MÉDICOS SIN FRONTERAS

Un nuevo estudio de Médicos Sin Fronteras demuestra que una vacuna contra el tétanos sigue siendo efectiva tras un mes fuera de la estricta cadena de frío.

Vacunación en el campo de refugiados de Yida, en Sudán del Sur © Yann Libessart/MSF

Cada año, uno de cada cinco recién nacidos no recibe las vacunas vitales. La necesidad de conservar en frío constante las vacunas supone un gran obstáculo para mejorar las bajas tasas de inmunización, según la organización internacional médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF). Los obstáculos logísticos que impone la ‘cadena de frío’ –la obligación de mantener las vacunas entre 2º y 8º C de temperatura constante– podrían paliarse si las compañías farmacéuticas proporcionaran más información sobre el grado real de sensibilidad al calor de algunas vacunas. Un nuevo estudio de MSF realizado en una vacuna contra el tétanos confirma que algunas vacunas pueden utilizarse con seguridad fuera de la cadena de frío.

Por nuestra experiencia, la necesidad de mantener las vacunas en la cadena de frío durante todo el camino hasta el paciente es, sinceramente, una de las mayores barreras para que organizaciones como MSF pueden llevar a cabo vacunaciones eficaces”, afirma el doctor Greg Elder, director adjunto de Operaciones de MSF. “Si pudiéramos usar de forma segura más vacunas fuera de la cadena de frío durante un periodo de tiempo, sobre todo para el último tramo del viaje, podríamos inmunizar a muchos más niños que viven en las zonas más aisladas”.

En la actualidad, las vacunas necesitan conservarse en frío desde el momento que salen de la fábrica hasta que se utilizan en un punto de vacunación, lo que provoca enormes desafíos logísticos a los proveedores que deben garantizar el mantenimiento de la cadena del frío en cada paso del camino, tanto en su transporte como en el almacenamiento. Aunque esto no sea un reto importante en los estados ricos, en los países en desarrollo conlleva un obstáculo considerable, especialmente en las zonas más cálidas, aisladas y carentes de sistemas fiables de electricidad para la refrigeración. Esta dificultad es una las causas de las bajas tasas de inmunización en algunos países, provocando que, cada año, más de 22 millones de niños menores de un año no completen su cartilla de vacunación.

Leer más


Entre el 7 de abril y el 1 de julio de 1994, más de 800.000 personas fueron asesinadas en Ruanda con una brutalidad y crueldad inimaginables, la mayoría a machetazos, siguiendo un plan meticuloso. Este horror era perfectamente previsible y fue detalladamente anticipado por el responsable de UNAMIR, la misión de los cascos azules en Ruanda, en un fax enviado tres meses antes a la oficina de las Fuerzas de Mantenimiento de la Paz de Naciones Unidas en Nueva York.


Intervención de José Antonio Bastos del minuto 27:15 a 1:00:25

 

La respuesta fue chocante. El fax y la alerta que constituía fueron ignorados. Después, mientras los medios de comunicación retransmitían el genocidio, la Administración norteamericana presionaba para que en el Consejo de Seguridad no se utilizara la palabra “genocidio” y se evitara cualquier acción concreta para detener las masacres. Por último, Naciones Unidas despreciaba la información de sus propias fuentes y reducía el contingente de UNAMIR de 2.700 a 250.

Ante la acumulación de cadáveres en Ruanda, a mediados de junio el Consejo de Seguridad finalmente acordó intervenir para detener el genocidio. Ningún país se animó a aportar tropas hasta que Francia, aliada del Gobierno ruandés, lanzó la Operación Turquesa, operación militar “humanitaria” para “salvar vidas de civiles” que, de hecho, protegió la retirada a Zaire del Ejército ruandés y de las milicias Interahamwe, frente al avance del Frente Patriótico Ruandés (FPR) tutsi. El genocidio terminó cuando el FPR conquistó el país entero, cometiendo en el proceso actos de brutal violencia contra los civiles.

Con la perspectiva que nos da el tiempo, muchos podrían preguntarse ahora por qué el Consejo de Seguridad, las Fuerzas de Mantenimiento de la Paz, Estados Unidos y otros gobiernos bloquearon la respuesta al genocidio.

Leer más


La vida de miles de personas corre un serio riesgo si no se actúa de inmediato.

