MÉDICOS SIN FRONTERAS

Uno de cada 12 habitantes de Banki, en el estado de Borno, habría muerto en los 6 últimos meses. Las tasas de desnutrición severa en niños menores de 5 años alcanzan el 15% en varias localidades.

Cada nueva localidad a la que llegan los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Borno, estado del noreste de Nigeria donde unas 500.000 personas están viviendo sin apenas recibir ayuda externa, se encuentra en la misma situación sanitaria catastrófica que la anterior.

Uno de los últimos lugares en recibir la visita de la organización humanitaria ha sido Banki, un poblado cercano a la frontera con Camerún que sólo es accesible con escolta militar y que actualmente alberga a unas 15.000 personas, en su mayoría desplazados por el conflicto. Tras una evaluación rápida, los responsables médicos de la organización calculan que uno de cada 12 habitantes del poblado habría muerto en los últimos seis meses, lo cual representa una mortalidad extremadamente alta.

 

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Níger, 22 de agosto de 2013. Durante las semanas previas al comienzo de la temporada de lluvias, y mientras se preparaban para hacer frente a la más que posible llegada de la crisis alimentaria, varios equipos de Médicos Sin Fronteras han estado distribuyendo en diversas regiones de Níger cientos de miles de tratamientos para prevenir la malaria.

Mercado de Guidan Roumdji, Níger. © Tanya Bindra / MSF

Con la llegada de la temporada de lluvias, año tras año los mosquitos comienzan a reproducirse en el agua estancada, lo cual aumenta exponencialmente el riesgo de contraer la malaria. Por ello, con el fin de evitar que miles de personas lleguen a padecer la enfermedad, los equipos de MSF acaban de completar una primera ronda de quimioprevención de la malaria estacional (SMC, por sus siglas en inglés), un nuevo método preventivo que está reconocido y recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde el año pasado.

Es la primera vez que la SMC se utiliza en Níger. El tratamiento, introducido en el país por equipos de MSF que trabajan junto a los profesionales del Ministerio de Salud, está dirigido a niños de entre tres meses y cinco años, que reciben tres dosis al mes durante los cuatro meses de la estación lluviosa. Hasta el momento, más de 184.000 niños de unas 1.000 aldeas de los distritos de Magaria, Guidan Sori, Moulé, Tafo, Sabon Guida, Bouza y Madaoua han recibido las dosis iniciales. Los más de 1.850 agentes comunitarios que trabajan con los equipos internacionales de MSF visitan las aldeas de la zona, sensibilizan acerca de la importancia de protegerse de la enfermedad, distribuyen el medicamento y alientan a los padres para que se aseguren de que los niños reciban las 12 dosis necesarias.

Como ya es sabido, más de 600.000 personas mueren cada año de malaria. Sin embargo, las estimaciones más recientes de la OMS indican que en la última década el número de casos ha disminuido en un 25 por ciento, lo cual viene a decir que se han logrado evitar más de un millón de muertes, la gran mayoría entre los menores de cinco años en África subsahariana.

La mejora del acceso a las pruebas de diagnóstico rápido, así como las terapias combinadas basadas en artemisinina (ACT) han revolucionado durante los últimos años el tratamiento de la malaria en los países en desarrollo. La SMC supone un nuevo motivo de esperanza en la lucha contra esta enfermedad, pues a través de este nuevo enfoque basado en la prevención, ya se ha demostrado que el número de casos de malaria se puede llegar a reducir hasta en un 80%.

Resultados alentadores que no deberían hacer que bajemos la guardia

En 2012, MSF puso en marcha en Malí y Chad un programa piloto de similares características al de Níger. Más de 200.000 niños sanos recibieron la SMC con unos resultados que no podrían haber sido más alentadores: en Malí se observó un descenso del 65% en el número de casos de malaria simple en las semanas siguientes a la distribución del tratamiento. Además, el número de hospitalizaciones asociadas a la enfermedad cayó de un promedio de 247 por semana a solo 84. En el sur de Chad, los resultados fueron igualmente buenos; en dos zonas sanitarias del distrito de Moissala la disminución en el número de casos de malaria simple fue de entre el 72 y el 86 %, en comparación con los casos registrados las semanas anteriores a la primera distribución de SMC

“A pesar de estos resultados alentadores, no hay que caer en la tentación de pensar que ya está todo hecho”, advierte Anja Wolz, coordinadora médico de MSF en Níger. “La SMC nos permite reducir la tasa de mortalidad y el número de casos de malaria en los países donde hay un acceso limitado a la atención. Sin embargo, la principal prioridad es seguir aumentando el suministro de mosquiteras e insecticidas, así como el diagnóstico y el tratamiento de los casos de malaria. Además, la SMC sólo es relevante en las regiones donde la malaria es estacional, en lugar de endémica, ya que la distribución del tratamiento durante todo el año sería una tarea casi imposible”.

