MÉDICOS SIN FRONTERAS

El pasado día 20 de marzo se cumplía un año del pacto migratorio firmado entre la Unión Europea y Turquía. Un acuerdo cuyo objetivo era, y continúa siendo, detener la llegada de solicitantes de asilo y migrantes desde Turquía a Europa, ofreciéndoles, supuestamente, “una alternativa a arriesgar sus vidas”. Desde Médicos Sin Fronteras denunciamos estas nocivas políticas de disuasión y los continuos intentos de alejar a la gente y su sufrimiento de las costas europeas.

La entrada en vigor de este pacto y el cierre de la ruta de los Balcanes, hace también un año, supusieron un nuevo paradigma en el enfoque de la UE para los flujos migratorios mixtos. Lejos de ser una historia de éxito, esta política migratoria europea se traduce en miles de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes que pagan con su salud esta pésima gestión. Y es que, como consecuencia de esta gestión, miles de personas se ven obligadas a tener que realizar su camino hacia las costas europeas de la mano de mafias y traficantes. En Grecia y los Balcanes, hombres, mujeres, niños y niñas están atrapados en zonas inseguras de las que no pueden huir.

En este vídeo, nuestra compañera Caitlin explica de forma gráfica cómo funciona este acuerdo.

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“El acuerdo está teniendo un impacto directo en la salud de nuestros pacientes, y muchos son, cada vez, más vulnerables”, afirma Jayne Grimes, psicóloga de MSF en Samos.
Trabajadores de los equipos de MSF en terreno han sido testigos durante todo este tiempo de las devastadoras consecuencias humanas que esta estrategia ha tenido sobre la vida y la salud de miles de personas atrapadas en Grecia, sus islas y en los Balcanes, especialmente en Serbia.

“Estas personas han huido de la violencia extrema, la tortura y la guerra y han sobrevivido a viajes extremadamente peligrosos. Aquí y hoy, su ansiedad y depresión se agrava por la falta de información sobre su situación jurídica y sus malas condiciones de vida. Están perdiendo la esperanza de encontrar un futuro mejor y más seguro que aquel que dejaron atrás. A menudo veo gente que piensa en el suicidio o en la auto-mutilación”, continua Grimes.

Si este acuerdo tiene como único indicador de su éxito la disminución del número de llegadas a Europa, entonces puede ser calificado como tal. Pero lo que este pacto significa en realidad es una violación del derecho a solicitar asilo y del principio de no devolución. 

 

Solicitantes de asilo y migrantes pagan con su salud la gestión migratoria

De acuerdo con el informe de MSF sobre dicho acuerdo, “miles de personas han sido abatidas psicológicamente y perjudicadas físicamente por esperar un año en islas (las griegas) superpobladas”, algunas incluso han fallecido a causa de las trágicas condiciones en las que han tenido que soportar las bajas temperaturas y la nieve, cuando su único refugio eran unas frágiles carpas.  Desde la entrada en vigor del acuerdo, al menos 140 personas han perdido la vida en la ruta de los Balcanes, en el mar Egeo o en los campos de refugiados en Grecia.

 

Un hombre en un almacén ferroviario usado como refugio en Belgrado, Serbia. Marko Drobnjakovic

Durante sus consultas de salud mental, equipos de MSF han atendido a pacientes que decían sentirse inseguros. Como se explica en el informe, “en Lesbos, los pacientes han hablado de uso generalizado de alcohol y de drogas en el campo de Moria, así como de casos de acoso sexual y de violencia y peleas casi diarias”.

MSF ha podido comprobar el empeoramiento de la salud mental de los pacientes causado por las malas condiciones de vida y el temor a ser devueltos a Turquía. El porcentaje de pacientes con síntomas de depresión y ansiedad se ha multiplicado por 2,5. Y el número de personas con estrés postraumático se ha triplicado. Además, han aumentado los casos de personas con traumatismos graves, de automutilación y de intentos de suicidio.

