MÉDICOS SIN FRONTERAS

Nuestros equipos en el país han tratado ya a 17.000 personas en la epidemia de cólera declarada el 9 de septiembre. El cólera afecta a 20 de las 26 provincias, una situación nunca vista en RDC, y que todavía no ha sido controlada.

© Arjun Claire

 

Desde el pasado 9 de septiembre, cuando se declaró la epidemia de cólera en República Democrática del Congo (RDC), nuestros equipos en la zona han tratado ya a 17.000 personas en unas 30 unidades y centros de tratamiento de la enfermedad allí dispuestos.

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Para responder a los crecientes casos en el noreste del país, hemos levantado otro centro de tratamiento del cólera (CTC) en el campo de Muna Garage y adaptado varias instalaciones para tratar a los pacientes y aislar a los casos sospechosos.

Nuestros compañeros Aishatu y John charlan con Khadija, una paciente sospechosa de cólera. Khadija y su marido pasaron tres díaS en nuestro centro de tratamiento de cólera en Dala, Maiduguri. Ambos son desplazados internos procedentes de Dikwa y viven en el campo de Muna Garage. © Nitin George/MSF

A medida que surgen nuevos casos de cólera en Monguno, Dikwa y otras zonas de Maiduguri, estamos ampliando nuestras actividades de respuesta al brote en el estado de Borno, Nigeria.

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En el mes de agosto fueron declaradas dos epidemias de cólera. La primera en Yemen, donde el brote de esta enfermedad afecta ya a medio millón de personas y se ha cobrado 2.000 vidas. La segunda en Kivu Sur (República Democrática del Congo), donde nuestros equipos están interviniendo en las localidades de Minova, Bukavu, Bulenga, Numbi, Sebele, Nyange y Baraka. 

Pequeños pacientes del Centro de Tratamiento de Cólera de Minova. © Arjun Claire

El cólera es una infección gastrointestinal aguda potencialmente mortal, causada por la bacteria Vibrio cholerae. Y lo más frecuente es que aparezca en entornos densamente poblados con malas condiciones de salubridad y fuentes de agua no potable. El 50% de los casos que han llegado a nuestro centro de tratamiento en Minova (RDC) proceden de un barrio que está muy lejos de las fuentes de agua potable. Por su parte, Yemen sufre una guerra desde hace más de dos años, lo que se traduce en malas condiciones de vida, enfermedades y muerte.

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La situación es especialmente grave en Abs, la región más afectada y un reflejo de lo que ocurre en el resto del país: un sistema de salud colapsado, desplazados y poca presencia de actores humanitarios.

María José ‘Quesé’ Blanco es una de nuestras enfermeras en Abs, Yemen. © Gonzalo Martínez/MSF

Alertamos de que es necesario aumentar de manera urgente el suministro de agua potable y las actividades de saneamiento en Abs (Yemen) para erradicar el brote de cólera.

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Las comunidades desplazadas de Sudán del Sur que viven concentradas en los lugares donde el acceso al agua potable y a letrinas es limitado corren un gran riesgo de contraer el cólera.

Mary Keji en el Centro de Tratamiento de Cólera de MSF en Juba © Andreea Campeanu

Desde principios de julio, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) se han estado ocupando de más de 904 pacientes que padecen el cólera en el estado del Alto Nilo. MSF ha abierto dos centros de tratamiento de cólera (CTC) para tratar a enfermos de la zona en Malakal y Wau Shilluk.

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La región, que acoge a numerosos refugiados malienses, ya había resultado afectada por el cólera el año pasado.

Yann Libessart /MSF

Declarada por las autoridades sanitarias desde el 11 de mayo, la epidemia de cólera que actualmente asola el norte del país ha afectado ya a más de 240 personas, que han recibido tratamiento de manos de Médicos Sin Fronteras (MSF). Hay que lamentar tres muertes. MSF ha abierto dos centros de tratamiento de cólera en las localidades de Mangaïzé y Ayorou, a 150 y 200 kilómetros al norte de la capital de Níger, Niamey.

“Tras la aparición de los primeros casos, MSF de inmediato abrió un centro de tratamiento de cólera (CTC)”, explica Benoit Kayembé, Jefe de Misión de MSF en Níger. “Actualmente tenemos 100 camas en Ayorou y otras 50 en Mangaïzé. Además de tratar la enfermedad rehidratando a los pacientes, nuestros equipos organizan campañas de sensibilización en las aldeas afectadas, se aseguran de tratar los puntos de agua en las comunidades y buscan activamente los casos de cólera”, añade el Dr. Kayembé. “Los pacientes provienen de los campos de refugiados malienses y sobre todo de las comunidades locales.”


