MÉDICOS SIN FRONTERAS

En noviembre de 2014, MSF puso en marcha un proyecto de pediatría en la región de Bafatá, en el centro de Guinea-Bissau. Con una tasa de mortalidad infantil de 116 niños por cada 1.000, Guinea-Bissau está entre los 10 países con peores indicadores de salud materno-infantil del mundo. Isabel Grovas, coordinadora médica de MSF encargada de abrir el proyecto, nos cuenta cómo han sido los inicios.

© Ramón Pereiro/MSF

© Ramón Pereiro/MSF

¿Por qué un proyecto de salud pediátrica en Guinea-Bissau?

En primer lugar, porque las cifras de la mortalidad infantil son alarmantes, y eso sin contar que muchas muertes no se contabilizan, porque muchos niños ni tan siquiera llegan a los centros de salud y mueren en sus propios hogares.

Además, el sistema de salud de Guinea-Bissau presenta grandes carencias: hay que pagar un precio elevado por los servicios de salud, muchas veces no hay medicamentos y además falta personal médico cualificado. Solo para hacernos una idea, cuando llegó el primer pediatra de MSF, solo nos constaba que hubiera otro en el país. Ahora sabemos que hay algunos más pero siguen siendo poquísimos para las necesidades. En este contexto, con un sistema sanitario muy frágil, cualquier actividad médica, de calidad y gratuita que ofrezcamos tiene un gran impacto en la salud de las madres y sus hijos.

 

¿Qué contexto sanitario os habéis encontrado en el país?

El país sufrió un golpe de estado en 2012 que empeoró notablemente la situación sanitaria de la población. Aunque ahora hay un gobierno legítimo desde mayo 2014,  han sido años difíciles en los que los centros sanitarios, que venían ya de soportar una situación muy precaria, se quedaron sin recursos. Muchos de los trabajadores de salud han estado meses sin recibir su salario lo que ha afectado a su motivación y a la atención que prestan.

A esto hay que sumar, la falta de ayuda internacional; los grandes donantes cesaron sus aportaciones económicas debido a la inestabilidad política. Y además, las malas cosechas de los dos últimos años, han obligado a la población a vender lo recolectado a precios muchos más bajos que años anteriores. Gran parte de la población dejó de tener recursos económicos suficientes y en un contexto donde se tiene que pagar por acceder a la salud, si no hay dinero, no hay salud.

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Nepal se ha visto afectado por dos terremotos en menos de tres semanas. Han causado la muerte de miles de personas, herido a decenas de miles, y han dejado a millones más ante el desafío de reconstruir sus vidas.

Habitantes de un pueblo destruido del distrito de Gorkha el 7 de mayo © Brian Sokol/Panos

Médicos sin Fronteras, que ya estaba en el terreno poco después del primer temblor, continúa trabajando para llegar y ayudar a las poblaciones afectadas. La prioridad sigue siendo alcanzar las zonas más remotas, y llegar a los pueblos más aislados en las montañas, donde no llega la ayuda.

Los equipos de MSF se movilizaron poco después del primer terremoto de magnitud 7.8 del pasado 25 de abril y comenzaron las actividades médicas y la distribución de refugios y alimentos en helicóptero a la gente que vivía en las zonas más aisladas. El pasado 12 de mayo, dichos equipos fueron capaces de responder casi inmediatamente después del segundo terremoto, de magnitud 7.3. En las aldeas remotas como Singati, Marbu, Yanglakot y Lapilang MSF ha evacuado a los pacientes en estado crítico a hospitales en Katmandú. Además, está realizando evaluaciones para reajustar su asistencia en función de las nuevas necesidades que han surgido a partir del nuevo terremoto.

“En algunas áreas se ha producido una destrucción de hasta el 90% “, advierte Dan Sermand, coordinador de MSF en Nepal. “Los hospitales y centros de salud han sido dañados por los dos terremotos, dejando a muchas personas sin acceso a la asistencia sanitaria más básica. Hasta ayer, todavía había derrumbes en curso en algunas zonas montañosas que hemos evaluado. En algunas áreas hay pueblos enteros han sido destruidos, agravando una situación que ya era penosa. Muchas personas ya habían perdido sus hogares con el primer terremoto”.

