MÉDICOS SIN FRONTERAS

Tras más de medio siglo de conflicto armado en Colombia, la violencia está lejos de desaparecer  y el coste social hasta el momento es alarmante. Millones de personas han tenido que desplazarse de sus hogares y tierras, decenas de miles han desaparecido y centenares de miles de familiares siguen esperándolos.

© Marta Soszynska/MSF

Durante todos estos años, la violencia no ha cesado, sino que se ha adaptado. Razones ideológicas, políticas y/o religiosas han sido el motivo de aberraciones contrarias a la vida y de la erosión de los derechos humanos más básicos. Pero sobre todo, el principal motor de esta desmesurada violencia ha sido el interés económico. Cantidad de niños, jóvenes y adultos han sido reclutados a la fuerza o empujados a un estilo de vida criminal ante la falta de oportunidades.

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Uno de cada 12 habitantes de Banki, en el estado de Borno, habría muerto en los 6 últimos meses. Las tasas de desnutrición severa en niños menores de 5 años alcanzan el 15% en varias localidades.

Cada nueva localidad a la que llegan los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Borno, estado del noreste de Nigeria donde unas 500.000 personas están viviendo sin apenas recibir ayuda externa, se encuentra en la misma situación sanitaria catastrófica que la anterior.

Uno de los últimos lugares en recibir la visita de la organización humanitaria ha sido Banki, un poblado cercano a la frontera con Camerún que sólo es accesible con escolta militar y que actualmente alberga a unas 15.000 personas, en su mayoría desplazados por el conflicto. Tras una evaluación rápida, los responsables médicos de la organización calculan que uno de cada 12 habitantes del poblado habría muerto en los últimos seis meses, lo cual representa una mortalidad extremadamente alta.

 

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Médicos Sin Fronteras (MSF) realiza, en colaboración con la Casa Encendida, un ciclo de debate y análisis “Retos y dilemas del humanitarismo en el mundo actual: ¿la imperfecta máquina humanitaria?”, que se concretará en cuatro sesiones en las que se analizarán los retos y dilemas de la acción humanitaria en el escenario actual.

El ciclo arranca hoy, 24 de marzo, a las 19:00, con la mesa redonda, “Mujer y violencia en crisis olvidadas”, que analizará la situación de la mujer inmersa en contextos de violencia y crisis olvidadas.

República Centroafricana © Juan Carlos Tomasi

En esta primera sesión, moderada por Cristina Sánchez, presentadora del programa “Países en Conflicto” de RNE, participarán María Villellas, investigadora de la Escola de Cultura de Pau, experta en género, conflicto y construcción de paz; Patricia Lledó, referente de ginecología y obstetricia de Médicos Sin Fronteras, con experiencia de 7 años como obstetra y cirujana en países en conflicto; y el periodista y escritor Ramón Lobo, autor de una serie de reportajes para Médicos Sin Fronteras (junto con el fotoperiodista Juan Carlos Tomasi) que profundizan en las problemáticas a las que se enfrentan las mujeres en 4 crisis humanitarias (#mujeresenguerra): Colombia, Jordania, Territorios Ocupados Palestinos y República Centroafricana.

Mujeres y conflictos

La mesa-debate “Mujer y violencia en crisis olvidadas” se centra en la situación de la mujer en contextos de conflictos armados o desplazamientos por su elevado grado de vulnerabilidad, puesto que están expuestas a un elevado riesgo de ser víctimas de violencia sexual, además de ser las que suelen ocuparse del mantenimiento de su familia.

Según los datos de Médicos Sin Fronteras, el 70% de los pacientes tratados por la ONG son mujeres y niños menores de cinco años. De hecho, tal y como apunta la Delegada de MSF en Madrid, Raquel González, “ofrecer una asistencia integral y de calidad a la mujer es uno de los restos a los que se enfrenta MSF a diario en la mayoría de los proyectos que lleva a cabo en más de 60 países, muchos de ellos sumidos en grandes crisis humanitarias o conflictos enquistados”. El embarazo y el parto son momentos extremadamente sensibles que requieren de una buena atención médica, ya que es en esos momentos cuando se registran un alto número de complicaciones obstétricas así como de mortalidad materno-infantil.