En una clara demostración de indiferencia, altos funcionarios de la ONU han rechazado mejorar las condiciones de vida de los 21.000 desplazados que se refugian en un área propensa a inundarse de una de las bases de la Misión de Asistencia de la ONU en Sudán del Sur (UNMIS, por sus siglas en inglés). Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte de que todas estas personas estarán aún más expuestas a sufrir enfermedades y epidemias si permanecen allí. Pese a las repetidas peticiones por parte de las organizaciones humanitarias, la ONU no ha actuado sobre el terreno para mejorar las condiciones de vida de esta población cuyas posibilidades de supervivencia se ven cada día más amenazadas. MSF cuestiona el compromiso de la ONU para cubrir las necesidades de los grupos más vulnerables del país y pide una acción inmediata para salvar las vidas de las miles de personas que están en el campo de Tomping.

La base de UNMIS de Tomping en Juba, la capital del país, ha acogido desde hace meses a miles de personas que huyeron para salvar sus vidas cuando estalló el conflicto el pasado diciembre. Todos ellos están hacinados en las zonas bajas del recinto, que se inundan cada vez que llueve. En la clínica que MSF tiene en el campo de desplazados, las enfermedades diarreicas, las infecciones respiratorias y las enfermedades de la piel representan más del 60 por ciento de los casos tratados. MSF y otras organizaciones han pedido en varias ocasiones que se expandiera el campo a otra zona del recinto que está vacía y que es menos proclive a sufrir inundaciones, al menos como medida temporal para salvar vidas. Sin embargo, todas las solicitudes que se han hecho hasta la fecha han sido rechazadas.

Leer más


Madrid, 18 de diciembre de 2013.- Según el informe ‘La acción humanitaria en 2012-2013: instalados en la crisis’, elaborado por el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) con la colaboración de Médicos Sin Fronteras (MSF), y presentado hoy en Madrid, en 2012, los efectos de la crisis económica se reflejaron en los presupuestos de ayuda humanitaria de los principales países donantes[1], que se redujeron en un 11% entre 2011 y 2012, pasando de 9.600 a 8.600 millones de euros.

Entre otras consecuencias, esto supuso que en 2012 quedaron sin cubrir un 37% de los fondos solicitados por la ONU a través de sus llamamientos consolidados (CAP): es la mayor proporción de necesidades sin cubrir en más de diez años. Y destaca el hecho de que la inversión destinada a prevención y preparación ante desastres sigue siendo desproporcionadamente baja: apenas un 5% de la ayuda humanitaria.

España es el país que más ha reducido sus fondos de ayuda humanitaria desde 2010, con recortes incluso mayores que en otras políticas sociales: de los 356 millones de euros de aquel año, a 216 millones en 2011, y 72 millones de 2012. Las cifras aún provisionales de 2013 siguen por este camino de brutal retroceso: 41,7 millones. Y para 2014, los Presupuestos Generales del Estado prevén un pequeño incremento de 4,5 millones, algo anecdótico comparado con los recortes del 80% sufridos por esta partida entre 2010 y 2012.

“Más allá de la retórica, la escasa capacidad de reacción de la Cooperación pública española al desastre en Filipinas es la mejor muestra del impacto de estos recortes”, señala Francisco Rey, codirector del IECAH. Así mismo, España sigue ausente de las grandes iniciativas globales como el Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis. “La acción humanitaria pública española, cuya consolidación legal, institucional y profesional había costado tantos esfuerzos, está siendo desmantelada, y lamentablemente estos recortes han sido recibidos con pasividad por la ciudadanía, a pesar del enorme coste que tendrán en las poblaciones vulnerables de muchos lugares del planeta”, añade.

Los recortes denotan que la mayoría de organismos internacionales y gobiernos donantes se han instalado en un notable conformismo: no hay voluntad política ni financiera para reaccionar con vigor a las emergencias, derivadas de conflictos o desastres naturales, que más sufrimiento causan. Sólo en 2012, se registraron 357 desastres naturales, que afectaron a 124,5 millones de personas, y 38 conflictos armados siguen activos.

“El caso de Siria es paradigmático”, explica el codirector del IECAH Jesús Núñez: “de algún modo, se ha ido instalando entre los medios de comunicación, los gobiernos y las opiniones públicas la idea de que el conflicto es irresoluble a corto plazo y que, por tanto, sólo queda esperar a que los combatientes terminen por agotarse y lleguen a un acuerdo, todo ello al margen de las necesidades de una población civil que parece condenada a seguir sufriendo y muriendo”.

