MÉDICOS SIN FRONTERAS

por Esperanza ‘Amal’ Leal Gil, psicóloga de Médicos Sin Fronteras en Hebrón (Territorios Palestinos)

 

Ya en el coche, mi compañera palestina me adelanta nuestra próxima visita, recordándome que las agresiones y arrestos por parte de los soldados hacia los menores pueden ocurrir también en la calle o en los ‘checkpoints’. Y es que, en los últimos meses, incluso se han llegado a producir incursiones y detenciones dentro de los propias escuelas, lo que ha provocado miedo generalizado y el absentismo por parte de algunos menores que sufren ansiedad y angustia sólo de pensar en ir al colegio.

 

Esta vez vamos a visitar a Assem. Nos abre la puerta mirando al suelo… Entramos en su casa, que es extremadamente pobre: no tiene sillones, sólo unos futones en el suelo y una alfombra que le sirve de dormitorio. Nos descalzamos y nos sentamos en los cojines.

 

Es un chico delgado de tez muy morena. En su cara resaltan unos impresionantes ojos azules que me miran con tristeza. A sus 12 años ha perdido la ilusión… Un día, al cruzar un puesto de control militar de camino al colegio, unos soldados le agarraron y le golpearon. Desde entonces, Assem ha dejado de jugar en la calle, se esconde cuando ve a un soldado, está triste porque siente que ha perdido su valentía, pega a sus hermanos y ha dejado de ir a la escuela.

 

Sus ojos azules me taladran con una expresión amarga. Durante un rato discutimos sobre el miedo, le hago hablar recordando cosas que le han ayudado a sentirse mejor, e incluso terminamos la sesión hablando de fútbol, que parece que le entusiasma… Hoy puedo decir que, después de tres sesiones, ha vuelto a sonreír tímidamente.

 

Escuela en Hebrón, Cisjordania (© Juan Carlos Tomasi).

 

De vuelta a casa, observando el paisaje de casitas salteadas entre montañas de tonos marrones, me acuerdo de que estos problemas también se agravan con la violencia hacia las familias que viven en barrios cercanos a asentamientos israelíes, ya que a menudo sufren acosos y ataques por parte de los colonos instalados en territorio cisjordano.

 

Niños y mayores se encuentran en un estado de hipervigilancia y sospecha constante. Precisamente, mañana visitamos a Mahmoud, de 9 años, que jugaba cerca de un asentamiento y al que un colono apuntó con un arma y arrastró hacia su casa amenazándolo de muerte. Le advirtió de que, tras matarlo a él, mataría a toda su familia. Ahora sufre un serio estrés post-traumático.

 

Nuestra intervención como psicólogos de MSF está dirigida en estos casos a los menores y a sus padres, desde una perspectiva psicosocial: se realizan psicoterapias a corto plazo con referencias a estructuras médicas o sociales, como la propia escuela u otras redes comunitarias. El tratamiento para estos niños es básico para evitar que empeoren los síntomas.

 

A través de escucha activa, terapias de juego o dibujos, se ayuda al niño a recuperar el control, a encarar la situación que le produce temor, a identificar los pensamientos que le causan ansiedad, y a controlar las reacciones mentales y físicas que le causan la angustia. Con los padres, trabajamos dándoles apoyo emocional y reforzando estrategias para que ellos puedan ayudar a sus hijos.

 

Pero ya oscurece, y el muecín canta con la voz quebrada llamando a la oración. Estremece el canto en el silencio de la tarde. Mañana, muchos adolescentes y niños verán secuestradas su infancia con la violencia. Mañana desde MSF volveremos a poner todo nuestro esfuerzo para intentar aliviar su sufrimiento y luchar contra la desesperanza.


Los niños de la aldea nigeriana de Babega finalmente han podido empezar a recibir tratamiento contra la intoxicación de plomo. En el primero de los cuatro grupos que van a recibir atención médica, MSF ha sometido a 34 niños a una terapia especial de quelación para eliminar el plomo de su sangre, y monitoreará a otros 126 pequeños. La organización afirma que esto no ha hecho más que empezar, y que no podrá tratar a los otros niños de los tres grupos restantes hasta que se haya eliminado el plomo por completo de sus casas.

Niños trabajando en procesamiento de oro. Bagega, Nigeria, 2012. © Olga Overbeek

La intoxicación aguda por plomo en niños puede provocar daños cerebrales severos y muerte. MSF ha estado tratando a víctimas de la crisis de intoxicación por plomo en el estado de Zamfara – el peor brote jamás registrado – desde que se descubrió en 2010, y hasta la fecha ha tratado a más de 2.500 niños1. Hasta hoy, sin embargo, la organización médico-humanitaria no había podido empezar el tratamiento en Bagega porque no se habían adoptado medidas de remediación. Estas medidas en este contexto implican la eliminación de la tierra contaminada con plomo y los residuos del procesamiento de minerales y de minería de la aldea, recintos residenciales, casas y edificios, zonas comunes, pozos y estanques. La redemediación es una condición imprescindible para el tratamiento médico – si no, los niños seguirían estando expuestos a las toxinas de plomo, y el tratamiento no sería eficaz.

