MÉDICOS SIN FRONTERAS

Llegaron a Europa en busca de refugio y protección, pero se han encontrado con el rechazo de las políticas de la UE y unas pésimas condiciones de vida.
Hacinados y soportando temperaturas de alrededor de 20 grados bajo cero, miles de refugiados están atrapados en Grecia y los Balcanes, donde sobreviven solo con sus propios medios.

Actualmente, más de 8.000 personas están varadas en Serbia en asentamientos improvisados. Y 1.700 jóvenes duermen en edificios abandonados en lo que su única estufa son hogueras en las que prenden plásticos. A pesar de que el país acordó con la UE albergar hasta a 6.000 personas, solo 3.140 viven en instalaciones adaptadas para el invierno.
Andrea Contenta, asesor de Asuntos Humanitarios de MSF en Serbia, cuenta las malas consecuencias de esta situación, que hasta ahora cuenta ya con tres muertes por congelación.

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“Estaba embarazada de siete meses cuando llegué al Líbano,” explica Maryam de 18 años, una refugiada siria de Alepo. “Muchos de mis familiares perdieron la vida en casa. Vivía aterrorizada y con un temor constante. Tuve que caminar durante horas antes de cruzar la frontera libanesa y tuve una hemorragia. Temí abortar.”

Médicos Sin Fronteras en el Líbano. © Marjie Middleton/MSF

En abril de 2013, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Líbano abrieron un proyecto de atención a la salud reproductiva para responder a una importante necesidad entre las refugiadas en el valle de Bekaa, el principal punto de entrada para los sirios que cruzan la frontera con el Líbano. “Muchas mujeres llegan aquí solas, sin su familia ni sus maridos a los que han dejado atrás o han muerto en la guerra,” cuenta Marjie Middleton, la comadrona de MSF a cargo del proyecto. “Algunas están embarazadas y no han podido ver a ningún profesional sanitario durante su embarazo. No saben si su bebé está bien o no porque no han tenido acceso a controles prenatales. Están muy angustiadas, y la mezcla de estrés psicológico y físico es muy peligrosa para su embarazo.”

Falta de acceso a partos seguros y asequibles

Muchos refugiados no conocen a nadie en su nuevo país, por lo que les resulta difícil encontrar ayuda en la comunidad. “Las mujeres embarazadas a menudo no saben dónde ir,” declara Middleton. “Nos han contado historias de mujeres que han dado a luz solas en una tienda. Estas historias me preocupan muy especialmente porque soy comadrona y sé lo peligroso que es, y lo terrible que debe ser para una madre dar a luz asustada y sola.”

El dinero también puede ser un problema. Los controles prenatales son muy caros en Líbano, incluso para las mujeres libanesas. “Una mujer tendrá que gastar el equivalente a 20 dólares americanos sólo para ver a un médico y pagar además las vitaminas que le recete y el transporte,” observa Middleton. “Esto suele suponer más de la mitad del sueldo de una semana.”

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) actualmente cubre un 75 por ciento de los gastos que supone dar a luz para las refugiadas sirias independientemente de si constan o no oficialmente como tales en el registro (el ACNUR solía cubrir todos los gastos pero hace poco redujo la cantidad que se había comprometido a dar en un principio, pagando ahora el 75 por ciento debido a la escasez de fondos disponibles). Pero incluso ese 25 por ciento puede ser mucho más de lo que muchas familias refugiadas pueden permitirse, y sólo hay seis hospitales en el valle de Bekaa patrocinados por el ACNUR donde estas mujeres pueden dar a luz.

Los gastos ascienden a 50 dólares estadounidenses para un parto normal y a 200 si se trata de una cesárea. “Si las refugiadas no pueden pagar la cantidad estipulada, se les puede negar el acceso al hospital, o puede que se les confisque su tarjeta de refugiado, lo que suele significar quedarse sin acceso a vales de comida hasta poder saldar la deuda con el hospital,” añade Marjie Middleton.