Temor de propagación a otras regiones

A día de hoy MSF es el único actor médico que se ocupa de los enfermos. A la organización le preocupa la proximidad del foco de cólera con el río Níger, que fluye del norte hacia la capital, situada en el sur. “Podemos esperar una propagación de los casos hacia Niamey”, teme Benoit Kayembé. “La zona ya había sufrido cólera el año pasado. Los desplazamientos de población favorecen la dispersión de los casos hacia otras regiones del país.”


Las actividades de MSF en Níger

MSF y sus contrapartes trabajan en estrecha colaboración con el Ministerio de Salud Pública en el campo de la desnutrición infantil, la atención pediátrica y la salud materna en muchos centros de salud y hospitales de las regiones de Maradi, Tahoua, Zinder y Agadez. MSF también dispensa atención médica a las poblaciones de migrantes o de desplazados en la región de Agadez. MSF apoya a las autoridades sanitarias en su respuesta a las emergencias.

 


Tres años después del terremoto que sacudió Haití, el sistema de salud aún no se ha recuperado, debido a las promesas incumplidas de los países donantes de fondos y a la falta de unas prioridades claras por parte de las autoridades haitianas y de la comunidad internacional.

Hospital prefabricado de Chatuley, en Léogâne © Emilie Régnier

Médicos Sin Fronteras (MSF) todavía gestiona cuatro hospitales que fueron construidos para reemplazar a las improvisadas estructuras levantadas por la organización médico-humanitaria en los días posteriores al seísmo. Además, los equipos de MSF también siguen luchado contra el cólera, la otra gran catástrofe que golpeó a los haitianos en 2010.

El 12 de enero de 2010, la mayoría de los hospitales en la zona afectada por el terremoto quedaron destruidos o gravemente dañados. A día de hoy, decenas de miles de haitianos reciben atención médica de calidad y gratuita en los hospitales gestionados por MSF,  y la posibilidad de que la organización pueda traspasar estas actividades a las autoridades haitianas parece aún lejana.

“El proceso de transición es demasiado lento debido a las insuficiencias de las instituciones haitianas, pero también a las promesas incumplidas de los países donantes de fondos y a la falta de unas prioridades claras por parte del gobierno y de la comunidad internacional”, explica Joan Arnán, jefe de Misión de MSF en Haití.

Léogâne, la ciudad más cercana al epicentro del terremoto y que quedó en gran parte destruida (a unos 30 kilómetros de Puerto Príncipe), aún parece un gran solar en construcción. La mayor parte de los supervivientes fueron realojados, pero el hospital de MSF sigue siendo la única estructura de la región que ofrece atención médica gratuita las 24 horas del día.

MSF llegó a Léogâne justo después del terremoto e instaló un hospital en tiendas de campaña; en septiembre de 2010, las tiendas fueron reemplazadas por contenedores. Además de la maternidad, el hospital atiende urgencias médicas y dispone de un servicio de cirugía, en el que la mayoría de las intervenciones quirúrgicas son cesáreas y heridos en accidente de tráfico. En otro edificio se pasa consulta externa a mujeres embarazadas y a niños menores de 5 años.

Aunque MSF tiene como objetivo traspasar progresivamente estas actividades al Ministerio de Salud Pública, el hospital de Léogâne atrae cada vez a más pacientes. Algunos llegan desde Puerto Príncipe, un síntoma de la falta de atención médica adecuada incluso en la capital. La maternidad, por ejemplo, registra una media de 600 partos al mes, con picos de más de 800. Las otras estructuras médicas se ven obligadas regularmente a referir pacientes al hospital de MSF, desde partos sencillos hasta otros complicados que requieren cesárea.

“El hospital llena un vacío que existía mucho antes del terremoto. La mayoría de los haitianos no tenían acceso a los servicios de salud antes del 12 de enero de 2010, sea por una oferta deficiente de servicios o porque eran personas sin recursos”, indica Arnán. “Nosotros intervenimos para responder a las consecuencias de la catástrofe hasta que la reconstrucción se pusiera en marcha y las estructuras de salud pública pudieran tomar el relevo. Desafortunadamente, han pasado tres años y no ha cambiado casi nada en materia de acceso a los servicios de salud”.

