MÉDICOS SIN FRONTERAS

Nuestra pediatra Beatriz Valle ha regresado hace unas semanas de Guinea-Bissau con buenas noticias. Desde que empezamos a trabajar en el servicio de pediatría del Hospital Nacional Simão Mendes, hemos reducido la mortalidad infantil a la mitad.

La malaria es una enfermedad potencialmente mortal, aunque prevenible y curable. La mitad de la población mundial está en riesgo de contraerla. Los últimos datos disponibles de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que en 2015 se produjeron 212 millones de casos y 429.000 muertes, en su inmensa mayoría en África subsahariana.

En Guinea-Bissau, esta es una de las causas más frecuentes de mortalidad entre los más pequeños. Por eso, MSF decidió crear una unidad de atención para tratar los casos más graves.

En estos tres vídeos de menos de 1 minuto, Beatriz te explica nuestros logros en la unidad de cuidados intensivos, en urgencias y en la unidad de malaria.

Imagen de previsualización de YouTube

En la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos de Simao Mendes, la tasa de mortalidad estaba muy por encima de lo que se puede considerar razonable. En estos vídeos Beatriz explica cómo conseguimos reducir esa tasa a la mitad sin tecnología ni tratamiento especializado.

Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube

Porque contigo podemos salvar la vida de muchos.

Si quieres saber más acerca del trabajo que desempeña MSF para tratar la malaria, pincha aquí.


En África central y occidental, 4,7 millones de personas viven con el virus del sida y aún no tienen acceso a tratamiento antirretroviral. Para acelerar el fin de la epidemia, urge eliminar numerosos obstáculos como los bloqueos legales, la falta de medicamentos y el alto nivel de estigma.

 

© Tommy Trenchard/Panos Pictures

 

Mientras que los jefes de Estado africanos se reunieron a finales de junio de 2017 en Ginebra (Suiza) para acelerar la cobertura de tratamientos para VIH en África central y occidental, y respaldar el plan de emergencia impulsado por ONUSIDA, reiteramos nuestro llamamiento por un plan claro y un firme compromiso político por parte de los gobiernos afectados y de todas las partes interesadas. El objetivo, eliminar obstáculos a largo plazo y aumentar el tratamiento vital para 4,7 millones de personas que viven con VIH y que aún no tienen acceso a terapia antirretroviral (ARV).

Leer más


El conflicto en República Centroafricana (RCA) se ha desatado en varias ciudades del país, donde los civiles pagan el precio de la violencia y deben huir de sus hogares, quemados y destruidos. Sus historias reflejan miedo, incertidumbre y desesperanza. Trabajamos en la zona para atender a los heridos y vacunar a los más pequeños.

Paul recibió dos disparos mientras huía de los combates. Lali Cambra / MSF

En las últimas semanas, el conflicto se ha desatado de nuevo en varias ciudades de la República Centroafricana (RCA).

Leer más


En el estado de Borno, los ataques de Boko Haram siguen causando movimientos de población y desplazamientos. Además, denunciamos que Camerún está repatriando a la fuerza a cientos de refugiados nigerianos en busca de protección y seguridad

 

Punto de agua en el campo de Banki, en el noreste de Nigeria. © Malik Samuel/MSF

En el noreste de Nigeria, la violencia y la inseguridad siguen forzando a la población a huir de sus hogares. Según relata nuestro equipo en la zona, nuevas oleadas de desplazados están llegando a aldeas y localidades remotas del estado de Borno. Además, desde Camerún, miles refugiados nigerianos están siendo obligados a regresar a su país de origen.

Leer más


Perdón por el retraso. La noche fue larga pero ya estoy aquí. 2,8 kg de esperanza, encantado de conoceros a todos.

 

Imagen de previsualización de YouTube

 

 

Malik es el símbolo de que la lucha contra el sida puede triunfar…

 

…UNA GENERACIÓN LIBRE DE SIDA ES POSIBLE

El programa de tratamiento de prevención de transmisión de madre a hijo representa un gran avance en control de la epidemia del sida.

Durante el embarazo, el parto o la lactancia, las madres seropositivas pueden transmitir el virus a sus hijos. Gracias al tratamiento ahora miles de mujeres pueden cumplir su sueño de ser madres. Médicos Sin Fronteras trató en 2011 a más de 10.500 madres.

En 2011 en Zimbabue nacieron cerca de 15.000 niños infectados de sida. En el mismo periodo, en toda Europa, fueron 200.

Este tratamiento es sencillo, muy eficaz y de bajo coste.

