaria por su parte debilita el metabolismo y conduce a la pérdida de apetito en los niños pequeños, así que si no es por un lado, al final es por el otro, pero lo que está claro es que ambas enfermedades tienen muchas posibilidades de acabar asociándose”, continúa Wolf.

Paralelamente a la campaña de SMC, MSF ha hecho el seguimiento nutricional de unos 128.000 niños de edades comprendidas entre los 6 meses y los 5 años y ha tratado a todos aquellos que sufrían desnutrición severa. Los equipos de la organización se mantienen por el momento en estado de alerta y siguen preparados para responder a las necesidades médicas de este período tan crítico.

Alto índice de desnutrición en algunas regiones de Níger

Este año, los niños menores de cinco años han sufrido niveles excepcionalmente altos de desnutrición en algunas regiones de Níger, sobre todo en la región de Maradi. En Madarounfa, MSF ha atendido casi el doble de niños desnutridos en 2013 que en el mismo periodo de 2012 (5.455 frente a 3.985).

El doctor Chantal Gamba, coordinador general de MSF en Níger, dice que muchos de estos niños sufren marasmo (una forma grave de desnutrición caracterizada por presentar edemas), así como malaria o deshidratación severa. “En el último año nos hemos visto obligados a aumentar nuestro número de actividades y de proyectos y no nos ha quedado más remedio que adaptar nuestra forma de trabajar a esta nueva situación: hemos adecuado más espacio hospitalario para poder admitir a más niños y hemos aumentado los recursos humanos y materiales para poder garantizarles un cuidado adecuado”.

Las cifras que han hecho públicas las autoridades de Níger indican que Maradi es la única región del país afectada por focos de desnutrición. Y según las cifras que maneja MSF, efectivamente el estado nutricional de los menores de cinco años ha mejorado ligeramente en este 2013, ya que la desnutrición aguda representa un 13,3% de la población a nivel nacional, mientras que la desnutrición aguda severa “sólo” llega en esta ocasión hasta el 2,6%. Si extrapolamos estas cifras al número total de personas, esto significa que 376.000 niños de Sudán del Sur sufren de desnutrición. De todos ellos, 77.000 en la forma más severa de esta enfermedad.

El trabajo de MSF en Níger está dirigido principalmente a mejorar la salud de los niños menores de cinco años y de las mujeres embarazadas, centrándose particularmente en la prevención y tratamiento precoz de la desnutrición. En 38 centros de salud de las regiones de Zinder, Maradi y Tahoua, los equipos de MSF llevan a cabo programas de distribución de alimentos terapéuticos para sus pacientes ambulatorios. Los niños que necesitan atención hospitalaria son ingresados en los centros nutricionales intensivos de Zinder, Magaria, Madarounfa, Guidan Roumdji, Madoua y Bouza. MSF trabaja en Níger desde 1985 y desde hace algo más de un año ha estado proporcionando atención primaria y hospitalaria en Abala, una localidad de Tillabéri, la región que acoge a la mayor parte de los refugiados de Mali.


Los equipos de MSF han tratado de urgencia a más de 2.500 personas afectadas por malaria en el área de Lulingu y Tchonka (en Kivu del Sur, República Democrática del Congo) desde principios de mayo, cuando las autoridades sanitarias locales pidieron la intervención de la organización médica dado que temían la eclosión de un brote de meningitis.

La intervención, a cargo del equipo de emergencia de MSF en Kivu del Sur (Réponse d’Urgence  Sud Kivu – RUSK), está previsto que se extienda hasta finales de agosto, dado el elevado número de pacientes que llegan al hospital de Lulingu  y al centro de salud de Tchonka.

Tan pronto como se dio la alerta, seis miembros del RUSK se trasladaron en motocicletas (que facilitan el llegar a zonas con carreteras y caminos complicados o casi inexistentes), para hacerse cargo de la situación, verificar los datos aportados por las autoridades locales e iniciar el proceso de diagnóstico de la enfermedad. Se efectuaron pruebas de diagnóstico tanto para meningitis como para malaria, dado que la malaria es endémica en la zona y ambas enfermedades pueden presentar síntomas similares (fiebre muy alta y convulsiones) y afectan también en gran manera a menores de quince años.

