MÉDICOS SIN FRONTERAS

En Moria, en la isla de Lesbos, hay más de 7.000 personas en un campo construido para 2.300. En Samos, 1.500 personas viven en un espacio diseñado para 700, y cientos duermen bajo carpas sin calefacción y con pésimas condiciones de higiene. Las autoridades griegas y la UE deben abrir las islas y trasladar a estas personas al continente. 

© MSF

Por segundo invierno consecutivo, las autoridades griegas están atrapando a miles de hombres, mujeres y menores en las islas griegas dejándolos al borde de una emergencia humanitaria. En respuesta a esta crisis, ampliamos nuestra intervención humanitaria de emergencia y hacemos un llamamiento a las autoridades griegas y de la Unión Europea para que abran las islas e trasladen inmediatamente a las personas al continente.

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El 92% de los menores y adolescentes atendidos en Serbia aseguran que los agentes estatales de Hungría, Croacia y Bulgaria les han infringido violencia sistemática. Las personas retenidas en Lesbos y Samos (Grecia) sufren además una “emergencia de salud mental” a causa de los ataques recibidos.

Menor no acompañado en una fábrica abandonada donde se cobijan algunos refugiados. Sid, Serbia. © Marko Drobnjakovic

 

La brutalidad que autoridades y policías fronterizas de Hungría, Croacia y Bulgaria infringen amigrantes, refugiados  y solicitantes de asilo a su paso por las fronteras de estos países con Serbia es vergonzosa e inaceptable.

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Hacinados y abandonados en la isla griega, se están quedando al margen del sistema debido a los recortes en los servicios de salud, en la asistencia jurídica y en los refugios. Urge ampliar la atención médica en la zona.

© MSF

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El pasado 26 de junio fue el Día Internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura. En Médicos Sin Fronteras, cada día atendemos a personas que nos cuentan atrocidades de las que han sido víctimas. Por ello, denunciamos que la tortura sigue siendo una práctica común en todo el mundo, sobre todo en rutas migratorias y zonas en conflicto. 

© Alva White/MSF


En 2014, en colaboración con las organizaciones locales Centro de Día BABEL y el Consejo Greco de Refugiados, abrimos una clínica en
Atenas para víctimas de la tortura. El proyecto, con el que hemos atendido a más de 430 personas en los últimos 3 años, ha puesto de relieve la alta prevalencia de la tortura entre la población migrante y refugiada y la crucial necesidad de que las víctimas reciban apoyo médico y psicológico especializado para conseguir su rehabilitación.

La tortura borra la naturaleza humana, destruye por completo a las personas”, explica la psicóloga Eleftheria Zerva. “No es solo la terrible carga que supone para la salud mental del sobreviviente; la tortura arrasa con su propia autoestima y afecta a su capacidad para vivir en sociedad”.

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Médicos Sin Fronteras (MSF) pide a las empresas farmacéuticas Pfizer y GSK que reduzcan el precio de la vacuna de la neumonía (PCV) para los Gobiernos y para las organizaciones humanitarias que trabajan en contextos de emergencia, y denuncia los exorbitantes precios que se están pagando para vacunar a niños que se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad.

Durante las últimas semanas, MSF ha vacunado en varios campos y asentamientos a lo largo de Grecia a más de 5.000 niños refugiados con edades comprendidas entre los 6 meses y los 15 años de edad. Las vacunas dispensadas por la organización médico humanitaria les protegerán contra 10 enfermedades, incluyendo la neumonía, que sigue siendo la principal causa de muerte infantil en niños menores de 5 años en todo el mundo y que es una enfermedad especialmente peligrosa para los niños que viven en contextos de crisis.

MSF pagó 60 euros por cada dosis de la vacuna de la neumonía, que fueron compradas en las farmacias locales. Estos 60 suponen un precio 20 veces mayor que el precio más bajo al que puede encontrarse la vacuna a nivel mundial: unos 2,80 euros por dosis. Y, dado que se necesitan tres dosis de la vacuna para proporcionar la protección completa a los niños, el coste de inmunizar a cada uno de estos niños contra la neumonía asciende a 180 euros.

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Miles de migrantes y de solicitantes de asilo se hallan actualmente varados en condiciones precarias en varias islas griegas, pese a reiterados llamamientos de MSF a las autoridades griegas y a la UE para que aborden el problema de la falta de capacidad para recibir migrantes. Un equipo de emergencias de MSF ha llegado a Lesbos, una de las dos islas griegas que han montado instalaciones de recepción, pero donde el sistema se halla al borde del colapso. MSF también sigue con sus actividades para migrantes y solicitantes de asilo que llegan a Kos y a otras islas del Dodecaneso.

 

Aproximadamente 5.000 personas, la mayoría de Siria, Afganistán e Irak, han llegado a Lesbos en los últimos días. Sin embargo, el centro de Moria solo puede acoger a unas 700 personas y está abarrotado, con pobres condiciones higiénicas y falta de comida. Miles de los recién llegados se ven forzados a acampar al aire libre, muchos de ellos en Kara Tepe: una parcela de tierra sin ningún tipo de organización y donde la gente tiene escaso o inexistente acceso a agua potable, techo, letrinas y atención médica. Pese a los esfuerzos de las autoridades para distribuir comida, las raciones son insuficientes para cubrir las necesidades de la gente.