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Tras el segundo terremoto de 7,1 grados que se produjo este martes en Nepal y la constatación de que los equipos de MSF en Katmandú y en el resto de Nepal están bien, se está recabando información para poder hacer frente a las necesidades más urgentes y acceder con la mayor rapidez a las zonas donde la ayuda todavía no ha llegado. De hecho, desde los días inmediatamente posteriores al primero de los terremotos, MSF está haciendo clínicas móviles en las áreas aisladas más afectadas.

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Según las primeras informaciones, este segundo temblor ha tenido su epicentro a 80 kilómetros al este de Katmandú, en el distrito de Dolakha, un área de difícil acceso donde ya estaban trabajando los equipos de la sección holandesa de MSF, y hasta donde sólo es posible llegar en helicóptero.

Los trabajadores de MSF han escuchado que en un lugar llamado Lapu, el terremoto se ha sentido mucho más; y ya se han desplazado para evaluar la situación. En Katmandú también se ha dejado sentir mucho este último terremoto, y aunque no parece que haya más casas derrumbadas, el pánico era muy grande. Va a pasar tiempo hasta que la gente se tranquilice, la comunicación es muy complicada.

Trabajo de los equipos de MSF

Desde el pasado 29 de abril, los equipos médicos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Nepal han estado recorriendo a pie y en helicóptero las poblaciones que han quedado aisladas. Los distritos de Dhading, Gorkha, Rasuwa y Sindhupalchowk resultaron duramente golpeados el sábado 25 de abril por un terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter. Desde entonces, muchas aldeas apenas han recibido ayuda.

Muchas carreteras y caminos están bloqueados por avalanchas y derrumbes provocados por el seísmo y las siguientes réplicas. Los equipos médicos de MSF emplean helicópteros para valorar las necesidades y proveer ayuda en estas aldeas aisladas. Del 29 de abril al 4 de mayo, los equipos médicos de MSF han recorrido más de 15 localidades para ofrecer atención a sus habitantes.

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El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y Médicos Sin Fronteras (MSF) muestran su profunda preocupación por los graves daños que han causado los recientes ataques de la coalición internacional sobre los aeropuertos de Saná y Hodeida. Este hecho está obstruyendo la entrega de una asistencia humanitaria que resulta imprescindible para la población yemení y también los movimientos del personal humanitario.

Edificios bombardeados en Saná © EPA/Yahya Arhab

Edificios bombardeados en Saná © EPA/Yahya Arhab

“Yemen depende casi totalmente de las importaciones de alimentos y medicamentos; especialmente para el tratamiento de enfermedades crónicas”, afirma Cedric Schweizer, quien encabeza un equipo de 250 colaboradores del CICR en Yemen. “El aeropuerto de Saná es una infraestructura civil esencial, y la principal vía para el suministro de bienes y servicios humanitarios esenciales. Las duras restricciones a las importaciones impuestas por la Coalición en las últimas seis semanas, aunadas a la extrema escasez de combustible, han hecho que la vida cotidiana de los yemeníes sea insoportable, y su sufrimiento sea inmenso”, advierte Schweizer.

El ataque a infraestructuras logísticas clave, incluyendo aeropuertos, puertos marítimos, puentes y carreteras están teniendo consecuencias alarmantes para la población civil, y la situación humanitaria se ha convertido en catastrófica. Los puestos de control de las diferentes facciones armadas obstaculizan la entrega de suministros médicos urgentes a hospitales e impiden que los pacientes y heridos accedan a la asistencia sanitaria esencial.

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Con motivo de la Semana Mundial de la Inmunización, la referente de Vacunación de Médicos Sin Fronteras (MSF), Miriam Alía, recuerda los cinco retos a los que se enfrenta la organización en lo referente al tema de las vacunas en los países donde trabaja:

 

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1. CADENA DE FRÍO: La primera dificultad es hacer llegar las vacunas en las condiciones que se necesitan para su conservación, entre 2º y 8º grados. “Todo el trasporte desde nuestros centros de aprovisionamiento en Europa hasta el país donde vamos a vacunar y de ahí al terreno, hay que hacerlo entre 2º y 8º grados; y estamos hablando de países donde en la mayor parte de los sitios no hay electricidad”.

