MÉDICOS SIN FRONTERAS

Àngels Mairal, psicóloga de MSF, llegó a Yemen a mediados de marzo. A las pocas semanas, las autoridades yemenís empezaron a liberar a migrantes retenidos en granjas ilegales, algunos víctimas de tortura. Al mismo tiempo aumentaban las deportaciones desde Arabia Saudí y el número de migrantes que voluntariamente quería volver a casa. Desde entonces, Àngels ha estado trabajando para asistir a esta población.

Migrantes en el centro de detención de Saná, Yemen. © Ramón Pereiro / MSF

¿Con qué problemática te encontraste al llegar a Yemen?

Cuando llegué al país, empecé a trabajar con mis compañeros que asisten a los migrantes en la ciudad de Haradh, en el norte de Yemen, cerca de la frontera con Arabia Saudí. Allí, la Organización Internacional de las Migraciones gestiona un campo donde ingresan algunos de los migrantes que quieren ser repatriados a su país; personas con una necesidad de protección especial como mujeres, niños, ancianos y personas enfermas. Además, en los alrededores de campo, se concentran centenares de migrantes  que están  en la ciudad a la espera de volver a intentar entrar en Arabia Saudí o intentado volver a casa.

MSF tiene dos consultas fuera del campo y allí hacemos sesiones individuales y grupales de salud mental. Mi trabajo durante las primeras semanas fue reforzar nuestro trabajo clínico en esta área y también reforzar la capacidad de otras organizaciones que trabajan con migrantes a través de formaciones de atención psicológica.

¿Qué pasó durante el mes de abril?

A principios de abril, las autoridades yemeníes empezaron a liberar a migrantes que estaban retenidos por traficantes en granjas ilegales. Durante varios días, grupos de alrededor de 200 personas eran referidas a un centro de detención de a las afueras de Haradh. Desde allí, se fueron transfiriendo por grupos a otro centro de detención en Saná, la capital. Como el número de personas era demasiado elevado en Saná, un grupo de alrededor 480 personas estuvo durante varios días una prisión en Amran.

Además coincidiendo con las liberaciones de las granjas, Arabia Saudí deportó grupos de migrantes ilegales a Yemen, que también han estado en estos centros de detención, y otros se han acercado voluntariamente hasta estas instalaciones para ser repatriados.

En Saná, la capacidad del centro de detención es de 200 personas pero ha habido momentos, en que había alrededor de 1.200.

Migrantes en el centro de detención de Saná, Yemen. © Ramón Pereiro / MSF

¿Cómo es la situación ahora mismo?

Desde Saná ya han empezado las repatriaciones a Etiopía, de donde son la mayoría de los migrantes. Así se ha podido trasladar a todos los migrantes de la prisión de Amran hasta Saná; el centro allí sigue estando muy por encima de su capacidad.

Se prevé que las deportaciones continúen en los próximos días y no sabemos si luego habrá más liberaciones de granjas ilegales o ha sido algo puntual.

¿Cuál es la situación por la que han pasado estos migrantes?

Yemen está situado en una de las principales rutas migratorias; muchas personas salen del Cuerno de África para buscar una mejor vida en los países del Golfo Pérsico. En el camino, muchos migrantes caen en manos de traficantes. Los migrantes liberados por las autoridades yemenís, nos contaban que han sido víctimas de tortura y malos tratos. Los traficantes les extorsionan para poder conseguir dinero de su familia. Muchos han pasado por experiencias terribles, han sido víctimas de violencia extrema y/o han visto el asesinato de otros migrantes. También antes de las liberaciones, los migrantes que atendíamos en Haradh nos explicaban estas experiencias.

Es verdad que nosotros solo vemos una parte muy pequeña de esta problemática. Se habla de decenas de miles de migrantes atravesando Yemen cada año y no es posible saber cuántos consiguen llegar a Arabia Saudí o cuántos caen en manos de traficantes.