En palabras de Joan Tubau, director general de Médicos Sin Fronteras, “Siria es hoy el conflicto más letal del mundo, y las necesidades de la población son cada vez más agudas. La ayuda humanitaria a la población siria debería estar en lo más alto de la agenda diplomática, y sin embargo no lo está. Y este es un llamamiento que hacemos extensible a otros países que están atravesando crisis de gran complejidad y tremendo impacto en la población, y en las que la respuesta humanitaria internacional no está dando la talla, como República Centroafricana, Sudán del Sur o República Democrática del Congo”.

El noveno informe del Observatorio de la Acción Humanitaria ha sido elaborado por el IECAH en colaboración con MSF, y cuenta con la participación de Development Initiatives. Analiza la evolución de la financiación humanitaria internacional y española, y dedica dos capítulos al conflicto de Siria, que aborda desde las perspectivas política, de seguridad y humanitaria; asimismo, incluye una cronología de acontecimientos internacionales.

El informe está disponible en www.iecah.org y www.msf.es.

Carta abierta al Presidente del Gobierno sobre la respuesta de la Cooperación Española al desastre de Filipinas, firmada por IECAH, MSF y la CONGDE, entre otros: http://www.iecah.org/web/images/stories/articulos/Carta_al_Presidente_13.pdf


[1] Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).


Por © Samuel Hanryon/MSF
Foto tomada el 9 de diciembre de 2013. Bangui, Rep. Centroafricana.
Equipos de MSF atienden a los heridos que llegan al Hospital Comunitario de Bangui, que está desbordado. MSF da respaldo al hospital en los servicios de urgencias, cirugía y hospitalización. Además, se han instalado varias tiendas de campaña junto al hospital para aumentar su capacidad.

Personal y pacientes del hospital Amitié han sido testigos de ejecuciones sumarias perpetradas por hombres armados en el interior del centro

MSF hace un llamamiento para que se garantice la seguridad de los heridos y enfermos en los hospitales

Médicos Sin Fronteras (MSF) hace un llamamiento a todas las partes implicadas en el actual conflicto en República Centroafricana para que permitan a los heridos y enfermos acceder con total seguridad a los servicios médicos que necesitan con urgencia. MSF exige que tanto los pacientes como el personal de salud sean respetados y que no se reproduzcan actos de violencia en las estructuras hospitalarias, tanto en Bangui como en el resto del país.

La violencia que se ha cebado con la población de Bangui desde el 5 de diciembre ha afectado también a las estructuras de salud de la capital centroafricana. Así, el jueves pasado, el personal y los pacientes del hospital Amitié fueron testigos de ejecuciones sumarias perpetradas por hombres armados en el interior del centro. “Nuestros equipos vieron una decena de cadáveres situados frente al hospital”, explica Rosa Cristani, coordinadora de emergencias de MSF. Estos hechos y la inseguridad reinante motivaron que el personal del hospital cesara sus actividades. Los heridos de mayor necesidad y parte de los trabajadores fueron trasladados por MSF al hospital Communautaire. En el hospital Amitié quedan todavía algunos pacientes, pero por el momento se han suspendido todas las actividades médicas en el centro.

En el hospital Communautaire, la situación sigue igualmente tensa. Se han ejercido amenazas y presiones sobre pacientes, personal de MSF y personal del ministerio de Salud. En varias ocasiones, los equipos han tenido que interponerse entre los hombres armados y los pacientes. “Continuamos nuestras actividades, pero esta violencia es inaceptable y un atentado al derecho internacional humanitario. Las amenazas tienen un impacto evidente en la atención médica, ralentizándola u ocasionando que el personal sanitario abandone puestos que son cruciales”, explica indignado Thomas Curbillon, coordinador general de MSF en Bangui. “Además, aparte de la violencia per se, es probable que un buen número de heridos no se atreva a recurrir a cuidados médicos. El despliegue de la ayuda, tal y como nosotros la entendemos, neutral, imparcial e independiente, no debería ejercerse bajo la amenaza y la violencia”, prosigue Tomas.

MSF hace un llamamiento a todas las partes en el conflicto en RCA, en Bangui y en el resto del país para que respeten a los pacientes, enfermos y heridos, a las estructuras médicas, a las ambulancias y al personal sanitario y humanitario, tanto centroafricano como internacional. MSF recuerda que es una organización médica internacional independiente de todo poder cuyo único objetivo es responder a las necesidades médicas y humanitarias de las poblaciones a las que asiste.