MSF sigue luchando también contra el cólera. La epidemia se declaró en octubre de 2010, y la deficiente respuesta es otra muestra de la falta de recuperación del sistema de salud: desde entonces, el país ha sufrido brotes recurrentes de la enfermedad. Solo en 2012, más de 22.990 pacientes con cólera han sido atendidos en los centros de tratamiento de MSF en Puerto Príncipe y Léogâne. El número de casos aumentó a raíz del paso de los huracanes Isaac y Sandy el pasado otoño, al provocar las lluvias el desbordamiento de los desagües abiertos, favoreciendo así la propagación de la bacteria responsable de la enfermedad. A pesar de la reciente disminución de casos, MSF aún recibía, a fines de 2012, más de 500 casos por semana.

“La mayoría de la población no tiene acceso a agua potable y a saneamiento, y a ello se suma el que el tratamiento del cólera no está bien integrado en las pocas estructuras de salud pública existentes”, indica el jefe de Misión de MSF. Por ejemplo, en Léogâne, varias organizaciones humanitarias que trabajaban contra la epidemia se retiraron por falta de fondos; desde entonces, se ha incrementado el número de pacientes ingresados en los centros de tratamiento de MSF. La situación es la misma en Puerto Príncipe, donde los centros de tratamiento de MSF en Delmas y Carrefour son los únicos que existen.

MSF en Haití
MSF trabaja con proyectos regulares en Haití desde 1991 y ha respondido además a las repetidas catástrofes naturales y otras emergencias sufridas por el país.

Durante los diez meses posteriores al terremoto del 12 de enero de 2010, los equipos de MSF trataron a 358.000 pacientes, realizaron 16.570 intervenciones quirúrgicas y asistieron 15.100 partos; más de 80% de los 120 millones de euros recogidos en 2010 para las actividades de emergencia de MSF en Haití se gastaron en este periodo. Desde finales de octubre de 2010, MSF también dio respuesta a la epidemia de cólera, tratando a 170.000 pacientes en un año, con un coste de 35 millones de euros.

En la actualidad, MSF todavía gestiona cuatro hospitales en la zona afectada por el terremoto. Se trata del hospital en Léogâne, con 160 camas, y de otros tres en Puerto Príncipe: el centro de referencia para emergencias obstétricas de 110 camas en el barrio de Delmas, inaugurado en abril de 2011; el hospital de urgencias de 130 camas instalado en mayo de 2011 en Drouillard, cerca de la barriada chabolista de de Cité Soleil; y el centro quirúrgico Nap Kembe, de 110 camas, inaugurado en febrero de 2012 en la zona industrial de Tabarre.

En 2012, unos 30.000 pacientes fueron ingresados en alguno de estos hospitales. Además, MSF ha tratado a casi 23.000 pacientes en los centros de tratamiento de cólera en Puerto Príncipe y Léogâne.

En la actualidad, los equipos de MSF en Haití están integrados por 2.500 trabajadores, de los cuales el 95% son haitianos. Los recursos humanos representan alrededor de la mitad del presupuesto anual de MSF en este país, 40 millones de euros en total.

 


La escalada de violencia en el este de República Democrática del Congo (RDC) ha llegado a tal punto que el personal de salud congoleño del proyecto de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Pinga ha abandonado la zona, junto con buena parte de la población.

Centro de asistencia de MSF en Kivu Sur © Juan Carlos Tomasi / MSF

La mayoría de trabajadores de salud y personal de apoyo congoleño contratado por la organización médico-humanitaria en la ciudad de Pinga, situada a unos 80 kilómetros al noreste de Walikale, ha escapado tras el recrudecimiento de los combates entre los distintos grupos armados enfrentados en esta parte de Kivu Norte. El personal del Ministerio de Salud así lo ha hecho también, junto con alrededor de dos tercios de la población de la ciudad. Muchas de estas personas se ocultan ahora en los bosques de los alrededores, mientras sus casas han sido saqueadas y un clima de miedo se apodera de la zona. En estas condiciones, la gente ha dejado de tener acceso a servicios médicos como el tratamiento de la malaria severa o la asistencia en partos complicados, cuyas consecuencias pueden ser fatales.

“Es muy alarmante que nuestros colegas congoleños se hayan visto obligados a unirse a los miles de desplazados de la región. Nos preocupa la situación de todos los que han tenido que huir de Pinga”, declara Jan-Peter Stellema, responsable de operaciones de MSF en Congo. “Es un claro indicador de hasta qué punto se ha extendido el miedo entre la población y de su convicción de que la situación va a ir a peor. También demuestra el creciente desafío que supone ahora dar asistencia médica a los que la necesitan”.