En 2015, año en el que Naciones Unidas celebra la Quinta Conferencia Mundial de Mujeres (Beijing +20) y en el que se evaluarán los Objetivos del Milenio, MSF va a usar el ejemplo y las voces de éstas como vehículo para explicar la situación que viven en diferentes contextos.

Próximas conferencias

Junto con esta sesión, MSF celebrará otras tres conferencias sobre el tema de acción humanitaria en la Casa Encendida. De hecho el próximo mes de junio se abordará la relación con los medios de comunicación y las crisis olvidadas, junto con la labor de testimonio de MSF. Mientras en septiembre, con la mirada puesta en la Cumbre Humanitaria Mundial convocada por la ONU para 2016, la mesa de debate se centrará en “Conflictos y crisis crónicas desatendidas en el siglo XXI”. Finalmente el ciclo concluirá con una revisión crítica de las acciones de MSF en el terreno y el impacto no intencionado de la acción humanitaria.

El objetivo prioritario es compartir puntos de vista y generar debate sobre diferentes aspectos del humanitarismo, desde una visión crítica y muy pegada a la realidad del terreno que viven nuestros equipos; pero también a partir de una mirada externa e integradora de expertos en acción humanitaria de otras organizaciones, periodistas y académicos”, según concluye la delegada en Madrid de MSF.

LUGAR: Casa Encendida (Ronda de Valencia, 2,). Madrid

DÍA: 24 de marzo

HORA: 19 horas


Cuando la guerra en Siria entra en su quinto año, la ayuda humanitaria no llega a los millones de personas que están atrapadas por el conflicto y que necesitan, más que nunca, un incremento masivo de la asistencia médica.

Clínica móvil en Siria, cerca de la frontera con Irak © MSF

Siria entra en su quinto año de guerra y la ayuda humanitaria sigue sin llegar a los millones de personas que están atrapadas por el conflicto y que necesitan, más que nunca, un incremento masivo de la asistencia médica.

“Tras cuatro años de conflicto, la guerra sigue caracterizándose por actos de una violencia brutal que no distingue entre civiles y combatientes, ni respeta el estatus de protección que en teoría tienen el personal sanitario y las estructuras médicas”, explica la doctora Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF). “Es inaceptable que la asistencia humanitaria sea tan limitada cuando el balance de muertes y el sufrimiento de los civiles han llegado a límites tan insoportables”.

El sistema de salud en Siria ha quedado devastado por cuatro años de conflicto. Conseguir atención médica vital es ahora prácticamente imposible debido la falta de suministros y de personal médico cualificado, o por culpa de los ataques perpetrados contra las estructuras de salud.

De los 2.500 médicos que trabajaban antes de la guerra en Alepo –la segunda ciudad más grande del país–, menos de cien permanecen en los hospitales que aún siguen operativos. El resto han huido, se han convertido en desplazados o refugiados, han sido secuestrados o han muerto.

“La intervención médica que deberíamos tener en Siria sería sin duda una de las más importantes en los 44 años de historia de MSF”, apunta la Dra. Liu. “Pero no es así, y la pregunta es por qué”.

Debido al deterioro gradual de la situación de seguridad, y tras el secuestro de cinco trabajadores de MSF por parte del Estado Islámico en enero de 2014, MSF se vio obligada a reducir sus actividades en el país.

“Este grave incidente no solo provocó el cierre de las estructuras médicas en las áreas controladas por el Estado Islámico, sino que también comportó que la mayor parte del personal internacional de MSF tuviera que dejar de trabajar en el interior de Siria, al no poder confiar en que nuestros equipos no resultaran dañados”, explica la Dra. Liu.

A la retirada de los equipos de las zonas controladas por el Estado Islámico tras el secuestro –que duró cinco meses–, se suma el hecho de que MSF no ha podido, hasta la fecha, abrir proyectos médicos en áreas bajo control gubernamental.

MSF continua operando seis estructuras médicas en el país. La organización también ha establecido redes de apoyo a más de cien centros de salud tanto en áreas controladas por el Gobierno como en las controladas por diferentes grupos armados de la oposición. Estas redes posibilitan que los médicos sirios continúen trabajando, a menudo en condiciones de extrema dificultad, y llevar un mínimo de cuidado sanitario a las poblaciones atrapadas en el conflicto. Este apoyo, si bien es valioso, es solo posible en determinadas áreas del país, y resulta insuficiente en comparación con las necesidades masivas a las que los equipos médicos se enfrentan en Siria.

