MÉDICOS SIN FRONTERAS

La organización médico-humanitaria intervino durante tres meses en la zona tras ser alertada por las autoridades de una “misteriosa” enfermedad.

Hospital de Lulingu, República Demócrática del Congo. Junio de 2013 © José Sánchez / MSF

Aún en una zona donde la malaria es vieja conocida, los habitantes no dudaron en atribuirlo a la brujería: cada día morían niños en Lulingu y Tchonka, por razones desconocidas. Muchos niños. La zona es extremadamente remota: no lo parecería, porque está a “sólo” 300 kilómetros de la ciudad de Bukavu. Por unos caminos impracticables que suponen un viaje de entre ocho y diez días. O por avión. Que es como tuvo que aprovisionarse el equipo de MSF llamado a intervenir por las autoridades locales ante una epidemia extraña, que mataba a los niños de los pueblos. Tras diagnosticar la enfermedad como un brote muy virulento de malaria y tres meses de intervención con el tratamiento de 7.657 pacientes en los hospitales y centros de salud de Lulingu, Katchungu y Tchonka y reducir drásticamente la tasa de mortalidad, Helena Valencia, coordinadora de terreno de la emergencia valora la operación.

“Ha sido una intervención muy satisfactoria, la gente lo atribuía a algún tipo de brujería porque la tasa de mortalidad entre los niños era muy elevada, morían cada día en el hospital de Lulingu unos ocho niños. Tras nuestra llegada, con un diagnóstico acertado, la gente pudo ver que con tratamiento adecuado, en tres días la enfermedad revertía y ya no tenían que enterrar a sus muertos”.

En la zona de Lulingu, donde MSF ya había intervenido en una operación de emergencia similar el pasado año, la malaria es endémica. Con numerosos estanques, los mosquitos portadores de la enfermedad se multiplican. En una zona minera, donde apenas se cultiva mandioca para sobrevivir y se complementa con pescado seco extraído de los estanques, la malaria se ceba. Especialmente en los pequeños, con menos defensas. Si se presenta con complicaciones, con desnutrición, con sarampión o se agrava al crear anemia en el infectado, la letalidad se dispara y los niños son los más afectados.

“Es una zona muy pobre, pueblos que vivieron épocas mejores en el pasado, pero en los que ahora no hay ninguna inversión, no hay trabajos, sólo hay minería extractiva ilegal y una zona muy volátil controlada por señores de la guerra, grupos armados. En las inmediaciones se encuentra una de las minas de oro más importante del Este de Congo”, contextualiza Valencia, “no hay opciones de progreso. Es tierra de nadie y en conflicto entre los Raïa Mutomboki (grupos armados de autodefensa) y las FARDC (ejército regular de RDC)”.

Como en el resto del país, la opción de acudir al hospital no es la prioritaria cuando se enferma, porque tienen que pagar por los servicios médicos.” Así que prefieren ir a la “chambre de priére” y encomendar su enfermo a los representantes religiosos. Sólo cuando el paciente está muy grave se plantearán acudir al hospital”. Y a eso hay que sumarle que llegan desde pueblos distantes, lo que puede suponer largas horas caminando: entonces los enfermos ya llegan extremadamente graves. La intervención de MSF, gratuita para la población, tuvo, lógicamente, un efecto llamada, “llegaron muchos pacientes y se pudieron salvar a muchos”.

La operación supuso transportar por avión todo el material necesario: generadores, medicinas, instrumentos de diagnóstico, motos para facilitar el desplazamiento en la zona, “para desmantelar la emergencia fueron cuatro toneladas de material y 24 personas las que trasladamos”. MSF completó asimismo una campaña de prevención mediante el reparto de 15.000 mosquiteras cedidas por UNICEF que supuso movilizar también a promotores de salud comunitarios que explicaran la necesidad de utilizarlas correctamente y la importancia de detectar la enfermedad lo antes posible para una cura más efectiva y rápida. La organización médica realizó una donación de material al hospital de Katchungu, mientras en Lulingu, en el hospital se rehabilitó y organizó el espacio de farmacia, mientras se formó al personal de laboratorio en el diagnóstico precoz de la enfermedad.

“El cierre de la emergencia se hizo de forma natural. La gente, en la calle incluso, te paraba, estaba muy agradecida porque los niños habían dejado de morir. Sabían que MSF había estado antes, habíamos vuelto entonces y por ello confían que si vuelve a suceder algo similar regresaremos. Se hizo un acto público, se les informó de que su situación y seguiremos haciendo controles epidemiológicos”.


Estaban allí sobre un platito de café, cinco cápsulas color amarillo chillón, una tableta grande blanca y una cápsula marrón. Con un gesto decidido y de un sólo trago, Phumeza Tisile puso fin a su ritual diario de los últimos dos años.

Phumeza y su última toma © Sydelle WIllow Smith

Después de haber tomado un total de 20.000 píldoras para tratar de curarse de la tuberculosis extensivamente resistente a los medicamentos (XDR-TB por sus siglas en inglés), la variante más grave de la tuberculosis resistente a los medicamentos (MDR-TB), aquellas siete píldoras eran por fin las últimas. Por eso, cuando posó de nuevo el vaso de agua en la mesa, no pudo evitar derramar unas lágrimas de emoción. “Se acabaron los sufrimientos, se acabaron las pastillas, se acabaron las inyecciones”.

“Nunca pensé que llegaría este día”, afirma Phumeza resplandeciente, “¡He vencido a la XDR-TB! El haber conseguido curarme me llena de alegría. Al principio tuve mucho miedo, pero en el fondo siempre tienes esperanza de que puedes curarte. No quería convertirme en otra estadística negativa de la tuberculosis, quería vivir y eso fue lo que me mantuvo al pie del cañón”.

Contra todo pronóstico y tras dos arduos años de tratamiento, Phumeza ha vencido a la XDR-TB. La enfermedad tiene menos de un 20% de probabilidades de curación, pero su diagnóstico llegó tan tarde que sus posibilidades de supervivencia eran incluso menores. Las pruebas disponibles en el sector público surafricano no son las mejores y pasan muchos meses hasta que se obtiene una confirmación de la enfermedad.