La masiva huida sin precedentes del personal congoleño y los actuales combates en las inmediaciones de Pinga han tenido en impacto negativo sobre la prestación de atención médica urgente de MSF. En estos momentos es demasiado peligroso llegar a los centros de salud fuera de Pinga, aunque el equipo ha conseguido enviar algunos suministros médicos. Dentro de la ciudad, el personal internacional de MSF y los pocos compañeros congoleños que quedan trabajan en las instalaciones del hospital local centrándose en los casos más críticos, como urgencias obstétricas o heridos por arma de fuego. Cuando es posible, los pacientes más graves son trasladados en avioneta a Goma, la capital de Kivu Norte.

La intensificación del conflicto ha provocado una oleada de violencia en muchas zonas de esta provincia del este de RDC, provocando continuos desplazamientos de población y el aumento de las necesidades humanitarias en una región cuya situación ya es muy precaria. La multitud de grupos armados, los complejos patrones de desplazamiento y la falta de infraestructuras hacen que la prestación de asistencia médica urgente sea extremadamente difícil. Sin embargo, MSF mantiene su compromiso de asistencia en todos sus proyectos de Kivu Norte, donde ofrece atención médica gratuita a miles de personas al mes.

MSF trabaja en hospitales, centros y puestos de salud en varias localidades de Kivu Norte: Rutshuru, Masisi, Mweso, Kitchanga, Walikale, campo de Mugunga I, Kanyaruchinya y Pinga, donde también gestiona varios centros de tratamiento de cólera, clínicas móviles y realiza actividades de respuesta a emergencias.


Esperanza Santos, enfermera madrileña de 32 años, forma parte del equipo de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF). Su trabajo consiste en coordinar las actividades médicas en el terreno ante desastres naturales, epidemias, conflictos, etc. Ahora está en Níger, desde donde apoya la intervención en el norte de Malí y responde al gran pico de malaria que se está produciendo en plena crisis nutricional, y al que en los últimos días se ha añadido la aparición de casos de cólera.

Esperanza Santos atiende a un niño en Sudán. © Juan Carlos Tomasi/MSF

¿Cuál es la situación actual en Níger?

Níger es uno de esos sitios del mundo donde uno corrobora todas las estadísticas que ha oído y leído sobre el hambre y la pobreza en el mundo. Cuando escuchas eso de “cada minuto mueren 10 niños de hambre en el mundo”, o eso otro de “cada minuto muere un niño de malaria en el mundo”, no te haces una idea de lo que significa. Hasta que llegas a un sitio como el distrito de Madaoua, uno de los lugares donde MSF trabaja en Níger, y lo ves con tus propios ojos.

En Madaoua hay desnutrición y malaria todo el año, pero durante este periodo se multiplican los casos. Por un lado, es la época del año en que las reservas de grano de las cosechas del año anterior se están agotando y las nuevas cosechas aún no se han recogido: este periodo se conoce como hunger gap y dura hasta octubre-noviembre. Por otra, estamos en plena estación de lluvias y, durante estos meses, los casos de malaria se disparan. Estas dos patologías juntas, la desnutrición y la malaria, son fatales para los niños más pequeños.

Llevas dos meses en Madaoua trabajando en malaria, ¿qué te encontraste al llegar?

Me encontré a la gente que está trabajando en el proyecto de desnutrición,  haciendo ya frente al comienzo de la época de los picos de desnutrición y malaria. El año pasado, 20.000 niños menores de 5 años fueron admitidos en el programa nutricional de MSF en Madaoua. Casi todos ellos siguieron el tratamiento a nivel ambulatorio. Solo cuando los niños están muy débiles o con alguna otra enfermedad asociada, se les lleva al hospital y se les hace un tratamiento intensivo, que suele durar unas dos semanas. En el hospital de Madaoua, también nos hacemos cargo de la parte de pediatría, en la que ingresan los niños que están enfermos pero no están desnutridos.

Cuando llegué a Madaoua, los ingresos estaban empezando a multiplicarse y ahora siguen siendo muy altos. Además de las salas habituales para los desnutridos y la de pediatría, ya hay montadas cinco tiendas de campaña grandes y está todo lleno. La semana pasada, entre pediatría y desnutridos, había más de 300 niños ingresados. Y siguen viniendo. La malaria es una de las enfermedades que más vemos y por eso mi trabajo aquí consiste en coordinar una estrategia para acercar el diagnóstico y el tratamiento a la comunidad.

¿Nos puedes explicar en qué consiste esta estrategia de malaria?

La idea es descentralizar el diagnóstico y tratamiento de la malaria todo lo que se pueda para hacerlo más accesible a la población. En la zona rural hay un grave problema de acceso al sistema sanitario: en ocasiones, el centro de salud más cercano está a más de 10 e incluso 20 kilómetros de distancia, así que una madre (probablemente embarazada) caminando con un niño enfermo de malaria a cuestas es incapaz de llegar al centro para conseguir el tratamiento.

