MÉDICOS SIN FRONTERAS

El pasado 26 de junio fue el Día Internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura. En Médicos Sin Fronteras, cada día atendemos a personas que nos cuentan atrocidades de las que han sido víctimas. Por ello, denunciamos que la tortura sigue siendo una práctica común en todo el mundo, sobre todo en rutas migratorias y zonas en conflicto. 

© Alva White/MSF


En 2014, en colaboración con las organizaciones locales Centro de Día BABEL y el Consejo Greco de Refugiados, abrimos una clínica en
Atenas para víctimas de la tortura. El proyecto, con el que hemos atendido a más de 430 personas en los últimos 3 años, ha puesto de relieve la alta prevalencia de la tortura entre la población migrante y refugiada y la crucial necesidad de que las víctimas reciban apoyo médico y psicológico especializado para conseguir su rehabilitación.

La tortura borra la naturaleza humana, destruye por completo a las personas”, explica la psicóloga Eleftheria Zerva. “No es solo la terrible carga que supone para la salud mental del sobreviviente; la tortura arrasa con su propia autoestima y afecta a su capacidad para vivir en sociedad”.

Esta clínica especializada, en el multicultural barrio de Kypseli, adopta un enfoque integral para la rehabilitación de los supervivientes de tortura, proporcionando servicios médicos, fisioterapia, atención de salud mental, apoyo social y facilitando el acceso al proceso de asilo.

Con el cierre de la ruta de los Balcanes y la entrada en vigor del acuerdo bilateral UE – Turquía en marzo de 2016, 60.000 refugiados se quedaron varados en las islas griegas y en otros puntos del país. Estos viven en condiciones a menudo muy difíciles y en una situación de terrible aislamiento. Además, como consecuencia del acuerdo bilateral, los habitantes de las islas corren ahora un grave peligro de ser expulsados a Turquía, lo cual supone una nueva fuente de estrés para todos ellos, pero más aún para los supervivientes de la tortura.

“Tengo cicatrices por todo mi cuerpo solo por ser quien soy”

Eugene vivía en su país, Nigeria, donde ser homosexual es todo un riesgo y donde, según nos explica, “no puedes elegir la clase de vida que quieres vivir”. Y cuenta que fue “torturado, hostigado y agredido tantas veces que tiene cicatrices por todo su cuerpo”. La única razón: ser quien es.

Un día, decidió dejar su país para comenzar una nueva etapa. Huyó hasta Grecia, pasando por Turquía. Ahora vive en Atenas, su nuevo hogar. Este es su testimonio:

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Un año y ocho de meses de torturas por un delito que no cometió

Khalil es otro de nuestros pacientes de la clínica para víctimas de la tortura de MSF en Atenas. El ejército sirio le tomó preso cuando viajaba de Líbano a Damasco y fue encarcelado durante un año y ocho meses.

“No tenía ningún vínculo con el régimen, la oposición o con ningún grupo. Me enfocaba en mi trabajo y me hacía cargo de mis padres, eso es todo”. Durante su tiempo en prisión fue sometido a electrocuciones, golpes y latigazos. Cuando le liberaron, las autoridades le pidieron que les diera el nombre de una persona a la que estaban buscando y le dijeron que “no había cometido ningún crimen”. Había estado preso y sufriendo torturas durante casi dos años por un delito que él no había cometido.

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Las víctimas de tortura no reciben una atención adecuada. Tampoco existe un proceso apropiado para identificarlas.

Nuestra prioridad es que se hagan exámenes médicos completos a las personas que lleguen a las islas y que se identifique de manera adecuada a los que necesiten atención médica y social. Todas las personas vulnerables, incluidas las víctimas de la tortura, deben trasladarse inmediatamente al continente para recibir atención médica y psicológica y obtener acceso a los servicios sociales y jurídicos lo antes posible.

Resulta imprescindible que los miembros de la comunidad, el personal sanitario de todo Grecia y Europa y aquellas personas con capacidad de tomar decisiones, sean conscientes de la alta prevalencia de la tortura entre los migrantes y los refugiados que llegan a Europa.

Las cicatrices permanecerán siempre ahí; nunca podrán ser borradas”, afirma la Dra. Anastasia Papachristou. “Sin embargo, está en nuestra manos el tratar que no se conviertan en algo que te deje marcado para siempre y que te aleje del resto de la sociedad”.

MSF opera en Atenas, en la región de Attica y Grecia Central, en Lesvos, en Samos, en Epiro y en el área de Tesalónica, centrándose principalmente en atención a las víctimas de la tortura, atención en salud mental, salud sexual y reproductiva, y tratamiento de pacientes con enfermedades crónicas.

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