MÉDICOS SIN FRONTERAS

En el mes de agosto fueron declaradas dos epidemias de cólera. La primera en Yemen, donde el brote de esta enfermedad afecta ya a medio millón de personas y se ha cobrado 2.000 vidas. La segunda en Kivu Sur (República Democrática del Congo), donde nuestros equipos están interviniendo en las localidades de Minova, Bukavu, Bulenga, Numbi, Sebele, Nyange y Baraka. 

Pequeños pacientes del Centro de Tratamiento de Cólera de Minova. © Arjun Claire

El cólera es una infección gastrointestinal aguda potencialmente mortal, causada por la bacteria Vibrio cholerae. Y lo más frecuente es que aparezca en entornos densamente poblados con malas condiciones de salubridad y fuentes de agua no potable. El 50% de los casos que han llegado a nuestro centro de tratamiento en Minova (RDC) proceden de un barrio que está muy lejos de las fuentes de agua potable. Por su parte, Yemen sufre una guerra desde hace más de dos años, lo que se traduce en malas condiciones de vida, enfermedades y muerte.

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El brote de Ébola sigue propagándose en Guinea, Sierra Leona y Liberia. La organización médica internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta que para poner la epidemia bajo control se requiere un despliegue masivo de recursos por parte de los gobiernos de África Occidental y de las organizaciones de ayuda. MSF advierte, además, que sus equipos han llegado al límite de su capacidad de respuesta.

Un equipo de MSF entra en la zona de aislamiento de uno de los centros en Guinea

Enfermos de Ébola han sido identificados en más de 60 lugares diferentes en los tres países, lo que complica los esfuerzos para tratar a los pacientes y frenar el brote. “La epidemia está fuera de control”, explica el doctor Bart Janssens, director de Operaciones de MSF. “Con la aparición de nuevas localizaciones afectadas en Guinea, Sierra Leona y Liberia, existe un riesgo real de que se propague a otras áreas”.

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El número de refugiados registrados en el campo de Domeez, situado en el Kurdistán iraquí, sigue creciendo. Entre 700 y 1.000 personas se registran cada día, pero la atención en el campo es insuficiente para lidiar con las acuciantes necesidades de los refugiados.


Médicos Sin Fronteras emitió una alerta en diciembre sobre una epidemia de sarampión en las provincias de Equateur y Orientale, en el norte de la República Democrática del Congo (RDC), con el objetivo de llamar la atención sobre la situación y la falta de recursos disponibles para el personal de salud que responde a la emergencia. Dos meses después, sin embargo, la epidemia sigue afectando a decenas de miles de niños en el área.

© Tristan Pfund/MSF

La enfermedad es extremadamente contagiosa y puede diseminarse con rapidez en países como la RDC, que tienen graves carencias en su sistema sanitario. Los efectos pueden ser devastadores. El sarampión provoca graves complicaciones médicas en los pacientes y la mortalidad puede alcanzar hasta el 25% de los casos.

Desde marzo de 2012, MSF ha tratado a más de 18.500 pacientes y vacunado a más de 440.000 niños, pero muchos más necesitan ayuda. “Vemos muchísimas tumbas pequeñas, recientemente excavadas a lo largo de los caminos” dice Nathalie Gielen, responsable del equipo de MSF que ha regresado de la zona sanitaria de Djolu, en la provincia de Equateur. “Hemos contado 35 muertos en una aldea. Un padre nos dijo que había perdido siete hijos en tres semanas. Viajando de un pueblo a otro, oímos una sola palabra: sarampión. La gente está asustada y desesperada. Están pidiendo ayuda”.

© Tristan Pfund/MSF

Una crisis en curso que comenzó en 2010

“Esta situación es sólo la última evolución en curso de una epidemia que ha afectado a todo el país desde 2010 y es particularmente mortal entre los niños menores de cinco años “, dice Amaury Grégoire, miembro del equipo de coordinación de MSF. “Es inaceptable que alguien todavía muera de sarampión en el siglo XXI. Hay disponible una vacuna muy eficaz y barata que protege después de una sola dosis. Sin embargo, en países como la RDC, hay cientos de miles de niños que nunca han sido vacunados y que siguen muriendo a causa de una enfermedad tan fácilmente prevenible”.

La magnitud de las necesidades ha desbordado el sistema de salud de RDC. Muchas estructuras de salud son poco operativas. Con frecuencia se quedan sin medicamentos y bregan para encontrar personal cualificado. La falta de caminos transitables hace que sea muy difícil llegar a los centros y facilitar suministros. La cadena de frío, crítica para asegurar que la vacuna es eficaz, se interrumpe con frecuencia debido a la falta de equipos o electricidad en las áreas más remotas. En la zona sanitaria Yahuma en la provincia Orientale, donde MSF ha vacunado a 76.000 niños, el centro de salud cuenta sólo con dos refrigeradores y una moto averiada para servir a un área con una extensión similar a la Comunidad Valenciana.

Esta situación hace que sea especialmente difícil facilitar el acceso a la atención médica. La mayor parte de la población vive en aldeas distantes y bajo el umbral de la pobreza, lo que significa que no pueden trasladarse para acceder a tratamiento. Por otra parte, a pesar de que se ha declarado la epidemia, a algunas personas todavía se les cobra por la atención médica.

