MÉDICOS SIN FRONTERAS

Las comunidades desplazadas de Sudán del Sur que viven concentradas en los lugares donde el acceso al agua potable y a letrinas es limitado corren un gran riesgo de contraer el cólera.

Mary Keji en el Centro de Tratamiento de Cólera de MSF en Juba © Andreea Campeanu

Desde principios de julio, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) se han estado ocupando de más de 904 pacientes que padecen el cólera en el estado del Alto Nilo. MSF ha abierto dos centros de tratamiento de cólera (CTC) para tratar a enfermos de la zona en Malakal y Wau Shilluk.

“Es posible tratar el cólera, pero puede ser mortal si no se diagnostica ni se trata rápidamente. Genera una deshidratación severa que puede causar la muerte en pocas horas” apunta Llanos Ortiz, responsable médica de emergencias de MSF en Sudán del Sur. Menos de tres semanas después de empezar la intervención, 19 personas murieron de cólera, lo que ilustra la necesidad de responder rápidamente para contener la epidemia. El conflicto que estalló a finales de diciembre ha obligado a las personas a refugiarse en campos de desplazados y en bases de Naciones Unidas superpobladas, en los que las condiciones de higiene son malas. Esta situación provoca que los habitantes de la zona sean más vulnerables, y facilita la propagación de la enfermedad.

Puedes ver cómo funciona uno de nuestros Centros de Tratamiento de Cólera a través de la siguiente imagen:

Centro de Tratamiento de Cólera

La ausencia de agua potable es un problema habitual en esta región. En Wau Shilluk, una zona de unos 50.000 habitantes, los desplazados se han visto obligados a utilizar aguas superficiales no protegidas y la mayoría de personas defecan al aire libre debido al limitado número de letrinas. Las lluvias torrenciales actuales arrastran los excrementos hasta las lagunas y los cursos de agua, completando así el ciclo de transmisión fecal-oral y permitiendo que las enfermedades transmisibles como el cólera se propaguen. Las organizaciones humanitarias presentes en la zona construyen letrinas e intentan mejorar los estándares sanitarios para permitir a la población romper el ciclo de transmisión. Desde que estalló el conflicto en Sudán del Sur el 15 de diciembre de 2013, varias zonas del Alto Nilo, cuya capital es Malakal, han sido escenario de violentos combates. Y los civiles han pagado un alto precio. La inseguridad permanente que reina en el estado aboca a las personas a vivir con el miedo de no conseguir acceder a tiempo a los servicios de salud. Todas las partes implicadas en el conflicto deben restituir la seguridad, para que los habitantes se sientan tranquilos para poder desplazarse sin miedo y acceder a los servicios médicos que necesiten.

La inseguridad alimentaria actual en el Alto Nilo y su consecuencia directa, la desnutrición, debilitan el sistema inmunitario y hacen que las poblaciones sean todavía más vulnerables a las enfermedades infecciosas. Los equipos de MSF de momento han admitido a más de 3.195 personas, sobre todo niños, en los programas de nutrición terapéutica en Malakal, Wau Shilluk, Kodok y Lul, en el Alto Nilo.

Actualmente, la estación de lluvias no permite plantar semillas que permitan producir alimentos, y  la malaria y otras enfermedades propias de la estación son una amenaza real.

El aumento del número de casos de cólera y la necesidad de contener la propagación de la epidemia han empujado a MSF a movilizar a sus equipos en otras zonas de Sudán del Sur y a través del mundo para venir al Alto Nilo. De acuerdo con los agentes de salud comunitarios del Ministerio de Sanidad, MSF sensibiliza a las poblaciones sobre las causas, medios de propagación y prevención de la enfermedad. No obstante, mientras que el sistema de salud ya es precario y las poblaciones son vulnerables, se hace necesario que haya más personal médico en el terreno, para poder prever mejor y responder a estas epidemias limitando la propagación de la enfermedad.

Si quieres ampliar información puedes hacerlo a través de este otro artículo: “No hay motivo de alarma, pero no podemos bajar la guardia. El cólera es sólo una más de las muchas emergencias a las que se enfrenta Sudán del Sur”

 

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