MÉDICOS SIN FRONTERAS

Hacinados y abandonados en la isla griega, se están quedando al margen del sistema debido a los recortes en los servicios de salud, en la asistencia jurídica y en los refugios. Urge ampliar la atención médica en la zona.

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Llegaron a Europa en busca de refugio y protección, pero se han encontrado con el rechazo de las políticas de la UE y unas pésimas condiciones de vida.
Hacinados y soportando temperaturas de alrededor de 20 grados bajo cero, miles de refugiados están atrapados en Grecia y los Balcanes, donde sobreviven solo con sus propios medios.

Actualmente, más de 8.000 personas están varadas en Serbia en asentamientos improvisados. Y 1.700 jóvenes duermen en edificios abandonados en lo que su única estufa son hogueras en las que prenden plásticos. A pesar de que el país acordó con la UE albergar hasta a 6.000 personas, solo 3.140 viven en instalaciones adaptadas para el invierno.
Andrea Contenta, asesor de Asuntos Humanitarios de MSF en Serbia, cuenta las malas consecuencias de esta situación, que hasta ahora cuenta ya con tres muertes por congelación.

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Una epidemia de hepatitis E está asolando en los campos de refugiados en el condado de Maban, Sudán del Sur. De momento Médicos Sin Fronteras (MSF) ya ha tratado a 3.991 pacientes en sus instalaciones sanitarias en los campos y ha registrado 88 muertes, incluidas 15 mujeres embarazadas.

Pabellón de hepatitis E en el campo de Batil © Corinne Baker/MSF

La Hepatitis E es un virus que causa problemas hepáticos y puede provocar la muerte por fallo hepático agudo, y es especialmente peligroso para las mujeres embarazadas. Como el cólera, el virus se propaga en entornos con unas condiciones de saneamiento deficientes y por agua contaminada. No tiene cura, pero sus síntomas son tratables.

“Hemos estado haciendo todo lo que podemos para asistir a las personas que padecen hepatitis E, pero no existe tratamiento alguno para la enfermedad”, explica el doctor José Luis Dvorzak, coordinador médico de MSF en el condado de Maban. “Sospechamos que todavía falta mucho para dar a este brote por acabado y son todavía muchas las personas que van a morir.”

Los primeros casos aparecieron en junio de 2012 y son los campos de Jamam, Gendrassa y Batil los que concentran el mayor número de afectados hasta la fecha. En el campo de Batil el número de afectados todavía no ha alcanzado el pico, aunque las tasas de mortalidad han ido aumentando gradualmente de un fallecimiento a dos a la semana en noviembre a diez a la semana en enero.

En el transcurso de las dos últimas semanas, MSF ha identificado 41 casos sospechosos más de hepatitis E en el campo de Doro, dos de los cuales han muerto, lo que significa que ninguno de los campos en el condado de Maban está ahora libre del peligro que supone el virus.

Este brote de hepatitis E se ha producido debido a las deficientes condiciones de agua y saneamiento (como por ejemplo un suministro insuficiente de agua limpia, acceso limitado a letrinas en funcionamiento y escasos puntos de lavado de manos) en los campos de refugiados de Maban, que albergan a más de 110.000 refugiados sudaneses.

“Los campos no deberían ser sólo un lugar seguro donde refugiarse para protegerse del conflicto, sino también un lugar en el que los refugiados puedan estar protegidos también de enfermedades prevenibles y de brotes epidémicos,” declara Laurence Sailly, coordinador de emergencias de MSF en el campo de Doro.

Los equipos de la organización siguen centrando sus esfuerzos en ocuparse de la gran carga que supone tratar a los pacientes con hepatitis E y a todos los pacientes con otras patologías que acuden a nuestros hospitales en el terreno. Además, están llevando a cabo actividades urgentes para llenar otros vacíos existentes, como por ejemplo, bombear, tratar y distribuir unos 2,5 millones de litros de agua a la semana en el campo de Doro.

Debido a la ubicación geográfica del condado de Maban, una planicie propensa a inundaciones durante la estación de lluvias y un terreno yermo y estéril durante la estación seca, los refugiados en estos campos dependen por completo de la asistencia humanitaria para conseguir los alimentos, el agua y la atención sanitaria que necesitan para sobrevivir.

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MSF ha estado trabajando en el condado de Maban, Sudán del Sur, desde noviembre de 2011, y es el principal proveedor de salud en los cuatro campos de refugiados, gestionando los hospitales de campo y siete puestos de salud periféricos.