MÉDICOS SIN FRONTERAS

Condenamos enérgicamente que los grupos de la oposición no mostraron absolutamente ninguna consideración por el estatus de protección de los pacientes, las instalaciones médicas, y los médicos y sanitarios.

Durante la tarde del pasado 29 de abril, unos 30 hombres enmascarados y armados irrumpieron en el hospital Hazeh, en Guta oriental (un área de ciudades asediadas cerca de Damasco), con el fin de buscar a pacientes heridos específicos y se apoderaron de la ambulancia del hospital.

A pocos kilómetros al sur, el punto médico de Aftares -también apoyado por nuestra organización- recibió el alcance de las balas después de dos días rodeado por los combates.

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Cuando la guerra en Siria entra en su quinto año, la ayuda humanitaria no llega a los millones de personas que están atrapadas por el conflicto y que necesitan, más que nunca, un incremento masivo de la asistencia médica.

Clínica móvil en Siria, cerca de la frontera con Irak © MSF

Siria entra en su quinto año de guerra y la ayuda humanitaria sigue sin llegar a los millones de personas que están atrapadas por el conflicto y que necesitan, más que nunca, un incremento masivo de la asistencia médica.

“Tras cuatro años de conflicto, la guerra sigue caracterizándose por actos de una violencia brutal que no distingue entre civiles y combatientes, ni respeta el estatus de protección que en teoría tienen el personal sanitario y las estructuras médicas”, explica la doctora Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF). “Es inaceptable que la asistencia humanitaria sea tan limitada cuando el balance de muertes y el sufrimiento de los civiles han llegado a límites tan insoportables”.

El sistema de salud en Siria ha quedado devastado por cuatro años de conflicto. Conseguir atención médica vital es ahora prácticamente imposible debido la falta de suministros y de personal médico cualificado, o por culpa de los ataques perpetrados contra las estructuras de salud.

De los 2.500 médicos que trabajaban antes de la guerra en Alepo –la segunda ciudad más grande del país–, menos de cien permanecen en los hospitales que aún siguen operativos. El resto han huido, se han convertido en desplazados o refugiados, han sido secuestrados o han muerto.

“La intervención médica que deberíamos tener en Siria sería sin duda una de las más importantes en los 44 años de historia de MSF”, apunta la Dra. Liu. “Pero no es así, y la pregunta es por qué”.

Debido al deterioro gradual de la situación de seguridad, y tras el secuestro de cinco trabajadores de MSF por parte del Estado Islámico en enero de 2014, MSF se vio obligada a reducir sus actividades en el país.

“Este grave incidente no solo provocó el cierre de las estructuras médicas en las áreas controladas por el Estado Islámico, sino que también comportó que la mayor parte del personal internacional de MSF tuviera que dejar de trabajar en el interior de Siria, al no poder confiar en que nuestros equipos no resultaran dañados”, explica la Dra. Liu.

A la retirada de los equipos de las zonas controladas por el Estado Islámico tras el secuestro –que duró cinco meses–, se suma el hecho de que MSF no ha podido, hasta la fecha, abrir proyectos médicos en áreas bajo control gubernamental.

MSF continua operando seis estructuras médicas en el país. La organización también ha establecido redes de apoyo a más de cien centros de salud tanto en áreas controladas por el Gobierno como en las controladas por diferentes grupos armados de la oposición. Estas redes posibilitan que los médicos sirios continúen trabajando, a menudo en condiciones de extrema dificultad, y llevar un mínimo de cuidado sanitario a las poblaciones atrapadas en el conflicto. Este apoyo, si bien es valioso, es solo posible en determinadas áreas del país, y resulta insuficiente en comparación con las necesidades masivas a las que los equipos médicos se enfrentan en Siria.

Siria necesita desesperadamente un enorme despliegue humanitario internacional. MSF está dispuesta a hablar con todas las partes involucradas en el conflicto –tal y como ha hecho en otros casos en el pasado– para asegurar que la ayuda llegue a la población civil, y para obtener la garantía de que la organización puede trabajar en Siria de forma segura y efectiva. “Hasta entonces, el único salvavidas de que esta gente dispone son las redes de médicos y activistas civiles. Podemos y debemos hacer más por la población siria”, añade la Dra. Liu.

INFORME sobre la vida en Alepo bajo los bombardeos:

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Madrid, 18 de diciembre de 2013.- Según el informe ‘La acción humanitaria en 2012-2013: instalados en la crisis’, elaborado por el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) con la colaboración de Médicos Sin Fronteras (MSF), y presentado hoy en Madrid, en 2012, los efectos de la crisis económica se reflejaron en los presupuestos de ayuda humanitaria de los principales países donantes[1], que se redujeron en un 11% entre 2011 y 2012, pasando de 9.600 a 8.600 millones de euros.