Una vez finalizadas las pruebas, se descartó la posibilidad de meningitis: los enfermos padecían malaria, en un brote muy virulento de la enfermedad que se hizo acompañar de una mortalidad inusualmente elevada (más del 5% de los hospitalizados, o uno de cada veinte, sin tener en cuenta aquellos que fallecieron sin llegar a los centros de salud).

El equipo de intervención, reforzado con once trabajadores locales y cinco internacionales, decidió iniciar su trabajo en Lulingu con el objetivo de reducir la mortalidad en el hospital mediante el diagnóstico rápido de la enfermedad y el tratamiento de los pacientes, con especial refuerzo en las áreas de pediatría y obstetricia. Desde el 4 de mayo, 1.526 personas han recibido tratamiento con artesonato y, si lo requerían, han recibido transfusiones de sangre (la malaria puede causar anemia severa y los pacientes requieren de aportaciones de plaquetas vía intravenosa, por lo general en donación procedente de familiares sanos).

La intervención ha supuesto reducir la mortalidad en el centro hasta el 1,29% por el momento.

Posteriormente los equipos decidieron ampliar su actividad en Tchonka, otro de los epicentros del brote de malaria y cuyos enfermos acudían en gran número a Lulingu. Hasta el momento, en el centro de salud de la población de las 1.359 consultas practicadas, 925 son casos de malaria confirmados.

Las tareas del RUSK en una operación de estas características no se limitan a la reducción de la mortalidad y tratamiento de casos, dado que la prevención y la información pública sobre la enfermedad son asimismo vitales para que la población pueda detectar sus síntomas lo antes posible y buscar tratamiento médico. “La detección temprana es indispensable para un tratamiento más corto (por lo general de una o dos semanas), pero la prevención e información (enfatizar, por ejemplo, el uso correcto de las mosquiteras) es muy importante para evitar la extensión del brote”, explica Liliana Palacios, coordinadora médica de los proyectos en RDC.

El elevado número de pacientes que llegan a los centros sanitarios de Tchonka y Lulingu hace prever a los equipos que la intervención de emergencia pueda extenderse hasta finales de agosto.

La malaria es la causante de un 40% de la mortalidad infantil en la RDC. Los equipos de MSF trataron en 2012  a más de 434.300 afectados por la enfermedad en sus proyectos y operaciones de emergencia en de Kivu del Norte, Kivu del Sur, Katanga, Ecuador, Oriental y Maniema.


MSF trabaja en RDC desde 1981.


En el Día Mundial de la Malaria, Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que un aumento de la malaria puede tener graves consecuencias para la población de la provincia Oriental de la República Democrática del Congo (RDC) a menos que se adopten acciones inmediatas. La lucha contra los brotes recurrentes de la enfermedad en la provincia requiere un compromiso firme por parte de las autoridades congoleñas de salud y las organizaciones de ayuda, según MSF.

Bebé paciente de malaria en la provicia Oriental de RDC, julio de 2012 © Aurelie Lachant / MSF

Con la estación de lluvias a punto de comenzar, la situación es crítica en áreas remotas de la provincia Oriental, donde la malaria es una de las causas principales de mortalidad, de acuerdo con el coordinador de emergencias, Narcisse Wega. “Demasiados centros de salud carecen de los medios necesarios para afrontar un nuevo brote, lo que es completamente inaceptable”, dice Wega.

El brote de malaria, además, está previsto que se conjugue con una epidemia de sarampión que se cernirá en la provincia, y serán los menores de cinco años los más vulnerables.

En el último año, MSF ha actuado de emergencia para responder a un aumento dramático de casos de malaria graves en los distritos nortes de la ciudad de Kisangani. En las áreas de Ganga-Dingila, Buta y Aketi, casi 60.000 personas recibieron tratamiento y más de 3.500 tuvieron que ser admitidos en el hospital aquejados por la enfermedad.

