MÉDICOS SIN FRONTERAS

Las condiciones en las que se encuentran los más de 582.000 refugiados rohingya en los asentamientos improvisados de Bangladesh son cada vez peores. Cubrir las carencias de agua potable y saneamiento es esencial para evitar una emergencia de salud pública. 

Dos refugiados transportan a un enfermo en busca de asistencia médica en el asentamiento de Kutupalong, en el sur de Bangladesh, justo en la frontera con Myanmar. © Antonio Faccilongo


Médicos Sin Fronteras (MSF)
ha incrementado sus operaciones para dar respuesta a la crisis humanitaria que se está produciendo en el distrito de Cox’s Bazar, en Bangladesh.

La comunidad de los Rohingya pertenece a la minoría étnica musulmana de Myanmar, donde la mayoría de la población es budista y donde se les niega la ciudadanía. Los rohingyas llevan años huyendo gradualmente hacia BangladeshHuyen de la violencia, la persecución y la discriminación de las que son objeto en su país por razones religiosas.

“Casi 600.000 refugiados rohingyas han huido a Bangladesh en los últimos dos meses buscando seguridad. Y no parece que las cifras vayan a disminuir: 40.000 personas cruzaron la frontera desde Myanmar solo en las últimas dos semanas; señal de que la violencia aún continúa en el estado de Rakhine”, explicó el 23 de octubre nuestra presidenta internacional, Joanne Liu, en el marco de la Conferencia Internacional de Donantes para la Crisis de los Refugiados Rohingyas organizada por OCHA, IOM y ACNUR y co-organizada por la Unión Europea y Kuwait.

Sin acceso a refugio, alimentos, agua potable o letrinas

La mayoría de los refugiados vive en asentamientos improvisados sin acceso adecuado a refugio, alimentos, agua potable o letrinas.

“Cientos de personas viven hacinadas en una franja de tierra angosta entre Myanmar y Bangladesh tratando a duras penas de buscar refugio. En realidad, parece un gran suburbio en un área rural. Uno de los peores suburbios imaginables.

No hay apenas letrinas, así que los refugiados optan por levantar cuatro varas de bambú y unirlas con lonas de plástico. Pero, aun así, no hay donde arrojar los deshechos, excepto el arroyo que corre algo más bajo. El mismo donde, 10 metros más allá, otros recogen agua para beber. La combinación perfecta para una emergencia de salud pública”, explica nuestra coordinadora de emergencias en Bangladesh, Kate White.

“Debe de ser terrible lo que estarán viviendo en sus aldeas si han optado por venir hasta aquí. Si esta es una opción mejor, aquello debe de ser el infierno”, continua. Y explica que estas personas no pueden lavarse las manos porque no hay agua limpia. Tampoco pueden ir a un baño porque no lo hay y tienen que hacer sus necesidades en público.

© Paul Andrew Jawor

“Otras organizaciones tienen que dar un paso al frente e incrementar su respuesta a esta enorme crisis. Hay grandes necesidades sin cubrir en materia de refugio, acceso al agua potable, atención médica y distribución de alimentos”, explica Robert Onus, coordinador de emergencias de MSF. “Hay que hacer un enorme esfuerzo para que no aumente el riesgo de que aparezcan brotes epidémicos y para que el número de personas aquejadas de enfermedades no siga multiplicándose. Si no tomamos las medidas adecuadas, acabaremos viviendo una emergencia de salud pública”.

MSF en Cox’s Bazar

MSF trabaja en Bangladesh desde 1985, pero la crisis de los refugiados rohingyas ha hecho que en los últimos dos meses hayamos ampliado masivamente nuestra capacidad de respuesta en Cox’s Bazaar. Desde el inicio de la crisis, hemos prestado atención médica a más de 30.000 personas, cinco veces el número de personas que buscaron tratamiento en nuestras instalaciones durante el mismo período el año pasado. En julio, atendimos a cerca de 200 pacientes diarios; ahora tratamos a más de 2.000 pacientes todos los días en nuestros diversos proyectos.

© MSF

Para ello, MSF ha contratado a 800 trabajadores adicionales, con lo que la organización ha pasado de tener 200 personas en el terreno a tener 1.000.

Además, MSF ha incrementado la capacidad hospitalaria en las instalaciones médicas de Kutupalong, lugar donde ya tenía establecido un proyecto regular desde 2009. Este ha pasado de tener 50 a 70 camas, con nuevas salas y áreas de aislamiento para enfermedades infecciosas.

Más allá de la respuesta médica, mejorar la respuesta en materia de agua y saneamiento es esencial para prevenir la propagación de enfermedades”, explica Onus. “Con una población tan grande, el acceso a agua y saneamiento es crucial, y si el número de personas que huyen sigue aumentando, este trabajo continuará hasta diciembre”.

MSF ha construido 200 letrinas, 34 pozos y un sistema de abastecimiento de agua por gravedad. También transporta diariamente un promedio de 100m3 de agua a los asentamientos cercanos al centro médico de MSF en Kutupalong.

Desde ahora y hasta final de año, MSF construirá 100 pozos profundos, 300 pozos poco profundos y 1.000 letrinas en los asentamientos improvisados de Balukhali y Kutupalong.

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