Entre otras consecuencias, esto supuso que en 2012 quedaron sin cubrir un 37% de los fondos solicitados por la ONU a través de sus llamamientos consolidados (CAP): es la mayor proporción de necesidades sin cubrir en más de diez años. Y destaca el hecho de que la inversión destinada a prevención y preparación ante desastres sigue siendo desproporcionadamente baja: apenas un 5% de la ayuda humanitaria.

España es el país que más ha reducido sus fondos de ayuda humanitaria desde 2010, con recortes incluso mayores que en otras políticas sociales: de los 356 millones de euros de aquel año, a 216 millones en 2011, y 72 millones de 2012. Las cifras aún provisionales de 2013 siguen por este camino de brutal retroceso: 41,7 millones. Y para 2014, los Presupuestos Generales del Estado prevén un pequeño incremento de 4,5 millones, algo anecdótico comparado con los recortes del 80% sufridos por esta partida entre 2010 y 2012.

“Más allá de la retórica, la escasa capacidad de reacción de la Cooperación pública española al desastre en Filipinas es la mejor muestra del impacto de estos recortes”, señala Francisco Rey, codirector del IECAH. Así mismo, España sigue ausente de las grandes iniciativas globales como el Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis. “La acción humanitaria pública española, cuya consolidación legal, institucional y profesional había costado tantos esfuerzos, está siendo desmantelada, y lamentablemente estos recortes han sido recibidos con pasividad por la ciudadanía, a pesar del enorme coste que tendrán en las poblaciones vulnerables de muchos lugares del planeta”, añade.

Los recortes denotan que la mayoría de organismos internacionales y gobiernos donantes se han instalado en un notable conformismo: no hay voluntad política ni financiera para reaccionar con vigor a las emergencias, derivadas de conflictos o desastres naturales, que más sufrimiento causan. Sólo en 2012, se registraron 357 desastres naturales, que afectaron a 124,5 millones de personas, y 38 conflictos armados siguen activos.

“El caso de Siria es paradigmático”, explica el codirector del IECAH Jesús Núñez: “de algún modo, se ha ido instalando entre los medios de comunicación, los gobiernos y las opiniones públicas la idea de que el conflicto es irresoluble a corto plazo y que, por tanto, sólo queda esperar a que los combatientes terminen por agotarse y lleguen a un acuerdo, todo ello al margen de las necesidades de una población civil que parece condenada a seguir sufriendo y muriendo”.

En palabras de Joan Tubau, director general de Médicos Sin Fronteras, “Siria es hoy el conflicto más letal del mundo, y las necesidades de la población son cada vez más agudas. La ayuda humanitaria a la población siria debería estar en lo más alto de la agenda diplomática, y sin embargo no lo está. Y este es un llamamiento que hacemos extensible a otros países que están atravesando crisis de gran complejidad y tremendo impacto en la población, y en las que la respuesta humanitaria internacional no está dando la talla, como República Centroafricana, Sudán del Sur o República Democrática del Congo”.

El noveno informe del Observatorio de la Acción Humanitaria ha sido elaborado por el IECAH en colaboración con MSF, y cuenta con la participación de Development Initiatives. Analiza la evolución de la financiación humanitaria internacional y española, y dedica dos capítulos al conflicto de Siria, que aborda desde las perspectivas política, de seguridad y humanitaria; asimismo, incluye una cronología de acontecimientos internacionales.

El informe está disponible en www.iecah.org y www.msf.es.

Carta abierta al Presidente del Gobierno sobre la respuesta de la Cooperación Española al desastre de Filipinas, firmada por IECAH, MSF y la CONGDE, entre otros: http://www.iecah.org/web/images/stories/articulos/Carta_al_Presidente_13.pdf


[1] Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).


Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y Unni Karunakara, presidente Internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF).

El dr. Karunakara examina a un bebé prematuro en Sudán del Sur © Camille Lepage

Hombres armados en hospitales, pacientes acosados; instalaciones sanitarias utilizadas para identificar y capturar a los enemigos; clínicas abandonadas y hospitales destruidos. Servicios de urgencias colapsados donde el personal médico vive presa del miedo a represalias por haber proporcionado asistencia a un paciente; ambulancias que no pueden acceder a los heridos o quedan retenidas durante horas en controles de carretera; divisiones y resentimientos arraigados que deniegan la asistencia médica que necesitan a algunos grupos.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y Médicos Sin Fronteras (MSF) expresan su condena firme a cualquier acto que, deliberadamente, tenga por objetivo distorsionar el acto médico y denegar la atención sanitaria a los heridos y enfermos. Un paciente no puede ser un enemigo. Los enfermos y los heridos no son combatientes. La ética médica obliga a todos los trabajadores sanitarios a atender a todos los pacientes y a preservar la independencia del acto médico. El personal sanitario debe actuar de forma imparcial, priorizando la prestación de asistencia únicamente por motivos médicos. Para ello, los lugares donde trabajan, las ambulancias, las clínicas móviles, los puestos de salud y los hospitales deben ser espacios seguros y neutrales.