 

“La muerte me ha perseguido toda mi vida”

Samira es una mujer siria palestina. Tiene 50 años y procede del campo de refugiados palestinos de Yarmouk, cerca de Damasco, al suroeste de Siria. Está casada y tiene cuatro hijos, pero la guerra separó a toda su familia. Dos de sus hijos viven en Suecia, otro está en Alemania y su marido e hija continúan en Damasco. Ella lleva cuatro meses en la isla de Samos sola.

“Escapé al campo de refugiados de Yarmouk donde me casé. La vida nos iba bien hasta que estalló la guerra y Yarmouk fue sitiado. Casi morimos de hambre y de la  falta de atención médica”, cuenta Samira. Y continua “sobrevivimos comiendo higos chumbos y césped. Hervíamos especias para imaginarnos que tomábamos sopa. He visto a personas morir de hambre”.

 

Imagen de Samira en el campo de Samos. Mohammad Ghannam / MSF

Los sirios palestinos no tienen permitido cruzar la frontera hacia Turquía sin visa o pasaporte, documento que para muchos es imposible obtener. Por esta razón decidió, hace cinco meses, huir de Yarmouk, después de haber intentado cruzar la frontera entre Siria y Turquía de forma ilegal.  “En la frontera la policía turca nos disparó. Estaba muy asustada. El traficante finalmente me dijo que era demasiado peligroso, así que fui a Irak, luego Kurdistán y crucé a Turquía desde allí”, explica Samira.

Una vez en Turquía, y tras cinco intentos, se subió en un bote inflable a medianoche y llegó a Samos cinco horas después. “Pensé que iba a morir en el mar. La balsa estaba pinchada y todos hacíamos lo imposible por mantenernos a flote. Fue duro y aterrador”.

Desde octubre vive sola en una tienda de campaña en Samos, donde, cuenta, siente vivir “como una máquina”, sin ningún objetivo y sin sentir nada.

La muerte me ha perseguido toda mi vida, desde el Líbano a Yarmouk y hasta el bote en el mar. Ahora estoy aquí en Samos, y siento que estoy muerta por dentro”.

 

“No” a los fondos europeos

Desde junio de 2016 y en protesta por la dañina política migratoria de la UE y sus Estados miembros, Médicos Sin Fronteras rechaza los fondos públicos europeos. No concurrimos a ninguna de sus ayudas públicas para ninguno de nuestros proyectos en todo el mundo.

Un año después de la firma de este acuerdo y de que las comunicaciones de la misma UE hayan destacado una “caída sustancial en la pérdida de vidas”, los líderes europeos siguen hablando de sus “resultados positivos”, la “continua tendencia de progreso” y de la “constante consecución de resultados”, reconociendo al mismo tiempo algunos “desafíos” a lo largo del camino. Incluso, recientemente, algunos Estados miembros de la UE, como Alemania y Malta, han reclamado que el acuerdo UE-Turquía se replique en otros lugares.

Así, los líderes europeos han decidido priorizar la supervivencia del acuerdo por encima de la seguridad y protección de los solicitantes de asilo.

 


Han pasado seis años desde que se inició el conflicto armado en Siria, el considerado como el más cruel desde hace 25 años. Seis años en los que más 400.000 personas han muerto y 4,8 millones se han visto obligados a abandonar el país. Médicos Sin Fronteras hace un llamamiento para que todas las partes involucradas en el conflicto permitan la entrada de la ayuda humanitaria en el país.

 

“Todas las partes del conflicto, los países vecinos y los actores internacionales deben permitir el acceso de la ayuda médica y humanitaria y no usarla como una herramienta política”, afirma Pablo Marco, coordinador de MSF en Oriente Medio. “Además, deben permitir que aquellos que requieran de asistencia médica accedan a áreas donde puedan recibir tratamiento especializado por parte del personal sanitario. A su vez, deben asegurar la protección de las unidades de emergencia, del personal sanitario y de las instalaciones médicas”.  

