MÉDICOS SIN FRONTERAS

En este videocomunicado que acabamos de grabar encontraréis respuestas a algunas de las preguntas tipo que muchos medios están haciendo estos días. Como sabéis, MSF no entra  a hacer elucubraciones sobre la situación en España, ya que ni es su ámbito de trabajo, ni dispone de información directa sobre protocolos de actuación utilizados.

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Desde MSF queremos recordar que la situación en África Occidental está completamente fuera de control. Ya se han producido casi 4000 muertes desde el inicio de la epidemia y la Comunidad Internacional sigue sin cumplir con sus compromisos y sin enviar los recursos humanos y materiales necesarios para atajar cuanto antes esta crisis. 

En la entrevista podréis ver a nuestro compañero Luis Encinas, enfermero con muchísimas experiencia en Ébola y responsable de MSF para la región del Sahel, respondiendo a preguntas como: 

1) ¿Qué es el Ébola? 2) ¿Cómo se transmite? 3) Momentos de mayor riesgo para el personal sanitario en el tratamiento a los pacientes, 4) Claves de nuestro protocolo de seguridad, 5) Cómo se trabaja en un centro de tratamiento de Ébola, 6) Cómo son los trajes que utilizamos, 7) Qué partes del traje se desechan y cuáles se reciclan, 8) Cuánto tiempo tardamos en vestirnos y desvestirnos, 9) Cómo podemos atajar esta epidemia y 10) Pacientes que se recuperan y que pasan a formar parte de nuestros equipos de sensibilización.

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Declaraciones de Joanne Liu, presidenta Internacional de MSF, que intervino hace un mes en Naciones Unidas para pedir de nuevo el apoyo de la comunidad internacional para atajar esta crisis.

En MSF nos centramos en la necesidad de tomar medidas serias que devuelvan la normalidad a los países afectados, para poder terminar cuanto antes con esta emergencia sanitaria a nivel mundial que amenaza la seguridad internacional, como afirmó la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En Liberia, Sierra  Leona o Guinea hay decenas de personas muriendo cada día en sus casas, en las calles o en las puertas de los hospitales porque no hay personal sanitario ni estructuras médicas suficientes para atenderles.

 

 


Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han tratado a 44 heridos a causa de nuevos bombardeos y ataques registrados el día 15 de enero en la provincia siria de Idlib. Varios bidones con explosivos impactaron en dos localidades de Idlib (noroeste), uno de ellos cerca de una panadería.

MSF trató a 36 de los heridos en un hospital de campaña que tiene habilitado en la zona. Ya de noche, otros ocho pacientes resultaron heridos a causa del lanzamiento de un cohete. Cuatro de ellos perdieron la vida al llegar al centro de MSF.

“La mayoría de los pacientes son niños, mujeres y hombres heridos a causa de los fragmentos de metal y los escombros proyectados por las explosiones”, explica Marie-Christine Férir, una enfermera de MSF que estaba en el hospital y ayudó a tratar a los heridos. “También había gente con heridas en los ojos y una persona con una fractura abierta que fue operada. Una niña con traumatismo craneal murió cuando estaba siendo trasladada a Turquía”, amplía Férir.

La montañosa región de Jabal Al-Akrad, al este de la ciudad de Latakia, ha sido bombardeada de forma casi diaria durante meses. Muchos habitantes han abandonado la zona y los que se han quedado están permanentemente atemorizados a causa del lanzamiento de bidones con explosivos desde helicópteros del Ejército sirio.

Este episodio bélico llega tan solo dos días después de que 20 personas perdieran la vida y 99 resultaran heridas en un ataque aéreo en un mercado de la localidad norteña de Azaz, situada en la provincia de Alepo. MSF tiene otro hospital de campaña en la zona que trató a 20 de los heridos, todos ellos civiles.

“Además de la gente herida a causa del conflicto, continuamos viendo una alarmante necesidad de ayuda médica en Siria”, recuerda Férir, quien añade: “Tratamos a 500 pacientes cada semana, muchos de ellos con enfermedades respiratorias y crónicas. Son frecuentes la hipertensión o la diabetes. También estamos ayudando a que las embarazadas puedan dar a luz de forma segura. El sistema de salud en Jabal Al-Akrad se derrumbó hace unos dos años. Ahora el frío del invierno y la nieve están llegando y las necesidades médicas de la población están creciendo”.