Sin embargo, desde Siria a la República Democrática del Congo, de Bahrain a Malí o Sudán, parece que esta imparcialidad no está siendo respetada. Y los civiles están pagando un precio muy alto, con miles de personas viéndose privadas de atención médica.

Desde finales de diciembre, 29 personas han perdido la vida mientras llevaban a cabo campañas de vacunación contra la polio en Nigeria y Pakistán, dos de los tres países donde la enfermedad sigue siendo endémica. Como en todos los demás casos de violencia contra instalaciones y trabajadores médicos, el drama que supone la muerte de las víctimas y el dolor de sus familias son sólo las consecuencias más directas de estos ataques. Miles de niños que tendrían que haber sido vacunados ahora han quedado expuestos a la polio y al riesgo de parálisis. Las organizaciones sanitarias se han visto obligadas a revisar sus actividades y a añadir cuestiones de seguridad a los retos que implica la prestación de asistencia en estas circunstancias.

La magnitud del problema es alarmante. La mayoría de los incidentes que, de una forma u otra, niega el derecho de los heridos y enfermos a la atención sanitaria pasan desapercibidos. Ocultas y fuera del alcance de los trabajadores sanitarios, gobiernos y organizaciones internacionales, muchas personas siguen padeciendo enfermedades y lesiones sin poder recurrir a la atención médica que necesitan.

MSF y el CICR pretenden sacar a la luz la magnitud y las consecuencias de la amenaza que supone para la atención sanitaria. El objetivo es producir cambios reales en el terreno para que las personas, quienesquiera que sean o dondequiera que estén, puedan acceder a la atención sanitaria que necesitan sin miedo.

El desempeño y el comportamiento de los propios trabajadores sanitarios – el personal implicado en la gestión, administración y transporte así como aquellos que se encargan del diagnóstico, la prevención y el tratamiento – son fundamentales. Afianzar la aceptación de su trabajo por parte de las comunidades y los grupos políticos y militares es un prerrequisito esencial para poder operar en contextos sensibles y volátiles. Esto requiere una demostración inequívoca del respeto por la ética médica y la imparcialidad.

Y hay casos, por ejemplo en lugares de Afganistán en los que trabajan nuestras organizaciones, donde hemos conseguido garantizar la seguridad para las instalaciones médicas y la provisión de atención sanitaria a los pacientes a pesar de un contexto de violencia brutal. Si queremos estar seguro de que estos casos no son destacables excepciones a la regla; si queremos fomentar entre todos los actores la responsabilidad de protección de la atención sanitaria, necesitamos un esfuerzo global concertado.

Los símbolos que indican claramente la presencia de servicios médicos, como la Cruz Roja y la Media Luna Roja o el distintivo de MSF, deben obligar a respetar y proteger la práctica médica. Cuando son explotados o ignorados, no importa la cantidad de sacos de arena que pongamos, éstos no conseguirán ofrecer protección a los pacientes ni a los trabajadores sanitarios.

El verdadero reto es, en primer lugar, encontrar formas de prevenir estos actos. La principal responsabilidad para impedir que se acose, obstaculice o maltrate a la asistencia médica radica en los estados y en todas las partes implicadas en el conflicto. Hay que ayudar a los trabajadores sanitarios a que cumplan con su deber médico, y los estados deben asegurar que se toman todas las medidas posibles para proteger la acción médica por medio de su legislación nacional y que estas medidas se implementan.

La protección de los enfermos y de los heridos reside en el corazón de las Convenciones de Ginebra, sin embargo la violencia – en todas sus formas – contra las instalaciones médicas y el personal sanitario representa, hoy por hoy, una de las cuestiones humanitarias más desatendidas. El acto médico beneficia a todo el mundo, combatientes y no combatientes, y cualquiera que lo necesite debe poder acceder a él, sin condiciones.

 


Médicos Sin Fronteras (MSF) tiene ahora cinco hospitales en el norte de Siria para dar asistencia a una población que está sufriendo un cruento conflicto y el derrumbamiento del sistema de salud.

Campo de desplazados en Siria © Anna Surinyach / MSF

Unos 6,8 millones de personas necesitan ayuda humanitaria urgente tanto en Siria como en los países vecinos. Los frentes de batalla continúan moviéndose. El sistema sanitario ha quedado reducido a escombros y hay poblaciones enteras aisladas y sin asistencia.

Pese a las dificultades para trabajar en el país, MSF gestiona ahora cinco hospitales en Siria y está aumentando las clínicas móviles alrededor de algunos de estos centros. Además, la organización humanitaria está intentando abrir nuevos proyectos allá donde la seguridad lo permita.

MSF tan solo acepta donativos privados para trabajar en Siria con el objetivo de mantener su independencia.

