MÉDICOS SIN FRONTERAS

Los equipos médicos de Médicos Sin Fronteras (MSF) son testigos de un drástico incremento del número de pacientes que requieren tratamiento para enfermedades comunes, originadas por la carencia de instalaciones sanitarias y refugios suficientes en el campo de protección de civiles de las Naciones Unidas en Malakal, Sudán del Sur, tras la llegada de más de 19.000 personas desplazadas en julio. El número total de refugiados en el campo supera ya los 48.000, lo que pone al límite la ayuda humanitaria disponible.

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Los grandes picos de malaria que se están produciendo en Sudán del Sur aumentan la posibilidad de una segunda temporada consecutiva de esta enfermedad con cifras muy altas de casos y muertes. Esta situación podría prevenirse si se actúa urgentemente para reforzar el acceso al tratamiento en las zonas de más alto riesgo, según Médicos Sin Fronteras (MSF).

Casi el 60% de los pacientes de esta sala de hospital en Aweil tiene malaria. Agosto de 2015. Fotografía: Jacob Kuehn/MSF.

En 2013, MSF trató a más de 170.000 pacientes de malaria en Sudán del Sur. Ese año el número de pacientes que acudieron a las instalaciones de la organización en busca de tratamiento se triplicó con respecto al total de 2013. El pasado mes de noviembre, MSF ya advirtió de que se debía mejorar el acceso al tratamiento en las zonas más afectadas por la enfermedad. Muchos pacientes llegaban en estado grave y con riesgo de muerte, después de haber emprendido largos trayectos, para recibir atención sanitaria ante la falta de tratamientos contra la malaria en los centros de salud locales. En 2014, la malaria supuso el 72% de todas las muertes causadas por enfermedades en todo Sudán del Sur, según la ONU.

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La situación de la población de Yemen está marcada por una multitud de problemas generados por el conflicto armado que comenzó el pasado 26 de marzo. En un informe recién publicado, Médicos Sin Fronteras (MSF) examina varios aspectos concretos relacionados con la salud, que afectan hoy a los yemeníes tras más de cuatro meses de conflicto. Considerados en su conjunto, éstos muestran el efecto del conflicto en la estructura sanitaria de Yemen, conflicto que ha provocado lo que MSF define una “hemorragia constante” y el colapso de los servicios de salud a lo largo y ancho del país.

MSF, que durante el conflicto ha tratado más de 10.000 personas y ha realizado casi 5000 intervenciones quirúrgicas, analiza varios puntos: entre ellos, el tratamiento de los heridos de guerra,  la ruptura del abastecimiento de agua y de los servicios públicos, la situación sanitaria de los desplazados, los ataques al personal médico y a las infraestructuras sanitarias, las necesidades específicas  de atención médica de los niños y niñas yemeníes, la propagación de enfermedades contagiosas y la dificultad para llevar a cabo campañas de vacunación en el contexto actual y, por último, el acceso a la asistencia sanitaria para los pacientes con enfermedades crónicas.

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Los resultados de una nueva vacuna contra el Ébola indican un alto nivel de eficacia en un ensayo en el que estuvieron implicadas 4.000 personas en contacto estrecho con el virus hemorrágico en Guinea, uno de los tres países afectados por la actual epidemia.

La prestigiosa revista médica The Lancet  ha publicado los resultados del ensayo el 31 de julio.

Estos  indican que la nueva vacuna, llamada VSV-ZEBOV, es 100% eficaz diez días después de haber sido administrada a una persona que no estaba infectada.

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Miles de migrantes y de solicitantes de asilo se hallan actualmente varados en condiciones precarias en varias islas griegas, pese a reiterados llamamientos de MSF a las autoridades griegas y a la UE para que aborden el problema de la falta de capacidad para recibir migrantes. Un equipo de emergencias de MSF ha llegado a Lesbos, una de las dos islas griegas que han montado instalaciones de recepción, pero donde el sistema se halla al borde del colapso. MSF también sigue con sus actividades para migrantes y solicitantes de asilo que llegan a Kos y a otras islas del Dodecaneso.