“Estamos muy satisfechos. Tras tres años de espera, por fin hemos podido iniciar el tratamiento en Bagega,” explica Simon Tyler, Representante de MSF en Nigeria. “Sin embargo, somos muy conscientes de que este grupo es sólo el primero de los cuatro que requieren tratamiento médico urgente aquí. La remediación debe completarse antes de que caigan las primeras lluvias, para poder llegar a todos los niños afectados de la aldea.”

Los pacientes se dividen en cuatro grupos, en función de cuando finalizó la remediación en sus casas. Con la primera sección de Bagega remediada, MSF ha podido someter al primer grupo a tratamiento. Además de administrar la terapia intravenosa con quelación a los niños afectados, otros cientos de niños con niveles moderados de plomo en su sangre pero por debajo del nivel que requiere tratamiento serán monitoreados por el equipo médico. En total, la organización espera asistir a entre 600 y 800 niños en la población.

La remediación sólo puede realizarse durante la estación seca. Las demoras en la asignación de los fondos necesarios implican que ésta ha tenido que retrasarse, y ahora hay que triplicar los esfuerzos para terminar antes de que llegue la estación de las lluvias.

“En Bagega hemos hecho más de lo que esperábamos en tan poco tiempo, pero nuestros equipos se encuentran sometidos a una enorme presión para finalizar la remediación”, declara Simba Tirima, director de operaciones en el terreno de la Fundación TerraGraphics, que está supervisando el proceso de remediación. “Desgraciadamente, las demoras continuadas debidas a los procedimientos también han ralentizado nuestro ritmo. Ahora todo depende de las lluvias. Estamos trabajando a contrarreloj para asegurar que todos los niños de Bagega tienen la oportunidad de recibir tratamiento por parte de MSF lo antes posible.”

Para resolver la crisis de Zamfara se requiere un enfoque triple: remediación, tratamiento médico, y unas prácticas de minería seguras. MSF sigue presionando para que se adopten prácticas de minería más seguras, y asegurar así que las personas dedicadas a este sector y al procesamiento de minerales no se expongan, a sí mismo o a otros, a la intoxicación por plomo.

 


Médicos Sin Fronteras ha estado ofreciendo servicios médicos urgentes en toda Nigeria desde 1971. MSF no está afiliada a ninguna agencia gubernamental, religión o partido político.
1 En marzo de 2010, MSF respondió a las informaciones que llegaban de niños que morían misteriosamente en comunidades del estado de Zamfara, al norte de Nigeria. Se estima que murieron 400 niños, y se descubrió que miles más tenían niveles excesivos sin precedentes de plomo en su sangre. Se trataba de la peor intoxicación por plomo jamás registrada.


Desde el 7 de abril, las autoridades yemeníes han liberado a 1.620 migrantes que estaban retenidos por traficantes en granjas –algunos de ellos desde hace meses– en la región de Haradh, en el norte del país. Médicos Sin Fronteras está asistiendo a estos migrantes, incluyendo a 62 niños y 142 mujeres, y ha referido a 71 personas gravemente enfermas al hospital que gestiona en la localidad de Al Mazraq, cerca de la ciudad de Haradh.

Haradh, Yemen, febrero de 2013 © Anna Surinyach / MSF

La mayoría de los migrantes referidos al hospital Al Mazraq habían sido víctimas de la trata de seres humanos, trabajo forzoso y esclavitud. Los pacientes mostraban señales de tortura y abuso mental, físico y sexual por parte de sus captores. Algunos tenían las uñas arrancadas o la lengua parcialmente seccionada, y otros habían sido gravemente golpeados. El personal de MSF también ha tratado a varios migrantes con enfermedades potencialmente mortales, como neumonía, malaria complicada o dengue.

MSF ha proporcionado además asistencia en salud mental a los migrantes después de su liberación y traslado a un recinto en las afueras de la ciudad de Haradh. “Muchos de ellos están física y mentalmente agotados, y sufren trauma psicológico grave debido a las condiciones y al terrible trato que experimentaron durante su retención”, afirma Ángels Mairal, psicóloga de MSF en Haradh. La mayoría de los migrantes que han recibido apoyo psicológico por parte MSF reportaron haber sido víctimas de la tortura.

Dadas las necesidades médicas y humanitarias de los migrantes –algunos de ellos no habían comido en los siete días previos a su liberación por parte de las autoridades yemeníes– MSF les ha proporcionado raciones de alimentos complementarias, y ha intervenido también para mejorar las condiciones de saneamiento en las localidades de tránsito de Haradh y Amran.

Desde Haradh, 800 etíopes han sido trasladados a centros de migrantes en Saná, la capital de Yemen, donde esperan su repatriación; y 550 somalíes han sido transferidos al campo de refugiados de Kharaz, en la gobernación de Lahj. MSF sigue con preocupación la situación en estos centros, ya que no tienen medios, capacidad ni servicios para atender adecuadamente a esta población.

Yemen se encuentra en una de las principales rutas migratorias para las personas que abandonan el Cuerno de África con la intención de llegar a los estados del golfo Pérsico. Muchos de los migrantes huyen de la pobreza extrema y el desempleo en Etiopía y tratan de entrar en Arabia Saudí través Haradh. A menudo, el viaje termina cuando caen en manos de traficantes, que utilizan la tortura y el maltrato psicológico como medio para ganar dinero.