Los equipos de MSF también trabajan en los países vecinos (Irak, Jordania, Líbano y Turquía), donde se han refugiado 1,5 millones de sirios. Estos países se han visto abrumados por la cantidad de refugiados y la respuesta humanitaria desplegada hasta ahora es insuficiente para satisfacer sus necesidades.

Actividades dentro de Siria

En Siria, MSF está intentando aumentar su actividad humanitaria, pero esta se limita de momento a cinco áreas restringidas del país en la que los equipos han tenido el espacio y la suficiente seguridad para ofrecer servicios médicos de calidad. Mientras continúa la negociación con Damasco para acceder a las áreas controladas por el Gobierno, por el momento MSF tan solo puede trabajar en las zonas bajo dominio de la oposición armada.

Cerca de Alepo, un hospital de MSF ha efectuado casi 15.000 consultas y 446 operaciones quirúrgicas. Los equipos médicos han atendido unos 600 partos. En un campo de tránsito pegado a la frontera turca, MSF ha distribuido esterillas, utensilios de cocina y kits de higiene para las familias desplazadas por el conflicto. También ha vacunado a más de 3.300 niños de sarampión y ha aplicado medidas de agua y saneamiento. Varios centros médicos de la provincia de Alepo han recibido donaciones médicas de MSF. Otro equipo de la organización humanitaria instaló un banco de sangre (ahora gestionado por doctores sirios) para abastecer hospitales de la zona.

En la provincia de Idlib, MSF tiene dos hospitales. “Estamos permanentemente preparados para la llegada masiva de heridos, pero no es nuestra actividad diaria más importante”, explica Alex Buchmann, coordinador de terreno de uno de los hospitales que acaba de volver de su misión. “Cualquier servicio médico que funciona en la zona está centrado en los heridos de guerra, así que para la gente con embarazos, enfermedades crónicas, fiebres u otras enfermedades las únicas opciones son nuestro hospital y las clínicas móviles. A veces, también hay heridos, pero siempre hay enfermedades que necesitan tratamiento”, cuenta Buchmann.

El otro hospital de MSF en la zona ha efectuado más de 1.300 operaciones, la mayoría a causa de heridas de guerra, y unos 3.700 pacientes han sido atendidos en la sala de urgencias, entre ellos pacientes con quemaduras de accidentes causados por sistemas de calefacción precarios. También hay cuidados fisioterapéuticos para los pacientes después de la cirugía. MSF sigue aumentando su apoyo a las estructuras médicas en la región: cuatro hospitales de campaña y 19 puestos avanzados están recibiendo suministros médicos.

Para mejorar la situación sanitaria del campo de desplazados en la región, MSF ha construido 50 letrinas y 40 duchas y ha distribuido 350 tiendas de campaña. Unos 3.300 niños de menos de cinco años fueron vacunados de polio y 2.000 de sarampión.

En la provincia de Al Raqqah, los combates y los bombardeos han causado el desplazamiento de la población en la zona. Los edificios públicos y muchos hogares están repletos de desplazados y los sistemas de agua y saneamiento funcionan por encima de su capacidad. MSF detectó 400 casos de sarampión, señal de que el sistema de salud se está colapsando. En abril, MSF abrió una clínica de atención primaria en el distrito de Tal Abyad, donde también ofrece atención prenatal.

En marzo, MSF abrió también una clínica en la provincia de Al Hasaka, rica en petróleo y con considerable presencia de la comunidad kurda. MSF tiene servicios de traumatología y ofrece cuidados postoperatorios.

Los equipos de la organización humanitaria también trabajan en clínicas móviles y algunos de los proyectos tienen consultas de salud mental, muy necesarias después de más de dos años de un conflicto devastador. MSF está también muy implicada en el envío de suministros médicos a hospitales y clínicas a ambos lados del conflicto, incluido Alepo, Al Raqqah, Damasco, Deir Ezzor, Deraa, Hama y Homs.

 

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MSF en Siria en números (hasta abril de 2013):

Operaciones quirúrgicas – 2.095

Consultas – 34.400

Partos – 749

 

Cinco hospitales de MSF en Siria

 


Tras dos años de un conflicto de extrema violencia en Siria, la situación humanitaria es catastrófica y la ayuda aportada, irrisoria en comparación con las necesidades.

© Nicole Tung

La parálisis demostrada por la diplomacia a la hora de facilitar una solución política al conflicto no puede justificar el fracaso de la respuesta humanitaria. La organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) pide a las partes en conflicto que negocien un acuerdo que facilite el encauzamiento de la ayuda humanitaria a todo el territorio sirio, partiendo de los países vecinos o cruzando las líneas del frente.

Mientras tanto, Naciones Unidas, estados y países donantes deben asumir que el país está fragmentado y que, por tanto, deben apoyar a las organizaciones no gubernamentales para que éstas trabajen allí donde puedan.

