MÉDICOS SIN FRONTERAS

El pasado mes de agosto Médicos Sin Fronteras decidía retirar a su personal de seis hospitales del norte de Yemen, debido a la falta de garantías ante los bombardeos indiscriminados que se están viviendo. Precisamente uno de ellos, el producido en Abs, acabó con la muerte de 19 personas, entre pacientes y personal del centro. Algo que explica en este vídeo Raquel Ayora (Directora de Operaciones de MSF), que también habla de la esperanza de que la evacuación no sea definitiva y de que los hospitales sigan abiertos y funcionando, aunque no puedan ofrecer la misma asistencia médica.

Imagen de previsualización de YouTube

 

Yemen: “La asistencia médica es una víctima más”

De su experiencia en el país nos habla Crystal van Leeuwen, enfermera en Canadá que acaba de regresar de Yemen tras coordinar allí las actividades médicas de Médicos Sin Fronteras (MSF) durante siete meses. Como integrante de nuestro equipo de emergencia, ha trabajado con nosotros en países como Siria, Sudán del Sur, República Democrática del Congo y Nigeria, así como durante la respuesta al brote de Ébola en África occidental.

Cuando aterricé en Saná, la capital yemení, los lados de la pista estaban cubiertos por aviones destruidos, tanto grandes como pequeños. Era claramente un país afectado por la guerra. Durante el trayecto de siete horas hasta Taiz, pasamos delante de viejas casas de piedra construidas en las laderas de las montañas. En los pueblos pequeños, la vida campestre transcurría de forma aparentemente normal y deseé estar visitando Yemen como turista.

Sin embargo, el conflicto que dura más de dos años resulta imposible de ignorar: atravesamos más de treinta puestos militares de control y vimos puentes destruidos y restos de metralla por doquier. En Taiz, muchas zonas están muy afectadas por la guerra, con calles vacías repletas de barricadas, edificios destruidos, cráteres producidos por las bombas y una línea de frente activa que atraviesa la ciudad.

En ese momento, tanto la casa como la oficina de MSF estaban ubicadas muy cerca de la línea del frente y se podían escuchar bombardeos y ataques aéreos durante el día y la noche (rápidamente aprendes la dirección en la que se producen los bombardeos). Desde entonces, nos hemos mudado a vivir en el edificio del hospital.

No puedo evitar pensar en las personas que viven esta situación durante más tiempo que yo, tratando de continuar con su vida cotidiana en medio del conflicto y el miedo. Los mercados están abiertos y hay gente en las calles pero no sabes ni cuándo ni dónde se producirá un ataque aéreo o un bombardeo, o si habrá balas perdidas. Es muy triste pensar en el temor con el que están obligados a convivir.

Una de nuestras actividades de MSF en Taiz consiste en gestionar un hospital de atención materno-infantil en un edificio originalmente concebido como un hotel y centro comercial. Nuestro foco aquí está puesto en niños menores de cinco años y en servicios de salud reproductiva. Realizamos operaciones, cesáreas, partos, cuidados pre y post natales, y servicios de planificación familiar, nutrición, neonatología y pediatría. Muchas personas acuden a nosotros, puesto que la mayoría no tiene acceso a estos servicios gratuitos en ningún otro lugar.

 

Los primeros mellizos nacidos en el hospital de Taiz

Jamás olvidaré el primer par de mellizos que nació en el hospital. Fueron los primeros neonatos en estado crítico que tuvimos: Nacieron con sólo siete meses de una madre primeriza joven y eran tan pequeños que podía sostenerlos en la palma de mi mano.

Como eran tan prematuros, sus posibilidades de supervivencia eran muy escasas pero estábamos dedicados a intentar salvar sus vidas. Usamos un ‘calentador de bebés’ (una cama con una lámpara de calor) para mantener estables sus temperaturas corporales. Durante un tiempo, sus probabilidades de recuperación eran muy inciertas y tuvimos que resucitarlos muchas veces.

Pero siete semanas después dimos de alta a dos mellizos muy saludables, Ola y Osman. Sus padres estaban tan agradecidos… Fue una alegría ver la satisfacción en sus rostros cuando dejaron el hospital.

 

Necesidades enormes

A ambos lados de la línea de frente, apoyamos o gestionamos salas de emergencia de traumatología donde tratamos a pacientes con lesiones causadas por el conflicto.