Malaria y desnutrición, una combinación fatal

“Esperamos que la SMC juegue a partir de ahora un papel importante para la prevención de la malaria en Níger”, explica Wolz. “Para los niños menores de cinco años resultaría vital, ya que en esta época del año tienen que hacer frente no sólo a la malaria, sino también a las crisis alimentarias. Y ya sabemos que la malaria combinada con la desnutrición es una combinación que suele resultar fatal”.

Durante el período de transición marcado por la temporada de lluvias es cuando las reservas de alimentos comienzan a agotarse. Los precios de los productos en los mercados comienzan a alcanzar su pico anual y, a la espera de que el tiempo se estabilice, la siguiente cosecha ni siquiera se ha plantado todavía. La desnutrición y la malaria son los dos enfermedades que más afectan a los niños durante estos meses. “Es como un círculo vicioso: sin acceso a alimentos ricos en micronutrientes, muchos niños sufren de desnutrición. Los niños desnutridos tienen menos inmunidad a las enfermedades en general, y por lo tanto son más susceptibles a contraer una malaria con complicaciones. La malaria por su parte debilita el metabolismo y conduce a la pérdida de apetito en los niños pequeños, así que si no es por un lado, al final es por el otro, pero lo que está claro es que ambas enfermedades tienen muchas posibilidades de acabar asociándose”, continúa Wolf.

Paralelamente a la campaña de SMC, MSF ha hecho el seguimiento nutricional de unos 128.000 niños de edades comprendidas entre los 6 meses y los 5 años y ha tratado a todos aquellos que sufrían desnutrición severa. Los equipos de la organización se mantienen por el momento en estado de alerta y siguen preparados para responder a las necesidades médicas de este período tan crítico.

Alto índice de desnutrición en algunas regiones de Níger

Este año, los niños menores de cinco años han sufrido niveles excepcionalmente altos de desnutrición en algunas regiones de Níger, sobre todo en la región de Maradi. En Madarounfa, MSF ha atendido casi el doble de niños desnutridos en 2013 que en el mismo periodo de 2012 (5.455 frente a 3.985).

El doctor Chantal Gamba, coordinador general de MSF en Níger, dice que muchos de estos niños sufren marasmo (una forma grave de desnutrición caracterizada por presentar edemas), así como malaria o deshidratación severa. “En el último año nos hemos visto obligados a aumentar nuestro número de actividades y de proyectos y no nos ha quedado más remedio que adaptar nuestra forma de trabajar a esta nueva situación: hemos adecuado más espacio hospitalario para poder admitir a más niños y hemos aumentado los recursos humanos y materiales para poder garantizarles un cuidado adecuado”.

Las cifras que han hecho públicas las autoridades de Níger indican que Maradi es la única región del país afectada por focos de desnutrición. Y según las cifras que maneja MSF, efectivamente el estado nutricional de los menores de cinco años ha mejorado ligeramente en este 2013, ya que la desnutrición aguda representa un 13,3% de la población a nivel nacional, mientras que la desnutrición aguda severa “sólo” llega en esta ocasión hasta el 2,6%. Si extrapolamos estas cifras al número total de personas, esto significa que 376.000 niños de Sudán del Sur sufren de desnutrición. De todos ellos, 77.000 en la forma más severa de esta enfermedad.

El trabajo de MSF en Níger está dirigido principalmente a mejorar la salud de los niños menores de cinco años y de las mujeres embarazadas, centrándose particularmente en la prevención y tratamiento precoz de la desnutrición. En 38 centros de salud de las regiones de Zinder, Maradi y Tahoua, los equipos de MSF llevan a cabo programas de distribución de alimentos terapéuticos para sus pacientes ambulatorios. Los niños que necesitan atención hospitalaria son ingresados en los centros nutricionales intensivos de Zinder, Magaria, Madarounfa, Guidan Roumdji, Madoua y Bouza. MSF trabaja en Níger desde 1985 y desde hace algo más de un año ha estado proporcionando atención primaria y hospitalaria en Abala, una localidad de Tillabéri, la región que acoge a la mayor parte de los refugiados de Mali.


