MÉDICOS SIN FRONTERAS

Mientras Irak experimenta un dramático aumento de violencia, oleadas de personas que habían sido forzadas a abandonar sus hogares durante el último año están ahora atrapadas en “zonas grises” sin acceso a la ayuda humanitaria más básica. En grandes áreas del país, la población civil continúa pagando un enorme precio por el conflicto y la respuesta humanitaria sigue siendo insuficiente, advierte Médicos Sin Fronteras (MSF).

© Gabriella Bianchi/MSF

© Gabriella Bianchi/MSF

“Irak está experimentando su peor crisis humanitaria de las últimas décadas,” denuncia Fabio Forgione, jefe de misión de MSF en Irak. “Miles de personas, especialmente en el centro de Irak, no están recibiendo la ayuda humanitaria que necesitan con urgencia.”

En el último año, los intensos combates han llevado a casi tres millones de personas a abandonar las devastadas áreas del centro y norte de Irak, en particular, las gobernaciones de Anbar, Nínive, Saladino, Kirkuk y Diala. Miles de familias han huido de la creciente violencia y de los cambiantes frentes de batalla. Han sido desplazados muchas veces, y en el trayecto, lo han perdido todo. Muchos se quedan en refugios superpoblados -en tiendas, edificios sin terminar, templos religiosos o escuelas – donde las condiciones de vida son extremadamente malas.

Los equipos de MSF que trabajan en “zonas grises” -al norte de Mosul y en las áreas entre Bagdad y Anbar- reportan que muchos desplazados están viviendo sin acceso a instalaciones sanitarias ni agua limpia. Las infraestructuras y los centros de salud han sido dañados y están fuera de funcionamiento, y existe una creciente escasez de personal médico. Muchas personas no tienen ni siquiera acceso a servicios de salud básicos, mientras que llegar a un hospital que se encuentre en funcionamiento puede resultar extremadamente difícil en áreas en las que es inseguro desplazarse.

“A pesar de la magnitud de las necesidades de la gente, la respuesta humanitaria ha estado mayormente concentrada en áreas más seguras, como la región del Kurdistán en Irak,” advierte Forgione. “MSF es una de las pocas organizaciones internacionales trabajando en áreas del norte y centro de Irak, donde las personas que huyen del conflicto buscan refugio. A pesar de las restricciones obvias de seguridad, brindar ayuda aquí es posible, pero aun así estas áreas continúan siendo ignoradas.”

En un esfuerzo por responder a necesidades cada vez mayores, MSF ha estado expandiendo sus operaciones en el centro y norte de Irak. Los equipos médicos de MSF están gestionando clínicas móviles en las gobernaciones de Kirkuk, Saladino, Diala, Nínive y Bagdad para proporcionar atención médica a las personas que huyen de las zonas de conflicto, así como también a la población local. Los equipos brindan atención médica general, con énfasis en enfermedades no transmisibles, salud reproductiva y salud mental.

“Estamos muy alarmados por la posibilidad de que la violencia se expanda a otras ciudades densamente pobladas, lo que provocaría aún más desplazamientos”, explica Forgione. “Todos los actores en Irak deben hacer todos los esfuerzos posibles para garantizar que la población iraquí que huye de la violencia tenga acceso a la asistencia humanitaria. Nuestros equipos están haciendo todo lo posible, pero no pueden responder efectivamente a todas estas necesidades”.

 

 

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Cada día, miles de personas siguen huyendo de la violencia en Siria. Desde que comenzó el conflicto, más de dos millones de sirios han cruzado a los países vecinos. Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja respondiendo a esta situación en el norte de Irak desde mayo de 2012

© Diala Ghassan/MSF

 

“Venimos de Tel Brak, en el noreste de Siria. Dejamos nuestra casa hace siete meses porque la región se estaba convirtiendo en zona de guerra. Todo el pueblo se marchó”, explica Zeina, quien acaba de cruzar la frontera iraquí con su marido y sus cuatro hijos.