 

Aproximadamente 5.000 personas, la mayoría de Siria, Afganistán e Irak, han llegado a Lesbos en los últimos días. Sin embargo, el centro de Moria solo puede acoger a unas 700 personas y está abarrotado, con pobres condiciones higiénicas y falta de comida. Miles de los recién llegados se ven forzados a acampar al aire libre, muchos de ellos en Kara Tepe: una parcela de tierra sin ningún tipo de organización y donde la gente tiene escaso o inexistente acceso a agua potable, techo, letrinas y atención médica. Pese a los esfuerzos de las autoridades para distribuir comida, las raciones son insuficientes para cubrir las necesidades de la gente.

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El coordinador de emergencias Will Turner distribuye raciones de comida en el Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

El coordinador de emergencias Will Turner distribuye raciones de comida en el Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

Hola,

Nada detiene a quien busca para sus hijos no solo pan sino también un techo seguro donde poder dormir sin temor a lo que pasará mañana. A algunos de ellos y a sus críos los estamos sacando del Mediterráneo: los hemos encontrado a bordo de barcos destartalados, de cubiertas resquebrajadas y motores gripados. Viajaban hacinados junto a otros cientos de personas, arriesgando la vida para cruzar el mar rumbo a Europa, con la esperanza de escapar de la violencia y la miseria.

Seguramente lo has visto en los medios de comunicación: en mayo, Médicos Sin Fronteras lanzó una operación de rescate en el Mediterráneo, con el fin de socorrer a personas en riesgo de naufragio y prestarles atención médica. En el momento de escribir estas líneas, nuestros barcos han rescatado a más de 1.800 personas.

Y seguramente, porque nos conoces, te preguntarás: ¿qué hace Médicos Sin Fronteras rescatando a gente en el mar? ¿Qué hace reclutando marineros, aprendiendo de esloras, de corrientes y regulaciones marítimas? La respuesta es sencilla y, precisamente porque nos conoces, no te va a extrañar. No hacemos nada diferente a lo que llevamos haciendo todos estos años con tu ayuda: asistir a las personas que sufren situaciones críticas. Lo que hacemos desde nuestros barcos no es muy diferente de lo que hacemos en nuestros hospitales de campaña: tendemos la mano al ser humano que necesita ayuda urgente, sin importarnos si la razón que les ha puesto en esa situación es una guerra, una epidemia, el hambre, o todas ellas a la vez.

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Las fronteras europeas están asistiendo al surgimiento de una crisis humanitaria donde miles de personas arriesgan su vida por alcanzar la seguridad de Europa y apenas reciben ayuda.

Bebé de tres meses después de ser rescatado por @msf_espana (Agus Morales)

Al fondo, el bote en el que viajaban un centenar de personas. En primer plano, justo cuando suben al barco de MSF © Agus Morales

Al fondo, el bote en el que viajaban un centenar de personas. En primer plano, justo cuando suben al barco de MSF © Agus Morales

Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de las vergonzosas consecuencias que pueden derivar del hecho de que los estados miembros de la Unión Europea (UE) hagan caso omiso de su deber humanitario. La organización médico-humanitaria exhorta a los líderes de la UE a repensar radicalmente sus políticas para ofrecer formas seguras y legales para las personas que buscan refugio y asilo en Europa.

Antes de la celebración de la reunión del Consejo Europeo los días 25 y 26 de junio, MSF pide a los líderes de la UE que destinen, de forma inmediata, los recursos adecuados para que Grecia e Italia puedan asegurar a estas personas una protección adecuada y unas condiciones de acogida dignas en los puntos de llegada. A su vez, los gobiernos de Italia y Grecia deben mostrar un claro compromiso de mejora de las condiciones de los migrantes y solicitantes de asilo que llegan a sus fronteras.