Migrantes en el centro de detención de Saná, Yemen. © Ramón Pereiro / MSF

¿Cuáles son las necesidades de esta población a nivel de salud mental?

Aunque todas las personas que vemos han pasado por situaciones similares, el impacto del maltrato en cada persona y su capacidad de recuperación son procesos individuales y dependen de la duración de la experiencia traumática, de la personalidad previa, de los factores de protección y de la propia capacidad de resiliencia.

Vemos síntomas de estrés postraumático: flashbacks, pensamientos recurrentes, insomnio, aislamiento, sentimientos muy fuertes de tristeza. También observamos síntomas psicosomáticos como dolores de cabeza, taquicardias, dificultad para respirar. Muchas personas también tienen dificultades para concentrarse o para seguir una conversación.

También vemos algo que va incluso más allá de todos estos síntomas  y que muchos de ellos expresan diciendo “no tengo derechos, no existo como ser humano”. Estas personas han visto herida su dignidad como seres humanos. Muchos todavía no se sienten a salvo y no tienen todas sus necesidades básicas cubiertas. Tienen mucha incertidumbre, no saben cuándo volverán a Etiopía, cómo será la vida a su vuelta o cómo llegarán a su localidad de origen desde la capital.

La situación de las personas que han sido víctimas de violencia sexual, es especialmente difícil. Al trauma de la vejación o la violación  en sí misma se añade, en el caso de las mujeres, embarazos no deseados, vergüenza, estigma y/o el rechazo familiar a su regreso a casa.

También hemos visto alguna persona con trastorno psicótico o depresión severa que hemos referido al hospital psiquiátrico de Saná. 

Migrantes en el centro de detención de Saná, Yemen. © Ramón Pereiro / MSF

¿Cómo atiende MSF a estas personas?

Centramos nuestra intervención en actividades grupales. El grupo, la comunidad en general, es tradicionalmente un factor de resiliencia importante. El objetivo es restablecer la sensación de control, en la medida de lo posible, sobre el entorno pero también sobre su cuerpo y emociones. Intentamos devolverles su sentido de la dignidad, su capacidad para crear relaciones de confianza. En el momento en que se sienten en confianza pueden empezar a hablar sobre las consecuencias de las experiencias vividas e iniciar un proceso “de duelo” por todo lo que han perdido: tiempo, dinero, salud, amigos, esperanza en el futuro…

Parte de las actividades grupales son psicoeducativas. En ellas, les explicamos los síntomas que pueden experimentar después de las experiencias vividas y les informamos de que probablemente los síntomas irán disminuyendo con el tiempo. También hay grupos de discusión  donde las personas pueden expresar sus preocupaciones y compartirlas con el grupo.

Después de estas sesiones, organizamos otras con grupos más pequeños donde podemos hacer más asesoramiento psicológico y profundizar más en los síntomas. También les invitamos a sesiones individuales, en las que podemos focalizarnos mucho más en la especificad de cada persona.

Debido a la incerteza del momento de la repatriación, son intervenciones muy cortas (muchas veces una o dos sesiones), en las que intentamos aliviar el sufrimiento más agudo de la persona y movilizar sus recursos de afrontamiento de cara al futuro. Pero a pesar de la brevedad hemos apreciado un impacto positivo de nuestra intervención al permitir que la persona pueda expresar libremente su sufrimiento, sin miedo a ser juzgada.


 

 


Décadas de conflicto, inestabilidad política y malestar social han contribuido a que muchos iraquíes sean vulnerables a padecer estrés psicológico y trastornos de salud mental y necesiten atención psicológica, afirma Médicos Sin Fronteras (MSF) en un nuevo informe.

Irak 2009 © Khalil Sayyad

Healing Iraqis: The Challenges of Providing Mental Health Care in Iraq (Asistencia a la población iraquí: los retos de prestar apoyo a la salud mental en Irak), incluye ejemplos del impacto constante que la violencia tiene en el día a día de los hombres, mujeres y niños iraquíes. También describe el desarrollo de un programa, junto con el Ministerio de Sanidad, para proporcionar asesoramiento.