2. GRANDES DISTANCIAS: ¿Cómo hacer llegar esas vacunas al paciente cuando se tienen problemas de acceso físico, porque no hay carreteras, y tenemos que utilizar motocicletas, canoas, barcos…; y “¿cómo hacerlo cuando la situación de seguridad es tan difícil como en los países donde trabajamos, lo que supone muchas veces atravesar zonas de conflicto?”.

3. POCO PERSONAL CUALIFICADO: La mayor parte de las vacunas son inyectables, y para esto se necesita personal que tenga formación sanitaria. En los países donde trabaja MSF, como por ejemplo Níger, tienen un personal médico por cada 10.000 personas. “Es muy difícil encontrar enfermeros y médicos. Necesitamos vacunas que sean orales, más fáciles de administrar y que podamos hacerlo con gente que encontremos en estos  contextos”.

4. CALENDARIO DE VACUNACIÓN: “Para que este calendario fuera más fácil y eficaz y proteger a todos los niños que queremos vacunar, debería ser posible vacunar a los niños con menos dosis y con vacunas combinadas, porque actualmente cada niño tiene que ir al menos cinco veces al centro de salud para que consideremos que está totalmente protegido”.

En segundo lugar, hay un problema con los viales de vacunas, porque las presentaciones son para diez dosis, y sólo se abre este vial si hay un número de niños mayor a ocho. “Puede ser que una madre ande hasta el centro de salud 10 o 12 kilómetros y su niño no sea vacunado porque no hay suficiente número de niños”.

Por último los calendarios vacunales son muy estrictos en cuanto a la edad. “Se vacuna a niños hasta el año y si un niño llega con 13 meses y le falta alguna vacuna, ya se considera que no es nuestra población objetivo. Por tanto, si estas mismas vacunas se extendieran hasta los dos o tres años, conseguiríamos vacunar  completamente a los niños”.

5. PRECIOS DESORBITADOS: En los últimos años se ha logrado aumentar el número de vacunas de 6 a 12, pero el precio ha aumentado 68 veces, y esto se debe sobre todo a la inclusión de la vacuna del neumococo. Se trata de una vacuna muy cara. “Ahora mismo estamos pagando 7 dólares por cada dosis y son tres dosis para proteger al niño. Desde MSF le hemos pedido a los laboratorios que fabrican esta vacuna, Pfizer y GlaxoSmithKline (GSK), que necesitamos una vacuna que proteja al niño por 5 dólares”. Las tres dosis por 5 dólares que es lo que MSF considera que sería accesible tanto para los Estados como para MSF como organización médica.


La pasada noche y esta misma mañana han tenido lugar nuevos enfrentamientos entre grupos armados en Malakal. Los combates en esta ciudad, situada en el estado de Alto Nilo, al noreste de Sudán del Sur, han provocado el desplazamiento de unas 900 personas que han buscado refugio en el espacio de Protección de Civiles (PoC) de la Misión de Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS).

Desplazados en el espacio de Protección de Civiles © Beatrice Debut/MSF

Dos personas han muerto y, en estos momentos, se desconoce el número de heridos. Aunque Médicos Sin Fronteras (MSF) no ha atendido heridos en el hospital del PoC de Malakal, dada la tensión imperante en la zona, la organización médico-humanitaria está preparada para una posible afluencia de pacientes.

Desde comienzos de abril, los enfrentamientos han causado la huida de cerca de 4.600 personas de Malakal hacia el espacio de Protección de Civiles. Con esta nueva llegada de desplazados, son ya 25.000 el número total de personas refugiadas en el PoC. Estos últimos flujos de desplazados agravan la situación de la población que ya vive en este centro con recursos limitados.

En estos momentos, la situación en la ciudad de Malakal sigue siendo extremadamente volátil y es previsible que los enfrentamientos continúen en las próximas horas. Los equipos de MSF se han visto obligados a suspender hoy algunas de sus actividades externas desarrolladas en zonas remotas donde se también se aglutinan bolsas de desplazados internos.

MSF insta a todas las partes en conflicto a respetar y facilitar el acceso de la asistencia humanitaria para las personas afectadas por el conflicto de Sudán del Sur.

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Médicos Sin Fronteras (MSF) pone en marcha un nuevo proyecto para garantizar el acceso al diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Chagas en el municipio de Monteagudo, en el departamento de Chuquisaca, al sur de Bolivia.

© MSF

© MSF

Junto a las instituciones de salud locales, la organización internacional médico-humanitaria elaborará un modelo de atención integral desde el primer nivel de atención hasta los niveles superiores que se integre horizontalmente al sistema de salud existente.

