MÉDICOS SIN FRONTERAS

A pesar de los esfuerzos de acogida de Uganda, las necesidades más básicas no están cubiertas.

© Frederic NOY/COSMOS

Denunciamos que la comunidad internacional está fallando al cerca de millón de refugiados que actualmente acoge Uganda, cuya situación se agrava rápidamente. Advertimos también de que, para evitar que se produzca una emergencia sanitaria de grandes dimensiones, los esfuerzos deberían centrarse en hacer llegar aquellos suministros que ayuden a salvar vidas, tales como agua y comida en cantidades suficientes.

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A menudo se oyen críticas que identifican a los haitianos con la violencia. Los medios de comunicación airean con frecuencia sus llamados excesos: atacan a los cascos azules a los que acusan de haber llevado el cólera a su país, reaccionan violentamente ante lo que consideran un fraude electoral, levantan barricadas, incendian neumáticos…..

Uno mira su historia reciente y no puede por menos que comprender su frustración y su ira. Un pueblo abandonado por sus propias élites cómodamente asentadas en el extranjero , que no dudan en anteponer sus privilegios aún a costa del sufrimiento de su propia gente. Un gobierno débil acusado de corrupto y sin capacidad de reacción, tutelado por los cascos azules de la ONU, percibidos por la población como fuerzas de ocupación, que a pesar de los años transcurridos no han aportado nada a su país. Un país pobre y abandonado por la llamada comunidad internacional, que de la noche a la mañana descubre que en Haití existe gente que sufre y, al hilo de su desgracia, sus líderes no dudan en fotografiarse entre los escombros y prometer con gesto firme soluciones a su sufrimiento que hasta hoy nadie ha visto.

En solo un año, un terrible terremoto tira por tierra lo poco que aún se mantenía en pie. Acaba con la vida y deja marcados para siempre a cientos de miles de personas. Después las tormentas tropicales, y ahora la epidemia de cólera, ante la que tanto organismos de coordinación de Naciones Unidas como una gran mayoría de las organizaciones internacionales presentes sobre el terreno no están siendo capaces de actuar con eficacia para hacerle frente.

Miro esta fotografía y no puedo por menos que sentir un enorme respeto por este pueblo. Gente que, a pesar de su más que justificada ira por uno más de los abusos de que ha sido víctima, desmonta su barricada y deja pasar la ayuda para que las víctimas de la epidemia puedan mantener un hilo cada vez más débil de esperanza.

Barricada en Puerto Príncipe, Haití, el 18 de diciembre de 2010 ©Médicos Sin Fronteras