“Estamos haciendo frente a una emergencia dentro de a una situación crónica, y estamos muy preocupados por el futuro de miles de migrantes que se encuentran atrapados en Yemen, en general, y Haradh, en particular, con una asistencia muy limitada”, explica Tarek Daher, coordinador general de MSF en Yemen . “Están exhaustos después de tantos intentos de cruzar la frontera y, sin recursos, la mayoría se convierten en mendigos en Haradh. Tratan de sobrevivir, y viven sin ningún tipo de refugio o sistema de saneamiento digno o comidas regulares”.

MSF reconoce los esfuerzos hechos por el gobierno de Yemen para liberar, acoger y proteger a los migrantes en Haradh y hace hincapié en que este apoyo debe continuar. La organización urge a la comunidad internacional a que ayude a restablecer la dignidad de estos migrantes apoyando a las instituciones que trabajan con ellos.

Junto con las autoridades y algunas organizaciones no gubernamentales, MSF está ampliando su intervención con el fin de mejorar las condiciones de vida de los migrantes atrapados en Haradh y mejorar el acceso a la atención sanitaria de aquellos que han sido liberados o están en tránsito esperando la repatriación.

 


Desde 2009, MSF trabaja en la gobernación de Hajjah, en el norte de Yemen, donde gestiona un hospital cerca de la localidad de Al Mazraq, que proporciona atención sanitaria básica y especializada, cirugía y servicios de emergencia tanto a la población local como a los desplazados en la zona.  Desde el año pasado, MSF también proporciona asistencia en salud mental a los migrantes en la ciudad Haradh.

MSF también lleva a cabo actividades médicas en las regiones de Aden, Ad-Dhale, Abyan y Amran.


Desde principios de marzo, decenas de miles de desplazados procedentes de Sudán, Chad y la República Centroafricana han estado llegando en masa al sureste de Chad para escapar de los enfrentamientos en la vecina región de Darfur. La población refugiada y retornada concentrada en la zona de Tissi se ha incrementado en aproximadamente 50.000 personas.

 

© Ritu Gambhir/MSF

 

Médicos Sin Fronteras (MSF) hace un llamamiento para que los refugiados reciban asistencia humanitaria y sus necesidades sean cubiertas independientemente del lugar donde se encuentren, especialmente durante la estación de lluvias.

Llegamos a Tissi la primera semana de abril para responder a un brote de sarampión entre la población local y los refugiados”, explica Stefano Argenziano, Jefe de Misión de MSF. “Pronto vimos que las familias tenían necesidades apremiantes. La mayoría de los refugiados recién llegados carecen de acceso a atención sanitaria, alimentos o agua limpia. La mayoría vive bajo los árboles, que no proporcionan toda la sombra necesaria, y no tiene nada con que protegerse contra el polvo ni el calor durante el día ni contra el frío durante la noche”.

En estas adversas circunstancias el estado de salud de los refugiados probablemente se deteriorará con gran rapidez y serán más vulnerables a enfermedades como la malaria y la desnutrición así como a epidemias.

Como la zona de Tissi carece de un hospital operativo, los equipos de MSF están trabajando para proporcionar atención primaria de salud y asistencia urgente a los refugiados y a los residentes. Se ha puesto en marcha una unidad de urgencias para víctimas de la violencia en la ciudad de Tissi para tratar a los pacientes heridos, a los niños y niñas menores de 5 años y a las mujeres embarazadas. Hasta la fecha, MSF ha tratado a 40 pacientes con heridas de bala y de arma blanca producidas en su huida del conflicto, además de a 24 residentes que habían resultado heridos en accidentes de circulación. 18 heridos graves fueron estabilizados y evacuados a la ciudad de Abeche, en cooperación con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

En el propio Tissi, MSF ha mejorado la capacidad de la única fuente de agua limpia de la ciudad y está planificando organizar clínicas móviles en los alrededores. Un equipo de emergencia acaba de concluir la vacunación de 30.200 menores de 15 años, y ha tratado a 52 pacientes con sarampión. La desnutrición es una prioridad para MSF y, durante la campaña de vacunación, de los 13.700 niños que se sometieron a exámenes y revisiones nutricionales, 120 fueron admitidos en un programa de nutrición terapéutica.

Las condiciones de vida de los refugiados sudaneses, la mayoría mujeres y niños, se está deteriorando con gran rapidez. Los padres han dicho a los equipos de MSF que cada vez enferman más niños.

Cuando sólo quedan dos meses para que empiece la estación de lluvias, apenas si queda tiempo. “Una vez comience la estación de lluvias, nuestro acceso a estos campos será imposible por carretera y los refugiados quedarán totalmente incomunicados - explica Stefano Argenziano - Con unas condiciones de saneamiento pobres y una falta de acceso a agua limpia, estamos observando la situación por si se produce un aumento de casos de malaria y de infecciones respiratorias así como un posible brote de cólera.

Ninguno de los asentamientos donde se concentran los refugiados ha sido declarado campo de refugiados oficialmente. Hasta la fecha y debido a la proximidad de los asentamientos a la frontera con Sudán y los problemas de seguridad, las agencias de Naciones Unidas y la mayor parte de ONG se muestran reacias a dispensarles asistencia.

 

MSF trabaja en Chad desde 1983 y actualmente lleva a cabo proyectos en Am Timan, Abeche, Massakory y Moissala.