Actividades de los equipos de MSF en Bangui a día 8 de diciembre

Hôpital Communautaire:

Desde el inicio de los combates el pasado jueves, los equipos de MSF se unieron al personal del hospital para afrontar el flujo de heridos. 16 miembros de MSF trabajan en los servicios de urgencias, de cirugía y de hospitalización. Casi 260 heridos han sido atendidos desde el 5 de diciembre. La mayoría de pacientes presentan heridas por arma blanca (machete o cuchillo) o por armas de fuego. Más de cien personas permanecen hospitalizadas y se han llevado a cabo más de 60 operaciones quirúrgicas. Un equipo quirúrgico suplementario se desplazará en breve para apoyar a los trabajadores de MSF y del ministerio de Salud. Se ha abierto un segundo quirófano y se han instalado siete tiendas para recibir a los heridos y aumentar la capacidad del hospital. Equipos de la Cruz Roja, del CICR y familiares de las víctimas han llevado a la morgue del centro a 200 muertos.

Maternité Castor:

27 camas en el hospital para la atención de heridos leves y de mujeres embarazadas.

Atención médica a las personas desplazadas en el aeropuerto (15.000 personas) y en el centro comunitario de Don Bosco (13.000 personas), prestando especial atención a los niños menores de cinco años y a las mujeres embarazadas. Referencias de heridos y de casos quirúrgicos de urgencia hacia el Hospital Castor y el Communautaire (o al hospital pediátrico apoyado por la ONG Emergency). En Don Bosco, MSF hace provisión de agua y de letrinas para los 6.000 desplazados en la zona.

Se ha hecho una donación de medicamentos y material médico a la Clínica Sant Luc, situada en el campo de desplazados de Boy-Rabe (15.000 personas).

Actividades en Bossangoa a día 8 de diciembre

Los violentos enfrentamientos de los dos últimos días en Bossangoa han dejado tras de sí 28 muertos. Los equipos de MSF (con 23 trabajadores internacionales) han trabajado sin descanso para atender las necesidades médicas y ayudar a las más de 37.000 personas desplazadas en el área. En el hospital de Bossangoa se ha atendido a 21 heridos por bala y 2 por machete. Se han realizado 16 operaciones a heridos de gravedad y se ha hospitalizado a 60 pacientes. MSF continúa además las actividades de higiene y de saneamiento mediante la provisión de agua potable y la instalación de letrinas para los 37.000 desplazados que se hacinan en la misión católica y en la Escuela Liberté. Al mismo tiempo, MSF ha iniciado la asistencia a 2.000 nuevos desplazados en otros lugares. En cooperación con la Cruz Roja Internacional, se ha colaborado en el traslado y recogida de cadáveres de la ciudad.


Cada día, miles de personas siguen huyendo de la violencia en Siria. Desde que comenzó el conflicto, más de dos millones de sirios han cruzado a los países vecinos. Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja respondiendo a esta situación en el norte de Irak desde mayo de 2012

© Diala Ghassan/MSF

 

“Venimos de Tel Brak, en el noreste de Siria. Dejamos nuestra casa hace siete meses porque la región se estaba convirtiendo en zona de guerra. Todo el pueblo se marchó”, explica Zeina, quien acaba de cruzar la frontera iraquí con su marido y sus cuatro hijos.

“Hemos estado viviendo estos siete meses en las montañas, sin un lugar apropiado en el que quedarnos, sin trabajo, sin dinero y a veces sin comida –continúa–. Después de siete meses, decidimos ir a Al Qamishli y desde allí cruzar la frontera con Irak. Las fronteras estaban cerradas, así que tuvimos que quedarnos en un colegio de los alrededores. Cuando oímos que las abrían, salimos a primera hora de la mañana. Nos llevó dos horas cruzarla, andando. Estamos tan aliviados de estar aquí…”

Cerca de 60.000 refugiados procedentes de Siria han cruzado a la región kurda de Irak desde que abriera la frontera el pasado 15 de agosto, después de permanecer tres meses cerrada. El día en que volvió a abrirse, 7.000 personas cruzaron la frontera; en el mes que siguió, estuvieron pasando unas 800 personas cada día.

A mediados de septiembre, la frontera volvió a cerrarse, para volver a abrir de nuevo a las dos semanas. MSF está preparando a sus equipos en la frontera y en los campos próximos para responder a una posible llegada masiva de refugiados.

La larga marcha buscando seguridad

La mayor parte de los refugiados sirios llegan a la frontera caminando, tras un largo trayecto a través de un valle desierto y bajo un intenso calor. Han dejado casi todo tras de sí: familiares, hogares, pertenencias… La mayoría son de Damasco y de Aleppo, pero recientemente están llegando más procedentes de la región de Al Hassaka, en el noreste de Siria, tras el recrudecimiento de los combates allí.