La población siria se enfrenta a un conflicto de violencia muy intensa y a una situación humanitaria catastrófica; viven el hundimiento de un sistema de salud que antes de la guerra funcionaba y cubría todo el país, sufren situaciones de penuria alimentaria y se enfrentan a cortes constantes de servicios básicos como agua y electricidad.

“La ayuda médica está en el punto de mira, se destruyen hospitales y se persigue al personal médico”, explica el presidente de Médicos Sin Fronteras, José Antonio Bastos. Según Naciones Unidas, 2,5 millones de sirios están desplazados en el interior de su país, un 57% de los hospitales han sufrido daños y un 36% ni siquiera funcionan; esto, sin contar las clínicas privadas y hospitales improvisados que han sido destruidos o dañados.

Cada día, más de 5.000 sirios salen del país huyendo del conflicto; según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la cifra de refugiados llega ya al millón de personas. En su mayor parte, se encuentran en los países vecinos, donde los programas de ayuda son insuficientes y apenas pueden hacer frente a este volumen de personas.

© MSF

Mientras que las necesidades son inmensas en todo el territorio sirio y en los países vecinos, la ayuda aportada es a todas luces insuficiente. En las zonas bajo control del gobierno, la asistencia es gestionada por la sociedad de la Media Luna Roja Siria y otras asociaciones locales autorizadas por el gobierno para tareas de reparto de la ayuda. Las agencias de la ONU, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y la docena de organizaciones internacionales que cuentan con autorización gubernamental están obligadas a intervenir a través de contrapartes locales, cuyo campo de actuación está geográficamente limitado a ciertas regiones y cuyas capacidades están saturadas.

En las zonas controladas por la oposición, en cambio, la ayuda internacional es muy restringida. La mayor parte de la asistencia que reciben los civiles procede de la diáspora siria, de los países ‘amigos’ de la oposición y de las redes de solidaridad político-religiosa, y por tanto queda sometida a las agendas políticas de cada uno de estos actores. MSF, que no tiene acceso a los territorios controlados por el gobierno por falta de autorización gubernamental, solo ha podido abrir tres hospitales en el norte del país, y constata que la ayuda es insuficiente en relación con las enormes necesidades de la población.

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Frente a esta situación, resulta urgente incrementar las capacidades de los actores humanitarios para que puedan desplegar una ayuda imparcial en todo el territorio sirio. “Las autoridades de Damasco tienen en sus manos el salir de esta parálisis y permitir el encauzamiento sin obstáculos de una ayuda independiente en todo el país”, explica Teresa Sancristóval, responsable de la Unidad de Emergencias de MSF. “Pedimos a las partes en conflicto que, a falta de una solución política, alcancen al menos un acuerdo sobre la ayuda humanitaria para facilitar su llegada de la forma más eficaz posible”.

Tal acuerdo debería precisar las modalidades prácticas del despliegue de la ayuda, en el marco de operaciones humanitarias llevadas a cabo desde los países vecinos o a través de las líneas del frente. MSF llama también a los beligerantes a respetar las estructuras médicas.

Mientras tanto, la ausencia de tal acuerdo no debe impedir a las ONG internacionales actuar allí donde puedan, sea cual sea la autoridad que controle el territorio. Los estados y Naciones Unidas deben respaldar las operaciones humanitarias transfronterizas, y la ayuda imparcial a las zonas controladas por la oposición y las zonas desasistidas no debe quedar condicionada a la autorización del gobierno sirio.

Con motivo del segundo aniversario de las protestas que derivaron en una guerra civil en Siria, MSF ha elaborado un informe en el que analiza el estado del sistema de salud y el sufrimiento de la población.

 


Médicos Sin Fronteras cuenta con tres hospitales en el norte de Siria, ha atendido a 16.000 pacientes y practicado 1.560 operaciones quirúrgicas. Los equipos de MSF intervienen también en Líbano, Irak, Jordania y Turquía, prestando asistencia a los refugiados sirios.

 

 


La integración de la ayuda a la estrategia política y militar de la ONU /UA supondrá una amenaza para las actividades de ayuda humanitaria.

MSF empezó a trabajar en el campo de refugiados de Hiloweyn, en Liben, en agosto de 2011 © Michael Tsegaye

Los actuales esfuerzos de Naciones Unidas para integrar la asistencia humanitaria a la campaña militar internacional contra los opositores del gobierno de Somalia supondrán una amenaza más para la ayuda humanitaria independiente e imparcial a la población somalí que lucha por sobrevivir a una guerra que no cesa, ha advertido hoy Médicos Sin Fronteras (MSF).

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas actualmente está deliberando sobre la futura estructura de la misión de NNUU en Somalia. Bajo discusión está la posible inclusión de la asistencia humanitaria en una agenda política y militar más amplia para Somalia. Un enfoque así en un país donde la capacidad de proporcionar ayuda ya se ve gravemente comprometida podría generar desconfianza en los grupos de ayuda.

