MÉDICOS SIN FRONTERAS

El pasado 8 de marzo se celebró el Día Mundial De La Mujer. Una fecha que conmemora la lucha de las mujeres por tener las mismas oportunidades y trato que los hombres. Sin embargo, a día de hoy, millones de mujeres siguen luchando por esos derechos que aún no se cumplen. Desde Médicos Sin Fronteras trabajamos para dar apoyo y asistencia a aquellas que más lo necesitan.

Uno de los derechos más básicos del ser humano es el de acceso a la salud, pero todavía hay mujeres que no pueden disfrutar de él. Según datos de la Organización Mundial de Salud (OMS), cada día mueren casi 830 mujeres por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto. El 99% de esta mortalidad materna corresponde a los países en desarrollo.  Afganistán es uno de los países más peligrosos para dar a luz. De acuerdo con los datos de la OMS, cada año mueren alrededor de 4.300 mujeres por estas causas, cifra alarmante si se compara con las 19 que fallecen en Australia.

Una cuarta parte de los partos que asisten los equipos de MSF en todo el mundo, tienen lugar en Afganistán. La ginecóloga Sévérine Caluwaerts ha trabajado durante siete años en el hospital de maternidad de la provincia rural de Jost, al sureste de Afganistán. Cada día tiene que hacer frente a situaciones en las que los derechos de la mujer son vulnerados.

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A las 2:08 de la madrugada del sábado 3 de octubre de 2015, un avión AC-130 del Ejército estadounidense disparaba 211 proyectiles sobre el edificio principal del hospital de traumatología de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kunduz, Afganistán. Un ataque que terminaba con la vida de 42 personas (24 pacientes, 14 trabajadores humanitarios de MSF y 4 cuidadores) y hería a 37 personas. Todo ello a pesar de que la instalación, un hospital en pleno funcionamiento en el momento del ataque, estaba, como tal, protegida por el Derecho Internacional Humanitario.

Miembro de MSF entre las ruinas del hospital de traumatología de Kunduz, tras el bombardeo del 3 de octubre de 2015. © MSF

Desde 2011, en este centro se proporcionaba atención quirúrgica, gratuita y de calidad, a pacientes con heridas de guerra y a víctimas de traumatismos como consecuencia, por ejemplo, de accidentes de tráfico. De hecho, era la única instalación de este tipo en toda la región noreste de Afganistán y facilitaba servicios tanto a los residentes de Kunduz como de las provincias limítrofes.

Sin embargo, fue bombardeado en 2015, con consecuencias devastadoras para las víctimas, sus familias, los equipos de MSF y toda la comunidad de de Kunduz. Desde entonces, la investigación de Estados Unidos y los contactos mantenidos con las autoridades estadounidenses han permitido a MSF profundizar en lo sucedido esa noche del 3 de octubre de 2015. Esto incluye saber que las tropas sobre el terreno asumieron falsamente que “todos los civiles habían abandonado la ciudad y que sólo permanecían en Kunduz los talibanes” y no tomaron las precauciones necesarias para evitar bajas de civiles.

Testimonio de todo lo ocurrido en ese momento nos da Faizula, Responsable de Admisión y Gestión de Pacientes en el hospital.

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Hoy, el hospital permanece cerrado y miles de personas carecen de acceso a servicios médicos vitales. Mientras Médicos Sin Fronteras continúa pidiendo garantías a todas las partes del conflicto para que el personal y los pacientes de este hospital estén seguros, antes de considerar su reapertura. Y es que los ataques a instalaciones humanitarias continúan: desde el ataque al hospital de Kunduz, instalaciones médicas de MSF o apoyadas por la organización médico-humanitaria han sido víctimas de al menos 75 ataques. Sólo en 2016, 21 hospitales apoyados por MSF han sufrido 36 ataques en Siria y Yemen.