Hasta que recibió la noticia de que padecía la XDR-TB, el hospital público en el que fue atendida le estuvo suministrando un tratamiento inefectivo para la TB sensible a los medicamentos. Y cuando por fin empezó a recibir el tratamiento adecuado, también sufrió los graves efectos secundarios que afectan a las personas que siguen el tratamiento para la DR-TB, incluida una sordera permanente que desgraciadamente le acompañará de por vida.

Dos obstáculos: diagnóstico y tratamiento

Para cuando la Dra. Jennifer Hughes, doctora especialista en tuberculosis de Médicos Sin Fronteras, se hizo cargo de su caso en Khayelitsha, ya habían pasado nueve meses desde que Phumeza comenzara a ser tratada sin éxito contra la TB sensible a los medicamentos en los hospitales del sector público. Para Hughes, la historia de Phumeza ilustra a la perfección los dos grandes obstáculos existentes para tratar de forma efectiva la TB resistente a los medicamentos: la falta de herramientas diagnósticas para detectar la XDR-TB a tiempo y la gama limitada de medicamentos para combatirla.

“Debido las enormes limitaciones que existen a día de hoy para hacer un diagnóstico correcto, Phumeza no empezó a recibir un tratamiento adecuado desde el principio, lo cual supone, tanto para ella como para todos los pacientes afectados por la DR-TB, una reducción enorme en sus posibilidades de acabar siendo curados. Necesitamos mejores métodos de diagnóstico y que estos estén disponibles en el sector público si queremos salvar vidas y luchar contra la DR-TB”, explica la Dra. Hughes. “Y por otro lado, dadas las limitadas probabilidades de éxito que tenemos con los medicamentos actuales, también es crucial que encontremos y utilicemos mejores tratamientos para los pacientes como Phumeza”.

Para los pacientes que intentan vencer a las distintas variantes de TB resistentes a los medicamentos, los dos años de doloroso tratamiento que deben seguir son extenuantes. “Tenía que tomar por lo menos tres medicamentos distintos, más de 20 píldoras al día, suplementos e inyecciones. Demasiado”, declara Phumeza, que empezó a referirse a las píldoras como “pequeñas cabronas” porque los efectos secundarios que le causaban la hacían sentir fatal. Si nos referimos a inyecciones, el número también asusta: más de 200 a lo largo de estos dos años. 5 a la semana durante 6 meses. “Y son dolorosísimas”, añade Phumeza.

La nueva esperanza, para quien pueda pagarla

Uno de los medicamentos que la Dra. Hughes atribuye a la cura de Phumeza es el Linezolid, un antibiótico de acción sistémica y fácil absorción que Phumeza recibió como parte del régimen reforzado que MSF ofrece en su programa de Khayelitsha. Para combatir la XDR-TB, los doctores de MSF proporcionan a los pacientes combinaciones adaptadas a cada uno de los casos. Y con el objetivo de mejorar el régimen estándar actual para la XDR-TB, siempre se utiliza las gama de medicamentos nuevos más efectivos que esté disponible.

Aunque los datos de MSF han demostrado prometedores resultados cuando se administra Linezolid como parte del régimen de tratamiento de la XDR-TB, en Sudáfrica este medicamento no puede conseguirse para el tratamiento de la TB. La razones son dos: es muy caro porque está patentado, y el producto disponible no está registrado como tratamiento contra la DR-TB en Sudáfrica, lo cual hace que sea muy difícil de obtener a través de las estructuras públicas.

La compañía farmacéutica Pfizer es el único proveedor de Linezolid en Sudáfrica porque es titular de múltiples patentes sobre el medicamento. Con los precios que cobra Pfizer, un tratamiento de dos años para un paciente con DR-TB como Phumeza cuesta casi 36.000€ (493.000 ZAR) por paciente. Y además hay que comprarlo en el sector privado.

Existen versiones genéricas de linezolid de calidad y más asequibles en otras partes del mundo, pero a pesar de las peticiones de MSF para que el Departamento de Sanidad de Sudáfrica tome cartas en el asunto, éste todavía no ha intentado hacer uso de las flexibilidades legales que disponen los acuerdos internacionales, lo cual podría servir para superar las barreras de las patentes y poder así acceder al linezolid más barato.

Apoyo a través de su blog

Durante su odisea de dos años, Phumeza escribió en un blog sobre las frustraciones diarias y los numerosos obstáculos a los que tenía que enfrentarse en el camino: “El apoyo de las personas que siguieron mi blog me ayudó a seguir adelante. Leían mi blog, rezaban por mí, me animaban con comentarios que me motivaban. Esto me ayudo a conservar la esperanza de que un día podría librarme de la XDR- TB” , explica Phumeza.

Recuperando su futuro

Ahora, ya curada de la XDR-TB, Phumeza puede retomar sus sueños de seguir estudiando, aunque su batalla contra la XDR-TB ha hecho que cambie de dirección. “Tras la experiencia de haber padecido la XDR-TB, no soy la misma persona que solía ser. Quiero matricularme en la universidad de nuevo. Sé que será difícil debido a mi sordera. El mundo de los negocios no me aceptará, pero quizás pueda seguir una carrera relacionada con la sanidad”.

 


Durante las dos últimas semanas, decenas de miles de desplazados han estado malviviendo en precarias condiciones en la región de Ituri (Provincia Oriental), en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC).

© Cyril Dessed/MSF

Desde el pasado 22 de agosto, el ejército congoleño y la milicia Fuerza de Resistencia Patriótica de Ituri (FRPI) combaten por el control de las áreas meridionales de esta región, y miles de personas se han visto obligadas a huir de sus casas. Médicos Sin Fronteras (MSF) ha reforzado sus actividades médicas en Gety con el fin de asistir a la población desplazada.