MSF trabaja en tres hospitales del norte y el noroeste de Siria, en áreas controladas por los grupos de la oposición armada. Pese a sus reiterados intentos, MSF no ha recibido aún autorización de Damasco para entrar en las áreas controladas por el Gobierno sirio para ofrecer asistencia médica.

Desde junio de 2012 a enero de 2013, los equipos de MSF han efectuado más de 10.000 consultas médicas y 900 operaciones quirúrgicas. La organización también da apoyo médico y quirúrgico a los refugiados sirios en países vecinos como Jordania, Líbano e Irak.


  • Anna Surinyach y Médicos Sin Fronteras nos acercan la vida diaria de hombres jóvenes, procedentes de países de África Occidental, que en su gran mayoría –aunque algunos podrían ser demandantes de asilo- dicen haber dejado sus hogares por la pobreza existente, la falta de trabajo y por tener a su cargo a los familiares que han dejado atrás.
  • “Las condiciones de vida aquí nos empujan a la valla. Dormimos en el suelo, comemos frutos, lo que conseguimos en la basura, tenemos que pedir”, dice Moussa. En el monte, buscan enclaves estratégicos para asentarse, agrupados por países de procedencia, por lenguas comunes. En invierno hacen fogatas, para calentar agua y hervir algo de té, para mezclar con harina y conseguir algo de calor. Duermen enfundados en plásticos para protegerse de la humedad.

En el monte Gurugú, para llegar a su escondrijo, Abdou y sus compañeros deben caminar un largo trecho. En el riachuelo lavan las pocas ropas que tienen y utilizan el agua del río hervida para beber (Anna Surinyach)

Llegan sin aliento y empapados, el sudor confundido con la lluvia, derrotados. Han corrido monte Gurugú arriba bajo el aguacero, algunos cojeando, embarrados regresan a casa, bajo los árboles, después de una nueva intentona infructuosa de saltar la valla de Melilla. En la vecina Nador, en el Gurugú, un monte amable de pinos y bosque bajo, habitan en campamentos improvisados varios centenares de migrantes subsaharianos, a la espera de la ocasión para entrar a Europa. Encajonados en el país alauí, sin poder avanzar y sin poder regresar a sus países, denuncian el acoso constante de las fuerzas de seguridad marroquíes, la violencia que emplean para impedirles saltar la valla -que hacen extensible a la Guardia Civil-, las deportaciones a la frontera con Argelia y la imposibilidad de trabajar en Marruecos, un país que se ha convertido en un callejón sin salida, el destino forzado de hombres y mujeres africanos que miran a Europa porque tiene que haber algo mejor que lo que dejan atrás. Y que lo que viven ahora.

El paisaje desde el Gurugú no es sólo la ciudad de Nador, sino también la vecina Melilla. Los migrantes tienen su objetivo – difícilmente alcanzable- a la vista de forma continua (Anna Surinyach)

“Hemos estado toda la noche esperando, toda la noche nos ha llovido, al lado de la valla, esperando la ocasión, pero no ha sido hasta la mañana que ha surgido. No ha sido posible, no ha pasado nadie”. Mussa tiembla en el frío de noviembre. “Eramos más de cien. A mí los militares me han dado con una piedra en la cabeza. En la valla se han quedado unos veinte, con los pies atrapados en el alambre de espino, los hemos tenido que dejar, les estaban pegando”. Tiene 25 años, es de Mali y llegó a Marruecos hace un año. Esta ha sido su segunda intentona.

Los hombres del Gurugú se quejan de no poder trabajar en Marruecos y, por lo tanto, de verse forzados a vivir en condiciones indignas en el monte (Anna Surinyach)

Son todo hombres jóvenes, la mayoría de países de África Occidental que aseguran haber salido de sus países por falta de recursos económicos, por la inexistencia de trabajos, por la corrupción, porque son responsables de familiares, hermanos, madres que han dejado atrás, malviviendo. “No he podido enviar nada a mi madre y a mi tres hermanos pequeños desde que he llegado aquí”, se lamenta Mussa. Asegura que seguirá intentado pasar a través de la valla. El Estrecho le da miedo. Se hizo al mar en una barca de recreo, “de las que hinchas soplando”, que compró a duras penas con unos cinco compañeros. Dos de ellos se ahogaron. Leer más


Equipo de MSF en Marruecos

Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la región Oriental del país han tratado a numerosos heridos por actos violentos en las últimas semanas. Fronteriza con la ciudad española de Melilla, esta región acoge a cientos de migrantes subsaharianos en ruta hacia Europa. MSF lleva trabajando con esta población vulnerable desde 2003 y se centra en el acceso a la salud y en mejorar sus condiciones de vida.

