MÉDICOS SIN FRONTERAS

El pasado 8 de marzo se celebró el Día Mundial De La Mujer. Una fecha que conmemora la lucha de las mujeres por tener las mismas oportunidades y trato que los hombres. Sin embargo, a día de hoy, millones de mujeres siguen luchando por esos derechos que aún no se cumplen. Desde Médicos Sin Fronteras trabajamos para dar apoyo y asistencia a aquellas que más lo necesitan.

Uno de los derechos más básicos del ser humano es el de acceso a la salud, pero todavía hay mujeres que no pueden disfrutar de él. Según datos de la Organización Mundial de Salud (OMS), cada día mueren casi 830 mujeres por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto. El 99% de esta mortalidad materna corresponde a los países en desarrollo.  Afganistán es uno de los países más peligrosos para dar a luz. De acuerdo con los datos de la OMS, cada año mueren alrededor de 4.300 mujeres por estas causas, cifra alarmante si se compara con las 19 que fallecen en Australia.

Una cuarta parte de los partos que asisten los equipos de MSF en todo el mundo, tienen lugar en Afganistán. La ginecóloga Sévérine Caluwaerts ha trabajado durante siete años en el hospital de maternidad de la provincia rural de Jost, al sureste de Afganistán. Cada día tiene que hacer frente a situaciones en las que los derechos de la mujer son vulnerados.

La escasez de matronas y doctoras es una de las principales causas que provocan los partos inseguros. Debido a sus valores culturales y las normas de género de su país, muchas familias solo aceptan ser atendidas por personal médico femenino. Esto se convierte en un gran problema, ya que la mayoría de las mujeres afganas no tienen acceso a la educación. Por ello, los proyectos de MSF en el país se centran en la formación de personal femenino local.

“A dos de nuestras doctoras afganas, la Doctora Sadia y la Doctora Farida, les enseñé a hacer su primera cesárea. Ahora son completamente independientes”, explica Sévérine.

Pero este no es el único obstáculo con el que se enfrentan. El mal estado de las carreteras y los caminos peligrosos y lentos son factores que dificultan, todavía más, el acceso a la salud.
“Nos llevó 1 hora y media llegar de casa al hospital cuando normalmente son unos 20 minutos”, recuerda Sayed Kamyabudin Sayed, responsable del servicio técnico en el hospital de maternidad de Jost, cuando su esposa se puso de parto.

“Dar a luz debe ser un momento de alegría y no de tristeza. Por eso estamos aquí, y ese es el trabajo que hacemos. Ninguna mujer debería morir como consecuencia de un parto”, concluye la doctora Caluwaerts.

Escucha el testimonio de la doctora Sévérine.

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Repudiada por sus familiares

Un caso en primera persona de las fatales consecuencias de la violación de derechos de las mujeres es el de Marie. Ella es una de las pacientes que han sido víctimas de violencia sexual en República Democrática del Congo y que recibe asistencia médica y psicológica en uno de los nueve centros de salud en los que trabaja MSF desde 2016 en el país.

Marie regentaba una tienda de bebidas. Un día de camino a las minas donde vendía sus productos, un grupo de hombres armados le obligaron a irse con ellos y a “ser su esposa”, amenazándole con matarla si se negaba. Estuvo todo un año en cautiverio hasta que un día, aprovechando un ataque del Ejército Congoleño al campamento, consiguió huir.
A causa de las repetidas violaciones a las que estuvo sometida durante esos meses, cuando logró escapar estaba embarazada de cuatro meses.

Marie y su bebé Alain. © Natacha Buhler/MSF

 

Cuando regresó con su marido, él la repudió. Actualmente, Marie vive con su hermano pero no cuenta con la aceptación de su cuñada, quien la rechaza. A pesar de todo esto, solo espera ahorrar un poco de dinero para empezar un nuevo negocio y poder alquilar una habitación para vivir con Alain, su bebé.

 

Salomé, un gran ejemplo de valentía

Salomé Karwah ingresó como paciente en nuestras instalaciones del Elwa 3, centro de tratamiento del Ébola en Monrovia, capital de Liberia. Luchó contra la enfermedad y la superó. Sus padres, tíos, primos y una sobrina no tuvieron la misma suerte.

Sorprendentemente, Salomé volvió a las pocas semanas, esta vez para trabajar con Médicos Sin Fronteras. Su trabajo consistía en proporcionar atención y cuidados psicológicos a personas que sufrían esta misma enfermedad.

“Si un paciente no tiene fuerzas para comer, yo lo animo a comer. Si están débiles y no pueden bañarse por sí mismos, yo los ayudo a asearse. Los ayudo con todas mis fuerzas, porque entiendo por lo que están pasando. Yo he sufrido lo mismo que ellos están sufriendo ahora. Por eso sé que lo que más necesitan es sentirse queridos y acompañados”, explicaba Salomé hace dos años cuando le preguntábamos por su trabajo.