El equipo de MSF, presente en Gety durante los recientes enfrentamientos, ha visto triplicarse el número de consultas médicas desde la llegada de los desplazados. MSF ha abierto otros dos puestos de salud cerca de los campos donde se asientan, y los equipos de la organización están atendiendo más de 500 consultas diarias.

Los líderes comunitarios de Gety estiman que la población se ha quintuplicado en apenas unos días. MSF trabaja a destajo para proporcionar también agua potable para unas 20.000 personas.

Imagen de previsualización de YouTube

“Grandes concentraciones de personas están viviendo en condiciones precarias”, explica Marc Poncin, coordinador de Emergencias de MSF. La organización sigue evaluando la situación de salud en el área, y tiene previsto construir lo antes posible unas 800 letrinas en estos campos. Así mismo, distribuirá kits con plásticos, mantas, mosquiteras y jabón para 10.000 personas asentadas en Gety y alrededores.

“La situación humanitaria en Ituri es alarmante. Desde 2008, no se había producido una ola de desplazamiento tan grave como esta en esta región”, señala Poncin. “Responder a las urgentes necesidades de la población en pleno conflicto armado es un desafío enorme. MSF es la única organización humanitaria presente en estos momentos en la región, y no está en posición de responder a todas las necesidades de esta población, en especial en términos de cobijo, comida y otros bienes esenciales”.


MSF trabajó en Gety por primera vez en 2006, para prestar asistencia a la población que huía de los combates entre ejército y milicias. La organización tiene presencia continua en la región desde 2008, respaldando tanto al centro de salud como al Hospital General de Gety.

 

 


La organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) denuncia que la población civil ha sido víctima deliberada de ataques en la oleada de violencia que tuvo lugar el pasado lunes en Bouca, en el norte de la República Centroafricana (RCA). En dicha población, MSF ha atendido a un total de 26 heridos por machete y arma de fuego, entre los cuales había ocho mujeres y seis niños.

Atención a pacientes en Bouca, RCA © MSF

El epicentro de la violencia tuvo lugar el lunes en esta población situada 325 kilómetros al norte de la capital, mientras que a lo largo del fin de semana fue la región vecina de Bossangoa la que se llevó la peor parte. Estos ataques ocasionan un sufrimiento adicional a una población civil que lleva meses sometida a la violencia y a desplazamientos forzosos. Los hospitales de MSF en las localidades de Bossangoa, Batangafo y Paoua han registrado asimismo un aumento constante de víctimas de ataques violentos a lo largo de las últimas semanas.

El combate se inició en Bouca alrededor de las seis de la mañana del lunes. Hombres armados, supuestamente leales al defenestrado presidente François Bozizé, irrumpieron en la población. Se retiraron poco antes de que un grupo de la coalición Séléka se hiciera de nuevo con el control del pueblo. Un total de 26 heridos fueron asistidos por MSF, mientras cinco de los más graves tuvieron que ser trasladados al hospital de Batangafo (localidad situada a unos cien kilómetros de Bouca) en estado crítico. MSF se muestra profundamente preocupada por los ataques a la población civil y por las atrocidades perpetradas en la localidad por ambos contendientes (a un indeterminado número de civiles muertos se unen ejecuciones sumarias y decenas de casas en llamas). La organización médico-humanitaria está asimismo alarmada por las consecuencias de la virulenta retórica sectaria de la que están haciendo uso los combatientes -iniciada a raíz de la rebelión de la coalición de grupos armados Séléka, opuestos a Bozizé- y que podría motivar un recrudecimiento aún mayor de la violencia.

“Estamos tremendamente preocupados ante la posibilidad de que haya una nueva escalada de violencia en todo el país y de los ataques que podrían sucederse como represalia”, explica Sylvain Groulx, coordinador de proyectos de MSF en la RCA.

Buena parte de los vecinos han huido del pueblo, al tiempo que sus casas se convertían en pasto de las llamas y cerca de 300 personas han buscado refugio en el recinto de la misión católica que existe en Bouca. MSF iniciará clínicas móviles para evaluar la situación de aquellos que se refugian en el bosque y también la de aquellos que han sido acogidos en el recinto religioso.  “La consecuencia inmediata de esta nueva ola de violencia en Bouca es que a día de hoy hay más familias expulsadas de sus casas. Muchos se han visto forzados a esconderse en el bosque, lo cual les hace más vulnerables a las picaduras de los mosquitos y, por lo tanto, a contraer la malaria, una de las enfermedades más comunes y letales en el país”, continúa Groulx.

Por otro lado, en el pueblo de Bossangoa, los equipos de MSF se muestran alarmados al haber recibido en las últimas dos semanas a más de veinticinco personas con heridas provocadas por machetes y por disparos de bala. Esta escalada en violencia sectaria está sembrando el pánico en las diferentes comunidades, lo cual ha hecho que en Bossangoa, al igual que en Bouca, buena parte de la población haya abandonado el pueblo en busca de refugio.

MSF muestra también su preocupación por las informaciones recibidas en los últimos días sobre ataques al personal sanitario y a trabajadores humanitarios y condena enérgicamente el asesinato de dos trabajadores de ACTED el pasado sábado en Bossangoa.

“MSF denuncia estos horrendos actos de violencia contra la población y recuerda que todos los combatientes deben respetar a la población civil, al personal médico y a los trabajadores humanitarios”, exhorta Groulx.

Por el momento, MSF mantiene todas sus actividades médicas en el país, aquellas ya establecidas antes del golpe de Estado y aquellas recientemente iniciadas para responder a las necesidades más urgentes de una población en permanente huída, afectada por niveles muy elevados de malaria y por el hundimiento y ausencia del sistema de salud público en el país. MSF tiene siete proyectos regulares enRCA y ha iniciado varias intervenciones de emergencia en cuatro localidades más.

 


Malaria y desnutrición se ceban con la población de un país que vive anclado en una situación de emergencia crónica.