Los equipos de MSF han establecido puestos de salud a ambos lados de la frontera, donde se proporcionan consultas médicas y se distribuye agua potable a los refugiados que esperan a ser trasladados a los campos de tránsito que se están instalando en Dohuk, Erbil y Sulaymaniya.

“La mayor parte de nuestros pacientes son niños, mujeres embarazadas y madres que han dado a luz recientemente”, precisa Paul Yon, jefe de misión de MSF en Dohuk. “Muchos sufren deshidratación moderada debido a las largas distancias que han tenido que recorrer hasta llegar a la frontera. También estamos viendo casos de enfermedades crónicas, como hipertensión, asma o epilepsia: algunos pacientes no han podido conseguir su medicación en Siria ya que el sistema de salud se ha hundido. Algunos llegan en estado de shock: se han visto forzados a desplazarse muchas veces desde que estalló el conflicto, y decidieron cruzar la frontera porque su vida corría peligro”.

En el lado iraquí de la frontera, desde mediados de agosto los equipos de MSF han proporcionado más de 1.040 consultas de medicina general para refugiados que esperan su traslado a Dohuk, Erbil y Sulaymaniya. Dado que muchos no habían podido llevarse nada consigo al huir, MSF ha distribuido también bienes de primera necesidad, como bidones y plásticos para refugio, a 290 familias en los campos de tránsito. En los próximos días, los equipos de la organización también empezarán a proporcionar consultas de medicina general para refugiados en varios campos de Erbil.

En el lado sirio de la frontera, MSF ha proporcionado hasta ahora 982 consultas médicas y distribuido agua potable para 33.000 personas que están esperando a cruzar a Irak.

Una nueva vida como refugiado

Los sirios que entran en Irak son registrados en la frontera por las autoridades kurdas y por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Tras el registro, son trasladados a uno de los muchos campos de refugiados que están instalándose en el norte de Irak. Este podría ser el final del camino para quienes han sufrido varios desplazamientos en el interior de Siria desde que comenzó el conflicto hace 2 años y medios, y que comienzan así una nueva vida como refugiados.

 


MSF también trabaja en el campo de refugiados en Domeez desde mayo de 2012; en este campo viven más de 42.000 refugiados sirios. Los equipos de la organización proporcionan servicios generales de salud y de salud mental. Además, MSF evalúa constantemente la situación en la frontera, y sigue preparada para responder a necesidades urgentes de salud. Paralelamente, MSF también está evaluando las necesidades de más de 70.000 refugiados que se han instalado en la ciudad de Dohuk.

 


Desde el mismo día del terremoto en Baluchistán, Médicos Sin Fronteras solicita al Gobierno de Pakistán que se le permita acceder a las víctimas. Once días después, dicho permiso sigue sin llegar.

Hospital de Dera Murad Jamali. Baluchistán, Pakistán. © P.K. Lee

Han pasado once días desde que tuviera lugar el primero de los dos terremotos que afectaron a región de Awaran, en la provincia paquistaní de Baluchistán, y a pesar de las discusiones diarias con el Gobierno de Pakistán, éste sigue sin conceder permiso a Médicos Sin Fronteras para trabajar en la zona.

“Desde el momento en el que se produjo el primer terremoto, el pasado 24 de septiembre, MSF ha estado en diálogo con distintos funcionarios para poder introducir equipos y suministros en la región de Awaran. Sin embargo, el Gobierno de Pakistán no nos ha dado autorización para acceder” , explica Chris Lockyear, director de Operaciones de MSF.

“Para aquellos que hayan resultado afectados once días sin ayuda supone demasido tiempo. Es crucial que las autoridades permitan el acceso de ayuda humanitaria imparcial en la región de Awaran y que nos dejen responder todas aquellas necesidades que no están siendo satisfechas”, continúa Lockyear.

Los equipos de MSF han estado dispuestos a prestar asistencia médica y humanitaria en Awaran desde el primer día, tratando a las víctimas de traumatismos, llevando a cabo atención primaria de salud y poniendo en marcha actividades de agua y saneamiento. Todos los informes que han sido publicados sugieren que aún existen necesidades humanitarias sin cubrir en aquellas áreas donde la ayuda del Gobierno no ha podido llegar.

MSF ya trabaja actualmente en otras zonas de Baluchistán, una de las provinicias más pobres de Pakistán y una de las que cuenta con algunos de los peores indicadores de salud del país. Las tasas de desnutrición en algunas de sus regiones son preocupantemente altas, y esto hace que los niños sean especialmente vulnerables a la malaria o a las enfermedades provocadas por las malas condiciones higiénicas.