 

© Ritu Gambhir/MSF

Deo Kabila, médico de MSF: “En el sitio adecuado en el momento adecuado”

El 17 de abril, el doctor de Médicos Sin Fronteras Deo Kabila se encontraba en el asentamiento de refugiados de Am Doukhum, Chad, en la frontera con Sudán, preparando una campaña de vacunación para la población local, los refugiados y los retornados chadienses. Era al final del día, y él y su equipo estaban de camino de regreso a la base de MSF cuando recibieron una llamada de emergencia pidiéndoles que diesen la vuelta y regresasen. 

“El líder de los refugiados sudaneses había informado a las autoridades locales de que una mujer sudanesa, que había estado de parto durante toda la noche, presentaba complicaciones. Cuando regresamos nos llevaron directamente a ver a la mujer que resultó que esperaba mellizos. El primer bebé había nacido a las 4 a.m. y estaba bien, pero había problemas con el segundo. En el caso de mellizos, a veces ocurre que tras el primer nacimiento, el segundo bebé se da la vuelta y esto era precisamente lo que había ocurrido. Su brazo había salido pero estaba claro que si no actuábamos con premura la madre y su segundo bebé morirían.

Como no podíamos proporcionar la atención necesaria in situ, preguntamos a la paciente si podíamos llevarla a Tissi donde MSF acababa de abrir una unidad de urgencias. Aceptó. Teníamos dudas de si podríamos salvarles la vida, pues la unidad de urgencias no había sido pensada para manejar partos complicados, pero las opciones de trasladar a la paciente a un hospital por carretera o aire eran limitadas. Utilizando lo que teníamos a mano en la unidad de urgencias, conseguimos que naciese el segundo bebé.

La madre se quedó con nosotros tres días y después regresó felizmente a Am Doukhum con sus dos hijos. Yo también estaba feliz. Era mi primer parto en Tissi.”


En el Día Mundial de la Malaria, Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de que un aumento de la malaria puede tener graves consecuencias para la población de la provincia Oriental de la República Democrática del Congo (RDC) a menos que se adopten acciones inmediatas. La lucha contra los brotes recurrentes de la enfermedad en la provincia requiere un compromiso firme por parte de las autoridades congoleñas de salud y las organizaciones de ayuda, según MSF.

Bebé paciente de malaria en la provicia Oriental de RDC, julio de 2012 © Aurelie Lachant / MSF

Con la estación de lluvias a punto de comenzar, la situación es crítica en áreas remotas de la provincia Oriental, donde la malaria es una de las causas principales de mortalidad, de acuerdo con el coordinador de emergencias, Narcisse Wega. “Demasiados centros de salud carecen de los medios necesarios para afrontar un nuevo brote, lo que es completamente inaceptable”, dice Wega.

El brote de malaria, además, está previsto que se conjugue con una epidemia de sarampión que se cernirá en la provincia, y serán los menores de cinco años los más vulnerables.

En el último año, MSF ha actuado de emergencia para responder a un aumento dramático de casos de malaria graves en los distritos nortes de la ciudad de Kisangani. En las áreas de Ganga-Dingila, Buta y Aketi, casi 60.000 personas recibieron tratamiento y más de 3.500 tuvieron que ser admitidos en el hospital aquejados por la enfermedad.

Dos estudios de mortalidad llevados a cabo por MSF en 2012 muestran una mortandad extremadamente elevada en niños menores de cinco años. En la región de Pawa, los índices de mortalidad multiplicaron los niveles de emergencia por tres, con más de un niño muerto de cada diez, por no recibir tratamiento adecuado. Esta no es una situación única en RDC, donde los brotes son recurrentes también en las provincias de Maniema, Ecuador y Katanga.

La respuesta de emergencia de MSF durante 2012 reveló grandes deficiencias en el sistema de salud, y ello contribuyó a la severidad del brote. La misma situación se repite este año: las mosquiteras no han llegado a las áreas más vulnerables, así como tampoco suficientes equipos para diagnóstico rápido, de transfusión de sangre o medicamentos. Los equipos de transfusión son vitales para niños que sufren anemia causada por la malaria. Estos materiales indispensables no se encuentran en las listas de suministros requeridos por los donantes. El coste de los servicios de salud en RDC también impide a mucha población el acceso al tratamiento que necesitan.

MSF hace un llamamiento a la acción urgente de todos aquellos involucrados en la lucha contra la malaria en DRC. Tratamientos adecuados y pruebas rápidas de diagnóstico deben ser puestos a disposición de la población de la provincia Oriental lo antes posible, mientras que medidas de prevención como la distribución de mosquiteras debe iniciarse inmediatamente, antes de que el pico estacional de malaria se encuentre ya en apogeo. Si la actuación no es rápida y efectiva, MSF teme que las consecuencias para la población sean trágicas.

 

MSF trabaja en la RDC desde 1981. En 2012, MSF trató a más de medio millón de personas con malaria en el país, incluyendo un número muy elevado de niños menores de cinco años.


La temporada de lluvias y el aumento de la malaria coinciden con la época de mayor escasez de alimentos.