Proyecto de emergencias pediátricas en Bria, RCA. Agosto de 2013. © Jacob Zocherman/Kontinent

Si bien es cierto que la República Centroafricana lleva décadas sumida en un profundo caos político y militar, en los últimos años sus problemas se han agravado hasta un punto que resulta completamente crítico. A día de hoy el país se encuentra anclado en una situación de emergencia humanitaria crónica que ha tocado su techo con el golpe de Estado del marzo pasado. Desde entonces, y a pesar del tiempo transcurrido, el escenario en el que vive la gran mayoría de centroafricanos no ha hecho más que empeorar.

En un momento en el que el número de casos de malaria toca su pico anual, y haciendo frente a una importante escasez de equipos médicos y de personal sanitario, el sistema de salud, ya debilitado por los largos años de crisis, es incapaz de satisfacer las cada vez más acuciantes necesidades médicas de la población. Como prueba de ello, las campañas de vacunación y el suministro de medicamentos, en especial todos aquellos destinados a tratar a los pacientes con tuberculosis y VIH/SIDA, se han interrumpido ante el aumento de la violencia y la inseguridad.

Paoua – un lugar tranquilo que ha visto interrumpida su apacible calma

En varias regiones del país, MSF ha adaptado las actividades que llevaba a cabo a la nueva situación. En otros lugares, la organización ha abierto nuevos proyectos con los que tratar de aliviar las necesidades de la población. En Paoua – una ciudad en el noroeste del país que hasta ahora había permanecido relativamente al margen de los acontecimientos, y que en gran parte se había librado de sufrir los enfrentamientos y la violencia que imperan en República Centroafricana - la situación de seguridad se ha deteriorado considerablemente en las últimas semanas. El hospital de referencia de la ciudad, donde MSF lleva trabajando desde el año 2006, recibe con preocupante frecuencia a muchos heridos de bala, en ocasiones hasta 5 ó 6 en un mismo día. Mucha gente de los alrededores de Paoua está huyendo de sus casas ante la amenaza de nuevos ataques por parte de hombres armados y por el temor a las atrocidades que se puedan cometer.  “Cientos de personas han llegado hasta Paoua huyendo del conflicto, lo que supondrá un incremento importante en el volumen de trabajo del hospital. Estamos reforzando las áreas de pediatría, cirugía, maternidad, hospitalización y tratamiento del VIH y la tuberculosis y ya hemos puesto en marcha varias campañas de vacunación”, afirma Ellen van der Velden, coordinadora general de MSF.

Bria – un nuevo programa pediátrico y de vacunación

El 5 de agosto se inauguró en Bria, una localidad situada al este del país, un programa pediátrico para niños de hasta 15 años. “En esta zona totalmente abandonada y aislada, cuya situación sanitaria fue evaluada por MSF en mayo pasado, recibimos a casi 800 pacientes ambulatorios en la primera semana de actividades. Y el número no ha dejado de aumentar desde entonces”, comenta Jordan Wiley, coordinador general de otra de las secciones de MSF. “Más de tres cuartas partes de los niños que vimos sufrían malaria. Tuvimos que hospitalizar a 36 de ellos, particularmente a los que sufrían las formas más graves de la enfermedad y también a aquellos con infecciones respiratorias o diarrea. Por otro lado, estamos tratando de poner todos nuestros esfuerzos en reiniciar los programas de vacunación en la zona”, concluye Jordania.

Boguila y Bossangoa – malaria, víctimas de la violencia y desnutrición

Tanto el proyecto regular de Boguila, como el que se acaba de abrir para cubrir la emergencia en Bossangoa, localidades situadas ambas al norte de la capital, se enfrentan a la cada vez mayor afluencia de nuevos casos de desnutrición y la malaria. Los enfrentamientos entre los diferentes grupos armados que operan en la región de Bossangoa -cuyas víctimas son tanto combatientes como civiles- son una constante en las últimas semanas. Los equipos de MSF se centran en el tratamiento de la malaria, la diarrea y la desnutrición, así como en la atención a las víctimas de la violencia, entre los cuales se dan muchos casos de víctimas de violencia sexual. Actualmente se llevan a cabo unas 200 consultas diarias para niños menores de cinco años y también se ha reanudado el tratamiento antirretroviral y contra la tuberculosis a 350 pacientes que no disponían de acceso a sus medicamentos desde que tuvo lugar el golpe de Estado.

En Boguila, muchas de las familias que tuvieron que huir de sus casas a causa de la violencia siguen viviendo ocultas en el monte, sin medios de subsistencia y expuestas a los elementos. Los equipos ambulatorios de MSF acuden a su encuentro y día tras días se llevan de vuelta con ellos un gran número de niños enfermos y/o desnutridos que requieren hospitalización. En julio de 2013 se proporcionaron 8.556 consultas, frente a las 5.673 del mismo mes en el año anterior.

Batangafo – 31.500 casos de malaria en 7 meses

El hospital Batangafo, localidad situada en centro-oeste del país, ha presenciado un incremento brusco y repentino en el número de pacientes que ingresan con lesiones provocadas por la violencia: en apenas unas semanas han sido ingresados 18 heridos de bala entre los que hay tanto combatientes como civiles. Los equipos de MSF siguen trabajando en el hospital y también en algunos centros de salud ubicados en las afueras de la ciudad. Tres veces a la semana, los equipos móviles de MSF se desplazan por la región para prestar asistencia a aquellas personas que siguen sin poder regresar a sus hogares. La malaria continúa siendo la principal patología encontrada: 31.556 casos entre enero y julio (unos 4.500 de media cada mes), de los cuales 1.818 tuvieron que ser hospitalizados. El 83% de los 1.818 pacientes hospitalizados en este período son niños menores de cinco años de edad que sufrían malarias graves con complicaciones por anemia y/o desnutrición severa. Entre enero y julio de 2013, el hospital recibió un total de 38.000 pacientes, lo cual supone un incremento de 5.000 pacientes con respecto al mismo periodo del año anterior.