La transmisión del virus del sida de madres a hijos se reduce a menos del 5%. Los fondos recaudados financiarán programas de VIH/sida de MSF en África.

http://www.msf.es/malik/


Francisco Zizola/MSF

Del 20 al 22 de septiembre se va a celebrar en Nueva York la cumbre de seguimiento de los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Un sueño en el que en un arrebato de dignidad, se embarcaron en el año 2000 gobiernos de todo el mundo, tal vez abrumados ante la perspectiva de entrar en el siglo XXI con casi un tercio de la humanidad viviendo en la precariedad más absoluta.

En materia de salud, que es de lo que os quiero hablar hoy, se fijaron como metas reducir a la mitad el hambre y por tanto las muertes que provoca. Reducir en dos tercios la mortalidad de niños menores de cinco años, y en tres cuartas partes la tasa mortalidad materna. Detener la propagación de enfermedades mortales como el VIH/sida, y aquí fueron especialmente ambiciosos, al fijarse como meta “lograr, para 2010, el acceso universal al tratamiento del VIH/sida de todas las personas que lo necesiten”. El control y acceso generalizado al tratamiento de enfermedades como la malaria y la tuberculosis y la reducción a la mitad para 2015 de la proporción de personas sin acceso sostenible al agua potable y servicios básicos de saneamiento, completaban la Declaración en el apartado relacionado con la salud.

Los Objetivos eran ambiciosos y ya han pasado dos tercios del tiempo que se dieron para cumplirlos en 2015. Ahora toca preguntarse dónde estamos y si vamos por buen camino…… veamos:

En la mayoría de las regiones el progreso para erradicar el hambre se ha estancado, y en algunas se ha revertido debido no sólo a la crisis económica, sino a las continuas crisis del precio de los alimentos. La especulación en los mercados financieros sobre el precio de alimentos básicos subyace como una de las principales causas. La realidad a día de hoy es que, de los 805 millones de personas hambrientas en el año 2000, hemos pasado a los 925 millones actuales, según un informe de la FAO hecho público esta misma semana. Un apartado especialmente sangrante en este capítulo lo constituyen los niños, principal esperanza de futuro de los países en vías de desarrollo. Sin embargo, cada día mueren 13.000 niños victimas de la desnutrición aguda. Una enfermedad con tratamiento sencillo y eficaz que sin embargo sólo llega al 9% de los niños que lo necesitan.

El VIH/sida sigue siendo una emergencia global, con 33,4 millones de personas con VIH, de las cuales, según las nuevas directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 14,5 millones necesitan tratamiento urgente. A día de hoy sólo 4 millones lo reciben.

Como os comentaba en mi anterior post, a pesar de las dificultades y aún lejos del pleno acceso, la última década ha sido de avances. Sin embargo, en estos momentos, el compromiso de los principales donantes de fondos flaquea y empiezan a reducir sus contribuciones a la lucha contra el sida, a congelarlas o incluso a retirarlas. Dentro de este apartado, actualmente 2,1 millones de niños menores de 15 años viven con el VIH (90% en África Subsahariana), de ellos apenas un 10% reciben tratamiento con antirretrovirales. Sin tratamiento, la mitad de los niños nacidos con VIH mueren antes de cumplir los 2 años. Cada año 270.000 menores de 15 años mueren de sida.

Aunque se han logrado avances, y la cifra de muertos por malaria se ha reducido, cerca de 860.000 personas siguen siendo víctimas cada año de una enfermedad que tiene cura. Cada 30 segundos muere un niño de malaria. El panorama es especialmente preocupante en contextos de conflicto armado, desplazamiento de población y en las áreas remotas o aisladas. Hoy en día existen métodos eficaces para luchar contra la enfermedad pero no se utilizan de forma generalizada por falta de recursos.

Cada año, 1,7 millones de personas mueren víctimas de la tuberculosis (TB). El 95% vive en países pobres. La rápida expansión de la tuberculosis entre las personas con VIH, no nos lleva precisamente al optimismo en cuando al control de esta enfermedad que los ODM pretenden lograr para 2015.

Capítulo aparte merece la situación de la mujer, colectivo particularmente vulnerable en contextos de crisis marcados por la pobreza y/o por conflictos armados. En general, el acceso de la mujer a los servicios públicos de salud continúa siendo muy restringido. Tan solo un 44% de los partos son atendidos por personal cualificado en el África Subsahariana y un 47% en el Sur de Asia. Cerca de 530.000 mujeres mueren cada año por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto En África Subsahariana, la pandemia del sida se ha “feminizado”: el 60% de las personas con VIH/sida son mujeres. Las enfermedades de transmisión sexual afectan a cinco veces más mujeres que hombres. Son sólo algunos datos que reflejan la dificultad, también aquí, de alcanzar el Objetivo de reducir en tres cuartas partes la mortalidad materna.