“Hemos estado viviendo estos siete meses en las montañas, sin un lugar apropiado en el que quedarnos, sin trabajo, sin dinero y a veces sin comida –continúa–. Después de siete meses, decidimos ir a Al Qamishli y desde allí cruzar la frontera con Irak. Las fronteras estaban cerradas, así que tuvimos que quedarnos en un colegio de los alrededores. Cuando oímos que las abrían, salimos a primera hora de la mañana. Nos llevó dos horas cruzarla, andando. Estamos tan aliviados de estar aquí…”

Cerca de 60.000 refugiados procedentes de Siria han cruzado a la región kurda de Irak desde que abriera la frontera el pasado 15 de agosto, después de permanecer tres meses cerrada. El día en que volvió a abrirse, 7.000 personas cruzaron la frontera; en el mes que siguió, estuvieron pasando unas 800 personas cada día.

A mediados de septiembre, la frontera volvió a cerrarse, para volver a abrir de nuevo a las dos semanas. MSF está preparando a sus equipos en la frontera y en los campos próximos para responder a una posible llegada masiva de refugiados.

La larga marcha buscando seguridad

La mayor parte de los refugiados sirios llegan a la frontera caminando, tras un largo trayecto a través de un valle desierto y bajo un intenso calor. Han dejado casi todo tras de sí: familiares, hogares, pertenencias… La mayoría son de Damasco y de Aleppo, pero recientemente están llegando más procedentes de la región de Al Hassaka, en el noreste de Siria, tras el recrudecimiento de los combates allí.

Los equipos de MSF han establecido puestos de salud a ambos lados de la frontera, donde se proporcionan consultas médicas y se distribuye agua potable a los refugiados que esperan a ser trasladados a los campos de tránsito que se están instalando en Dohuk, Erbil y Sulaymaniya.

“La mayor parte de nuestros pacientes son niños, mujeres embarazadas y madres que han dado a luz recientemente”, precisa Paul Yon, jefe de misión de MSF en Dohuk. “Muchos sufren deshidratación moderada debido a las largas distancias que han tenido que recorrer hasta llegar a la frontera. También estamos viendo casos de enfermedades crónicas, como hipertensión, asma o epilepsia: algunos pacientes no han podido conseguir su medicación en Siria ya que el sistema de salud se ha hundido. Algunos llegan en estado de shock: se han visto forzados a desplazarse muchas veces desde que estalló el conflicto, y decidieron cruzar la frontera porque su vida corría peligro”.

En el lado iraquí de la frontera, desde mediados de agosto los equipos de MSF han proporcionado más de 1.040 consultas de medicina general para refugiados que esperan su traslado a Dohuk, Erbil y Sulaymaniya. Dado que muchos no habían podido llevarse nada consigo al huir, MSF ha distribuido también bienes de primera necesidad, como bidones y plásticos para refugio, a 290 familias en los campos de tránsito. En los próximos días, los equipos de la organización también empezarán a proporcionar consultas de medicina general para refugiados en varios campos de Erbil.

En el lado sirio de la frontera, MSF ha proporcionado hasta ahora 982 consultas médicas y distribuido agua potable para 33.000 personas que están esperando a cruzar a Irak.

Una nueva vida como refugiado

Los sirios que entran en Irak son registrados en la frontera por las autoridades kurdas y por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Tras el registro, son trasladados a uno de los muchos campos de refugiados que están instalándose en el norte de Irak. Este podría ser el final del camino para quienes han sufrido varios desplazamientos en el interior de Siria desde que comenzó el conflicto hace 2 años y medios, y que comienzan así una nueva vida como refugiados.

 


MSF también trabaja en el campo de refugiados en Domeez desde mayo de 2012; en este campo viven más de 42.000 refugiados sirios. Los equipos de la organización proporcionan servicios generales de salud y de salud mental. Además, MSF evalúa constantemente la situación en la frontera, y sigue preparada para responder a necesidades urgentes de salud. Paralelamente, MSF también está evaluando las necesidades de más de 70.000 refugiados que se han instalado en la ciudad de Dohuk.

 


Un flujo de 42.300 refugiados sirios ha huido hacia el Kurdistán iraquí a través del paso de Peshkabour desde que la frontera se reabrió el pasado 15 de agosto. Médicos Sin Fronteras (MSF) está brindando asistencia a esta población.

Refugiados sirios cruzan la frontera con el Kurdistán iraquí. © Paul Yon / MSF

Los equipos han instalado puestos de salud a ambos lados de la frontera para ofrecer consultas médicas y abastecer de agua a los refugiados que están esperando ser trasladados a los cinco campos de tránsito habilitados en las provincias de Erbil y Sulaymaniyah.