La organización explica que urge ampliar los servicios de atención a la salud mental en Irak. Apela al Ministerio de Sanidad y a los que le apoyan a que mejoren la calidad del acceso a los servicios de salud mental integrando el asesoramiento en las instalaciones sanitarias existentes en todo Irak.

MSF también observa que debe trabajarse más para reducir el estigma asociado a la salud mental, y animar así a las personas a que soliciten asesoramiento psicológico.

Desde 2009 la organización trabaja en Irak proporcionando asesoramiento psicológico a hombres, mujeres y niños junto con el Ministerio de Sanidad iraquí. Los programas de MSF se centran en enfoques no farmacéuticos para responder a la ansiedad y la depresión que suelen experimentar las personas expuestas a la violencia y la incertidumbre.

“Muchos iraquíes han llegado al límite de lo que pueden soportar tras décadas de un conflicto y una inestabilidad que solo han sembrado devastación. Mentalmente agotados por sus experiencias, muchos luchan por entender lo que les está ocurriendo. Los sentimientos y la desesperanza se agravan por  el tabú asociado a las cuestiones de salud mental y a la falta de servicios de apoyo psicológico a los que acudir cuando las personas necesitan ayuda,” afirma Helen O’Neill, Jefa de Misión de MSF en Irak.

En el transcurso de los últimos cuatro años, MSF y el Ministerio de Sanidad iraquí han introducido servicios de asesoramiento psicológico en dos hospitales, situados en Bagdad y en Fallujah. Se prevé utilizar esto como un modelo de atención que pueda replicarse en otras instalaciones sanitarias del país, como las unidades de apoyo a la salud mental que el Ministerio de Sanidad acaba de abrir en los hospitales de Kut, Karbala y Sulaymaniyah. MSF también recomienda al sistema de salud iraquí que integre asesoramiento psicológico en los servicios de atención primaria de salud para mejorar el acceso, especialmente de mujeres y niños.

De acuerdo con los datos sobre los pacientes recogidos en 2012 por MSF y por el Ministerio de Sanidad en Irak, un 97% de las personas que se personaron para asesoramiento cuando fueron admitidas reportaron síntomas psicológicos clínicamente significativos. Cuando volvieron para una segunda visita, estos síntomas se habían reducido en un 29%.

Incluso excluyendo los conflictos domésticos, casi la mitad de todos los casos examinados en el programa (un 48%) estaban relacionados con la violencia. Casi todo el personal y los pacientes en el programa de salud mental, o bien han experimentado directamente el impacto de la violencia en los últimos años, o conocen a alguien que lo ha sufrido.

El informe incluye testimonios de iraquíes traumatizados que luchan para reconstruir sus vidas tras haber sido testigos de actos de violencia extrema.

Una madre de tres hijos de 36 años de edad y viuda describe como empezó las sesiones de asesoramiento después de que su vida se viera trastocada dos años antes, cuando perdió a su marido.

“Empecé asistiendo a las sesiones de asesoramiento psicológico al sentirme agotada y muy triste. Sentí que tenía un problema psicológico que impedía relacionarme bien con los demás. Perdí a mi marido hace dos años y el incidente afectó mi vida. Cambió mi vida, la trastocó completamente. Ahora soy la única persona responsable de criar a mis hijos.”

Una niña de 10 años describe como el asesoramiento la ha ayudado a mejorar su habla:

“Empecé a asistir a las sesiones para mejorar mi habla y superar el miedo. Tengo miedo de todo. Siempre tiemblo. Ya no puedo deletrear palabras correctamente. Mi maestra y mis compañeras de clase me pegan todo el tiempo en la escuela. No puedo estudiar ni aprender nada. No puedo concentrarme. Ya no hablo con nadie. Es la primera vez que hablo con alguien sobre mis problemas.”

