MÉDICOS SIN FRONTERAS

La escalada de violencia en el este de República Democrática del Congo (RDC) ha llegado a tal punto que el personal de salud congoleño del proyecto de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Pinga ha abandonado la zona, junto con buena parte de la población.

Centro de asistencia de MSF en Kivu Sur © Juan Carlos Tomasi / MSF

La mayoría de trabajadores de salud y personal de apoyo congoleño contratado por la organización médico-humanitaria en la ciudad de Pinga, situada a unos 80 kilómetros al noreste de Walikale, ha escapado tras el recrudecimiento de los combates entre los distintos grupos armados enfrentados en esta parte de Kivu Norte. El personal del Ministerio de Salud así lo ha hecho también, junto con alrededor de dos tercios de la población de la ciudad. Muchas de estas personas se ocultan ahora en los bosques de los alrededores, mientras sus casas han sido saqueadas y un clima de miedo se apodera de la zona. En estas condiciones, la gente ha dejado de tener acceso a servicios médicos como el tratamiento de la malaria severa o la asistencia en partos complicados, cuyas consecuencias pueden ser fatales.

“Es muy alarmante que nuestros colegas congoleños se hayan visto obligados a unirse a los miles de desplazados de la región. Nos preocupa la situación de todos los que han tenido que huir de Pinga”, declara Jan-Peter Stellema, responsable de operaciones de MSF en Congo. “Es un claro indicador de hasta qué punto se ha extendido el miedo entre la población y de su convicción de que la situación va a ir a peor. También demuestra el creciente desafío que supone ahora dar asistencia médica a los que la necesitan”.

La masiva huida sin precedentes del personal congoleño y los actuales combates en las inmediaciones de Pinga han tenido en impacto negativo sobre la prestación de atención médica urgente de MSF. En estos momentos es demasiado peligroso llegar a los centros de salud fuera de Pinga, aunque el equipo ha conseguido enviar algunos suministros médicos. Dentro de la ciudad, el personal internacional de MSF y los pocos compañeros congoleños que quedan trabajan en las instalaciones del hospital local centrándose en los casos más críticos, como urgencias obstétricas o heridos por arma de fuego. Cuando es posible, los pacientes más graves son trasladados en avioneta a Goma, la capital de Kivu Norte.

La intensificación del conflicto ha provocado una oleada de violencia en muchas zonas de esta provincia del este de RDC, provocando continuos desplazamientos de población y el aumento de las necesidades humanitarias en una región cuya situación ya es muy precaria. La multitud de grupos armados, los complejos patrones de desplazamiento y la falta de infraestructuras hacen que la prestación de asistencia médica urgente sea extremadamente difícil. Sin embargo, MSF mantiene su compromiso de asistencia en todos sus proyectos de Kivu Norte, donde ofrece atención médica gratuita a miles de personas al mes.

MSF trabaja en hospitales, centros y puestos de salud en varias localidades de Kivu Norte: Rutshuru, Masisi, Mweso, Kitchanga, Walikale, campo de Mugunga I, Kanyaruchinya y Pinga, donde también gestiona varios centros de tratamiento de cólera, clínicas móviles y realiza actividades de respuesta a emergencias.


Médicos Sin Fronteras (MSF) amplía sus programas médicos de emergencia para asistir a la población afectada por los múltiples conflictos que asolan esta parte del país.

Refugiados congoleños en la frontera con Uganda © Brigitte Rossotti/MSF

“Estamos presenciando movimientos masivos de población en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur: familias enteras que huyen de la violencia en distintas zonas”, explica el coordinador general de MSF en República Democrática del Congo (RDC), Andrew Mews, desde Goma, la capital de Kivu Norte. “El aumento de la violencia en la región está forzando a un gran número de personas a dejar sus casas en busca de seguridad”.

Un equipo de MSF ha iniciado una intervención de emergencia en el campo de desplazados improvisado de Muganga I, situado a 20 kilómetros al oeste Goma. Unas 17.500 personas que optaron por asentarse allí de forma espontánea están viviendo en condiciones infrahumanas: actualmente hay una letrina por cada 1.000 personas, cifra muy por debajo de los niveles mínimos aceptados. MSF está mejorando las instalaciones de agua y saneamiento y ofrece atención médica gratuita.

La organización también está dando apoyo de emergencia a decenas de miles de personas que han buscado refugio en el pueblo de Kanyaruchinya, a unos 10 kilómetros al norte de Goma.  El equipo médico atiende unas 3.000 consultas diarias en el centro de salud local, donde ha instalado un centro de tratamiento de cólera para combatir un brote de esta enfermedad y ha iniciado un programa de vacunación masiva de sarampión.

Grupos armados han convertido a poblaciones enteras del distrito de Masisi en sus objetivos. Decenas de miles de personas se han visto obligadas a huir a otros pueblos de esta zona de Kivu Norte. MSF utiliza equipos médicos móviles para poder acceder y asistir de forma urgente a la población afectada por los desplazamientos forzosos.

En la provincia de Kivu Sur, los programas de emergencia establecidos a principios de año en Minova y Kalungu para dar atención médica gratuita a los desplazados se prolongarán un mínimo de seis meses más en vista de la situación actual. Estos programas dan apoyo a los centros de salud locales y organizan clínicas móviles para acceder a las poblaciones más dispersas y aisladas, y hasta ahora han dado asistencia a más de 10.000 personas. La semana pasada, MSF habilitó un nuevo centro de salud en la remota y disputada localidad de Numbi.

Las personas que han conseguido llegar hasta los campos oficiales de desplazados representan una pequeña parte del total de desplazados en las últimas semanas. Muchos se ven obligados a refugiarse en los bosques del interior, sin acceso a atención médica y sin posibilidades de llegar hasta ellos para proporcionársela. Otros han sido acogidos en casas de familias que han abierto sus puertas y han compartido su comida con los que huyen de la violencia.