Una mesa redonda para saber más

Para recordar todo lo ocurrido y denunciar los ataques indiscriminados a hospitales e instalaciones civiles, el próximo jueves 13 de octubre, a las 19 horas, La Casa Encendida de Madrid acoge la mesa redonda “Ataques a la Misión Médica” (la entrada es libre, hasta completar aforo). En el auditorio habrá una proyección de unos diez minutos, sobre este tipo de ataques, y una mesa redonda en la que participarán: José Antonio Bastos, ex Presidente MSF España; Muskilda Zancada, ex Jefa de Misión en Siria, MSF España; Carlos Francisco, Jefe de Misión en Siria, MSF España (conexión en directo); y César Pérez Herrero, gestor de actividades médicas en Tierra Caliente (México), MSF España.

Moderado por Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial, en este coloquio se hablará del momento actual en el que los ataques a la misión médica parecen haberse convertido en una consecuencia inevitable de la guerra. Un momento en el que es necesaria una adaptación del sector para llegar y atender a las poblaciones más vulnerables.

 


Médicos Sin Fronteras (MSF) hizo público un informe en la que analiza lo acontecido en su hospital de Kunduz (Afganistán) antes, durante y después del brutal ataque aéreo del pasado 3 de octubre por parte de las fuerzas estadounidenses. El documento realiza una revisión cronológica de los hechos y demuestra que no hay justificación alguna para el ataque a su hospital. Los datos recopilados por MSF atestiguan que no había combatientes armados ni enfrentamientos en el interior del centro médico ni en sus cercanías.

 

 14 de octubre, 2015. Centro de trauma del hospital de MSF en Kunduz. © Victor J. Blue

El análisis de MSF describe que hubo pacientes que fallecieron quemados vivos en sus camas y trabajadores sanitarios que sufrieron amputaciones o fueron decapitados por las explosiones. Así mismo, algunas personas recibieron disparos desde el aire mientras huían del edificio en llamas. Al menos 30 personas murieron a causa de estos atroces ataques: 13 miembros del personal de MSF, 10 pacientes, y otras 7 personas que aún no han podido ser identificadas debido al estado irreconocible en que quedaron sus cuerpos.

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MSF reclama a los Estados que forman parte de la Comisión Internacional Humanitaria de Encuesta la activación de una investigación sobre el bombardeo de su hospital en Kunduz, Afganistán.

Intervención de la doctora Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras. 7 de octubre de 2015, Palacio de las Naciones, Ginebra, Suiza.

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Recientes declaraciones por parte de algunas autoridades del gobierno afgano justificaron el ataque al hospital en Kunduz. Esto significa que las fuerzas afganas y de los EEUU, que trabajan conjuntamente, decidieron arrasar un hospital totalmente funcional, con más de 180 trabajadores y pacientes en su interior, porque, según sostienen, había talibanes presentes.

Destrozos en el hospital de MSF en Kunduz, Afganiztán. © MSF

“Esto supone el reconocimiento de un crimen de guerra y contradice totalmente las intenciones del gobierno de EEUU de minimizar el ataque como ‘daño colateral’. No puede haber justificación para este ataque abominable en nuestro hospital que ha acabado con la vida de personal de MSF mientras trabajaban y de pacientes que yacían en sus camas. MSF reitera su petición para que se lleve a cabo una investigación internacional independiente a fondo” afirma Joan Tubau, Director General de MSF.

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Trabajadores de MSF en shock tras el bombardeo de su hospital en Kunduz, Afganistán

El Doctor Masood Nasim es el responsable del equipo médico de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el hospital de trauma en Kunduz, al norte de Afganistán. Nasim describe las primeras 72 horas en el hospital tras los enfrentamientos en la ciudad el lunes.

Hospital de trauma de MSF en Kunduz © MSF

“Llegué al hospital a primera hora de la mañana del lunes, después de escuchar como aumentaban los gritos y el sonido de los impactos de los proyectiles y el tiroteo. Al mediodía, nuestro hospital estaba en la primera línea de los combates, los enfrentamientos tenía lugar a las mismas puertas del recinto hospitalario. Podíamos escuchar perfectamente el sonido de los bombardeos, los misiles y el paso de los aviones. Algunos disparos llegaron a impactar en el hospital e incluso atravesaron el techo de la unidad de cuidados intensivos. Sin embargo y a pesar de estar en medio de los combates, tanto nuestro hospital como el personal han sido respetados y hemos podido continuar nuestro trabajo.