“Los refugiados dicen haber huido de diversas poblaciones sirias después de que se supiera que la frontera se había reabierto tras permanecer sellada durante meses”, dice Paul Yon, jefe de misión de MSF en Dohuk (Irak), quien añade: “La mayoría dice haber huido de sus hogares en la ciudad de Al-Malikiyah y sus alrededores después de esporádicos ataques aéreos registrados hace unos días”.

En el lado iraquí de la frontera, los equipos de MSF han realizado más de 200 consultas entre los refugiados que están esperando llegar a Erbil y Sulaymaniyah. “De momento no hemos identificado ningún problema médico grave”, explica Yon. “La mayoría de los pacientes son niños, embarazadas y madres que sufren deshidratación moderada debido a las grandes distancias que han tenido que recorrer o al tiempo que han estado esperando para cruzar la frontera. También estamos viendo casos de asma”, resume el jefe de misión.

Los equipos están ofreciendo además atención médica a los pacientes que deben ser trasladados a hospitales. Ayer, dos heridos cruzaron la frontera y fueron transportados en ambulancias al hospital de Dohuk.

En el lado sirio, un equipo de MSF trabaja sobre el terreno desde el 18 de agosto y ha abastecido de agua a 6.200 personas que estaban  esperando para cruzar la frontera. El equipo será reforzado y continuará con su labor.

“Estamos evaluando la situación y estamos preparados para mover los puestos de salud y atender las necesidades de la población”, dice Yon. MSF tiene previsto empezar en breve las consultas para los refugiados establecidos en los campos de la provincia iraquí de Erbil.

MSF trabaja desde mayo de 2012 en el campo de refugiados de Domeez (provincia de Dohuk), que acoge a 42.000 personas. La organización ofrece servicios médicos básicos y atención psicológica. MSF también planea evaluar las necesidades de los 70.000 refugiados que se han instalado en la ciudad de Dohuk

 


Décadas de conflicto, inestabilidad política y malestar social han contribuido a que muchos iraquíes sean vulnerables a padecer estrés psicológico y trastornos de salud mental y necesiten atención psicológica, afirma Médicos Sin Fronteras (MSF) en un nuevo informe.

Irak 2009 © Khalil Sayyad

Healing Iraqis: The Challenges of Providing Mental Health Care in Iraq (Asistencia a la población iraquí: los retos de prestar apoyo a la salud mental en Irak), incluye ejemplos del impacto constante que la violencia tiene en el día a día de los hombres, mujeres y niños iraquíes. También describe el desarrollo de un programa, junto con el Ministerio de Sanidad, para proporcionar asesoramiento.

La organización explica que urge ampliar los servicios de atención a la salud mental en Irak. Apela al Ministerio de Sanidad y a los que le apoyan a que mejoren la calidad del acceso a los servicios de salud mental integrando el asesoramiento en las instalaciones sanitarias existentes en todo Irak.

MSF también observa que debe trabajarse más para reducir el estigma asociado a la salud mental, y animar así a las personas a que soliciten asesoramiento psicológico.

Desde 2009 la organización trabaja en Irak proporcionando asesoramiento psicológico a hombres, mujeres y niños junto con el Ministerio de Sanidad iraquí. Los programas de MSF se centran en enfoques no farmacéuticos para responder a la ansiedad y la depresión que suelen experimentar las personas expuestas a la violencia y la incertidumbre.

“Muchos iraquíes han llegado al límite de lo que pueden soportar tras décadas de un conflicto y una inestabilidad que solo han sembrado devastación. Mentalmente agotados por sus experiencias, muchos luchan por entender lo que les está ocurriendo. Los sentimientos y la desesperanza se agravan por  el tabú asociado a las cuestiones de salud mental y a la falta de servicios de apoyo psicológico a los que acudir cuando las personas necesitan ayuda,” afirma Helen O’Neill, Jefa de Misión de MSF en Irak.

En el transcurso de los últimos cuatro años, MSF y el Ministerio de Sanidad iraquí han introducido servicios de asesoramiento psicológico en dos hospitales, situados en Bagdad y en Fallujah. Se prevé utilizar esto como un modelo de atención que pueda replicarse en otras instalaciones sanitarias del país, como las unidades de apoyo a la salud mental que el Ministerio de Sanidad acaba de abrir en los hospitales de Kut, Karbala y Sulaymaniyah. MSF también recomienda al sistema de salud iraquí que integre asesoramiento psicológico en los servicios de atención primaria de salud para mejorar el acceso, especialmente de mujeres y niños.

