MÉDICOS SIN FRONTERAS

El informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) “Morir de camino a Europa: eritreos en busca de seguridad”,  recoge los testimonios  de los miles de refugiados que huyen de Eritrea en busca de seguridad fuera de su país. Este señala las terribles consecuencias que están teniendo las políticas europeas restrictivas de migración en las personas que buscan seguridad fuera de sus países. 

 

Una mujer eritrea reza tras ser rescatada en el Mediterráneo por el barco Phoenix. © Gabriele François Casini/MSF

 

“El 90% de los eritreos que logran llegar a Europa por tierra y mar tienen el asilo asegurado. Los gobiernos europeos reconocen sus demandas como genuinas pero a pesar de ello están haciendo todo lo que pueden para impedir a eritreos y otros reclamantes de asilo llegar a las costas de la Unión Europea (UE)”, dice Arjan Hehenkamp, director general de MSF en Holanda.

En 2015, los refugiados eritreos fueron el grupo más numeroso en cruzar el Mediterráneo: 39.162 hombres, mujeres, niños y niñas llegaron a Italia. En 2016, fueron el segundo grupo, por detrás de Nigeria, con 20.718 personas rescatadas en el Mediterráneo.

Los ciudadanos de este pequeño país del este de África huyen de un Estado en el que no existen derechos ni libertades. Un territorio en el que miles de habitantes son reclutados de manera forzosa desde hace décadas. Con el agravante de correr el riesgo de ser encarcelados, torturados o asesinados, en el caso de intentar desertar.

Cada día, los equipos de especialistas de MSF que trabajan en terreno son testigos de las desgarradoras consecuencias médicas y humanitarias de las cada vez más restrictivas políticas de migración. Así como de las pésimas condiciones en las que viven estas personas en los campos de refugiados de Etiopía, donde dependen casi íntegramente de la ayuda humanitaria para sobrevivir.

 

Escapar de Eritrea

Según el informe “Morir de camino a Europa: eritreos en busca de seguridad”,  aproximadamente 5.000 personas huyen de Eritrea cada mes. A finales de 2015, ACNUR estimó que cerca del 9% de su población vive fuera del país.

Los equipos de MSF en Eritrea atienden directamente a los pacientes en los programas de Etiopía, Libia y el Mediterráneo. Es entonces cuando comprueban el mal estado en el que estos se encuentran, tanto física como psicológicamente.

En el caso de Sudán, los servicios de protección y asistencia son muy débiles, por lo que muchos eritreos al llegar a este país son detenidos o deportados. Por esta razón, algunos prefieren no esperar y deciden poner en riesgo sus vidas y comenzar su viaje a Europa cruzando el mar, arriesgándose a ser víctimas de abusos, casos de violencia sexual,  detenciones arbitrarias y deportaciones a Libia.

Atendida por el equipo de MSF, una mujer eritrea embarazada de siete meses oye los latidos de su bebé © Anna Surinyach/MSF

 

Vives como el Gobierno dicta. No puedes decidir por ti misma qué comprar, adónde ir o qué hacer”, cuenta una joven mujer de Eritrea.

Su marido fue uno de los miles de hombres que fueron forzados a combatir. Logró escapar de los militares en una ocasión, pero los oficiales del gobierno fueron a su casa a buscarle, “dinos dónde está; si no, te arrestaremos”, cuenta así cómo le amenazaron.
“Si mi marido no volvía al ejército, hubiera tenido que pagar 50.000 nakfa (3.000 euros) o ir a prisión. No tenía el dinero, así que escapé”.

Historias como esta  se repiten a diario. El servicio militar forzado y obligatorio es uno de los factores que llevan a los ciudadanos de Eritrea a escapar de su país. Hombres de todas las edades, incluidos aquellos en avanzada edad, son forzados a combatir durante años, incluso décadas, más allá del límite oficial que es de 18 meses.

 

Mayores riesgos para alcanzar Europa

Ante esta situación y lejos de buscar una solución legal y segura que permita a los refugiados recibir protección internacional, la UE responde con el fortalecimiento de fronteras.

La puesta de sol desde la embarcación de rescate de MSF, Aquarius. © Kevin McElvaney / MSF

 

La comunidad política está incrementando la colaboración con Eritrea, Libia, Sudán y Etiopía para impedir a los eritreos dejar su país y transitar a través de estos países hacia Europa. Su receta pasa por cortar la migración de raíz fortaleciendo sus fronteras nacionales y facilitando las detenciones fuera de estas.

Con este tipo de medidas, a la población eritrea solo le queda una solución: pagar a los traficantes para atravesar controles fronterizos, y finalmente subirse en botes para cruzar el Mediterráneo. Cada una de las personas entrevistadas por los equipos de MSF asegura haber sido víctima o testigo de altos niveles de violencia y de haber sufrido algún tipo de privación de su libertad. Cada mujer o bien ha experimentado,  o bien conoce a alguna mujer que ha sufrido abusos sexuales. Y la mitad ha señalado ver morir a otros compañeros, muchas veces como consecuencia de la violencia.

A pesar de todo ello, los testimonios  recogidos por MSF apuntan a que cientos de eritreos consideran Europa como el mejor destino en el que encontrar seguridad, libertad y una mejor vida.

Desde 2015, Médicos Sin Fronteras ha dado asistencia a más de 65.000 refugiados, solicitantes de asilo y migrantes en su camino a las costas europeas.

Los resultados del informe “Morir de camino a Europa: eritreos en busca de seguridad” son fruto de las conversaciones mantenidas entre miembros de MSF y refugiados eritreos. Esto incluye 106 testimonios en profundidad, 57 de hombres y 49 de mujeres.

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