Siria necesita desesperadamente un enorme despliegue humanitario internacional. MSF está dispuesta a hablar con todas las partes involucradas en el conflicto –tal y como ha hecho en otros casos en el pasado– para asegurar que la ayuda llegue a la población civil, y para obtener la garantía de que la organización puede trabajar en Siria de forma segura y efectiva. “Hasta entonces, el único salvavidas de que esta gente dispone son las redes de médicos y activistas civiles. Podemos y debemos hacer más por la población siria”, añade la Dra. Liu.

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En los últimos meses, Líbano ha acogido a decenas de miles de refugiados que huyen del conflicto en la vecina Siria. Muchos viven en condiciones de hacinamiento, no tienen acceso a atención médica, padecen trastornos psicológicos y temen por su seguridad.

Un doctora examina a una niña refugiada siria en Líbano / © Nagham Awada/MSF

Así se desprende de un informe elaborado por Médicos Sin Fronteras (MSF) sobre la situación de estas personas. La organización médico-humanitaria internacional trabaja en Líbano y otros países fronterizos con Siria, donde presta asistencia a las personas que huyen del conflicto en ese país y otras zonas de la región.

El informe, titulado ‘Fleeing the violence in Syria: Syrian refugees in Lebanon’, (Huyendo de la violencia en Siria: refugiados sirios en Líbano) explica con detalle las condiciones de vida y de salud de estos refugiados, así como los problemas a los que se enfrentan para acceder a vivienda, alimentos, agua, saneamiento, atención sanitaria y seguridad. La mayoría de los refugiados se concentran en regiones de Líbano en una situación socioeconómica ya de por sí deteriorada, con lo que su llegada supone una carga adicional para las comunidades de acogida, que se encuentran al límite de sus recursos. Ya se están detectando importantes carencias en el acceso de los refugiados a la atención médica, especialmente a nivel de atención hospitalaria y de tratamiento de enfermedades crónicas.

De los 5.000 refugiados entrevistados por MSF, tres cuartas partes abandonaron Siria por motivos directamente relacionados con el conflicto y un 40% ha perdido a miembros de su familia a causa del mismo. La mayoría de ellos afirman no haber encontrado la seguridad que buscaba. La situación en Líbano se ha visto desestabilizada por la crisis siria, como evidencian los reciente disturbios producidos en Trípoli, la segunda ciudad del país.

Muchos pierden la esperanza

Los sentimientos de impotencia y alienación entre los refugiados son generalizados. Nueve de cada 10 de las personas entrevistadas por MSF ven su futuro muy precario y no saben si podrán regresar a casa.

“Se está poniendo a prueba la resistencia de los refugiados”, explica Fabio Forgione, coordinador general de MSF en Líbano. “Cuando llegan, la mayoría todavía están intentando afrontar las consecuencias de la violencia y la pérdida, cuando se topan con la realidad de no poder regresar a sus casas. Muchos pierden toda esperanza”.

Son cada vez más los sirios que cruzan a Líbano y sus condiciones de vida se van deteriorando. “Hay serios problemas de hacinamiento en Wadi Khaled, en el norte de Líbano, y en Aarsal, en el valle de la Bekaa, mientras que en Trípoli los alquileres están fuera del alcance de los refugiados,” añade Forgione.

La mayoría de los refugiados sirios en Líbano dependen de la ayuda humanitaria. Por ahora, el apoyo de las comunidades de acogida, el gobierno y las organizaciones humanitarias ha evitado que se produjera una mayor crisis sanitaria. La población local libanesa ha hecho grandes esfuerzos para integrar y ayudar a los refugiados, pero está llegando al límite de sus posibilidades y de sus recursos económicos. Ante la perspectiva de una menor asistencia y sin una planificación a largo plazo al respecto, MSF advierte que la salud de los refugiados podría verse amenazada, y pide un apoyo continuado para los refugiados sirios y las comunidades de acogida.

Asistencia en Siria y países fronterizos

MSF está preparada para asistir a las víctimas del conflicto y sigue ampliando sus actividades en Siria y los países vecinos. A pesar de las dificultades para acceder a las zonas de combate, la organización ha estado trabajando en Siria durante los últimos dos meses, prestando asistencia humanitaria a la población afectada por el conflicto. Desde mediados de agosto, MSF ha ingresado a más de 300 pacientes y ha practicado 150 intervenciones quirúrgicas.