De acuerdo con los datos sobre los pacientes recogidos en 2012 por MSF y por el Ministerio de Sanidad en Irak, un 97% de las personas que se personaron para asesoramiento cuando fueron admitidas reportaron síntomas psicológicos clínicamente significativos. Cuando volvieron para una segunda visita, estos síntomas se habían reducido en un 29%.

Incluso excluyendo los conflictos domésticos, casi la mitad de todos los casos examinados en el programa (un 48%) estaban relacionados con la violencia. Casi todo el personal y los pacientes en el programa de salud mental, o bien han experimentado directamente el impacto de la violencia en los últimos años, o conocen a alguien que lo ha sufrido.

El informe incluye testimonios de iraquíes traumatizados que luchan para reconstruir sus vidas tras haber sido testigos de actos de violencia extrema.

Una madre de tres hijos de 36 años de edad y viuda describe como empezó las sesiones de asesoramiento después de que su vida se viera trastocada dos años antes, cuando perdió a su marido.

“Empecé asistiendo a las sesiones de asesoramiento psicológico al sentirme agotada y muy triste. Sentí que tenía un problema psicológico que impedía relacionarme bien con los demás. Perdí a mi marido hace dos años y el incidente afectó mi vida. Cambió mi vida, la trastocó completamente. Ahora soy la única persona responsable de criar a mis hijos.”

Una niña de 10 años describe como el asesoramiento la ha ayudado a mejorar su habla:

“Empecé a asistir a las sesiones para mejorar mi habla y superar el miedo. Tengo miedo de todo. Siempre tiemblo. Ya no puedo deletrear palabras correctamente. Mi maestra y mis compañeras de clase me pegan todo el tiempo en la escuela. No puedo estudiar ni aprender nada. No puedo concentrarme. Ya no hablo con nadie. Es la primera vez que hablo con alguien sobre mis problemas.”

Proporcionar atención a personas que han sufrido una experiencia traumática no es fácil, pero el modelo de asesoramiento ha demostrado ser beneficioso para ayudar a las personas a recuperar la dignidad y el control de sus vidas.


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El número de refugiados registrados en el campo de Domeez, situado en el Kurdistán iraquí, sigue creciendo. Entre 700 y 1.000 personas se registran cada día, pero la atención en el campo es insuficiente para lidiar con las acuciantes necesidades de los refugiados.


El número de refugiados registrados en el campo de Domeez, situado en el Kurdistán iraquí, sigue creciendo. Entre 700 y 1.000 personas se registran cada día, pero la atención en el campo es insuficiente para lidiar con las acuciantes necesidades de los refugiados.

Campo de refugiados de Domeez © Pierre-Yves Bernard/MSF

A diario los refugiados cruzan la frontera entre Siria y el Kurdistán iraquí y tiene que atravesar carreteras en mal estado. “Nos fuimos por la guerra”, cuenta una mujer. “Venimos de Qamishli. La ciudad está completamente sitiada, no hay combustible para los calefactores, ni agua ni electricidad. El viaje fue muy difícil y largo porque viajamos por la montaña. Tengo cinco niños muy pequeños y todos tuvieron que caminar. Sufrimos mucho pero gracias a Dios llegamos”, añade.

El campo de Domeez fue habilitado en la provincia de Duhok en abril de 2012 y en principio debía alojar a 1.000 familias. Ahora viven unas 35.000 personas, está saturado y la ayuda humanitaria es claramente insuficiente. Pese a los esfuerzos de las autoridades locales, el campo ha llegado a su capacidad máxima.

Actualmente, la falta de un techo para los últimos refugiados en llegar es uno de los problemas más graves. La mayoría de los recién llegados debe compartir tiendas, mantas, colchones o incluso comida con otras familias.