“A través de este modelo de colaboración se intenta conseguir un mayor empoderamiento de las autoridades nacionales y, como consecuencia, mayor sostenibilidad del programa en el tiempo”, afirma Martín Cazenave, Coordinador General de MSF en el país. “La idea es que el modelo de intervención sea replicado en el futuro en otros municipios ya sin la participación directa de MSF”, añade Cazenave.

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MSF insta a la gestión en la comunidad de la desnutrición infantil aguda tras los buenos resultados en Darbhanga.

Los trabajadores de salud educan sobre desnutrición en Balaha, Bihar. © Oriane Zerah

La organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) revela que la gestión en la comunidad de la desnutrición aguda obtiene niveles de curación del 88,4% entre los niños y niñas que completaron el tratamiento en el programa que MSF impulsa en el distrito de Darbhanga, en el estado indio de Bihar.

Esta es una de las conclusiones del estudio ‘Gestión en la comunidad de la desnutrición aguda severa en India: nueva evidencia desde Bihar”, publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, una de las revistas más prestigiosas en el campo médico en nutrición. MSF ha conducido el análisis en colaboración con el Hospital Universitario Darbhanga y se basa en los resultados del programa que lleva operativo en Darbhanga desde 2009.

El tratamiento de la desnutrición aguda severa es un proceso largo, que tiene una duración media de siete semanas. El tratamiento fuera del hospital permite al niño permanecer en su casa, realizando tan solo visitas semanales al centro de salud. De esta forma, resulta mucho más fácil para las familias atender al menor y al resto de hijos frente a programas que requieren estancias prolongadas en el hospital.

El estudio detalla los resultados obtenidos entre febrero de 2009 y septiembre de 2011. En ese periodo, 8.274 niños entre los seis y los 59 meses recibieron tratamiento en el programa. “El 87,3% de los niños pertenecían a comunidades y familias marginadas social y económicamente. El 79,9% tenían entre seis meses y dos años y el 62,2% eran niñas. Los resultados indican que la desnutrición aguda afecta a los grupos más vulnerables de la sociedad”, explica el doctor Prince Mathews, uno de los autores de la publicación.

El análisis también revela que la mayoría de los niños gravemente desnutridos (un 90,7%) no padecía otras enfermedades oportunistas por lo que pudieron ser tratados como pacientes externos en centros de salud comunitarios básicos. En estos centros recibieron tratamiento con alimento terapéutico elaborado en India bajo los estándares de la Organización Mundial de la Salud. Aquellos niños que presentaban complicaciones médicas fueron ingresados en el hospital y recibieron leche terapéutica hasta que pudieron retomar el tratamiento en sus comunidades.

Al igual que ocurre en los tratamientos hospitalarios, el programa de gestión comunitaria para la desnutrición aguda sufre también de una elevada tasa de abandonos: un 38%. Sin embargo, las conclusiones del estudio muestran que se puede conseguir una baja mortalidad y un índice de curación alto en niños gravemente desnutridos siguiendo este modelo de atención comunitaria.

Cuando los niños sufren de desnutrición aguda, su sistema inmunitario se ve afectado y resultan más susceptibles a padecer complicaciones y enfermedades infantiles comunes (como infecciones respiratorias o digestivas). De ahí la importancia de proporcionar tratamiento a los niños con desnutrición lo antes posible y de que lo puedan recibir en centros de salud cerca de sus casas. Se estima que en India hay 8,1 millones de niños menores de cinco años con desnutrición aguda severa. En este sentido, MSF hace un llamamiento a las autoridades para que pongan en marcha y aumenten las iniciativas de gestión comunitaria para el tratamiento de la desnutrición infantil como parte del sistema público de salud.

Estudio completo en The American Journal of Clinical Nutrition (en inglés)

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La intensificación de la violencia en Yemen hace cada vez más necesaria la llegada de suministros médicos y personal sanitario capacitado, pero actualmente es imposible hacer llegar esa urgente ayuda al país, denuncia Médicos sin Fronteras.

