MÉDICOS SIN FRONTERAS

MSF ha estado prestando asistencia sanitaria a los refugiados sursudaneses en Etiopía desde enero. Los equipos tratan a los refugiados a su llegada a los centros de tránsito y en el campo de Lietchuor. La organización ha instalado un hospital de 85 camas y un centro de salud en Lietchuor, así como un hospital de 75 camas en Itang. Antoine Foucher, Jefe de Misión de MSF en Etiopía, describe la urgencia de la situación de los refugiados.

Clínica móvil en el campo de Burubiey © Aloys Vimard / MSF

¿Todavía existe un flujo de refugiados sursudaneses hacia Etiopía?

Desde que estallara el conflicto en Sudán del Sur en diciembre, ha estado llegando a la región etíope de Gambella un promedio de 1.000 personas diarias. Sin embargo, ese promedio refleja sólo parcialmente la afluencia masiva de entre 10.000 y 15.000 personas diarias, como ocurrió tras batalla de Nasir en el estado de Jonglei, por poner un ejemplo. Hoy hay más de 130.000 refugiados sursudaneses en Etiopía. Según una estimación del ACNUR, dicho número podría alcanzar los 350.000 a final año.

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Abdulbaset Alzamar es un enfermero yemení que trabaja con pacientes VIH positivos. Habla de su experiencia proporcionando tratamiento antirretroviral (ARV) vital a pacientes mientras los disturbios hacían estragos en la capital, Sana’a.

Sana’a, Yemen. © Anna Surinyach/MSF

“A finales de 2010 y principios de 2011 la situación en mi país empezó a deteriorarse. Primero se produjeron manifestaciones y protestas en la capital, Sana’a; luego estallaron violentos enfrentamientos por todo el país.

En aquel momento trabajaba para MSF y el Ministerio de Sanidad en la clínica de VIH del hospital de Al-Gumhuri, la única estructura de salud en Sana’a que proporciona tratamiento antirretroviral vital a pacientes que padecen el virus.

Teníamos muy claro que debíamos estar preparados para lo peor. Con más de 350 pacientes recibiendo tratamiento ARV en nuestra estructura, teníamos que ingeniarnos un plan que nos permitiese seguir administrando medicamentos a los pacientes si estallaba el conflicto.

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Mujeres refugiadas y sin recursos, madres que han tenido que abandonar sus hogares a causa de la guerra y que lo han perdido todo. Pacientes y miembros del equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Peshawar y Hangu hablan del desafío que supone el dar a luz en Pakistán, país que cuenta con una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo.

La doctora Nageen Naseer examina a un recién nacido © MSF

“Soy ginecólogo en el hospital de mujeres que ha construido MSF en Peshawar. Estamos especializados en atención obstétrica de urgencias y ofrecemos a las mujeres más vulnerables un lugar seguro en el que dar a luz a su bebé”, dice el Dr. Kanako. El Hospital de Mujeres abrió sus puertas en 2011 en esta ciudad de 3 millones de habitantes, capital de la provincia de Jaiber Pastunjuá. “La región no es precisamente un desierto en lo que a médicos se refiere. Y sin embargo, aunque se supone que clínicas, hospitales, farmacias y profesionales deben cubrir las necesidades médicas de toda la población, el día a día nos demuestra una realidad bien diferente, ya que son muchas las mujeres que carecen de asistencia materna”, explica Kanako.

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Maria Simón ha sido testigo de la degradación del conflicto que asuela República Centroafricana desde hace más de un año. Ha coordinado las operaciones de Médicos Sin Fronteras en Kabo (en el norte del país) en los últimos siete meses, y confiesa que ha sido un puesto difícil. Mucho más que el anterior, que la llevó a República Democrática del Congo. Lo que ya dice mucho.

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¿Cómo has vivido este tiempo, con muy diferentes períodos entre sí y muy marcados?

Cuando llegué en octubre, ya había habido ataques de las milicias anti-Balaka contra la coalición de los Séléka, entonces en el poder. Pero se empezaba a percibir la tensión, la incertidumbre de lo venidero. Piensa que cualquier cosa que pasa en Bangui tiene eco en todo el país. En novembre, la tensión entre cristianos y musulmanes se acrecentaba y en diciembre estalló. El cambio de gobierno, la ofensiva de los anti-Balaka y la retirada de Séléka hizo que parte de las milicias que la formaban se constituyeran en grupos incontrolados, muy peligrosos. Y, al mismo tiempo, éramos testigos de los centenares y centenares y centenares de camiones llenos de gente, de musulmanes, que se encaminaban al exilio en Chad en busca de un refugio, para salvar sus vidas. Horrible.

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Entrevista a Alfonso Armada, periodista y profesor de reporteros en ABC, por Fernando Calero y Guillermo Algar, del servicio de Información de MSF.