El brote de sarampión que afectaba desde finales de 2012 al estado de Katsina, en el norte de Nigeria, acaba de darse por finalizado. Durante todos estos meses, MSF ha estado dando apoyo a las autoridades de país a través de la vigilancia epidemiológica y de la gestión de casos en las 34 provincias de Katsina.

Médicos de MSF dando soporte a la población de Nigeria. © MSF

El brote empezó en diciembre de 2012 al sur del estado de Katsina y gradualmente se propagó a las 34 provincias del mismo. Durante las 28 semanas en las que ha estado activo se han reportado un total de 36.428 casos y 198 muertes.

Desde febrero de 2013, MSF ha estado prestando apoyo al Ministerio de Sanidad del estado a través de la vigilancia epidemiológica y de la gestión de casos en las 34 provincias de Katsina. Durante todos estos meses, los equipos de la organización médico humanitaria han visitado regularmente alrededor de 300 instalaciones sanitarias y han donado medicamentos para tratar 14.290 casos de sarampión.

Debido a que en Nigeria hay muchísima escasez de vacunas contra esta enfermedad, en un principio el Ministerio de Salud del país sólo pudo facilitar al estado de Katsina un 10% de las vacunas requeridas para efectuar campañas masivas de vacunación. Por esta razón, durante la primera semana de marzo, MSF decidió seguir apoyando a las autoridades organizando una campaña masiva en cinco de las 34 provincias. Gracias a esta campaña de vacunación, en la que unos 217.500 niños de edades comprendidas entre los 6 meses y los 5 años fueron vacunados, se observó un descenso importante del número de casos en estas cinco zonas.

Debido a la interrelación que existe entre sarampión y desnutrición, MSF también llevó a cabo exámenes sistemáticos para detectar los casos de desnutrición en la provincia. Un total de 215.038 niños entre 6 meses y 5 años fueron examinados. La tasa de desnutrición aguda severa detectada fue de un 1,8% y la de desnutrición aguda global del 6%.

 


En el Día Mundial de la Malaria, Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que un aumento de la malaria puede tener graves consecuencias para la población de la provincia Oriental de la República Democrática del Congo (RDC) a menos que se adopten acciones inmediatas. La lucha contra los brotes recurrentes de la enfermedad en la provincia requiere un compromiso firme por parte de las autoridades congoleñas de salud y las organizaciones de ayuda, según MSF.

Bebé paciente de malaria en la provicia Oriental de RDC, julio de 2012 © Aurelie Lachant / MSF

Con la estación de lluvias a punto de comenzar, la situación es crítica en áreas remotas de la provincia Oriental, donde la malaria es una de las causas principales de mortalidad, de acuerdo con el coordinador de emergencias, Narcisse Wega. “Demasiados centros de salud carecen de los medios necesarios para afrontar un nuevo brote, lo que es completamente inaceptable”, dice Wega.

El brote de malaria, además, está previsto que se conjugue con una epidemia de sarampión que se cernirá en la provincia, y serán los menores de cinco años los más vulnerables.

En el último año, MSF ha actuado de emergencia para responder a un aumento dramático de casos de malaria graves en los distritos nortes de la ciudad de Kisangani. En las áreas de Ganga-Dingila, Buta y Aketi, casi 60.000 personas recibieron tratamiento y más de 3.500 tuvieron que ser admitidos en el hospital aquejados por la enfermedad.

Dos estudios de mortalidad llevados a cabo por MSF en 2012 muestran una mortandad extremadamente elevada en niños menores de cinco años. En la región de Pawa, los índices de mortalidad multiplicaron los niveles de emergencia por tres, con más de un niño muerto de cada diez, por no recibir tratamiento adecuado. Esta no es una situación única en RDC, donde los brotes son recurrentes también en las provincias de Maniema, Ecuador y Katanga.

La respuesta de emergencia de MSF durante 2012 reveló grandes deficiencias en el sistema de salud, y ello contribuyó a la severidad del brote. La misma situación se repite este año: las mosquiteras no han llegado a las áreas más vulnerables, así como tampoco suficientes equipos para diagnóstico rápido, de transfusión de sangre o medicamentos. Los equipos de transfusión son vitales para niños que sufren anemia causada por la malaria. Estos materiales indispensables no se encuentran en las listas de suministros requeridos por los donantes. El coste de los servicios de salud en RDC también impide a mucha población el acceso al tratamiento que necesitan.