Hospital de MSF en Haradh. Febrero de 2013. © Anna Surinyach/MSF

Los enfrentamientos en las últimas semanas en todo el país y los ataques aéreos que comenzaron el 26 de marzo han provocado una enorme necesidad de asistencia médica a los heridos y desplazados en muchas regiones de Yemen. Pero el cierre de todos los aeropuertos internacionales en Saná, Adén y Hodeida, y las fuertes restricciones a los puertos marítimos están obstaculizando la entrega de ayuda humanitaria.

“Actualmente, MSF es incapaz de desplegar más personal médico de emergencia en Yemen a pesar de lo necesario que es”, explica el doctor Greg Elder, director de operaciones de MSF. “Hay que encontrar con urgencia maneras de hacer llegar ayuda humanitaria y personal al país.”

MSF ya ha tratado a cientos de heridos por la reciente ola de la violencia, pero la incapacidad actual para hace llegar suministros y personal está llevando la situación a un punto crítico.

“Tenemos que apoyar a nuestros equipos sobre el terreno, que están agotados y sobrecargados. Incluso el acceso a las áreas de mayor necesidad en Yemen es difícil, ya que los vuelos nacionales han sido cancelados y los movimientos dentro del país comportan riesgo”, afirma Elder.

La lucha en el terreno se ha incrementado sobre todo en el sur del país, donde MSF ha recibido un gran número de heridos. En la Unidad de Cirugía de Emergencia en Adén la organización ha recibido más de 550 pacientes desde el 19 de marzo como consecuencia de los enfrentamientos en Adén, Lahj y otras áreas meridionales. En un solo día, el 26 de marzo llegaron 111 pacientes al hospital.

“Hemos tenido que utilizar nuestro espacio de oficina y poner colchones en las habitaciones para recibir a los heridos”, cuenta el Dr. Hani Isleem, médico de MSF en Adén.

Falta personal médico especializado para hacer frente a la gran cantidad de heridos, y los que están disponibles se enfrentan a muchas dificultades. “Todavía es peligroso para nosotros”, dice Isleem. “Hasta llegar al hospital es muy arriesgado”, explica.

En la provincia de Ad-Dhale, donde MSF da apoyo a las salas de emergencia en el hospital Nasser y el distrito de Qataba, se han admitido 67 heridos en la última semana.

En el noroeste de Yemen, un equipo de MSF presta apoyo a la sala de urgencias del Hospital de Haradh, que recibió ayer 34 heridos como consecuencia de ataques en la zona del campo de desplazados de Al Mazraq. Los ataques provocaron además la muerte de otras 29 personas. Alrededor de 500 familias nuevas han llegado en los últimos días a ese campamento escapando de los bombardeos en la zona de Sada, en el oeste del país.

“Quedan muy pocos actores humanitarios en el país pero las necesidades son en realidad cada vez mayores, y se necesitan más suministros y recursos humanos en el terreno”, explica Dunia Dekhili, directora de programa de MSF para Yemen. “A medida que se extiende el conflicto, el riesgo de enfrentase a falta de medicamentos y suministros médicos es cada vez más real. Necesitamos que se nos permita enviar asistencia humanitaria al país por vía tierra, mar o aire”.

MSF hace un llamamiento a todas las partes a respetar la neutralidad de las instalaciones y el personal médicos, y a que se permita el acceso de asistencia médica sin trabas para los heridos.

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El último día de 2012 se aprobó el primer nuevo fármaco en medio siglo para combatir la tuberculosis (TB). Sin embargo, la expectación había comenzado antes, pues en breve se iban a poner en el mercado dos nuevos medicamentos que mejorarían radicalmente las tasas de supervivencia en la tuberculosis resistente (TB-DR) y que harían que aquellos tratamientos tan tóxicos y de tantos años de duración, que además curaban a tan sólo el 50% de los pacientes, pasaran a la historia.

Paciente de TB en Kirguizistán © Pierre-Yves Bernard/MSF

Como organización que se ve día tras día  obligada a utilizar tratamientos obsoletos e inadecuados para sus pacientes de TB-DR en más de veinte países, MSF compartía la expectación.

Pero la realidad no se ha correspondido con la esperanza. Han pasado dos años desde entonces, las compañías y sus investigadores han recibido premios, alabanzas y cobertura mediática por los dos nuevos fármacos. Mientras tanto, los pacientes siguen enfrentándose a los mismos resultados de las últimas dos décadas: efectos secundarios terribles y la muerte en demasiadas ocasiones. Hasta la fecha, ni siquiera mil personas en todo el mundo han podido acceder a bedaquiline (manufacturada por Janssen/Johnson & Johnson) y delamanid (por Otsuka); una fracción muy pequeña de aquellos que lo necesitan.