En Jordania, Líbano e Irak, MSF ha prestado atención médica y humanitaria principalmente a refugiados palestinos, sirios e iraquíes. Los equipos en estos países están listos para responder a las necesidades que se produzcan a raíz del conflicto sirio. En Líbano, MSF tiene preparados stocks de emergencia y artículos de primera necesidad para 10.000 personas por si la situación en Siria se deteriora y se produce un éxodo masivo de refugiados.


Las consecuencias del embargo de Israel sobre la Franja de Gaza van más allá de lo económico. Aunque el sistema sanitario funciona, el acceso de la población a ciertas especialidades médicas es muy limitado. Los pacientes no pueden salir de Gaza para ser intervenidos ni los profesionales locales para adquirir nuevas técnicas y conocimientos. Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja para cubrir estos vacíos.

Un médico pasa consulta a un paciente en el Hospital Nasser de Gaza © Isabelle Merny/MSF

MSF trabaja en la Franja de Gaza desde hace 10 años. El sistema sanitario de los Territorios Palestinos Ocupados, y particularmente de Gaza, es más avanzado que el de muchos de los lugares en los que trabaja la organización, pero hay necesidades que siguen sin estar cubiertas. La situación se ve agravada por el embargo israelí que, desde 2007, dificulta aún más la vida de una población ya afectada por años de conflicto.

El embargo tiene repercusiones tanto sobre la economía como sobre la salud. Por ejemplo, el reparto arbitrario de carburante impide el suministro y regular funcionamiento de la única central de energía que todavía funciona en Gaza. Los cortes de electricidad se suceden diariamente y se prolongan durante varias horas. La población recurre al uso de generadores, bombonas de gas de baja calidad, velas o lámparas de queroseno que causan accidentes domésticos graves, especialmente entre las mujeres y los niños.

Los equipos de MSF han observado un notable aumento de casos de quemados en los últimos dos años. Tras los cuidados iniciales, estas heridas, a menudo inhabilitantes, requieren cirugía reparadora, llamada “cirugía de repetición”. En los casos particularmente complicados, se trata de intervenciones que requieren un alto grado de especialización. Sin embargo, a pocos pacientes se les permite abandonar Gaza para ser operados en el extranjero (Jordania, Israel, Egipto…) y el número de cirujanos especialistas en Gaza no es suficiente para cubrir las necesidades.

 

Necesidades específicas no cubiertas

En respuesta a esta situación, MSF abrió un programa de cirugía reparadora en julio de 2010, en colaboración con el hospital público Nasser, en la ciudad de Khan Younis. Los pacientes con quemaduras importantes representan más del 60% de los casos atendidos por los equipos quirúrgicos especializados que MSF envía a lo largo del año al hospital Nasser. El resto de pacientes sufren secuelas de accidentes o anomalías congénitas.

Además del tratamiento de pacientes, otro de los objetivos de este programa es fomentar la transferencia de conocimientos técnicos al equipo médico local. Como declara el Dr. Hassan Hamdan, jefe del servicio de cirugía del hospital: “El embargo también tiene un gran impacto sobre nosotros, los médicos y cirujanos. Es realmente difícil asistir a una sesión de formación en el extranjero, por ejemplo. El tiempo de formación aquí es, pues, más que bienvenido. Las cosas han mejorado en los dos últimos años, gracias a la cooperación y los intercambios con los equipos internacionales de MSF. Aprendemos de su conocimiento y experiencia”.

Desde que arrancó el programa en 2010, 490 pacientes han sido sometidos a intervenciones quirúrgicas. En los más de 10 años de trabajo de MSF en este contexto volátil, sujeto regularmente a brotes de violencia, las actividades han evolucionado y la oferta de atención sanitaria se ha diversificado para responder a las necesidades que han ido surgiendo: atención psicológica, fisioterapia, cirugía… Así, a principios de 2012, MSF abrió su primera unidad dedicada a rehabilitación de la función de las manos, dentro de su programa de fisioterapia, para cubrir esta necesidad tan específica que el sistema sanitario local no cubre. El equipo de MSF sigue de cerca la evolución de las necesidades médicas derivadas de la violencia entre israelíes y palestinos y de los enfrentamientos entre facciones palestinas en los territorios ocupados.