MÉDICOS SIN FRONTERAS

Emiliano Lucero es argentino y acaba de regresar de México tras un año trabajando como coordinador médico. En esta entrevista repasamos los retos de la organización en el país y nos habla de las poblaciones a las que atendemos: los transmigrantes que cruzan desde Centroamérica hasta EEUU; los enfermos de Chagas del estado de Oaxaca y los afectados por la violencia urbana en un barrio de Acapulco.

© MSF
Los migrantes atendidos por MSF viajan mayoritariamente a lomos de “La Bestia” que es como se denomina genéricamente a los trenes de carga que empiezan su ruta en Arriaga o en Tenosique, cerca de la frontera entre México y Guatemala.

 

¿Por qué trabaja MSF en un país como México?

Independientemente de los recursos de los que México dispone como país, existe una parte de la población víctima directa de situaciones de violencia extrema con dificultades para acceder al sistema de salud.

Las organizaciones criminales que operan en una parte significativa del territorio utilizan métodos y estrategias que tienen serias consecuencias médico-humanitarias para la población. MSF pretende ofrecer una respuesta a estas consecuencias médico-humanitarias de la violencia y, a la vez, promover un cambio y una mayor implicación de las instituciones en su abordaje teniendo en cuenta que México tiene un sistema de salud con la capacidad teórica de responder a estas necesidades.

¿Cuáles son estas consecuencias?

Por un lado, se dan las consecuencias directas de la propia violencia como homicidios, heridos, violencia sexual, desplazamiento forzado, secuestro, desapariciones, trauma, tortura y consecuencias en el ámbito de la salud mental. Y, por el otro, se produce una afectación del acceso a los servicios de salud con servicios de emergencia desbordados, programas de promoción y prevención suspendidos y/o estructuras de salud disfuncionales por falta de personal cualificado que muchas veces tienen que reducir sus horarios, son objetos de robo o su personal es amenazado en las áreas más afectadas por las situaciones de violencia.

Todo esto al final afecta al paciente, que ve como su acceso a los servicios de salud se va reduciendo.

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MSF hace un llamamiento a autoridades y partes en el conflicto para que condenen públicamente ataques contra los civiles y los trabajadores humanitarios

Puesto de salud saqueado cerca de Bossangoa, julio de 2013. © Juan Carlos Tomasi

Tras el brutal asesinato de 16 civiles, tres de ellos miembros de Médicos Sin Fronteras (MSF), en el hospital de Boguila el 26 de abril, la organización médico-humanitaria ha decidido reducir sus actividades tanto en la República Centroafricana (RCA) como en los proyectos de atención a refugiados centroafricanos en los países limítrofes. Esta acción es una medida de protesta que se limita a una semana, aunque durante ese periodo de tiempo sí se atenderán los casos graves y las emergencias médicas. MSF pretende manifestar así su indignación a la vez que reevaluar las condiciones de trabajo de sus equipos y su impacto sobre las actividades médicas en el país.

“Exigimos al gobierno de transición de la RCA y a todos los grupos armados que condenen públicamente este cruento ataque”, exclama Arjan Hehenkamp, director general de MSF. “Pedimos a todos los grupos armados del país que, en los territorios bajo su dominio, asuman su responsabilidad hacia la población civil y que se comprometan públicamente a controlar sus tropas y a respetar a civiles y trabajadores humanitarios. Asimismo, pedimos al Gobierno de transición que, apoyado por las fuerzas militares internacionales, cumpla con sus compromisos para la protección de la población civil”.

MSF se muestra consternada ante la falta de condena firme y pública, tanto por parte del Gobierno de transición de la RCA como de los representantes de los grupos armados, de la masacre ocurrida en Boguila y de las acciones similares que se suceden en el país. Sin embargo, son los representantes de las diferentes partes en conflicto los que deben asumir esta responsabilidad y tomar partido frente a estos hechos.

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Esta tarde a las 19:00 comienza en La Casa Encendida el ciclo de cine humanitario De la acción a las palabras que Médicos Sin Fronteras realiza para acercar a la ciudadanía aspectos tal vez menos conocidos de su trabajo, pero igualmente importantes como la seguridad, la denuncia, o la lucha contra el SIDA, en el trabajo de las organizaciones humanitarias sobre el terreno.