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Mina, de 25 años, ha traído a sus hijos más pequeños a la nueva clínica móvil de MSF a las afueras de la ciudad de Kabul para que les vacunen. Esta madre de seis hijos ha caminado durante una hora desde su aldea para llegar a Buthkhak donde el equipo de MSF ofrece servicios de salud preventiva cada semana a las comunidades vecinas. “En nuestra aldea sólo tenemos médicos privados y nos cuesta bastante dinero ir a verles,” afirma.

Clínica móvil en el campo de Puli Campany, Kabul © Vivian Lee/MSF

Kabul cuenta con una población de más de cinco millones de habitantes, habiéndose triplicado en los últimos diez años. Estos nuevos residentes son una mezcla variada de desplazados: personas que huyen del conflicto en las zonas más inseguras del país, migrantes económicos en busca de mejores oportunidades en la ciudad, retornados de los campos de refugiados de Pakistán, familias sin tierra y miembros de grupos minoritarias con una larga historia de marginación que luchan para hacerse un lugar dentro de la sociedad afgana. Muchos de ellos viven a las afueras de la ciudad y deben hacer frente a un acceso muy escaso a los servicios de salud.

Desde abril de este año, MSF ha estado realizando clínicas móviles preventivas en diez ubicaciones distintas en barrios marginales de Kabul, para llegar a las comunidades más aisladas. Las clínicas se centran en mujeres y niños menores de dos años; y han visto a casi 2.900 pacientes desde el inicio de las actividades. El equipo ofrece controles pre y posnatales y planificación familiar a las mujeres así como vacunaciones y exámenes nutricionales a los niños. Como la incidencia de tuberculosis es muy elevada en el país, a los pacientes con la enfermedad se les anima a que traigan a sus familiares a la clínica para que sean examinados.

“La sensación es bastante extraña,” admite Lajos Jecs, enfermera de MSF a cargo del equipo móvil. “Aunque estamos en Kabul, en la capital, parece como si realmente estuviésemos muy lejos de la ciudad. En enfoque preventivo a la salud es importante pues hay muchas mujeres afganas que no son conscientes de la necesidad de controles prenatales. “No tienen ningún tipo de educación sanitaria. Muchas madres no saben como dar el pecho a sus bebés por lo que vemos a muchos niños desnutridos.”

Los pacientes que necesitan seguimiento o tratamiento son referidos al hospital del distrito de Ahmad Shah Baba, situado al este de Kabul, donde MSF ha estado trabajando con el Ministerio de Salud Pública afgano desde 2009.

“Aunque tratamos a un número cada vez mayor de pacientes en Ahmad Shah Baba y en nuestros otros hospitales en Helmand, Kunduz y Khost, sabemos que muchas más personas no pueden ni siquiera llegar al hospital o a otros centros de salud debido a la distancia, la inseguridad o el coste del transporte,” declara Benoit De Gryse, Representante del País de MSF en Afganistán. “Por esto queremos ir más allá de los muros de nuestro hospital y llegar algunas de estas comunidades aisladas.”

Las clínicas móviles en la capital de Afganistán son el primer paso, pero De Gryse reconoce que ésta no ha sido una empresa fácil. “El proceso de negociación para lanzar las clínicas móviles ha sido largo. Tuvimos que hablar con los diferentes líderes comunitarios y religiosos y explicarles el concepto de clínica móvil preventiva. Desde entonces sin embargo, nos hemos ganado su confianza. Nos ayudan a promover y a explicar las clínicas móviles a sus comunidades e incluso utilizamos sus casas para ver a los pacientes.

“Otro reto es garantizar la seguridad de nuestro personal y de nuestros pacientes cuando vamos a estas zonas. Por este motivo, la aceptación de la comunidad es decisiva.”

 

 


Zukia*, de 21 años, vive en la provincia afgana de Khost, que limita con las áreas tribales pakistaníes. Su marido murió de una explosión de bomba en Kabul cuando estaba embarazada de un mes, dejándola sola con sus dos hijos. Ahora está esperando su tercer hijo. “Tengo miedo de dar a luz en casa. Algunas mujeres en mi aldea dan a luz en casa, pero si no expulsan la placenta, corren el riesgo de morir.”