Alfonso Armada. © Tamara Marban

 

Alfonso Armada, periodista, poeta y dramaturgo, cubrió el cerco de Sarajevo, el genocidio de Ruanda y recopiló historias en Zaire, Liberia, Sudán o Somalia para El País. Fue corresponsal de ABC en Nueva York, reconoce que lo que mejor hace es leer y reivindica la capacidad de escuchar.

Se cumplen ahora 20 años del genocidio de Ruanda ¿Hubo alguna posibilidad de detenerlo?

Los informes que envió Dallaire [comandante de los cascos azules] a Nueva York y a Kofi Annan, que era el jefe de las Misiones de Paz de la ONU, antes de que se desencadenara el genocidio eran inequívocamente precisos de que se estaba preparando una matanza a gran escala.

No sé si se podía haber impedido, aunque una intervención decidida quizás hubiera reducido el impacto. De hecho, solo se reaccionó de forma masiva cuando se produjo el éxodo masivo de refugiados a Burundi, Tanzania y, sobre todo, a República Democrática del Congo y se crearon aquellas ciudades instantáneas con cientos de miles de refugiados y una epidemia de cólera empezó a matar gente. Hubo una reacción cuando ya era muy tarde.

Estos días has recuperado historias como la de la masacre de la iglesia de Gikoro, donde una chica pedía ayuda a unos soldados de Naciones Unidas que ignoraban su llamamiento ¿Fue esa muchacha un símbolo de lo que le sucedió a todo un país?

Es una especie de expiación personal. Me han preguntado ¿y por qué no hiciste nada? Pues no lo sé: por miedo, por cobardía, porque dependía de los soldados para moverme, porque ya el camino de Kigali hasta allí había sido pavoroso…

El horror de algo así, en aquella cosa tan difícil de asumir y de contemplar… era un rasgo extra de humanidad, estaba pidiendo además un auxilio concreto aunque fuera en silencio. Y nadie se lo prestó, yo el primero.

Supongo que, de alguna manera, simboliza eso.

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Emiliano Lucero es argentino y acaba de regresar de México tras un año trabajando como coordinador médico. En esta entrevista repasamos los retos de la organización en el país y nos habla de las poblaciones a las que atendemos: los transmigrantes que cruzan desde Centroamérica hasta EEUU; los enfermos de Chagas del estado de Oaxaca y los afectados por la violencia urbana en un barrio de Acapulco.

© MSF
Los migrantes atendidos por MSF viajan mayoritariamente a lomos de “La Bestia” que es como se denomina genéricamente a los trenes de carga que empiezan su ruta en Arriaga o en Tenosique, cerca de la frontera entre México y Guatemala.

 

¿Por qué trabaja MSF en un país como México?

Independientemente de los recursos de los que México dispone como país, existe una parte de la población víctima directa de situaciones de violencia extrema con dificultades para acceder al sistema de salud.

Las organizaciones criminales que operan en una parte significativa del territorio utilizan métodos y estrategias que tienen serias consecuencias médico-humanitarias para la población. MSF pretende ofrecer una respuesta a estas consecuencias médico-humanitarias de la violencia y, a la vez, promover un cambio y una mayor implicación de las instituciones en su abordaje teniendo en cuenta que México tiene un sistema de salud con la capacidad teórica de responder a estas necesidades.

¿Cuáles son estas consecuencias?

Por un lado, se dan las consecuencias directas de la propia violencia como homicidios, heridos, violencia sexual, desplazamiento forzado, secuestro, desapariciones, trauma, tortura y consecuencias en el ámbito de la salud mental. Y, por el otro, se produce una afectación del acceso a los servicios de salud con servicios de emergencia desbordados, programas de promoción y prevención suspendidos y/o estructuras de salud disfuncionales por falta de personal cualificado que muchas veces tienen que reducir sus horarios, son objetos de robo o su personal es amenazado en las áreas más afectadas por las situaciones de violencia.

Todo esto al final afecta al paciente, que ve como su acceso a los servicios de salud se va reduciendo.

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MSF hace un llamamiento a autoridades y partes en el conflicto para que condenen públicamente ataques contra los civiles y los trabajadores humanitarios

Puesto de salud saqueado cerca de Bossangoa, julio de 2013. © Juan Carlos Tomasi

Tras el brutal asesinato de 16 civiles, tres de ellos miembros de Médicos Sin Fronteras (MSF), en el hospital de Boguila el 26 de abril, la organización médico-humanitaria ha decidido reducir sus actividades tanto en la República Centroafricana (RCA) como en los proyectos de atención a refugiados centroafricanos en los países limítrofes. Esta acción es una medida de protesta que se limita a una semana, aunque durante ese periodo de tiempo sí se atenderán los casos graves y las emergencias médicas. MSF pretende manifestar así su indignación a la vez que reevaluar las condiciones de trabajo de sus equipos y su impacto sobre las actividades médicas en el país.