En el ciclo se proyectarán 3 documentales en versión original subtitulada que relatan las situaciones con las que a menudo Médicos Sin Fronteras se encuentra en los proyectos. Posteriormente, habrá un coloquio con trabajadores humanitarios,  periodistas y un largo etc. de personas comprometidas con la labor de testimonio sobre las duras realidades que se viven fuera de nuestras fronteras y que en algún momento se han acercado a las distintas realidades narradas en los mismos.

Access to the Danger Zone (lunes 5 a las 19:00): el documental que describe las dificultades y medidas de seguridad que tienen que tomar organizaciones como MSF o el CICR, así como las negociaciones con los actores militares y políticos para poder tener acceso a las poblaciones que viven en zonas de conflicto.

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Amsterdam/Barcelona, 28 de abril de 2014. El pasado sábado por la tarde, 16 civiles desarmados, incluyendo tres trabajadores centroafricanos de Médicos Sin Fronteras (MSF), fueron asesinados en el asalto al hospital que gestiona la organización humanitaria en la ciudad de Boguila, en el norte de la República Centroafricana (RCA).

MSF condena enérgicamente el asesinato de civiles desarmados en un lugar que estaba claramente identificado como estructura de la organización y sin que existiera ningún tipo de provocación previa. “Estamos absolutamente impactados y afligidos ante la brutal violencia que se ha ejercido el pasado sábado contra nuestro personal y contra decenas de miembros de la comunidad local”, explica Stefano Argenziano, coordinador general de MSF en la RCA. “Estamos trabajando para tratar a todos los heridos y estamos llevando a cabo todos los esfuerzos posibles en mantener informados en todo momento a los miembros de sus familias y a la comunidad sobre el estado de sus familiares y amigos. En estos momentos, nuestros esfuerzos están también centrados en mantener la seguridad de nuestros pacientes, del hospital y de nuestros trabajadores”.

“Este inadmisible ataque nos fuerza a retirar a varios miembros clave de nuestro personal y a suspender actividades en Boguila. MSF mantiene su compromiso de asistir a la población de la zona, pero este tipo de actos criminales y premeditados suponen una seria amenaza a la capacidad de la organización para prestar ayuda a la población. Tenemos que pensar también en la seguridad de nuestros trabajadores”, comenta Argenziano. “Debido a las consecuencias de este brutal ataque, nos vemos obligados también a replantearnos si es posible continuar nuestras operaciones en otras zonas del país”.

Varios hombres armados de la exSeleka rodearon los terrenos del hospital de Boguila e irrumpieron en una reunión que había organizado el personal de MSF con 40 líderes locales, y en la que se hablaba sobre el acceso a la salud y a la atención médica en la zona.

Al mismo tiempo que alguno de estos hombres entraba disparando tiros al aire en las oficinas de MSF para hacerse con dinero y equipamiento, otros hombres se dirigieron al lugar donde se estaba produciendo la reunión. Sin que mediara ningún tipo de provocación previa, comenzaron a disparar indiscriminadamente hacia la multitud, provocando múltiples víctimas y dejando varios heridos en una situación crítica.

MSF es la única organización humanitaria internacional que trabaja sobre el terreno en Boguila, donde presta asistencia a una población cada vez más expuesta a mortales e indiscriminados ataques por parte de los grupos armados que operan en el área. Los hechos ocurridos el pasado sábado constituyen un inaceptable ataque no solamente a los civiles, sino también a la capacidad de proporcionar asistencia médica y humanitaria a la población.

 

Desde el golpe de Estado de marzo de 2013, Boguila ha estado bajo una permanente situación de inestabilidad y violencia. En agosto del año pasado se produjo un primer desplazamiento masivo de población ante el incremento de la inseguridad y de los ataques en toda la región. En diciembre de 2013, musulmanes que huían de la violencia que se había instalado en la vecina localidad de Nana Bakassa, buscaron refugio con familias de Boguila que les acogieron temporalmente. Más tarde, estas mismas personas tuvieron que huir de nuevo y dirigirse más al norte, en dirección a Chad. Por último, el pasado 11 de abril[1], 7.000 personas huyeron al bosque, y otras 40 buscaron refugio en los terrenos ocupados por las instalaciones de MSF, después de que un grupo armado atacara un convoy de unos veinte camiones escoltado por la Misión de Paz de la Unión Africana en República Centroafricana (MISCA) y que se encontraba de paso en Boguila. En dicho convoy viajaban los últimos 540 musulmanes que quedaban en la población de Bossangoa, en el norte del país, y que iban a encontrar refugio en Gore, localidad perteneciente a Chad.