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“Esta es una crisis humanitaria orquestada, creada por el fracaso de la Unión Europea a la hora de poner en marcha políticas y prácticas adecuadas y humanas para hacer frente a este problema”, denuncia Aurelie Ponthieu, especialista de MSF en migraciones. “El deterioro de la situación no se debe a un número inmanejable de migrantes y refugiados sino al resultado directo de las deficiencias crónicas en las políticas de la UE en la gestión de las personas recién llegadas. Los Estados miembros emplean su tiempo en discutir sobre cierre de fronteras, construcción de muros y en lanzarse ultimátum amenazantes entre sí. Eso no va a impedir que la gente venga y, además, socava cualquier esfuerzo de colaboración para ayudar a las personas que lo requieren”.

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Dos duros testimonios de migrantes de Eritrea, que gracias a MSF y MOAS figuran entre los 100.000 que han llegado a tierra en lo que va de año.

Freweini, 38 años, proveniente de Sanaf (Eritrea) ©Julie Remy/MSF

Freweini, 38 años, proveniente de Sanaf (Eritrea) ©Julie Remy/MSF

Freweini, de Eritrea

“Mi nombre es Freweini. Tengo 38 años y vengo de Eritrea. Mi marido está muerto, pero tengo 5 niños –tres míos y dos más que cuido- y mi madre está enferma. Desde que dejé Eritrea hace dos meses todavía no he podido hablar con ellos.

Tres años atrás empecé a tener problemas. Antes de eso podía ir a donde quisiera y me apeteciera. Pero ahora apenas puedo caminar. Tengo que usar muletas y es muy doloroso.

Mi espalda necesita cirugía. Lo he intentado aquí,  pero no tienen lo que se necesita ­-a menos que pudiera encontrar 30.000 dólares.  Así que en sustitución  volví a la medicina tradicional, que usa el fuego. Pero eso no quita el dolor – todo lo que hizo fue quemar mi piel. Ahora tengo marcas por todas partes en mi cuerpo.

Debido a mis problemas en la espalda, decidí encontrar una manera de salir de Eritrea. Los comerciantes locales y otros de mi pueblo me ayudaron a recoger el dinero suficiente para costear el viaje a Jartum, y luego a Libia. Me puse por mi cuenta, caminando con mis muletas. Caminé a Jartum, y luego tomé una camioneta a Libia, desde donde abordé un barco.

Me han ayudado personas por todo el camino. Todo el mundo ha sido amable – levantándome cuando era necesario, e incluso cargando conmigo. Estoy muy agradecido a todos ellos

Cuando llegué al barco no tenía ni idea de cuánto tiempo me tomaría. Entonces tú has venido y nos has rescatado. No me importa a qué país voy de Europa. Todo lo que quiero es una cirugía en mi espalda, y ser capaz de ayudar a mis hijos. Espero que sea capaz de caminar normalmente de nuevo muy pronto”.

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Mientras Irak experimenta un dramático aumento de violencia, oleadas de personas que habían sido forzadas a abandonar sus hogares durante el último año están ahora atrapadas en “zonas grises” sin acceso a la ayuda humanitaria más básica. En grandes áreas del país, la población civil continúa pagando un enorme precio por el conflicto y la respuesta humanitaria sigue siendo insuficiente, advierte Médicos Sin Fronteras (MSF).

© Gabriella Bianchi/MSF

© Gabriella Bianchi/MSF

“Irak está experimentando su peor crisis humanitaria de las últimas décadas,” denuncia Fabio Forgione, jefe de misión de MSF en Irak. “Miles de personas, especialmente en el centro de Irak, no están recibiendo la ayuda humanitaria que necesitan con urgencia.”

En el último año, los intensos combates han llevado a casi tres millones de personas a abandonar las devastadas áreas del centro y norte de Irak, en particular, las gobernaciones de Anbar, Nínive, Saladino, Kirkuk y Diala. Miles de familias han huido de la creciente violencia y de los cambiantes frentes de batalla. Han sido desplazados muchas veces, y en el trayecto, lo han perdido todo. Muchos se quedan en refugios superpoblados -en tiendas, edificios sin terminar, templos religiosos o escuelas – donde las condiciones de vida son extremadamente malas.