Otra de las metas de los ODM en el capítulo salud, contemplaba la cooperación con las empresas farmacéuticas, para proporcionar acceso a los medicamentos esenciales en los países en desarrollo. Sin embargo, el actual sistema internacional de I+D está esencialmente guiado por la obtención de beneficios. No hay interés por tanto en desarrollar nuevos fármacos para enfermedades y pacientes que no son negocio. Por eso no existen formulaciones pediátricas para el tratamiento del sida infantil o los métodos de diagnóstico y tratamiento de muchas enfermedades como la tuberculosis, la enfermedad del sueño o el Chagas son antiguos, ineficaces, provocan efectos secundarios y no están adaptados para los pacientes en países pobres. En otros casos ni siquiera existen. Parte de la responsabilidad le corresponde a la industria farmacéutica privada, que actualmente apenas aporta un 9% de los fondos destinados a la I+D en enfermedades olvidadas, pero también hay una clara responsabilidad de los gobiernos, no sólo en su condición de financiadores de la I+D en salud, sino también como responsables de las políticas comerciales, que actualmente se orientan más a reforzar el sistema de patentes que a la producción de medicamentos genéricos a precios asequibles para pacientes en países con escasos recursos.

Respondiendo a la pregunta que nos hacíamos al principio, hay ámbitos cruciales para la salud en los países en desarrollo en los que no se están dando avances o donde éstos son excesivamente lentos. Los ODM necesitan un compromiso político y financiero sostenido que hasta ahora no se ha dado. La OMS estima que, para alcanzar las metas propuestas en salud, se necesitaría una inversión anual adicional al dinero que ahora se gasta, de 37.000 millones de dólares. Los gobiernos no deberían utilizar la actual crisis económica como excusa, más cuando hemos visto su capacidad para movilizar cientos de miles de millones para salvar al sector financiero. No sólo deben cumplir los compromisos adquiridos hace diez años, sino adoptar nuevas fórmulas que garanticen una financiación sostenida y estable. El cobro de una pequeña cuota a las transacciones financieras a nivel mundial posibilitaría el cambio radical que en estos momentos se necesita para cumplir en el plazo previsto con los ODM.

Los líderes mundiales que se reunirán la próxima semana en Nueva York, tienen en sus manos una nueva oportunidad para reconducir la situación y cumplir con sus compromisos. Aquí, como en tantos otros casos, todo dependerá de las decisiones políticas que adopten. La vida y la salud de millones de personas están en juego. Toca retratarse.


En la última década se han producido avances muy notables en la lucha contra el Sida. Tras años de buena disposición política y de apoyo financiero por parte de los países mas desarrollados, se consiguió que muchos gobiernos, especialmente aquellos con menos recursos en el África subsahariana, se animaran a lanzar ambiciosos programas de tratamiento de la enfermedad entre sus ciudadanos. Sin ese apoyo no hubieran podido hacerlo, dado que la mayor parte de esos países carecen de los recursos necesarios para llevar en solitario el peso de la financiación de los tratamientos para el VIH/Sida.

Queda mucho por hacer, pero por una vez parecía que marchábamos por el buen camino. Los compromisos nacionales e internacionales de lucha contra la epidemia, los medicamentos genéricos asequibles y la fuerte movilización de las personas que viven con el VIH y de las organizaciones civiles que les apoyan, consiguieron convertir lo que para muchos era antes una sentencia de muerte, en una enfermedad crónica y manejable. Hasta finales de 2008, más de cuatro millones de enfermos de SIDA en países con escasos recursos, iniciaron los programas de tratamiento con antiretrovirales (ARV). Sin embargo, a partir de esa fecha el camino comenzó a torcerse y hoy la continuidad en el tratamiento de esos pacientes y la progresiva inclusión de aquellos otros que también lo necesitan con urgencia, pende de un hilo.