Unas condiciones de vida deficientes suponen un peligro para los embarazos

Dar a luz en casa sin una partera cualificada conlleva importantes riesgos, que se acentúan en lugares como los que viven la mayoría de refugiados, donde las condiciones de vida suelen ser muy precarias. El hacinamiento y la insalubridad suponen riesgos para las mujeres embarazadas. Se han reportado casos de diarrea acuosa por ejemplo, “También vemos muchas infecciones del aparato reproductor entre muchas pacientes, en parte porque no han tenido acceso a la atención que necesitan durante su embarazo y debido a un acceso limitado a agua potable limpia y a unas debidas condiciones de higiene,” subraya Middleton. “Las infecciones son una de las principales causas de partos prematuros.” Una dieta deficitaria también es un problema, añade: “En muchos casos, las mujeres refugiadas no pueden permitirse los alimentos más básicos, lo que dificulta el crecimiento del bebé y que las madres lleven una vida saludable durante su embarazo. He visto casos de recién nacidos desnutridos.”

Según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), MSF tiene como objetivo practicar cuatro controles prenatales por embarazo. En caso de que haya complicaciones, refiere a las mujeres a un ginecólogo para tratamiento gratuito. Además de practicar controles prenatales en sus consultas mediante comadronas cualificadas, MSF ayuda a las mujeres a reconocer posibles signos de peligro y a planificar el parto, para que las embarazadas que llegan al Líbano sepan qué hacer cuando empiezan las contracciones o si tiene algún problema.

“Hemos atendido a mujeres que han acudido de parto a nuestras consultas y estamos preparados para las urgencias, pero no queremos animar a las mujeres a dar a luz en nuestras instalaciones,” advierte Middleton. “Aunque un 85 por ciento de los partos son normales, un hospital es un lugar mucho más seguro por si se producen complicaciones que requieran una atención especial.”

Controles posnatales y planificación familiar para responder a las necesidades

Tras el parto, tanto el bebé como la madre siguen estando en peligro. MSF ofrece controles posnatales y planificación familiar. “Intentamos que las mujeres regresen a la semana de dar a luz y después de nuevo a las seis semanas para un reconocimiento final y para iniciar la contracepción si lo desean,” dice la comadrona. “Muchas mujeres quieren tener bebés, pero hay muchas que prefieren no quedarse embarazadas.” MSF en la actualidad da respuesta al elevado interés y demanda por servicios de planificación familiar entre las mujeres refugiadas, pues muchas de ellas prefieren evitar quedarse embarazadas mientras vivan en estas condiciones tan difíciles.

“Mi marido no quiere tener otro hijo de momento, porque la situación se ha hecho insoportable en Siria y nos sentimos muy inseguros en Líbano,” explica una mujer llamada Maryam, que ha venido con su bebé de dos meses a la clínica de MSF en Baalbeck para conseguir anticonceptivos.

Algunas mujeres no han tenido la opción de la contracepción cuando huían de Siria o en el Líbano debido a la falta de información o a problemas económicos. MSF también dispensa atención sanitaria general a las mujeres refugiadas que padecen infecciones, enfermedades de transmisión sexual y cualquier otro problema de salud específico de la mujer.

 


 

MSF gestiona tres clínicas de salud reproductiva en el valle de Bekaa, al este del Líbano, desde abril de 2013. A finales de junio, comadronas libanesas cualificadas habían realizado casi 850 consultas. En Trípoli, la segunda ciudad más grande del Líbano, MSF gestiona un programa de salud reproductiva en su clínica en el hospital de Dar al Zahraa, realizando más de 450 consultas a refugiadas sirias. En enero de o 2013, MSF también empezó a ofrecer servicios de planificación familiar, realizando 118 consultas hasta finales de junio.


Tras dos años de un conflicto de extrema violencia en Siria, la situación humanitaria es catastrófica y la ayuda aportada, irrisoria en comparación con las necesidades.

© Nicole Tung

La parálisis demostrada por la diplomacia a la hora de facilitar una solución política al conflicto no puede justificar el fracaso de la respuesta humanitaria. La organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) pide a las partes en conflicto que negocien un acuerdo que facilite el encauzamiento de la ayuda humanitaria a todo el territorio sirio, partiendo de los países vecinos o cruzando las líneas del frente.

Mientras tanto, Naciones Unidas, estados y países donantes deben asumir que el país está fragmentado y que, por tanto, deben apoyar a las organizaciones no gubernamentales para que éstas trabajen allí donde puedan.