“Muchos somalíes siguen luchando para conseguir tener cubiertas las necesidades más básicas para su supervivencia, como alimentos, atención sanitaria y protección de la violencia, por lo que la asistencia humanitaria sigue siendo una prioridad y debe seguir siendo completamente independiente de cualquier agenda política,” afirma Jerome Oberreit, Secretario General de MSF. “El sistema de ayuda humanitaria no debe convertirse en socio ejecutor de la campaña de estabilización o contrainsurgencia en Somalia.”

El principal reto sigue siendo garantizar la seguridad de los pacientes y del personal sanitario. La Ayuda por lo tanto debe seguir siendo independiente e imparcial para que las organizaciones humanitarias puedan intentar negociar el acceso a poblaciones necesitadas con todas las partes en el conflicto y mitigar al máximo los riesgos de seguridad. Los intentos de politizar todavía más la ayuda humanitaria podrán suponer un mayor peligro para los pacientes y los trabajadores humanitarios, declara MSF.

“Tal como hemos visto antes en Somalia, y en países como AfganistánIrakSierra Leona, y Angola, cuando las actividades de paz o estabilización militar integran a la ayuda humanitaria como una herramienta para la consecución de objetivos políticos y de seguridad, los actores de la ayuda, incluidos los trabajadores sanitarios, siempre quedan deslegitimados y se ven privados de acceso a las poblaciones atrapadas en situaciones de conflicto,” añade Oberreit. “En casos extremos, incluso se ha denegado la ayuda a poblaciones para proteger los intereses políticos de los esfuerzos de estabilización. La asistencia humanitaria debe prestarse solamente teniendo en cuenta las necesidades reales de una población sin involucrar ningún otro tipo de prioridad oculta.”

Amplios segmentos de la población somalí en todo el país requieren asistencia básica. Muchos están en zonas de conflicto activo y en zonas controladas por grupos armados, como en el sur y centro de Somalia, subrayando la necesidad de ayuda humanitaria independiente e imparcial. El acceso a alimentos y a una atención médica adecuada se ve seriamente limitado. Más de 730.000 somalíes han buscado refugio en campos en Kenia y Etiopía. Los niveles generales de asistencia en Dadaab, Kenia, donde residen cientos de miles de refugiados somalíes, siguen siendo insuficientes. Las llamadas por parte de Kenia al retorno de los refugiados son y seguirán siendo prematuras mientras la situación de seguridad en Somalia siga siendo peligrosa.

Más de cien somalíes cruzan cada día a Etiopía para escapar de las privaciones en su país de origen, aduciendo la falta de alimentos y de seguridad como los principales motivos de su huida. En una encuesta reciente entre los pacientes de MSF, más de la mitad (424 de 820) reportaron estar desplazados dentro de Somalia o refugiados en Liben, Etiopía. Más de 187.000 refugiados somalíes viven en Liben, según el Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas. La violencia directa o el temor a padecerla se citaron como las principales razones de los desplazamientos (46%), seguido de la escasez de alimentos debido a la sequía y el limitado acceso a la asistencia (32%).

“Me he visto obligada a abandonar mi hogar diez veces en mi vida,” explica a MSF una mujer de 25 años de la región del Lower Juba. “Mi marido murió en una ataque y dos de mis hijos murieron porque no pude darles de comer. Intento conservar las fuerzas pero la situación en la que vive nuestro país desde hace tanto tiempo nos está matando.”

MSF ya ha tenido que reducir sus actividades en Somalia debido a los riesgos de seguridad. En octubre de 2011 dos trabajadoras humanitarias de MSF, Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, fueron secuestradas en el campo de refugiados de Dadaab y conducidas hasta Somalia, donde MSF cree que siguen retenidas. Tras el secuestro y hasta que las dos trabajadoras humanitarias no sean puestas en libertad sanas y salvas, MSF ha limitado sus operaciones en Somalia únicamente a urgencias vitales.

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MSF ha trabajado ininterrumpidamente en Somalia desde 1991, y sigue proporcionando atención médica vital a cientos de miles de somalíes en diez regiones del país así como en Kenia y Etiopía. Más de 1.400 trabajadores, apoyados por aproximadamente 100 personas en Nairobi, prestan una amplia gama de servicios, incluidos atención primaria de salud, tratamiento de la desnutrición, salud materna, cirugía, respuesta a epidemias como el cólera o el sarampión, campañas de vacunación, suministro de agua y provisión de ayuda.

En 2012, MSF trató a casi 30.000 niños con desnutrición severa y vacunó a 75.000 contra enfermedades infecciosas. Los equipos de MSF también asistieron más de 7.300 partos y realizaron cerca de medio millón de consultas médicas en sus instalaciones sanitarias. MSF depende solamente de donaciones privadas para su trabajo en Somalia y no acepta fondos de ningún gobierno.

 


0. A cero se reduce la contribución de España al Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis en 2012. Cero fue también la contribución en 2011. Si nadie lo remedia, será cero en 2013.