Desde el año 2006, MSF ha gestionado este hospital de Boguila, que a día de hoy cuenta con 115 camas y que proporciona asistencia primaria y secundaria de salud a una población estimada de 45.000 personas. Los equipos de MSF también dan apoyo a 7 puestos de salud de los alrededores de Boguila, donde se presta asistencia médica primaria, principalmente tratamiento de casos de malaria, y desde los cuales se refieren los casos más graves al hospital de la organización. Cada mes, el personal de la organización pasa entre 9.000 y 13.000 consultas médicas y trata hasta 10.000 pacientes de malaria.

MSF lleva trabajando en la RCA desde 1997. En la actualidad MSF dispone de 300 miembros internacionales y más de 2000 nacionales trabajando en el país. MSF opera siete proyectos regulares (en Batangafo, Carnot, Kabo, Ndélé, Paoua, Bria y Zémio) y ocho proyectos de emergencia (en Bangui, Berbérati, Bouar, Boguila, Bossangoa, Bangassou y Bocaranga así cómo clínicas móviles en el noroeste del país). Los equipos de MSF proveen asistencia a los refugiados de RCA que han huido a Chad, Camerún y la República Democrática del Congo.

[1]  http://www.msf.es/noticia/2014/rca-miles-personas-huyen-combates-en-boguila


Un nuevo estudio de Médicos Sin Fronteras demuestra que una vacuna contra el tétanos sigue siendo efectiva tras un mes fuera de la estricta cadena de frío.

Vacunación en el campo de refugiados de Yida, en Sudán del Sur © Yann Libessart/MSF

Cada año, uno de cada cinco recién nacidos no recibe las vacunas vitales. La necesidad de conservar en frío constante las vacunas supone un gran obstáculo para mejorar las bajas tasas de inmunización, según la organización internacional médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF). Los obstáculos logísticos que impone la ‘cadena de frío’ –la obligación de mantener las vacunas entre 2º y 8º C de temperatura constante– podrían paliarse si las compañías farmacéuticas proporcionaran más información sobre el grado real de sensibilidad al calor de algunas vacunas. Un nuevo estudio de MSF realizado en una vacuna contra el tétanos confirma que algunas vacunas pueden utilizarse con seguridad fuera de la cadena de frío.

Por nuestra experiencia, la necesidad de mantener las vacunas en la cadena de frío durante todo el camino hasta el paciente es, sinceramente, una de las mayores barreras para que organizaciones como MSF pueden llevar a cabo vacunaciones eficaces”, afirma el doctor Greg Elder, director adjunto de Operaciones de MSF. “Si pudiéramos usar de forma segura más vacunas fuera de la cadena de frío durante un periodo de tiempo, sobre todo para el último tramo del viaje, podríamos inmunizar a muchos más niños que viven en las zonas más aisladas”.

En la actualidad, las vacunas necesitan conservarse en frío desde el momento que salen de la fábrica hasta que se utilizan en un punto de vacunación, lo que provoca enormes desafíos logísticos a los proveedores que deben garantizar el mantenimiento de la cadena del frío en cada paso del camino, tanto en su transporte como en el almacenamiento. Aunque esto no sea un reto importante en los estados ricos, en los países en desarrollo conlleva un obstáculo considerable, especialmente en las zonas más cálidas, aisladas y carentes de sistemas fiables de electricidad para la refrigeración. Esta dificultad es una las causas de las bajas tasas de inmunización en algunos países, provocando que, cada año, más de 22 millones de niños menores de un año no completen su cartilla de vacunación.

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Entre el 7 de abril y el 1 de julio de 1994, más de 800.000 personas fueron asesinadas en Ruanda con una brutalidad y crueldad inimaginables, la mayoría a machetazos, siguiendo un plan meticuloso. Este horror era perfectamente previsible y fue detalladamente anticipado por el responsable de UNAMIR, la misión de los cascos azules en Ruanda, en un fax enviado tres meses antes a la oficina de las Fuerzas de Mantenimiento de la Paz de Naciones Unidas en Nueva York.


Intervención de José Antonio Bastos del minuto 27:15 a 1:00:25

 

La respuesta fue chocante. El fax y la alerta que constituía fueron ignorados. Después, mientras los medios de comunicación retransmitían el genocidio, la Administración norteamericana presionaba para que en el Consejo de Seguridad no se utilizara la palabra “genocidio” y se evitara cualquier acción concreta para detener las masacres. Por último, Naciones Unidas despreciaba la información de sus propias fuentes y reducía el contingente de UNAMIR de 2.700 a 250.