En el Día Mundial de la Tuberculosis de 2015 hay dos asuntos que se muestran claves: por un lado, certificar que los retrasos para el acceso a los dos fármacos han costado ya muchas vidas y por otro, clamar para que la frustración que esto genera se traduzca en acciones concretas. Para salvar un número significativo de vidas y reducir exponencialmente el sufrimiento, deben intensificarse los esfuerzos en las áreas regulatorias, científicas, médicas, comerciales, financieras y políticas.

En el informe “Preparados, listos, y a la espera”, Médicos Sin Fronteras hace un profundo análisis de cuáles son las causas de esta inaceptable demora a la hora de ofertar los fármacos y qué es lo que debe hacerse para acelerar el proceso

A principios de marzo, MSF y otras 88 organizaciones firmaron una llamada a la acción urgiendo a los actores globales de salud que trabajan en el área de TB a formar un consorcio con el que establecer una serie de objetivos concretos que sirvan para incrementar el acceso a los nuevos fármacos contra la TB-DR. Como respuesta, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha comprometido a reunirse con el consorcio el próximo mes de abril en Ginebra para escuchar las propuestas destinadas a poner en marcha algunas acciones específicas con las que lograr objetivos globales. Estas son algunas de ellas:

-          Iniciar acceso a nuevos fármacos: asegurar que en julio de 2015, 500 pacientes inicien regímenes de tratamiento que incluyan bedaquiline, y que otros 500 pacientes hagan lo mismo con regímenes que incluyan delamanid en enero de 2016.

-          Optimizar los tratamientos de TB-DR: Proporcionar asistencia técnica para el diseño de programas en los 25 países endémicos de cara a 2016; asegurar que los dos nuevos fármacos sean parte del tratamiento de rutina en 20 países a finales de 2016 y en 52 países a finales de 2019; y asegurar que los medicamentos clave estén incluidos en los programas nacionales de tuberculosis.

-          Priorizar la aprobación regulatoria: asegurar que los dos nuevos fármacos sean registrados en 25 países a principios de 2016 y en 52 países en 2017; y que los fármacos sean registrados para su uso, o que se establezcan exenciones para su importación ya en 2016.

Conseguir alcanzar estos objetivos se puede lograr mediante sencillos y rápidos pasos, entre los que se incluyen el asegurar que los gobiernos tengan apoyo y asesoría técnica para iniciar los tratamientos en aquellos pacientes que lo necesiten. Las compañías farmacéuticas deben asimismo responsabilizarse y permitir acceso temprano a través de mecanismos de uso compasivo y mediante el registro rápido de sus productos (especialmente en los países donde los ensayos se han llevado a cabo y en los países con una alta tasa de tuberculosis). Las compañías deberían tener políticas justas y transparentes respecto a sus precios, registros y licencias, muy especialmente en los países con rentas bajas y medias.

Al igual que ha hecho la OMS, proponiendo celebrar la primera reunión del consorcio en abril, otros actores deben hacer también su parte y comprometerse a alcanzar objetivos concretos y ambiciosos en los próximos dos años. Por su parte, MSF participa en la sociedad endTB, a través de la cual se llevará a cabo un ensayo clínico para probar nuevos regímenes de tratamientos en 600 pacientes de TB-MDR, se abastecerá de nuevos fármacos a 2.600 pacientes con TB-MDR en 16 países y se ayudará a reducir las barreras técnicas para la distribución de los nuevos medicamentos.

MSF ha estado involucrada en el tratamiento de la TB durante más de treinta años, un trabajo que se desarrolla a menudo de forma conjunta con las autoridades de salud nacionales para tratar pacientes en una variedad muy amplia de estructuras, incluyendo zonas de conflicto crónicas, barriadas de chabolas, prisiones, campos de refugiados y áreas rurales. Los primeros programas de MSF para tratar tuberculosis multirresistente se abrieron en 1999 y la organización es ahora una de las que gestiona mayores programas de distribución de fármacos para combatir la tuberculosis resistente.

INFORME_MSF_TB_PREPARADOS_LISTOS_A_LA_ESPERA

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