10. Diez fueron los millones de euros prometidos por España al Fondo Mundial en la Conferencia Internacional sobre el Sida de Washington en julio de 2012. Una cifra escasísima.

55 %. Es la medida de la última aportación de España al Fondo Mundial, en 2010: 189 millones, un 55% de lo que había comprometido.

90 %. Es el recorte sufrido por la ayuda humanitaria pública española entre 2009 y 2012: ha pasado de 465 millones de euros a menos de 50. Las previsiones para 2013 dibujan un escenario nefasto: el borrador de Presupuestos anuncia menos de 20 millones de euros.

Estas son las cifras del desastre: España le ha dado la espalda a la lucha contra el sida y a la respuesta a las crisis humanitarias, dejando en la cuneta a las poblaciones vulnerables que recibían una ayuda vital en todo el mundo. Los recortes empezaron con el Gobierno anterior, en 2009, y se han agravado exponencialmente en los últimos tiempos.

 

Esta marcha atrás es el resultado de una opción política no una cuestión presupuestaria: no nos dejemos engañar por el discurso que enfrenta a los pobres “de aquí” con los pobres “de allí”.

 

Esta dicotomía es más un acto de manipulación política que una justificación aceptable: ética y conceptualmente, no hay ninguna razón para dejar de responder a las necesidades de un grupo de personas porque haya otro grupo distinto con necesidades diferentes.

“Los de allí” son los refugiados sudaneses cobijados bajo plásticos en Sudán del Sur, son los niños que pueden morir de desnutrición en Níger, son las incesantes víctimas del cólera en Haití, son los pacientes de VIH que reciben tratamiento y los que aún no han tenido esa suerte. Son personas que no pueden esperar, y cuya asistencia reposa la mayoría de las veces en agentes externos: en agencias internacionales financiadas por países donantes y en organizaciones como Médicos Sin Fronteras.

Por eso nos preocupa enormemente el que uno de esos países donantes, España, esté desmantelando su ayuda humanitaria y se haya retirado de la lucha contra la gran pandemia de las últimas décadas, el sida. Esta decisión va a tener un enorme coste humano. Estos fondos, que no deberían ser víctima propiciatoria de la crisis económica, pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte para quienes la reciben: España estaba marcando esa diferencia y ha dejado de hacerlo.

 

Tras años de sólidos compromisos, España se ha convertido en un donante irrelevante en el panorama internacional, y eso justo en el momento en el que retoma sus ambiciones de regresar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el bienio 2015-16.

 

A la hora de conseguir aliados, podrían resultar determinantes los votos procedentes de ese gran número de países afectados por la pandemia del sida y otras emergencias ahora descartadas por los fondos públicos.

El “firme compromiso” internacional que el presidente del Gobierno defendió en su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre pasado se demuestra apoyando a organismos como el Fondo Mundial, que actualmente financia la mitad de la cohorte mundial de pacientes en tratamiento contra el VIH en el mundo: casi 4 millones de personas, de los 8 millones que han salvado la vida gracias a la terapia antirretroviral. España había llegado a ser el quinto donante del Fondo, con aportaciones de más de 200 millones al año.

Dejar su contribución en cero, o mutilar las partidas de ayuda humanitaria pública y otras aportaciones a organismos multilaterales, aparte de no resolver el déficit, lanza un mensaje de desinterés por las emergencias que afectan a una gran parte de la población del planeta. El Gobierno debe decidir qué parámetros quiere que definan la Marca España, y este déficit humanitario seguramente no es el más conveniente.


Autor: Fco. Javier Sancho Más (periodista, Médicos Sin Fronteras

“¡A correr!”. Cuando se activa la alarma en Batangafo, al norte de República Centroafricana, la ciudad queda despoblada en cuestión de minutos. Una destreza que se aprende sobreviviendo a más de diez años de conflictos. Volvió a suceder el pasado 19 de diciembre, por la mañana. Ante la llegada inminente de los grupos rebeldes, huyó casi todo el mundo. Las autoridades, primero.

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Al poco rato, sólo podía encontrarse gente en el hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF), donde el equipo médico se quedó atendiendo a los pacientes y familiares que no podían movilizarse. El otro lugar era el bosque. Ese mismo día, en el hospital, Ghislaine, una mujer de 55 años, nos contó que cuando se oyen los gritos de alarma, los niños de las calles y la escuela se ponen las pilas. Se guarecen en un bosque de los alrededores, y allí, en escondites que sólo ellos conocen, esperan con los ojos bien abiertos hasta que cesan los enfrentamientos.

Ghislaine sabe que los niños tienen experiencia en desaparecer así de rápido, “pero todos estamos angustiados”, dice, “no tenemos ni idea de cuándo volverán exactamente”.