Ante la acumulación de cadáveres en Ruanda, a mediados de junio el Consejo de Seguridad finalmente acordó intervenir para detener el genocidio. Ningún país se animó a aportar tropas hasta que Francia, aliada del Gobierno ruandés, lanzó la Operación Turquesa, operación militar “humanitaria” para “salvar vidas de civiles” que, de hecho, protegió la retirada a Zaire del Ejército ruandés y de las milicias Interahamwe, frente al avance del Frente Patriótico Ruandés (FPR) tutsi. El genocidio terminó cuando el FPR conquistó el país entero, cometiendo en el proceso actos de brutal violencia contra los civiles.

Con la perspectiva que nos da el tiempo, muchos podrían preguntarse ahora por qué el Consejo de Seguridad, las Fuerzas de Mantenimiento de la Paz, Estados Unidos y otros gobiernos bloquearon la respuesta al genocidio.

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La vida de miles de personas corre un serio riesgo si no se actúa de inmediato.

En una clara demostración de indiferencia, altos funcionarios de la ONU han rechazado mejorar las condiciones de vida de los 21.000 desplazados que se refugian en un área propensa a inundarse de una de las bases de la Misión de Asistencia de la ONU en Sudán del Sur (UNMIS, por sus siglas en inglés). Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte de que todas estas personas estarán aún más expuestas a sufrir enfermedades y epidemias si permanecen allí. Pese a las repetidas peticiones por parte de las organizaciones humanitarias, la ONU no ha actuado sobre el terreno para mejorar las condiciones de vida de esta población cuyas posibilidades de supervivencia se ven cada día más amenazadas. MSF cuestiona el compromiso de la ONU para cubrir las necesidades de los grupos más vulnerables del país y pide una acción inmediata para salvar las vidas de las miles de personas que están en el campo de Tomping.

La base de UNMIS de Tomping en Juba, la capital del país, ha acogido desde hace meses a miles de personas que huyeron para salvar sus vidas cuando estalló el conflicto el pasado diciembre. Todos ellos están hacinados en las zonas bajas del recinto, que se inundan cada vez que llueve. En la clínica que MSF tiene en el campo de desplazados, las enfermedades diarreicas, las infecciones respiratorias y las enfermedades de la piel representan más del 60 por ciento de los casos tratados. MSF y otras organizaciones han pedido en varias ocasiones que se expandiera el campo a otra zona del recinto que está vacía y que es menos proclive a sufrir inundaciones, al menos como medida temporal para salvar vidas. Sin embargo, todas las solicitudes que se han hecho hasta la fecha han sido rechazadas.

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Madrid, 18 de diciembre de 2013.- Según el informe ‘La acción humanitaria en 2012-2013: instalados en la crisis’, elaborado por el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) con la colaboración de Médicos Sin Fronteras (MSF), y presentado hoy en Madrid, en 2012, los efectos de la crisis económica se reflejaron en los presupuestos de ayuda humanitaria de los principales países donantes[1], que se redujeron en un 11% entre 2011 y 2012, pasando de 9.600 a 8.600 millones de euros.

Entre otras consecuencias, esto supuso que en 2012 quedaron sin cubrir un 37% de los fondos solicitados por la ONU a través de sus llamamientos consolidados (CAP): es la mayor proporción de necesidades sin cubrir en más de diez años. Y destaca el hecho de que la inversión destinada a prevención y preparación ante desastres sigue siendo desproporcionadamente baja: apenas un 5% de la ayuda humanitaria.

España es el país que más ha reducido sus fondos de ayuda humanitaria desde 2010, con recortes incluso mayores que en otras políticas sociales: de los 356 millones de euros de aquel año, a 216 millones en 2011, y 72 millones de 2012. Las cifras aún provisionales de 2013 siguen por este camino de brutal retroceso: 41,7 millones. Y para 2014, los Presupuestos Generales del Estado prevén un pequeño incremento de 4,5 millones, algo anecdótico comparado con los recortes del 80% sufridos por esta partida entre 2010 y 2012.