“Los indicadores de salud en Baluchistán ya eran muy bajos antes del terremoto. Estamos seriamente preocupados por aquellos que han sufrido el impacto del terremoto, ya que no hay duda de que su situación habrá empeorado todavía más”, exclama Lockyear.


Médicos Sin Fronteras trabaja en Pakistán desde 1986 proporcionando atención médica a las víctimas de conflictos armados y desastres naturales y aquellos que carecen de acceso a la atención médica. Actualmente, los equipos de la organización están dispensando atención médica de urgencias gratuita en las provincias de Kurram Agency (FATA), Khyber Pakhtunkhwa, Baluchistán y Sindh.

Con el fin de garantizar la independencia de sus actividades en Pakistán, los fondos que financian los proyectos de MSF en este país proceden exclusivamente de donaciones privadas realizadas por socios y colaboradores de todo el mundo; MSF no acepta para los mismos financiación pública de ningún gobierno, agencia donante o de grupos con afiliaciones militares o políticas.

 


El pasado viernes 27 de septiembre tuvo lugar un enfrentamiento entre varios grupos armados en Osso-Banyungu, jefatura perteneciente al territorio de Masisi, en Kivu Norte, República Democrática del Congo (RDC), en el que se produjeron numerosas víctimas civiles.

El pueblo de Lwibo tras el ataque © MSF

 

Los ciudadanos de la región también fueron víctimas de varios ataques en las poblaciones de Butemure, Lwibo , Bikudje , Majengo y Katiri.

Médicos Sin Fronteras (MSF), que organizó de inmediato diversas clínicas móviles para proporcionar atención médica de urgencia a todos aquellos que resultaron afectados por la violencia, hace un llamamiento a los grupos armados para respeten las normas de derecho internacional humanitario y se garantice la protección de los civiles.

El ataque del viernes pasado propició decenas de víctimas, entre las cuales había varias mujeres y niños. Muchas otras personas resultaron heridas. Es muy difícil confirmar el número de muertos, heridos y desaparecidos, ya que muchos de los habitantes de la localidad huyeron de inmediato hacia el interior de la selva por miedo a que se produjeran nuevos ataques. “Escuché los gritos de varios vecinos alertando de que llegaban las milicias. Corrí hacia el campo para unirme a mi marido. Pero cuando llegamos allí ya no había rastro de él. Sólo encontré su sombrero y sus herramientas de trabajo manchadas de sangre” , explica una de las habitantes del pueblo. Otros testigos han relatado al personal de MSF que 46 estudiantes y tres profesores fueron secuestrados después de que su escuela fuera incendiada.

Durante la incursión armada, un puente fue destruido cuando los habitantes del pueblo trataban de huir a través de él. “Vi como mi hijo caía del puente. Varios hombres armados rompieron a machetazos la última cuerda que lo sostenía sobre el río. Justo antes, en la explanada, mataron a varios hombres  y los echaron al agua “, asegura un habitante de Lwibo .

Al día siguiente del ataque, los equipos de MSF trataron a más de 80 pacientes en la ciudad de Lwibo y atendieron a 9 víctimas de violencia sexual. Un equipo también visitó la localidad de Bikudje, en la que según los testigos hay dos heridos y 30 desaparecidos. Para poder adaptar su respuesta a las necesidades de la población, los equipos de MSF siguen tratando de evaluar el alcance de estos ataques e intentan determinar, en la medida de lo posible, el número exacto de heridos. “Muchas aldeas sólo son accesibles a pie. Tenemos miedo de que cuando lleguemos hasta los heridos ya sea demasiado tarde para ellos. Aunque en algunos lugares no hayamos podido aún confirmar las noticias que nos llegan, todo hace pensar que se han cometido enormes atrocidades contra la población civil. Lo que está pasando es muy grave y no podemos quedarnos callados”, explica Bertrand Perrochet, coordinador general de MSF en la República Democrática del Congo. “Los grupos armados de la región deben respetar a las civiles conforme a las normas de derecho internacional humanitario”, añade.

En Masisi la violencia se ha convertido en un constante, mientras que la inseguridad en toda la región es permanente. Sólo en agosto, en la provincia de Kivu Norte, más de un millón de personas se han visto desplazadas de sus hogares.


Desde 2007, MSF da apoyo al hospital general de referencia en Masisi, donde sus equipos ofrecen atención médica primaria y secundaria gratuita. Sólo en este hospital, entre enero y agosto de 2013, MSF ha tratado a más de 8.800 pacientes, ha realizado 1.717 intervenciones quirúrgicas y ha pasado más de 86.000 consultas. MSF también lleva a cabo clínicas móviles en distintos puntos de la región en función de las necesidades de cada momento.