MSF hace un llamamiento a la acción urgente de todos aquellos involucrados en la lucha contra la malaria en DRC. Tratamientos adecuados y pruebas rápidas de diagnóstico deben ser puestos a disposición de la población de la provincia Oriental lo antes posible, mientras que medidas de prevención como la distribución de mosquiteras debe iniciarse inmediatamente, antes de que el pico estacional de malaria se encuentre ya en apogeo. Si la actuación no es rápida y efectiva, MSF teme que las consecuencias para la población sean trágicas.

 

MSF trabaja en la RDC desde 1981. En 2012, MSF trató a más de medio millón de personas con malaria en el país, incluyendo un número muy elevado de niños menores de cinco años.


La temporada de lluvias y el aumento de la malaria coinciden con la época de mayor escasez de alimentos.

 

En 2013, se prevé tratar a 1,4 millones de niños con desnutrición aguda severa en Sahel; 1 de cada 5, en Níger.  Médicos Sin Fronteras (MSF) ha comprobado un aumento de los casos de desnutrición durante el primer trimestre del año, en relación al mismo período de 2012, en varios de sus proyectos en el sur del país. El número de casos de malaria tratados por la organización en algunas zonas también se ha incrementado en las últimas semanas. Con la estación lluvias a punto de empezar, y más picos de desnutrición y malaria previstos, MSF considera esencial trabajar en un enfoque integrado que se centre tanto en la prevención como en el tratamiento para reducir el impacto de las crisis médicas y nutriciones en los niños menores de 5 años en Níger.

En 2012, un pico de malaria más prematuro y prolongado provocó un gran aumento del número de niños desnutridos que tuvieron que ser ingresados con malaria severa y tratados de forma hospitalaria. Una encuesta de mortalidad retrospectiva realizada por MSF en los distritos de Madaoua y Bouza en 2012, reveló una tasa de mortalidad en menores de 5 años de 7 muertes por 10.000 niños al día; el triple del umbral de emergencia. Más de la mitad de las muertes se debieron a la malaria. Los datos no son extrapolables a todo el país pero muestran la grave situación humanitaria que se vivió en algunas zonas.

La malaria y la desnutrición están muy relacionadas. La época de escasez de alimentos entre cosechas, cuando se dan más casos de desnutrición, coincide con la estación de lluvias, cuando los mosquitos se reproducen y el número de casos de malaria se dispara. Ambas enfermedades crean un círculo vicioso: los niños desnutridos poseen un sistema inmunológico más debilitado así que son más vulnerables a enfermedades como la malaria y los niños enfermos de paludismo tienen más probabilidades de padecer desnutrición.

“Tenemos que actuar con urgencia para evitar que tantos niños sigan muriendo de causas prevenibles”, afirma Luis Encinas, responsable de proyectos de MSF en Níger, y añade: “Para combatir malaria y la desnutrición necesitamos enfoques innovadores y trabajar en dos niveles al mismo tiempo: el preventivo y el curativo”.

 

© Juan Carlos Tomasi / MSF

 

En los últimos años, las estrategias para luchar contra la desnutrición incluyen la prevención como uno de los componentes claves para abordar el problema. De igual manera, es imprescindible trabajar más en la prevención de la malaria, aplicando nuevas estrategias que ya han demostrado su eficacia.

En este sentido, MSF prevé implementar en algunas zonas de Níger una nueva estrategia para prevenir la malaria, conocida como quimioprevención de la malaria estacional (SMC, por sus siglas en inglés) que consiste en el suministro intermitente de un ciclo completo de tratamiento antipalúdico durante la época de malaria para prevenir nuevos casos. MSF implementó con éxito esta estrategia en Chad y Mali durante 2012, consiguiendo disminuir en un 66% el número de casos de malaria simple en Mali y un 78% en Chad.

 

Estas estrategias cruciales de prevención deben ser parte de un plan más ambicioso que aborde la desnutrición y la malaria como problemas de salud pública e integre su prevención y tratamiento dentro de las medidas básicas de salud dirigidas a los niños más pequeños, como la vacunación, y apoyadas con suplementos nutricionales para ayudar a los niños a crecer sanos. También es necesario mejorar el acceso de la población a la atención sanitaria, descentralizándola a las zonas rurales. En el distrito de Madarounfa, MSF ya lleva a cabo un programa con este enfoque integrado para reducir la mortalidad infantil.