© Tristan Pfund/MSF

Centros de salud vacíos o inaccesibles

Martine ha traído a su hija de 10 meses de edad, Asiata, al hospital de Dingila. El bebé tiene sarampión con complicaciones respiratorias. Han viajado 20 kilómetros a pie para obtener atención médica proporcionada por MSF. En la unidad de cuidados intensivos, Félicien dice que caminó dos días para traer a Israel, su hijo de tres años de edad, quien se encuentra en estado crítico debido a complicaciones relacionadas con el sarampión. “Nuestro puesto de salud no tiene medicina”, dice. Félicien afirma que dos niños de su aldea ya han muerto de camino al hospital.

En esta vasta región boscosa, las personas tienen que caminar, a menudo, durante varios días para obtener atención médica. Ir a un centro de salud pública es, habitualmente, un último recurso – después de probar la medicina tradicional – y sólo si pueden permitírselo.

“Los padres llegan cuando el niño ya ha desarrollado complicaciones médicas, como infecciones agudas de las vías respiratorias o desnutrición”, dice el doctor Jehu, quien lidera el equipo de MSF en el hospital de Buta. “Algunos también tienen malaria. Tratamos a muchos niños con complicaciones médicas múltiples y simultáneas. Muchos mueren en su aldea porque los establecimientos de salud no pueden proporcionar una atención adecuada”.

Alcanzar las zonas sanitarias más distantes a toda costa

MSF continúa alertando a las autoridades sanitarias puesto que la epidemia está lejos de haber terminado. La organización está ampliando sus actividades y continúa vacunando a niños y tratando a pacientes, incluyendo a aquellas personas que requieren atención hospitalaria intensiva. MSF facilita apoyo a los servicios médicos, forma a personal local, avisa a la población de la disponibilidad de atención gratuita y refiere a los pacientes de mayor gravedad.

“El tratamiento de los niños afectados por el sarampión con complicaciones médicas asociadas es muy difícil, incluso en una unidad de cuidados intensivos bien equipada. Pero ningún niño debería tener que ir a un hospital debido al sarampión porque es fácilmente prevenible”, concluye el doctor Mathieu Bichet, director adjunto del programa de MSF.

 


Esta fiebre hemorrágica ha causado la muerte de 17 personas en el país africano. Tras poco más de un mes de intervención, el brote de esta enfermedad sin tratamiento ni vacuna ha sido contenido.

Hospital de emergencia organizado por MSF para atajar el brote de Ébola en Uganda. © Agus Morales/MSF

Médicos Sin Fronteras (MSF) ha concluido sus actividades de emergencia contra un brote de Ébola declarado en Uganda a finales de julio. La organización médico-humanitaria ha cedido al Ministerio de Salud de este país toda la gestión del centro de tratamiento de Ébola que sigue habilitado en el distrito occidental de Kibale.

Durante las últimas semanas, MSF ha puesto en funcionamiento el centro de tratamiento de Ébola en el hospital de Kagadi, ha aplicado las medidas de seguridad necesarias para evitar el contagio y ha instruido al personal sanitario ugandés para hacer frente al brote sin exponerse al virus. MSF también ha dado apoyo técnico y logístico a los equipos de ayuda psicosocial y de sensibilización comunitaria del Ministerio de Salud. La organización ha rehabilitado una unidad de tratamiento en el hospital Mulago, situado en Kampala, como parte del plan de preparación para futuras epidemias de Ébola en el país.

Un total de 17 personas han perdido la vida en Uganda a causa de esta fiebre hemorrágica que no tiene tratamiento ni vacuna. El último caso confirmado de Ébola se registró el día 3 de agosto, síntoma de que el esfuerzo conjunto de MSF, las autoridades sanitarias de Uganda y otros organismos para evitar la transmisión del virus ha sido exitoso.

“Confiamos en la capacidad del personal del Ministerio de Salud para tratar los casos de Ébola con todas las garantías médicas”, dice Olimpia de la Rosa, coordinadora de emergencias de MSF, quien añade: “Uganda ya ha conseguido desarrollar una cierta capacidad para responder a emergencias de Ébola”.

Para que la epidemia se dé por extinguida de forma oficial deben pasar 42 días sin ningún caso confirmado. Desde la puesta en marcha de la sala de tratamiento, se han registrado 69 casos sospechosos y cinco confirmados.

Para contener la epidemia ha sido fundamental la colaboración entre el Ministerio de Salud, MSF, el norteamericano Centro para el Control de Enfermedades, la Cruz Roja de Uganda y la Organización Mundial de la Salud. La experiencia adquirida por estos organismos servirá para responder de forma más adecuada a los brotes de Ébola que puedan producirse en el futuro.

El Ébola es una fiebre hemorrágica sin tratamiento ni vacuna que se transmite a través de los fluidos corporales. Su tasa de mortalidad fluctúa entre el 25 y el 90% en función de la cepa del virus. En esta epidemia ha habido casos excepcionales de supervivientes que han hecho frente a situaciones particularmente adversas, como el de una mujer embarazada que perdió a su bebé, pero finalmente sobrevivió a la enfermedad.