 


Médicos sin Fronteras da la bienvenida a Joanne Liu como nueva presidenta internacional de la organización. La doctora Liu fue elegida presidenta durante la Asamblea General Internacional de MSF celebrada en el mes de junio de 2013.

La doctora Joanne Liu en Etiopía © MSF

 

Los retos actuales de MSF son numerosos.” afirma la doctora Liu. “Teniendo en cuenta que los contextos evolucionan continuamente, ¿cómo prestamos atención médica de urgencia a las personas que sufren y se encuentran en situaciones de conflicto como las de Afganistán o Siria? ¿Cómo podemos garantizar la máxima seguridad posible para nuestros pacientes y cooperantes? Al enfrentarnos a estos retos debemos dar prioridad a las necesidades de nuestros pacientes.”

Joanne Liu nació en Quebec (Canadá) y se formó en la Facultad de Medicina de la Universidad McGill. Posteriormente realizó un programa de subespecialización en Pediatría de Urgencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York y un máster internacional en Gestión Sanitaria en McGill. Es profesora adjunta de la Universidad de Montreal y además ha impartido clases en la Universidad Fudan de Shanghai.

“La amplia experiencia de la doctora Liu con MSF, prestando asistencia médica directa y gestionando proyectos sobre el terreno, y su entusiasmo por situar a los pacientes en el centro de nuestro trabajo humanitario, crean una base sólida desde la cual podemos seguir dirigiendo el futuro de MSF en los años venideros”, señala Jerome Oberreit, secretario general de MSF Internacional.

Joanne Liu comenzó a colaborar con MSF en 1996, trabajando con los refugiados malienses en Mauritania. Desde entonces, ha prestado ayuda tras el tsunami de Indonesia, ha asistido a las personas afectadas por el terremoto y la epidemia de cólera de Haití y ha trabajado con los refugiados somalíes en Kenia. Además, ha contribuido al desarrollo de uno de los primeros programas que ofrece una atención médica completa a los supervivientes de violencia sexual de la República del Congo y ha trabajado en numerosas zonas de conflicto, incluyendo Palestina, la República Centroafricana y la región sudanesa de Darfur.

Desde 1999 hasta el año 2002, la doctora Liu ocupó el cargo de directora de programas en la oficina de MSF en París. Desde el 2004 hasta el 2009 fue presidenta de MSF Canadá. Ayudó a crear el proyecto de la telemedicina, que pone en contacto a los médicos de MSF de 150 ubicaciones remotas con un equipo de más de 300 especialistas de todo el mundo.

Este año 2013 la doctora Liu ha recibido el Premio Humanitario Teasdale-Corti del Colegio Real de Médicos y Cirujanos de Canadá.

La llegada de la doctora Joanne Liu pone fin a la presidencia del doctor Unni Karunakara. “Unni es más conocido por haber representado a nuestra organización públicamente, sobre todo en los momentos difíciles, como cuando tuvimos que finalizar nuestra actividad en Somalia” afirma Oberreit. “Lo que pocos conocen de él son sus incansables esfuerzos por escuchar a nuestro personal de campo y tratar con ellos cuestiones relacionadas con funcionarios gubernamentales y académicos. Unni ha ejercido la presidencia de manera afable y con una energía extraordinaria, y se ha centrado especialmente en aquellos que necesitan atención médica y en aquellos que intentan prestársela.”


Margie es una comadrona que recientemente pasó siete semanas trabajando en un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el norte de Siria. El hospital incluye una sala de operaciones donde se atiende a pacientes con heridas de guerra y quemaduras graves, un departamento de emergencias y la unidad de maternidad, donde trabajaba Margie.

La comadrona Margie con un recién nacido en un hospital de MSF © MSF

¿Por qué estableció MSF una unidad de maternidad?

Organizamos la unidad de maternidad porque las mujeres no tenían acceso a atención médica adecuada en esta área. Para mujeres que afrontan complicaciones con el embarazo, es casi imposible obtener atención obstétrica en Siria. En la actualidad quedan algunas comadronas en la comunidad que brindan apoyo en partos comunes, pero si surgen complicaciones resulta problemático encontrar un profesional a quien derivar el caso.

