MÉDICOS SIN FRONTERAS

Recientes declaraciones por parte de algunas autoridades del gobierno afgano justificaron el ataque al hospital en Kunduz. Esto significa que las fuerzas afganas y de los EEUU, que trabajan conjuntamente, decidieron arrasar un hospital totalmente funcional, con más de 180 trabajadores y pacientes en su interior, porque, según sostienen, había talibanes presentes.

Destrozos en el hospital de MSF en Kunduz, Afganiztán. © MSF

“Esto supone el reconocimiento de un crimen de guerra y contradice totalmente las intenciones del gobierno de EEUU de minimizar el ataque como ‘daño colateral’. No puede haber justificación para este ataque abominable en nuestro hospital que ha acabado con la vida de personal de MSF mientras trabajaban y de pacientes que yacían en sus camas. MSF reitera su petición para que se lleve a cabo una investigación internacional independiente a fondo” afirma Joan Tubau, Director General de MSF.

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El pasado 20 de enero, un hospital de Médicos Sin Fronteras fue bombardeado en Kordofan del Sur, Sudán. Como consecuencia inmediata de este ataque, la organización se ha visto forzada a suspender sus actividades médicas en dicho centro médico.

 

El hospital de Frandala en junio de 2014 © MSF

 

El hospital, situado en Frandala, una aldea en el interior de las Montañas Nuba, fue bombardeado por la Fuerza Aérea Sudanesa (SAF, por sus siglas en inglés). Los repetidos bombardeos en la región no permiten el desarrollo de actividades médicas de forma segura, impidiendo que la población local reciba una atención médica de emergencia que en estos momentos resulta de vital importancia.

“Condenamos de forma rotunda el bombardeo del hospital de Frandala”, afirma Marc Van der Mullen, coordinador general de MSF en Sudán. “En el momento del bombardeo había 100 pacientes en el interior del hospital. Tuvimos suerte de que no se produjeran más heridos, porque la gente no tuvo tiempo de protegerse. Todo el mundo está en estado de shock. La gente está asustada ante la posibilidad de que haya nuevos ataques”.

Unas 150 personas entre pacientes y trabajadores estaban en el hospital cuando un caza del SAF lanzó un racimo de 13 bombas. Dos de ellas cayeron dentro del recinto del hospital y otras tantas justo al otro lado de la valla que delimita el recinto. Un trabajador de MSF y un paciente resultaron heridos y el hospital ha quedado dañado.

 

Bombardeos indiscriminados

Este ataque se engloba dentro de una campaña de bombardeos indiscriminados que ocurren de forma regular en la región de Kordofán del Sur, en el marco de la guerra que enfrenta a las autoridades de Jartum y a los grupos rebeldes de las Montañas Nuba. La población sufre continuos ataques con bombas y las estructuras de salud también son objetivo habitual de estos bombardeos.

El hospital de Frandala ya fue bombardeado en junio de 2014. El ataque se llevó a cabo a pesar de que las autoridades de Jartum eran conocedoras de la presencia de MSF y de las actividades médicas que se llevaban a cabo en el hospital. El ataque de junio produjo un muerto y heridas a diversos pacientes, así como graves daños a la estructura sanitaria. MSF denunció entonces el ataque y exigió el respeto debido a los servicios médicos.

“A día de hoy, no hay ninguna duda de que este ha sido un ataque deliberado, dirigido contra una estructura hospitalaria civil, como parte de una estrategia destinada a aterrorizar a la comunidad”, dice Van der Mullen. “MSF repite su llamamiento a las autoridades de Jartum para que respeten la asistencia médica que ofrecemos a la población. A pesar de las dificultades, nosotros seguiremos tratando de encontrar la manera de atender a esta población, que está atrapada en un conflicto que ha caído de nuevo en el olvido informativo”.

MSF es uno de los escasos servicios médicos que llega a la población de Kordofán del Sur. La estructura de Frandala ofrece atención primaria y cuidados intensivos e inició sus operaciones en 2012. Se han llevado a cabo 80.000 consultas, con cerca de 4.000 ingresos.

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Sudán: hospital de MSF bombardeado en el ataque a una aldea

 


El pasado 3 de enero, el grupo militar islámico Boko Haram lanzó un ataque masivo en Baga, localidad cercana al lago Chad en el Estado de Borno, en el norte de Nigeria. La ofensiva del grupo militar, la más mortífera de los últimos cinco años, ha provocado miles de muertos y desplazados que han huido a la ciudad de Maiduguri, donde MSF les está proporcionando asistencia médica.

Tras el reciente ataque en Baga, miles de supervivientes han sido reagrupados en el campo denominado “Pueblo maestro”, en Maiduguri. Una veintena de heridos fueron atendidos en el hospital de la localidad por el propio equipo del Ministerio de Salud del país. Otros habitantes de la zona de Baga han huido para refugiarse en la zona periférica del lago Chad.