El flujo de migrantes que tratan de llegar a España, bien en una peligrosa travesía por mar, bien saltando las vallas que rodean Melilla, aumenta cada verano con la mejora de las condiciones climatológicas. En el último mes, los equipos de MSF han detectado un mayor número de migrantes que requieren asistencia médica por heridas a consecuencia de actos violentos. Leer más

  • La concesión del permiso para fabricar un medicamento como genérico reduce automáticamente su precio desde los 4.200 euros al mes que costaba a menos de 135

Manifestación en India a favor de los genéricos

La Oficina de Patentes india ha emitido la primera licencia obligatoria en India para un fabricante de medicamentos genéricos. Este paso pone fin al
monopolio que la compañía alemana Bayer tenía en India sobre el tosilato de sorafenib, un medicamento utilizado para tratar el cáncer de riñón y de hígado. La decisión de la Oficina de Patentes se ha fundamentado en que Bayer no sólo no había conseguido fijar un precio para este fármaco que lo hiciese accesible y asequible, sino que tampoco había podido asegurar cantidades suficientes y sostenibles del mismo dentro del país.

“Hemos estado siguiendo muy de cerca este caso porque en India los medicamentos más nuevos para tratar el VIH están bajo patentes y, como resultado de ello, su precio está fuera del alcance de la mayoría de quienes lo necesitan”, explica el Dr. Tido von Schoen-Angerer, Director de la Campaña de Médicos Sin Fronteras (MSF) para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME). “Esta decisión sienta un precedente que trae esperanza: demuestra que los nuevos medicamentos patentados también pueden ser producidos por fabricantes genéricos a una mínima parte del precio, siempre y cuando se paguen los royalties correspondientes al titular de la patente. Esto les compensa y al mismo tiempo asegura que la competencia puede reducir los precios”.

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Cientos de migrantes provenientes del norte de África permanecen detenidos desde hace seis días en dos barcos atracados en los puertos de Palermo y Porto Empedocle, en Sicilia. Médicos Sin Fronteras (MSF) expresa su preocupación por su situación y pide a las autoridades de Palermo y Agrigento que permitan a los equipos de la organización acceder a los barcos para verificar las condiciones de salud de los migrantes.

“Estas personas estaban recluidas desde hace días, algunas incluso semanas, en una zona del centro de acogida de Lampedusa a la que a menudo se había denegado el acceso a los equipos de MSF”, explica Francesca Zuccaro, responsable de proyectos de migración de MSF en Italia. “Es inconcebible que estos migrantes sigan siendo llevados de aquí para allá, a lugares cada vez más aislados, sin que las organizaciones humanitarias tengan la posibilidad de comprobar sus condiciones de salud”.

Estos días MSF también ha solicitado a las autoridades visitar el centro provisional de acogida de Pozzallo, donde se encuentran al menos 50 migrantes transferidos desde Lampedusa. “La prefectura de Ragusa nos ha denegado el acceso alegando motivos de seguridad, a pesar de que anteriormente hemos visitado ese mismo centro sin ningún problema”, declara Zuccaro.

Según han podido constatar los equipos de MSF en anteriores visitas, las condiciones en Pozzallo son inadecuadas e insuficientes para que los migrantes permanezcan allí más de 48 horas. “El médico del centro solo pasa consulta durante dos horas al día y faltan servicios de apoyo psicosocial, de mediación lingüística y de orientación legal para migrantes y solicitantes de asilo”, añade Francesca Zuccaro.

Apelando a una mayor transparencia en la futura gestión de la acogida de migrantes y refugiados procedentes de Libia y Túnez, MSF pide libre acceso a los barcos y a todos los lugares donde estas personas se encuentran detenidas para poder valorar su estado de salud.


Un escueto informe de laboratorio confirmó las sospechas: Cólera. Vibrio El Tor, variedad Ogawa. Periodo de incubación: tres días. Síntomas: diarrea acuosa y vómitos. La pérdida masiva de líquidos corporales lleva a la deshidratación aguda. Sin tratamiento adecuado, puede provocar la muerte en cuestión de horas. Enfermedad que se transmite por consumo de agua o comida contaminada.