“El esfuerzo para tratar la desnutrición en Níger es tremendo y hay que apoyarlo. El problema en 2012 fue que el plan masivo para tratar la desnutrición no incluyó otras necesidades médicas, en particular la malaria y la inmunización. Incluso con la nutrición apropiada, puedes perder a un niño por malaria y por infecciones respiratorias. Para la supervivencia del niño es necesario una respuesta integrada y no impulsar una u otra de forma exclusiva”, afirma José Antonio Bastos, presidente de MSF España.

La situación de seguridad en Níger, que se deterioró en 2012 y principios de 2013 debido a los conflictos en la región, puede obstaculizar el despliegue de la ayuda humanitaria en el país, por lo que es necesario anticiparse y elaborar estrategias alternativas que puedan ponerse en marcha incluso en condiciones difíciles.

 


Para hacer frente a la emergencia crónica, MSF llevó a cabo diferentes actividades en Níger en 2012 para mejorar el acceso a la salud en niños menores de 5 años y mujeres embarazadas. Los equipos médicos de la organización gestionaron programas nutricionales ambulatorios en 37 centros de salud en las regiones de Zínder, Maradi y Tahoua. Los pacientes que necesitaban ser hospitalizados eran tratados en los centros de nutrición de los hospitales de Zínder, Magaria, Madarounfa, Guidan Roumdji, Madaoua y Bouza.
Más de 90.000 niños con desnutrición aguda severa y 390.000 casos de malaria fueron tratados en 2012 en los centros médicos gestionados por MSF y sus contrapartes.

 


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El número de refugiados registrados en el campo de Domeez, situado en el Kurdistán iraquí, sigue creciendo. Entre 700 y 1.000 personas se registran cada día, pero la atención en el campo es insuficiente para lidiar con las acuciantes necesidades de los refugiados.


Después de que el tifón Bopha devastase las regiones costeras de la isla de Mindanao en Filipinas a principios de este mes, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha enviado al lugar siniestrado dos equipos para gestionar clínicas móviles. Éstas permitirán proporcionar atención sanitaria básica, vigilar las enfermedades potencialmente epidémicas, como el dengue, y prestar apoyo material.

Centro de salud de Baganga tras el paso del tifón © Jeff Stewart/MSF

“La destrucción, enorme, se extiende a lo largo de 100 kilómetros de costa y dejado en condiciones de vulnerabilidad a personas que se encontraban en buen estado de salud” explica Anne Taylor, coordinadora de emergencias de la organización.

En la zona más afectada todos los puestos de salud han quedado destruidos, y los hospitales regionales han sufrido también daños considerables. Las clínicas móviles de MSF, realizadas en estrecha colaboración con el Ministerio de Sanidad, tienen por objetivo cubrir las lagunas en materia de salud patentes en los ocho distritos de las municipalidades de Cateel y de Baganaga.

El equipo de MSF que llegó a la región para evaluar el impacto del tifón la segunda semana de diciembre, tras constatar que el oeste de la isla de Mindanao había sido la zona más afectada, se centró en las comunidades en torno a estas dos poblaciones. En un futuro próximo, el equipo prevé ampliar sus actividades a una tercera municipalidad de la región.

“Ahora tenemos dos equipos, con dos enfermeras enviadas por el Ministerio de Sanidad de Filipinas, gestionando cuatro clínicas móviles en la región. Vamos a llevar a cabo esta actividad por lo menos durante cuatro semanas, y después decidiremos si tenemos que quedarnos más tiempo” añade Anne Taylor.


Un proyecto piloto a gran escala, llevado a cabo por la organización en dos distritos de Malí y Chad, y consistente en la distribución intermitente de antipalúdicos, está reduciendo drásticamente el número de nuevos casos entre niños pequeños durante la época de mayor transmisión de esta enfermedad.

Un médico de MSF atiende a un niño aquejado de malaria © Olga Overbeek/MSF

Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han administrado medicamentos contra la malaria como profilaxis a unos 175.000 niños de entre 3 meses y 5 años de edad en el distrito de Koutiala, en el sur de Malí, y en dos zonas del distrito de Moissala, en Chad, a través de una intervención conocida como quimioprevención de la malaria estacional (SMC, por sus siglas en inglés). Los niños de este grupo de edad tienen un alto riesgo de morir por malaria debido a que su sistema inmunitario no está plenamente desarrollado. Los resultados preliminares del programa piloto de MSF muestran un descenso de más de dos tercios del número de casos de malaria simple en el área de intervención de Malí y de hasta el 86% en Chad. También se ha registrado una disminución significativa de casos de malaria severa.