MSF amplió a principios de agosto sus actividades en la región, lo cual ha llevado a que uno de sus equipos esté trabajando ahora mismo en Bouca, a unos 100 km. de Batangafo, con un programa de atención médica destinado específicamente a las madres y a sus hijos. De los 1.200 pacientes que han pasado por la consulta desde la apertura de este proyecto, 700 sufrían malaria. Del mismo modo, en los hospitales de Kabo y Ndele, en el norte de la RCA, la mayoría de las consultas fueron por casos de malaria (14.268 casos de un total de 35.424 consultas en Kabo y 4.916 casos de un total de 15.774 en Ndele). Asimismo, durante el primer semestre del año, en los 11 centros de salud que MSF apoya en la región, se llevaron a cabo un total de 52.169 consultas más.

Gadzi – luchando contra el sarampión, la desnutrición y la malaria

En Gadzi, al oeste de la República Centroafricana, MSF ha abierto un nuevo programa de emergencia pediátrica para luchar contra la epidemia de sarampión. “En los próximos días vacunaremos contra la polio a unos 12.000 niños menores de cinco años, que recibirán también un tratamiento contra los parásitos intestinales”, explica Sylvain Groulx, coordinador de la tercera sección de MSF presente en el país. “El otro objetivo de este nuevo proyecto es hacer un seguimiento y monitorear el estado nutricional de los niños. Se han establecido siete centros nutricionales en la zona y hemos instalado un centro de estabilización para los casos más graves en el propio Gadzi. En las pocas semanas que lleva abierto, se han llevado a cabo 1.175 consultas, de las cuales un 60% se debieron a casos de malaria”.

Bangui – la violencia también toca a los equipos de MSF en la capital

La madrugada del 27 de agosto, entre 4.000 y 5.000 personas se vieron obligadas a huir de sus hogares ante la nueva incursión de Seleka en uno de los barrios ubicados al norte de Bangui. Los vecinos corrieron a buscar refugio en la pista del aeropuerto de la ciudad, bloqueando el tráfico aéreo del país durante horas.

Hace una semana, un equipo de trabajadores de MSF fueron atacados en Bangui por hombres uniformados y armados. El vehículo en el que se desplazaban fue robado, aunque posteriormente pudo ser recuperado. Esta nueva agresión se suma a los otros muchos incidentes de seguridad que los trabajadores e instalaciones de la organización han sufrido durante los últimos meses.

 


“MSF reitera su llamamiento al Gobierno central para que asegure la protección de su población y para que las estructuras y personal médico de la organización sean respetados. Estamos verdaderamente preocupados ante lo que está ocurriendo en RCA y ante la evolución más que incierta de la situación actual. Hemos constatado que la inseguridad y el número de incidentes violentos están aumentando de una manera muy alarmante. Y son las personas, nuestros pacientes, los que están sufriendo en primer lugar las consecuencias del conflicto. RCA se enfrenta a una grave crisis humanitaria y de salud que no sabemos cómo va a evolucionar “, comentan los tres coordinadores de MSF.

 


Mina, de 25 años, ha traído a sus hijos más pequeños a la nueva clínica móvil de MSF a las afueras de la ciudad de Kabul para que les vacunen. Esta madre de seis hijos ha caminado durante una hora desde su aldea para llegar a Buthkhak donde el equipo de MSF ofrece servicios de salud preventiva cada semana a las comunidades vecinas. “En nuestra aldea sólo tenemos médicos privados y nos cuesta bastante dinero ir a verles,” afirma.

Clínica móvil en el campo de Puli Campany, Kabul © Vivian Lee/MSF

Kabul cuenta con una población de más de cinco millones de habitantes, habiéndose triplicado en los últimos diez años. Estos nuevos residentes son una mezcla variada de desplazados: personas que huyen del conflicto en las zonas más inseguras del país, migrantes económicos en busca de mejores oportunidades en la ciudad, retornados de los campos de refugiados de Pakistán, familias sin tierra y miembros de grupos minoritarias con una larga historia de marginación que luchan para hacerse un lugar dentro de la sociedad afgana. Muchos de ellos viven a las afueras de la ciudad y deben hacer frente a un acceso muy escaso a los servicios de salud.

Desde abril de este año, MSF ha estado realizando clínicas móviles preventivas en diez ubicaciones distintas en barrios marginales de Kabul, para llegar a las comunidades más aisladas. Las clínicas se centran en mujeres y niños menores de dos años; y han visto a casi 2.900 pacientes desde el inicio de las actividades. El equipo ofrece controles pre y posnatales y planificación familiar a las mujeres así como vacunaciones y exámenes nutricionales a los niños. Como la incidencia de tuberculosis es muy elevada en el país, a los pacientes con la enfermedad se les anima a que traigan a sus familiares a la clínica para que sean examinados.

“La sensación es bastante extraña,” admite Lajos Jecs, enfermera de MSF a cargo del equipo móvil. “Aunque estamos en Kabul, en la capital, parece como si realmente estuviésemos muy lejos de la ciudad. En enfoque preventivo a la salud es importante pues hay muchas mujeres afganas que no son conscientes de la necesidad de controles prenatales. “No tienen ningún tipo de educación sanitaria. Muchas madres no saben como dar el pecho a sus bebés por lo que vemos a muchos niños desnutridos.”

Los pacientes que necesitan seguimiento o tratamiento son referidos al hospital del distrito de Ahmad Shah Baba, situado al este de Kabul, donde MSF ha estado trabajando con el Ministerio de Salud Pública afgano desde 2009.

“Aunque tratamos a un número cada vez mayor de pacientes en Ahmad Shah Baba y en nuestros otros hospitales en Helmand, Kunduz y Khost, sabemos que muchas más personas no pueden ni siquiera llegar al hospital o a otros centros de salud debido a la distancia, la inseguridad o el coste del transporte,” declara Benoit De Gryse, Representante del País de MSF en Afganistán. “Por esto queremos ir más allá de los muros de nuestro hospital y llegar algunas de estas comunidades aisladas.”