Tras seis años de guerra en Siria, la población civil es la que más sufre las consecuencias de este conflicto, cada vez más letal y despiadado. Los niveles de dolor son cada vez más grandes y millones de personas siguen sin tener acceso a la salud y sus servicios más básicos. Esta es una crisis humanitaria que se ha vuelto tremendamente compleja. 13.5 millones de personas necesitan de ayuda humanitaria urgente para sobrevivir.

Las vidas de millones de habitantes han sido destrozadas. Este video de MSF te muestra las consecuencias de años de guerra.

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Personal médico y hospitales: objetivo de los bombardeos.

Durante estos años de conflicto, el ataque a civiles, personal médico y hospitales se han convertido en rutina. La población teme acudir a los centros de salud por miedo a ser atacada en su desplazamiento. Esto ha debilitado, de manera alarmante, el sistema de salud de Siria. Lo cual es un enorme problema teniendo en cuenta el agravante de los heridos y el aumento de las necesidades médicas como consecuencia directa del conflicto.

Imagen de uno de los hospitales de trauma de MSF bombardeado en octubre de 2016 / Ghaith Yaqout Al-Murjan. MSF

 

Varios equipos de MSF están trabajando en varias gobernaciones sirias desde el inicio de los ataques, en 2011, proporcionando atención médica de emergencia. Sin embargo, y desde el principio, el Gobierno sirio no ha autorizado a MSF a trabajar en territorios que estén bajo su mandato, a pesar de que la organización lo ha reclamado de manera reiterada. Además, debido a problemas de seguridad y la falta de garantías para su protección, estos equipos de profesionales tampoco pueden realizar sus tareas de ayuda humanitaria en poblaciones con presencia del Estado Islámico.

“De este modo, una gran extensión del territorio queda fuera del alcance de MSF”, señala Marco. “Desde MSF continuamos haciendo esfuerzos día tras día por trabajar en todo el territorio sirio. Y mientras tanto, reiteramos nuestro llamamiento para que se proporcione un espacio que nos permita ejercer una ayuda imparcial e independiente, y para que se permita a las organizaciones de ayuda humanitaria desarrollar una respuesta humanitaria y médica en las lugares que sea necesario”, añade Marco.

“Turquía, Irak, Jordania y Líbano han hecho un esfuerzo inmenso para ayudar a los refugiados, acogiendo casi 4,8 millones de sirios dentro de sus fronteras. Sin embargo, cientos de miles de personas continúan buscando refugio fuera de su país. MSF hace un llamamiento a los países vecinos de Siria para que permitan la evacuación a través de sus fronteras, no solamente de los casos más críticos -heridos y enfermos graves-, sino también de aquellos que busquen refugio, respetando así lo establecido en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados”, argumentó Marco.

 

“El resto del mundo no puede dar la espalda”

Con el conflicto entrando en su séptimo año, Siria continua siendo una las crisis humanitarias más complejas y volátiles del mundo. En un país devastado por la guerra, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) ha sido ignorado completamente, llevando a las distintas partes enfrentadas a faltar a su deber de evitar las bajas civiles.

 

“El resto del mundo no puede dar la espalda a las miles de personas que han huido de la guerra y de la persecución. Es fundamental que se respeten los derechos de las personas a buscar asilo y a obtener una debida asistencia y protección”.

“Las partes del conflicto en Siria deben tomar medidas para proteger a la población civil y a las infraestructuras civiles, tal y como dictamina el DIH en las zonas de guerra. Las infracciones que se están cometiendo son inaceptables”, concluye Marco.


El pasado 8 de marzo se celebró el Día Mundial De La Mujer. Una fecha que conmemora la lucha de las mujeres por tener las mismas oportunidades y trato que los hombres. Sin embargo, a día de hoy, millones de mujeres siguen luchando por esos derechos que aún no se cumplen. Desde Médicos Sin Fronteras trabajamos para dar apoyo y asistencia a aquellas que más lo necesitan.