 

En 2013, se prevé tratar a 1,4 millones de niños con desnutrición aguda severa en Sahel; 1 de cada 5, en Níger.  Médicos Sin Fronteras (MSF) ha comprobado un aumento de los casos de desnutrición durante el primer trimestre del año, en relación al mismo período de 2012, en varios de sus proyectos en el sur del país. El número de casos de malaria tratados por la organización en algunas zonas también se ha incrementado en las últimas semanas. Con la estación lluvias a punto de empezar, y más picos de desnutrición y malaria previstos, MSF considera esencial trabajar en un enfoque integrado que se centre tanto en la prevención como en el tratamiento para reducir el impacto de las crisis médicas y nutriciones en los niños menores de 5 años en Níger.

En 2012, un pico de malaria más prematuro y prolongado provocó un gran aumento del número de niños desnutridos que tuvieron que ser ingresados con malaria severa y tratados de forma hospitalaria. Una encuesta de mortalidad retrospectiva realizada por MSF en los distritos de Madaoua y Bouza en 2012, reveló una tasa de mortalidad en menores de 5 años de 7 muertes por 10.000 niños al día; el triple del umbral de emergencia. Más de la mitad de las muertes se debieron a la malaria. Los datos no son extrapolables a todo el país pero muestran la grave situación humanitaria que se vivió en algunas zonas.

La malaria y la desnutrición están muy relacionadas. La época de escasez de alimentos entre cosechas, cuando se dan más casos de desnutrición, coincide con la estación de lluvias, cuando los mosquitos se reproducen y el número de casos de malaria se dispara. Ambas enfermedades crean un círculo vicioso: los niños desnutridos poseen un sistema inmunológico más debilitado así que son más vulnerables a enfermedades como la malaria y los niños enfermos de paludismo tienen más probabilidades de padecer desnutrición.

“Tenemos que actuar con urgencia para evitar que tantos niños sigan muriendo de causas prevenibles”, afirma Luis Encinas, responsable de proyectos de MSF en Níger, y añade: “Para combatir malaria y la desnutrición necesitamos enfoques innovadores y trabajar en dos niveles al mismo tiempo: el preventivo y el curativo”.

 

© Juan Carlos Tomasi / MSF

 

En los últimos años, las estrategias para luchar contra la desnutrición incluyen la prevención como uno de los componentes claves para abordar el problema. De igual manera, es imprescindible trabajar más en la prevención de la malaria, aplicando nuevas estrategias que ya han demostrado su eficacia.

En este sentido, MSF prevé implementar en algunas zonas de Níger una nueva estrategia para prevenir la malaria, conocida como quimioprevención de la malaria estacional (SMC, por sus siglas en inglés) que consiste en el suministro intermitente de un ciclo completo de tratamiento antipalúdico durante la época de malaria para prevenir nuevos casos. MSF implementó con éxito esta estrategia en Chad y Mali durante 2012, consiguiendo disminuir en un 66% el número de casos de malaria simple en Mali y un 78% en Chad.

 

Estas estrategias cruciales de prevención deben ser parte de un plan más ambicioso que aborde la desnutrición y la malaria como problemas de salud pública e integre su prevención y tratamiento dentro de las medidas básicas de salud dirigidas a los niños más pequeños, como la vacunación, y apoyadas con suplementos nutricionales para ayudar a los niños a crecer sanos. También es necesario mejorar el acceso de la población a la atención sanitaria, descentralizándola a las zonas rurales. En el distrito de Madarounfa, MSF ya lleva a cabo un programa con este enfoque integrado para reducir la mortalidad infantil.

“El esfuerzo para tratar la desnutrición en Níger es tremendo y hay que apoyarlo. El problema en 2012 fue que el plan masivo para tratar la desnutrición no incluyó otras necesidades médicas, en particular la malaria y la inmunización. Incluso con la nutrición apropiada, puedes perder a un niño por malaria y por infecciones respiratorias. Para la supervivencia del niño es necesario una respuesta integrada y no impulsar una u otra de forma exclusiva”, afirma José Antonio Bastos, presidente de MSF España.

La situación de seguridad en Níger, que se deterioró en 2012 y principios de 2013 debido a los conflictos en la región, puede obstaculizar el despliegue de la ayuda humanitaria en el país, por lo que es necesario anticiparse y elaborar estrategias alternativas que puedan ponerse en marcha incluso en condiciones difíciles.

 


Para hacer frente a la emergencia crónica, MSF llevó a cabo diferentes actividades en Níger en 2012 para mejorar el acceso a la salud en niños menores de 5 años y mujeres embarazadas. Los equipos médicos de la organización gestionaron programas nutricionales ambulatorios en 37 centros de salud en las regiones de Zínder, Maradi y Tahoua. Los pacientes que necesitaban ser hospitalizados eran tratados en los centros de nutrición de los hospitales de Zínder, Magaria, Madarounfa, Guidan Roumdji, Madaoua y Bouza.
Más de 90.000 niños con desnutrición aguda severa y 390.000 casos de malaria fueron tratados en 2012 en los centros médicos gestionados por MSF y sus contrapartes.

 


MSF apela a la Alianza Global para la Vacunación y la Inmunización (GAVI en inglés) y a las compañías farmacéuticas para que amplíen los descuentos de las vacunas y así poder dar cobertura a más niños.