Los equipos de MSF han realizado una primera evaluación de las necesidades más urgentes, fundamentalmente sobre la situación nutricional y las necesidades médicas de la población desplazada, que representa ya unas 5.000 personas. “Hemos donado alimentos, medicamentos y material médico a los centros de salud del campo, que presentan grandes carencias en sus provisiones. Al igual que ya hacemos en otros campos de desplazados, vamos a comenzar a dar soporte al personal de las estructuras sanitarias ya existentes, apoyándolos en materia de desnutrición infantil, en atención primaria y en las consultas prenatales y ginecológicas, atendiendo a los partos de las numerosas mujeres embarazadas. Vamos a seguir muy de cerca la evolución de los desplazados así como de la situación en el campo. Nos iremos adaptando en función de cómo se desarrollen los hechos” explica Isabelle Mouniaman-Mara, responsable de programas de MSF en Nigeria.

Se cree que muchos supervivientes estén aún escondidos en los montes de los alrededores de Baga. Las autoridades han enviado vehículos de transporte para trasladarlos a la localidad de Maiduguri. “Dada la situación en el zona, MSF no podrá desplazarse a Baga para hacer una evaluación de las necesidades médicas y humanitarias de la población. Por ello, vamos a seguir interviniendo sobre la población desplazada a Maiduguri” puntualiza Isabelle Mouniaman-Nara. Allí, la situación es también tensa, tras un atentado bomba en el mercado de la localidad el pasado 10 de enero que causó la muerte a veinte personas.

 

Para más información: Nigeria: dos médicos para medio millón de desplazados (Entrevista)


El ataque del pasado lunes contra el hospital Al Shifa, que acoge a unos 2.000 desplazados, demuestra que no hay lugar seguro para los civiles e ilustra las dificultades para proporcionar ayuda de emergencia

Gaza/Jerusalén/Madrid – La organización médica internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) condena con contundencia el ataque de ayer, 28 de julio, contra el hospital Al Shifa, un centro de referencia para toda la Franja de Gaza y en el que trabajan los equipos quirúrgicos de MSF. Este último bombardeo contra una estructura sanitaria en la que se refugian miles de personas desplazadas desde el inicio de la ofensiva denominada “Margen Protector” evidencia, una vez más, que en Gaza no hay lugar seguro para los civiles y demuestra hasta qué punto es difícil facilitar ayuda de emergencia hoy en Gaza.

Un trabajador humanitario internacional de MSF estaba en el edificio cuando el centro de consultas externas dentro del recinto del Hospital fue bombardeado. Aunque en este último ataque no hubo que lamentar muertos o heridos, Al Shifa es el cuarto hospital atacado tras los del European General,  el Al Aqsa y el Beit Hanoun desde que se inició la operación “Margen Protector” hace tres semanas.

Sala de emergencias del hospital de Al Shifa, ciudad de Gaza © Samantha Maurin/MSF

“Atacar hospitales y sus alrededores constituye una grave violación del derecho internacional humanitario y resulta completamente inaceptable”, denuncia Tommaso Fabbri, coordinador general de MSF en los Territorios Palestinos Ocupados. “Independientemente de las circunstancias, las estructuras y el personal de salud deben ser protegidos y respetados. Pero hoy en Gaza los hospitales no son los refugios que deberían ser”, añade.

Una hora después del ataque al hospital de Al Shifa, tuvo lugar un ataque aéreo contra el campo de refugiados de Shati. “Dos de cada tres heridos que vi llegar a Al Shifa eran niños”, dice Michele Beck, referente médico de MSF en Gaza.

En Gaza, 1,8 millones de personas, incluidos más de 160.000 desplazados internos, están hacinados en una franja de terreno urbano densamente poblado. “Los gazatíes están rodeados por el mar y con las fronteras cerradas”, explica Marie-Noëlle Rodrigue,  directora de operaciones de MSF. “El ejército israelí ordena a los civiles que evacúen sus casas, sus barrios. ¿Pero para ir adónde? Los gazatíes no tienen ninguna libertad de movimiento y no pueden refugiarse en el exterior. Simplemente están atrapados”, concluye.

Tanto para MSF como para el resto de otras organizaciones médicas y humanitarias que trabajan en Gaza, moverse y trabajar es extremadamente difícil y peligroso. Conductores de ambulancias locales y de la Media Luna Roja han muerto o resultado heridos. El 20 de julio, un bombardeo impactó a escasos centenares de metros de un coche de MSF claramente identificado y, el mismo día, un misil cayó sin explotar a unos diez metros de la tienda de campaña de la organización instalada en el hospital Nasser.

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