Los equipos de MSF que trabajan en “zonas grises” -al norte de Mosul y en las áreas entre Bagdad y Anbar- reportan que muchos desplazados están viviendo sin acceso a instalaciones sanitarias ni agua limpia. Las infraestructuras y los centros de salud han sido dañados y están fuera de funcionamiento, y existe una creciente escasez de personal médico. Muchas personas no tienen ni siquiera acceso a servicios de salud básicos, mientras que llegar a un hospital que se encuentre en funcionamiento puede resultar extremadamente difícil en áreas en las que es inseguro desplazarse.

“A pesar de la magnitud de las necesidades de la gente, la respuesta humanitaria ha estado mayormente concentrada en áreas más seguras, como la región del Kurdistán en Irak,” advierte Forgione. “MSF es una de las pocas organizaciones internacionales trabajando en áreas del norte y centro de Irak, donde las personas que huyen del conflicto buscan refugio. A pesar de las restricciones obvias de seguridad, brindar ayuda aquí es posible, pero aun así estas áreas continúan siendo ignoradas.”

En un esfuerzo por responder a necesidades cada vez mayores, MSF ha estado expandiendo sus operaciones en el centro y norte de Irak. Los equipos médicos de MSF están gestionando clínicas móviles en las gobernaciones de Kirkuk, Saladino, Diala, Nínive y Bagdad para proporcionar atención médica a las personas que huyen de las zonas de conflicto, así como también a la población local. Los equipos brindan atención médica general, con énfasis en enfermedades no transmisibles, salud reproductiva y salud mental.

“Estamos muy alarmados por la posibilidad de que la violencia se expanda a otras ciudades densamente pobladas, lo que provocaría aún más desplazamientos”, explica Forgione. “Todos los actores en Irak deben hacer todos los esfuerzos posibles para garantizar que la población iraquí que huye de la violencia tenga acceso a la asistencia humanitaria. Nuestros equipos están haciendo todo lo posible, pero no pueden responder efectivamente a todas estas necesidades”.

 

 

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En noviembre de 2014, MSF puso en marcha un proyecto de pediatría en la región de Bafatá, en el centro de Guinea-Bissau. Con una tasa de mortalidad infantil de 116 niños por cada 1.000, Guinea-Bissau está entre los 10 países con peores indicadores de salud materno-infantil del mundo. Isabel Grovas, coordinadora médica de MSF encargada de abrir el proyecto, nos cuenta cómo han sido los inicios.

© Ramón Pereiro/MSF

© Ramón Pereiro/MSF

¿Por qué un proyecto de salud pediátrica en Guinea-Bissau?

En primer lugar, porque las cifras de la mortalidad infantil son alarmantes, y eso sin contar que muchas muertes no se contabilizan, porque muchos niños ni tan siquiera llegan a los centros de salud y mueren en sus propios hogares.

Además, el sistema de salud de Guinea-Bissau presenta grandes carencias: hay que pagar un precio elevado por los servicios de salud, muchas veces no hay medicamentos y además falta personal médico cualificado. Solo para hacernos una idea, cuando llegó el primer pediatra de MSF, solo nos constaba que hubiera otro en el país. Ahora sabemos que hay algunos más pero siguen siendo poquísimos para las necesidades. En este contexto, con un sistema sanitario muy frágil, cualquier actividad médica, de calidad y gratuita que ofrezcamos tiene un gran impacto en la salud de las madres y sus hijos.

 

¿Qué contexto sanitario os habéis encontrado en el país?

El país sufrió un golpe de estado en 2012 que empeoró notablemente la situación sanitaria de la población. Aunque ahora hay un gobierno legítimo desde mayo 2014,  han sido años difíciles en los que los centros sanitarios, que venían ya de soportar una situación muy precaria, se quedaron sin recursos. Muchos de los trabajadores de salud han estado meses sin recibir su salario lo que ha afectado a su motivación y a la atención que prestan.

A esto hay que sumar, la falta de ayuda internacional; los grandes donantes cesaron sus aportaciones económicas debido a la inestabilidad política. Y además, las malas cosechas de los dos últimos años, han obligado a la población a vender lo recolectado a precios muchos más bajos que años anteriores. Gran parte de la población dejó de tener recursos económicos suficientes y en un contexto donde se tiene que pagar por acceder a la salud, si no hay dinero, no hay salud.

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