Uno de los derechos más básicos del ser humano es el de acceso a la salud, pero todavía hay mujeres que no pueden disfrutar de él. Según datos de la Organización Mundial de Salud (OMS), cada día mueren casi 830 mujeres por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto. El 99% de esta mortalidad materna corresponde a los países en desarrollo.  Afganistán es uno de los países más peligrosos para dar a luz. De acuerdo con los datos de la OMS, cada año mueren alrededor de 4.300 mujeres por estas causas, cifra alarmante si se compara con las 19 que fallecen en Australia.

Una cuarta parte de los partos que asisten los equipos de MSF en todo el mundo, tienen lugar en Afganistán. La ginecóloga Sévérine Caluwaerts ha trabajado durante siete años en el hospital de maternidad de la provincia rural de Jost, al sureste de Afganistán. Cada día tiene que hacer frente a situaciones en las que los derechos de la mujer son vulnerados.

La escasez de matronas y doctoras es una de las principales causas que provocan los partos inseguros. Debido a sus valores culturales y las normas de género de su país, muchas familias solo aceptan ser atendidas por personal médico femenino. Esto se convierte en un gran problema, ya que la mayoría de las mujeres afganas no tienen acceso a la educación. Por ello, los proyectos de MSF en el país se centran en la formación de personal femenino local.

“A dos de nuestras doctoras afganas, la Doctora Sadia y la Doctora Farida, les enseñé a hacer su primera cesárea. Ahora son completamente independientes”, explica Sévérine.

Pero este no es el único obstáculo con el que se enfrentan. El mal estado de las carreteras y los caminos peligrosos y lentos son factores que dificultan, todavía más, el acceso a la salud.
“Nos llevó 1 hora y media llegar de casa al hospital cuando normalmente son unos 20 minutos”, recuerda Sayed Kamyabudin Sayed, responsable del servicio técnico en el hospital de maternidad de Jost, cuando su esposa se puso de parto.

“Dar a luz debe ser un momento de alegría y no de tristeza. Por eso estamos aquí, y ese es el trabajo que hacemos. Ninguna mujer debería morir como consecuencia de un parto”, concluye la doctora Caluwaerts.

Escucha el testimonio de la doctora Sévérine.

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Repudiada por sus familiares

Un caso en primera persona de las fatales consecuencias de la violación de derechos de las mujeres es el de Marie. Ella es una de las pacientes que han sido víctimas de violencia sexual en República Democrática del Congo y que recibe asistencia médica y psicológica en uno de los nueve centros de salud en los que trabaja MSF desde 2016 en el país.

Marie regentaba una tienda de bebidas. Un día de camino a las minas donde vendía sus productos, un grupo de hombres armados le obligaron a irse con ellos y a “ser su esposa”, amenazándole con matarla si se negaba. Estuvo todo un año en cautiverio hasta que un día, aprovechando un ataque del Ejército Congoleño al campamento, consiguió huir.
A causa de las repetidas violaciones a las que estuvo sometida durante esos meses, cuando logró escapar estaba embarazada de cuatro meses.

Marie y su bebé Alain. © Natacha Buhler/MSF

 

Cuando regresó con su marido, él la repudió. Actualmente, Marie vive con su hermano pero no cuenta con la aceptación de su cuñada, quien la rechaza. A pesar de todo esto, solo espera ahorrar un poco de dinero para empezar un nuevo negocio y poder alquilar una habitación para vivir con Alain, su bebé.

 

Salomé, un gran ejemplo de valentía

Salomé Karwah ingresó como paciente en nuestras instalaciones del Elwa 3, centro de tratamiento del Ébola en Monrovia, capital de Liberia. Luchó contra la enfermedad y la superó. Sus padres, tíos, primos y una sobrina no tuvieron la misma suerte.