Centro de Tratamiento del Cólera MSF en Petite Rivière, en la región de Artibonite (centro). © Benoit Finck / MSF

Los primeros casos fueron detectados el 19 de octubre, tras el paso de la tormenta tropical Thomas. Hoy , cinco semanas después, la epidemia se extiende como la pólvora y ya ha dejado a su paso más de mil muertos. Según las primeras estimaciones de la Organización Panamericana de Salud, se producirán más de 200.000 contagios en un periodo de seis a doce meses, de los que al menos un 20% serán casos severos. El punto álgido de la epidemia está a la vuelta de la esquina, lo esperamos para dentro de dos semanas. Tan solo en Puerto Príncipe tendremos en torno a 70.000 casos y vamos a presentarnos en navidades con un más que probable segundo pico epidémico en el norte y la extensión de la epidemia también al sur del país.

El cólera, una enfermedad hasta ahora desconocida en Haití, ha llegado para quedarse y todo apunta a que permanecerá indefinidamente en el país como una enfermedad endémica. Una secuela más del terremoto del pasado 12 de enero que acabó con la vida de más de 250.000 personas y redujo a escombros un país ya de por si débil, empobrecido y olvidado.

El cólera es una enfermedad asociada a las malas condiciones de vida. A la falta de higiene y saneamiento, a la falta de acceso al agua potable. En el caso de Haití, ésta es la situación en la que hoy sobreviven cientos de miles de personas que confiaron en vano en las promesas de la comunidad internacional sobre la reconstrucción de su país. La realidad es que hoy, diez meses después del terremoto, más de un millón de personas siguen viviendo bajo lonas de plástico, dependientes en su gran mayoría de las organizaciones humanitarias para sobrevivir. Las promesas de reconstrucción se desvanecieron como el humo y con ellas las expectativas de recuperar una vida digna. Desde que se produjo el terremoto, menos de un diez por ciento de Puerto Príncipe ha sido desescombrado. La falta de infraestructuras como alcantarillado, redes de agua potable o eliminación de basuras, unidas a las malas condiciones de higiene de quienes se han visto obligados a vivir en la calle, son terreno abonado para la aparición de epidemias como el cólera.

En este momento, en medio de una epidemia que amenaza la vida de miles de personas, la respuesta de la comunidad internacional sigue siendo tan torpe como lenta y apenas un puñado de organizaciones humanitarias, en nuestro caso con el apoyo de la AECID1, estamos tratando por todos los medios de hacerla frente. Tal vez para cuando se decidan a implicarse con la intensidad necesaria, ya sea demasiado tarde. En cualquier caso, ahora que se barajan distintas teorías sobre la causa de la epidemia, no serán razones técnicas o científicas las que nos den la clave, sino la falta de compromiso y el abandono al que una vez más se ha visto expuesta la población haitiana.


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En nuestro día a día, cuando nos duele algo es fácil encontrar una pastilla para mitigar casi cualquier dolor. Pero ¿ seríamos capaces de ponernos en el lugar de los que la necesitan y no la tienen?.

En el mundo hay millones de personas olvidadas que sufren enfermedades desconocidas o ya relegadas al pasado. Millones de personas que sufren de kala azar, de Chagas, de la enfermedad del sueño, de tuberculosis, de malaria o de sida infantil. Enfermedades que en unos casos necesitan nuevos modelos de investigación basados en las necesidades de los pacientes y no sólo en los beneficios económicos que la I+D pueda reportar. En otros, el medicamento ya existe, pero a un precio demasiado alto como para que puedan pagarlo los pacientes en países con escasos recursos económicos. Sea por una u otra causa, cada día mueren en el mundo 8.000 personas víctimas de la falta de acceso a medicamentos esenciales. Unas muertes que podrían ser evitadas pero que, por falta de voluntad y de interés, pasan desapercibidas.

Hacer visibles a estos enfermos olvidados y tratar de ponernos en su piel, es el reto de esta campaña: “ Pastillas contra el dolor ajeno”, que se pone en marcha hoy. No me he podido resistir a adjuntaros este video de promoción. Cuando lo veáis, estaréis de acuerdo conmigo en que sobran las palabras.


© Julie Rémy

Candance es originaria de la República Democrática del Congo, tiene 19 años y vive en Salé, ciudad vecina a Rabat. Como tantos inmigrantes procedentes del África subsahariana, Candance se topó de bruces con la muralla que Europa tiene construida a su alrededor y agotadas sus fuerzas y recursos se quedó estancada en Marruecos, un país que no la quiere, en una etapa mas de su desesperado viaje.