El intercambio de disparos duró unas tres horas hasta que la ciudad cayó en manos de los rebeldes. Después, la situación se tranquilizó un poco, pero la población, permaneció oculta varios días más hasta estar segura de volver. Los enfrentamientos en esta zona del país van y vienen constantemente.

Y con todo, lo más probable es que los niños no mueran de un balazo o una explosión. Esto es lo que desconcierta en las estadísticas de República Centroafricana: con unos 10 grupos armados operando en el país irregularmente (incluido el temible Lord’s Resistance Army (LRA), liderado por Kony, que aparentemente se encuentra en el sureste), y a pesar de ser uno de los cinco países con la mortalidad más alta del mundo (a veces entre tres y cinco veces mayor que el umbral de emergencia) y de tener la segunda esperanza de vida más baja (48 años), el número de fallecidos directamente por los enfrentamientos es relativamente bajo.

Campo de desplazados en Kabo, a 60 kilómetros de Batangafo. Fotografía de Anna Surinyach

El grupo armado más mortífero de la República Centroafricana (RCA) lo forman los mosquitos que transmiten la malaria. Y ésta se apoya en la falta de inversión en atención sanitaria para una población que ha hecho del desplazamiento una forma de vida a la fuerza. Cuanto más tiempo transcurren en los bosques, más enfermos se vuelven los enfermos, más vulnerables los vulnerables. El bosque es un refugio para valientes. Y da tanto miedo que ni siquiera los grupos  armados suelen adentrarse en él a buscar civiles. Los niños lo saben y esperan con los ojos abiertos.

A día de hoy, los enfrentamientos han terminado tras el alto al fuego acordado con el Gobierno. La población, poco a poco, está regresando a sus hogares. Los niños abandonan el bosque y el país vuelve a la normalidad. Pero “lo normal” en RCA tiene significados particulares:

- Lo normal es que la falta de medios de subsistencia cause un aumento de la desnutrición; como ocurre en el oeste del país, por ejemplo, donde se suspendió la extracción de diamantes que era un recurso habitual de la población. Lo normal es que los pacientes, a pesar de los bajos o inexistentes salarios tengan que pagar por la escasa atención médica que, además, suele ser de muy baja calidad.

- Lo normal es que la malaria cause más de la mitad de las muertes entre los pacientes internos en hospitales, porque al ser holoendémica, cada uno de los 4,4 millones de habitantes se infectan, de media, una vez al año. Lo normal es que los programas de control de los últimos focos de la enfermedad del sueño (que mayoritariamente se encuentran en RCA) fracasen a causa de la inestabilidad y de servicios apropiados.

Identificación de enfermos de la tripanosomiasis humana africana (enfermedad del sueño) en Batangafo. Fotografía de Anna Surinyach

El modelo actual de ayuda al desarrollo y de ayuda humanitaria ha demostrado que no funciona en RCA. La inversión en atención sanitaria, por parte de los donantes y por parte del Gobierno ha caído dramáticamente. Y como los conflictos que van y vienen no arrojan cifras alarmantes de muertos, entre otras cosas, porque una población reducida sabe bien dónde refugiarse, la comunidad internacional se enfrenta a un dilema: que no considere al país lo suficiente fiable ni su situación lo bastante urgente como para merecer una mayor ayuda.

Mientras la crisis de RCA se hace crónica y silenciosa, lo normal es que la violencia armada afecte nuevamente a varias zonas del país, como hace poco ocurrió en Batangafo. Y la mayoría de los muertos no serán por las balas. En pocos minutos, la ciudad volverá a despoblarse. Sólo habrá refugio en el hospital, o en el bosque, en lugares dónde sólo los niños saben esconderse, y esperar con los ojos bien abiertos, a que las cosas vuelvan a la “normalidad”.


Un equipo de MSF ha logrado acceder a la localidad de Konna, en el centro de Malí, después de haber pedido en varias ocasiones autorización para trabajar en esta zona afectada por el conflicto.

© MSF

Dos médicos y dos enfermeros llegaron a la estratégica localidad de Konna desde la cercana población de Mopti. El equipo está evaluando las necesidades médicas y humanitarias pero ya ha podido comprobar el estado del principal centro de salud de la localidad. “Los residentes no han tenido acceso a la salud durante varios días”, lamenta Darío Bertetto, jefe de misión de MSF en Malí, quien añade: “En los centros de salud no había ni personal médico ni pacientes”.

El equipo ha empezado a llevar a cabo consultas y está organizando clínicas móviles para conocer las necesidades médicas de la población. Si fuera necesario, MSF puede dar apoyo al principal centro de salud de Konna. La organización humanitaria también espera que sus equipos lleguen pronto a la cercana localidad de Douentza, donde el reabastecimiento está resultando imposible porque aún no se permite el acceso.

MSF había solicitado de forma insistente a las autoridades malienses y francesas que le permitiese acceder a Konna y había advertido de la necesidad de evaluar la situación humanitaria sobre el terreno.