Un día, a mediados de agosto, después de que las negociaciones de paz se rompieran y el nivel de violencia volviera a escalar, las instalaciones apoyadas por MSF en Taiz recibieron 59 heridos de guerra, entre ellos 19 mujeres y niños.

En general, solemos ver heridas causadas por explosiones, francotiradores, disparos y minas terrestres, así como una gran cantidad de víctimas de accidentes de tráfico. También ayudamos a transferir a otros hospitales a los pacientes que necesitan un tratamiento más avanzado o especializado. Sin embargo, en Taiz muchas personas no tienen esta opción, están atrapadas entre las líneas de frente y deben conformarse con servicios de salud limitados en los alrededores.

En Yemen, las necesidades humanitarias y médicas son enormes: artículos esenciales para los desplazados, asistencia en salud primaria y enfermedades crónicas, atención para la salud reproductiva e infantil, y atención quirúrgica avanzada y de rehabilitación.

Debemos aceptar que no podemos hacer todo. Tenemos que elegir lo que podemos hacer bien y con recursos limitados, con el fin de ofrecer la mejor atención posible a los grupos más vulnerables.

 

Hospitales sin protección

Es muy difícil tomar esas decisiones y una de las razones por las que trabajar en Yemen me resulta particularmente desafiante.

En Saná, estamos gestionando un programa que normalmente estaría fuera de nuestra zona de confort: brindamos apoyo de diálisis para pacientes con insuficiencia renal. Decidimos intervenir porque no había nadie más que pudiera hacerlo tan rápido como nosotros. El tiempo importa: si estos pacientes dejaran su tratamiento, morirían. Además, la muerte por esta causa puede ser muy rápida o muy lenta y dolorosa, en función de la evolución de la enfermedad.

A menudo, estos pacientes han sido desplazados de sus hogares a causa del conflicto y han tenido que desplazarse por segunda vez en busca de una hospital en funcionamiento que pueda aceptarlos (un centro que no haya sido dañado físicamente, con suficientes suministros médicos y capacidad para aceptar nuevos, sin tiempo de espera).

La asistencia médica es una víctima más en Yemen, sean cuidados preventivos como programas de vacunación para niños, servicios de atención primaria y secundaria, o tratamientos contra el cáncer o enfermedades crónicas. Además, la guerra también ha afectado las infraestructuras médicas: en todo el país, los hospitales y centro médicos no están recibiendo la protección que les corresponde según el Derecho Internacional Humanitario. Muchos fueron dañados o destruidos por ataques aéreos, bombardeos o disparos.

Nuestros hospitales también estuvieron entre los afectados. El ataque más mortífero a un hospital de MSF en Yemen ocurrió en Abs el 15 de agosto en el que 19 personas murieron y 24 resultaron heridas.

Tras este suceso, tuvimos que tomar la difícil decisión de evacuar nuestro personal de Abs y de otros cinco hospitales que apoyamos en Saada y Hajjah, al norte de Yemen, porque consideramos que los riesgos eran demasiado altos. En ellos varios profesionales comprometidos con el Ministerio de Salud todavía trabajan y apoyan en condiciones inseguras a sus comunidades. En Yemen, tanto el personal médico como los pacientes viven sabiendo que esta guerra no distingue demasiado entre civiles y blancos militares.

En los hospitales públicos que aún funcionan en el país, las camas están llenas. Los que aún pueden vienen de todas partes del país en busca de la poca atención médica disponible. Para otros, lo único que queda son clínicas privadas pero son económicamente inaccesibles.

Es fascinante ver la dedicación del personal local de salud. Tanto ellos como sus familias están afectados por la guerra pero, aún así, siguen viniendo a trabajar, cruzando las líneas de frente, haciendo filas en los puestos de control, atravesando tierra de nadie o desafiando el fuego de francotiradores. A menudo, sus familias han huido a lugares un poco más seguros y, todavía así, ellos se siguen arriesgando para asistir a sus comunidades. Es un honor trabajar con ellos.

Deja un comentario

En periodismohumano queremos que los comentarios enriquezcan el debate o la noticia. Por eso hay unas normas de decoro a la hora de comentar. Comenta sobre contenido que acabas de leer y evita el abuso de mayúsculas. Si tu texto tiene varios enlaces, puede que tarde un rato en aparecer. Los comentarios son libres y abiertos pero eliminaremos toda referencia que consideremos insultante o irrespetuosa