Candance viene huyendo de un país en guerra y ante su imposibilidad de llegar a Europa, pidió asilo en Marruecos. Pensó que tal vez el documento como solicitante de asilo que le expidió el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), le daría alguna protección. Candance es paciente de un programa de atención a víctimas de la violencia sexual, ya que fue violada por uno de los grupos de bandidos y contrabandistas que pululan en terreno de nadie, en la frontera entre Argelia y Marruecos. Candance está embarazada de tres meses

El pasado martes 7 de septiembre, venía de mendigar en la puerta de la Mezquita de Salé. En el mes del Ramadán las limosnas suelen ser mas generosas y eso le permite pagarse la comida. Candance nos cuenta:

“ Ese día hacia las 7 de la tarde, cuando ya se había puesto el sol, vi en el camino de vuelta a casa a tres marroquíes. En realidad primero vi a uno que se acercó y me puso la mano en el culo. Yo tuve pánico después de lo que me había ocurrido, así que me giré y le di una bofetada. Fue cuando vi a los otros dos marroquíes que se acercaban.

Entonces apareció un furgón de la policía y los hombres huyeron. Los policías se acercaron e inmediatamente me pidieron los papeles, y como no acertaba a explicarme puesto que no hablo bien el francés, me empezaron a gritar y amenazar. Les mostré la fotocopia de mi documento como solicitante de asilo, el original lo dejo siempre en casa para no perderlo. La Policía me dijo que eso no servía de nada, cogieron el documento y después me metieron en el furgón.

Allí había otros 5 ó 6 subsaharianos como yo. Todos detenidos. Estuvimos dentro del coche de la policía durante algún tiempo, era como si patrullaran por la ciudad buscando más inmigrantes. No podíamos ver donde nos dirigíamos al no tener ventanillas por donde mirar. Después de bastante tiempo, quizás dos o tres horas, nos hicieron bajar. Era una comisaría de policía pero no sé de qué lugar. Nos metieron a todos en una celda y pasamos la noche. No había nada para comer ni beber.

Al día siguiente, miércoles, nos llevaron a todos en otro furgón a otro sitio. Tras varias horas de ruta en carretera llegamos a otra comisaría donde fuimos separados los hombres de las mujeres y encerrados en distintas celdas. En la mía me encontré con otras dos mujeres subsaharianas y una mujer marroquí. La Policía tomaba las huellas y una foto de cada inmigrante. Allí pasé dos días más, sin nada para comer. Pedí que con el poco dinero que tenía encima si se podía comparar alguna cosa, pero los policías me dijeron que no tenía derecho a nada. Sólo comí un poco el último día gracias a que la mujer marroquí encerrada en mi misma celda, recibió comida de su familia y la quiso compartir con las demás.

Por la ventana de la celda veía llegar varias veces ese mismo furgón de Policía con más inmigrantes subsaharianos, a quienes iban encerrando y tomando sus fotos y sus huellas. El viernes nos sacaron a todos fuera y nos metieron en un autobús, pero no era un autobús de la policía, no tenía identificación. En ese momento un policía vino a devolverme mi papel de demandante de asilo. No sé porqué me lo devolvió, ni qué había hecho con él esos días. El caso es que en aquel momento no me sirvió de nada. En el autobús estábamos unos 50 inmigrantes. Partió hacia las 4 de la tarde..Ya de noche lllegamos a un campamento militar en medio de un bosque. Nos ordenaron bajar y allí vi a un grupo de soldados y a más inmigrantes alrededor del autobús, algunos echados en el suelo. Nos ordenaron ponernos en fila, los soldados llevaban fusiles y perros. En ese momento pensé que quizás nos iban a matar a todos, pero nos ordenaron caminar. Algunos soldados iban delante, otros en mitad de la fila y algunos más atrás, vigilándonos. Caminamos en fila durante mucho tiempo. Durante la marcha una chica se cayó al suelo, tuvo como una especie de crisis. Algunos compatriotas se acercaron a ella junto con varios soldados. Ellos quedaron atrás y el resto del grupo seguimos caminando. De pronto los soldados nos dijeron, “este es el camino, seguid andando”. Enseguida todos comenzaron a correr y se hicieron dos grupos, yo no sabía cual tomar de los dos, no sabía a dónde se dirigían y como no me movía, los soldados empezaron a impacientarse: “ date prisa “, me gritaron, azuzando a los perros que llevaban.