Las clínicas móviles en la capital de Afganistán son el primer paso, pero De Gryse reconoce que ésta no ha sido una empresa fácil. “El proceso de negociación para lanzar las clínicas móviles ha sido largo. Tuvimos que hablar con los diferentes líderes comunitarios y religiosos y explicarles el concepto de clínica móvil preventiva. Desde entonces sin embargo, nos hemos ganado su confianza. Nos ayudan a promover y a explicar las clínicas móviles a sus comunidades e incluso utilizamos sus casas para ver a los pacientes.

“Otro reto es garantizar la seguridad de nuestro personal y de nuestros pacientes cuando vamos a estas zonas. Por este motivo, la aceptación de la comunidad es decisiva.”

 

 


Zukia*, de 21 años, vive en la provincia afgana de Khost, que limita con las áreas tribales pakistaníes. Su marido murió de una explosión de bomba en Kabul cuando estaba embarazada de un mes, dejándola sola con sus dos hijos. Ahora está esperando su tercer hijo. “Tengo miedo de dar a luz en casa. Algunas mujeres en mi aldea dan a luz en casa, pero si no expulsan la placenta, corren el riesgo de morir.”

Entrada a la maternidad de Khost © Ben King / MSF

Las necesidades médicas en Khost, Afganistán, son enormes y la tasa de mortalidad materna es especialmente alta. La región en la que vive Zukia sólo cuenta con un número muy limitado de instalaciones médicas. Cerca de su casa, hay pequeñas clínicas particulares pero no tiene mucha confianza en ellas. Dio a luz a sus primeros dos hijos en una clínica particular, situada a unas horas de camino, donde tuvo que pagar entre 4.000 y 5.000 rupias pakistaníes por el parto. Para Zukia, ahora sin su marido, esto es una fortuna, así que esta vez va a ir a la maternidad de MSF en Khost, que dispensa atención gratuita a mujeres y a recién nacidos.

La ciudad de Khost ya tiene un hospital general público situado fuera de la ciudad, pero el acceso al mismo puede resultar difícil debido a la distancia y al coste del transporte. Además, las mujeres de comunidades más tradicionales prefieren no ir allí porque el personal quirúrgico es masculino. En marzo de 2012, MSF abrió un servicio en el centro de la ciudad con equipos sanitarios compuestos exclusivamente por mujeres.

Hoy, la provincia de Khost es una de las regiones más gravemente afectadas por el conflicto que ya dura más de diez años. Las carreteras que pacientes como Zukia tienen que tomar para llegar a una estructura de salud no son seguras. “Fui a la maternidad de MSF durante el día porque viajar de noche es demasiado peligroso,” explica. “En la zona donde vivo, hay combates. Escuchamos disparos todas las noches. Vivimos cerca de la frontera con Pakistán. La gente es tan pobre que no tiene otra elección más que viajar durante horas hasta llegar a un centro como éste donde conseguir comida y tratamiento gratuito en condiciones de seguridad.” Pero a veces la duración de viaje puede causar complicaciones potencialmente mortales para la madre y el niño.

MSF por lo tanto se centra en la atención a las mujeres embarazadas y sus hijos, y dispone de capacidad quirúrgica para los partos complicados. El objetivo es aumentar el nivel de la atención sanitaria dispensada en la provincia, sin duplicar los servicios existentes. El equipo ahora practica unos 1.000 partos al mes en el hospital de 56 camas de las cuales casi un 20 por ciento son partos complicados.

Hay una importante necesidad de asistencia médico-humanitaria de calidad en Afganistán. En provincias como Khost, directamente afectadas por el conflicto, la inseguridad reduce la capacidad de las organizaciones de realizar debidamente su trabajo.

La maternidad de Khost al principio tuvo problemas. En abril de 2012, apenas seis semanas después de abrir, MSF tuvo que suspender sus actividades después de una explosión dentro del recinto hospitalario. Siete personas resultaron heridas como resultado de esta explosión y el hospital cerró durante unos ocho meses. MSF reevaluó con calma la situación y reforzó su red de contactos para asegurarse un mayor apoyo de la comunidad y de todos los líderes políticos y religiosos de la zona.

Desde la reapertura de la maternidad de MSF en Khost el 29 de diciembre de 2012, los equipos han practicado más de 5.500 partos. Zukia ha empezado a ir de parto ahora. “Siento las contracciones. Empezaron hace cuatro días y cada vez son más difíciles de soportar. He pedido a la doctora y a las comadronas que me practicasen una cesárea porque cada vez me cuesta más soportar las contracciones. Tengo miedo de que haya complicaciones, pero la doctora me ha dicho que tendré un parto normal” dice. Unas horas más tarde, Zukia ha dado a luz a su bebé de forma segura.

*Nombre ficticio para proteger la privacidad de la paciente.

 


Los violentos enfrentamientos sectarios entre residentes de dos de los barrios más desfavorecidos de Líbano están dejando al ciudadano común atrapado en el fuego cruzado mientras luchan por tener acceso a la atención médica y continuar con sus vidas. Los equipos de MSF están proporcionando servicios médicos a las personas en ambos lados del frente de batalla.

© Alla Karpenko/MSF

La calle Syria, ubicada en la ciudad de Trípoli, al norte de Líbano es el frente de batalla de un violento conflicto que ha estallado entre dos barrios vecinos. De un lado de la calle está Jabal Mohsen, un barrio alauita donde viven alrededor de 60.000 personas hacinadas en una superficie de 2.5km cuadrados. Del otro lado de la calle se encuentra Bab al-Tabbaneh, hogar en su mayoría de musulmanes sunitas y uno de los distritos más pobres del país.

Ambos lados de la calle están marcados con escaparates dañados, revelando las cicatrices de un conflicto que se ha venido arrastrando por décadas. Pero en los últimos dos años, la violencia entre los barrios rivales se ha incrementado de forma dramática haciéndose eco de la guerra en el vecino país deSiria.