Proporcionar atención a personas que han sufrido una experiencia traumática no es fácil, pero el modelo de asesoramiento ha demostrado ser beneficioso para ayudar a las personas a recuperar la dignidad y el control de sus vidas.


por Esperanza ‘Amal’ Leal Gil, psicóloga de Médicos Sin Fronteras en Hebrón (Territorios Palestinos)

 

Ya en el coche, mi compañera palestina me adelanta nuestra próxima visita, recordándome que las agresiones y arrestos por parte de los soldados hacia los menores pueden ocurrir también en la calle o en los ‘checkpoints’. Y es que, en los últimos meses, incluso se han llegado a producir incursiones y detenciones dentro de los propias escuelas, lo que ha provocado miedo generalizado y el absentismo por parte de algunos menores que sufren ansiedad y angustia sólo de pensar en ir al colegio.

 

Esta vez vamos a visitar a Assem. Nos abre la puerta mirando al suelo… Entramos en su casa, que es extremadamente pobre: no tiene sillones, sólo unos futones en el suelo y una alfombra que le sirve de dormitorio. Nos descalzamos y nos sentamos en los cojines.

 

Es un chico delgado de tez muy morena. En su cara resaltan unos impresionantes ojos azules que me miran con tristeza. A sus 12 años ha perdido la ilusión… Un día, al cruzar un puesto de control militar de camino al colegio, unos soldados le agarraron y le golpearon. Desde entonces, Assem ha dejado de jugar en la calle, se esconde cuando ve a un soldado, está triste porque siente que ha perdido su valentía, pega a sus hermanos y ha dejado de ir a la escuela.

 

Sus ojos azules me taladran con una expresión amarga. Durante un rato discutimos sobre el miedo, le hago hablar recordando cosas que le han ayudado a sentirse mejor, e incluso terminamos la sesión hablando de fútbol, que parece que le entusiasma… Hoy puedo decir que, después de tres sesiones, ha vuelto a sonreír tímidamente.

 

Escuela en Hebrón, Cisjordania (© Juan Carlos Tomasi).

 

De vuelta a casa, observando el paisaje de casitas salteadas entre montañas de tonos marrones, me acuerdo de que estos problemas también se agravan con la violencia hacia las familias que viven en barrios cercanos a asentamientos israelíes, ya que a menudo sufren acosos y ataques por parte de los colonos instalados en territorio cisjordano.

 

Niños y mayores se encuentran en un estado de hipervigilancia y sospecha constante. Precisamente, mañana visitamos a Mahmoud, de 9 años, que jugaba cerca de un asentamiento y al que un colono apuntó con un arma y arrastró hacia su casa amenazándolo de muerte. Le advirtió de que, tras matarlo a él, mataría a toda su familia. Ahora sufre un serio estrés post-traumático.

 

Nuestra intervención como psicólogos de MSF está dirigida en estos casos a los menores y a sus padres, desde una perspectiva psicosocial: se realizan psicoterapias a corto plazo con referencias a estructuras médicas o sociales, como la propia escuela u otras redes comunitarias. El tratamiento para estos niños es básico para evitar que empeoren los síntomas.

 

A través de escucha activa, terapias de juego o dibujos, se ayuda al niño a recuperar el control, a encarar la situación que le produce temor, a identificar los pensamientos que le causan ansiedad, y a controlar las reacciones mentales y físicas que le causan la angustia. Con los padres, trabajamos dándoles apoyo emocional y reforzando estrategias para que ellos puedan ayudar a sus hijos.

 

Pero ya oscurece, y el muecín canta con la voz quebrada llamando a la oración. Estremece el canto en el silencio de la tarde. Mañana, muchos adolescentes y niños verán secuestradas su infancia con la violencia. Mañana desde MSF volveremos a poner todo nuestro esfuerzo para intentar aliviar su sufrimiento y luchar contra la desesperanza.