“Más allá de la retórica, la escasa capacidad de reacción de la Cooperación pública española al desastre en Filipinas es la mejor muestra del impacto de estos recortes”, señala Francisco Rey, codirector del IECAH. Así mismo, España sigue ausente de las grandes iniciativas globales como el Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis. “La acción humanitaria pública española, cuya consolidación legal, institucional y profesional había costado tantos esfuerzos, está siendo desmantelada, y lamentablemente estos recortes han sido recibidos con pasividad por la ciudadanía, a pesar del enorme coste que tendrán en las poblaciones vulnerables de muchos lugares del planeta”, añade.

Los recortes denotan que la mayoría de organismos internacionales y gobiernos donantes se han instalado en un notable conformismo: no hay voluntad política ni financiera para reaccionar con vigor a las emergencias, derivadas de conflictos o desastres naturales, que más sufrimiento causan. Sólo en 2012, se registraron 357 desastres naturales, que afectaron a 124,5 millones de personas, y 38 conflictos armados siguen activos.

“El caso de Siria es paradigmático”, explica el codirector del IECAH Jesús Núñez: “de algún modo, se ha ido instalando entre los medios de comunicación, los gobiernos y las opiniones públicas la idea de que el conflicto es irresoluble a corto plazo y que, por tanto, sólo queda esperar a que los combatientes terminen por agotarse y lleguen a un acuerdo, todo ello al margen de las necesidades de una población civil que parece condenada a seguir sufriendo y muriendo”.

En palabras de Joan Tubau, director general de Médicos Sin Fronteras, “Siria es hoy el conflicto más letal del mundo, y las necesidades de la población son cada vez más agudas. La ayuda humanitaria a la población siria debería estar en lo más alto de la agenda diplomática, y sin embargo no lo está. Y este es un llamamiento que hacemos extensible a otros países que están atravesando crisis de gran complejidad y tremendo impacto en la población, y en las que la respuesta humanitaria internacional no está dando la talla, como República Centroafricana, Sudán del Sur o República Democrática del Congo”.

El noveno informe del Observatorio de la Acción Humanitaria ha sido elaborado por el IECAH en colaboración con MSF, y cuenta con la participación de Development Initiatives. Analiza la evolución de la financiación humanitaria internacional y española, y dedica dos capítulos al conflicto de Siria, que aborda desde las perspectivas política, de seguridad y humanitaria; asimismo, incluye una cronología de acontecimientos internacionales.

El informe está disponible en www.iecah.org y www.msf.es.

Carta abierta al Presidente del Gobierno sobre la respuesta de la Cooperación Española al desastre de Filipinas, firmada por IECAH, MSF y la CONGDE, entre otros: http://www.iecah.org/web/images/stories/articulos/Carta_al_Presidente_13.pdf


[1] Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).


Por © Samuel Hanryon/MSF
Foto tomada el 9 de diciembre de 2013. Bangui, Rep. Centroafricana.
Equipos de MSF atienden a los heridos que llegan al Hospital Comunitario de Bangui, que está desbordado. MSF da respaldo al hospital en los servicios de urgencias, cirugía y hospitalización. Además, se han instalado varias tiendas de campaña junto al hospital para aumentar su capacidad.

Personal y pacientes del hospital Amitié han sido testigos de ejecuciones sumarias perpetradas por hombres armados en el interior del centro

MSF hace un llamamiento para que se garantice la seguridad de los heridos y enfermos en los hospitales

Médicos Sin Fronteras (MSF) hace un llamamiento a todas las partes implicadas en el actual conflicto en República Centroafricana para que permitan a los heridos y enfermos acceder con total seguridad a los servicios médicos que necesitan con urgencia. MSF exige que tanto los pacientes como el personal de salud sean respetados y que no se reproduzcan actos de violencia en las estructuras hospitalarias, tanto en Bangui como en el resto del país.

La violencia que se ha cebado con la población de Bangui desde el 5 de diciembre ha afectado también a las estructuras de salud de la capital centroafricana. Así, el jueves pasado, el personal y los pacientes del hospital Amitié fueron testigos de ejecuciones sumarias perpetradas por hombres armados en el interior del centro. “Nuestros equipos vieron una decena de cadáveres situados frente al hospital”, explica Rosa Cristani, coordinadora de emergencias de MSF. Estos hechos y la inseguridad reinante motivaron que el personal del hospital cesara sus actividades. Los heridos de mayor necesidad y parte de los trabajadores fueron trasladados por MSF al hospital Communautaire. En el hospital Amitié quedan todavía algunos pacientes, pero por el momento se han suspendido todas las actividades médicas en el centro.