Cuando estallan los enfrentamientos, cuyo resultado es frecuentemente un elevado número de víctimas, los residentes de ambos lados quedan atrapados literalmente dentro de una zona de guerra. Cuando se desató la violencia en mayo de 2013, murieron al menos 35 personas y 250 más resultaron heridas. Desde que se inició el conflicto de Siria en Marzo de 2011, han muerto más de 190 personas y 1.200 han resultado heridas en la lucha entre los dos distritos.

A pesar de sus diferencias sectarias, ambas comunidades padecen la misma pobreza y hacinamiento y ambas tienen enormes necesidades de atención médica, todo esto agravado por la reciente llegada de un gran número de refugiados procedentes de Siria.

“Ambos barrios presentan indicadores económicos muy bajos, alrededor de 80 por ciento de la población vive con menos de 4 dólares al día, tienen escaso acceso a la atención médica barata y no cuentan con seguro médico”, dice Sébastien Vidal, coordinador de terreno de MSF en Trípoli. “Esta situación se ha exacerbado debido a la afluencia masiva de refugiados sirios durante el último año, que representan una carga adicional a las ya vulnerables comunidades locales”.

Jabal Mohsen: cuidados médicos básicos y estabilización de heridos

Jabal Mohsen es un denso asentamiento situado en una ladera con vista a la ciudad de Trípoli. Durante los enfrentamientos, las tiendas y las escuelas cierran y muchos residentes dejan de ir a trabajar, mientras tanques del ejército libanés bloquean la calle Syria, en un intento por imponer la paz mediante la separación física de los dos barrios.

Con todas las entradas bloqueadas, entrar y salir de Jabal Mohsen es casi imposible. La gente de la zona enfrenta enormes dificultades para tener acceso a la atención médica más básica y no les queda más remedio que intentar cruzar el frente de batalla para recibir tratamiento médico de urgencia.

“No hay hospitales aquí”, dice Vidal. “Una mujer que está de parto o un paciente que necesite atención médica de urgencia sólo pueden llegar al hospital más cercano en el centro de Trípoli, cruzando el barrio que consideran hostil”.

En Noviembre de 2012, MSF empezó a proporcionar atención médica en la clínica de Jabal Mohsen, el único centro de salud de la zona. “Desde que comenzamos a ofrecer servicios médicos, el flujo de pacientes ha sido constante, nuestros doctores y enfermeras trabajan incansablemente para responder a las necesidades”, dice Vidal. Y cuando estallan los combates, el equipo se asegura de que los residentes tengan acceso continuo a la atención médica básica. “Definitivamente esto incluye estabilizar a los heridos antes de que puedan ser referidos fuera del enclave, cuando y como la situación de la seguridad lo permita”.

Nueva clínica de Bab al-Tabbaneh cada día con más trabajo

Bab al-Tabbaneh, al otro lado de la calle Syria, es hogar de casi 80.000 libaneses, así como de un creciente número de refugiados sirios. “Este barrio es uno de los distritos más desfavorecidos de Líbano y el acceso a los servicios médicos es muy bajo”, dice Vidal. MSF abrió una clínica en Bab al-Tabbaneh, en abril de 2013. “El día de la apertura, la clínica ya estaba llena de pacientes, la mayoría de ellos mujeres y niños que nunca habían tenido acceso a servicios médicos gratuitos o accesibles”, dice Vidal.

En esta clínica, dos médicos y dos enfermeras proporcionan consultas y tratamientos gratuitos a un promedio de sesenta pacientes cada día. Alrededor de 20 por ciento de los cuales son refugiados sirios, un grupo particularmente vulnerable.

“La mayoría de los pacientes son niños pequeños que padecen de infecciones respiratorias o gastroenteritis debido a las difíciles condiciones de vida”, dice Vidal. “Muchos de los niños también sufren por falta de hierro y vitaminas pues no tienen acceso a alimentos ricos en nutrientes, lo cual los vuelve más vulnerables a las infecciones”. Desde abril y hasta finales de julio de 2013, más de 3.500 pacientes recibieron atención médica en la clínica.

Respuesta ante las emergencias médicas

Además de proporcionar atención médica básica en Jabal Mohsen y Bab al-Tabbaneh, MSF da apoyo a la sala de emergencias del Hospital Gubernamental de Trípoli (TGH), el único hospital público al norte del país. Desde mayo de 2012, MSF ha estado formando al personal del hospital y ha proporcionado los suministros médicos y equipos necesarios para enfrentar emergencias médicas agudas. Cuando la violencia estalla entre los residentes de Jabal Mohsen y Bab al-Tabbaneh, alrededor del 40 por ciento de los heridos son generalmente admitidos en el Hospital Gubernamental de Trípoli.

Desde que los refugiados sirios comenzaron a desbordarse hacia Líbano en Noviembre de 2011, MSF ha estado adaptando su respuesta a la crisis iniciando nuevos proyectos médicos en el país. Si bien la comunidad libanesa ha hecho un esfuerzo enorme por integrar y ayudar a los refugiados, su capacidad para hacer frente a esta situación –especialmente en áreas ya empobrecidas como Trípoli o el Valle de Bekaa– está llegando a su límite.

“Es esencial garantizar el apoyo a los refugiados sirios, pero también a las comunidades en Líbano que los reciben”, dice el doctor Gustavo Fernández, responsable de MSF para Líbano. “MSF tiene el compromiso de seguir proporcionando atención médica de calidad a todas las personas, independientemente de su religión o afiliación política”.

 


El viernes 23 de agosto de 2013, dos bombas explotaron cerca de dos mezquitas en Trípoli, dejando como resultado alrededor de 800 personas heridas y 48 muertos, según estimaciones oficiales. MSF trató a ocho heridos en la clínica de Jabal Mohsen y a diez más en la clínica de Bab al-Tabbeneh. Siete de los pacientes tenían heridas muy graves y fueron trasladados al hospital. Más de 50 heridos con necesidad de cuidados intensivos fueron admitidos en la sala de emergencias del Hospital Gubernamental de Trípoli.

 


Médicos Sin Fronteras (MSF) ha lanzado una intervención de emergencia en el sudeste de Chad en respuesta al incremento alarmante de casos de malaria.