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Los sirios se han convertido en la primera comunidad de llegada a Grecia. Último capítulo de la serie Éxodo Sirio.

Lawand Deek dejó Siria y ha llegado a Atenas © Anna Surinyach/MSF

La huida empieza así.

“Eran las cinco de la mañana. Mi hermana preparó un desayuno delicioso. Nos subimos al coche y nos fuimos a la frontera de Siria con Turquía”.

Lawand Deek, un joven sirio de 21 años, relata su éxodo en un diario que cada vez tiene más páginas. Ya de pequeño quería ir a Canadá para estudiar, pero no le concedieron el visado y se tuvo que conformar con estudiar un tiempo en Damasco. Aprendió inglés. Después de que se desatara la guerra civil, tuvo que huir de su tierra, la provincia de Ar-Raqa, a causa de los combates. Tardó poco en salir del país, pero tenía claro que no quería quedarse en un campo de refugiados.

“Crucé la frontera turca y pasé por muchas ciudades, hasta que llegamos a Estambul”, relata. Lawand contactó con un traficante para intentar entrar en la Unión Europea (UE). Se trasladó junto a un grupo de 25 sirios a la ciudad costera turca de Izmir. Desde allí, se subieron a una patera y cruzaron el mar para llegar a la isla griega de Lesbos. “Lo habíamos intentado cuatro veces. Esta es la primera vez que lo conseguimos. Había dos niños con nosotros. Yo tenía un poco de miedo porque era de noche y la embarcación era pequeña. Era muy peligroso”, recuerda Lawand. Los guardacostas griegos divisaron la patera y ayudaron a los migrantes a llegar a la costa. No siempre ha sido así: siete sirios murieron ahogados a mediados de marzo cuando intentaban alcanzar Lesbos.

Los sirios ya constituyen la primera comunidad de llegada a las islas del Egeo, puerta de entrada a Grecia y por lo tanto a la UE. “Desde 2004, la mayoría de migrantes que llegaban aquí eran afganos, pero ahora, por primera vez, hay más sirios que cualquier otra nacionalidad”, expone Ioanna Kotsioni, experta de migración de MSF. En 2012, casi 8.000 sirios llegaron a Grecia de forma ilegal. En los cuatro primeros meses de este año, la cifra asciende a 1.709. Los migrantes y refugiados solían viajar a través de la frontera terrestre de Evros, pero en verano de 2012 las autoridades griegas desplegaron a unos 2.000 agentes, construyeron una valla y tomaron medidas para frenar la migración, así que el flujo se trasladó a las islas. El año pasado, MSF lanzó intervenciones humanitarias en ambos lugares para asistir a estos migrantes, algunos de ellos detenidos durante meses. Entre ellos había 1.500 sirios.

La legislación griega permite mantener en cautiverio a los migrantes indocumentados hasta un máximo de 18 meses, pero desde abril los sirios están exentos de detención a su llegada. Lawand y sus acompañantes se quedaron una noche en el puerto de Lesbos bajo custodia de los guardacostas y otra noche en comisaría. La policía les entregó un documento que les permite quedarse en Grecia durante seis meses: tras este periodo, deben abandonar el país o pueden ser deportados si no renuevan sus papeles. También en esto los sirios son una excepción, porque el resto de migrantes tan solo disponen de un mes para permanecer en suelo heleno.

Lawand ya tiene ese papel y compra su billete de barco a Atenas. Esta vez no espera sorpresas marítimas. “No tengo palabras para explicar esta sensación. Me siento libre y muy contento de estar fuera de Siria”, sonríe el joven. El buque atraca en Atenas bajo la luz matinal. Embelesado, Lawand pisa tierra junto a sus compañeros de odisea. El recibimiento que le ofrece la capital griega son dos agentes que le cogen del brazo. La agencia de la UE que vigila las fronteras de los estados miembros (Frontex) lo retuvo durante varias horas para interrogarle. “Sabían que hablaba inglés. Me preguntaron de dónde era, cómo había llegado, quién me ayudó. Les dije todo lo que sabía y me dejaron en libertad”, cuenta Lawand una vez establecido en Atenas.

Estas no son las únicas dificultades a las que se enfrentan tanto los migrantes sirios como los de otras procedencias. “La mayoría han pagado todo su dinero a los traficantes y aquí no reciben ninguna ayuda del Gobierno”, denuncia Kotsioni, la especialista de migración de MSF. Acogerse al asilo tampoco es una solución: de las 250 solicitudes presentadas por sirios en 2012, tan solo 150 fueron examinadas y dos fueron aceptadas. “Eso quiere decir que gente que en teoría debería de estar protegida no recibe prácticamente ninguna ayuda”, lamenta Kotsioni. Muchos de los refugiados vienen de países en guerra como Afganistán, Irak o Siria y al llegar no solo no se encuentran un cálido recibimiento, sino que en ocasiones pueden ser víctimas de ataques racistas.