En el hospital Communautaire, la situación sigue igualmente tensa. Se han ejercido amenazas y presiones sobre pacientes, personal de MSF y personal del ministerio de Salud. En varias ocasiones, los equipos han tenido que interponerse entre los hombres armados y los pacientes. “Continuamos nuestras actividades, pero esta violencia es inaceptable y un atentado al derecho internacional humanitario. Las amenazas tienen un impacto evidente en la atención médica, ralentizándola u ocasionando que el personal sanitario abandone puestos que son cruciales”, explica indignado Thomas Curbillon, coordinador general de MSF en Bangui. “Además, aparte de la violencia per se, es probable que un buen número de heridos no se atreva a recurrir a cuidados médicos. El despliegue de la ayuda, tal y como nosotros la entendemos, neutral, imparcial e independiente, no debería ejercerse bajo la amenaza y la violencia”, prosigue Tomas.

MSF hace un llamamiento a todas las partes en el conflicto en RCA, en Bangui y en el resto del país para que respeten a los pacientes, enfermos y heridos, a las estructuras médicas, a las ambulancias y al personal sanitario y humanitario, tanto centroafricano como internacional. MSF recuerda que es una organización médica internacional independiente de todo poder cuyo único objetivo es responder a las necesidades médicas y humanitarias de las poblaciones a las que asiste.

Actividades de los equipos de MSF en Bangui a día 8 de diciembre

Hôpital Communautaire:

Desde el inicio de los combates el pasado jueves, los equipos de MSF se unieron al personal del hospital para afrontar el flujo de heridos. 16 miembros de MSF trabajan en los servicios de urgencias, de cirugía y de hospitalización. Casi 260 heridos han sido atendidos desde el 5 de diciembre. La mayoría de pacientes presentan heridas por arma blanca (machete o cuchillo) o por armas de fuego. Más de cien personas permanecen hospitalizadas y se han llevado a cabo más de 60 operaciones quirúrgicas. Un equipo quirúrgico suplementario se desplazará en breve para apoyar a los trabajadores de MSF y del ministerio de Salud. Se ha abierto un segundo quirófano y se han instalado siete tiendas para recibir a los heridos y aumentar la capacidad del hospital. Equipos de la Cruz Roja, del CICR y familiares de las víctimas han llevado a la morgue del centro a 200 muertos.

Maternité Castor:

27 camas en el hospital para la atención de heridos leves y de mujeres embarazadas.

Atención médica a las personas desplazadas en el aeropuerto (15.000 personas) y en el centro comunitario de Don Bosco (13.000 personas), prestando especial atención a los niños menores de cinco años y a las mujeres embarazadas. Referencias de heridos y de casos quirúrgicos de urgencia hacia el Hospital Castor y el Communautaire (o al hospital pediátrico apoyado por la ONG Emergency). En Don Bosco, MSF hace provisión de agua y de letrinas para los 6.000 desplazados en la zona.

Se ha hecho una donación de medicamentos y material médico a la Clínica Sant Luc, situada en el campo de desplazados de Boy-Rabe (15.000 personas).

Actividades en Bossangoa a día 8 de diciembre

Los violentos enfrentamientos de los dos últimos días en Bossangoa han dejado tras de sí 28 muertos. Los equipos de MSF (con 23 trabajadores internacionales) han trabajado sin descanso para atender las necesidades médicas y ayudar a las más de 37.000 personas desplazadas en el área. En el hospital de Bossangoa se ha atendido a 21 heridos por bala y 2 por machete. Se han realizado 16 operaciones a heridos de gravedad y se ha hospitalizado a 60 pacientes. MSF continúa además las actividades de higiene y de saneamiento mediante la provisión de agua potable y la instalación de letrinas para los 37.000 desplazados que se hacinan en la misión católica y en la Escuela Liberté. Al mismo tiempo, MSF ha iniciado la asistencia a 2.000 nuevos desplazados en otros lugares. En cooperación con la Cruz Roja Internacional, se ha colaborado en el traslado y recogida de cadáveres de la ciudad.