“Exigimos al gobierno de transición de la RCA y a todos los grupos armados que condenen públicamente este cruento ataque”, exclama Arjan Hehenkamp, director general de MSF. “Pedimos a todos los grupos armados del país que, en los territorios bajo su dominio, asuman su responsabilidad hacia la población civil y que se comprometan públicamente a controlar sus tropas y a respetar a civiles y trabajadores humanitarios. Asimismo, pedimos al Gobierno de transición que, apoyado por las fuerzas militares internacionales, cumpla con sus compromisos para la protección de la población civil”.

MSF se muestra consternada ante la falta de condena firme y pública, tanto por parte del Gobierno de transición de la RCA como de los representantes de los grupos armados, de la masacre ocurrida en Boguila y de las acciones similares que se suceden en el país. Sin embargo, son los representantes de las diferentes partes en conflicto los que deben asumir esta responsabilidad y tomar partido frente a estos hechos.

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Esta tarde a las 19:00 comienza en La Casa Encendida el ciclo de cine humanitario De la acción a las palabras que Médicos Sin Fronteras realiza para acercar a la ciudadanía aspectos tal vez menos conocidos de su trabajo, pero igualmente importantes como la seguridad, la denuncia, o la lucha contra el SIDA, en el trabajo de las organizaciones humanitarias sobre el terreno.

En el ciclo se proyectarán 3 documentales en versión original subtitulada que relatan las situaciones con las que a menudo Médicos Sin Fronteras se encuentra en los proyectos. Posteriormente, habrá un coloquio con trabajadores humanitarios,  periodistas y un largo etc. de personas comprometidas con la labor de testimonio sobre las duras realidades que se viven fuera de nuestras fronteras y que en algún momento se han acercado a las distintas realidades narradas en los mismos.

Access to the Danger Zone (lunes 5 a las 19:00): el documental que describe las dificultades y medidas de seguridad que tienen que tomar organizaciones como MSF o el CICR, así como las negociaciones con los actores militares y políticos para poder tener acceso a las poblaciones que viven en zonas de conflicto.

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Amsterdam/Barcelona, 28 de abril de 2014. El pasado sábado por la tarde, 16 civiles desarmados, incluyendo tres trabajadores centroafricanos de Médicos Sin Fronteras (MSF), fueron asesinados en el asalto al hospital que gestiona la organización humanitaria en la ciudad de Boguila, en el norte de la República Centroafricana (RCA).

MSF condena enérgicamente el asesinato de civiles desarmados en un lugar que estaba claramente identificado como estructura de la organización y sin que existiera ningún tipo de provocación previa. “Estamos absolutamente impactados y afligidos ante la brutal violencia que se ha ejercido el pasado sábado contra nuestro personal y contra decenas de miembros de la comunidad local”, explica Stefano Argenziano, coordinador general de MSF en la RCA. “Estamos trabajando para tratar a todos los heridos y estamos llevando a cabo todos los esfuerzos posibles en mantener informados en todo momento a los miembros de sus familias y a la comunidad sobre el estado de sus familiares y amigos. En estos momentos, nuestros esfuerzos están también centrados en mantener la seguridad de nuestros pacientes, del hospital y de nuestros trabajadores”.

“Este inadmisible ataque nos fuerza a retirar a varios miembros clave de nuestro personal y a suspender actividades en Boguila. MSF mantiene su compromiso de asistir a la población de la zona, pero este tipo de actos criminales y premeditados suponen una seria amenaza a la capacidad de la organización para prestar ayuda a la población. Tenemos que pensar también en la seguridad de nuestros trabajadores”, comenta Argenziano. “Debido a las consecuencias de este brutal ataque, nos vemos obligados también a replantearnos si es posible continuar nuestras operaciones en otras zonas del país”.

Varios hombres armados de la exSeleka rodearon los terrenos del hospital de Boguila e irrumpieron en una reunión que había organizado el personal de MSF con 40 líderes locales, y en la que se hablaba sobre el acceso a la salud y a la atención médica en la zona.

Al mismo tiempo que alguno de estos hombres entraba disparando tiros al aire en las oficinas de MSF para hacerse con dinero y equipamiento, otros hombres se dirigieron al lugar donde se estaba produciendo la reunión. Sin que mediara ningún tipo de provocación previa, comenzaron a disparar indiscriminadamente hacia la multitud, provocando múltiples víctimas y dejando varios heridos en una situación crítica.

MSF es la única organización humanitaria internacional que trabaja sobre el terreno en Boguila, donde presta asistencia a una población cada vez más expuesta a mortales e indiscriminados ataques por parte de los grupos armados que operan en el área. Los hechos ocurridos el pasado sábado constituyen un inaceptable ataque no solamente a los civiles, sino también a la capacidad de proporcionar asistencia médica y humanitaria a la población.