Vacunación de sarampión en Etiopía © Sisay Zerihun

 

En la víspera de la cumbre de la Alianza Global para la Vacunación y la Inmunización presidida por Ban Ki-Moon, Bill Gates y el Jeque General y Príncipe de Abu Dhabi Mohamed bin Zayed Al Nahyan, la organización médico-humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) ha advertido de que los elevados precios de las nuevas vacunas podría sumir a los países en desarrollo en una situación precaria al no poder permitirse vacunar a su población infantil en un futuro.

 

“Se requiere una acción urgente para abordar el problema que suponen los precios prohibitivos que supone vacunar a un niño, que han subido un 2.700 por ciento en los últimos diez años,” afirma el Dr. Manica Balasegaram, Director Ejecutivo de la Campaña de MSF para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME). “Los países en los que trabajamos pronto perderán el apoyo que reciben de sus donantes para pagar las vacunas que necesitan, y tendrán que decidir qué vacunas pueden y no pueden permitirse para proteger a su población infantil contra enfermedades potencialmente mortales.”

 

La ‘Década de las Vacunas,’ la iniciativa mundial para los próximos diez años, se estima que tiene un coste de unos 43 mil millones de euros, con más de la mitad destinados a pagar las vacunas. En 2001, vacunar a un niño contra seis enfermedades costaba 1,05 euros. Con 11 vacunas incluidas en el paquete de inmunización actual, el precio total ha aumentado a 29,79 euros, en gran parte porque se han añadido dos nuevas vacunas muy caras contra la enfermedad neumocócica y el rotavirus, que representan las tres cuartas partes del coste. Éstas las producen solamente Pfizer, GlaxoSmithKline (GSK), y Merck. Las vacunas más nuevas son considerablemente más caras: vacunar a un niño contra el sarampión cuesta 0,19 euros, mientras que proteger a un niño contra las enfermedades neumocócicas cuesta en el mejor de los casos 16 euros.

 

MSF vacuna a millones de personas cada año y apoya plenamente la introducción de nuevas vacunas en los países en desarrollo. Pero las negociaciones entre compañías y la Alianza Global para la Vacunación y la Inmunización (GAVI), financiada mayoritariamente con los impuestos de los contribuyentes, no han conseguido reducciones importantes de precios en las vacunas más nuevas, lo cual aseguraría que un mayor número de niños pudiera beneficiarse de éstas. La raíz del problema está en la falta de transparencia por parte de las compañías sobre los costes de fabricación de las vacunas y su interés en los beneficios por encima de asegurar precios sostenibles para las vacunas destinadas a países con ingresos bajos.

 

Hace poco la GAVI ha anunciado un nuevo acuerdo para reducir el precio de la vacuna pentavalente. Éste es un excelente ejemplo sobre lo que la GAVI puede conseguir, especialmente cuando existen múltiples fabricantes de vacunas en una competencia de mercado saludable. La GAVI debería priorizar con urgencia más negociaciones para las dos vacunas más nuevas y más caras y las compañías farmacéuticas deberían sentarse a la mesa de negociaciones y ofertar a la GAVI algo mejor.

 

“Cuando el punto de partida son los precios inflados que fijan los países ricos, incluso el hecho de  una reducción del 90 por ciento supone pagar un precio demasiado alto que los países pobres no puedan permitirse durante un tiempo muy prolongado,” explica Kate Elder, Asesora de Políticas Vacunales de la CAME. “La meta aquí es conseguir vacunar a más niños con el dinero de los contribuyentes. Para ello, necesitamos ver precios no tan distantes del coste de producción. La GAVI debería hacer más para agilizar la entrada de fabricantes con precios más bajos, para que la competencia real pueda reducir precios. Esto es especialmente importante para las vacunas más rápidas que son irrazonablemente caros.”

 

A MSF también le preocupa el hecho de que las organizaciones no gubernamentales y lo actores humanitarios queden excluidos del acceso a los descuentos de precios negociados de la GAVI. MSF suele estar en situación de vacunar a grupos vulnerables, como niños refugiados, niños VIH positivos y niños sin vacunar que superan la franja de edad contemplada por los programas de vacunación estándar. Sin embargo, MSF no ha podido tener un acceso sistemático a los precios más bajos negociados por la GAVI, teniendo que recurrir a largas negociaciones con Pfizer y GSK estos últimos cuatro años para acceder a la vacuna neumocócica. Aunque las compañías han ofrecido donaciones a MSF, esto no es una solución sostenible a largo plazo para la organización que trabaja para responder de inmediato a las necesidades en el terreno y desea expandir la vacunación a grupos vulnerables en un número de países cada vez mayor.

 

“Pedimos a la GAVI que las vacunas de precios reducidos estén al alcance de los actores humanitarios, y ya que estos suelen estar mejor situados para inmunizar a las poblaciones en situación de crisis,” concluye al Dr. Balasegaram.


El equipo que trabaja en uno de los hospitales del Norte de Siria ha tenido que aprender a adaptarse a situaciones cambiantes. Las líneas del frente se han alejado y con ello el número de pacientes ha disminuido, pero en los últimos meses el número de víctimas por quemaduras graves se ha incrementado.