Dos estudios de mortalidad llevados a cabo por MSF en 2012 muestran una mortandad extremadamente elevada en niños menores de cinco años. En la región de Pawa, los índices de mortalidad multiplicaron los niveles de emergencia por tres, con más de un niño muerto de cada diez, por no recibir tratamiento adecuado. Esta no es una situación única en RDC, donde los brotes son recurrentes también en las provincias de Maniema, Ecuador y Katanga.

La respuesta de emergencia de MSF durante 2012 reveló grandes deficiencias en el sistema de salud, y ello contribuyó a la severidad del brote. La misma situación se repite este año: las mosquiteras no han llegado a las áreas más vulnerables, así como tampoco suficientes equipos para diagnóstico rápido, de transfusión de sangre o medicamentos. Los equipos de transfusión son vitales para niños que sufren anemia causada por la malaria. Estos materiales indispensables no se encuentran en las listas de suministros requeridos por los donantes. El coste de los servicios de salud en RDC también impide a mucha población el acceso al tratamiento que necesitan.

MSF hace un llamamiento a la acción urgente de todos aquellos involucrados en la lucha contra la malaria en DRC. Tratamientos adecuados y pruebas rápidas de diagnóstico deben ser puestos a disposición de la población de la provincia Oriental lo antes posible, mientras que medidas de prevención como la distribución de mosquiteras debe iniciarse inmediatamente, antes de que el pico estacional de malaria se encuentre ya en apogeo. Si la actuación no es rápida y efectiva, MSF teme que las consecuencias para la población sean trágicas.

 

MSF trabaja en la RDC desde 1981. En 2012, MSF trató a más de medio millón de personas con malaria en el país, incluyendo un número muy elevado de niños menores de cinco años.


La temporada de lluvias y el aumento de la malaria coinciden con la época de mayor escasez de alimentos.

 

En 2013, se prevé tratar a 1,4 millones de niños con desnutrición aguda severa en Sahel; 1 de cada 5, en Níger.  Médicos Sin Fronteras (MSF) ha comprobado un aumento de los casos de desnutrición durante el primer trimestre del año, en relación al mismo período de 2012, en varios de sus proyectos en el sur del país. El número de casos de malaria tratados por la organización en algunas zonas también se ha incrementado en las últimas semanas. Con la estación lluvias a punto de empezar, y más picos de desnutrición y malaria previstos, MSF considera esencial trabajar en un enfoque integrado que se centre tanto en la prevención como en el tratamiento para reducir el impacto de las crisis médicas y nutriciones en los niños menores de 5 años en Níger.

En 2012, un pico de malaria más prematuro y prolongado provocó un gran aumento del número de niños desnutridos que tuvieron que ser ingresados con malaria severa y tratados de forma hospitalaria. Una encuesta de mortalidad retrospectiva realizada por MSF en los distritos de Madaoua y Bouza en 2012, reveló una tasa de mortalidad en menores de 5 años de 7 muertes por 10.000 niños al día; el triple del umbral de emergencia. Más de la mitad de las muertes se debieron a la malaria. Los datos no son extrapolables a todo el país pero muestran la grave situación humanitaria que se vivió en algunas zonas.

La malaria y la desnutrición están muy relacionadas. La época de escasez de alimentos entre cosechas, cuando se dan más casos de desnutrición, coincide con la estación de lluvias, cuando los mosquitos se reproducen y el número de casos de malaria se dispara. Ambas enfermedades crean un círculo vicioso: los niños desnutridos poseen un sistema inmunológico más debilitado así que son más vulnerables a enfermedades como la malaria y los niños enfermos de paludismo tienen más probabilidades de padecer desnutrición.

“Tenemos que actuar con urgencia para evitar que tantos niños sigan muriendo de causas prevenibles”, afirma Luis Encinas, responsable de proyectos de MSF en Níger, y añade: “Para combatir malaria y la desnutrición necesitamos enfoques innovadores y trabajar en dos niveles al mismo tiempo: el preventivo y el curativo”.

 

© Juan Carlos Tomasi / MSF

 

En los últimos años, las estrategias para luchar contra la desnutrición incluyen la prevención como uno de los componentes claves para abordar el problema. De igual manera, es imprescindible trabajar más en la prevención de la malaria, aplicando nuevas estrategias que ya han demostrado su eficacia.