“Aunque tenemos que seguir evaluando el impacto de la quimioprevención de la malaria estacional, en términos de su efecto global sobre la salud de la población, los resultados iniciales de nuestra intervención muestran una disminución espectacular del número de casos”, explica la doctora Estrella Lasry, especialista en malaria de MSF.  “Estamos viendo una correlación entre nuestro programa de prevención y que más de la mitad de las camas pediátricas del hospital donde trabajamos en Malí están vacías, algo que nunca habíamos visto en años anteriores durante el pico estacional de malaria, cuando la ocupación de camas era normalmente de más del 100%”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó la SMC en marzo de este año, en base a investigaciones realizadas en varios países de la región africana del Sahel cuya incidencia de malaria estacional es alta. Esta intervención consiste en el suministro intermitente de un ciclo completo de tratamiento de un antipalúdico durante la estación de mayor transmisión de la malaria para prevenir nuevos casos. Para tratar los casos positivos se utilizan fármacos diferentes.

Los programas piloto de MSF se pusieron en marcha en julio y durarán hasta octubre, el pico estacional de malaria en la zona del Sahel (noticias). Se trata de la primera vez que la organización médico-humanitaria lleva a cabo un programa de SMC a gran escala. Unos 165.000 niños en Malí y 10.000 en Chad están tomando un total de tres tabletas de amodiaquina y una de sulfadoxina/pirimetamina durante tres días una vez al mes. Los niños que están enfermos en el momento de la distribución y dan positivo de malaria reciben un tratamiento a base de artemisinina y no se incluyen en la distribución profiláctica de ese mes.

Antes del inicio de la intervención, se llevaron a cabo pruebas en las áreas de Malí y Chad objeto del programa para determinar la resistencia a los fármacos de la quimioprevención de la malaria estacional. No se hallaron resistencias en la muestra representativa de la prueba, aunque periódicamente se llevarán a cabo otras encuestas de resistencia en Koutiala y Moissala.

Datos prometedores

Los equipos de MSF en Malí observaron un descenso del 65% en el número de casos de malaria simple en las semanas siguientes a la distribución del tratamiento. Además, el número de hospitalizaciones asociadas a la malaria cayó de un promedio de 247 por semana a solo 84. En el sur de Chad, los resultados fueron igualmente alentadores; en dos zonas sanitarias del distrito de Moissala la disminución en el número de casos de malaria simple fue de entre el 72 y el 86 %, en comparación con los casos registrados las semanas anteriores a la primera distribución de SMC.

“Esta estrategia de prevención podría ser una extraordinaria medida de salud pública, en particular para proteger a los niños que representan la gran mayoría de las muertes por malaria”, dice la doctora Lasry. “Podemos inspirarnos en nuestros proyectos en Chad y Malí para evaluar la posibilidad de emplear esta estrategia en otros contextos”, añade.

Con todo, MSF considera que se deben seguir apoyando e implementando en los países endémicos otros métodos de prevención de la malaria, como la distribución de mosquiteras e insecticidas, además del adecuado diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.

Según la OMS, se estima que cada año mueren 650.000 personas a causa de la malaria. El 90% de los casos se dan en África subsahariana, principalmente entre los niños pequeños. MSF trató a 1.423.000 pacientes con esta enfermedad en 2011.

MSF lleva a cabo proyectos para el tratamiento y la prevención de las enfermedades más mortales en niños de corta edad en Malí y Chad. Desde principios de 2012, más de 12.000 personas han recibido tratamiento de la  malaria en régimen ambulatorio y 3.500 niños enfermos y/o con desnutrición severa han sido hospitalizadas en el distrito maliense de Koutiala. En el distrito de Moissala, en Chad, más de 18.000 personas han recibido tratamiento contra la malaria en estructuras de salud apoyadas por MSF o por parte de personal no médico formado por los equipos de la organización.