 

© Ricardo Fernandez Sanchez / MSF

 

Durante el invierno, las familias obtienen calor a través de hornos o estufas rudimentarias. Los accidentes domésticos ocurren frecuentemente y muchos cuando se producen disparos o explosiones  que pueden producir que la estufa reviente o que el combustible se incendie. “Atendemos quemados varias veces por semana”, explica Anne-Marie Pegg, médico de emergencias de MSF. “Las partes del cuerpo afectadas usualmente son la cara y las manos”.

 

Cuando un gran quemado llega a emergencias, la primera tarea de los equipos es disminuir el dolor, agónico y, acto seguido, conectarle a un gotero con el objetivo de reemplazar los fluidos que haya ya podido perder. Entonces se procede al tratamiento de las heridas y a retirar la piel muerta, que puede ser foco de infección. Una vez finalizado se venda al paciente, algo que sólo puede hacerse en la sala de operaciones bajo anestesia. El cirujano usa compresas esterilizadas impregnadas de crema antibacteriana que pueden ser retiradas y cambiadas cada dos o tres días sin rasgar la piel.

 

© Ricardo Fernandez Sanchez / MSF

 

La tarea de un fisioterapeuta en el equipo es también importante dado que en algunos casos se requiere entablillar extremidades para que permanezcan lo más extendidas posibles y evitar así que cuando la piel cicatrice los miembros no se retraigan y pierdan movilidad al sanar en una posición errónea. Una estrategia que se utilizó en el caso de una niña de seis años que tenía quemaduras graves en la rodilla. En el caso de un niño, afectado por quemaduras en las manos, “coloqué un apósito enrollado en la palma de la mano, para que mantuviera su posición funcional, para que luego pueda mantener el movimiento habitual de cada día”, explica Ricardo fisioterapeuta de MSF.

 

El tratamiento de la cara es más complicado y requiere el uso de una máscara termoplástica que previene la retracción de la piel durante la cicatrización y posibilita el mantenimiento de los rasgos faciales. “Cubrí la cara del niño con compresas estériles e hice un molde termoplástico,  con cuidado en resaltar las áreas heridas. Entonces hice una máscara de yeso, mi positivo”. Del positivo, entonces, se obtiene la máscara final a situar en la cara del paciente, todo ello bajo anestesia.  La máscara se va ajustando a medida que el proceso de cicatrización avanza, “cuando la hinchazón baja hay que ir vaciando también la máscara, alrededor de las mejillas y la barbilla, para adaptarla a la forma facial”.

 

La atención a grandes quemados también supone el seguimiento de estrictas medidas de higiene, dado que estos pacientes mantienen un elevado riesgo de infección. Sus necesidades nutricionales también son mayores, el doble que un paciente normal. “Su dieta debe incluir muchas proteínas”, dice Pegg. “Una alimentación adecuada es clave para la sanación”.

 

No siempre es suficiente. El cirujano puede verse obligado a hacer injertos de piel, con lo que el proceso de cicatrización se alarga. Una vez dado de alta, el paciente debe volver al hospital cada tres días para el cambio de vendaje y para fisioterapia.

 

El invierno en Siria llega a su fin. En total el equipo de MSF ha tratado a 85 grandes quemados sólo entre enero y marzo.


Después de semanas de inundaciones, la población de la región del Delta del Tana se encuentran todavía con enormes necesidades de comida, refugio y acceso a agua potable y servicios médicos. Médicos Sin Fronteras (MSF) hace un llamamiento para que se procure una mayor asistencia coordinada a las miles de personas desplazadas por las inundaciones.

 

Campo de Dalango, delta del Tana, Kenia. © MSF

MSF ha estado trabajando en el área desde el inicio de las inundaciones procurando atención médica y distribuyendo material no sanitario a los desplazados. La organización médico-humanitaria ha distribuido mosquiteras y lonas plastificadas para la construcción de tiendas a más de 900 familias que se han refugiado en campos de desplazados. Sin embargo, existe una urgente necesidad de alimentos, dado que la mayoría de la población ha visto cómo sus cosechas y sus animales desaparecían bajo las aguas.

“Dejé Chewele hace una semana y media, después de perder todas mis pertenencias en las inundaciones. Por lo menos, conseguí sacar a mis cinco hijos gracias a los esfuerzos de la comunidad. Todas mis cabras y vacas se han ahogada. Ahora estoy aquí y me han donado algunos utensilios, pero no tengo nada que cocinar en ellos”, dice Riziki Juma, de Chewele, que ahora vive en el campo Molokani.
Cerca de siete mil residentes de la región, desplazados por inundaciones recientes no tienen acceso a servicios sanitarios, dado que las estructuras actuales presentan carencias graves en medicamente. Parte de la población se ha visto aislada totalmente por la riada. En sólo dos semanas, MSF ha consultado y tratado a 700 desplazados en Bura, afectados fundamentalmente por infecciones respiratorias, diarrea, gastroenteritis y enfermedades parasitarias. Estas poblaciones no tienen acceso a cuidados médicos por las dificultades en el acceso a las estructuras de salud. En muchos centros sanitarios existe gran carencia de material, personal y medicamentos. “Mucha gente está enferma. Yo tengo un fuerte dolor en el pecho, pero aquí estamos viendo enfermedades de todo tipo”, dice Nura Abdala, de Shida Adabu y madre de tres niños pequeños, todos ellos desplazados al campo Molokani.