Algunas instalaciones de salud han sido destruidas en el conflicto, mientras que las que permanecen en pie no funcionan de manera adecuada. Quedan algunos hospitales privados, pero están fuera del alcance de la mayoría de la población. En el pasado existía una red de comadronas que brindaban atención médica prenatal, pero ahora es evidente que la mayoría de las embarazadas no reciben cuidados prenatales en absoluto. El conflicto también ha reducido el acceso de las mujeres a alimentos apropiados y muchas de ellas han sido evacuadas. Todo esto genera un estrés que puede afectar el embarazo.

¿Qué clase de servicios ofrece la unidad de maternidad?

Brindamos servicios de entrega segura que incluyen atención obstétrica de emergencia, y derivamos a las pacientes que necesitan cesáreas al equipo quirúrgico. Muchas de las mujeres han tenido muchos hijos, a veces diez u once, y otras tantas han tenido partos anteriores por cesárea, lo que presenta una idea del estándar de atención médica disponible antes del conflicto. La unidad de maternidad también provee cuidados prenatales, incluido el tratamiento profiláctico durante el embarazo por anemia, por ejemplo, y cuidado posnatal inmediato y de seguimiento. Pero no sólo ofrecemos servicios de obstetricia: también ofrecemos servicios de ginecología, muy difíciles de obtener en Siria. El conflicto ha reducido las especialidades de atención médica disponibles y, como el contexto es islámico, si algunas mujeres no encuentran una proveedora de atención médica que sea mujer, no se atienden en absoluto.

Casi la mitad de las pacientes que atendimos provenían de pueblos de los alrededores. En general, las mujeres llegan a nosotros acompañadas por alguien que se atendió en nuestra unidad de maternidad antes, y muchas otras nos conocieron por comentarios de otras pacientes.

¿Trabajabas con personal sirio local?

Sí, trabajé con un equipo maravilloso de cuatro comadronas sirias. Todas las semanas atendíamos hasta 12 partos y realizábamos alrededor de 50 a 60 consultas. Mis colegas atendían los partos normales, pero si surgían complicaciones yo las asistía y trabajaba con ellas para dar la atención médica necesaria. Todas las integrantes del equipo tenían niveles variados de capacitación y experiencia, por lo cual también brindé capacitación y actualicé las capacidades de las comadronas sirias. Ellas agradecieron mucho la oportunidad de adquirir capacidades nuevas, porque otra de las consecuencias del conflicto fue que, para algunas de ellas, la formación se vio interrumpida. Debido a la escasez de personal cualificado, una de las comadronas que contratamos había completado su formación en enfermería, pero sólo había recibido una parte de su entrenamiento en maternidad. Era como una esponja que absorbía conocimiento: ponía en práctica todo lo que le enseñaba. Es inspirador ver esa clase de dedicación.

¿Recuerdas algún caso especialmente complicado?

Asistimos en numerosos partos normales, pero hubo algunos casos difíciles. Un ejemplo es una mujer que había tenido cuatro bebés sanos, pero que luego perdió un embarazo a término. Como muchas mujeres que atendimos, ella estaba evacuada a causa del conflicto y estaba viviendo con toda su familia en una habitación dentro de una escuela. Cuando llegó, estaba embarazada y sufría una preclampsia grave, lo que indica hipertensión. Era obvio que había sufrido ese trastorno durante algún tiempo, porque su bebé presentaba crecimiento deficiente. Como consecuencia, el niño falleció mientras intentábamos salvar la vida de la madre. Ella es un ejemplo de quienes no podían obtener la atención médica que necesitaban durante el embarazo y, para esa mujer, el resultado fue trágico. Como su vida estaba en riesgo, la vida de su bebé quedó en segundo lugar para ella, fue un dilema muy difícil de afrontar. Pero lo que se me grabó en la memoria fue su resistencia, cómo atravesó su duelo y como, aún así, se mostró muy agradecida por la atención médica y el apoyo recibido. Fue conmovedor.

Otra caso que me produjo un gran impacto fue el de una mujer que vino para recibir cuidados prenatales. Cuando le pregunté acerca de sus partos anteriores, mencionó que tenía siete hijos, pero que cuatro de ellos habían fallecido recientemente en un bombardeo en el pueblo más cercano. Sin embargo, pudimos ayudarla a dar a luz a un bebé sano. Verla con su bebé en brazos después de todo lo que había pasado y sufrido fue una experiencia muy gratificante.


MSF administra seis hospitales en el norte de Siria. Desde junio de 2012 hasta agosto de 2013, los equipos de MSF han realizado más de 66.900 consultas médicas, 3.400 procedimientos quirúrgicos y 1.420 partos. Los equipos de MSF también han realizado más de 200.240 consultas para refugiados sirios en países vecinos.