Su dedicación absoluta y su profesionalidad encomiable le convirtieron en una figura muy importante en la lucha contra el estigma que sufrían los supervivientes. Tanto fue así que Salomé y los demás luchadores contra el Ébola fueron nombrados “Persona del año” por la revista Time en 2014.

Salomé Karwah trabajando como cuidadora en ELWA3 tras haber superado el Ébola. © Adolphus Mawolo/MSF


La organización médico-humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) publica hoy un análisis crítico sobre la epidemia de Ébola que afecta desde hace un año a varios países de África occidental. El informe revela las deficiencias de la respuesta global a la crisis y alerta de que el brote, a pesar de una disminución general en el número de casos, aún no ha terminado.

 

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El informe, titulado Empujados más allá del límite, se basa en entrevistas con decenas de trabajadores de MSF involucrados en la intervención contra el Ébola. El documento describe las alertas tempranas que MSF realizó hace ya un año advirtiendo sobre la expansión de los casos en Guinea, la negación inicial de los Gobiernos de los países afectados, y las medidas sin precedentes que MSF se vio forzada a tomar frente a la inacción global, mientras el brote cercaba a los países vecinos. A lo largo del último año, más de 1.300 trabajadores internacionales y 4.000 trabajadores locales de MSF han sido desplegados en África occidental, donde han atendido a casi 5.000 pacientes confirmados de Ébola.

“Hoy compartimos nuestras reflexiones iniciales y asumimos una mirada crítica tanto hacia la respuesta de MSF como hacia la respuesta global al brote de Ébola más mortal de la historia”, afirma la Dra. Joanne Liu, presidenta internacional de MSF. “La epidemia de Ébola demostró ser un evento excepcional que expuso la realidad de cuán lentos e ineficientes son los sistemas de salud y ayuda para responder a emergencias”.

El informe detalla los efectos de una coalición global de pasividad de varios meses de duración, durante los cuales el virus se propagó sin control, llevando a MSF a lanzar un llamamiento excepcional en favor de la movilización de equipos médicos civiles y militares internacionales preparados para amenazas biológicas. A finales de agosto, el centro ELWA3 de MSF en Monrovia (Liberia) estaba saturado y abrumado por el número de pacientes: los trabajadores de MSF se vieron forzados a rechazar a personas visiblemente enfermas en la puerta de entrada, siendo plenamente conscientes de que probablemente regresarían a sus comunidades e infectarían a otros.

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Lindis Hurum, coordinadora de emergencia en Monrovia. “No es solo un brote de Ébola, es una emergencia humanitaria que necesita una respuesta a gran escala”

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Monrovia, Liberia. 28 de agosto de 2014. Médicos Sin Fronteras (MSF) está ampliando sus operaciones en Liberia al tiempo que la respuesta internacional al brote de Ébola en África Occidental continúa siendo caótica y totalmente inadecuada. Tan solo una semana después de su puesta en marcha, el nuevo centro de pacientes de Ébola, también conocido como ELWA3, en la capital, Monrovia, ya está al límite de su capacidad, con 120 pacientes y se planea su ampliación. Mientras tanto, en el norte del país, los pacientes continúan acudiendo en masa al centro de Foya, recientemente rehabilitado.

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Tras una reciente visita a Guinea, Sierra Leona y Liberia, la presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF), la Dra. Joanne Liu, afirmó ante un grupo de periodistas que el actual brote de ébola no tiene precedentes y que hay que plantear no habrá una solución a corto plazo. En una sesión informativa organizada por la Asociación de Corresponsales en Naciones Unidas celebrada en Ginebra, Liu explicó la situación a la que asisten los equipos de MSF y las medidas más importantes para conseguir controlar la enfermedad.

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La epidemia se encuentra en diferentes etapas en los tres países. Mientras que en Sierra Leona y Liberia el brote está fuera de control, en Guinea se ha estabilizado en cierta medida.

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El brote de Ébola sigue propagándose en Guinea, Sierra Leona y Liberia. La organización médica internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta que para poner la epidemia bajo control se requiere un despliegue masivo de recursos por parte de los gobiernos de África Occidental y de las organizaciones de ayuda. MSF advierte, además, que sus equipos han llegado al límite de su capacidad de respuesta.

Un equipo de MSF entra en la zona de aislamiento de uno de los centros en Guinea

Enfermos de Ébola han sido identificados en más de 60 lugares diferentes en los tres países, lo que complica los esfuerzos para tratar a los pacientes y frenar el brote. “La epidemia está fuera de control”, explica el doctor Bart Janssens, director de Operaciones de MSF. “Con la aparición de nuevas localizaciones afectadas en Guinea, Sierra Leona y Liberia, existe un riesgo real de que se propague a otras áreas”.