 


Esperanza Santos, enfermera madrileña de 32 años, forma parte del equipo de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF). Su trabajo consiste en coordinar las actividades médicas en el terreno ante desastres naturales, epidemias, conflictos, etc. Ahora está en Níger, desde donde apoya la intervención en el norte de Malí y responde al gran pico de malaria que se está produciendo en plena crisis nutricional, y al que en los últimos días se ha añadido la aparición de casos de cólera.

Esperanza Santos atiende a un niño en Sudán. © Juan Carlos Tomasi/MSF

¿Cuál es la situación actual en Níger?

Níger es uno de esos sitios del mundo donde uno corrobora todas las estadísticas que ha oído y leído sobre el hambre y la pobreza en el mundo. Cuando escuchas eso de “cada minuto mueren 10 niños de hambre en el mundo”, o eso otro de “cada minuto muere un niño de malaria en el mundo”, no te haces una idea de lo que significa. Hasta que llegas a un sitio como el distrito de Madaoua, uno de los lugares donde MSF trabaja en Níger, y lo ves con tus propios ojos.

En Madaoua hay desnutrición y malaria todo el año, pero durante este periodo se multiplican los casos. Por un lado, es la época del año en que las reservas de grano de las cosechas del año anterior se están agotando y las nuevas cosechas aún no se han recogido: este periodo se conoce como hunger gap y dura hasta octubre-noviembre. Por otra, estamos en plena estación de lluvias y, durante estos meses, los casos de malaria se disparan. Estas dos patologías juntas, la desnutrición y la malaria, son fatales para los niños más pequeños.

Llevas dos meses en Madaoua trabajando en malaria, ¿qué te encontraste al llegar?

Me encontré a la gente que está trabajando en el proyecto de desnutrición,  haciendo ya frente al comienzo de la época de los picos de desnutrición y malaria. El año pasado, 20.000 niños menores de 5 años fueron admitidos en el programa nutricional de MSF en Madaoua. Casi todos ellos siguieron el tratamiento a nivel ambulatorio. Solo cuando los niños están muy débiles o con alguna otra enfermedad asociada, se les lleva al hospital y se les hace un tratamiento intensivo, que suele durar unas dos semanas. En el hospital de Madaoua, también nos hacemos cargo de la parte de pediatría, en la que ingresan los niños que están enfermos pero no están desnutridos.

Cuando llegué a Madaoua, los ingresos estaban empezando a multiplicarse y ahora siguen siendo muy altos. Además de las salas habituales para los desnutridos y la de pediatría, ya hay montadas cinco tiendas de campaña grandes y está todo lleno. La semana pasada, entre pediatría y desnutridos, había más de 300 niños ingresados. Y siguen viniendo. La malaria es una de las enfermedades que más vemos y por eso mi trabajo aquí consiste en coordinar una estrategia para acercar el diagnóstico y el tratamiento a la comunidad.

¿Nos puedes explicar en qué consiste esta estrategia de malaria?

La idea es descentralizar el diagnóstico y tratamiento de la malaria todo lo que se pueda para hacerlo más accesible a la población. En la zona rural hay un grave problema de acceso al sistema sanitario: en ocasiones, el centro de salud más cercano está a más de 10 e incluso 20 kilómetros de distancia, así que una madre (probablemente embarazada) caminando con un niño enfermo de malaria a cuestas es incapaz de llegar al centro para conseguir el tratamiento.

Hemos formado a la red de trabajadores comunitarios para que puedan realizar tests rápidos de malaria, dar tratamiento e identificar los casos graves que deban ser referidos al hospital. También hacemos detección de casos de desnutrición, para referir al programa nutricional a los niños que necesiten tratamiento y vacunamos de sarampión a los niños que no están inmunizados.

¿Cuántos casos de malaria habéis tratado en las últimas semanas?

En agosto se han disparado los casos. Solo en el proyecto de Madaoua hemos tratado 22.000 casos de malaria, mientras que en julio tratamos 6.200. Por eso es tan importante la estrategia de malaria: para tratar a estos niños lo antes posible e impedir que contraigan la forma severa de la enfermedad o mueran.

A esta situación se ha sumado el cólera desde hace unas semanas. ¿Cuál es la situación?, ¿cuántos casos hay?, ¿dónde estáis trabajando?

El primer caso fue el 19 de agosto en Galmi, un pueblo que está a unos 40 kilómetros de Madaoua, en la carretera principal que viene desde Niamey y va hasta Maradi y la frontera de Nigeria. Una semana más tarde comenzaron los casos en Koumassa (a medio camino entre Galmi y Madaoua). Llevan 185 y 75 casos registrados respectivamente, y hasta el momento han muerto siete personas en Galmi y dos en Koumassa. En Madaoua también ha habido algunos casos de cólera, pero de momento parece que no han ido a más.