© Kevin Hill/MSF

Desde principios del mes de agosto, la organización ha notado un incremento importante en la malaria en su proyecto a largo plazo en Am Timan, región de Salamat, donde la malaria representó más del 80 % de las consultas. Muchos de los casos más graves se están viendo en niños menores de cinco años. Los equipos de MSF informan que el 73% de los pacientes que tratan en sus clínicas también padecen la enfermedad que contagian los mosquitos.

“El objetivo de nuestra respuesta de emergencia es mejorar el diagnóstico y tratamiento temprano de la malaria no grave y mejorar el tratamiento de las formas graves y complicadas de la enfermedad”, afirma Jason Mills, Jefe de la Misión de MSF en Chad. “Mucha gente que vive fuera de la ciudad de Am Timan tiene acceso limitado a la atención sanitaria.  La mayoría de gente que está muriendo de malaria en estos momentos fallece en sus hogares”.

En respuesta, MSF ha enviado un equipo médico de emergencia para responder a la situación. El equipo está prestando apoyo a los centros de salud locales con las pruebas diagnósticas para la malaria y suministros para su tratamiento. Además, están formando al personal del Ministerio de Salud, y fortaleciendo el control epidemiológico. Desde que empezó la intervención de emergencia el número de casos de malaria que MSF ha detectado ha aumentado diez veces. Al final de la primera semana de agosto los equipos informaron de 1.228 nuevos casos de malaria. Al final del mes, los equipos de MSF informaron que solo en el mes de agosto se han reportado 14.021 nuevos casos de malaria.

“Si bien la malaria es endémica de Chad, la tasa de infecciones de este año supera todas las previsiones” explica Cristina Mach, Coordinador Médico de MSF en el país. “Los diagnósticos y suministros existentes para el tratamiento en el país están gravemente limitados”.

Además, MSF también ha aumentado su capacidad para tratar los casos graves de malaria en el hospital de la ciudad de Am Timan erigiendo una tienda de tratamiento de la malaria dentro de las instalaciones del hospital. Aquí se admiten a diario los casos no complicados para tratamiento y observación. Las dos primeras semanas, se han tratado más de 1.400 casos en la tienda. La organización también planea distribuir mosquiteros en los hogares de las zonas afectadas y realizar una campaña pública de educación.

MSF planea seguir con su respuesta de emergencia ante el brote de malaria en la ciudad de Am Timan y alrededores hasta el final de la temporada de lluvias, a finales del mes de noviembre.

Aldea Mirer, distrito de Am Timan, Chad

Halima Ibrahim, mujer de cerca de cincuenta años, describe lo que le pasó a su hija de ocho años, Salimata Ali.

“Todo empezó a finales del mes de julio. Mucha gente de nuestra aldea fue atacada por un espíritu extraño que los hacía temblar y actuar de forma alocada. ¡Casi todas las familias lo padecieron! Los educadores de salud nos dijeron que era malaria y que fuéramos al hospital, pero el más cercano se encuentra en Am Timan, a unos 50 kilómetros de distancia. Es muy difícil llegar hasta allí y la gente no tiene dinero para hacer el viaje. Mucha gente moría en sus hogares y todos teníamos miedo. El gobierno construyó un centro de salud en nuestra aldea, pero no hay enfermera y permanece cerrado.

Mi hija Salimata empezó a estremecerse hace una semana, también se quejaba de que le dolía la cabeza y las articulaciones. Rezamos pero la enfermedad no se iba y empeoraba. Fue entonces cuando decidí llevarla al médico choukou (curandero local) quien le dio dos pastillas. Al día siguiente, Salimata estaba mejor del dolor de cabeza, pero seguía estremeciéndose y no podía hablar bien. El ‘jefe de la aldea’ vino a nuestro recinto acompañado por los médicos de MSF. Examinaron a Salimata para ver si tenía malaria. ¡Me mostraron una máquina con dos barras rojas en medio y me dijeron que eso significaba que Salimata tenía malaria! Me dieron un medicamento para dárselo a ella durante tres días. Ahora mi hija ya está mucho mejor.  Todavía no puede comer bien pero ha mejorado mucho, ¡es un milagro!

Soy viuda y no tengo mucho. Sin MSF, Salimata hubiera muerto, igual que tantos otros niños de nuestra aldea”.


Un cirujano sirio de Médicos Sin Fronteras (MSF), Mohamed Abyad, ha sido asesinado en el norte del país. Su cadáver fue hallado el 3 de septiembre en la provincia de Alepo. Tenía 28 años.

MSF

Un cirujano sirio de Médicos Sin Fronteras (MSF), Mohamed Abyad, ha sido asesinado en el norte del país. Su cadáver fue hallado el 3 de septiembre en la provincia de Alepo. Tenía 28 años.

MSF expresa sus más sinceras condolencias a la familia y los amigos del doctor Abyad, que trabajaba en un hospital de la organización tratando a las víctimas del conflicto.

Aunque las circunstancias exactas del asesinato aún no han sido aclaradas, MSF condena este ataque contra un cirujano que trabajaba de forma incansable para mejorar la situación humanitaria en la zona mientras su propio país estaba en guerra.

“Su muerte es una pérdida terrible para la familia, para los pacientes que trataba y para MSF”, dice Joan Tubau, director general de MSF. “Estamos indignados por este ataque contra un cirujano joven y motivado que trabajaba para salvar las vidas de los sirios afectados por el conflicto”.

En estos trágicos momentos, MSF reitera la obligación de asegurar la protección de los trabajadores humanitarios. MSF está seriamente preocupada por este tipo de ataques, que tienen un impacto directo en la capacidad de las organizaciones humanitarias para ofrecer asistencia médica.

 

 


El personal internacional y nacional de MSF trabaja en seis hospitales y cuatro centros de salud del norte de Siria. Desde junio de 2012 a finales de junio de 2013, los equipos de MSF han llevado a cabo 55.000 consultas médicas, 2.800 operaciones quirúrgicas y han atendido 1.000 partos en Siria.