En este sentido, MSF prevé implementar en algunas zonas de Níger una nueva estrategia para prevenir la malaria, conocida como quimioprevención de la malaria estacional (SMC, por sus siglas en inglés) que consiste en el suministro intermitente de un ciclo completo de tratamiento antipalúdico durante la época de malaria para prevenir nuevos casos. MSF implementó con éxito esta estrategia en Chad y Mali durante 2012, consiguiendo disminuir en un 66% el número de casos de malaria simple en Mali y un 78% en Chad.

 

Estas estrategias cruciales de prevención deben ser parte de un plan más ambicioso que aborde la desnutrición y la malaria como problemas de salud pública e integre su prevención y tratamiento dentro de las medidas básicas de salud dirigidas a los niños más pequeños, como la vacunación, y apoyadas con suplementos nutricionales para ayudar a los niños a crecer sanos. También es necesario mejorar el acceso de la población a la atención sanitaria, descentralizándola a las zonas rurales. En el distrito de Madarounfa, MSF ya lleva a cabo un programa con este enfoque integrado para reducir la mortalidad infantil.

“El esfuerzo para tratar la desnutrición en Níger es tremendo y hay que apoyarlo. El problema en 2012 fue que el plan masivo para tratar la desnutrición no incluyó otras necesidades médicas, en particular la malaria y la inmunización. Incluso con la nutrición apropiada, puedes perder a un niño por malaria y por infecciones respiratorias. Para la supervivencia del niño es necesario una respuesta integrada y no impulsar una u otra de forma exclusiva”, afirma José Antonio Bastos, presidente de MSF España.

La situación de seguridad en Níger, que se deterioró en 2012 y principios de 2013 debido a los conflictos en la región, puede obstaculizar el despliegue de la ayuda humanitaria en el país, por lo que es necesario anticiparse y elaborar estrategias alternativas que puedan ponerse en marcha incluso en condiciones difíciles.

 


Para hacer frente a la emergencia crónica, MSF llevó a cabo diferentes actividades en Níger en 2012 para mejorar el acceso a la salud en niños menores de 5 años y mujeres embarazadas. Los equipos médicos de la organización gestionaron programas nutricionales ambulatorios en 37 centros de salud en las regiones de Zínder, Maradi y Tahoua. Los pacientes que necesitaban ser hospitalizados eran tratados en los centros de nutrición de los hospitales de Zínder, Magaria, Madarounfa, Guidan Roumdji, Madaoua y Bouza.
Más de 90.000 niños con desnutrición aguda severa y 390.000 casos de malaria fueron tratados en 2012 en los centros médicos gestionados por MSF y sus contrapartes.

 


Después de los combates registrados en la localidad maliense de Tombuctú el 30 y 31 de marzo, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que trabajan en el hospital de la ciudad trataron a 21 heridos, incluidos 11 civiles. Tres de los heridos perdieron la vida, entre ellos dos civiles.

Campo de refugiados malineses en Mauritania © Nyani Quarmyne

Otras personas han sucumbido a las heridas supuestamente por la imposibilidad de acceder a centros médicos a causa de los combates. Los choques esporádicos entre soldados y grupos armados impiden que los lugareños puedan moverse en Tombuctú. MSF hace un llamamiento a todas las partes en conflicto a que respeten a las poblaciones civiles y a que faciliten el acceso a los centros sanitarios.

Durante más de un año, los equipos de MSF han estado ofreciendo ayuda médica, incluida cirugía, a pacientes y heridos causados por todas las partes en conflicto. En los últimos meses, 40 pacientes han ingresado en el hospital de Tombuctú, donde se efectúan una media de 15 operaciones por semana.  


Además de sus actividades en Tombuctú, MSF trata la malnutrición y la malaria en cuatro centros de salud y en el hospital de Niafounké. MSF también trabaja en Gao, Ansongo, Duoentza, Konna y Boré para intentar cubrir las necesidades médicas relacionadas con el conflicto en el norte de Malí. Los equipos atienden a los refugiados malienses en Mauritania, Níger y Burkina Faso. MSF también ofrece atención pediátrica en un hospital y cinco centros de tratamiento en el distrito de Koutiala (sur de Malí).