Sorprendentemente, Salomé volvió a las pocas semanas, esta vez para trabajar con Médicos Sin Fronteras. Su trabajo consistía en proporcionar atención y cuidados psicológicos a personas que sufrían esta misma enfermedad.

“Si un paciente no tiene fuerzas para comer, yo lo animo a comer. Si están débiles y no pueden bañarse por sí mismos, yo los ayudo a asearse. Los ayudo con todas mis fuerzas, porque entiendo por lo que están pasando. Yo he sufrido lo mismo que ellos están sufriendo ahora. Por eso sé que lo que más necesitan es sentirse queridos y acompañados”, explicaba Salomé hace dos años cuando le preguntábamos por su trabajo.

Su dedicación absoluta y su profesionalidad encomiable le convirtieron en una figura muy importante en la lucha contra el estigma que sufrían los supervivientes. Tanto fue así que Salomé y los demás luchadores contra el Ébola fueron nombrados “Persona del año” por la revista Time en 2014.

Salomé Karwah trabajando como cuidadora en ELWA3 tras haber superado el Ébola. © Adolphus Mawolo/MSF


El informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) “Morir de camino a Europa: eritreos en busca de seguridad”,  recoge los testimonios  de los miles de refugiados que huyen de Eritrea en busca de seguridad fuera de su país. Este señala las terribles consecuencias que están teniendo las políticas europeas restrictivas de migración en las personas que buscan seguridad fuera de sus países. 

 

Una mujer eritrea reza tras ser rescatada en el Mediterráneo por el barco Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

 

“El 90% de los eritreos que logran llegar a Europa por tierra y mar tienen el asilo asegurado. Los gobiernos europeos reconocen sus demandas como genuinas pero a pesar de ello están haciendo todo lo que pueden para impedir a eritreos y otros reclamantes de asilo llegar a las costas de la Unión Europea (UE)”, dice Arjan Hehenkamp, director general de MSF en Holanda.

En 2015, los refugiados eritreos fueron el grupo más numeroso en cruzar el Mediterráneo: 39.162 hombres, mujeres, niños y niñas llegaron a Italia. En 2016, fueron el segundo grupo, por detrás de Nigeria, con 20.718 personas rescatadas en el Mediterráneo.

Los ciudadanos de este pequeño país del este de África huyen de un Estado en el que no existen derechos ni libertades. Un territorio en el que miles de habitantes son reclutados de manera forzosa desde hace décadas. Con el agravante de correr el riesgo de ser encarcelados, torturados o asesinados, en el caso de intentar desertar.

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El pasado viernes 3 de febrero los jefes de Estado de la UE se reunieron en Malta bajo el marco de una cumbre sobre gestión migratoria. Ese mismo día, Libia e Italia firmaban un acuerdo para bloquear la ruta de migrantes hasta la costa europea a través del Mediterráneo. Desde Médicos Sin Fronteras denunciamos, una vez más, el enfoque inhumano de las políticas europeas.

Mientras los líderes de la UE celebraban un encuentro para discutir sobre la gestión de la migración y el cierre de la ruta de Libia a Italia a través de la intensificación de la cooperación con las autoridades libias, los derechos humanos de miles de personas estaban siendo vulnerados por completo. Lo son cada día.

Desde julio de 2016, los trabajadores de MSF ofrecen atención médica a migrantes, refugiados y solicitantes de asilo detenidos en Trípoli y sus cercanías. Estas personas son detenidas arbitrariamente en condiciones inhumanas e insalubres, a menudo sin suficiente comida ni agua potable y con una manifiesta falta de acceso a la atención médica. Es por ello que, cerrar la ruta a Italia y retener a la gente en Libia es una burla a la dignidad humana. Las personas allí atrapadas sufren violencia, abusos y viven en condiciones inhumanas.

©MSF

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El pasado viernes, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que veta la llegada de refugiados a EE. UU. Este decreto supone el cierre de puertas a inmigrantes procedentes de Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia, Yemen e Irak durante 90 días, y de refugiados de todo el mundo. Desde MSF pedimos la reanudación de la acogida de refugiados por parte del Gobierno estadounidense.