Estamos trabajando en los tres sitios, en colaboración con los distritos sanitarios. Se han abierto tres unidades de tratamiento, donde nos encargamos de toda la logística (materiales, construcción, tratamiento de agua y desinfección), trabajamos con el personal médico del distrito, hemos dado formación sobre cólera porque en esta zona hacía por lo menos siete u ocho años que no había habido casos, y también hemos hecho donación de material médico y medicamentos.


Desde el inicio de la estación de lluvias en julio, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Maradi están atendiendo a un número cada vez mayor de niños con desnutrición severa, agravada por la malaria. Una combinación mortal, ya que ambas enfermedades pueden producir una anemia severa.

Un enfermero de MSF cuida a un niño aquejado de desnutrición © Tanya Bindra/MSF

En el hospital de Guidan Roumji, en la región de Maradi, al sur de Níger, el ir y venir de ambulancias es constante. A lo largo de todo el día, el equipo de MSF ha estado tratando a muchos niños debilitados por la desnutrición y malaria.

En los últimos días, el número de niños admitidos en el hospital ha aumentado de 117 a 430. “Los servicios de cuidados intensivos y pediatría están saturados, con una tasa de ocupación del 200%”, explica Mirko Tommasi, coordinador general de MSF en Níger. “Ya tratábamos a muchos niños desnutridos pero, con el inicio de la estación de lluvias, también se ha producido un pico de los casos de malaria. Casi un 80% de los niños admitidos padecen esta enfermedad”, añade.

Las intensas lluvias que empezaron a caer en julio han destruido algunas cosechas, lo que podría agravar una situación alimentaria ya de por sí desesperada. La falta de comida es algo inevitable en el ‘periodo de escasez’, cuando ya se han acabado las reservas de alimentos de la cosecha de mayo y todavía no se ha recogida la de septiembre. Las lluvias también han provocado la proliferación de los mosquitos transmisores de la malaria. “Los niños con malaria suelen llegar demasiado tarde, en estado comatoso, por la falta de acceso a una atención sanitaria adecuada en sus aldeas”, declara Véronique Van Frachen, coordinadora médica de MSF.

La malaria y la desnutrición forman una combinación mortal. Los niños desnutridos carecen de la fuerza necesaria para combatir la enfermedad y por tanto son más susceptibles a desarrollar malaria severa. Asimismo, un niño desnutrido correrá un riesgo mayor de morir que un niño con un estado nutricional normal. “Una de las razones por las que la malaria causa tantas muertes se debe a que puede provocar anemia severa, igual que la desnutrición”, afirma Véronique.

Los niños desnutridos con malaria severa reciben tratamiento en una unidad de hospitalización para ambas enfermedades. Por un lado, la desnutrición se trata con alimentos terapéuticos preparados. Por otro, los niños reciben un tratamiento a base de artesunato para combatir la malaria severa.

Un ciclo de crisis recurrentes

Cada año, la población de Níger y los niños en especial se enfrentan a crisis alimentarias recurrentes; esta difícil situación ejerce una tremenda presión sobre las comunidades. A menudo la gente apenas se recupera de una crisis alimentaria cuando comienza otra, obligándoles a vender valiosas posesiones y a endeudarse para poder comprar lo bastante para comer.

Para reducir el ciclo de desnutrición y enfermedades asociadas, MSF y el Ministerio de Salud de Níger llevan a cabo actividades preventivas, entre ellas, campañas de vacunación y distribuciones de productos nutricionales específicos y mosquiteras. Desde que empezó el año, más de 150.000 niños con desnutrición aguda severa han sido atendidos de urgencia por distintos agentes humanitarios en todo el país. “Para romper este ciclo de emergencias recurrentes, se necesita una solución a largo plazo, una solución que mejore el acceso a atención sanitaria y a alimentos adecuados para los niños más pequeños”, concluye Mirko Tommasi.

En Níger, MSF lleva a cabo actividades nutricionales y médicas en las regiones de Tahoua, Maradi, Zinder y Agadez. Desde principios de 2012, MSF y sus contrapartes han tratado a más de 50.000 niños con desnutrición aguda y 105.000 casos de malaria