Entrada a la maternidad de Khost © Ben King / MSF

Las necesidades médicas en Khost, Afganistán, son enormes y la tasa de mortalidad materna es especialmente alta. La región en la que vive Zukia sólo cuenta con un número muy limitado de instalaciones médicas. Cerca de su casa, hay pequeñas clínicas particulares pero no tiene mucha confianza en ellas. Dio a luz a sus primeros dos hijos en una clínica particular, situada a unas horas de camino, donde tuvo que pagar entre 4.000 y 5.000 rupias pakistaníes por el parto. Para Zukia, ahora sin su marido, esto es una fortuna, así que esta vez va a ir a la maternidad de MSF en Khost, que dispensa atención gratuita a mujeres y a recién nacidos.

La ciudad de Khost ya tiene un hospital general público situado fuera de la ciudad, pero el acceso al mismo puede resultar difícil debido a la distancia y al coste del transporte. Además, las mujeres de comunidades más tradicionales prefieren no ir allí porque el personal quirúrgico es masculino. En marzo de 2012, MSF abrió un servicio en el centro de la ciudad con equipos sanitarios compuestos exclusivamente por mujeres.

Hoy, la provincia de Khost es una de las regiones más gravemente afectadas por el conflicto que ya dura más de diez años. Las carreteras que pacientes como Zukia tienen que tomar para llegar a una estructura de salud no son seguras. “Fui a la maternidad de MSF durante el día porque viajar de noche es demasiado peligroso,” explica. “En la zona donde vivo, hay combates. Escuchamos disparos todas las noches. Vivimos cerca de la frontera con Pakistán. La gente es tan pobre que no tiene otra elección más que viajar durante horas hasta llegar a un centro como éste donde conseguir comida y tratamiento gratuito en condiciones de seguridad.” Pero a veces la duración de viaje puede causar complicaciones potencialmente mortales para la madre y el niño.

MSF por lo tanto se centra en la atención a las mujeres embarazadas y sus hijos, y dispone de capacidad quirúrgica para los partos complicados. El objetivo es aumentar el nivel de la atención sanitaria dispensada en la provincia, sin duplicar los servicios existentes. El equipo ahora practica unos 1.000 partos al mes en el hospital de 56 camas de las cuales casi un 20 por ciento son partos complicados.

Hay una importante necesidad de asistencia médico-humanitaria de calidad en Afganistán. En provincias como Khost, directamente afectadas por el conflicto, la inseguridad reduce la capacidad de las organizaciones de realizar debidamente su trabajo.

La maternidad de Khost al principio tuvo problemas. En abril de 2012, apenas seis semanas después de abrir, MSF tuvo que suspender sus actividades después de una explosión dentro del recinto hospitalario. Siete personas resultaron heridas como resultado de esta explosión y el hospital cerró durante unos ocho meses. MSF reevaluó con calma la situación y reforzó su red de contactos para asegurarse un mayor apoyo de la comunidad y de todos los líderes políticos y religiosos de la zona.

Desde la reapertura de la maternidad de MSF en Khost el 29 de diciembre de 2012, los equipos han practicado más de 5.500 partos. Zukia ha empezado a ir de parto ahora. “Siento las contracciones. Empezaron hace cuatro días y cada vez son más difíciles de soportar. He pedido a la doctora y a las comadronas que me practicasen una cesárea porque cada vez me cuesta más soportar las contracciones. Tengo miedo de que haya complicaciones, pero la doctora me ha dicho que tendré un parto normal” dice. Unas horas más tarde, Zukia ha dado a luz a su bebé de forma segura.

*Nombre ficticio para proteger la privacidad de la paciente.

 


Médicos Sin Fronteras (MSF) ha reabierto una maternidad en el volátil este de Afganistán que permanecía cerrada desde la explosión de una bomba en abril de 2012.

Maternidad de MSF en Khost, marzo de 2012 © HIlde Cortier/MSF

La decisión se tomó tras las muestras de apoyo a MSF por parte de todos los actores relevantes, lo cual permite a la organización retomar su actividad médica en la provincia oriental de Khost, fronteriza con Pakistán.