La población siria se enfrenta a un conflicto de violencia muy intensa y a una situación humanitaria catastrófica; viven el hundimiento de un sistema de salud que antes de la guerra funcionaba y cubría todo el país, sufren situaciones de penuria alimentaria y se enfrentan a cortes constantes de servicios básicos como agua y electricidad.

“La ayuda médica está en el punto de mira, se destruyen hospitales y se persigue al personal médico”, explica el presidente de Médicos Sin Fronteras, José Antonio Bastos. Según Naciones Unidas, 2,5 millones de sirios están desplazados en el interior de su país, un 57% de los hospitales han sufrido daños y un 36% ni siquiera funcionan; esto, sin contar las clínicas privadas y hospitales improvisados que han sido destruidos o dañados.

Cada día, más de 5.000 sirios salen del país huyendo del conflicto; según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la cifra de refugiados llega ya al millón de personas. En su mayor parte, se encuentran en los países vecinos, donde los programas de ayuda son insuficientes y apenas pueden hacer frente a este volumen de personas.

© MSF

Mientras que las necesidades son inmensas en todo el territorio sirio y en los países vecinos, la ayuda aportada es a todas luces insuficiente. En las zonas bajo control del gobierno, la asistencia es gestionada por la sociedad de la Media Luna Roja Siria y otras asociaciones locales autorizadas por el gobierno para tareas de reparto de la ayuda. Las agencias de la ONU, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y la docena de organizaciones internacionales que cuentan con autorización gubernamental están obligadas a intervenir a través de contrapartes locales, cuyo campo de actuación está geográficamente limitado a ciertas regiones y cuyas capacidades están saturadas.

En las zonas controladas por la oposición, en cambio, la ayuda internacional es muy restringida. La mayor parte de la asistencia que reciben los civiles procede de la diáspora siria, de los países ‘amigos’ de la oposición y de las redes de solidaridad político-religiosa, y por tanto queda sometida a las agendas políticas de cada uno de estos actores. MSF, que no tiene acceso a los territorios controlados por el gobierno por falta de autorización gubernamental, solo ha podido abrir tres hospitales en el norte del país, y constata que la ayuda es insuficiente en relación con las enormes necesidades de la población.

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Frente a esta situación, resulta urgente incrementar las capacidades de los actores humanitarios para que puedan desplegar una ayuda imparcial en todo el territorio sirio. “Las autoridades de Damasco tienen en sus manos el salir de esta parálisis y permitir el encauzamiento sin obstáculos de una ayuda independiente en todo el país”, explica Teresa Sancristóval, responsable de la Unidad de Emergencias de MSF. “Pedimos a las partes en conflicto que, a falta de una solución política, alcancen al menos un acuerdo sobre la ayuda humanitaria para facilitar su llegada de la forma más eficaz posible”.

Tal acuerdo debería precisar las modalidades prácticas del despliegue de la ayuda, en el marco de operaciones humanitarias llevadas a cabo desde los países vecinos o a través de las líneas del frente. MSF llama también a los beligerantes a respetar las estructuras médicas.

Mientras tanto, la ausencia de tal acuerdo no debe impedir a las ONG internacionales actuar allí donde puedan, sea cual sea la autoridad que controle el territorio. Los estados y Naciones Unidas deben respaldar las operaciones humanitarias transfronterizas, y la ayuda imparcial a las zonas controladas por la oposición y las zonas desasistidas no debe quedar condicionada a la autorización del gobierno sirio.

Con motivo del segundo aniversario de las protestas que derivaron en una guerra civil en Siria, MSF ha elaborado un informe en el que analiza el estado del sistema de salud y el sufrimiento de la población.

 


Médicos Sin Fronteras cuenta con tres hospitales en el norte de Siria, ha atendido a 16.000 pacientes y practicado 1.560 operaciones quirúrgicas. Los equipos de MSF intervienen también en Líbano, Irak, Jordania y Turquía, prestando asistencia a los refugiados sirios.

 

 


El conflicto en el norte de Malí está causando movimientos de población a lo largo del Sahel y las condiciones en los campos donde viven los refugiados son inaceptables.