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Después de unos días convulsos en los que la violencia, la injusticia y la impunidad una vez más han campado a sus anchas provocando indignación y hastío, quiero compartir con vosotros esta carta de una compañera. Está tan llena de humanidad que de vez en cuando la releo cuando necesito “reconciliarme con el mundo”.

El escenario es Liberia, un país que poco a poco se va recuperando de 14 años de una brutal guerra civil y los actores de esta historia. Ángela una enfermera que por primera vez sale de su país, Argentina, y Sam un bebé liberiano, abandonado a las puertas del hospital donde Ángela trabaja. Y su carta dice asi:

Me pasó algo. Algo que es enorme. En realidad no se cómo explicarlo. Es una mezcla de sensaciones; me pidieron que realice la que es quizás la tarea más importante de mi vida. No es algo difícil, no es complicado. Es simplemente lo que esa tarea significa.

Tengo que escribir una carta. Y se me pone la piel de gallina mientras les cuento. Pero no es una carta cualquiera. Es una carta para Ben Benson.

Ben llegó al Hospital Benson de Liberia, a las 11 de la mañana del 13 de febrero (lo tengo anotado en mi agenda). El día transcurrió tranquilo, hasta que a las 3 de la tarde recibo una llamada telefónica de la gente de la guardia. Me pedían que fuese porque tenían un problema. Salgo rápido de la oficina, pensando en las mil y una cosas que podrían llegar a estar pasando en un servicio de emergencias. Entro, y el ambiente está tranquilo. Eso me desconcierta, porque esperaba encontrar caos. Me esperan el médico y las enfermeras.

“Tenemos una situación, Angie”, me dicen. “Tenemos un bebé… un bebé abandonado

Ante mi sorpresa, me explican: “La mamá lo trajo, dijo que no entendía inglés, que se iba a buscar un traductor… Eso fue a las once de la mañana.”

Me acerco a la cama. En medio de un inmenso colchón marrón, un bebe arropado. Tan arropado que no le veo ni la carita. Lo destapo. No se puede explicar lo que uno siente, al ver un bebe abandonado, tan arropado, uno espera… no se, encontrar algo que anda mal. Algo que anda muy mal. Por eso lo abandona la mamá… o eso pensé. Pero lo que veo es un bebé hermoso, medio flacucho, con cara de angelito, que dormía. El bebé había sido revisado y estaba sano. Aún no había comido, así que fuimos a la cocina a buscar leche para él. No sabíamos nada de él, ni como se llamaba, ni cuantos meses tenía.

Nos juntamos todos alrededor de él. Me dijeron que le querían poner Benson, como el hospital. Pero yo me opuse. ¿Cómo ponerle el nombre del hospital?. Lo vamos a llamar Ben, dije y Benson será el apellido. Y les encantó. ¿Y la edad? Todos nos miramos… ¿tres meses, más o menos?

Ahí empezó la tarea. Tres niñeras lo cuidaban las 24 horas en el hospital. Le abrimos una historia clínica, le pusimos en el protocolo para niños con malnutrición para que comenzase a engordar un poco, y nos pusimos a esperar a que la familia apareciese.

Ben vivió en el hospital durante tres meses. ¡Al mes ya estaba re-gordo! Siempre se despertaba cada tres horas para comer. Todo el mundo lo amaba. Todos lo abrazaban, y él se dejaba. No lloraba nunca, salvo cuando se pasaban de las 3 horas y no le habían dado su leche o el Pumply Nut, un alimento especial a base de crema de maní que utilizamos en los programas de nutrición infantil.

Todos lloraron cuando lo despedimos. Lo tuvimos que llevar al orfanato porque ya no cumplía el criterio médico para estar hospitalizado (en realidad, nunca lo cumplió) y no podía continuar con nosotros…

Fuimos a verlo un par de veces. Ben está gordo… “¡Come mucho este bebé!”, dicen sus nuevas niñeras del orfanato. Se ríe. Está enorme y sano. Como siempre.

Y me pidieron la tarea más dura de mi vida.

Me pidieron que escribiera una carta. Una carta contando su historia. A mí, porque fuí yo quien lo recibí y quien le puso su nombre. Me pidieron que deje escrito los primeros meses de su vida, para que cuando Ben crezca y sepa leer, sepa que pasó. quienes lo cuidaron y lo protegieron. Para que Ben sepa SU historia, porque nadie va a estar ahí para contarle que pasó en esos meses.

Y el peso que tiene eso no tiene nombre. Saber lo importante que puede llegar a ser para él; el hecho de saber qué pasó, cómo, dónde… no se le van a aclarar todas las dudas, pero al menos tendrá una idea….

Al principio me quedé muda. No sabía qué decir. “ Pero… la carta… ¿la van a cuidar? ¿La va a tener él cuando sepa leer?”

“Sí” fue la respuesta. “Esa carta va a ser un documento. Y acá, los documentos se guardan para toda la vida”.

Angela Moyano
Buenos Aires
Argentina