“Cerrar las puertas a los Estados Unidos, que ha examinado estrictamente las solicitudes de los refugiados durante años, constituye un ataque a una noción básica aceptada como es que las personas deben poder huir para poner a salvo sus vidas”, explica Jason Cone, director de MSF en EE. UU.

Familia de Alepo (Siria), en Grecia, cerca de la frontera con Macedonia. © Rorandelli Rocco / Terraproject

Este decreto conlleva fatales consecuencias para los millones de refugiados que han tenido que huir de sus casas, de países en situaciones de guerra y conflicto continuos. Siria, Irak, Afganistán, Yemen, Sudán del Sur o la República Democrática del Congo son solo algunos de los países afectados. La firma de esta orden significa poner en riesgo directo la vida de estas personas que van a quedar atrapadas en zonas de guerra.

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Llegaron a Europa en busca de refugio y protección, pero se han encontrado con el rechazo de las políticas de la UE y unas pésimas condiciones de vida.
Hacinados y soportando temperaturas de alrededor de 20 grados bajo cero, miles de refugiados están atrapados en Grecia y los Balcanes, donde sobreviven solo con sus propios medios.

Actualmente, más de 8.000 personas están varadas en Serbia en asentamientos improvisados. Y 1.700 jóvenes duermen en edificios abandonados en lo que su única estufa son hogueras en las que prenden plásticos. A pesar de que el país acordó con la UE albergar hasta a 6.000 personas, solo 3.140 viven en instalaciones adaptadas para el invierno.
Andrea Contenta, asesor de Asuntos Humanitarios de MSF en Serbia, cuenta las malas consecuencias de esta situación, que hasta ahora cuenta ya con tres muertes por congelación.

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A las 2:08 de la madrugada del sábado 3 de octubre de 2015, un avión AC-130 del Ejército estadounidense disparaba 211 proyectiles sobre el edificio principal del hospital de traumatología de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kunduz, Afganistán. Un ataque que terminaba con la vida de 42 personas (24 pacientes, 14 trabajadores humanitarios de MSF y 4 cuidadores) y hería a 37 personas. Todo ello a pesar de que la instalación, un hospital en pleno funcionamiento en el momento del ataque, estaba, como tal, protegida por el Derecho Internacional Humanitario.

Miembro de MSF entre las ruinas del hospital de traumatología de Kunduz, tras el bombardeo del 3 de octubre de 2015. © MSF

Desde 2011, en este centro se proporcionaba atención quirúrgica, gratuita y de calidad, a pacientes con heridas de guerra y a víctimas de traumatismos como consecuencia, por ejemplo, de accidentes de tráfico. De hecho, era la única instalación de este tipo en toda la región noreste de Afganistán y facilitaba servicios tanto a los residentes de Kunduz como de las provincias limítrofes.

Sin embargo, fue bombardeado en 2015, con consecuencias devastadoras para las víctimas, sus familias, los equipos de MSF y toda la comunidad de de Kunduz. Desde entonces, la investigación de Estados Unidos y los contactos mantenidos con las autoridades estadounidenses han permitido a MSF profundizar en lo sucedido esa noche del 3 de octubre de 2015. Esto incluye saber que las tropas sobre el terreno asumieron falsamente que “todos los civiles habían abandonado la ciudad y que sólo permanecían en Kunduz los talibanes” y no tomaron las precauciones necesarias para evitar bajas de civiles.

Testimonio de todo lo ocurrido en ese momento nos da Faizula, Responsable de Admisión y Gestión de Pacientes en el hospital.