Refugiados malienses en Fassala, Mauritania. Enero de 2013. © MSF

Aproximadamente 150.000 refugiados, según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), están viviendo en campos situados en Burkina Faso (Ferrerio, Dibissi, Ngatourou-niénié y Gandafabou), Mauritania (Mbera) y Níger (Abala, Mangaize y Ayorou). Médicos Sin Fronteras (MSF) ha estado trabajando en ocho de estos campos desde marzo de 2012 ofreciendo atención primaria y materno-infantil y luchando contra la malnutrición. MSF también está administrando vacunas a los niños de entre 6 meses y 15 años. Los equipos médicos han llevado a cabo 12.000 consultas y han vacunado a 5.000 personas desde el inicio de este año.

Casi 67.000 refugiados (sobre todo mujeres y niños) han llegado a la localidad mauritana de Fassala, fronteriza con Malí, desde enero de 2012. Muchos se habían desplazado en camionetas y burros. “En el paso fronterizo de Fassala, la gente llega sedienta y con signos de fatiga”, cuenta Karl Nawezi, coordinador de MSF en Mauritania. Tras pasar por un proceso de registro, los refugiados esperan en un campo de tránsito hasta que son trasladados a Mbera, una localidad aislada del desierto mauritano, a unos 30 kilómetros de la frontera con Malí.

Precarias condiciones en los campos

En Mbera, los refugiados dependen de la ayuda humanitaria. El número de tiendas de campaña que se han distribuido hasta ahora es insuficiente. Las familias se han agrupado bajo grandes tiendas, algo que las hace más vulnerables. Cansados de esperar, muchos han construido sus propios refugios con esterillas y otros materiales para protegerse de las tormentas de arena. “En Mauritania, como en otros sitios, la gente sufre diarreas, infecciones respiratorias y de la piel a causa de las precarias condiciones de los campos”, resume Nawezi.

El año pasado, la población cruzaba la frontera de una forma más o menos organizada, pero después del incremento de la actividad militar en Malí, unos 14.000 refugiados han huido de Tombuctú, Léré, Goundam, Larnab y Nianfuke. Muchos han llegado prácticamente sin nada después de viajes de muchos días. “Los últimos episodios del conflicto han causado pánico. La gente ha huido por miedo a verse atrapada en el fuego cruzado”, explica Nawezi.

Refugiados malnutridos

La malnutrición es el principal problema en los campos. En noviembre de 2012, una encuesta nutricional reveló que el 17 por ciento de los niños estaba malnutrido y el 4,6 por ciento sufría el tipo más severo de malnutrición al llegar al campo. Los equipos médicos de MSF han ampliado sus actividades para evitar y tratar los casos de malnutrición severa. “El principal reto es asegurarse de que los niños son vacunados, protegidos contra la malaria y tienen acceso a una alimentación apropiada”, considera Nawezi.

MSF ha habilitado centros de nutrición terapéutica y ha ingresado a unos 1.000 niños en los tres países vecinos de Malí. Los pacientes toman leche y alimentos terapéuticos. Los niños malnutridos son más susceptibles de contraer enfermedades como el sarampión, la malaria o la diarrea; su salud debe ser vigilada.

Los refugiados malienses viven en condiciones precarias

MSF es una organización independiente que ofrece ayuda médica bajo los principios de imparcialidad y neutralidad. MSF no recibe ninguna ayuda de los Gobiernos para desarrollar sus actividades en Malí. La organización trabaja en Gao, Ansongo, Douentza, Konna y Mopti, áreas situadas en el norte del país. MSF también gestiona un hospital pediátrico de 350 camas en Koutiala (sur). La organización trabaja en Malí desde 1992.


Los sirios que han huido del conflicto y han buscado refugio en Líbano no reciben la asistencia humanitaria adecuada y viven en condiciones extremadamente precarias.

Refugiados sirios en Trípoli, Líbano © Michael Goldfarb/MSF

De los 220.000 sirios que se han refugiado en Líbano, muchos no tienen acceso a los servicios médicos necesarios, según un informe elaborado por MSF bajo el título “Miseria más allá de la zona de guerra”. El estudio, similar a otro efectuado hace seis meses por la organización, revela un deterioro preocupante de la situación humanitaria en Líbano, sobre todo a causa de los retrasos en el proceso de registro. Sobre el papel, los sirios no tienen derecho a asistencia humanitaria si no están registrados. Líbano es el país que está acogiendo a más refugiados del país en guerra.