Decidí seguir a uno de los grupos al azar. Luego supe que estábamos en tierra de nadie y volvíamos dando un largo rodeo a Marruecos. Después de tantos días sin comida y cansada de caminar ya no podía seguir adelante. Me ayudaron a llegar a un lugar que llamaron “el castillo” donde había otro grupo y hablaron allí con un chico congolés para que me ayudara, ya que ellos continuaban camino hacia los bosques cercanos a Nador.

Mi compatriota llamó a un taxi para que nos llevara a la ciudad de Oujda, pero al principio el taxista se resistió: “ la policía nos ha prohibido que transportemos inmigrantes ilegales”. El trató de convencerlo mostrando nuestros documentos y finalmente accedió a llevarnos a cambio de un precio mucho más elevado de lo habitual. Llegando a Oujda, el taxista nos dejó en el campus universitario donde nos encontramos con compatriotas congoleños. Desde el sábado 11 hasta el lunes 13 de septiembre, la policía destruyó todas las chabolas en las que nos refugiábamos. Por eso nos teníamos que esconder durante el día en los bosques y por la noche, tratar de dormir en el campus donde hace menos frío, siempre vigilando que la policía no viniera a detenernos.

Todo esto ha sido muy difícil. Con mi problema de violación y ahora esto de la expulsión he quedado muy afectada. He pasado mucha hambre y miedo y no termino de comprender que es lo que me ha ocurrido ni por qué.”

Candance logró contactar la semana pasada con la oficina del ACNUR, quienes tras verificar su documentación le ayudaron a regresar a Rabat donde seguirá expuesta a todo tipo de abusos en su viaje a ninguna parte.

“Médicos Sin Fronteras expresa su profunda preocupación por el deterioro de la situación médica y humanitaria de los inmigrantes subsaharianos en Marruecos, debido a la intensificación de las redadas y expulsiones masivas llevadas a cabo recientemente por las fuerzas policiales marroquíes. Cientos de migrantes, entre ellos mujeres y niños, están siendo deportados a “tierra de nadie”, en la frontera entre Marruecos y Argelia, y abandonados allí durante la noche sin comida ni agua.”


Chanda, cuyo nombre significa 'luna', tiene unos diez años “más o menos”, según su abuela. Ambas pertenecen a la casta de los ‘musahars’, los ‘cazadores de ratas’, una de las más bajas en el escalafón de la sociedad india. Hasta no hace mucho no tenían derecho ni a llevar zapatos, no digamos a recibir tratamiento contra el Kala Azar. (Hospital de Hajipur, Bihar, India). © Juan Carlos Tomasi / MSF

En varias ocasiones os he hablado de los enfermos olvidados. Tan olvidados que cada día mueren ocho mil personas a causa de enfermedades que en realidad tienen solución. Unas muertes que podrían ser evitadas, pero que por falta de voluntad y de interés pasan desapercibidas. Millones de personas que sufren de kala azar, de Chagas, de la enfermedad del sueño, de tuberculosis, de malaria o de sida infantil, pero que en realidad morirán de olvido. Nuestro olvido. Las víctimas de estas enfermedades, en su inmensa mayoría, viven en países en vías de desarrollo. Son enfermos que no cuentan, los enfermos olvidados. No tienen acceso a los tratamientos existentes por falta de recursos o, peor aún, no hay fármacos adaptados a las condiciones de los países pobres  o los que hay están tan obsoletos que provocan graves efectos secundarios. Estas 8.000 muertes diarias son evitables. Dando acceso a los tratamientos existentes y desarrollando nuevos medicamentos más adaptados a las condiciones de los países en los que viven. En la actualidad, se calcula que el 90% del gasto mundial en investigación médica se concentra en los problemas de salud que afectan a menos del 10% de la población mundial, el 10% más rico, nosotros sin ir más lejos. No hay excusa. Rescatar del olvido a estos millones de enfermos es cosa de todos. De los gobiernos, de los laboratorios, de los medios de comunicación, pero también de cada uno de nosotros.

Aunque ahora vengan mal dadas, no está de más reflexionar y hacernos más conscientes de las necesidades de los que sufren las consecuencias de la pobreza real. Ese tipo de pobreza que soportan millones y millones de personas en condiciones mucho peores de las que tendremos nosotros jamás, con o sin crisis económica. Para quienes estéis estos días en Madrid, os ofrezco la posibilidad de aproximaros un poco más a su realidad. Os invito a la exposición sobre Enfermos Olvidados que hemos presentado hoy en la Plaza de la Cruz y que estará abierta hasta el domingo 30 de mayo. Para el resto, os recomiendo que la visitéis virtualmente.