 

Desde el golpe de Estado de marzo de 2013, Boguila ha estado bajo una permanente situación de inestabilidad y violencia. En agosto del año pasado se produjo un primer desplazamiento masivo de población ante el incremento de la inseguridad y de los ataques en toda la región. En diciembre de 2013, musulmanes que huían de la violencia que se había instalado en la vecina localidad de Nana Bakassa, buscaron refugio con familias de Boguila que les acogieron temporalmente. Más tarde, estas mismas personas tuvieron que huir de nuevo y dirigirse más al norte, en dirección a Chad. Por último, el pasado 11 de abril[1], 7.000 personas huyeron al bosque, y otras 40 buscaron refugio en los terrenos ocupados por las instalaciones de MSF, después de que un grupo armado atacara un convoy de unos veinte camiones escoltado por la Misión de Paz de la Unión Africana en República Centroafricana (MISCA) y que se encontraba de paso en Boguila. En dicho convoy viajaban los últimos 540 musulmanes que quedaban en la población de Bossangoa, en el norte del país, y que iban a encontrar refugio en Gore, localidad perteneciente a Chad.

Desde el año 2006, MSF ha gestionado este hospital de Boguila, que a día de hoy cuenta con 115 camas y que proporciona asistencia primaria y secundaria de salud a una población estimada de 45.000 personas. Los equipos de MSF también dan apoyo a 7 puestos de salud de los alrededores de Boguila, donde se presta asistencia médica primaria, principalmente tratamiento de casos de malaria, y desde los cuales se refieren los casos más graves al hospital de la organización. Cada mes, el personal de la organización pasa entre 9.000 y 13.000 consultas médicas y trata hasta 10.000 pacientes de malaria.

MSF lleva trabajando en la RCA desde 1997. En la actualidad MSF dispone de 300 miembros internacionales y más de 2000 nacionales trabajando en el país. MSF opera siete proyectos regulares (en Batangafo, Carnot, Kabo, Ndélé, Paoua, Bria y Zémio) y ocho proyectos de emergencia (en Bangui, Berbérati, Bouar, Boguila, Bossangoa, Bangassou y Bocaranga así cómo clínicas móviles en el noroeste del país). Los equipos de MSF proveen asistencia a los refugiados de RCA que han huido a Chad, Camerún y la República Democrática del Congo.

[1]  http://www.msf.es/noticia/2014/rca-miles-personas-huyen-combates-en-boguila


Un nuevo estudio de Médicos Sin Fronteras demuestra que una vacuna contra el tétanos sigue siendo efectiva tras un mes fuera de la estricta cadena de frío.

Vacunación en el campo de refugiados de Yida, en Sudán del Sur © Yann Libessart/MSF

Cada año, uno de cada cinco recién nacidos no recibe las vacunas vitales. La necesidad de conservar en frío constante las vacunas supone un gran obstáculo para mejorar las bajas tasas de inmunización, según la organización internacional médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF). Los obstáculos logísticos que impone la ‘cadena de frío’ –la obligación de mantener las vacunas entre 2º y 8º C de temperatura constante– podrían paliarse si las compañías farmacéuticas proporcionaran más información sobre el grado real de sensibilidad al calor de algunas vacunas. Un nuevo estudio de MSF realizado en una vacuna contra el tétanos confirma que algunas vacunas pueden utilizarse con seguridad fuera de la cadena de frío.

Por nuestra experiencia, la necesidad de mantener las vacunas en la cadena de frío durante todo el camino hasta el paciente es, sinceramente, una de las mayores barreras para que organizaciones como MSF pueden llevar a cabo vacunaciones eficaces”, afirma el doctor Greg Elder, director adjunto de Operaciones de MSF. “Si pudiéramos usar de forma segura más vacunas fuera de la cadena de frío durante un periodo de tiempo, sobre todo para el último tramo del viaje, podríamos inmunizar a muchos más niños que viven en las zonas más aisladas”.

En la actualidad, las vacunas necesitan conservarse en frío desde el momento que salen de la fábrica hasta que se utilizan en un punto de vacunación, lo que provoca enormes desafíos logísticos a los proveedores que deben garantizar el mantenimiento de la cadena del frío en cada paso del camino, tanto en su transporte como en el almacenamiento. Aunque esto no sea un reto importante en los estados ricos, en los países en desarrollo conlleva un obstáculo considerable, especialmente en las zonas más cálidas, aisladas y carentes de sistemas fiables de electricidad para la refrigeración. Esta dificultad es una las causas de las bajas tasas de inmunización en algunos países, provocando que, cada año, más de 22 millones de niños menores de un año no completen su cartilla de vacunación.

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