Durante los últimos dos años, los países donantes han expresado cada vez más sus recelos con respecto al coste y la sostenibilidad de los programas de tratamiento con ARV para enfermos de Sida. Y es que se puede decir que la iniciativa global en la lucha contra esta enfermedad, corre serio riesgo de morir de éxito. Lo expresa claramente el doctor Templeman en uno de los testimonios desde Äfrica contenidos en el video que os adjunto :  “ Lo que vemos que está ocurriendo ahora tras años de adecuada gestión, es que los donadores de todas partes vienen y ven que el éxito del tratamiento va a ser un handicap, ya que una vez que comienzas a administrar el tratamiento de VIH /Sida a una persona, te comprometes con el de por vida “. Por tanto, los recortes a la financiación de la lucha contra el Sida, no derivan de la mayor o menor eficacia  de los programas de tratamiento emprendidos durante estos años,  sino que son una clara manifestación del egoísmo puesto de manifiesto por la actual crisis económica entre los países con mas recursos que pueden y deben mantener la ayuda. Solo así se explica que los antes compromisos irrenunciables  en la lucha contra el VIH/Sida por parte de los países mas desarrollados se hayan ido devaluando, desde que comenzó la crisis, convirtiéndose ahora en lo que eufemísticamente denominan como una “prioridad relativa “. .El problema de esa “relatividad”, es que a día de hoy más de cuatro millones de personas que reciben tratamiento con ARV, necesitan tener la garantía de que continuarán recibiéndolo y sobre todo que hay otros nueve millones de enfermos en lista de espera, que también necesitan comenzar su tratamiento para sobrevivir.

El 75% de los programas de Sida en el África Subsahariana, epicentro de la epidemia,  dependen de los fondos internacionales. La tendencia generalizada entre los principales donadores de reducir la ayuda financiera para la compra de ARV ya está teniendo consecuencias. En países como Malaui, Mozambique, Zimbabue, Lesoto, Kenia, Uganda o República Democrática del Congo entre otros, se están frenando la incorporación de nuevos pacientes a los programas de tratamiento y  se están sufriendo rupturas de stocks de los medicamentos más necesarios.

Pretender olvidarse ahora del camino emprendido hace diez años, supondrá abandonar a su suerte a millones de seres humanos y ese abandono provocará nuevas víctimas.  Con crisis económica o sin ella el Sida sigue siendo una emergencia que cada año acaba con la vida de 1,4 millones de personas en el África subsahariana. Muertes evitables con la sencilla fórmula de mantener el compromiso. La financiación es la clave y como nos dice Catherine, paciente seropositiva desde Kenia: “Sin medicamentos no hay futuro” .


©Barbara Sigge / MSF

La malaria sigue matando a casi un millón de personas cada año. En el África subsahariana, es una de las principales causantes de muertes entre niños menores de cinco años. Pese a haber mejoras en la medicación y una prueba de diagnóstico rápido disponible, el tratamiento no llega donde es más necesario. En Deguela , una aldea de la región de Kangaba, en el sur de Mali, la temporada de lluvias ha comenzado y eso, bien lo saben, representa una amenaza porque los charcos que se forman atraen a los mosquitos y con ellos la temida enfermedad. Para la mayoría de la población, como ocurre en otras muchas zonas de África, los centros de salud están muy lejos y de todos modos tampoco pueden pagar los gastos por recibir el tratamiento, así que sencillamente no van. Por esta razón se decidió formar a personas de aldeas remotas como esta de Mali, para tratar casos simples de malaria de forma gratuita. En cada una de ellas se reúnen los ancianos y eligen a uno de sus vecinos para que reciba esa formación. En Deguela eligieron a Fataoumata.

Cada día, esta mujer se sienta bajo la sombra de un árbol en el centro del pueblo. A su alrededor, las madres se reúnen con sus hijos a la espera de que comience la consulta . El improvisado dispensario se completa con una pequeña mesa de madera sobre la que Fataoumata coloca cuidadosamente su material. Aunque antes de recibir su aprendizaje trabajaba en el campo cultivando maíz y patatas, se desenvuelve con la soltura de una experta, mientras decenas de pares de ojos la observan con curiosidad y esperan con paciencia a que todo esté listo.

Un niño llamado Kanda se sienta junto a ella en silencio. Su madre le explica que tuvo fiebre la noche anterior y que esta mañana estaba enfermo. Fatoumata hace una prueba de diagnóstico rápido: pincha la punta del dedo de Kanda y aprieta hasta que aparece una gota de sangre que ella atrapa con una pipeta y deja caer cuidadosamente sobre una delgada tira de prueba. El resultado aparece en unos quince minutos. Dos líneas rojas indican que Kanda tiene malaria, así que Fatoumata le da su primera dosis de medicina de inmediato.

Al final de sus consultas, Fatoumata visita a sus pacientes en casa. Dos días después de haber visto por primera vez a Kanda otros 23 niños han dado positivo por malaria. Ella les dio la medicina a todos ellos: una píldora de inmediato, dos más para que las madres se las suministren en casa hasta completar el tratamiento. Así de sencillo, así de eficaz.

Fatoumata no es médico, pero ha devuelto la tranquilidad a su aldea. El más anciano en Daguela comenta orgulloso: “Esta chica es muy fiable, por eso la elegimos. Antes moría un niño cada semana, pero ahora estamos tranquilos porque tenemos a Fatoumata”.