La crecida del río Tana se inició por las fuertes lluvias de hace tres semanas y es el que ha generado las fuertes inundaciones en el zona. Con la crecida, la calidad del agua potable se ha empobrecido y el sistema de letrinas ha desaparecido. MSF apoya a la comunidad local en las áreas de Bura y Garsen, mientras que en los campos de Dalango y Molokani se está construyendo nuevas letrinas y abasteciendo de agua y servicios sanitarios. Se reparten asimismo tabletas de purificación.
“Estamos preocupados por la posible erupción de enfermedades que se transmiten por el agua o por los mosquitos (malaria o cólera), que son habituales en situaciones de inundaciones. Estamos controlando la situación para poder detectar y mitigar cualquier brote epidémico lo antes posible”, explica Marta Kihara, coordinadora médica de MSF en Kenia.


MSF lleva trabajando en Kenia desde 1987. La organización médico-humanitaria controla la situación en otras áreas afectadas por las inundaciones y crecidas de río como Nyanza y Turkana. La organización tiene también proyectos en Kibera, Mathare, Homa Bay y en el campo de refugiados de Dadaab, además de responder a las emergencias que se puedan suceder en el país.


Por Asia Kambal, responsable de Comunicación de Médicos Sin Fronteras en Sudán

Sameera*, de 15 años, llevaba dos días de parto cuando su familia decidió salir de los valles y los campos de cultivo de Jurajeem para buscar la ayuda de un médico. Tras un día de viaje, llegaron a Um Baru, un poblado en la región sudanesa de Dar Zaghawa, donde gestionamos un centro de salud. La comadrona Halom Abdalá atendió a Sameera. Los partos largos y sin asistencia tienen el riesgo de provocar fístulas e incluso la muerte de la madre o el bebé. Afortunadamente, tres horas después, Sameera dio a luz a un bebé sano.

 

En la región de Dar Zaghawa, muchas embarazadas como Sameera buscan atención médica cuando su situación es grave, o a veces cuando ya es demasiado tarde. Sameera y su bebé han tenido suerte. Una encuesta oficial sudanesa de 2010 muestra que la mortalidad materna en la zona se eleva a 640 mujeres por cada 100.000 bebés nacidos al año. En Jartum pierden la vida 389 mujeres y en Europa 20, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

 

Las vidas de los bebés también están en riesgo en Sudán. La mortalidad neonatal es de 33 por cada 1.000 nacidos vivos. En Europa, una media de 7. Halom me contaba que en esta zona, las mujeres a menudo dan a luz con ayuda de parteras tradicionales, que no tienen la formación o las habilidades necesarias para atender partos complicados. En casos como el de Sameera, madre primeriza, “había una alta probabilidad de que perdiéramos al niño, la madre o ambos”, me decía.

 

El bebé de Sameera, nacido en el centro médico de MSF en Um Baru, Darfur (© Asia Kambal/MSF)

 

Las que pueden sufrir más complicaciones son las adolescentes, ya que su cuerpo aún no se ha desarrollado del todo. Tienen riesgo de sufrir anemia y hemorragias después del parto. También es posible que los niños nazcan de forma prematura y con menos peso. La atención de una comadrona, un médico o un obstetra durante el parto y las primeras horas que lo siguen es esencial tanto para la joven como para el recién nacido.

 

Las hemorragias después del parto y las infecciones son los principales motivos de mortalidad materna. Pero incluso en lugares como Um Baru es relativamente fácil evitar estas muertes. Hacerlo requiere tener medicamentos y personal preparado. Además de los centros de salud, otras instalaciones están ganando popularidad, como las casas de espera, donde las mujeres de zonas remotas con embarazos de riesgo pueden quedarse antes de dar a luz para asegurarse de que llegan al hospital cuando el parto comienza. MSF ha abierto una este año, con 20 camas, en Tawila.

 

La realidad es que no hay suficientes centros de salud o parteras para atender a las mujeres de la región de Dar Zaghawa, donde viven 20.000 personas. Además de los dos doctores y la comadrona de MSF, las tres comadronas del Ministerio de Salud son las únicas con la formación y los medios necesarios para atender partos complicados. En Um Baru, situado a unos 300 kilómetros de El Fashir, la capital del estado de Darfur del Norte, Halom es la única comadrona. Para muchas mujeres, el centro de salud más cercano es el de Um Baru y a veces tardan días en llegar: a Sameera le costó un día entero porque vino en un carro tirado por un burro. Pocas familias pueden alquilar un coche incluso cuando el parto es inminente.

 

Educar a las mujeres sobre la importancia de que vayan al hospital para tener un parto seguro es una parte crucial de la ecuación. MSF cuenta con un equipo de trabajadores comunitarios (medio centenal en 2012) en los centros que apoya en Dar Zaghawa, Shangil Tobaya y Tawila: su misión es hacer visitas en pueblos y casas para explicar a la gente los beneficios de la atención prenatal y posnatal, la necesidad de tener partos seguros en el hospital, la planificación familiar, la lactancia materna y las vacunas. Esta estrategia ha sido buenos resultados: el número de mujeres que buscaban atención posnatal se han quintuplicado y hemos atendido a 12.500 mujeres durante el embarazo. Pero queremos llegar a más mujeres.

 

*El nombre se ha cambiado para proteger la identidad de la paciente.

En 2012, MSF atendió 900 partos en Darfur del Norte.