Cada día, miles de personas siguen huyendo de la violencia en Siria. Desde que comenzó el conflicto, más de dos millones de sirios han cruzado a los países vecinos. Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja respondiendo a esta situación en el norte de Irak desde mayo de 2012

© Diala Ghassan/MSF

 

“Venimos de Tel Brak, en el noreste de Siria. Dejamos nuestra casa hace siete meses porque la región se estaba convirtiendo en zona de guerra. Todo el pueblo se marchó”, explica Zeina, quien acaba de cruzar la frontera iraquí con su marido y sus cuatro hijos.

“Hemos estado viviendo estos siete meses en las montañas, sin un lugar apropiado en el que quedarnos, sin trabajo, sin dinero y a veces sin comida –continúa–. Después de siete meses, decidimos ir a Al Qamishli y desde allí cruzar la frontera con Irak. Las fronteras estaban cerradas, así que tuvimos que quedarnos en un colegio de los alrededores. Cuando oímos que las abrían, salimos a primera hora de la mañana. Nos llevó dos horas cruzarla, andando. Estamos tan aliviados de estar aquí…”

Cerca de 60.000 refugiados procedentes de Siria han cruzado a la región kurda de Irak desde que abriera la frontera el pasado 15 de agosto, después de permanecer tres meses cerrada. El día en que volvió a abrirse, 7.000 personas cruzaron la frontera; en el mes que siguió, estuvieron pasando unas 800 personas cada día.

A mediados de septiembre, la frontera volvió a cerrarse, para volver a abrir de nuevo a las dos semanas. MSF está preparando a sus equipos en la frontera y en los campos próximos para responder a una posible llegada masiva de refugiados.

La larga marcha buscando seguridad

La mayor parte de los refugiados sirios llegan a la frontera caminando, tras un largo trayecto a través de un valle desierto y bajo un intenso calor. Han dejado casi todo tras de sí: familiares, hogares, pertenencias… La mayoría son de Damasco y de Aleppo, pero recientemente están llegando más procedentes de la región de Al Hassaka, en el noreste de Siria, tras el recrudecimiento de los combates allí.

Los equipos de MSF han establecido puestos de salud a ambos lados de la frontera, donde se proporcionan consultas médicas y se distribuye agua potable a los refugiados que esperan a ser trasladados a los campos de tránsito que se están instalando en Dohuk, Erbil y Sulaymaniya.

“La mayor parte de nuestros pacientes son niños, mujeres embarazadas y madres que han dado a luz recientemente”, precisa Paul Yon, jefe de misión de MSF en Dohuk. “Muchos sufren deshidratación moderada debido a las largas distancias que han tenido que recorrer hasta llegar a la frontera. También estamos viendo casos de enfermedades crónicas, como hipertensión, asma o epilepsia: algunos pacientes no han podido conseguir su medicación en Siria ya que el sistema de salud se ha hundido. Algunos llegan en estado de shock: se han visto forzados a desplazarse muchas veces desde que estalló el conflicto, y decidieron cruzar la frontera porque su vida corría peligro”.

En el lado iraquí de la frontera, desde mediados de agosto los equipos de MSF han proporcionado más de 1.040 consultas de medicina general para refugiados que esperan su traslado a Dohuk, Erbil y Sulaymaniya. Dado que muchos no habían podido llevarse nada consigo al huir, MSF ha distribuido también bienes de primera necesidad, como bidones y plásticos para refugio, a 290 familias en los campos de tránsito. En los próximos días, los equipos de la organización también empezarán a proporcionar consultas de medicina general para refugiados en varios campos de Erbil.

En el lado sirio de la frontera, MSF ha proporcionado hasta ahora 982 consultas médicas y distribuido agua potable para 33.000 personas que están esperando a cruzar a Irak.

Una nueva vida como refugiado

Los sirios que entran en Irak son registrados en la frontera por las autoridades kurdas y por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Tras el registro, son trasladados a uno de los muchos campos de refugiados que están instalándose en el norte de Irak. Este podría ser el final del camino para quienes han sufrido varios desplazamientos en el interior de Siria desde que comenzó el conflicto hace 2 años y medios, y que comienzan así una nueva vida como refugiados.

 


MSF también trabaja en el campo de refugiados en Domeez desde mayo de 2012; en este campo viven más de 42.000 refugiados sirios. Los equipos de la organización proporcionan servicios generales de salud y de salud mental. Además, MSF evalúa constantemente la situación en la frontera, y sigue preparada para responder a necesidades urgentes de salud. Paralelamente, MSF también está evaluando las necesidades de más de 70.000 refugiados que se han instalado en la ciudad de Dohuk.