MSF trabaja en la única clínica del campo, lleva a cabo 3.500 consultas por semana y ha doblado el número de personas trabajando en el proyecto. Las patologías están relacionadas normalmente con las precarias condiciones de vida, agravadas por el rigor del invierno, que ha llegado este año antes de lo acostumbrado a la región. “En nuestras consultas, la mitad de los pacientes que vemos sufren infecciones respiratorias”, explica Emilie Khaled, coordinadora de terreno de MSF. “La superpoblación, con más de diez personas compartiendo la misma tienda, contribuye a que las enfermedades se propaguen. Ahora, con temperaturas más suaves y un precario sistema de saneamiento del agua, estamos observando un incremento de los casos de diarrea. Se deben hallar soluciones urgentes para mejorar las condiciones de vida en este campo”.

 


Más de un millón de personas han huido de la guerra civil en Siria a países vecinos, entre ellos Irak. Según datos de la ONU, en el Kurdistán iraquí hay 125.000 refugiados sirios.


Al menos veinte personas murieron y 99 resultaron heridas el día 13 de enero en un ataque aéreo contra un mercado en la ciudad norteña siria de Azaz. Veinte de los heridos, todos ellos civiles, fueron tratados en un hospital de MSF.

Siria: al menos 20 muertos y 99 heridos en un bombardeo

El ataque contra el mercado de Azaz, cerca de la frontera con Turquía, fue particularmente devastador porque llegó tan solo dos semanas después de que otros bombardeos golpearan a los centros sanitarios de la ciudad, lo cual debilitó la capacidad de respuesta del personal sanitario ante una emergencia como la de Azaz.

Los heridos fueron trasladados a instalaciones médicas de la zona, incluido un hospital de campaña de MSF en la provincia de Alepo. Cinco personas perdieron la vida antes de llegar a este hospital, pero el personal médico de la organización humanitaria sí pudo atender a 20 heridos, entre ellos cinco niños.

“Los coches y las ambulancias no paraban de llegar y los pacientes llenaron el hospital”, explica una enfermera de MSF en Siria, Adriana Ferracin, quien añade: “Recibimos muchos pacientes con heridas en la cabeza, amputaciones y oídos y ojos ensangrentados”.

Otras quince personas llegaron sin vida a los demás hospitales de la zona, incluido uno en Kilis, en la frontera turca. En total, 79 personas recibieron tratamiento médico en estos centros.

La ciudad de Azaz, en la región de Alepo, ha sido bombardeada varias veces en los últimos meses. En diciembre, aviones de combates bombardearon un hospital público, lo cual debilitó la capacidad de los servicios médicos en la zona e hizo que mucha gente evitara acudir a los centros médicos por miedo a sufrir ataques aéreos.

“Incluso después de los ataques contra centros médicos en la provincia de Alepo, el personal médico siguió ofreciendo ayuda a los pacientes y está haciendo lo posible por ayudar a la población”, cuenta Shinjiro Murata, coordinador de MSF en Siria.

El hospital de campaña de MSF en la provincia de Alepo (uno de los tres que tiene la organización en Siria) ofrece atención de urgencias, obstétrica y primaria. Está centrado en las embarazadas, los niños y los más vulnerables. En el último mes se practicaron 110 intervenciones quirúrgicas y 1.500 pacientes recibieron tratamiento. Unas 70 embarazadas dieron a luz en el hospital. MSF ha observado un incremento de varias patologías debido a la llegada del invierno y sigue preocupada por el acceso a tratamiento de personas con enfermedades crónicas.

La violencia está golpeando a una población ya de por sí vulnerable y que tiene problemas para recibir atención médica y abastecerse con comida. Los desorbitados precios de bienes básicos como el pan, la madera o la ropa están empeorando las condiciones de vida de los civiles. Mucha gente prefiere no acudir a los hospitales por miedo a bombardeos y busca atención médica en instalaciones clandestinas.

El personal de MSF también ha sido testigo de las consecuencias de la violencia en la vecina provincia de Idlib
. Un equipo visitó recientemente una ciudad de esta región que fue bombardeada varias veces durante los últimos meses. El único centro médico que funciona en esta localidad es una clínica que funciona de forma secreta con población de la zona y algunos trabajadores sanitarios sirios.

 

MSF trabaja en tres hospitales en el norte de Siria, en áreas controladas por los grupos de la oposición armada. Los equipos médicos de MSF ofrecen atención quirúrgica y materno-infantil y llevan a cabo consultas regulares. Entre junio de 2012 y enero de 2013, los equipos de MSF efectuaron 10.000 consultas y unas 900 intervenciones quirúrgicas. MSF también da apoyo médico y quirúrgico a los refugiados sirios en Jordania, Líbano e Irak.