“El registro no debería ser una condición para recibir asistencia en una situación de emergencia”, denuncia Bruno Jochum, director general de MSF, quien añade: “El acceso a ayuda humanitaria está seriamente amenazado por las dificultades que muchos refugiados encuentran al intentar registrarse cuando llegan a Líbano. El despliegue de ayuda debe acelerarse y ampliarse”.

Los refugiados sirios y los desplazados dentro de Líbano no tienen acceso a atención médica gratuita y una vivienda decente. Las condiciones de vida para la mayoría de los refugiados y de los libaneses que vuelven a su país son extremadamente precarias. Más del 50 por ciento de las personas consultadas por MSF, registradas de forma oficial o no, están hospedadas en estructuras deficientes: refugios colectivos inadecuados, granjas, garajes, edificios en mal estado y escuelas abandonadas.

La encuesta, completada a finales de diciembre de 2012, fue realizada a partir de entrevistas con 2.100 familias de refugiados. Un 75 por ciento de los encuestados no están preparados para afrontar el rigor del invierno. Más del 40 por ciento no estaban registrados por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), lo cual les deja fuera del reparto de vales de comida y otros derechos.

“A medida que el ya significativo número de refugiados sigue aumentando, más gente se quedará sin asistencia humanitaria porque el sistema de ayuda no se adapta a las necesidades de la población”, dice Jochum, quien reclama: “Debe haber un cambio no en meses o años, sino en días. Las brechas en el sistema deben ser selladas de forma urgente”.

Alrededor de uno de cada cuatro entrevistados dice no haber recibido ninguna ayuda, mientras que el 65 por ciento asegura que la asistencia recibida no sirvió para cubrir las necesidades de su familia. En gran parte de Líbano, la capacidad de las comunidades de acogida de absorber refugiados ha llegado a su límite. Las familias que llegaron al inicio del conflicto se están quedando sin dinero para pagar la comida y la vivienda y no tienen acceso a cuidados médicos básicos.

Líbano: la mitad de los refugiados sirios no recibe la atención adecuada

La situación médica se ha deteriorado en los últimos seis meses. Un 52 por ciento de los entrevistados no puede pagarse un tratamiento para enfermedades crónicas y alrededor de un tercio se ha visto obligado a abandonar el tratamiento porque era muy caro. La atención obstétrica, las vacunas infantiles y los medicamentos están muy a menudo fuera del alcance de los refugiados.

El acceso a los servicios médicos para las comunidades más vulnerables, ya sean refugiados sirios o palestinos, registrados o no registrados, debe ser una prioridad. Todos deben recibir ayuda humanitaria nada más llegar a Líbano.

“Ya es hora de que los donantes se comprometan verdaderamente a abordar las necesidades crecientes de los refugiados en Líbano, y de que las organizaciones de ayuda nacionales e internacionales evalúen los métodos y la cantidad de ayuda que están aportando”, asevera Jochum, quien agrega: “MSF llama a las autoridades y las agencias a acelerar el establecimiento de centros de acogida y de estructuras adaptadas al frío para lidiar con el flujo cada vez mayor de refugiados”.

MSF ha ofrecido asistencia humanitaria a los refugiados sirios en Líbano desde noviembre de 2011. En 2012, MSF llevó a cabo más de 23.000 consultas en el valle de Bekaa y en Trípoli. Desde noviembre de 2012, MSF distribuyó 25.580 artículos para cubrir necesidades básicas a los refugiados situados en el valle de Bekaa. La organización ha doblado su personal en el país (de 50 a 112) y está ampliando su respuesta humanitaria.

En Siria, MSF trabaja en tres hospitales de campaña situados en áreas norteñas controladas por los grupos de la oposición armada. Los equipos médicos ofrecen ayuda médica de urgencia, quirúrgica y obstétrica. Entre junio de 2012 y enero de 2013, los equipos de MSF llevaron a cabo más de 10.000 consultas y efectuaron más de 900 intervenciones quirúrgicas. MSF también ofrece servicios médicos y quirúrgicos a los refugiados sirios, palestinos e iraquíes en Jordania, Líbano e Irak.