MÉDICOS SIN FRONTERAS

Los equipos de MSF atendieron desde el pasado sábado 12 de mayo a 60 personas que fueron heridas a causa de la ola de violencia registrada desde ese mismo día en la localidad de Bangassou, en el sureste de República Centroafricana (RCA) y junto a la frontera con República Democrática del Congo (RDC).  René Colgo, responsable adjunto de emergencias de MSF en la República Centroafricana, nos cuenta la situación en la que se encuentra la población civil.

 

© MSF

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Alertamos en un nuevo informe de la crisis humanitaria que afecta a las personas forzadas a huir de Honduras, Guatemala y El Salvador. La violencia y el sufrimiento que padecen no son diferentes a lo que experimentan las poblaciones en zonas de conflicto. Necesitan protección internacional y ser tratadas con dignidad y humanidad.

 

© Marta Soszynska/MSF

 

Los centroamericanos que se ven obligados a huir de la violencia extrema en Honduras, Guatemala y El Salvador son víctimas por partida doble a lo largo de la ruta migratoria hacia México y Estados Unidos. Así lo denunciamos en Forzados a huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada’, un nuevo informe que publicamos hoy.

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Condenamos enérgicamente que los grupos de la oposición no mostraron absolutamente ninguna consideración por el estatus de protección de los pacientes, las instalaciones médicas, y los médicos y sanitarios.

Durante la tarde del pasado 29 de abril, unos 30 hombres enmascarados y armados irrumpieron en el hospital Hazeh, en Guta oriental (un área de ciudades asediadas cerca de Damasco), con el fin de buscar a pacientes heridos específicos y se apoderaron de la ambulancia del hospital.

A pocos kilómetros al sur, el punto médico de Aftares -también apoyado por nuestra organización- recibió el alcance de las balas después de dos días rodeado por los combates.

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Tras más de medio siglo de conflicto armado en Colombia, la violencia está lejos de desaparecer  y el coste social hasta el momento es alarmante. Millones de personas han tenido que desplazarse de sus hogares y tierras, decenas de miles han desaparecido y centenares de miles de familiares siguen esperándolos.

© Marta Soszynska/MSF

Durante todos estos años, la violencia no ha cesado, sino que se ha adaptado. Razones ideológicas, políticas y/o religiosas han sido el motivo de aberraciones contrarias a la vida y de la erosión de los derechos humanos más básicos. Pero sobre todo, el principal motor de esta desmesurada violencia ha sido el interés económico. Cantidad de niños, jóvenes y adultos han sido reclutados a la fuerza o empujados a un estilo de vida criminal ante la falta de oportunidades.

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En el estado de Borno, los ataques de Boko Haram siguen causando movimientos de población y desplazamientos. Además, denunciamos que Camerún está repatriando a la fuerza a cientos de refugiados nigerianos en busca de protección y seguridad

 

Punto de agua en el campo de Banki, en el noreste de Nigeria. © Malik Samuel/MSF

En el noreste de Nigeria, la violencia y la inseguridad siguen forzando a la población a huir de sus hogares. Según relata nuestro equipo en la zona, nuevas oleadas de desplazados están llegando a aldeas y localidades remotas del estado de Borno. Además, desde Camerún, miles refugiados nigerianos están siendo obligados a regresar a su país de origen.

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En el norte de Siria, las personas que huyen de los combates y las que regresan a sus hogares corren el peligro de sufrir muertes y mutilaciones debido al impacto de minas, trampas explosivas y municiones sin detonar, fruto de los combates en la zona. Desde Médicos Sin Fronteras (MSF) publicamos “Listas para explotar”, un informe que advierte sobre el impacto devastador que tendría la detonación de estos artefactos en la población civil.

Un enfermero de MSF atiende a un paciente herido por una mina en el hospital de Kobane. Jamal Bali / MSF

Con Siria entrando en su séptimo año de guerra, el conflicto lejos de perder fuerza, se intensifica con los combates por el control de la ciudad de Raqqa, autoproclamada por el Estado Islámico (EI) como su capital. Muchos desplazados asistidos por MSF han sido víctimas de las minas, trampas explosivas y municiones sin detonar que tras años de guerra están sembrados por todas partes. La mayoría de ellos asegura que uno de sus principales miedos es que ellos mismos o sus familiares y amigos fallezcan o resulten heridos mientras huyen de las líneas de frente o cuando traten de regresar a sus hogares.

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El pasado martes día 4 de abril, un ataque químico en contra de la localidad de Jan Sheijun, en la provincia de Idlib, situada en la zona rebelde siria, acabó con la vida de 86 personas, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH). Un equipo médico de Médicos Sin Fronteras que presta apoyo al servicio de urgencias del hospital de Bab Al Hawa confirma que los síntomas de los pacientes son compatibles con la exposición a un agente neurotóxico como el gas sarín.

Según el OSDH, el número de víctimas mortales por el ataque aéreo a la ciudad siria de Jan Sheijun se eleva a 86, de las cuales 30 son niños y 20 mujeres. Algunas de las víctimas de este atentado fueron trasladadas al hospital de Bab Al Hawa, situado a 100 km al norte, cerca de la frontera con Turquía. Allí, ocho de los pacientes mostraron síntomas propios de la exposición a un agente neurotóxico como el gas sarín o compuestos similares. Pupilas contraídas, espasmos musculares y defecación involuntaria son algunos de dichos signos. Miembros del equipo de MSF proporcionaron medicamentos para que dichos pacientes fueran tratados, al mismo tiempo que facilitaron ropa protectora al personal médico del centro.