En los últimos meses, Líbano ha acogido a decenas de miles de refugiados que huyen del conflicto en la vecina Siria. Muchos viven en condiciones de hacinamiento, no tienen acceso a atención médica, padecen trastornos psicológicos y temen por su seguridad.

Un doctora examina a una niña refugiada siria en Líbano / © Nagham Awada/MSF

Así se desprende de un informe elaborado por Médicos Sin Fronteras (MSF) sobre la situación de estas personas. La organización médico-humanitaria internacional trabaja en Líbano y otros países fronterizos con Siria, donde presta asistencia a las personas que huyen del conflicto en ese país y otras zonas de la región.

El informe, titulado ‘Fleeing the violence in Syria: Syrian refugees in Lebanon’, (Huyendo de la violencia en Siria: refugiados sirios en Líbano) explica con detalle las condiciones de vida y de salud de estos refugiados, así como los problemas a los que se enfrentan para acceder a vivienda, alimentos, agua, saneamiento, atención sanitaria y seguridad. La mayoría de los refugiados se concentran en regiones de Líbano en una situación socioeconómica ya de por sí deteriorada, con lo que su llegada supone una carga adicional para las comunidades de acogida, que se encuentran al límite de sus recursos. Ya se están detectando importantes carencias en el acceso de los refugiados a la atención médica, especialmente a nivel de atención hospitalaria y de tratamiento de enfermedades crónicas.

De los 5.000 refugiados entrevistados por MSF, tres cuartas partes abandonaron Siria por motivos directamente relacionados con el conflicto y un 40% ha perdido a miembros de su familia a causa del mismo. La mayoría de ellos afirman no haber encontrado la seguridad que buscaba. La situación en Líbano se ha visto desestabilizada por la crisis siria, como evidencian los reciente disturbios producidos en Trípoli, la segunda ciudad del país.

Muchos pierden la esperanza

Los sentimientos de impotencia y alienación entre los refugiados son generalizados. Nueve de cada 10 de las personas entrevistadas por MSF ven su futuro muy precario y no saben si podrán regresar a casa.

“Se está poniendo a prueba la resistencia de los refugiados”, explica Fabio Forgione, coordinador general de MSF en Líbano. “Cuando llegan, la mayoría todavía están intentando afrontar las consecuencias de la violencia y la pérdida, cuando se topan con la realidad de no poder regresar a sus casas. Muchos pierden toda esperanza”.

Son cada vez más los sirios que cruzan a Líbano y sus condiciones de vida se van deteriorando. “Hay serios problemas de hacinamiento en Wadi Khaled, en el norte de Líbano, y en Aarsal, en el valle de la Bekaa, mientras que en Trípoli los alquileres están fuera del alcance de los refugiados,” añade Forgione.

La mayoría de los refugiados sirios en Líbano dependen de la ayuda humanitaria. Por ahora, el apoyo de las comunidades de acogida, el gobierno y las organizaciones humanitarias ha evitado que se produjera una mayor crisis sanitaria. La población local libanesa ha hecho grandes esfuerzos para integrar y ayudar a los refugiados, pero está llegando al límite de sus posibilidades y de sus recursos económicos. Ante la perspectiva de una menor asistencia y sin una planificación a largo plazo al respecto, MSF advierte que la salud de los refugiados podría verse amenazada, y pide un apoyo continuado para los refugiados sirios y las comunidades de acogida.

Asistencia en Siria y países fronterizos

MSF está preparada para asistir a las víctimas del conflicto y sigue ampliando sus actividades en Siria y los países vecinos. A pesar de las dificultades para acceder a las zonas de combate, la organización ha estado trabajando en Siria durante los últimos dos meses, prestando asistencia humanitaria a la población afectada por el conflicto. Desde mediados de agosto, MSF ha ingresado a más de 300 pacientes y ha practicado 150 intervenciones quirúrgicas.

En Jordania, Líbano e Irak, MSF ha prestado atención médica y humanitaria principalmente a refugiados palestinos, sirios e iraquíes. Los equipos en estos países están listos para responder a las necesidades que se produzcan a raíz del conflicto sirio. En Líbano, MSF tiene preparados stocks de emergencia y artículos de primera necesidad para 10.000 personas por si la situación en Siria se deteriora y se produce un éxodo masivo de refugiados.