Tras las recomendaciones de una ‘yirga’ o asamblea entre notables de Khost y MSF, se han habilitado las medidas de seguridad necesarias para garantizar el bienestar de los pacientes. Un equipo médico femenino afgano ha sido contratado para afrontar, junto a sus colegas internacionales, el reto de dar un servicio médico de calidad en el centro.

“El hospital está listo para ofrecer una atención médica gratuita y de gran calidad para embarazadas, sobre todo para aquellas que no se pueden permitir un tratamiento y las que están sufriendo complicaciones durante el embarazo o el parto”, detalla Benoit De Gryse, representante de MSF en Afganistán.

Al igual que en el resto de sus hospitales en Afganistán, MSF no permite la entrada de ningún tipo de armas en sus instalaciones con el fin de proteger a los pacientes.

En abril explotó una bomba en el interior del recinto hospitalario que causó siete heridos. Este ataque ocurrió apenas seis semanas después de la apertura de la maternidad: 600 mujeres ya habían dado a luz allí.

 


MSF también trabaja en el hospital Ahmed Shah Baba, en el este de Kabul, en el hospital Boost de Lashkargah, en la provincia de Helmand, y gestiona un centro de urgencias en Kunduz, donde dispensa atención quirúrgica vital a la población del norte de Afganistán. Los equipos proporcionan atención médica gratuita en todos estos centros y dan apoyo a todos los departamentos de los hospitales.

 

Todos los proyectos de MSF en Afganistán se financian exclusivamente con fondos privados; la organización no acepta financiación de ningún gobierno a este fin.


Por una parte, la constante inseguridad que se vive en Afganistán ha rematado un sistema de salud que ya se encontraba muy dañado, dejando en funcionamiento apenas unos pocos hospitales y clínicas en las capitales de provincia, que en muchos casos se han convertido en objetivo militar. Los ejércitos de la coalición internacional han fagocitado la asistencia médica, ocupando hospitales y arrestando a pacientes en sus camas. Esto ha provocado que los grupos armados de la oposición hayan tomado como blanco a los trabajadores sanitarios y a las estructuras de salud, precisamente debido a la presencia en las mismas de las fuerzas internacionales.


Por otra parte, los escasos servicios médicos, que se prestan generalmente en clínicas privadas, son inaccesibles, dado su elevado precio, para la gran mayoría de una población empobrecida por la propia guerra.

En medio de esta situación kafkiana, las escasas organizaciones humanitarias presentes en el país tratamos de convencer a las fuerzas en conflicto de nuestra neutralidad, para que se nos permitan acceder, con unas mínimas condiciones de seguridad, a una población exhausta por la guerra.

Casi pisando huevos para no llamar mucho la atención y agarrándonos a nuestros principios, nos instalamos en el único hospital de la provincia de Helmand que atiende las necesidades médicas de una población de más de un millón de personas.

El pasado 4 de marzo, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, retomó una de esas “brillantes” ideas relacionadas con la “guerra humanitaria” que tanta inquietud nos generan a quienes día tras día luchamos por prestar una asistencia independiente a las víctimas de los conflictos. Jugando a la confusión de principios y de objetivos, el señor Rasmussen defendió la necesidad de que la OTAN y las organizaciones no gubernamentales refuercen su cooperación en el terreno, atribuyendo a estas últimas un “poder de atracción” que complete el “poder coercitivo” de los Ejércitos aliados…. lo que en otro ámbitos se llama la “estrategia del poli malo-poli bueno”.

Al entrar en el hospital, nos encontramos con Fátima. Está sentada en la sala de pediatría con su bebé en brazos. Llegaron esta mañana de Nawa-i-Barakzayi, un pueblo en el distrito Larshkargah de la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán. “Tengo tres hijos. Esta es mi pequeña de 5 meses . Está enferma. Mi leche materna se ha terminado y ella tiene hambre. No me queda en casa nada con qué alimentarla”.

Me pregunto que pensaría  el Sr. Rasmussen de sus estrategias para arreglar el mundo si tuviera un minuto de su valioso tiempo para sentarse con Fátima y su hija enferma en el único hospital de la zona, al que él con sus declaraciones ha puesto en el punto de mira.