Hemos formado a la red de trabajadores comunitarios para que puedan realizar tests rápidos de malaria, dar tratamiento e identificar los casos graves que deban ser referidos al hospital. También hacemos detección de casos de desnutrición, para referir al programa nutricional a los niños que necesiten tratamiento y vacunamos de sarampión a los niños que no están inmunizados.

¿Cuántos casos de malaria habéis tratado en las últimas semanas?

En agosto se han disparado los casos. Solo en el proyecto de Madaoua hemos tratado 22.000 casos de malaria, mientras que en julio tratamos 6.200. Por eso es tan importante la estrategia de malaria: para tratar a estos niños lo antes posible e impedir que contraigan la forma severa de la enfermedad o mueran.

A esta situación se ha sumado el cólera desde hace unas semanas. ¿Cuál es la situación?, ¿cuántos casos hay?, ¿dónde estáis trabajando?

El primer caso fue el 19 de agosto en Galmi, un pueblo que está a unos 40 kilómetros de Madaoua, en la carretera principal que viene desde Niamey y va hasta Maradi y la frontera de Nigeria. Una semana más tarde comenzaron los casos en Koumassa (a medio camino entre Galmi y Madaoua). Llevan 185 y 75 casos registrados respectivamente, y hasta el momento han muerto siete personas en Galmi y dos en Koumassa. En Madaoua también ha habido algunos casos de cólera, pero de momento parece que no han ido a más.

Estamos trabajando en los tres sitios, en colaboración con los distritos sanitarios. Se han abierto tres unidades de tratamiento, donde nos encargamos de toda la logística (materiales, construcción, tratamiento de agua y desinfección), trabajamos con el personal médico del distrito, hemos dado formación sobre cólera porque en esta zona hacía por lo menos siete u ocho años que no había habido casos, y también hemos hecho donación de material médico y medicamentos.


Médicos Sin Fronteras (MSF) amplía sus programas médicos de emergencia para asistir a la población afectada por los múltiples conflictos que asolan esta parte del país.

Refugiados congoleños en la frontera con Uganda © Brigitte Rossotti/MSF

“Estamos presenciando movimientos masivos de población en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur: familias enteras que huyen de la violencia en distintas zonas”, explica el coordinador general de MSF en República Democrática del Congo (RDC), Andrew Mews, desde Goma, la capital de Kivu Norte. “El aumento de la violencia en la región está forzando a un gran número de personas a dejar sus casas en busca de seguridad”.

Un equipo de MSF ha iniciado una intervención de emergencia en el campo de desplazados improvisado de Muganga I, situado a 20 kilómetros al oeste Goma. Unas 17.500 personas que optaron por asentarse allí de forma espontánea están viviendo en condiciones infrahumanas: actualmente hay una letrina por cada 1.000 personas, cifra muy por debajo de los niveles mínimos aceptados. MSF está mejorando las instalaciones de agua y saneamiento y ofrece atención médica gratuita.

La organización también está dando apoyo de emergencia a decenas de miles de personas que han buscado refugio en el pueblo de Kanyaruchinya, a unos 10 kilómetros al norte de Goma.  El equipo médico atiende unas 3.000 consultas diarias en el centro de salud local, donde ha instalado un centro de tratamiento de cólera para combatir un brote de esta enfermedad y ha iniciado un programa de vacunación masiva de sarampión.

Grupos armados han convertido a poblaciones enteras del distrito de Masisi en sus objetivos. Decenas de miles de personas se han visto obligadas a huir a otros pueblos de esta zona de Kivu Norte. MSF utiliza equipos médicos móviles para poder acceder y asistir de forma urgente a la población afectada por los desplazamientos forzosos.

En la provincia de Kivu Sur, los programas de emergencia establecidos a principios de año en Minova y Kalungu para dar atención médica gratuita a los desplazados se prolongarán un mínimo de seis meses más en vista de la situación actual. Estos programas dan apoyo a los centros de salud locales y organizan clínicas móviles para acceder a las poblaciones más dispersas y aisladas, y hasta ahora han dado asistencia a más de 10.000 personas. La semana pasada, MSF habilitó un nuevo centro de salud en la remota y disputada localidad de Numbi.

Las personas que han conseguido llegar hasta los campos oficiales de desplazados representan una pequeña parte del total de desplazados en las últimas semanas. Muchos se ven obligados a refugiarse en los bosques del interior, sin acceso a atención médica y sin posibilidades de llegar hasta ellos para proporcionársela. Otros han sido acogidos en casas de familias que han abierto sus puertas y han compartido su comida con los que huyen de la violencia.