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Hoy, el hospital permanece cerrado y miles de personas carecen de acceso a servicios médicos vitales. Mientras Médicos Sin Fronteras continúa pidiendo garantías a todas las partes del conflicto para que el personal y los pacientes de este hospital estén seguros, antes de considerar su reapertura. Y es que los ataques a instalaciones humanitarias continúan: desde el ataque al hospital de Kunduz, instalaciones médicas de MSF o apoyadas por la organización médico-humanitaria han sido víctimas de al menos 75 ataques. Sólo en 2016, 21 hospitales apoyados por MSF han sufrido 36 ataques en Siria y Yemen.

Una mesa redonda para saber más

Para recordar todo lo ocurrido y denunciar los ataques indiscriminados a hospitales e instalaciones civiles, el próximo jueves 13 de octubre, a las 19 horas, La Casa Encendida de Madrid acoge la mesa redonda “Ataques a la Misión Médica” (la entrada es libre, hasta completar aforo). En el auditorio habrá una proyección de unos diez minutos, sobre este tipo de ataques, y una mesa redonda en la que participarán: José Antonio Bastos, ex Presidente MSF España; Muskilda Zancada, ex Jefa de Misión en Siria, MSF España; Carlos Francisco, Jefe de Misión en Siria, MSF España (conexión en directo); y César Pérez Herrero, gestor de actividades médicas en Tierra Caliente (México), MSF España.

Moderado por Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial, en este coloquio se hablará del momento actual en el que los ataques a la misión médica parecen haberse convertido en una consecuencia inevitable de la guerra. Un momento en el que es necesaria una adaptación del sector para llegar y atender a las poblaciones más vulnerables.

 


Los bombardeos en Siria continúan día tras día, sin respetar ni a la población civil, ni a los trabajadores humanitarios, ni los centros de salud, ni las infraestructuras básicas. Un ejemplo de ello fue el ataque a un convoy de la ONU y de la Media Luna Roja, a principios de la semana pasada. Hecho que condena enérgicamente Médicos Sin Fronteras, pues supone un ejemplo más del incumplimiento continuo de las reglas básicas de la guerra en el conflicto sirio.

Un conflicto en el que hospitales como el de Al Daqaq funcionan con muchas dificultades por los daños sufridos. Sobre cómo es el trabajo allí, a pesar de las bombas, habla en este vídeo el director médico Ali Abu al Yaman. 

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Por todo esto y todo lo ocurrido, desde MSF se reclama a las grandes potencias internacionales que intervienen aquí que asuman su responsabilidad y den pasos más concretos para poner fin a todos los ataques contra instalaciones civiles, incluidos centros médicos y convoyes de ayuda humanitaria.

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El pasado mes de agosto Médicos Sin Fronteras decidía retirar a su personal de seis hospitales del norte de Yemen, debido a la falta de garantías ante los bombardeos indiscriminados que se están viviendo. Precisamente uno de ellos, el producido en Abs, acabó con la muerte de 19 personas, entre pacientes y personal del centro. Algo que explica en este vídeo Raquel Ayora (Directora de Operaciones de MSF), que también habla de la esperanza de que la evacuación no sea definitiva y de que los hospitales sigan abiertos y funcionando, aunque no puedan ofrecer la misma asistencia médica.

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Yemen: “La asistencia médica es una víctima más”

De su experiencia en el país nos habla Crystal van Leeuwen, enfermera en Canadá que acaba de regresar de Yemen tras coordinar allí las actividades médicas de Médicos Sin Fronteras (MSF) durante siete meses. Como integrante de nuestro equipo de emergencia, ha trabajado con nosotros en países como Siria, Sudán del Sur, República Democrática del Congo y Nigeria, así como durante la respuesta al brote de Ébola en África occidental.

Cuando aterricé en Saná, la capital yemení, los lados de la pista estaban cubiertos por aviones destruidos, tanto grandes como pequeños. Era claramente un país afectado por la guerra. Durante el trayecto de siete horas hasta Taiz, pasamos delante de viejas casas de piedra construidas en las laderas de las montañas. En los pueblos pequeños, la vida campestre transcurría de forma aparentemente normal y deseé estar visitando Yemen como turista.

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