Además, estos equipos de MSF pudieron visitar otros centros donde más víctimas estaban recibiendo atención sanitaria. Fue allí donde alertaron de que estas personas habrían estado expuestas al cloro, ya que desprendían olor a lejía.

MSF apunta en sus informes que las víctimas de Jan Sheijun estuvieron expuestas, al menos, a dos agente químicos diferentes.

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Desde Médicos Sin Fronteras nos sumamos al rechazo de la patente europea del sofosbivur, un medicamento clave contra la hepatitis C. Así, el pasado día 27 de marzo y junto con Médicos del Mundo, Salud por Derecho y otras organizaciones de la sociedad civil de 17 países, presentamos ante la Oficina Europea de Patentes (OEP) una nueva oposición a la patente de dicho fármaco por parte de la empresa Gilead ya que esto supone una imposición de barreras que impide a millones de personas recibir tratamiento contra la enfermedad.

El sofosbivur es la columna vertebral de la mayoría de los tratamientos combinados para la hepatitis C. Este conforma el eje de una gama de antivirales de acción directa (AAD) orales que han llegado al mercado en los últimos cuatro años y que han disparado las tasas de curación. Si tenemos en cuenta que se estima que alrededor de 80 millones de personas en todo el mundo padecen esta enfermedad, el fármaco se convierte en un producto más que clave. Las cifras son alarmantes, ya que, y a pesar de que la enfermedad puede curarse con combinaciones de otros fármacos orales, se calcula que más de 700.000 enfermos mueren cada año debido a las complicaciones de la hepatitis C.


“Con 80 millones de personas en todo el mundo viviendo con hepatitis C, el tratamiento tiene que estar disponible para todos los que lo necesiten, sin importar dónde vivan”, señala el Dr. Isaac Chikwanha, asesor médico de hepatitis C de la Campaña de Acceso a medicamentos de MSF. “El precio del sofosbuvir excluye del tratamiento a millones de personas que precisan de él. El tratamiento está siendo restringido o, simplemente, no está disponible en muchos lugares del mundo. Rusia y muchos países de renta media como Tailandia y Brasil son un ejemplo de ello. Un medicamento que cura no hace ningún bien si la gente que lo necesita no puede pagarlo”.

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El pasado día 20 de marzo se cumplía un año del pacto migratorio firmado entre la Unión Europea y Turquía. Un acuerdo cuyo objetivo era, y continúa siendo, detener la llegada de solicitantes de asilo y migrantes desde Turquía a Europa, ofreciéndoles, supuestamente, “una alternativa a arriesgar sus vidas”. Desde Médicos Sin Fronteras denunciamos estas nocivas políticas de disuasión y los continuos intentos de alejar a la gente y su sufrimiento de las costas europeas.

La entrada en vigor de este pacto y el cierre de la ruta de los Balcanes, hace también un año, supusieron un nuevo paradigma en el enfoque de la UE para los flujos migratorios mixtos. Lejos de ser una historia de éxito, esta política migratoria europea se traduce en miles de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes que pagan con su salud esta pésima gestión. Y es que, como consecuencia de esta gestión, miles de personas se ven obligadas a tener que realizar su camino hacia las costas europeas de la mano de mafias y traficantes. En Grecia y los Balcanes, hombres, mujeres, niños y niñas están atrapados en zonas inseguras de las que no pueden huir.

En este vídeo, nuestra compañera Caitlin explica de forma gráfica cómo funciona este acuerdo.

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Han pasado seis años desde que se inició el conflicto armado en Siria, el considerado como el más cruel desde hace 25 años. Seis años en los que más 400.000 personas han muerto y 4,8 millones se han visto obligados a abandonar el país. Médicos Sin Fronteras hace un llamamiento para que todas las partes involucradas en el conflicto permitan la entrada de la ayuda humanitaria en el país.

 

“Todas las partes del conflicto, los países vecinos y los actores internacionales deben permitir el acceso de la ayuda médica y humanitaria y no usarla como una herramienta política”, afirma Pablo Marco, coordinador de MSF en Oriente Medio. “Además, deben permitir que aquellos que requieran de asistencia médica accedan a áreas donde puedan recibir tratamiento especializado por parte del personal sanitario. A su vez, deben asegurar la protección de las unidades de emergencia, del personal sanitario y de las instalaciones médicas”.  

Tras seis años de guerra en Siria, la población civil es la que más sufre las consecuencias de este conflicto, cada vez más letal y despiadado. Los niveles de dolor son cada vez más grandes y millones de personas siguen sin tener acceso a la salud y sus servicios más básicos. Esta es una crisis humanitaria que se ha vuelto tremendamente compleja. 13.5 millones de personas necesitan de ayuda humanitaria urgente para sobrevivir.

Las vidas de millones de habitantes han sido destrozadas. Este video de MSF te muestra las consecuencias de años de guerra.

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