Para muchos, la capital helena tan solo es un lugar de paso. “No esperaba que Atenas fuera así. Imaginaba que sería como Europa, como las ciudades británicas, alemanas…”, comenta Lawand, que hasta hace poco no había salido nunca de Siria. Ha pasado un día desde que llegó a Atenas y fue sometido a un interrogatorio y se le nota cansado. Antes hablaba de Canadá, del Reino Unido, de estudiar. Ahora dice que quizá se quede un tiempo trabajando en la capital griega.

Seis semanas después, Lawand confirma a través de un mensaje de Facebook que está haciendo sus últimos preparativos: “Estoy esperando el visado para irme directamente a Canadá”.


La participación de personal sanitario en las “operaciones de limpieza” de la policía griega es contraria a la ética médica.

La doctora Efi Trikoupi examina a un sin techo en Atenas, Grecia. Enero de 2013. © Sophia Apostolia/MSF

Agentes de la policía griega y del Ministerio de Salud de Grecia llevaron a cabo una “operación de limpieza” en la madrugada del pasado 5 al 6 de marzo, durante la cual se trasladó a la fuerza a 132 supuestos drogodependientes a las dependencias policiales en Amygdaleza. Según las autoridades, esta operación se realizó con el propósito de controlar el tráfico de drogas en el centro de Atenas, en una acción combinada con atención médico-humanitaria, es decir para prestar servicios médicos a la vez que se registra a las personas retenidas (hombres y mujeres tanto de origen griego como extranjero).

Médicos Sin Fronteras (MSF) expresa su rechazo nuevamente a estas “operaciones de limpieza”. “La promoción de la Salud Pública no puede realizarse mediantes servicios de exámenes médicos liderados por la policía”, manifiesta Willem DeJonge, director general de MSF en Grecia, añadiendo que “la Salud Pública se puede proteger y promover siempre y cuando las poblaciones con mayores necesidades tengan acceso a los servicios sanitarios y a programas eficaces de atención pública. La promoción de la Salud Pública se realiza sólo cuando se atienden las necesidades médicas de todos los grupos sociales, ya sean personas sin seguro médico, usuarios de drogas, personas sin hogar, con independencia de su nacionalidad u origen”.

La enmienda del Decreto Presidencial Griego 114/2010, incluida en la ley que rige  las “Comunicaciones electrónicas, transportes y regulaciones de obras públicas y otros decretos” introducida el 9 de abril de 2012, prevé exámenes médicos obligatorios a personas que sufren enfermedades contagiosas o que pertenecen a grupos vulnerables a las enfermedades contagiosas, y su detención en las estructuras sanitarias denominando a estas personas como “un peligro para la salud pública”.

De acuerdo a esta legislación, “el riesgo se percibe entre las personas que padecen de enfermedades contagiosas o que pertenecen a grupos vulnerables a enfermedades contagiosas, principalmente por razón de su país de origen o por el uso de sustancias intravenosas ilegales, o por el hecho ser ellos o ellas trabajadores sexuales…, o porque sus condiciones de vida que no cumplen con las normas básicas de higiene.”

La Salud Pública es responsabilidad del Estado. El riesgo no son las personas, sino las personas la que están en riesgo, sobre todo ante la falta de políticas e intervenciones integrales de Salud Pública. MSF pide a las autoridades que modifiquen la ley y las regulaciones sanitarias y que se salvaguarde el acceso sin obstáculos a la atención sanitaria para las poblaciones que lo necesitan. Ello sólo puede llevarse a cabo mediante servicios médicos coherentes, sin la intervención de la policía.


MSF trabaja en Grecia desde 1991, tanto en situaciones de emergencia como en programas para grupos de población vulnerables y excluidos socialmente.


Tras recientes informes sobre la creciente llegada de migrantes a las islas griegas del Egeo en las dos últimas semanas, un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) se desplazó a las islas de Samos, Leros y Simi entre el 30 de agosto y el 4 de septiembre para evaluar la situación.

Un médico de MSF atiende a un inmigrante en Grecia. MSF

Durante su estancia, el equipo prestó atención médica y distribuyó artículos de higiene (cepillos de dientes, dentífrico y jabón) a un total de 246 personas, la mayoría de origen afgano y sirio. También suministró agua y comida para niños pequeños en caso de no disponer de ellos.

MSF pudo constatar que el acceso a atención médica de los migrantes recién llegados a las islas es limitado y que hacen falta más recursos para asegurar la referencia de los pacientes que así lo requieran a hospitales o centros de salud. Además, todos los grupos vulnerables (niños, mujeres embarazadas, ancianos y enfermos crónicos) deberían ser sometidos a exámenes médicos y seguimiento en caso necesario.

Por otra parte, las instalaciones visitadas por el equipo de MSF no reúnen las condiciones de alojamiento e infraestructuras suficientes, los estándares sanitarios son inadecuados y no hay separación entre hombres, mujeres y familias. El acceso a recursos básicos como agua potable, e incluso comida en algunos casos, es limitado y tampoco hay artículos de higiene para los recién llegados.

MSF ofrece asistencia médica y humanitaria a migrantes y solicitantes de asilo en Grecia desde 2008.