MÉDICOS SIN FRONTERAS

En el norte de Siria, las personas que huyen de los combates y las que regresan a sus hogares corren el peligro de sufrir muertes y mutilaciones debido al impacto de minas, trampas explosivas y municiones sin detonar, fruto de los combates en la zona. Desde Médicos Sin Fronteras (MSF) publicamos “Listas para explotar”, un informe que advierte sobre el impacto devastador que tendría la detonación de estos artefactos en la población civil.

Un enfermero de MSF atiende a un paciente herido por una mina en el hospital de Kobane. Jamal Bali / MSF

Con Siria entrando en su séptimo año de guerra, el conflicto lejos de perder fuerza, se intensifica con los combates por el control de la ciudad de Raqqa, autoproclamada por el Estado Islámico (EI) como su capital. Muchos desplazados asistidos por MSF han sido víctimas de las minas, trampas explosivas y municiones sin detonar que tras años de guerra están sembrados por todas partes. La mayoría de ellos asegura que uno de sus principales miedos es que ellos mismos o sus familiares y amigos fallezcan o resulten heridos mientras huyen de las líneas de frente o cuando traten de regresar a sus hogares.

Y es que el constante cambio de posición de las líneas de frente deja un paisaje sembrado de minas, trampas explosivas y munición sin detonar en el que cientos de civiles han perdido la vida o han resultado mutilados por estos artefactos.

El 25 de noviembre de 2016, el hospital de Kobane, apoyado por MSF, recibió a ocho personas con heridas causadas por las explosiones de artefactos explosivos. Las ocho formaban parte de familias desplazadas procedentes de la zona rural del norte de Raqqa y del norte de Al Bab.

Por desgracia, no resultaba algo nuevo para el personal del hospital. Un año antes, gran parte de la población que estaba desplazada había podido regresar a sus hogares en el distrito de Ayn Al Arab / Kobane. Encontraron sus casas, calles y campos de cultivo sembrados de minas y de trampas explosivas. Todo estaba repleto de restos de bombas y proyectiles sin detonar. Meses más tarde, en el verano de 2016, una situación similar se vivió en el área de Manbij, de donde procedían más de 190 heridos por artefactos explosivos que fueron atendidos por el personal del hospital en el transcurso de tan solo cuatro semanas.

El Dr. Ahmad Al-Mulla practicando una cirugía en el hospital de Kobane. Jamal Bali / MSF

A través sus actividades médicas en el norte de Siria, MSF ha sido testigo del impacto que tienen en la población civil los restos de artefactos explosivos sin detonar, las minas y las trampas explosivas. No se trata solo del uso de armas explosivas durante las hostilidades, incluidas bombas lanzadas desde aviones. La diseminación generalizada de minas y de trampas explosivas instaladas incluso en domicilios privados, campos e instalaciones civiles está teniendo un efecto devastador en la población que regresa a sus hogares. Además, dadas las limitadas capacidades locales para limpiar estas zonas y hacerlas seguras de nuevo, todo esto tendrá un efecto a largo plazo en sus vidas.

La situación en Ain Al Arab / Kobane y Manbij es sorprendentemente similar a la reportada en otros lugares de Siria como Palmira, o a lo que también se ha visto en Ramadi (Irak) o Sirte (ciudad del norte de Libia), todos ellos escenarios de los combates contra el Estado Islámico (EI).

Lee el informe “Listas para explotar” completo aquí.

 

El precio de huir

Mohamed es un joven sirio de 35 años que consiguió escapar de Raqqa hace poco. Como él, desde 2013 muchos de los sirios que vivían en la ciudad huyeron de esta cuando comenzaron los combates entre los grupos de oposición y los ejércitos del Gobierno de Siria. En los últimos años, con el Estado Islámico (EI) controlando la ciudad y con ataques aéreos casi diarios, las posibilidades de salir de allí se han visto enormemente reducidas.

Sin embargo, quedarse no es una opción válida, lo que hace que se jueguen la vida con tal de salir de allí.

Restos de mortero de guerra en mitad de los escombros en Kobane. Jamal Bali / MSF

“Un día, mientras trabajaba en el mercado, alguien me contó que, si quería huir, debería  acercarme a las tiendas de los agricultores, esconderme, y luego emprender camino hacia el norte con alguno de los coches que salían de allí”, cuenta Mohamed. Y explica que al día siguiente él, su mujer y sus cuatro hijos fueron al lugar del que le habían hablado.

“Al día siguiente, encontramos un hombre que prometió llevarnos en coche hacia el área controlada por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). Acordé con el conductor darle 100.000 libras sirias (unos 440 euros) -todo el dinero que tenía- para llevarnos de contrabando hasta allí. Pero, una vez cerrado el trato e iniciado el camino, nos obligó a bajar del coche, nos abandonó en la carretera y se fue.

Después de un buen rato tirados, vimos a un anciano y a una mujer que viajaban en una moto. Venían en nuestra dirección (también estaban planeando escapar, me dijeron), así que les paré y les pedí ayuda. El hombre me prestó su moto para trasladar a mis hijos hacia el norte del punto de control del FDS. Decidí llevar primero a mi hijo mayor y a mi hija mientras el resto de la familia iría avanzando a pie por el mismo camino hasta que yo pudiera volver a buscarles.

Tan solo llevábamos unos 100 metros recorridos, cuando de pronto la moto pasó por encima de una mina y los tres saltamos por los aires”.

Continúa leyendo el testimonio de Mohamed pinchando aquí.

 

Urge un desminado seguro

En este momento, casi ninguna organización, ni humanitaria ni militar, está llevando a cabo actividades de desminado, lo que obliga a la población a hacer esa labor. A menudo con consecuencias letales.

“La población está arriesgando su vida para hacer más seguras sus comunidades”, dice Kleijer, responsable de MSF de emergencias para Siria. “Nos han contado que cinco hombres de Kobane se ofrecieron para retirar las minas que había en las viviendas y ganar así algo de dinero. Ninguno de ellos está vivo hoy”.

Mientras siga habiendo minas y artefactos explosivos sin detonar, la población atrapada por el conflicto no podrá huir. Y los que huyeron previamente tampoco podrán regresar a sus hogares. Del mismo modo, las organizaciones de ayuda humanitaria tampoco podrán llevar a cabo sus proyectos, lo que causará aún más sufrimiento a la población de esta región, cuyo sistema de salud se ha hecho añicos durante estos seis años de guerra.

Desde MSF hacemos un llamamiento a las partes del conflicto y a sus aliados para que garanticen la protección de los civiles y para que faciliten la llegada de ayuda humanitaria.

 

MSF gestiona seis centros médicos en el norte de Siria y proporciona apoyo a más de 150 hospitales y centros de salud en todo el país. Los equipos de MSF tratan las lesiones causadas por los dispositivos explosivos, pero no pueden luchar contra aquello que de hecho provoca estas lesiones y muertes. Los relatos incluidos en el informe ‘Listas para explotar’ constituyen solo algunos de los ejemplos del impacto de las miles de minas, trampas explosivas y munición sin estallar que quedan atrás incluso después de que los combates se hayan desplazado a otro lugar.

 

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